Friday, September 06, 2013

Arafat, los misterios de una autopsia interminable - Luc Rosenzweig - Causeur



Para la “calle árabe”, todas las tendencias comprendidas, el asunto está claro como el agua: Yasser Arafar, muerto el 11 de noviembre del 2004 en el hospital militar Percy en Clamart, murió como un mártir víctima de un envenenamiento perpetrado por lo servicios secretos israelíes.

Esta convicción se apoya en las acusaciones formuladas por Nasser Al Qidwa, sobrino del raïs palestino, y por su viuda Souha Arafar, ambos enfrentados a los dirigentes de Ramallah, todo ello sobre un fondo de sombríos affaires político-financieros. Mahmoud Abbas y los miembros de la dirección de Fatah se guardan muy mucho de desmentir tales acusaciones, prefiriendo dejar correr dicho rumor que además utilizan en su empresa de diabolización del enemigo israelí.

Es en primer lugar a la luz de este conflicto intra-palestino que es necesario intentar ver claro en una controversia donde la búsqueda de la verdad es secundaria con respecto a su utilización política sobre la escena nacional e internacional.

El tratamiento médico-jurídico de la muerte de Yasser Arafat ha sido efectuado en el marco de la ley francesa en dicha materia: el informe médico describiendo las circunstancias de su agonía y d su deceso han sido transmitidas a su familia más próxima, en esta ocasión a su viuda Souha y a su sobrino Nasser Al Qidwa, únicos habilitados a hacer un uso público de su contenido. Ese informe, ha sido conocido después de su publicación in extenso sobre la Fundación Yasser Arafat, controlada por la familia de este último. En dicho informe se hace una descripción clínica detallada de las últimas semanas de vida del raïs, de los tratamientos intentados para prolongar su vida, pero no emite ninguna hipótesis sobre la causa de esos “graves problemas de coagulación ligado a una perdida de plaquetas (las células de la sangre implicadas en la coagulación) asociada a una perturbación importante de las funciones hepáticas y a importantes problemas digestivos”.

En conversaciones “off the record”, los médicos militares habiendo tratado este caso han confiado a los periodistas que la hipótesis más probable de la muerte sería un deceso por cirrosis de hígado provocada por una intoxicación medica de larga duración (Yasser Arafat consumía de manera inmoderada Doliprane para calmar sus dolores [¿consecuencia del accidente aéreo en el desierto libanés?], lo que perturbaba gravemente la actividad hepática). Es a petición expresa de Souha Arafat que la palabra “cirrosis” no sería, según las mismas fuentes, mencionada en el informe médico de Percy, para así no alimentar los rumores maliciosos sobre una supuesta intoxicación alcohólica de Yasser Arafat. Los rumores en ese sentido habían sido propagados por sus adversarios políticos palestinos, quienes habrían además hecho correr el rumor de haber sido alcanzado por el SIDA.

Esta prudencia médica sobre las causas de la degradación progresiva de la salud del líder palestino ha tenido como consecuencia la manipulación de ese dossier por Souha Arafat, quién lo ha convertido en un arma en su enfrentamiento con la dirección palestina. Se había podido ya constatar, en las últimas semanas que precedieron al deceso de Arafat, que la viuda obstaculizaba el acceso de los enviados del gobierno de Ramallah ante la puerta del agonizante. Entre bastidores, se desarrollaban sórdidas negociaciones sobre la parte de la fortuna de Arafat – quien confundía su dinero con el de la Autoridad Palestina – que debía recibir su viuda y su hija. La ironía de la historia se ha manifestado en esta ocasión en la persona de Pierre Rizk, un hombre de negocios libanés que llevaba la negociación con la Autoridad Palestina por cuenta de Souha Arafat. Este Pierre Rizk había sido, en un período anterior de su vida, el jefe de los servicios de información de las Fuerzas libanesas (cristianos maronitas), y con ese título  había estado muy estrechamente mezclado con la masacre perpetrada por las falanges cristianas libanesas en los campos palestinos de Sabra y Chatila.

Esta negociación se habría concluido con la atribución de más de 10 millones de dólares a la viuda y a su hija para saldar todas las cuentas. Durante algunos años no se volvió a oír hablar más de Souha Arafat, que se había instalado en Tunez, y mantuvo unas muy estrechas relaciones con el dictador Ben Ali y su familia. Todo pareció cambiar en el 2007, donde una grave desavenencia entre Leïla Ben-Ali-Trabelsi, la esposa del dictador de Tunez, provoca la caída en desgracia de Souha Arafat, la retirada de su nacionalidad tunecina y finalmente la expulsión del país, además de la retención de gran parte de sus bienes. Souha Arafat debe refugiarse en Malta, donde lleva una vida confortable con el resto de los ahorros que había podido conservar tras la venganza del clan Ben Ali.

Es verosímil que el agotamiento de esos ahorros haya conducido a Souha Arafat a despertar el dossier del “envenenamiento” de su marido. En julio de 2012, una exclusiva de la cadena qatarí  Al Jazeera revela que unas investigaciones llevadas a cabo por Souha Arafat habrían establecido que Yasser Arafat habría sido envenenado con polonium 2010, un elemento radioactivo vuelto celebre tras el asesinato en Londres, en el 2006, de Alexandre Litvinenko, un opositor de Vladimir Putin. La prueba principal de esta nueva acusación serial, según Al Jazeera y Souha Arafat, serían unas trazas de polonium descubiertas en algunas ropas llevadad por Arafat durante su estancia en Percy, y descubiertas por un laboratorio científico suizo de gran reputación, el Instituto de Radiofísica de Lausanne. Souha Arafat, sobre la base de su informe, deposita cerca del ministerio fiscal de Paris una denuncia contra X por el “asesinato“ de su marido, acusación instruida por dos jueces de instrucción de dicha jurisdicción.

El instituto de Lausanne ha tenido a bien precisar que esas trazas de polonium no prueban absolutamente que esa sustancia haya causado la muerte de Arafat, ni inclusive que no hayan podido ser añadidas post-mortem sobre los efectos del difunto. Todos los especialistas han subrayado que un envenenamiento con polonium está en contradicción con el cuadro clínico reseñado por los médicos de Percy, pero eso no ha impedido que la controversia renazca de nuevo. Souha Arafat ha exigido a Mahmoud Abbas que la Autoridad Palestina exhume los restos de su marido para así someterlos a análisis independientes que vendrían, según ella, a confirmar la tesis del envenenamiento. Mahmoud Abbas ha cedido a esta exigencia y, el 28 de noviembre de 2012, se ha procedido a la exhumación del cuerpo en su mausoleo de Ramallah. Cuatro muestras de diversos tejidos del difunto son entonces remitidas a cuatro laboratorios especializados: uno palestino, otro ruso, otro francés (en el marco de la instrucción de la causa propiciada por Souha Arafat) y finalmente al laboratorio de medicina legal de Lausanne, todas las muestras siendo enviadas por la Autoridad Palestina.

No se trata así pues de una comisión de investigación independiente organizada por un organismo internacional, sino de un contrato de derecho privado entre los prestatarios de los servicios y los mandatarios, los únicos habilitados para conocer los resultados de los análisis efectuados (que podrán hacer públicos si les interesa). Las investigaciones de la justicia francesa están cubiertas bajo el manto del secreto de la instrucción, singularmente por “una vez” estrictamente respetada por el ministerio fiscal y por el abogado de Souha Arafat, Me Pierre-Olivier Sur. Si el ministerio fiscal llegara a la conclusión de que “no hay lugar” en la queja de Souha Arafat, no estaría obligado a precisar y proporcionar las causas precisas de esa decisión.

Nueve meses después de la exhumación de los restos y extracción de las muestras, ningún informe ha sido remitido a los mandatarios, lo que, según la opinión de todos los especialistas en medicina legal, constituye una demora bastante inhabitual en este tipo de investigaciones, incluso si las dificultades de orden científico ya aparecían en el dossier. Es el motivo avanzado por Christen Darcy, el portavoz del laboratorio de Lausanne, donde uno de los responsables ha declarado a la revista Causeur este 5 de agosto que “desgraciadamente, nosotros no hemos terminado aún nuestro análisis, se trata de un proceso muy complejo y será necesario sin duda un mes más”. “En todo caso, nuestro informe será remitido primeramente a la Autoridad Nacional Palestina y a la Sr. Arafat, y serán estos últimos los que decidirán entonces si se comunican los resultados o no. Por nuestra parte, nosotros estamos ligados actualmente por el secreto profesional”. Interrogado sobre la naturaleza de las mencionadas dificultades científicas encontradas, el portavoz nos precisó el 6 de Agosto: “La complejidad del análisis es realmente científica. Pero ustedes son unos finos conocedores del Oriente Medio y, como yo, sabéis muy bien que nada es simple en esa parte del mundo”. Solamente cuando las informaciones difundidas por los mandatarios de los análisis entren en contradicción con el contenido del informe, el laboratorio de Lausanne se reservará el derecho de expresarse públicamente sobre ese dossier.

Esta última declaración es una invitación a deducir que las dificultades científicas no son las únicas que han intervenido en la demora a la hora de difundir públicamente los resultados de los análisis. Si estos análisis hubieran establecido de manera indiscutible que Yasser Arafat había sido víctima de un envenenamiento con polonium o con otra sustancia letal, es legítimo suponer que la Autoridad Palestina y Souha Arafat hubieran tenido un gran interés en acelerar la emisión pública de tal informe. Ramallah podría entonces presumir de haber permitido desenmascarar a los criminales israelíes o a otros (que serían lacayos de los primeros, claro está), y la viuda podría reclamar que los asesinos rindieran cuentas ante la justicia penal y civil (además de solicitar una indemnización). En el caso contrario, lo lógico es no decir nada y dejar que corra el rumor, consustancial  a la opinión árabe. En todas las hipótesis, se puede estar seguro de una cosa: en tanto que un “filtrador” no tome la decisión de traicionar a su institución, ya sea política o científica, se deberá esperar aún bastante tiempo para conocer el final de la historia. Pero esto no parece interesar a los medios pro-palestinos como el Guardian, Mediapart, etcétera, porque en ese caso, los malvados de turno o los manipuladores no serán conformes a los estándar habituales que manejan.

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