Monday, January 06, 2014

Gran post de Shmuel Rosner: ¿Por qué es un problema solicitar de los palestinos que reconozcan a Israel como un "Estado judío"? - Shmuel Rosner - Jewish Journal




He aquí una cuestión: ¿se puede ser israelí, un defensor de la democracia, y todavía querer que la Autoridad Palestina reconozca a Israel como un "Estado judío"?

Por supuesto, hago esta pregunta por una razón. En los últimos días, dos artículos han aparecido en dos importantes escenarios - The New York Times y The New Yorker - argumentando que no, que no puede ser todas esas cosas. Creo que estoy condenado a ser un demócrata, o a realizar una demanda de este tipo (por suerte, de momento, no han dicho que no se pueda ser israelí y demócrata, pero estoy seguro que eso será lo siguiente).

Bernard Avishai, con quien rara vez estoy de acuerdo, ratifica esa negativa el New Yorker. Tres razones, escribe, promueven que Israel quiera que los palestinos lo reconozcan como un Estado judío. Y, obviamente, las tres son malas razones para él. Al parecer, no hay buenas razones para querer una cosa así, y si las hay, Avishai no puede encontrarlas. Ni siquiera a modo de reconocimiento de su existencia, aunque a continuación pase a rechazarlas. El mundo en blanco y negro resulta conveniente para ello.

Así es como Avishai presenta ese triple razonamiento:
La demanda de Netanyahu tiene por lo menos tres objetivos en si misma. El primero es simbólico, sin significado práctico, comprensible, pero superfluo. El segundo es en parte simbólico, pero está encaminado a tener un significado práctico futuro, discutible pero resoluble. El tercero, sin embargo, es legal : no tiene una gran importancia práctica, y es, para cualquier palestino o, para el caso, cualquier demócrata israelí, deplorable.
Avishai escribe que solicitar un reconocimiento más bien simbólico (primer objetivo) es una "falta de tacto" porque hablar con los israelíes supone que los palestinos ya les están reconociendo, y eso debería ser suficiente. Él también escribe, sobre el segundo objetivo, que un intento de utilizar el reconocimiento de un Estado judío para desactivar todas las reclamaciones a un "derecho de retorno" resulta innecesario: "Ciertamente, usted puede encontrar una formulación para los refugiados que no provoque la ruina del carácter judío/hebreo de Israel y que permita conservar el derecho de retorno palestino como una pieza fundamental de la narrativa de los palestinos". Y su tercera observación, sobre el tercer objetivo, es que un Estado no puede ser a la vez "judío" y "democrático". Avishai escribe: "los políticos del Likud advierten que los israelíes deben luchar para preservar un Estado judío de cara a las afirmaciones de que Israel debería ser un Estado de sus ciudadanos, pero un estado democrático, por definición, es un Estado de sus ciudadanos. Solamente puede ser un estado de sus ciudadanos".

Su punto de referencia es un artículo de Jodi Rudoren para el New York Times:
Al hacer hincapié en el reconocimiento (como Estado judío), Mr. Netanyahu también ha expuesto varias cuestiones profundas sin resolver: ¿Puede Israel preservar su identidad como un Estado judío y democrático al tiempo que proporciona igualdad de derechos y de oportunidades para los ciudadanos de otras religiones y orígenes? Con una población mayoritariamente secular, ¿quién interpreta la ley y costumbres judías de las instituciones públicas y los espacios públicos? ¿Es el judaísmo una religión, una etnicidad o ambas cosas?
Por supuesto, todas estas son preguntas relevantes - las respuestas, por cierto, son: sí (puede proporcionar igualdad de derechos), el ámbito público y ambas (religión y pueblo) -. Pero para hacer de esas cuestiones el quid de la cuestión de la demanda de reconocimiento como Estado judío realizada por Netanyahu sería un error. Lo que Netanyahu quiere es una respuesta simple a una pregunta simple: ¿Son serios los palestinos cuando dicen que la firma de un acuerdo será el final del conflicto, o es que solamente desean ese acuerdo como un primer peldaño para una larga iniciativa que trate de despojar a Israel de su carácter judío?

Rudoren informa que los críticos (a dicho reconocimiento) "afirman que el reconocimiento de un Estado judío es una píldora venenosa que se utiliza solamente para sabotear las conversaciones". Ella tiene razón - en que sus críticos se limitan a decir eso -. Sin embargo, el hecho de que esa demanda pueda ser una píldora venenosa es un testimonio no sólo de la supuesta falta de entusiasmo de Netanyahu, sino también de la falta de honestidad de los palestinos. Irónicamente, esa píldora sólo puede ser vista como un veneno a partir del hecho de que los palestinos se niegan a tragarla. Tan pronto como ellos la tragaran, esa píldora perdería su efectividad. Se convertiría en una "no cuestión no venenosa". Así que no es Netanyahu quién está convirtiendo esa cuestión en venenosa, por lo menos, la convierten aquellos que se niegan taxativamente a tomar dicha píldora y activan así el veneno.

Hay muy buenos argumentos en contra de la demanda de Netanyahu. Uno muy poderoso sería: El Israel judío fue construido alrededor de la noción de que serían los judíos los que tomarían las decisiones por sí mismos y para sí mismos. Así que ellos no deberían tener que necesitar el "reconocimiento" de cualquier otro con el fin de hacer más segura su propia identidad.

Pero si bien este último argumento es ideológicamente poderoso y válido, sigue sin responder a una pregunta práctica : ¿Cómo verifica Israel, o cómo consigue mayores garantías de que los palestinos están dispuestos a aceptarlo como un Estado judío con el cual querrían vivir en paz? Netanyahu tiene esta idea del reconocimiento. Tal vez haya otras, incluso mejores ideas. De cualquier manera, esta idea ni es tonta, ni es siniestra, ni está tan carente de lógica como a sus críticos les gustaría hacerles creer. En el mundo de los procesos de paz diplomáticos, las palabras tienen significado e implicaciones. Es por eso mismo que resultaba tan importante para muchos de los críticos de Netanyahu oírle pronunciar las palabras "solución de dos estados". Y ahora es legítimo que él exija que la otra parte diga "Estado judío" .

En realidad, hay dos grandes cuestiones en este tema: está la cuestión del "reconocimiento", que forma parte de las negociaciones con la Autoridad Palestina, una cuestión de importancia principalmente táctica. Es decir, debido a que Israel puede ser un Estado judío sin ser reconocido como tal por los palestinos. Y luego está la cuestión de Israel como un Estado judío. Esa es la cuestión que Avishai pone en tela de juicio. Él, principalmente, no es un crítico de Netanyahu, ni un crítico de la política de Israel en los territorios ocupados, ni siquiera un defensor de un Estado palestino o un oponente de la ocupación (lo es de todo ello). Avishai no tiene interés en que Israel sea "reconocido" como un Estado judío porque él tiene un problema con Israel como Estado judío.

Su artículo implica que la Corte Suprema de Israel no es lo suficientemente democrática para él (debido a que ese "tribunal está dando a entender, por desgracia, que la democracia es sólo la tiranía de la mayoría judía"). Su artículo implica - erróneamente - que el público israelí (a excepción de los "políticos del Likud" ) no está contento con la manifestada judeidad de Israel ("es un anatema también para los judíos de Israel con unos instintos democráticos básicos", escribe Avishai). Tanto el suyo como el artículo de Rodoren montan un gran problema con una decisión judicial de no permitir que los ciudadanos de Israel puedan ser registrados, en vez de como judíos, árabes, drusos, etcétera, como "israelíes", sin explicar realmente que se trata de una petición que apoyan muy pocos [N.P.: básicamente postsionistas y antisionistas de la izquierda israelí].

De hecho, los israelíes están contentos con que Israel sea un Estado judío, y la mayoría de ellos no sienten que esta definición haga que sea menos democrático. Notables intelectuales han escrito artículos y libros muy convincentes explicando que no hay contradicción entre la condición judía y democrática de Israel. Por ejemplo - y es sólo uno de ellos - el libro del profesor Amnón Rubinstein y Alex Yakobson. Y si a Avishai le gustaría que usted creyera que Israel está más allá de los límites de la legitimidad democrática, Rubinstein y Yakobson escriben que aunque "todo Estado es único, Israel no es excepcional en un 'sentido negativo', y no es desde luego una 'democracia anormal' ".

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