Saturday, February 08, 2014

Gran artículo de Petra: El New York Times blanquea al movimiento pro-boicot y al antisemitismo - Petra Marquardt-Bigman - JPost


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Hace unos días, unos activistas anti-israelíes llamaban la atención con gran satisfacción sobre el hecho de que varios artículos de reciente publicación del New York Times (NYT) parecían justificar la conclusión de que ese diario podría estar "entrando en una nueva era con respecto a Israel (una era anti-Israel)". Ese especial entusiasmo fue causado por la decisión del NYT de publicar un artículo del líder del BDS Omar Barghouti. Escribiendo en su propio blog, Jonathan Cook elogió esta decisión como "un gran hito", y explicaba:
"Omar incluye muchos asuntos generalmente inconfesables en el NYT. Pero más que el contenido de su artículo, el hecho de que el New York Times esté dispuesto a dar una plataforma a él y al movimiento pro-boicot - actualmente considerado por Israel como un enemigo potencial incluso mayor que unas supuestas armas nucleares de Irán - constituye una verdadera revolución en lo que ya se puede decir en el diario oficial del establishment de EEUU".
Cook tiene aquí toda la razón. Al proporcionar una plataforma a Barghouti, el New York Times ha publicado una convocatoria no tan velada de abolir el único Estado judío del mundo y, al mismo tiempo permitir que Barghouti asevere falsamente que el movimiento pro-boicot que él dirige no es antisemita.

El artículo de Barghouti se titula "¿Por qué Israel teme el boicot?", aunque la URL nos dice que el título original era "¿Por qué el movimiento del boicot asusta a Israel?". La respuesta a por qué esa pequeña variación es muy simple:  al igual que otros boicots anteriores en el marco de lemas como "Los judíos son nuestra desgracia", el movimiento BDS emplea tácticas similares para calumniar a los judíos - hoy en día los judíos de Israel y aquellos que apoyan el estado judío - y presentarlos falsamente como los únicos responsables de las "desgracias" de otras personas, en particular los palestinos. Como la larga lista de mentiras y calumnias que generalmente emplea Barghouti cuando viaja por el mundo para promover su movimiento de boicot ya ha sido a menudo descrita y rebatida, me centraré aquí solamente en dos puntos cruciales que Barghouti intenta ocultar en su artículo de opinión en el NYT.

La primera es que, en lo que concierne a Barghouti, el denominado movimiento BDS (boicot, desinversión y sanciones) no está haciendo campaña para una solución negociada de dos estados para dos pueblos y para un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos. En su lugar, ese movimiento niega el derecho de Israel a existir como Estado judío, con independencia de las fronteras de dicho estado. Como él mismo Barghouti explica, incluso si Israel renunciara a su control de todos los territorios capturados en 1967, eso no supondría el final de las campañas del BDS, porque el BDS abarca las mismas posiciones de rechazo que llevaron a la negativa árabe a aceptar el plan de partición de la ONU de 1947. A Barghouti le gusta hablar mucho de los "derechos de los palestinos", y mientras que tiene cuidado de utilizar un lenguaje que se ajuste al discurso actual de los derechos humanos, el "derecho de los palestinos" que defiende y que encuentra más fundamental a sus ojos es poder deshacer el establecimiento de Israel como un Estado judío.

Pero mientras activistas como Barghouti y sus compañeros del BDS generalmente se sienten muy seguros de afirmar que los refugiados palestinos y sus descendientes tienen un estatus único y unos "derechos" que ningún otro grupo de refugiados del mundo ha podido y puede disfrutar, parecen un poco preocupados de que la gente pueda concluir que su movimiento pro-boicot es, efectivamente, un movimiento antisemita. Es obvio que los activistas del BDS también pueden tener amigos judíos o inclusive algunos pueden ser judíos, pero las campañas de boicot que defienden se dirigen al Estado judío por ser precisamente judío - como el propio Barghouti reconoce cuando dice que las campañas de BDS continuarían incluso si Israel ya no controla Cisjordania -.

Barghouti se queja de que "Israel y sus grupos de presión suelen invocar el argumento del antisemitismo, a pesar de la posición inequívoca y coherente del movimiento en contra de todas las formas de racismo, incluyendo el antisemitismo". Al acceder al enlace que proporcionan, se obtiene un post del 2010 en la  web del BDS que esencialmente afirma que el BDS no puede ser antisemita porque está supuestamente apoyado por "muchas organizaciones judías y por prominentes académicos y personalidades judías de la cultura de todo el mundo".  Esa es una afirmación también defendida en la web neo-nazi de David Duke - a quien la Liga Anti-Difamación describe como "tal vez, el racista y antisemita más conocido de América" -. En un artículo que no tiene mucho que decir acerca de la utilidad de los activistas judíos en las campañas "antisionistas", Duke reconoce libre y finalmente: "A menudo citamos a escritores judíos con el fin de evitar la etiqueta de antisemita".

Desafortunadamente para Barghouti y David Duke, el rabino Marvin Hier, decano y fundador del Centro Simon Wiesenthal, ha explicado recientemente que incluso si usted es judío, "puede ser un antisemita si se manifiesta como los antisemitas". Y como David Hirsh señaló en un relevante documento sobre "antisionismo y antisemitismo", el antisemitismo no significa necesariamente odiar a todos los judíos: "La mayoría de las formas de antisemitismo en la historia han permitido, y excluido de su hostilidad, a ciertas 'excepciones judías' ". Así pues, no es un atributo necesario del antisemitismo odiar y calumniar a cada judío, por lo que puede existir un antisemitismo que exima de su hostilidad a aquellos judíos que no se identifican como "sionistas".

Sin embargo, lo que es realmente interesante en este contexto es el hecho de que Barghouti no tratara de demostrar su oposición al antisemitismo mediante su vinculación a una declaración que firmó en el 2012. Bajo el título "La lucha por los derechos palestinos es incompatible con cualquier forma de racismo o intolerancia", esta declaración, publicada por Ali Abunimah en Electronic Intifada, afirma que la lucha del pueblo palestino "por nuestros derechos inalienables es una oposición a todas las formas de racismo e intolerancia, incluyendo, pero no limitada, el antisemitismo, la islamofobia, el sionismo, y otras formas de intolerancia". Como las firmas posteriores de este documento atestiguan, Omar Barghouti es el firmante nº 5 de esta especie de resurrección de la calumnia "Sionismo es racismo".

Mientras que la infame resolución de la ONU - que declaraba lo mismo aunque luego fuera derogada - es hoy en día considerada como el fruto vergonzoso de los esfuerzos soviético-árabes durante la Guerra Fría para minar Israel, no es de extrañar que estos activistas anti-israelíes anhelen retomar esta arma para deslegitimar al Estado judío - después de todo, en la estela de la resolución de la ONU "Sionismo es racismo", el sionismo se convirtió en "una metáfora de mal universal" y se consideraba perfectamente legítimo boicotear a los grupos judíos o a las personas sospechosas de simpatías sionistas -. Esto realmente tiene que parecer como los "buenos viejos tiempos", si usted es un activista o simpatizante del BDS.

La verdad incómoda es que mientras los activistas del BDS como Omar Barghouti siguen oponiéndose firmemente a una solución de dos estados para dos pueblos que diera lugar a la coexistencia pacífica de un Estado judío y otro palestino, su activismo no tiene nada que ver con los derechos humanos. Por mucho que lo intente, Barghouti no puede ocultar que en realidad está haciendo campaña para lo que él considera el "derecho palestino más fundamental y no negociable" de todos sus supuestos "derechos": lograr finalmente lo que la guerra árabe contra el emergente Estado judío no consiguió.

Los palestinos que huyeron de la guerra que supuestamente fue librada en su nombre han servido como peones desde entonces, y se aferran a su condición de refugiado y a la ilusión de que podría ser transmitida a través de las sucesivas generaciones educadas en la creencia de que los judíos de Israel son su "desgracia". Pero entonces, como ahora, su desgracia fue la falta de voluntad de los árabes de reconocer el simple hecho de que los judíos son uno de los pueblos más antiguos de Oriente Medio y que, en los tiempos modernos, puede reclamar tanto como los árabes su derecho a la autodeterminación.

La gente como Omar Barghouti todavía no está dispuesta a reconocer este simple hecho y dedican todos sus esfuerzos a convencer al mundo de que la autodeterminación judía es la "desgracia de los palestinos", y que por lo tanto tienen "derecho" a insistir que los judíos del Oriente Medio deben estar obligados a vivir una vez más como una minoría bajo el dominio árabe musulmán.

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