Sunday, February 09, 2014

¿Por qué Israel? ¿Por qué ha llegado a ocupar gran parte de la atención negativa de la izquierda? - Claude S. Fischer - Boston Review



Por qué Israel, es decir, ¿por qué boicotear a Israel y no, digamos, a China?, se ha convertido en una cuestión central en las amargas discusiones sobre el Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). La última pelea siguió a la decisión de la Asociación de Estudios Americanos (ASA) de apoyar un boicot a las instituciones académicas israelíes, su primer y único logro. La cuestión es por qué Israel ha dado lugar al intento de boicotear a los académicos israelíes, las compañías israelíes, el hummus israelí, las compañías estadounidenses que venden a Israel, las locales de música israelí y así sucesivamente .

Que occidentales de origen árabe, musulmán o judío estén involucrados (en ambos lados) puede darse por sentado, y muchos tienen profundos compromisos personales. Pero ¿por qué están tan involucrados tantos izquierdistas estadounidenses y europeos, quienes no tienen ningún interés personal en el foco de conflicto entre Palestina e Israell? Para que quede claro, la pregunta no busca una justificación, es decir, si los políticos israelíes o los partidarios del boicot y otros críticos tienen el prestigio moral de las posturas que defienden. Lo que me interesa aquí es la explicación : ¿Por qué ha llegado Israel a ocupar gran parte de la atención negativa de la izquierda?

Los principales activistas anti-israelíes de la izquierda no dan la ingenua respuesta de que singularizan a Israel porque Israel es singularmente merecedor de ello. Si la preocupación fuera la opresión política, las muertes de civiles en las guerras o el desplazamiento de los pueblos originarios, ellos mismos reconocen que hay muchos peores delincuentes.

En noviembre pasado, un intérprete de la ONU, después de olvidar que su micrófono estaba encendido, lo expresó de esta manera : "Cuando usted tiene... un total de diez resoluciones sobre Israel y Palestina... C'est un peu trop, no? [¿Resulta un poco excesivo, no?] ... Hay mucha más mierda por ahí... pero nadie quiere decir nada sobre esas otras cosas" .

Una respuesta válida de por qué tanta atención sobre Israel es, simplemente, ¿y por qué no Israel? Esa fue, en efecto, la respuesta que dio Curtis Mares, el presidente de la Asociación de Estudios Americanos: "uno tiene que empezar por alguna parte". Cualesquiera que sea esa otra mucha más mierda sucediendo por ahí, no borra la muerte de varios cientos de civiles en la última guerra de Gaza, la destrucción de los medios de subsistencia de los agricultores palestinos, o las confiscaciones de tierras. Que muchos otros países podrían representar mucho mejor el prototipo de nación paria es, para muchos en la izquierda, una cuestión secundaria. Israel está en su agenda en la actualidad. Eso basta, y es una justificación plausible.

Sin embargo, debemos preguntarnos por qué Israel es la primera y, para muchos de ellos, la única nación en la agenda de su indignación moral. Los críticos ofrecen varias respuestas, pero suenan tensas, como racionalizaciones a posteriori.

A menudo se oye alguna variante de esta explicación: Israel gana esta singular condena a causa de su singular privilegio dentro de la política exterior estadounidense. Una versión, también suministrada por el presidente de la Asociación de Estudios Americanos, argumenta que los críticos ponen a Israel en la parte superior de su lista de indignaciones por ser el mayor beneficiario de la ayuda militar de EEUU (bueno, casi, ahora mismo Afganistán es el mayor receptor).

Esta lógica, sin embargo, no se aplica de una forma coherente.

En primer lugar, en los últimos años, la ayuda estadounidense se ha dirigido hacia muchas naciones corrompidas del este de Asia, América Latina, y más recientemente Egipto, Irak y Pakistán, pero esa misma izquierda no ha solicitado, ni lo piensa, en su boicot.

En segundo lugar, la ayuda más grande que los Estados Unidos ofrece no es el dinero, sino la vida de sus militares, hombres y mujeres. Los soldados estadounidenses no han luchado y muerto por Israel, como lo han hecho, entre otros, por Europa en los 40, por Corea del Sur en la década de 1950,  por Vietnam del Sur en la década de 1960, por Kuwait en la década de 1990, y por Irak y Afganistán en la década de 2000. Mientras que los izquierdistas se opusieron a menudo a esas guerras, tampoco han sostenido que esa asistencia estadounidense las ha convertido en objetivos de posibles boicots. (A la inversa, la Sudáfrica del apartheid, a la que la izquierda boicoteó, nunca fue un destino favorito de la ayuda americana).

En tercer lugar, si bien el volumen de la ayuda financiera de EEUU podría racionalizar ese escrutinio de la izquierda estadounidense por Israel, no puede explicar por qué los europeos occidentales hacen lo mismo .

Una variante de ese interés tan especial de la izquierda por el tratamiento especial de los Estados Unidos por Israel, viene derivado de la influencia política de la comunidad judía en los Estados Unidos, lo que otorgaría a Israel una protección única e inmunidad. Si la política normal no puede conseguir que los Estados Unidos logren frenar a Israel, entonces un movimiento de ciudadanos privados deberá apuntar al malhechor .

La lógica de esta explicación también falla. En primer lugar, la premisa de la influencia israelí es exagerada. Si fuera tan grande, los Estados Unidos hace tiempo que hubieran bombardeado Irán, nunca habrían vendido aviones de combate avanzados a Arabia Saudita, no hubieran presionado repetidamente a Israel para que se retirara del territorio conquistado, y así sucesivamente. En segundo lugar, no es cierto que Israel tenga el aval exclusivo de los Estados Unidos. Varios presidentes estadounidenses han renunciado sistemáticamente a restricciones oficiales por incumplimiento de los derechos humanos cuando se trataba de ayudas al desarrollo y al comercio a países como Egipto, la República Democrática del Congo, Yemen y Colombia. Mientras que la izquierda se ha opuesto a esas políticas y a esos regímenes, sin embargo no ha llamado al boicot de sus instituciones. En tercer lugar, Israel casi no tiene una influencia especial o un grado relevante de inmunidad en Europa (excepto, quizás, en Alemania), y, sin embargo, la izquierda europea lo trata de una forma exclusiva y obsesiva.

Otras explicaciones para singularizar a Israel son igualmente débiles, y también son notables por su deslegitimación del Estado judío. Uno escucha, por ejemplo, las denuncias de que Israel es un estado religiosamente muy definido. Pero no es el único. Sólo es necesario contar las banderas nacionales que llevan cruces, medias lunas, textos coránicos o imágenes similares, hay docenas, aunque es cierto que Israel es el único con una estrella de David. Y si uno oye que Israel es un estado definido étnicamente, sin embargo la mayoría de los estados, incluyendo los europeos, son estados étnicos. ¿Qué ha sido de la ex Yugoslavia, con siete estados para siete pueblos? Y, por supuesto, uno escucha que Israel es xenófobo y anti-árabe (e incluso un estado de apartheid). Una vez más, no sería el único. Aunque los episodios deplorables israelíes no pueden igualar ni mucho menos a los relatos diarios que nos llegan de todo el mundo sobre ataques patrocinados por otros estados étnicos, con expulsiones y masacres mucho más importantes y continuadas (por ejemplo, en Gujarat, 2002) .

Un argumento más adaptado al caso de Israel, es que ese Estado fue una creación bastarda y específica de Occidente, la compensación de Europa a los judíos europeos por el Holocausto. Pero esta historia también es errónea. La lucha árabe-judía en Palestina había comenzado años antes de que Hitler llegara al poder y los británicos pensaran abandonar Palestina, y los analistas con sangre fría hubieran apostado por la victoria de los judíos. Israel, probablemente, hubiera llegado de todos modos. Y aun si Israel fuera el hijo de Occidente, tampoco sería el único en este aspecto. Consideren todas las naciones interétnicas que los poderes coloniales trazaron mientras abandonaban sus colonias y que han sufrido guerras civiles desde entonces.

Los partidarios de Israel tienen sus propias respuestas al por qué de esta obsesión por Israel. Una de ellas es la influencia del dinero del petróleo árabe y de la numerosa presencia de musulmanes en los países occidentales. Esto puede ayudar a explicar la obsesión con Israel en los foros internacionales (¿un poco excesiva, no?, como diría el traductor de la ONU), pero la indignación de los catedráticos radicales de Cambridge y de Berkeley no se compra con dinero saudí [N.P.: el autor parece ignorar los enormes donativos de ciertos países árabes para ciertas cátedras y estudios que desde luego los "orientan", y la dependencia indirecta que se crea en esas universidades ante esas donaciones].

La explicación principal que ofrecen los defensores de Israel es clara: antisemitismo. Esto también es insatisfactorio. Sin duda, cualquiera que conozca la historia de Occidente, el antisemitismo de las viejas élites europeas y el largo rastro de antisemitismo procedente de la izquierda (incluyendo a Karl Marx en la "cuestión judía"), debe conceder al antisemitismo algún papel relevante. La investigación muestra que la gente que hoy en día mantiene esas clásicas actitudes antisemitas - por ejemplo, acordando a los judíos una especial relevancia en los negocios fraudulentos - son más propensas que otras a condenar a Israel.

Sin embargo, los círculos de activistas de los que hablo no son los clásicos racistas antisemitas. Muchos, quizás la mayoría, de estos boicotadores podrían decir sin ironía que algunos de sus mejores amigos son judíos. Ellos entroncarían culturalmente con los círculos dreyfusard de hace un siglo. Por otra parte, el antisemitismo ha disminuido en las últimas décadas mientras que los puntos de vista anti-Israel han crecido.

Entonces, ¿cómo explicar la singularización de Israel por la izquierda occidental? Estoy más bien convencido de que una parte clave de la explicación radica en el desarrollo de las historias por los medios de comunicación. Ese centro de atención, que una vez fue halagado por ellos, ahora es atacado con dureza. Antes de la década de 1960 y 70, Israel para los medios occidentales era una nación valerosa de agricultores que trabajaban duro y que con ingenio hicieron florecer el desierto, construyendo una sociedad igualitaria con los kibutz y un estado cuasi socialista, dando abrigo a los sobrevivientes del Holocausto y a los traumatizados refugiados judíos  procedentes de los países árabes, además de derrotar a los ejércitos de varios estados reaccionarios vecinos de una manera casi bíblica. Es importante destacar que los judíos eran las víctimas, las últimas víctimas del fascismo y las presentes víctimas del terrorismo. Cualquiera que sea la mezcla de mito y de realidad en ese romance, esa narrativa promocionada por los medios hizo a Israel una nación favorita de la izquierda. El historiador Colin Schindler describe su "simpatía por las aspiraciones sionistas y la construcción del socialismo en Palestina". Dentro de la izquierda europea, a raíz de la Segunda Guerra Mundial, fue "común que la causa de Israel fuera comparada con la de la guerra civil española".

A partir de los años 60, y acelerándose después, las imágenes y las historias cambiaron. Israel se volvió más estrechamente alineada con los Estados Unidos en la Guerra Fría, y por tanto se corrompió con los pecados de América. En el bloque soviético el antisionismo creció. Más importante aún, Israel ya no era débil y ya no era más la víctima. Triunfante en las guerras y ahora gobernando sobre muchos árabes, Israel comenzó a ser visto más como un Goliat que como un David. En respuesta, los medios de comunicación de la izquierda, como The Guardian por ejemplo, una vez partidario del sionismo, se convirtieron en feroces críticos. La BBC dio el mismo viraje. Con el nuevo milenio, en Israel se habían terminado los secuestros de aviones y casi se habían extinguido los atentados terroristas. Las imágenes de niños judíos quemados en los autobuses víctimas de atentados terroristas fueron sustituidas por imágenes de niños árabes afectados por el dominio israelí. El largo y ampliamente observado drama de la Tierra Santa continúa, pero la narrativa se ha invertido. Vivir por la cámara, morir por la cámara (o el film 5 cámaras rotas) .

Algunos se preguntarán que provocó ese viraje en los medios de comunicación. Sospecho que en gran parte giraron ellos mismos, ya que está en la naturaleza de los tropos dramáticos simplificar y volver binarios los relatos, con héroes y villanos, y para seguir descansando en certezas morales. Durante las últimas décadas, el creciente poder de Israel, la cada vez mayor permanencia de la ocupación, y mucho más ampliamente la mayor disponibilidad de imágenes de sufrimiento de los palestinos, han dado un giro a la historia y a la narrativa que distribuyen los medios de comunicación.

Los líderes israelíes se quejan de que los medios de comunicación occidentales señalan a Israel injustamente y que muchas de esas imágenes, en efecto, son mentira. Los ciudadanos israelíes se quejan de la hasbara sin inteligencia de sus líderes ("explicar la realidad", de eso trata en realidad  las relaciones públicas). Pero como muchos ya han señalado, unas relaciones públicas inteligentes no van a cambiar la presentación de la historia, no en una sociedad abierta. Tampoco los esfuerzos dentro y fuera de Israel por silenciar a los críticos. Los gobernantes de lugares como Irán y China puede anular las malas noticias, y los gobernantes de muchos otros países pueden asumir que a los occidentales no les importa demasiado lo que hacen, pero Israel está expuesta casi totalmente. La reacción a la fallida incursión de la Flotilla de Gaza, la expansión desafiante de los asentamientos, los abusos en los puestos de control, y las resoluciones xenófobas en la Knesset, no se pueden relativizar detrás de un episodio más de mitos y realidades.

Ciertos eventos que pasan ocasionalmente interrumpen esa nueva narrativa anti-Israel - Israel desalojando a sus colonos del Sinaí en 1982 y de Gaza en 2005, por ejemplo -. Los ocasionales atentados suicidas y los periódicos ataques con cohetes reviven brevemente la imagen de Israel como víctima. Pero esa interrupción en la nueva narrativa de los medias dura poco más que un momento. Para que Israel se desaloje a sí mismo de la parte superior de la lista de indignaciones de la aburrida izquierda occidental, y para que ésta busque en otra parte otra causa que adoptar, Israel tendrá que hacer grandes modificaciones en la realidad sobre el terreno. Y no está claro si los políticos del país - es la única democracia en la región, y los votantes israelíes siguen apoyando a partidos que apoyan la ocupación - permitirán que eso suceda.

¿Por qué Israel? Los defensores de Israel alegan ese obvio doble rasero y lo atribuyen al antisemitismo (una posición adoptada por el Departamento de Estado de EEUU). Sin embargo, el realismo - y los israelíes se enorgullecen de ser unos testarudos realistas - sugiere que tales quejas, válidas o no, no cambiarán la nueva narrativa. Hasta que nuevos hechos sobre el terreno cambien esa narrativa, el enfoque selectivo de la izquierda contra Israel probablemente continuará.

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