Saturday, March 08, 2014

El circuito de los cocktail party de la izquierda caviar: Las cartas del fantasmal establishment mundano de las celebridades izquierdistas judías y su querencia anti-Israel - Daniel Greenfield - Sultan Knish



La esposa de Alan Alda firmó una carta denunciando al recién elegido alcalde izquierdista de Nueva York, Bill de Blasio, por reunirse en secreto y realizar una oferta al AIPAC. El actual alcalde, un reconocido simpatizante sandinista, ha sido acusado de muchas cosas, pero de ser un títere de Israel no era una de ellas. En la carta aparecían otras firmas, como la de Martha Weinman Lear, una familiar del productor Norman Lear, Eve Ensler, la de los monólogos de la vagina, y la guru de la dieta Jane Hirschmann, autora de “Superar comer en exceso”, quien se tomó un descanso en su obsesión con la comida para navegar en un crucero yihadista que se dirigía a Gaza.

En la carta donde se atacaba a Bill de Blasio por ser un sucio sionista aparecían algunas otras celebridades de la izquierda literaria, como Erica Jong, quien no ha escrito un solo libro que cualquiera pueda nombrar en los cuarenta años transcurridos desde “Miedo a volar” y Gloria Steinem que alcanzó su nivel más alto alrededor de esas mismas fechas.

Estos nombres, muy conocidos en el circuito de los cocktal party progresistas de Manhattan, rechinan los dientes cada vez que oyen el nombre de Netanyahu, y luego suelen ceder el paso a los activistas profesionales, como por ejemplo los miembros de esa junta tóxica americana que se denomina Servicio Judío Mundial, la Fundación Nathan Cummings y Dorot, los Rabbis por Gaza y los Rabbis por Obama, y hombres y mujeres como Peter Beinart con su Open Sión y Rebecca Vilkomerson de Voces Judías por la Paz, que han construido sus vidas en torno a declarar la guerra a Israel, casi tanto como cualquier yihadista islámica juguetea con un cohete Kassam en Gaza.

Uniéndose a ellos está Kathleen Peratis que, de acuerdo con su biografía en la web izquierdista Nation, es una "activista por la paz desde hace mucho tiempo", y que llama repetidamente a boicotear a Israel a pesar de viajar allí "por lo menos dos veces al año durante los últimos veinte años". No está muy claro cómo se conjuga ambas cosas a la vez, tal vez se asegura de no comprar nada a los judíos israelíes mientras está en Israel.

Sus nombres son igualmente familiares para un círculo más pequeño de los que luchan "por y contra Israel" y sus firmas son tan predecibles como las tormentas de nieve en invierno.

Los clérigos radicales también son unos firmantes insaciables de estas cartas, como Rachel Brown Cowan, una unitaria que se casó con un escritor judío del Village Voice, añadió un "Rabbí" a su nombre y comenzó a atacar al Estado judío después de la muerte de su esposo; Rolando Matalon, que todavía tiene que encontrar algún grupúsculo marxista estadounidense que no haya abrazado y Sharon Kleinbaum, una lesbiana que apoya los ayunos y ayudas a Gaza, y que es una defensora de ese grupo no demasiado pro-lesbianas llamado Hamas.

Con la lectura de estos nombres sentimos la pertenencia a un pequeño club familiar. Todo el mundo se conoce entre si y todos ellos conocen que todos los del club odian a Israel.

Entre Erica Jong y Alice Kessler-Harris (la biógrafa de la dramaturga comunista y anti-Israel Lillian Hellman, quien Kessler describe como teniendo un "rayo de judío antisemitismo") está Peter A. Joseph, quién paga todo este baile, financiándolo todo, desde Peter Beinart y su Open Sión al Manhattan JCC, cuyo giro anti-Israel ha dado lugar a una batalla campal entre sus miembros.

Peter A. Joseph revivió el Israel Policy Forum (IPF) que originalmente procedía del Center for American Progress (CAP), y lo convirtió en una máquina de generar resoluciones anti-israelíes. Antes de que la IPF surgiera del CAP, promovió una carta instando a Estados Unidos a trabajar con Hamas. Después, sus tácticas se han hecho un poco más sutiles, sus cartas aparentan ser pro-Israel mientras promocionan políticas anti-Israel.

El Israel Policy Forum emitió una carta de apoyo a la candidatura propuesta por Obama de Chuck Hagel para secretario de Defensa, a pesar de sus vínculos con el lobby pro-Irán, firmada por Peter A. Joseph, el gerente de los fondos, Neil Barsky, Marcia Riklis, la hija de raider corporativo Meshulam Riklis (no de su segunda esposa Pia Zadora), Jack C. Bendheim, el presidente de una compañía que una vez que dejó desechos tóxicos en un pueblo de Connecticut, y Risa A. Levine, un abogado de bienes raíces de Nueva York.

¿Por qué se supone que alguien debería escuchar a la hijastra de Pia Zadora y a un tipo que una vez hizo un documental sobre Ed Koch cuando trataba de promoverse como secretario de Defensa? Por la misma razón por la que se suponía que Bill de Blasio escucharía a la esposa de Alan Alda y a una guru de la dieta que odian a Israel.

Odiar a Israel ha dado lugar a una especie de pequeño y coquetón club para ricos de izquierdas. Al judío izquierdista americano que se manifiesta anti-Israel le gusta fingir que forma parte de un movimiento de base que está siendo aplastado por el "establishment judío", cuando en realidad se trata de un pequeño y muy adinerado establishment no elegido por nadie que utiliza su riqueza y su persistente fama para gritar contra la mayoría de los judíos americanos que apoyan a Israel.

Estas parejas de famosos, estas descoloridas escritoras, estos millonarios de Wall Street que tratan de comprar relevancia social, estos científicos sociales del sector hippie que viven a lo grande escribiendo libros sobre la comida, el sexo o la crianza de los niños, estos rabinos radicales ejes de unas congregaciones que creen que la religión es tan sólo lo que cuentan sus predicadores, son un auténtico establishment fantasma. Son los líderes de una supuesta comunidad que en realidad no existe, si exceptuamos su propia aprobación mutua.

Cada pocas semanas, el Israel Policy Forum emite en serie de cartas públicas que podríamos titular como "Prominentes judíos instan a alguien a hacer algo", firmadas por la hijastra de Pia Zadora, un proveedor de fondos, otro proveedor de fondos, el tipo de izquierdas cuya empresa llenó de desechos tóxicos un pueblo de Connecticut, el rabino que ama a los sandinistas - incluso más que el propio Bill de Blasio - y una congresista demócrata retirada que asiste a esas mismas fiestas y cócteles progresistas.

Algunas de estas cartas son manifiestamente anti-Israel. Otras pretenden ser pro-Israel. No obstante, todas ellas insisten en la gran importancia de sus firmantes, al estilo de los autoproclamados "100 prominentes judíos opinan que…" o "150 prominentes judíos creen que…". Estos numeritos no se limitan al Israel Policy Forum, o inclusive a los Estados Unidos. Un año después de que el actor y comediante británico Stephen Fry apareciera en un programa de genealogía para rastrear las raíces judías de su madre, firmó una carta promovida por las “Voces judías (británicas) independientes”, un grupo cuyos miembros, hasta ese momento, nunca se habían considerado como miembros de la comunidad judía, ni activos ni pasivos, y que no obstante declaraban su "independencia" del establishment comunitario judío británico.

La lista, por supuesto, incluía la esperada recolección de decoloradas autoras feministas, de dramaturgos, historiadores y filósofos marxistas, así como los no menos habituales sociólogos y psicólogos radicales y demás activistas profesionales. La "fiesta de presentación" de las Voces Judías Independientes consistió en la reunión de un buen grupo de judíos marxistas muy conocidos por su odio a Israel, al Reino Unido, a la industria, a los hechos y a los espejos que devuelven la realidad, anunciando en voz alta una carta que fue ampliamente recogida por sus amigos en los medios de comunicación.

Hay una larga historia de esas cartas que se remonta a la misma fundación de Israel, donde los nombres de líderes autoproclamados ya totalmente olvidados se mezclan con algunas figuras más notorias cuyo desafortunado legado ha sobrevivido hasta hoy. Ninguna de estas cartas, no obstante, ha contado tanto como una bala del rifle de un soldado israelí de guardia durante la noche.

Aquellos judíos americanos que aún siguen prestando demasiada atención a estas cartas de este fantasmal establishment izquierdista mundano, deberían echar una mirar hacia atrás y revisar los pasados e inútiles desvaríos de IF Stone, New Dealer Joseph Proskauer, del rabioso Elmer Berger y del escritor de los discursos de FDR, Samuel Rosenman.

Antes de J Street o deL Israel Policy Forum, ya había alternativas como esos judíos encabezados por el antisionista "Rabbí" Elmer Berger quien había afirmado que la revolución comunista en la Unión Soviética significaba que los judíos "ya no necesitaban a Palestina".

¿Alguien recuerda a Lewis Affelder o al señor y la señora Noel A. Buckner, cuyos nombres aparecían como patrocinadores de “Alternativas judías al establecimiento del sionismo”? Sus nombres están manchados de tinta sobre papeles amarillentos, mientras que los niños juegan en las calles de Jerusalén.

Este fantasmal establishment izquierdista mundano nunca ha tenido raíces ni vínculos con el pueblo judío o la religión judía. Sus objetivos siempre fueron destructivos (para el pueblo y la religión judía) y como todas las fuerzas destructivas, llevaron inmersa su propia futilidad y su final.

Los judíos americanos tendrán que convivir con ellos, pero no deberían mostrarse demasiado impresionados por sus cartas. Su verdadero objetivo ya lleva en funcionamiento varias generaciones, y a pesar de todo el veneno y la furia, los boicots y las represiones, han hecho menos impresión en Israel que una sola familia judía instalada en las colinas de Samaria.

El fantasmal establishment izquierdista mundano se compone de dinero y de palabrería. No hay sangre en sus venas o corazón en su pecho. No siguen el camino del pueblo judío porque no es de su agrado, no es el suyo, de hecho están en su contra.

Cuando su ira se gaste y sus cartas firmadas amarilleen, los niños van a seguir jugando en las colinas y campos de Israel, sin saber ni preocuparse de que una vez hubo una Jane Hirschmann, una señora Noel A. Buckner, una Rachel Brown Cowan o una Rebecca Vilkomerson que pretendían hacerles daño.

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