Friday, February 24, 2017

El antisemitismo, para cierta izquierda judía americana, es completamente ajeno al terrorismo palestino


Una mujer árabe "palestina", Rasmieh Odeh, que participó en el asesinato de dos estudiantes judíos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, ha encontrado nuevos aliados para ayudarla a establecerse en los Estados Unidos, el grupo de judíos de extrema izquierda "Jewish Voice for Peace".

La administración Obama trató de deportarla por mentir sobre su pasado terrorista, pero jugando con el sistema legal de Estados Unidos y gracias a sus amistades dentro de las organizaciones musulmanas americanas y la extrema izquierda, su deportación se detuvo.

Todo comenzó en febrero de 1969, cuando Odeh, de 20 años de edad, y miembro del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), arrojó una bomba en un supermercado de Jerusalén. Dos estudiantes de la Universidad Hebrea que estaban de compras en la tienda, Edward Jaffe y León Kanner, murieron a causa del ataque.

Odeh y su cómplice fueron detenidos poco después y no pasó mucho tiempo para que las autoridades reconstruyeran un caso hermético. Materiales para fabricar bombas, incluidos los explosivos, fueron encontrados en la casa de Odeh. Ella confesó su participación en el atentado el día de su detención, proporcionado detalles de la operación, e incluso realizando una reconstrucción en vídeo donde explicaba cómo puso las bombas. Sus cómplices también confesaron y admitieron su participación en el ataque terrorista. (Más tarde, en un documental, uno de ellos afirmó que Odeh fue la autora intelectual del ataque).

Como era de esperar, Odeh fue declarada culpable de ambos asesinatos. También fue condenada por pertenencia a una organización terrorista, el FPLP. Condenada a cadena perpetua, fue liberada en 1980 como parte de un intercambio de prisioneros.

En 1995 se trasladó a los Estados Unidos de manera fraudulenta y luego, en 2004, recibió la ciudadanía estadounidense. En 2013, las autoridades federales de inmigración revisaron la historia de Odeh y los formularios completados en el momento de su solicitud de ciudadanía. Fue ahí cuando se dieron cuenta que había mentido en sus respuestas, y la administración Obama la acusó de fraude en el proceso de inmigración.

A continuación, Odeh fue condenada por un tribunal estadounidense que ordenó su expulsión a Jordania. Sin embargo, gracias a las organizaciones arabo-musulmanas americanas de Chicago, donde vive, y tras alegar sus abogados que la terrorista había comprendido mal las preguntas del formulario, y anteriormente afirmar que "había mentido porque había sufrido abusos y tenía un trastorno de estrés postraumático después de permanecer en una prisión israelí", de la que fue liberada en 1980, su caso será revisado en un nuevo juicio en mayo del 2017.

Sin embargo sus abogados de la organización arabo-musulmanas no pudieron explicar las bombas encontradas en el apartamento de Odeh y las declaraciones de sus cómplices, así como su indiscutible participación en un grupo terrorista.

Por lo tanto, Odeh ha buscado a otros aliados. Y encontró a una parte de la comunidad judía. El JVP (Jewish Voice for Peace), una organización de extrema izquierda, dio a conocer que Odeh participará en su conferencia nacional en Chicago a finales de marzo.

El JVP fue fundada por tres estudiantes universitarios en la Universidad de California, Berkeley. Es irónico que una organización judía fundada por estudiantes universitarios judíos adopte a alguien que mató a dos estudiantes judíos. Aunque con tal de que no mate a miembros del JVP, la considerarán una aliada para sus objetivos

Labels:

Saturday, March 28, 2015

¿Sionismo liberal dicen? Una oradora en la conferencia de J-Street llama a la destrucción de Israel... entre los aplausos de los asistentes supuestamente "Pro-Israel y Pro-Paz" - Elder of Ziyon



Aquí está Marcia Freedman, miembro del staff de J-Street, en un panel de discusión de la organización de la izquierda judía y pro-Obama, J-Street, dedicada al Sionismo Liberal y sentado junto a ella tienen a Peter Beinart.

Freedman describió cómo ella cree que el pueblo judío no debe tener un estado, y que por el contrario debería vivir como una minoría en una Palestina árabe como una "minoría protegida", en otras palabras, como dhimmis. El moderador no contradijo sus palabras, y por lo que se puede decir tampoco lo hizo ninguno de los otros participantes "sionistas liberales".

¿No es interesante que en una conferencia que afirma ser "pro-Israel y pro-paz", y que martillea constantemente su apoyo a una solución de dos estados, no haya ninguna objeción a esta solución de un estado donde los judíos sean una "minoría protegida" por personas que han demostrado repetidamente querer matarlos?

J-Street se niega a dejar hablar a Alan Dershowitz, un defensor de una solución de dos estados desde 1970, pera a esta loca señora que piensa que los Israel trata peor a los ciudadanos árabes que los árabes tratan a los judíos se le da una plataforma, sin una sola voz disidente que haya podido encontrar, ya sea en la sesión o bien después en Twitter de los propios miembros de J-Street o bien de los asistentes... De hecho, J-Street U tuiteó su discurso aparentemente con admiración:





Labels:

Saturday, January 03, 2015

Shlomo Sand se alía con los ultra-ortodoxos y deja a los judíos seculares progresistas y a la izquierda judía antisionista plantados y sin "novio"



Shlomo Sand a los judíos seculares: Yo no soy judío y vosotros tampoco - Anshel Pfeffer - Haaretz

Tal vez el elemento más significativo en el nuevo libro de Shlomo Sand - "Cómo dejé de ser judío" acontece a la mitad del libro, cuando menciona la famosa reunión celebrada en 1952 entre el primer ministro de Israel , David Ben-Gurion, y el rabino Avraham Yeshayahu Karelitz (conocido por sus seguidores como el Hazon Ish), en aquel momento uno de los rabinos ultra-ortodoxos más influyentes. Según una versión de lo que sucedió en esa reunión, el rabino Karelitz disertó ante Ben-Gurion de que, en caso de colisión entre la religión y el estado, los rabinos deberían prevalecer. Para apoyar esa deducción, mencionó la cita talmúdica de los dos carros que se bloquean entre sí al querer pasar en el mismo momento por un camino estrecho. El fallo talmúdico es que el carro vacío debe dejar paso al carro lleno o más cargado. La analogía inferida de la cita, que los judíos seculares son el carro vacío, carente de patrimonio y de herencia judía, mientras que sólo los ortodoxos tienen una auténtica cultura judía, ha representado una especie de insulto permanente desde entonces para muchos israelíes seculares

Pero Sand, el polémico e iconoclasta historiador de la Universidad de Tel Aviv, cuyos anteriores libros "La invención de la Tierra de Israel" y "La invención del pueblo judío" causaron furor dentro y fuera de los círculos académicos, y que se enorgullece de ser un completo ateo, se sitúa aquí del lado del rabino Karelitz. No sólo, según Sand, "no hay una cultura judía que no se derive de la religión o de la religiosidad judía, sino que la noción misma de judaísmo secular es de hecho algo vacío, ya que no existe tal cosa". Su nuevo libro, en realidad un breve ensayo, más bien debería haberse llamado "Por qué yo nunca fui judío", ya que Sand se muestra enfático en que nada en lo que realmente ha creído era judío. Toda su vida, o mucho de ella, tal como sale a la luz en lo que también es una autobiografía abreviada, le condujo hasta el momento en que se dio cuenta de su falta total de una identidad judía.

Pero más que nada, al leer el nuevo libro de Sand, me sentí nuevamente un reportero de asuntos religiosos, una vez más, como en aquellos días cuando debía leer los periódicos ultra-ortodoxos diariamente. Sand podría haber sido fácilmente un experto o un escritor para alguno de ellos. No me refiero a los de la secta rabiosamente anti-Israel de los Neturei Karta, sino más bien a las publicaciones de la corriente mayoritaria Haredi, como los diarios Yated Neeman, Hamodia y Mahane Haredi, cuya línea estándar es ridiculizar y denigrar cualquier manifestación de laicidad judía.

Al igual que los ideólogos haredi, Sand niega que exista tal cosa como una cultura judía secular. Los logros de los seculares judíos, dice, puede ser considerados como obras de personas de origen judío, pero que son más bien universales o pertenecientes a las naciones en donde vivieron. La participación de personas con ascendencia (y herencia cultural) judía en dichos logros sería totalmente incidental. Este es el pensamiento haredi clásico: el judaísmo y la judeidad sólo se manifiestan en la práctica religiosa rabínicamente prescrita, todo lo demás es cosa de goyishe (no judíos en yidish).

Una vez más, la entrega más reciente de Sand ha causado mucha rabia, sobre todo entre los israelíes y los partidarios judíos de Israel situados a la derecha. Esta vez, la mayor parte de su furia se ha dirigido a su caracterización de Israel como "una de las sociedades más racistas del mundo occidental", tal como argumentaba en un resumen abreviado del libro que publicó en The Guardian. Pero mientras eso era de esperar, la nueva entrega de Sand plantea pocas amenazas a los judíos de derecha, siendo sobre todo a los de izquierda, a los izquierdistas seculares judíos, y sobre todo a los antisionistas, a los que plantea un verdadero reto.

Me di cuenta de esto en una conferencia que dio el mes pasado en el Instituto del Oriente Medio de Londres y en el Centro de Estudios Judíos de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres. Cerca de 300 personas se acercaron a escuchar la conferencia de Sand sobre su nuevo libro, perteneciendo un gran número de esos asistentes a un grupo demográfico específico que, a falta de una mejor descripción, podría ser etiquetado como "judíos en conflicto con su judeidad, o bien con Israel, o bien con el judaísmo". A la hora de los Ruegos y Preguntas, tras finalizar la conferencia, dos de ellos preguntaron a Sand, con un verdadero dolor que se traslucía en su voz, que porque "en lugar de ‘Como dejé de ser judío’ no había escrito 'Cómo dejé de ser israelí?' "

Ellos, simplemente, no podían entender cómo su admirado escritor, el cual ha dedicado una parte importante de su carrera a tratar desmantelar lo que interpreta como la falsa mitología del nacionalismo judío y a censurar al Estado israelí, podía ahora negar la parte judía de su identidad en favor de una identidad israelí. Pero Sand ha hecho lo contrario de lo que ellos esperaban de él (y algunos realmente no se lo esperaban). No sólo ha construido para sí una nueva forma de identidad israelí, sino que también niega a estos judíos seculares progresistas no sionistas o antisionistas su integridad, progresista e intelectual. Sand se burla de los que dicen defender los valores judíos mientra critican a Israel, y escribe que no son diferentes de los "abiertamente pro-sionistas". Estos "judíos antisionistas" que nunca han vivido en Israel, escribe Sand, "reclaman un derecho especial, diferente al de los no judíos, a realizar acusaciones contra Israel”. Aquellos que "viven en la diáspora”, un término que él despacha citándolo con comillas, se "conceden a sí mismos el privilegio de intervenir activamente en las decisiones sobre el futuro y el destino de Israel".

Sand niega el derecho especial de estos judíos seculares progresistas no sionistas o antisionistas de agruparse como judíos (“no en mi nombre”, “la otra voz judía”, “judíos por la justicia”, "como descendiente de un superviviente del Holocausto"…), tal como lo hacen en decenas de organizaciones y foros, y allí sentarse a poner en tela de juicio a Israel. Él va más allá, acusándolos del mismo pecado que los nacionalistas judíos, “de tratar de afirmar que hay algo especial o mejor en su judaísmo”. "Pero el sionismo también recogió un montón de cosas del judaísmo", argumenta Sand. "E incluso si el sionismo no es el judaísmo, eso no quiere decir que el judaísmo sea una religión ética, ya que el judaísmo no facilita casarse con un no judío. La ética judía no es la ética con la que yo sueño, no es una ética universalista".

Sand aquí se hace eco tanto de los ultra-ortodoxos, que acusan a los seculares de trasplantar ideales extraños al "auténtico judaísmo", como de Benjamin Netanyahu, quien en una cita muy conocida dijo que "los izquierdistas se habían olvidado de lo que representa ser judío". Sand quiere que los judíos elijan: Puedes ser religioso o nacionalista (o ambas cosas), pero si no eres nada de eso, entonces no eres un judío. Y que no le molesten con la charla sobre la ascendencia judía y el ADN, porque si esa es realmente su alternativa, entonces su definición de lo que es un judío es una definición racial, al igual que la de los antisemitas.

"No hay nada ético (de la ética universalista) en el judaísmo", dice Sand, disparando contra esa noción liberal tan preciada del Tikkun Olam. Si usted es una persona ilustrada, entonces usted es universalista y por lo tanto no es judío. Las largas listas de valientes revolucionarios y de defensores judíos de los derechos humanos que tanto les gustan a los judíos progresistas no significan nada, según afirma Sand. En todo caso, ellos negaron sus raíces judías particularistas y se unieron a una hermandad mundial mucho más grande y mejor de hombres y mujeres.

Sand también se ha convertido en el flagelo de los judíos seculares antisionistas. Ellos critican a Israel por todos los medios, "pero si luego se identifican a sí mismos como judíos, al hacerlo, resultan ser unos farsantes". Ustedes no consiguen ninguna posición moral especial solamente por el accidente del nacimiento. Ustedes no son mejores que los goyim.

Sand, por supuesto, sí tiene un derecho especial a criticar Israel. Él es un israelí y prefiere la ciudadanía de Israel a ser un judío, y ello a pesar de las muchas faltas de Israel y del racismo que le lleva a creer que "quizás pronto" sea una sociedad tan mala como la "Alemania de 1930" (aunque "no la Alemania de 1940", según insiste). Su visión de un mejor Israel es simplemente un Israel menos judío. "Yo he crecido aquí y vivo aquí", y estos lazos lo atan para siempre: "Mi cultura es la cultura israelí" (sí es que existe tal cosa). Incluso termina su libro con la exhortación de Theodor Herzl, "Si lo queréis, no será ninguna leyenda".

Y aquí viene la siguiente gran decepción para la izquierda antisionista, judía y no judía. Por supuesto, Sand quiere que Israel renuncie a sus nociones de supremacía judía y que ponga fin a la ocupación, con la esperanza de que se ponga fin al conflicto con los palestinos, pero él tampoco está dispuesto a aceptar la narrativa palestina. Muchos de los asistentes antisionistas a sus conferencias se vieron en apuros al escuchar que Sand se opone al "derecho de retorno" palestino porque "es una negación de la existencia del Estado de Israel". Esto llevó a una atónita académica británico-palestina a decirle: "Me ha gustado mucho lo que dice hasta que usted se ha opuesto a ello (al retorno)".

Qué horrible debió ser para esta académica, una feroz crítica del nacionalismo judío, cuando comprobó que también se negaba a abrazar el nacionalismo palestino en su lugar. Además, ella se habría sentido devastada si hubiera comprobado como su estimado Sand estaba de acuerdo con la derecha sionista al considerar que el pueblo palestino es una invención. En 2012, afirmó en una entrevista en el Haaretz que "los palestinos eran árabes que vivían en esta región desde hace cientos de años. La colonización sionista forjó al pueblo palestino". Muchos de sus argumentos en contra de un retorno de los refugiados palestinos reflejan perfectamente los utilizados por la derecha sionista.

Sand dice que la Guerra de Independencia de Israel de 1948 fue como otras "guerras de la década de 1940, donde el mayor golpe lo sufrieron las minorías", y asegura que los palestinos no se merecen ningún derecho especial al retorno sólo porque, a diferencia de los expulsados ​​en otras guerras, se vieron obligados a permanecer como refugiados. Sand culpa a los estados árabes por perpetuar el problema de los refugiados, junto a Israel por la creación del mismo. "Los árabes mantuvieron a esta gente en los campamentos y tienen su responsabilidad, además de su bonita solidaridad. Que estas personas abandonen de una vez esa mierda de campamentos".

Sand aboga por la igualdad de derechos para todos los ciudadanos israelíes, de hecho, una de sus razones para proclamar que él no es judío es que no quiere pertenecer a un grupo de "privilegiados" israelíes. Incluso en un momento de su conferencia se hizo eco de las opiniones de Avigdor Lieberman cuando se planteó la siguiente posibilidad: "¿Qué pasa si los árabes de Galilea quieren tener un Kosovo?". También rechazó la ecuación Israel = apartheid, tan querida por la izquierda antisionista, y no porque Israel sea menos racista según su visión, sino porque a diferencia de Sudáfrica, donde la población blanca no podía existir sin la población negra, la economía de Israel es lo suficientemente robusta como para prescindir de los palestinos.

El desafío de Sand a los judíos seculares que rechazan definirse por la creencia y la práctica religiosa, es poderoso y elocuente. En ausencia de la religión, según Sand, sólo hay identidades sucedáneas, como “aferrarse a los recuerdos de las persecuciones”, que han desaparecido en gran parte del mundo. “Todo el mundo quiere ser un sobreviviente”, dice, “esa es la auténtica industria del Holocausto". Sin embargo, buena parte de la judeidad actual de muchos judíos seculares viene definida por su relación artificial con Israel, ya sea de apoyo o de repudio.

Sand se aprovecha de una particular vulnerabilidad de los judíos no religiosos de hoy: su incapacidad para articular lo que significa ser judío en un siglo en el que nadie está tratando de encerrarles en un gueto o asesinarles. "Ser judío sin religión", insiste Sand, "significa vivir en el pasado, y no tiene una base en el presente y tampoco la tendrá en el futuro".

Pero su insistencia en que si no se puede definir, entonces no existe, es también su punto más débil. Al igual que la visión de los Haredi, la visión de Sand del judaísmo es fundamentalista. Él no tiene en cuenta el hecho de que la ultra-ortodoxia también es otra reinvención del judaísmo - en este caso, una reacción al empuje de la Ilustración en el siglo XVIII y a la auto-emancipación en los dos siglos siguientes -. En cada generación, los judíos lucharon con las contradicciones de su fe y debieron escoger y elegir. Siempre fue una identidad nebulosa, pero nunca fue más débil por ello.

La identidad de los judíos escépticos, de los herejes y de los rebeldes era una identidad judía, precisamente porque ellos decidieron que así fuera y porque negaron a los rabinos el derecho de decidir por ellos. ¿Quién puede entonces negársela?

Sand implora a sus lectores y correligionarios que, como él mismo, dejen de ser judíos, y que ese debería ser su derecho. Pero al mismo tiempo, cede el derecho de definir quién es judío a los rabinos. Para ganarse su libertad de definirse a sí mismo como le gusta, quiere privarnos al resto de nosotros de nuestra libertad de seguir siendo judíos en nuestros propios términos.

Labels: , , , ,

Sunday, December 07, 2014

Kenneth Lonergan, un autor judío que no es conocido como tal, y su descripción del sentimiento anti-israelí de las élites bienpensantes judías de Nueva York



Debo esta referencia a Philosémitisme, que informa de éste artículo de Tablet que me había pasado desapercibido:
Crecer mitad judío, mitad irlandés, vástago de dos grandes tradiciones orales tiene sin duda sus beneficios para un dramaturgo. (Lonergan también pudo comprobar las diferencias culpabilidad judía y vergüenza católica). Habiendo conservado el nombre de soltera de su madre, Milch, podría haber sido más ampliamente considerado como un escritor judío. Aún así, influye em su trabajo. "Como todo el mundo sabe, se escribe mejor sobre los temas que se conocen, y cuando se quieren plasmar los detalles de tu vida, no se tiene demasido que inventar... Tiendo a ser muy literal en esto. En Margaret [la película de 2011], el personaje principal era medio judío. En The Waverley Gallery, hay un personaje con una madre judía y un padre irlandés. En This Is Our Youth, los personajes no serían realmente comprendidos si no fueran judíos. Por lo tanto, no pienso si soy más o menos judíos en mis escritos que en mi vida". 
Lonergan asistió a Walden, una escuela progresista privada y ya desaparecida, situada en la calle 88 de Central Park West, a un par de manzanas de su casa. "Yo tenía unos 7 o 8 años de edad cuanto tuve que asumir que era judío. No recuerdo demasiado bien cómo nos considerábamos judíos, aunque ciertamente lo hacíamos principalmente reivindicando la tradición cultural judía, ya que nos hacía sentirnos inteligentes". En su memoria autobiográfica en The Waverley Gallery, y acerca de su abuela, la miembros de la familia se describían como "ateos, judíos y intelectuales del Upper West Side a los que les gustaba la música coral alemán", un sector demográfico que recordaba su propia educación. "Había un montón de médicos y abogados, algunos trabajadores sociales y personas del mundo del espectáculo. Estos eran mis parientes de la pandilla de mi juventud". En la obra, Jessica los define como "los últimos patéticos restos del liberalismo judío del Upper West Side".
Lonergan me dijo que tenía una conciencia muy aguda acerca del Holocausto y de la gran exposición de sentimientos anti-israelíes. "Recuerdo haber escuchado ese mismo tipo de comentarios sin fin durante Acción de Gracias. En términos generales, la mayoría de los intelectuales judíos de Nueva York tendían a ser anti-israelíes, y yo no estaba de acuerdo con muchos de mis amigos sobre ello. Alguien me preguntó recientemente si estaba a favor de Israel. Yo le dije, 'Bueno, desde luego no estoy a favor de Hamas' ", 
El comentario habitual dentro de ese ambiente es que, obviamente, "ellos sabían perfectamente que los extremistas islámicos y las facciones anti-israelíes en el Oriente Medio eran gente terrible, pero rápidamente se apresuraban a comentarte cuan horrible era Israel".  Lonergan me dijo que sentía que esa postura tan habitual en su medio era una muestra más de su "racismo liberal", donde lo que primaba era "una comprensión excesivamente benevolente hacia las culturas no blancas que se compensaba con una espantosa falta de juicio hacia las culturas blancas, contra las que dominaba la inquina y la condena. Esa era una de las características mas comunes de la atmósfera en que crecí. Eso dice mucho acerca del extraño sesgo que dominaba en los círculos de la izquierda y que resultaba tan similar al patrón de racista xenófobo vigente en los círculos de la extrema derecha".

Labels:

Saturday, December 06, 2014

Reprobar a Israel como terapia de grupo (de la élite de judíos liberales y progresistas de la diáspora) - Avi Woolf - MIDA



El New Yorker publicó recientemente un artículo que retrata a Israel como una sociedad chauvinista llena de odio al borde del desastre · Este artículo, y sus predecesores, tienen sentido cuando entiendes que estos judías liberales y progresistas ven a Israel como un niño adicto a las drogas que necesita ser forzado a rehabilitación “por su propio bien”. Echemos pues una mirada a esta visión del mundo y de Israel de esta élite judía alienada, condescendiente y narcisista.

Recientemente, la prestigiosa revista New Yorker publicó un artículo titulado "La realidad de Un- Estado de Israel”. Gran parte del artículo se siente como si sus fuentes procedieran directamente del Haaretz, pues estaba sembrado en gran medida con declaraciones de los habituales izquierdistas y con un mensaje claro: Israel se está deslizando hacia una realidad antidemocrática y de “Un solo Estado”, en gran parte debido al aumento de la intransigencia y extremismo judío. En resumen, podríamos decir que se trataba de un popurrí de las repetitivas quejas izquierdistas.

Salvo que por esta vez había una excepción, pues la “estrella” de este artículo no era algún intelectual, periodista o activista de la extrema izquierda, sino el nuevo presidente derechista de Israel, Reuven 'Rubi' Rivlin. La gente que lea la entrevista con el primer ciudadano de Israel obtendrá la impresión de que Israel no es sólo una sociedad enferma, sino con unos niveles de odio entre todos los grupos que lo conforman - judíos y árabes, ricos y pobres, religiosos y laicos - que se encuentran en su momento álgido. He aquí un fragmento del discurso que Rivlin dio en la Knesset y que es citado por el New Yorker:.
"He sido llamado un judío mentiroso y vergonzoso por mis críticos", dijo Rivlin en la Knesset recientemente. "'¡Maldito sea tu nombre, eres un agente árabe”, “Vete a ser Presidente a Gaza”, “eres un asqueroso adulador de los árabes”, “lo peor de lo peor, un traidor”, “el presidente de Hezbollah". Estas son sólo algunas de las cosas que se han dicho contra mí a raíz de los acontecimientos a los que he asistido y los discursos que he pronunciado. Debo decir que estoy horrorizado por este matonismo que ha impregnado el diálogo nacional".
Bueno, bueno. La verdad es que la gente suele ser desagradable por internet y facebook (la fuente de los comentarios). Menuda gente, no creen, quién lo habría pensado. He visto debates estadounidenses en Youtube y Twitter que harían que la mayoría de estos insultadores israelíes se sonrojaran y pidieran titubeando calma. Pero Rivlin es presionado en esta entrevista para que deje la impresión inequívoca de que la democracia israelí se enfrenta a esa grave crisis de la que nos advierten los izquierdistas desde su fracaso electoral. De hecho, el objetivo de todo el artículo, al igual que otro similar atacando la desconexión del AIPAC de las fuerzas progresistas judías americanas, es advertir acerca de cómo Israel y sus partidarios van en la dirección "equivocada".

Ambos artículos están escritos en un estilo que recomendaría para esos cursos sobre "Cómo ocultar una opinión sesgada bajo el disfraz de objetividad: Clase Maestra". No hay mentiras descaradas en estos artículos, solamente un montón de medias verdades categóricas. Cualquier cosa que sea conservadora o de derechas es marcada como negativa, cualquier cosa que sea liberal o progresista se describe en términos positivos o al menos de manera neutral - inclusive la campaña de boicot BDS -. Los que leyeron el artículo sobre “La realidad de un solo Estado” aprenderán en detalle sobre el abominable asesinato de Muhammad Abu-Khdeir. Pero no aprenderán nada de las múltiples condenas que generó ese acto dentro del arco político y social israelí, inclusive de colonos (la madre de uno de los tres adolescentes judíos asesinados anteriormente, lo cual provoco el asesinato del adolescente palestino) y de muchas personas de extrema derecha no conocidas por sus corazones sangrantes al estilo progresista. Ni tampoco leerán sobre temas como la radicalización del liderazgo árabe israelí, ya que tal como piensan estos judíos liberales los líderes árabes solamente son “víctimas meramente pasivas”, maltratadas o miradas con sospecha por muchos israelíes sin ninguna buena razón para ello.

Entonces, ¿qué está pasando? ¿Por qué un semanario supuestamente serio como el 'New Yorker' se ha convertido en un mero portavoz del Meretz?

Para entender verdaderamente lo que está pasando, necesitamos entrar en ese mundo extraño y sorprendentemente distante ocupado por esos judíos liberales y progresistas pertenecientes a las élites - gente como David Remnick , el autor de este artículo y editor del New Yorker - . Para estos judíos, el Israel de antes de 1967 era un paraíso socialista, un verdadero modelo para el progreso y la igualdad. Este judío liberal y progresista promedio, cuando desea pontificar sobre su enfoque crítico hacia el "complicado" Israel actual, comenzará su conferencia o artículo con el estribillo "Yo recuerdo con cariño mis tiempos en el kibbutz antes de 1967". O quizás en1969. O 1978. Hagan su elección. Otro cliché favorito involucra a esos grupos de jóvenes socialistas sionistas y sus campamentos de verano. Incluso Barack Obama ha dicho que su admiración por Israel se basa en gran medida en su "pasado socialista".

Por supuesto, los kibutzim, esas pequeñas islas de igualdad social, se financiaron a expensas de los no kibbutznik, es decir, de la gran mayoría del resto de contribuyentes, por medio de las generosas donaciones de tierra y agua, exenciones fiscales, préstamos y garantías de préstamos. También es cierto que los kibutzim fueron ampliamente apoyados por los monopolios estatales, la fijación de precios y una agresiva política de proteccionismo que afectó a los más pobres. Pero al menos estos judíos idealistas podían vivir el sueño y la ilusión del socialismo.

A diferencia de los judíos liberales y progresistas que tan cariñosamente recuerdan el Israel anterior a 1967, muchos, si no la mayoría de los israelíes, recuerdan una época en la que el gobierno laborista y los sindicatos controlaban los dos tercios de la economía, que tener una "tarjeta roja" (del partido o sindicato) era necesario para conseguir un trabajo, y que cuando alguien no era laico, socialista y asquenazi, bien podría parecer un ciudadano de segunda clase.

Según todos los indicios, estos judíos liberales y progresistas de la diáspora en realidad apoyan esta privación masiva de derechos, ya que no se cansan de hacer referencia en sus artículos a cualquier persona que no responde a esta calificación de laico, socialista y asquenazi – es decir, los judíos mizrahi, los “rusos”, los religiosos o los haredi - como un puñado de salvajes peligrosos con ideas "antidemocráticas", como representando en la actualidad una gran amenaza para la gran utopía establecida antaño por esa élite secular israelí socialista y asquenazi. Y los derechistas, claro está, son todos racistas aparentemente.

La actitud de estos judíos liberales hacia los árabes, a los que tratan como una especie de "nobles salvajes" exentos de responsabilidad por sus acciones, es igualmente hipócrita. De alguna manera el término "Administración militar" sólo surge en el contexto de la malvada Ocupación y no con respecto a la realidad a la que se enfrentaron los ciudadanos árabes durante la mayor parte del período pre-67, cuando la izquierda reinaba soberanamente. No es de extrañar pues que el libro de Ari Shavit que divide la historia de Israel en “injusticias justificables antes de 1967” e “injusticias injustificadas después de 1967” se haya recibido con los brazos abiertos. Esa descripción histórica de Shavit de ciertos acontecimientos - como su afirmación de la existencia de una "masacre" en Lod en 1948 – no implica parecer ser ninguna diferencia. Lo que les importa a estos judíos liberales y progresistas de la diáspora es que, si se sienten culpables por "formar parte" de tales defectos pre-67, puedan tener un acto colectivo de catarsis a expensas de sus actuales hermanos israelíes, los cuales en realidad se enfrentan a unos dilemas ante los que sus hermanos liberales de la diáspora agonizarían.

Lo que nos lleva de vuelta a la revista New Yorker y a las jeremiadas de Rivlin. Si la narrativa de esta élite judía liberal habló una vez de Israel como un "paraíso socialista", ahora mismo se basa en el lema: "Israel debe ser salvado de sí mismo, y nosotros debemos intervenir en el rescate". Y esa intervención puede realizarse mediante una generosa financiación de un verdadero ejército de ONG’s de izquierdas (y de muchas de ellas explícitamente no sionistas o antisionistas) a través del New Israel Fund (la casa madre de estas ONG’s), mediante la publicación de artículos mordaces en el New Yorker y New York Times como una especie de muestra de "amor exigente o crítico", o si todo lo demás falla, mediante la amenaza de que si Israel no sigue su línea liberal, la comunidad judía norteamericana dará la espalda a Israel.

Esta actitud condescendiente se reveló en su totalidad durante la operación Margen Protector cuando Shmuel Rosner, un periodista liberal-conservador, escribió un artículo en el New York Times con el argumento de que si tenía que elegir entre la seguridad de Israel y la adoración de la diáspora judía liberal, elegiría a Israel. Las respuestas fueron extensas y rápidas. Uno de los encuestados afirmó que él amaba a Israel como a sus hijos, por lo que le regañaría como a sus hijos si se portaba mal. Para otro, que decía hablar en nombre de muchos de sus amigos, Israel era una especie de adicto a la heroína que había que poner en tratamiento aún en contra de su voluntad si fuera necesario. Es decir, la solidaridad judía en su máxima expresión.

Y así el partidario de Israel o el israelí medio con razón se preguntan qué significa todo esto. Así pues estamos ante unos judíos liberales y progresistas que se consideran ilustrados y democráticos y que piensan que si el verdadero Israel no cumple con sus fantasías, ellos deben responder con una rabieta amenazadora. El caso es que siempre hemos tenido gente así, tanto en la derecha como en la izquierda, religiosos y laicos, así que ¿debemos estar realmente preocupados?

Mi respuesta es sí y no.

No, porque al contrario de Peter Beinart y compañía, yo no creo que el apoyo de muchos de ellos importe tanto. Hay una alta correlación entre la falta de afinidad con Israel y la falta de afinidad con la identidad judía, y la idea de tratar de conseguir el favor de estas personas, a los que realmente no les importamos más que de una manera narcisista, a costa de los intereses de los millones de judíos de Israel me parece más que inútil, resulta patético. Si quieren ir por esa vía, allá ellos. El déficit de dinero de las donaciones se puede recuperar mediante la apertura de mercados locales y globales y el cultivo de otros grupos que no nos tratan como si deberíamos estar involuntariamente a su servicio.

Y sí, porque estos judíos liberales de la élite - como los que escriben y editan en el New Yorker  o New York Times - son capaces de ocasionar un gran daño a Israel. El New Yorker forma parte de ese selecto grupo de publicaciones como el Haaretz, Atlantic, New York Times y The Guardian, que las leen una élite transnacional altamente influyente de periodistas, profesionales y burócratas gubernamentales. Muchas personas con poder real - embajadores, altos funcionarios, asesores parlamentarios o asesores extranjeros - a menudo se basan casi exclusivamente en estas publicaciones aparentemente "neutrales, equilibradas y objetivas" para adoptar una opinión y tomar decisiones políticas. Lo que es peor, si llegan a tomar decisiones políticas anti-israelíes respaldados por estos puntos de vista, pueden convencerse de que, al hacerlo, están en realidad salvando a Israel de sí mismo.

Hubo una vez un tiempo, cuando en realidad creía en el poder de una hasbara efectiva, que podía haber recomendado trabajar más duro para conseguir que gente como las del New Yorker cubriera Israel de una manera más justa, menos alarmista y más compleja. Pero considero que esa fase ya ha quedado obsoleta, y creo que Israel y sus amigos tienen que encontrar formas de evitar publicaciones como el New Yorker y encontrar canales directos con los que llegar a las élites gubernamentales. La tendencia del judaísmo liberal y progresista a llevar a cabo una terapia de grupo a costa nuestra, ya sea porque desea borrar su propia mala conciencia o porque desea permanecer dentro de su círculo de amigos liberales y progresistas, no se detendrá fácilmente.

Labels: ,

Friday, November 07, 2014

Amando a Israel demasiado - Seth Frantzman - JPost



Hace dos semanas, una protesta en Tel Aviv dio a la gente una razón con la que reprobar a Israel por las acciones de un puñado de sus ciudadanos. Cierta gente publicó un vídeo contra la decisión de la Corte Suprema de anular una ley sobre los infiltrados africanos (que residen en gran medida en la zona ya muy depauperada del sur de Tel Aviv). "Israelíes gritando y enarbolando banderas del ISIS [el Estado Islámico, como si fueran las que representaban a la Corte Suprema de Israel]". Las reacciones fueron furiosas. "La culpa es tuya Tel Aviv", escribió una persona en las redes sociales, y otros sugirieron que los manifestantes deberían ser arrestados y encarcelados. Muchos judíos progresistas expresaron su indignación en el extranjero. Ellos sentían, nuevamente, vergüenza de Israel.

La gente suele confundir a los amantes de Israel y a los que lo odian. Ellos no entienden las motivaciones de estos grupos. El columnista del Haaretz Bradley Burston hablaba recientemente en un artículo de ese problema cuando afirmaba: "En una escala del 1 a 10, ¿cuánto me encanta Israel? Un 10... Conozco a muchas, muchas personas que verdaderamente aman a Israel, y la mayoría de ellas son de izquierdas".

Esto es un lugar común entre aquellos que quieren mostrar hacia Israel un "amor duro o exigente (condicionado)".

El “amor" es la lente a través de la cual el interés que se siente por Israel se mide muy a menudo. Joshua Muravchik escribe en Thetower.org sobre "por qué la izquierda debería dejar de ser hipercrítica y amar al Estado judío de nuevo". La razón, dice, es que "para cada norma concebible del liberalismo", Israel lo está haciendo bien. En otro blog, Michal Brull tiene una visión en consecuencia: "Si tanto amamos a Israel, entonces ¿por qué no estamos luchando por su moralidad?".

Cuando el "amor" es el enfoque, las decisiones de uno resultan elocuentes. El columnista Shmuel Rosner escribió recientemente: "Sería natural para los israelíes esperar el amor incondicional de sus parientes judíos no israelíes". Del mismo modo, Debra DeLee afirmaba que "me encanta Israel y estoy muy preocupada por su futuro como una democracia y un Estado judío. Es a causa de mi amor por Israel que no compro productos fabricados por las empresas que se encuentran en los asentamientos de Cisjordania".

Cuando Israel es amado demasiado, también es odiado demasiado.

Consideremos el caso de la marcha racista en el sur Tel Aviv y cómo algunos en la diáspora se sintieron "avergonzados" de Israel. Cuando los neonazis se manifestaron en los EEUU, estos mismos individuos no tuvieron la pretensión de avergonzarse de América; de hecho, fueron la ACLU y el abogado judío Joseph Burton quienes lucharon por los derechos de los nazis de manifestarse en Skokie. Cuando un policía disparó a un adolescente negro desarmado en los EEUU, ellos tampoco sintieron tanta "vergüenza" como cuando un policía israelí dispara a un palestino.

Israel tiene una singular manera de provocar vergüenza en aquellos que dicen que les encanta Israel. El país está sometido a una especie de “crimen de honor” público, siendo lapidado, por así decirlo, a la mínima, al igual que las mujeres en Pakistán, Irak o Egipto son asesinadas para proteger el "honor" de la familia.

Pero no hay que olvidarlo: aquellos que están lapidando a Israel son esos honestos amantes de Israel, los que realmente aman a ese país. Y es que el problema es que esa gente ama a Israel demasiado. De hecho, están obsesionados con Israel.

Consideren la posibilidad de la ruptura de la agrupación estudiantil judía Hillel en dos secciones, Open Hillel y Hillel. Y la ruptura fue a causa de Israel. Un grupo aparentemente se volvió totalmente abierto a considerar todo posible debate sobre Israel (inclusive las ventajas o la necesidad de su destrucción) y el otro grupo no lo hizo.

En una reciente reunión de Open Hillel se oyeron voces que iban desde Peter Beinart a la izquierda radical pro BDS. Algunos de los asistentes llevaban camisas diciendo "Otro judío apoya el BDS (boicot de Israel)". Y este es un grupo intensamente judeo-israelí.

Martin Federman, un ex director ejecutivo de la Fundación Hillel y ahora miembro de la “Voz Judía por la Paz” y co-presidente de “Judíos de América por una Paz Justa-Boston”, escribió: "¿Deberían esos que aman a Israel y que, preocupados por su futuro, apoyan, por ejemplo, los llamamientos a favor de "una solución de un único estado”, ser excluidos de la participación en las conferencias Hillel?”. Es decir, Hillel se ha roto por amor a Israel, no por odiarlo.

Se podría pensar que para los cientos de miles de estudiantes judíos de las universidades estadounidenses podría haber otras cosas que quisieran escuchar o discutir en Hillel, además de otro debate sobre Israel, otras conferencias además de las de Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio), pero resulta que para todos estos "amantes de Israel" nunca hay suficiente.

Cuando estaba en la Universidad de Arizona teníamos a unos "extremistas judíos de izquierda" en el club de senderismo. Eso al menos resultaba saludable. La Hillel de hoy en día está empecinada en una historia de amor poco saludable y rupturista sobre Israel.

En suma, la retórica lo dice todo, y frases como "Amo mucho a Israel" y "los que realmente aman a Israel" se han convertido en las frases clichés de ese léxico. Pero la verdad es que el amor - ese amor - es el problema, pues se trata de una relación abusiva.

Piensen en ello. Algunas personas aman tanto a su pareja que acaban asfixiándola. Hay gente que acechan a su "amor" e incluso algunos psicópatas han raptado a sus seres queridos para que solamente les pertenezca a ellos. Y esto es algo de lo que ha sucedido aquí. Israel está sufriendo por una relación abusiva de parte de unos individuos que le declaran un amor asfixiante. Y ese amor va más allá de un amor duro o exigente. Se trata de violencia doméstica.

Una muestra fue el poema de amor dedicado a Israel de parte de Richard Cohen, "¿Es bueno Israel para los judíos?", un claro ejemplo de ese tipo de abusos. Él se preguntaba: "¿Qué pasará cuando los judíos de las tierras islámicas, ya casi el 50% de la población, se conviertan en una saludable mayoría demográfica y cambien la cara que Israel presenta al mundo, especialmente ante los Estados Unidos? ¿Qué sucederá cuando les sumemos los árabes de la antigua Palestina y los expansivos ultra-ortodoxos?". ¿Qué va a pasar, Sr. Cohen? ¿Quiere decirnos que la diversidad étnica de Israel supondrá una amenaza para el apoyo de los judíos americanos?

Los judíos americanos y de la diáspora no parecen haber tenido ningún problema a la hora de identificarse con un presidente afroamericano. Tal vez es como el problema de Skokie, que lo que es aceptable en los Estados Unidos no es aceptable en Israel.

Y es que el amor que algunos vierten hacia Israel es semejante al de esos padres que no quieren que sus hijos crezcan y sean independientes.

Cuando te sumerges en libros como el de Peter Beinart, lo que te encuentras es la nostalgia melancólica de algunos judíos americanos liberales por los "buenos viejos tiempos”, y frecuentemente en ellos reverdecen sus antiguos credenciales "sionistas" recordando sus estancias juveniles en campamentos sionistas y sus visitas a Israel en los "viejos buenos tiempos". Y al igual que Peter Pan, ellos tampoco crecieron. Parecen no poder saber si ahora son personas maduras o permanecen aún en su juventud, pero lo que sí tienen claro es que no quieren que Israel crezca. Israel no puede ni debe estar exento de su sabia capacidad de guía, como esos profetas de la Biblia que hicieron llover fuego y azufre del infierno sobre sus hermanos descarriados. Pero a diferencia de los profetas, este grupo no tiene ninguna alianza con Dios.

Y es que para que los niños crezcan, tienen que cometer errores.

Israel, por supuesto, ha cometido errores. Pero permanecer eternamente "avergonzados" no supone ninguna ayuda. Las voces de los que se declaran "amantes de Israel" deben ser entendidas por lo que son, un grupo de judíos de la diáspora que, en su mayor parte, están negociando y discutiendo con su propia identidad como judíos de la diáspora.

Ellos imponen sus propias batallas internas a Israel, que paga un precio por sus inseguridades, además de contemplar como esta gente se rebela contra la generación de sus padres a quien acusa de estar demasiado cautivada por Israel y no ser lo suficientemente crítica. Se trata pues de una relación inmadura.

Y no se trata por lo tanto de un "amor duro o exigente", ya que aman tanto a Israel tanto la detestan.

Ya va siendo hora de que den a Israel el respeto que se merece como país independiente con 66 años de edad, y que en caso de juzgarlo le apliquen las normas que aplican a su propio país, y darle por lo tanto el beneficio razonable de la duda.

Israel, así como los palestinos, se beneficiarán de una relación “amorosa” mucho más madura.

Labels: ,

Wednesday, July 23, 2014

El fin de la crítica liberal de Israel - Jonathan S. Tobin - Commentary

 
30.000 israelíes lloran a Max Steinberg, el soldado solitario, en su funeral

Después de varios días de observación, y viendo personalmente al pueblo de Israel reaccionar a los ataques con cohetes y a la cruda realidad de la lucha contra Hamás en Gaza, la irrelevancia de la mayoría de las críticas y objeciones que en la actualidad están expresando los críticos estadounidenses de Israel me parecen más irrelevantes que nunca. Después de ser forzados a una guerra que la inmensa mayoría del público israelí entiende que afecta a su supervivencia, y no a las cuestiones políticas que dividen habitualmente a los judíos, no es de extrañar que la mayoría de los israelíes presten muy poca atención a los detractores extranjeros de su país que constantemente "tratan de salvarlos de ellos mismos" y que dicen "conocer mejor que ellos sus necesidades".

Sin embargo, esta gente que dice que se preocupa por el Estado judío necesita extraer conclusiones similares.

El contraste entre el apoyo a los esfuerzos de las Fuerzas de Defensa de Israel para atacar a los lanzadores de cohetes de Hamas y a la red terrorista de túneles de Gaza que exhibe la mayoría de los israelíes, y la indignación que estos esfuerzos en defensa propia han generado en otros lugares, resulta bastante difícil de ignorar.

Los israelíes entienden que el conflicto actual no tiene nada que ver con los argumentos sobre los asentamientos o de las fronteras. Usted no tiene que ser un partidario del primer ministro Benjamin Netanyahu, o de sus críticos pro-asentamientos a su derecha, para entender que a Hamas y a sus simpatizantes no les importan dónde deben situarse las fronteras de Israel.

Tampoco asistimos a ningún debate real sobre el impacto de una cultura política palestina donde inclusive los supuestos moderados aplauden el terrorismo y tratan a los que matan a judíos como héroes.

El objetivo de la fortaleza terrorista existente en Gaza que las Fuerzas de Defensa de Israel está tratando de desarmar y desmontar, es servir como base para una guerra en curso contra la existencia del Estado judío. La elección de los líderes de Hamas de sacrificar deliberadamente a mucha de su gente, tanta como sea necesaria, con el fin de proteger su infraestructura terrorista, no ha pasado desapercibida para los israelíes. Tampoco se les ha escapado el aviso que supone toda esa inversión masiva en cohetes y en túneles de infiltración por parte del gobierno de un territorio sumido en la pobreza, y todo ello para intentar producir el mayor número de víctimas judías que sea posible, y por supuesto sin tener en cuenta el impacto que este tipo de acciones puedan tener sobre la seguridad o la calidad de vida de los palestinos.

Igual de importante es el sumamente desagradable tono antisemita de gran parte de las protestas que se han montado contra la reacción de Israel frente a los ataques de Hamas desde Gaza. En pocas palabras, gran parte del mundo parece pensar que Hamas tiene "derecho" a disparar miles de cohetes contra ciudades israelíes, o bien a lanzar ataques terroristas transfronterizos encaminados a secuestrar o matar a tantos judíos como sea posible, mientras que a la vez el Estado judío no tiene ningún derecho a defenderse contra estas acciones, incluso si hace todo lo posible (como las Fuerzas de Defensa de Israel lo hace como algo natural) para evitar herir a los civiles que los islamistas utilizan como escudos humanos.

La invectiva general contra el sionismo que se escucha en las calles de las ciudades de Europa, e incluso en las protestas en Estados Unidos contra Israel, va en sintonía con los temas del discurso de Hamas. La solidaridad que estos manifestantes están expresando por la "resistencia" contra la "ocupación" - un término con el que se refieren a todo Israel, y no sólo a Cisjordania o al estado independiente palestino, excepto por el nombre, controlado por Hamas -, también deja en evidencia la naturaleza de la lucha.

Incluso aquellos que apoyan una solución de dos estados que implique una retirada israelí de la mayor parte o de la totalidad de Cisjordania, deberían ahora comprender que su aversión a los asentamientos, o bien su deseo de satisfacer la ambición palestina de soberanía, no puede ignorar el hecho de que el debate acerca de estas ideas resulta totalmente discutible mientras los cohetes están volando y los terroristas avanzan por los túnel transfronterizos con la esperanza de emerger dentro de Israel y matar a inocentes. Ante este contexto de odio y violencia, los únicos verdaderos puntos de discordia son si usted apoya la supervivencia del Estado judío o no.

Es por eso que la energía gastada por tantos liberales estadounidenses, en nombre de los proyectos diseñados para presionar al gobierno de Israel para que haga más concesiones a los palestinos, resulta simplemente equivocada.

Es completamente irrelevante para las realidades del Oriente Medio y del resurgimiento mundial del antisemitismo. Grupos tales como J Street, que se basan en la idea de que "Israel debe ser salvado de sí mismo por sus críticos liberales poseedores de grandes principios", son tratados como grupos serios y representativos de la opinión judía por los grandes medios. Pero esos grupos tienen poco que decir sobre el conflicto actual que requiera nuestra atención. También aparecen como menos importantes que nunca sus “esfuerzos” para diferenciarse de los grupos antisionistas más radicales, los cuales apoyan abiertamente los esfuerzos para aislar a Israel y apoyan económicamente las protestas contra su derecho a la legítima defensa.

En estos momentos ya no es posible pretender que el conflicto podrá solventarse mediante más concesiones israelíes que, de aplicarse, crearán otros 20 Gazas en Cisjordania. Tampoco se puede argumentar racionalmente que Israel necesita “tener más paciencia y mano izquierda” con Hamas en Gaza, y emprender "esfuerzos menos vigorosos" para sacar de su vasto sistema de túneles blindados su arsenal de cohetes y sus tropas terroristas, argumentando estúpidamente que dicha “moderación israelí (nunca hablan de la palestina)” traería a la región más cerca de la paz, cuando la única manera de dar a esa causa una oportunidad radica en la eliminación de Hamas.

Si, en algún momento en un futuro indefinido, los palestinos se desprenden de Hamas y de sus aliados más o menos radicales, y abrazan una identidad nacional que no esté indisolublemente ligada a la eliminación de Israel, tal vez entonces podamos reanudar el debate sobre los asentamientos y las fronteras que grupos como J Street tanto anhelan. Pero hasta que suceda ese evento poco probable, es imperativo que los estadounidenses se den cuenta que las críticas de J Street hacia Israel, tan a menudo repetidas por algunos funcionarios de la administración Obama y por la izquierda, ya no pueden tener ni fundamento ni prioridad.

La única pregunta que debe hacerse hoy en día es si usted es favorable al derecho de Israel a defenderse o no. Los judíos y no judíos, americanos y occidentales, que se consideran amigos del Estado judío, deben encontrar el coraje para hablar a favor de la justicia de la causa de Israel en la crisis actual contra las fuerzas del odio. Visto desde la perspectiva de los acontecimientos en las dos últimas semanas en Israel, todo lo demás es una pérdida de tiempo.

Labels: , ,

Sunday, June 01, 2014

Muy interesante: El fracaso de la intelligentsia judía - Rafael Castro - Ynet


La multitud celebra en Tel Aviv el nacimiento de Israel (1948)

Ganar la simpatía por el sionismo de los intelectuales es una tarea ingrata. ¿Por qué Noam Chomsky y Peter Beinart son tan críticos hacia Israel, mientras que sus hermanos menos dotados académicamente tienden a simpatizar con el Estado judío?

¿Podría ser que las universidades de élite en EEUU imbuyen a sus estudiantes judíos más prometedores un descarado sesgo izquierdista? Tal vez, pero ¿por qué esta situación se repite en Israel, donde la intelectualidad también tiende a apoyar posiciones pacifistas?

¿Pudiera ser que las posiciones pacifistas sean más inteligentes? Esta es una afirmación dudosa a la luz de cómo los acontecimientos en Palestina se han desarrollado durante los últimos 20 años. ¿Pudiera ser que las posiciones pacifistas sean más éticas? Teniendo en cuenta el dolor y derramamiento de sangre traído sobre ambos, judíos y árabes, sus intentos de realización, esto también resulta cuestionable.

El enigma se profundiza cuando reflexionamos sobre tres grupos demográficos judíos que, durante las últimas dos décadas, parecen haber hecho prevalecer sus predicciones geopolíticas. Judios sefarditas, inmigrantes rusos y judíos religiosos de la diáspora son grupos que, en general, no se han mostrado demasiado entusiastas y se han opuesto al proceso de paz de Oslo y a la retirada israelí de Gaza.

¿Cómo es posible que su escepticismo se haya demostrado tan certero, mientras que las promesas de la intelectualidad hayan parecido tan delirantes? ¿Podría ser que Israel es el único país que niega tener conocimiento de sus poderes de predicción?

Con el fin de abordar esta cuestión, es necesario redefinir nuestro conocimiento. ¿Acaso el poseer doctorados en Estudios del Oriente Medio otorgados por universidades de élite garantizan la adquisición de una verdadera comprensión de los países árabes o del Islam? ¿Acaso codearse con los intelectuales árabes, o de pasar un semestre en Amman o El Cairo, permiten a un occidental entender realmente la cultura musulmana?

Las credenciales académicas son cruciales para ser considerado un experto en el Oriente Medio, tanto en Israel como en el extranjero. Pero, ¿podría ser que en Israel los verdaderos expertos en el mundo árabe a menudo no poseen esas mismas credenciales?

Creo firmemente que si Israel hubiera tomado el conocimiento y la experiencia de su antigua población sefardí y mizrahi más en serio, Israel podría haberse ahorrado en sí muchas lágrimas. Cualquier judío sefardí o mizrahi, que haya pasado décadas viviendo en los países árabes, desde Marruecos al Yemen, el Líbano e Irak, valoraría y entendería la cultura árabe y musulmana mucho mejor que inclusive esos graduados de Oxford, Princeton, Yale y Harvard.

El mismo principio se aplica para reivindicar la sabiduría de los inmigrantes rusos. Los judíos de Rusia han sido alimentados por una máquina de propaganda soviética que pontificaba diariamente sobre la fraternidad internacional, mientras se dedicaba a sojuzgar a sus propios ciudadanos, es por eso que sabían muy bien cómo distinguir el fondo de propaganda mucho mejor que las élites israelíes.

Y no ha sido - como afirman los izquierdistas israelíes - la falta de experiencia con la democracia de "los rusos", sino precisamente su amor por la libertad, lo que les volvió profundamente sospechosos de las intenciones de Arafat desde el principio del juego de Oslo.

El apoyo de la judíos religiosos de la diáspora a las posiciones de línea dura también se ha denigrado como uN ejemplo de ignorancia y fanatismo. Este es otro espejismo de la intelectualidad de izquierda. En la diáspora, los judíos religiosos tienden a estar mucho más conectados, y ser más conocedores, con Israel que los judíos seculares de la diáspora. Ellos, por ejemplo, estudian más tiempo en Israel, por lo general tienen más miembros de su familia que viven en Israel, y viajan más a menudo a Israel. Sus posiciones de línea dura son, pues, el producto del conocimiento y del interés, todo lo contrario por lo tanto de los prejuicios y de la ignorancia.

Quizás tal sesgo de prejuicios e ignorancia deban buscarse en otra parte. Tal vez la disonancia cognitiva habría que buscarla en los que no pueden comprender las circunstancias únicas de la Tierra de Israel. En aquellos que aplican indiscriminadamente modelos teóricos sin pasar por el juicio de la realidad; en los que piensan en términos de esquemas filosóficos y de convenciones políticas, en lugar de estar conectados a la realidad, al sentido común y al tesoro de experiencias personales.

A la luz de estas realidades, tal vez ha llegado el momento de que incluso los judíos reevaluen la importancia otorgada a ciertas credenciales académicas.

Si esta nueva evaluación se hubiera realizado hace dos décadas, la trágica historia contemporánea de Israel podría haberse evitado. Fue el hecho de no valorar adecuadamente los conocimientos de los que habían experimentado la "convivencia" con el adversario lo que quizás haya provocado los espantosos fracasos de juicio que se manifiestan por cierta parte de la intelectualidad judía con respecto a Israel y al mundo árabe.

Labels: , , ,

Friday, May 30, 2014

Un recordatorio a Peter Beinart: Entre la crítica y la incitación - Ben-Dror Yemini - Ynet



El ataque de Bruselas ha vuelto a incrementar la discusión acerca de la conexión entre la incitación y la acción.

En el pasado, un comité en nombre de la Unión Europea trató de determinar las reglas que definía la diferencia entre la crítica y la incitación antisemita. Las reglas fueron adoptadas por diferentes órganos, como el Partido Laborista Británico. Hay reglas indiscutibles que adoptaron, como la negación del Holocausto y la atribución de complot a los judíos. Y hay otras reglas que hacen que a ese documento significativo.

Por ejemplo, cuando Israel es tratado de acuerdo con un baremo diferente en comparación con otros países, los occidentales, que experimentan conflictos similares, eso también es antisemitismo. Negar el derecho de los judíos a su autodeterminación y la comparación de la política israelí a la de los nazis también se incluyen en la definición de antisemitismo.

No es ni necesario mencionar que el documento aclara que las críticas a las política de Israel no son antisemitismo.

Sin embargo, la distinción entre la crítica y la incitación a menudo es el resultado de una visión política. Hay quien dice que el boicot de los productos de los asentamientos es una expresión de antisemitismo. Esto es, por supuesto, pura tontería. No hay necesidad de estirar la definición para incluirlo. Por el contrario, debe reducirse, y no hay necesidad de introducirlo, incluso a la luz de un evidente y profundo criticismo. Tenemos que luchar contra el antisemitismo, no tenemos que expandirlo.

Sin embargo, no hay necesidad de un documento de la UE para llegar a la conclusión de que las mentiras flagrantes contra Israel no se encuentran dentro de esos límites de la crítica, y que representan pura incitación. Cuando se acusa a Israel, en repetidas ocasiones, de cometer un genocidio contra los palestinos, esto no es una crítica, sino más bien un libelo de sangre. Cuando Israel es acusado de ser el sucesor de Hitler, como incluso un académico desde Israel ha afirmado, o cuando el ejército israelí se convierte en las SS por la muerte de dos palestinos, esto no es una crítica, sino más bien antisemitismo.

Los disturbios de la Kristallnacht no fueron el resultado de un sana criticismo contra los judíos, fueron el resultado de la incitación. Los ataques de "price tag", por otro lado, no son lo mismo, son el resultado de los autores y partidarios de ese documento calumnioso que es "La Toráh del Rey". Una porción significativa de los ataques terroristas, probablemente incluyendo el ataque de Bruselas, son el resultado del lavado de cerebro que convierte a los enemigos, en este caso a los visitantes de un Museo Judío, en representantes de Satanás.

La "Estrategia de Durban", el nombre de una conferencia de las Naciones Unidas celebrada en la ciudad sudafricana de Durban, se suponía que se centraría en la lucha contra el racismo, pero se convirtió en una marcha de odio y de incitación contra un país, Israel, y esa estrategia se ha extendido en Occidente en general, y en Europa en particular, desde hace más de una década. Desde hace años, el verdadero campo de batalla ha sido el mundo académico, los medios de comunicación e Internet. Ahí es donde la incitación está teniendo lugar. Ahí es donde a muchas personas se le está lavando el cerebro.

La combinación de genocidio, palestinos e Israel produce más resultados en los motores de búsqueda de las web que la combinación de Sudán, Darfur y genocidio. El resultado es obvio. Casi el 50% de los residentes de la Unión Europea creen que Israel ha librado una guerra de destrucción contra los palestinos. Pero esa gente no ha estado expuesto a una sana crítica, han estado expuestos a una industria de la mentira.

Cuando Peter Beinart, una de las estrellas de la izquierda judía en los Estados Unidos, escribió hace unos días que los israelíes cometieron un pogrom era un libelo de sangre (el origen fue una noticia "mal traducida" por el Haaretz, diario donde escribe, en la cual se afirmaba con entusiasmo que los colonos de Hebrón habían quemado un olivar palestino celebrando la festividad de Lag Ba'omer, cuando en realidad ni un sólo árbol había sufrido daños). Beinart no es ni un racista, ni un skinheaded, ni un yihadista, pero al publicar esa falsa acusación legitimó innumerables publicaciones sobre "crímenes de guerra", y precisamente porque es un judío que incluso se hace pasar por un "sionista".

Beinart posteriomente publicó una retractación, pero hay algo que da miedo ante la insoportable levedad de convertir a Israel en un monstruo con tanta facilidad. No hay necesidad de que unas hordas de hooligans cometan otro Kristallnacht, solamente hay la necesidad de que varias personas tomen esa misión en sus manos.

Así que es cierto, lo que ocurrió en Bruselas, y no sólo allí, es el resultado de la mentira y de la incitación. Y la responsabilidad de ello también se encuentra en gente como Peter Beinart.

Labels: , ,

Sunday, May 25, 2014

Suma y sigue: ¿Algo que decir por parte del sector progresista, y unilateralmente crítico de Israel, de los judíos americanos?

Saturday, May 10, 2014

Rebeldes contra Sión - David Hirsh - Fathom



En la primera mitad del siglo XX, la mayoría de los judíos no lograron encontrar el camino para una estrategia exitosa que hiciera frente a la amenaza del antisemitismo. Algunos individuos emigraron, por ejemplo, a Gran Bretaña, Estados Unidos o Palestina. Otros creyeron encontrar su camino en la sociedad civil beneficiándose de la emancipación y viviendo como ciudadanos de los Estados europeos. Algunos judíos encontraron su camino en una formas comunales que les permitían continuar viviendo aparte de un mundo en pleno cambio.

Existían tres superpuestas respuestas políticas al antisemitismo. Los socialistas universalistas esperaban que la revolución uniría a todos los trabajadores en un mundo nuevo donde las naciones, las religiones y las diferencias étnicas dejarían de ser importantes. Los Bundistas (del partido Bund, nacionalistas judíos culturales y autonomistas de Polonia) querían forjar una nueva identidad judía y unas instituciones a través de las cuales podrían existir los judíos en paz junto a los demás, y a través de las cuales podrían defenderse del antisemitismo. Los sionistas creían que la autodeterminación nacional judía era obligada para garantizar la permanencia de la vida judía, al igual que la creación de una capacidad militar judía para su autodefensa.

Una serie de ensayos incluidos en el libro titulado "Rebeldes contra Sión" esbozan los argumentos esgrimidos por los bolcheviques, los bundistas y los sionistas. Roni Gechtman examina los debates dentro de la II Internacional y el Bund antes de la Primera Guerra Mundial, mientras Rick Kuhn se centra en los debates en el seno del Movimiento Socialista de Galitzia. Henry Srebrnik esboza las tempranas campañas soviéticas contra el sionismo y continua la historia hasta la era estalinista, con la caracterización del sionismo como "pro-imperialista". Bat-Ami Zucker examina la difícil posición de los comunistas judíos en América, atrapados entre su lealtad a un Partido Comunista cada vez más totalitario, su desdén por el establishment judío americano y el peligro que representaba para los judíos de Europa el desarrollo del nazismo. Jack Jacobs analiza la oposición Bundista al sionismo en la Polonia de entreguerras, y finaliza con la crucial y poco explorada observación: "Los argumentos presentados por el Bund entre 1918 y 1939 no eran tan totalmente transferibles para el período del Holocausto como para las décadas posteriores a la creación del Estado de Israel en 1948"'.

La verdad, a la que no se enfrenta este libro, es que todas las estrategias adoptadas contra el antisemitismo fracasaron. El Bundismo fue erradicado en las cámaras de gas nazis. El bolchevismo no pudo detener la Shoah, y si bien tuvo éxito al ganar el poder estatal en una tercera parte del mundo, no lo hizo derrotando al antisemitismo, sino más bien adoptando su variante antisionista. El sionismo, tal como fue ampliamente predicho por bundistas y por los socialistas universalistas, tampoco pudo salvar a los judíos europeos en unas cifras relevantes, y se mantuvo hasta la década de 1940 como un movimiento utópico.

Sin embargo, Israel se convirtió finalmente en una realidad, un Estado-nación, y no porque el sionismo "ganara" los debates esbozados en este libro, sino porque la base material de la vida judía en Europa fue completamente transformada por la "Solución Final" nazi y por la victoria de Israel en la guerra de 1948 contra los palestinos y contra los estados nacionalistas árabes, quienes trataron de erradicarlo desde su nacimiento.

Estos hechos en bruto son a menudo ignorados, incluso por los marxistas. Desviándose de sus propios métodos herederos del materialismo histórico, sus análisis del sionismo "tienden a centrarse más en el sionismo como una idea, que en los factores materiales subyacentes que fomentaron su transformación de un proyecto utópico de una minoría en un Estado-nación".

En 1954 Isaac Deutscher, el biógrafo de Trotsky, escribió que había "por supuesto" abandonado su antisionismo de toda la vida. Parecía obvio que para él el mundo había cambiado en Auschwitz y en los campos de batalla. Los judíos europeos habían sido asesinados y sus restos habían forjado una nueva nación en Palestina, algo que Deutscher consideraba como una "necesidad histórica", como un "estado de salvamento"'. Actualmente las cuestiones claves han cambiado. Ya no es relevante preguntarse si el sionismo fue una estrategia ganadora contra el antisemitismo; la cuestión es cómo el Estado judío podrá alcanzar una paz con sus vecinos y cómo se negociará la contradicción existente entre su condición judía y su carácter democrático.

El significado político del término "antisionismo" no podría ser más diferente a partir de 1948 que de su significado anterior a 1939, sin embargo, muy a menudo personas que se consideran a sí mismas como marxistas están más preocupadas por la continuidad de la forma que por la ruptura de contenido. "Antes de 1939 el antisionismo era una postura ideológica más dentro de los debates existentes entre los oponentes judíos al antisemitismo. Después de 1948 se convirtió en un programa para la destrucción de un Estado-nación realmente existente".

La fusión de los anteriores "rebeldes contra Sión" con los actuales "rebeldes contra Israel" queda inexplorada. A menudo, de hecho, el uso despreciativo del término "sionismo" desde posiciones antisionistas se utiliza para enmascarar dicha fusión y negar que se han producido cambios materiales significativos. Así se puede hacer frente a la realidad de que "ha sido la historia la que ha forjado una nación judía que habla hebreo en las costas orientales del Mediterráneo", o bien uno puede negarse a reconocerlo. Se puede llegar a un acuerdo con el mundo tal como existía y comenzar su análisis a partir de ahí, o uno "puede aferrarse a la esperanza de que la película de la historia podía haberse desarrollado de otra forma", una en la que Israel, de alguna manera, podría haber desaparecido de la vista. Al llamar a los israelíes "sionistas" se trata de denigrarlos como miembros de un movimiento político y no como ciudadanos de un Estado existente, y es que un movimiento político puede ser bueno o malo, puede ser apoyado o denigrado, mientras que un Estado-nación sólo puede ser reconocido como una realidad. Y si "los sionistas" son caracterizados esencialmente como "racistas" o "pro-apartheid" o "nazis", entonces los judíos israelíes pueden ser tratados, una vez más, como algo excepcional a la comunidad humana.

Porque el "sionismo" se entiende en "Rebeldes contra Sión" como un fenómeno de la lucha por la idea nacional judía en Europa, por lo que los judíos del Oriente Medio están ausentes de sus análisis. Pero de hecho, la oposición al colonialismo y al racismo toma habitualmente unas formas nacionalistas, no sólo en el caso del sionismo, sino en la mayoría de los movimientos anti-coloniales. El nacionalismo árabe, y más tarde el islamismo, derrotaron y reemplazaron al colonialismo en todo el Oriente Medio. Si bien es una forma poderosa, y a menudo exitosa, de movilización contra el colonialismo, el nacionalismo también contiene en sí mismo tendencias que potencian la exclusividad étnica. Jerusalén no es ni mucho menos la única ciudad cosmopolita del Oriente Medio bajo la soberanía de un movimiento nacionalista. De hecho, los judíos, así como otras minorías, fueron concebidos como ciudadanos de segunda clase en todo este Oriente Medio post-colonial. En Beirut, Alejandría, El Cairo, Bagdad, Damasco, Teherán, Trípoli, Argel, Túnez y en muchos otros lugares, los judíos sintieron la hostilidad de los movimientos nacionalistas árabes que tomaron el poder del Estado, y a causa de ello muchos de ellos se fueron a Israel o bien fueron directamente expulsados. En resumen, en ese Oriente Medio post-colonial, el nacionalismo étnico, con sus opresiones y exclusiones, era lo normal en vez de lo excepcional. No obstante la tragedia sigue estando presente hoy en día en estados multiétnicos como Siria, Líbano e Irak. Pero la estrechez de miras del antisionismo judío tiene poco que decir acerca de lo que sucede en otras zonas del Oriente Medio, con excepción de imaginar que son los asuntos y preocupaciones judías las que están en el centro de todo.

El editor de "Rebeldes contra Sión", August Grabski, nos dice algo bastante interesante al final de su introducción: “A pesar de la debilidad actual de las organizaciones judías antisionistas de izquierda, es precisamente la tradición intelectual de dichas organizaciones la que ha dominado la forma en que el conflicto israelí-palestino es percibido por segmentos importantes del movimiento internacional contra la globalización y por organizaciones y movimientos de la izquierda, entre ellos los principales partidos socialdemócratas“.

Es comprensible que muchos judíos tengan un interés particular por Israel. Muchos de ellos sienten que se debe al sentimiento experimentado, o no, de poder verse obligados a acabar viviendo allí, después de las experiencias de antisemitismo vividas en Europa, Rusia y en el Oriente Medio. Yes que muchos judíos, tras el fracaso de la comunidad internacional a la hora de garantizar su seguridad en el siglo XX, fueron ganados desde un principio por una legítima defensa nacional judía.

Los antisionistas judíos también tienden a tener un "particular enfoque judío" sobre Israel. A menudo se sienten especialmente preocupados por los abusos de derechos humanos israelíes, por la injusticia de la ocupación israelí y por lo que sienten que es un irreflexivo apoyo organizado por las entidades comunitarias judías de todo el mundo a los gobiernos israelíes.

Sin embargo, ese enfoque judío particularizado sobre los “crímenes de Israel”, tanto reales como imaginarios, es desproporcionadamente influyente fuera de los confines de la comunidad judía. El peligro es que esta preocupación judía se exporta a la sociedad civil secular. Así, por ejemplo, un pequeño grupo de judíos antisionistas que buscan boicotear a los académicos israelíes pueden ver como sus preocupaciones y objetivos son adoptados por sindicatos académicos no judíos. Su preocupación por el tema judío en particular es comprensible, pero cuando un sindicato adopta esta preocupación especial por los supuestos “abusos judíos” y lo convierten en su preocupación preferente, muy por encima de la que demuestran por el resto de abusos contra los derechos humanos en general, existe un potencial evidente de incubar una visión antisemita del mundo sin acuse de recibo.

El capítulo de Philip Mendes en el volumen ofrece un estudio sobre un caso muy estudiado y documentado de tal transformación. El autor nos muestra en detalle los procesos y los mecanismos por los que un pequeño grupo antisionista judío de Australia jugó un importante papel en el fomento y en la concesión de licencias de pensamiento claramente antisemitas.

El ensayo de Stan Crooke es también un estudio sobre otro caso excepcional que nos muestra la compleja relación entre la hostilidad hacia Israel y el antisemitismo. Traza la función de los judíos antisionistas como “vanguardia”, luchando por su propio nacionalismo judío inverso (el universalismo) en el movimiento obrero en general. Y nos muestra con una impresionante erudición cuánto de ese "sentido común" antisionista fue creado, de hecho, por las tradiciones estalinistas y antidemocráticas del movimiento marxista.

Mi preocupación es que no serán los capítulos de Crooke y de Mendes los que serán recordados por la mayoría de los lectores de este volumen. Más bien será ese antisionismo judío quien, a través de una sucesión implacable de desvíos, omisiones y suposiciones sin acuse de recibo, provocará una impresión duradera, empezando por el título, que ya enfatiza el "carácter heroico" de una minoría que escoge rebelarse contra un Israel que, como estado, es bañado con una luz de ilegitimidad.

Labels: , ,

Saturday, April 26, 2014

Decirles solamente lo que desean oír y estrechar calurosamente sus manos, no es prueba de liderazgo - Daniel Gordis


"Y pensar en el otro camino que podían haber seguido esos misiles para llegar hasta aquí". Alusión a la captura por parte de Israel del barco cargado con misiles iraníes y dirigidos a Gaza, y en ese caso su posible posterior lanzamiento contra los civiles israelíes


 "Cuando comentaristas judíos americanos como Daniel Gordis se centran exclusivamente en la forma en que el mundo, los palestinos y la ONU nos odian, no ofreciendo una visión de la paz en el futuro de Israel, no es de extrañar que los jóvenes judíos americanos se alejen". Así me saludó mi cuenta de Twitter en una luminosa mañana de Jerusalén hace una o dos semanas. Era una cruz bastante grande que soportar, sabiendo que la razón por la que los jóvenes judíos americanos se están alejando de Israel era.... bueno, yo.

Huelga decir que lo superé. No sólo porque nada de lo que publica el Haaretz verdaderamente me sorprende, sino porque el escritor, el rabino Eric Yoffie, ha demostrado una capacidad extraordinaria en los últimos meses de pisar la tierra equivocada en prácticamente todas las cuestiones que aborda. Tanto si el asunto es Israel, los matrimonios mixtos ("en la América de hoy día, estar contra el matrimonio mixto es como estar en contra de la gravedad") o si se trata de mimar el anti-intelectualismo, incluso entre los estudiantes universitarios musulmanes americanos (suya fue la presión a la Universidad de Brandeis para que revocara la oferta de un doctorado honoris causa a Ayaan Hirsi Ali, sin que por lo menos se cuestionara otros honores otorgados a Desmond Tutu o Tony Kushner, honores que no fueron revocados y que eran igualmente problemáticos). Yoffie invariablemente escoge el lado equivocado. La verdadera pregunta es por qué es tan consistente en esa elección.

Pero comenzamos primero con los hechos, un tema que no parece interesar demasiado a Rabí Yoffie. Dudo que cualquiera que haya visto mi debate con Jeremy Ben Ami haya podido salir con la impresión de que estoy centrado "exclusivamente en la forma en que el mundo, los palestinos y la ONU nos odian". Pero Yoffie, sospecho, nunca se molestó en ver ese diálogo en YouTube (que tanto Jeremy Ben-Ami como yo publicamos para una conveniencia ecuménica, lean si no el artículo previo de Daniel Gordis), y se basó, en cambio, en una sola frase del artículo que escribí en esta misma columna. Decir que me concentro "exclusivamente en que cómo el mundo, los palestinos y la ONU nos odian" es una bastardización de mis palabras, y es asombroso que al rabino Yoffie no le haya dado vergüenza escribirlo.

Pero no lo ha dado vergüenza, porque la justicia no es una prioridad en la agenda de Yoffie. En cambio, nuestro autoproclamado Sócrates (anteriormente presidente de la Unión para la Reforma del Judaísmo) ahora pasa su tiempo aliviando la conciencia de las masas afligidas, convenciendo a una generación americana de judíos, muy incómodos con el particularismo judío de cualquier tipo, de que su judaísmo puede estar cómodamente arraigado en un universalismo que se niega a criticar a nadie, en un universalismo que exige un liderazgo inspirador de Israel, pero de nadie más.

E rabino Yoffie nos dice que los estudiantes que conoce "desean desesperadamente un Israel que apele a sus valores y a sus ideales más altos". Así que cuando hablen con estos doloridos estudiantes no se les ocurra preguntarles por cuántos países árabes han establecido hospitales de campaña en la frontera de Israel para el tratamiento de los heridos, y que pasaría si se invirtiera tal situación. Nuestros doloridos estudiantes según nos dice Yoffie, "quieren un Israel que haga frente a sus propios extremistas". Por supuesto que Israel debe hacer absolutamente más por reinar sobre los extremistas, tanto en ciertos asentamientos radicalizados, así como en el Rabinato (y he escrito sobre eso extensamente en mis columnas, sin embargo no parece suficiente para el rabino Yoffie, que parece reclamar que me "centre en ello exclusivamente").

Veamos entonces y, sólo por un breve e incómodo momento, seamos honestos. ¿Dónde representa el extremismo religioso un problema más grave? ¿Entre los judíos en Cisjordania (un pequeño número sin duda de los que allí viven), o en Gaza, Egipto y Siria? ¿Es necesario el gasto de aproximadamente 50 mil millones de $ al año por parte de los Estados Unidos en seguridad para la nación para controlar a esos colonos judíos radicalizados, o más bien se debe a los fanáticos musulmanes que diariamente amenazan a cada uno de nosotros, independientemente de nuestra política o en donde vivimos?

¿Acaso el rabino Yoffie solicita a sus interlocutores estudiantiles algo por el estilo? Por supuesto que no, porque él vive en un mundo en el que cualquier crítica a los enemigos de Occidente es considerado automáticamente como un "pensamiento categóricamente despectivo y ofensivo". Y esto pocos días después de Pesaj, la fiesta en la que insiste el Seder de que la clave para el cultivo de la libertad es el pensamiento libre, esta capitulación moral e intelectual resulta aún más deprimente. Es una abdicación del liderazgo de precisamente ese tipo de persona que necesitamos para defender al pueblo judío.

"Sobre todo ahora con la iniciativa de Kerry como soporte vital, (nuestros doloridos estudiantes) quieren desesperadamente un Israel que apele a sus valores y a sus ideales más altos", escribe nuestro buen rabino. Pero ¿por qué el plan de Kerry está muerto? Obviamente, Israel puso sus líneas rojas, y algunos insisten en que debería haber sido más flexible. Pero Maariv informó esta semana que documentos recientemente revelados demuestran que los palestinos habían estado planeando con antelación solicitar la admisión a quince agencias de la ONU, incluso antes de que las conversaciones fracasaran. ¿Acaso le importa a Yoffie que estas conversaciones fueran un engaño desde el primer momento? Él sabe perfectamente que Abbas, la Liga Árabe y prácticamente cualquier otro líder árabe, se han negado a reconocer a Israel como Estado judío, ¿pero se lo dijo a sus alumnos? ¿Les hizo saber que Abbas también dijo que no iba a declarar el final del conflicto?

"La moderación existe, incluso en partes del mundo árabe", nos asegura el rabino Yoffie. Probablemente sí. Pero esto es interesante, ¿no es cierto que el rabino Yoffie enumera la serie de fallos de Israel (el extremismo, la falta de creatividad en las negociaciones, el crecimiento de los asentamientos), pero nunca nos da un solo ejemplo de tal moderación árabe? ¿Al charlar con sus doloridos alumnos, acaso menciona que Sari Nusseibeh (ostensiblemente el palestino moderado por excelencia) se vio obligado recientemente a "retirarse" después de que los estudiantes de la Universidad Al-Quds de Jerusalén Este, de la que fue presidente, realizaran en dos ocasiones manifestaciones a favor de Hamas? ¿Hizo saber a sus doloridos y curiosos estudiantes judíos estadounidenses que este gran moderado palestino se negó a criticar un mitin de estudiantes palestinos en el que los participantes utilizaban el saludo nazi? ¿O que el evento fue tan repulsivo que la Universidad de Brandeis tuvo que suspender su asociación con Al-Quds?

Si el Sari Nesseibeh no es nuestro musulmán moderado, ¿quién lo es? ¿Debería recalcar el rabino Yoffie a sus doloridos y curiosos estudiantes que cuando Baruch Goldstein cometió su atrocidad en Hebrón en febrero de 1994, los rabinos de la Reforma, los reconstruccionistos, los del movimiento conservador y los ortodoxos subieron a sus púlpitos para expresar su vergüenza y su indignación, pero que durante los cuatro interminables años de terror palestino, de 2000 a 2004, los imanes estadounidenses guardaron silencio, negándose a decir a sus comunidades americanas (y a cualquier persona en cualquier lugar del mundo con una conexión a Internet) que volar autobuses llenos de civiles inocentes era inmoral y estaba en contra de todo lo que el Islam supuestamente significa? ¿Dónde están las versiones musulmanas del rabino Yoffie mordiéndose las uñas para criticar a su propio pueblo y a su propia tradición, cuando sea necesario? ¿Señala él a sus doloridos alumnos que, básicamente, no existen?

"¿E incluso si está en lo cierto que la negativa palestina a aceptar a Israel está el centro del problema, lo que ellos preguntan (nuestros doloridos estudiantes progresistas) es qué se propone Israel hacer al respecto?", se pregunta Yoffie.

Lo que el rabino Yoffie no nos dice, por supuesto, es lo que tendría que hacer Israel. Esto se debe a que es mucho más fácil decir "Israel debería hacer algo" que decirnos "que debería hacer". ¿Una retirada unilateral? Eso no funcionó demasiado bien en Gaza, ¿no es verdad? ¿Mover la frontera más cerca de nuestro corazón, allí donde los cohetes Qassam puedan golpear con más facilidad al núcleo de nuestra población y de nuestra existencia? ¿Tiene Yoffie otra alternativa, que no sea censurar automáticamente y por esencia al Estado judío, aún teniendo en cuenta al vecindario existente? Si lo hace, estoy seguro que no soy el único a quien le encantaría escucharla.

Desde luego es más fácil, y definitivamente más divertido, ganarse el favor de esos jóvenes y doloridos estudiantes diciéndoles aquello que solamente desean oír y dándoles calurosos apretones de manos que, por el contrario, recomendarles leer algunos libros de principio a fin antes de comenzar a opinar, y que también deben crecer y reconocer que no todos los problemas, no importa cuán desalentador sea, tiene una solución. Y es que el liderazgo no consiste en tratar de ganar un concurso de popularidad entre los judíos diciéndoles que solo deben estar apegados a Israel si su comportamiento, y solamente el suyo, es completamente irreprochable. Se trata de desafiarlos, inspirándoles. El liderazgo consiste en alentarlos a sentirse orgullosos de su pueblo, de su código moral y de sus logros, y luego instarlos a que se comprometan a asegurar un futuro aún mejor y mayor que su extraordinario pasado.

Labels: ,

Saturday, March 29, 2014

La hipocresía de J Street debe ser expuesta - Alan M. Dershowitz - Haaretz



J Street, la organización judía estadounidense de izquierdas que se define como pro-Israel y pro paz, pero que siempre parece estar adoptando posiciones anti-Israel y pro-palestinas, está pidiendo a los líderes judíos de los Estados Unidos que le abran sus puertas y así poder conformar una "gran tienda judía" que reúna a todas las posiciones judías. Mientras que en general apoyo esa posición, es imperativo que también se exponga la hipocresía de J Street.

J Street insiste en que todas las principales organizaciones judías pro-israelíes deben estar abiertas a los portavoces que defiendan posturas opuestas a Israel, como los partidarios de los movimientos BDS, los partidarios de un único estado secular binacional, y aquellos que se oponen al reconocimiento palestino de Israel como el Estado-nación del pueblo judío.

En resumen, esta política de "una tienda judía abierta" parece a primera vista encomiable. Debemos estar comprometidos con un mercado abierto de ideas en el que las opiniones prevalezcan sobre sus méritos, y no sobre la base de la exclusión.

Pero ahora vamos a ver cómo práctica J Street, y para si misma, esas "políticas de tienda abierta". Se ha negado categóricamente a permitir que una persona como yo, que se opone a las políticas de J Street sobre Irán y otros asuntos de seguridad con respecto a Israel, hable delante de sus miembros en sus convenciones. Reiterada y persistentemente he buscado la oportunidad de presentar mi punto de vista, que es compartido por muchos partidarios estadounidenses de Israel, en la convención de J Street, o en otros eventos auspiciados oficialmente por J Street. Cuando J Street invita a hablar en sus eventos a los partidarios del boicot de Israel y a los que se oponen al derecho de Israel a existir como Estado-nación del pueblo judío, afirma que la organización "no sostiene necesariamente esas posiciones, pero que cree que es necesario alentar a sus miembros a conocer la opinión de aquellos que tienen visiones diferentes de sus posiciones oficiales".

Pero esto es un disparate total. J Street sólo quiere que la gente escuche las opiniones de la extrema izquierda anti-Israel, ya que se niega categóricamente a permitir que sus miembros escuchen puntos de vista más centristas y más pro-Israel como los míos.

Y hay una buena razón para decretar ese círculo de silencio para sus críticos. J Street sobrevive, e incluso se expande, en gran parte como resultado de utilizar un "doble lenguaje". Busca atraer a miembros centristas defendiendo la solución de dos estados, y ello con una actitud agresiva hacia las negociaciones de paz y con continuas críticas a la política de asentamientos de Israel.  Estas son posiciones que puedo apoyar plenamente, y que si fueran únicamente las posiciones de J Street, me habría unido a la organización hace muchos años. Sin embargo, en un esfuerzo por ampliar su espectro hacia la izquierda, sobre todo hacia la extrema izquierda, ha adoptado posiciones que socavan la seguridad de Israel, y que prácticamente no apoyan nadie en el centro y la izquierda israelí. Así colocó su imprimatur detrás del despreciable y mentiroso Informe Goldstone trayendo al propio Richard Goldstone a Capitol Hill y presentándole a los miembros del Congreso.  Al hacerlo, socavaba los esfuerzos de la Administración Obama que estaba a favor de los esfuerzos de defensa de Israel en Gaza y no apoyaba el Informe Goldstone.

J Street también utiliza un doble lenguaje sobre la cuestión de si el liderazgo palestino debe reconocer a Israel como Estado-nación del pueblo judío. Mientras que su primer posicionamiento fue oponerse a dicho reconocimiento, ahora parece estar diciendo que este tema debe ser objeto de negociaciones en la etapa final, pero dejando abierta la posibilidad de seguir oponiéndose a dicho reconocimiento siempre y cuando se alcancen dichas negociaciones.

Además, J Street ha aceptado el aporte de fondos procedente de fuentes - como es el caso de George Soros- que están abiertamente en contra de Israel, y han mantenido este hecho en secreto para no alienarse a sus partidarios centristas.

Es fácil de entender, por lo tanto, porque J Street no me quiere, o bien a otros que tienen posicionamientos similares al mío, para entrar en "su tienda abierta". No quiere que sus propios miembros se enfrenten a la realidad de doble discurso de J Street. Si pudiera hablar en su convención, me dirigiría al mismo tiempo a esos centristas que J Street pretende atraer y a esos izquierdistas que tanto desea dentro de "su tienda abierta". Ambas partes se sorprenderán al observar la duplicidad de J Street y su estilo de decir a cada uno lo que quiere escuchar.

Así que aquí está mi reto: en la próxima convención de J Street se debería poder mostrar el documental "El desafío J Street: El seductor encanto de la paz en nuestro tiempo" a todos sus miembros, invitarme a hablar con ellos, permitirme describir sus conflictivos documentos y tomas de posiciones, y así dejar que "el mercado de las ideas permanezca abierto para sus miembros".

Sólo cuando J Street abra "su propia tienda" a las opiniones críticas a su organización debería poder exigir que los grupos pro-israelíes "abran su tienda" para ellos.

Labels: , ,

Saturday, March 08, 2014

El circuito de los cocktail party de la izquierda caviar: Las cartas del fantasmal establishment mundano de las celebridades izquierdistas judías y su querencia anti-Israel - Daniel Greenfield - Sultan Knish



La esposa de Alan Alda firmó una carta denunciando al recién elegido alcalde izquierdista de Nueva York, Bill de Blasio, por reunirse en secreto y realizar una oferta al AIPAC. El actual alcalde, un reconocido simpatizante sandinista, ha sido acusado de muchas cosas, pero de ser un títere de Israel no era una de ellas. En la carta aparecían otras firmas, como la de Martha Weinman Lear, una familiar del productor Norman Lear, Eve Ensler, la de los monólogos de la vagina, y la guru de la dieta Jane Hirschmann, autora de “Superar comer en exceso”, quien se tomó un descanso en su obsesión con la comida para navegar en un crucero yihadista que se dirigía a Gaza.

En la carta donde se atacaba a Bill de Blasio por ser un sucio sionista aparecían algunas otras celebridades de la izquierda literaria, como Erica Jong, quien no ha escrito un solo libro que cualquiera pueda nombrar en los cuarenta años transcurridos desde “Miedo a volar” y Gloria Steinem que alcanzó su nivel más alto alrededor de esas mismas fechas.

Estos nombres, muy conocidos en el circuito de los cocktal party progresistas de Manhattan, rechinan los dientes cada vez que oyen el nombre de Netanyahu, y luego suelen ceder el paso a los activistas profesionales, como por ejemplo los miembros de esa junta tóxica americana que se denomina Servicio Judío Mundial, la Fundación Nathan Cummings y Dorot, los Rabbis por Gaza y los Rabbis por Obama, y hombres y mujeres como Peter Beinart con su Open Sión y Rebecca Vilkomerson de Voces Judías por la Paz, que han construido sus vidas en torno a declarar la guerra a Israel, casi tanto como cualquier yihadista islámica juguetea con un cohete Kassam en Gaza.

Uniéndose a ellos está Kathleen Peratis que, de acuerdo con su biografía en la web izquierdista Nation, es una "activista por la paz desde hace mucho tiempo", y que llama repetidamente a boicotear a Israel a pesar de viajar allí "por lo menos dos veces al año durante los últimos veinte años". No está muy claro cómo se conjuga ambas cosas a la vez, tal vez se asegura de no comprar nada a los judíos israelíes mientras está en Israel.

Sus nombres son igualmente familiares para un círculo más pequeño de los que luchan "por y contra Israel" y sus firmas son tan predecibles como las tormentas de nieve en invierno.

Los clérigos radicales también son unos firmantes insaciables de estas cartas, como Rachel Brown Cowan, una unitaria que se casó con un escritor judío del Village Voice, añadió un "Rabbí" a su nombre y comenzó a atacar al Estado judío después de la muerte de su esposo; Rolando Matalon, que todavía tiene que encontrar algún grupúsculo marxista estadounidense que no haya abrazado y Sharon Kleinbaum, una lesbiana que apoya los ayunos y ayudas a Gaza, y que es una defensora de ese grupo no demasiado pro-lesbianas llamado Hamas.

Con la lectura de estos nombres sentimos la pertenencia a un pequeño club familiar. Todo el mundo se conoce entre si y todos ellos conocen que todos los del club odian a Israel.

Entre Erica Jong y Alice Kessler-Harris (la biógrafa de la dramaturga comunista y anti-Israel Lillian Hellman, quien Kessler describe como teniendo un "rayo de judío antisemitismo") está Peter A. Joseph, quién paga todo este baile, financiándolo todo, desde Peter Beinart y su Open Sión al Manhattan JCC, cuyo giro anti-Israel ha dado lugar a una batalla campal entre sus miembros.

Peter A. Joseph revivió el Israel Policy Forum (IPF) que originalmente procedía del Center for American Progress (CAP), y lo convirtió en una máquina de generar resoluciones anti-israelíes. Antes de que la IPF surgiera del CAP, promovió una carta instando a Estados Unidos a trabajar con Hamas. Después, sus tácticas se han hecho un poco más sutiles, sus cartas aparentan ser pro-Israel mientras promocionan políticas anti-Israel.

El Israel Policy Forum emitió una carta de apoyo a la candidatura propuesta por Obama de Chuck Hagel para secretario de Defensa, a pesar de sus vínculos con el lobby pro-Irán, firmada por Peter A. Joseph, el gerente de los fondos, Neil Barsky, Marcia Riklis, la hija de raider corporativo Meshulam Riklis (no de su segunda esposa Pia Zadora), Jack C. Bendheim, el presidente de una compañía que una vez que dejó desechos tóxicos en un pueblo de Connecticut, y Risa A. Levine, un abogado de bienes raíces de Nueva York.

¿Por qué se supone que alguien debería escuchar a la hijastra de Pia Zadora y a un tipo que una vez hizo un documental sobre Ed Koch cuando trataba de promoverse como secretario de Defensa? Por la misma razón por la que se suponía que Bill de Blasio escucharía a la esposa de Alan Alda y a una guru de la dieta que odian a Israel.

Odiar a Israel ha dado lugar a una especie de pequeño y coquetón club para ricos de izquierdas. Al judío izquierdista americano que se manifiesta anti-Israel le gusta fingir que forma parte de un movimiento de base que está siendo aplastado por el "establishment judío", cuando en realidad se trata de un pequeño y muy adinerado establishment no elegido por nadie que utiliza su riqueza y su persistente fama para gritar contra la mayoría de los judíos americanos que apoyan a Israel.

Estas parejas de famosos, estas descoloridas escritoras, estos millonarios de Wall Street que tratan de comprar relevancia social, estos científicos sociales del sector hippie que viven a lo grande escribiendo libros sobre la comida, el sexo o la crianza de los niños, estos rabinos radicales ejes de unas congregaciones que creen que la religión es tan sólo lo que cuentan sus predicadores, son un auténtico establishment fantasma. Son los líderes de una supuesta comunidad que en realidad no existe, si exceptuamos su propia aprobación mutua.

Cada pocas semanas, el Israel Policy Forum emite en serie de cartas públicas que podríamos titular como "Prominentes judíos instan a alguien a hacer algo", firmadas por la hijastra de Pia Zadora, un proveedor de fondos, otro proveedor de fondos, el tipo de izquierdas cuya empresa llenó de desechos tóxicos un pueblo de Connecticut, el rabino que ama a los sandinistas - incluso más que el propio Bill de Blasio - y una congresista demócrata retirada que asiste a esas mismas fiestas y cócteles progresistas.

Algunas de estas cartas son manifiestamente anti-Israel. Otras pretenden ser pro-Israel. No obstante, todas ellas insisten en la gran importancia de sus firmantes, al estilo de los autoproclamados "100 prominentes judíos opinan que…" o "150 prominentes judíos creen que…". Estos numeritos no se limitan al Israel Policy Forum, o inclusive a los Estados Unidos. Un año después de que el actor y comediante británico Stephen Fry apareciera en un programa de genealogía para rastrear las raíces judías de su madre, firmó una carta promovida por las “Voces judías (británicas) independientes”, un grupo cuyos miembros, hasta ese momento, nunca se habían considerado como miembros de la comunidad judía, ni activos ni pasivos, y que no obstante declaraban su "independencia" del establishment comunitario judío británico.

La lista, por supuesto, incluía la esperada recolección de decoloradas autoras feministas, de dramaturgos, historiadores y filósofos marxistas, así como los no menos habituales sociólogos y psicólogos radicales y demás activistas profesionales. La "fiesta de presentación" de las Voces Judías Independientes consistió en la reunión de un buen grupo de judíos marxistas muy conocidos por su odio a Israel, al Reino Unido, a la industria, a los hechos y a los espejos que devuelven la realidad, anunciando en voz alta una carta que fue ampliamente recogida por sus amigos en los medios de comunicación.

Hay una larga historia de esas cartas que se remonta a la misma fundación de Israel, donde los nombres de líderes autoproclamados ya totalmente olvidados se mezclan con algunas figuras más notorias cuyo desafortunado legado ha sobrevivido hasta hoy. Ninguna de estas cartas, no obstante, ha contado tanto como una bala del rifle de un soldado israelí de guardia durante la noche.

Aquellos judíos americanos que aún siguen prestando demasiada atención a estas cartas de este fantasmal establishment izquierdista mundano, deberían echar una mirar hacia atrás y revisar los pasados e inútiles desvaríos de IF Stone, New Dealer Joseph Proskauer, del rabioso Elmer Berger y del escritor de los discursos de FDR, Samuel Rosenman.

Antes de J Street o deL Israel Policy Forum, ya había alternativas como esos judíos encabezados por el antisionista "Rabbí" Elmer Berger quien había afirmado que la revolución comunista en la Unión Soviética significaba que los judíos "ya no necesitaban a Palestina".

¿Alguien recuerda a Lewis Affelder o al señor y la señora Noel A. Buckner, cuyos nombres aparecían como patrocinadores de “Alternativas judías al establecimiento del sionismo”? Sus nombres están manchados de tinta sobre papeles amarillentos, mientras que los niños juegan en las calles de Jerusalén.

Este fantasmal establishment izquierdista mundano nunca ha tenido raíces ni vínculos con el pueblo judío o la religión judía. Sus objetivos siempre fueron destructivos (para el pueblo y la religión judía) y como todas las fuerzas destructivas, llevaron inmersa su propia futilidad y su final.

Los judíos americanos tendrán que convivir con ellos, pero no deberían mostrarse demasiado impresionados por sus cartas. Su verdadero objetivo ya lleva en funcionamiento varias generaciones, y a pesar de todo el veneno y la furia, los boicots y las represiones, han hecho menos impresión en Israel que una sola familia judía instalada en las colinas de Samaria.

El fantasmal establishment izquierdista mundano se compone de dinero y de palabrería. No hay sangre en sus venas o corazón en su pecho. No siguen el camino del pueblo judío porque no es de su agrado, no es el suyo, de hecho están en su contra.

Cuando su ira se gaste y sus cartas firmadas amarilleen, los niños van a seguir jugando en las colinas y campos de Israel, sin saber ni preocuparse de que una vez hubo una Jane Hirschmann, una señora Noel A. Buckner, una Rachel Brown Cowan o una Rebecca Vilkomerson que pretendían hacerles daño.

Labels: ,