Saturday, March 01, 2014

Israel debe tener cuidado con la trampa del 'Estado judío' - Efraim Halevy - Ynet



En la mañana del domingo 24 de junio de 1994, un avión de la Fuerza Aérea de Israel aterrizó en Washington. El Primer Ministro Yitzhak Rabin y su comitiva, entre ellos el ministro de Asuntos Exteriores, Shimon Peres, se dirigió al hotel para descansar antes de una serie de ceremonias que estaban a punto de llevarse a cabo en la Casa Blanca, la más destacada de los cuales era la primera reunión abierta entre Rabin y el Rey Hussein.

Todos los preparativos parecían haber sido completados, y lo único que quedaba era revelar el contenido de la declaración conjunta de Israel y Jordania, que también se suponía que el presidente Clinton firmaría en su calidad de testigo y promotor de las conversaciones. Pero entonces el primer ministro me dijo que la declaración tenía que ser corregida ya que los asesores jurídicos habían exigido que incluyera el anuncio de que "el estado de guerra" - en lugar de "estado del conflicto" - había llegado a su fin. Fui instruido para resolver el cambio con mis interlocutores jordanos.

Este cambio de última hora contradecía el entendimiento con que una vez el proyecto se acordó, ya que no debía poder volverse a reabrir. Como era de esperar, los jordanos respondieron airadamente diciendo que si el documento se volvía a abrir para la discusión también por su parte exigirían una serie de cambios. Por ejemplo, que se redactara que el estado de guerra "llegará" a su fin, en un tiempo futuro, en lugar de "llega" a su fin. Naturalmente, nos quejamos.

Después de todo, todo el propósito de la reunión era declarar el fin de la guerra antes de firmar un tratado de paz con Jordania. Llamé por teléfono a mi interlocutor jordano y me dejó en claro que lo de la corrección era inaceptable. En medio de la conversación, de repente, se escucho la voz del rey, que estaba de buen humor. Me dijo que en árabe, guerra y conflicto eran la misma cosa. La traducción de ambas palabras utiliza la palabra "Harb", y pasó a explicarlo. Y de hecho, eso es lo que hizo el rey en su discurso, que atrajo una gran ovación por parte del público.

A principios de octubre de 1994, el rey Hussein y el primer ministro Rabin se reunieron en el palacio Hashemia en Amman para una última discusión nocturna sobre el proyecto de tratado de paz. El asesor principal del rey, Awan Hasawana, sugirió en una cierta etapa de las discusiones que después de la frase que anunciaba el final de la guerra - el "Harb" - ambos estados declararan la nulidad de todos los actos legislativos relativos a las relaciones de guerra entre Jordania y Israel.

Rabin lo aceptó con entusiasmo. Pero entonces se produjo un animado murmullo entre los miembros de la delegación de Israel, donde se sugirió al primer ministro que solicitara un descanso. Los asesores legales de Israel aclararon que si se adoptaba esa cláusula, Israel estaría obligado a cancelar todas las disposiciones necesarias para que los bienes de los palestinos fueron trasladadas al control legal israelí-judío, y los propietarios de tierras palestinos que adquirieran la ciudadanía en Jordania tendrían derecho a reclamar esas tierras de nuevo. Estamos hablando de amplias partes de Jerusalén, incluidos los barrios de la zona oeste de la ciudad.

El primer ministro volvió a la discusión y aclaró que Israel no estaba de acuerdo en cancelar la incidencia de las normas legislativas sobre los "bienes del enemigo" que fueron introducidas durante los días del Mandato Británico. Había pues dos socios en un estado de "paz fría" que prevalecerá entre Jordania e Israel debido a intereses de peso de ambos lados.

Ahora Israel exige que los palestinos le reconozcan como el Estado del pueblo judío. Un experto legal palestino con el que hablé hace poco me preguntó cómo reaccionaría Israel si los palestinos exigían "reciprocidad". En otras palabras, reconocer el derecho de los palestinos a un estado "palestino musulmán".

¿Podríamos reconocer nosotros el estatus de la "nación árabe-musulmana" en algunas partes de la Tierra de Israel?

Los encargados de las negociaciones tal vez deberían pedir un breve descanso antes de que caigamos en esta caldera en ebullición. Un gol en propia puerta en el peor de los casos. La historia jordano-israelí pone de manifiesto que cada vez que usted exige algo al otro lado, se abren aberturas que sería mejor dejarlas cerradas.

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