Saturday, March 29, 2014

Los antecedentes intelectuales de la actual élite antisemita occidental - Giulio Meotti



Uno de los filósofos más reconocidos del siglo XX, Martin Heidegger (1889-1976), acaba de ser presentado como indiscutiblemente antisemita con la publicación de sus "Cuadernos negros", en los cuales culpa a "los judíos del mundo" de diversos males.

Pero hay un caso aún más siniestro en la historia del intelectualismo occidental.

Paul de Man no ha sufrido la suerte de Louis-Ferdinand Céline, con sus libelos antisemitas aún prohibidos en muchos países y su largo exilio en Sigmaringen. Paul de Man tampoco ha cumplido una pena de prisión en una celda de seis metros de ancho, como Ezra Pound. Paul de Man no fue fusilado frente a un muro, como Robert Brasillach. Paul de Man no fue internado en una clínica psiquiátrica, como el noruego Knut Hamsun. Y Paul de Man ni siquiera tuvo que vivir bajo la sombra de la sospecha, como Martin Heidegger.

El caso de Paul de Man es aún más importante, porque él no sufrió ninguna condena a posteriori por haber coqueteado con el nazismo y el antisemitismo. Paul de Man, uno de los padrinos de la teoría de la "deconstrucción", disfrutó de lo mejor: del dinero, de la gloria, de los premios, de las portadas de periódicos, incluso de una escuela de pensamiento que lleva su nombre y la designación de "Profesor Sterling de Humanidades" en la famosa Universidad de Yale.

Sin embargo, los lazos de Paul de Man con el totalitarismo no son menos graves que los de esos grandes escritores y pensadores mencionados anteriormente, a pesar de que puede ser caracterizado como un símbolo de la "colaboración". Una biografía escandalosa, "La doble vida de Paul de Man", del académico Evelyn Barish, revela el oscuro pasado de De Man.

De Man nació en una rica familia flamenca de Bélgica. Él era un joven y atlético intelectual, inteligente, bien parecido y miembro del "Cercle du Libre - Examen", un centro literario y progresista. De Man llegó a Nueva York en 1948, donde entró en contacto con el medio intelectual en torno a Mary McCarthy, quien recomendó a De Man para una posición en el Bard College. Fue el comienzo de una carrera académica increíble. No obstante, De Man se inventó su perfil de "gran resistente" y vivió como una especie de Gatsby. Durante ese tiempo, unió su deconstrucción al feminismo radical y al neo-marxismo.

El austero y retraido De Man encantaba a los estadounidenses hablándoles de Hölderlin, Gide, Camus, Heidegger y Borges. De Man le dio lecciones de francés al futuro secretario de Estado, Henry Kissinger. Él fundó la llamada "Escuela de Yale" y murió en 1993
.
Ahora leemos como De Man, el más apreciado y querido de los críticos literarios norteamericanos, escribió durante la Segunda Guerra Mundial cerca de 169 artículos antisemitas y pro-nazis para periódicos y revistas.

Además trabajó para ediciones Toison d'Or, una editorial pro-alemana, y una revista de arte cuyo propósito, según describe Evelyn Barish, era "promover toda la gama de extravagantes ideas y  ideologías nazis".

De Man describía a los judíos como "polucionadores" en sus artículos para el diario Le Soir, para la revista flamenca Het Tierra Vlaamsche y la Bibliographie Dechenne, donde elogió la invasión nazi de Bélgica por el "comportamiento impecable de un invasor altamente civilizado".

El período colaboracionista de De Man se prolongó desde diciembre de 1940 a marzo 1943, y el artículo más indignante es el del 4 de marzo de 1941 en Le Soir , "Les Juifs dans la littérature actuelle" (Los Judíos en la literatura contemporánea), donde se describe a los judíos como algo ajeno a Europa.

Hablando de los "intelectuales occidentales", De Man escribía:
"El hecho de que hayan sido capaces de protegerse a sí mismos de la influencia judía en un dominio tan representativo de la cultura como la literatura, es la prueba de su vitalidad. Tendríamos que perder la esperanza por su futuro si nuestra civilización se hubiera dejado invadir por una fuerza extranjera. Al mantener, a pesar de la interferencia semita en todos los aspectos de la vida europea, su carácter y su originalidad intacta, ha demostrado que su naturaleza básica es saludable. Además, se ve que la solución del problema judío orientada a la creación de una colonia judía aislada de Europa no implicaría, para la vida literaria de Occidente, consecuencias deplorables. Occidente perdería, en suma, unos personalidades de valor mediocre, y se continuaría, como en el pasado, desarrollándose de acuerdo a sus grandes leyes evolutivas".
De Man propuso esa "solución" al "problema judío" mientras las cámaras de gas y los crematorios ya estaban incinerando a esos judíos "polucionadores". De Man también atacó al expresionismo como una forma de judaísmo y elogió al ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels, quien en Weimar había invitado a docenas de escritores europeos.

El poeta David Lehman, autor del libro "Signos de los tiempos", encontró una relación entre la teoría del lenguaje De Man del lenguaje y sus ideas nazis: "Es el peligro de que las palabras pierdan su significado".

En ese sentido, el cultivo por parte de ciertos intelectuales occidentales actuales de un lenguaje posmoderno con el que disfrazan su antijudaísmo y sus anti-israelíes los hace herederos de Paul de Man: disimuladores, violentos y fanáticos, aspirando a un mundo sin judaísmo y sin judíos.

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