Sunday, March 09, 2014

Odiarse a si mismo para aplacar a los antisemitas - Shraga Blum - i24news



Péguy ya había comprendido lo que algunos judíos actuales no siempre comprenden.

Una vez no es costumbre, pero un izquierdista se ha despertado para adjurar de su campo político y hacer prueba de una mayor clarividencia. Se trata de Eilon Zarmon, un brillante publicitario que se había dado a conocer especialmente por sus exitosas campañas políticas para los candidatos o los partidos de izquierda y de extrema izquierda.

Desde hace algún tiempo, principalmente a través de las redes sociales, Zarmon fustigaba a esa izquierda israelí que él acusa de emocionarse especialmente con las campañas de boicots organizadas contra Israel desde el extranjero, y sin vacilación lo definió como "puro antisemitismo".

En sus intervenciones reprochaba a la izquierda por "promover y potenciar la presión sobre Israel y la injerencia extranjera, y ello solamente por ceguera ideológica o por ganancia política". Para él, el boicot a los productos procedentes de Judea y Samaria "es sólo una excusa y un elemento conveniente para atacar a Israel como a un todo". También acusaba al movimiento BDS, a "Oxfam" y todos los que trabajan en esta dirección de "una total hipocresía por centrarse en Israel mientras horrores mucho más reales y numerosos suceden en muchas otras partes del mundo sin que adopten ningún tipo de medidas".

Curiosamente, para explicar este fenómeno, hacía apelación a la Historia y a la psicología judía más que a la política: "Hay gente entre nosotros que creen que halagando a los que nos odian, finalmente acabarán por aceptarnos. Pero hoy, como ayer, siguen sin demostrar ningún tipo de reconocimiento hacia nosotros. En cambio, siempre encuentran excusas para encontrar algo malo o malvado en nosotros. Hoy como ayer, nuestros enemigos consideran esa actitud nuestra de adulación como un signo de debilidad. Y como los que lo hacen no han recibido un escupitajo en la cara, no entienden que si no reaccionamos fuertemente ante esas odiosas actitudes vamos a empeorar".

Zarmon denuncia "el automatismo de la identificación con los argumentos de los enemigos de Israel" como "uno de los mayores peligros para la credibilidad de la izquierda israelí durante muchos años". Y cita al periodista Gideon Levy del Haaretz como uno de los ejemplos más notables de esta patología.

Esta actitud malsana que denuncia Zarmon no es nueva. La Historia judía está llena de casos en los que, durante períodos de disturbios, los judíos han apelado ya sea a potencias extranjeras para resolver sus problemas, o bien han empleado a algunos de sus hermanos como chivos expiatorios de los antisemitas, pensando apaciguarlos o ganarlos para así escapar de su hostilidad. Una de las páginas más bellas de este fenómeno fue escrita por el escritor católico Charles Péguy, un contemporáneo del caso Dreyfus, y que no entendía la actitud de muchos de los correligionarios del capitán a la hora de hacer frente a la maquinación que trataba de aplastarlos. Algunos conservaron una "neutralidad culpable" a fin de no ser acusados de participar en un "espíritu de clan", mientras que otros lo creían francamente culpable. Esta postura era incomprensible para Péguy, que aunque no era judío, había desafiado a un duelo a un hombre que se había burlado de uno de sus amigos judíos.

En "Nuestra Juventud", escribió: "Los políticos, los rabinos, las comunidades de Israel, durante siglos y siglos de persecución y de dificultades, han crecido demasiado acostumbrados a la política, a aceptar el sacrificio de algunos de sus miembros para así comprar la tranquilidad y la paz del resto, la paz de los reyes y los nobles, la paz de sus deudores, la paz de los pueblos, la paz de los príncipes, la paz antisemita. Ellos solamente pedían comenzar de nuevo. Sólo querían sacrificar a Dreyfus para evitar la tormenta. La gran mayoría de los judíos se comportaron como la gran mayoría de los electores. Temían la guerra, temían los problemas, temían la inquietud. Temían sobre todo los menores inconvenientes, por lo que preferían guardar silencio, bajar la mirada. Si pudiéramos conseguir el silencio, pagar cualquier rescate, aunque fuera una traición, comprar la paz, aunque fuera una bajeza y una paz precaria...".

Estas líneas admirables son de una sorprendente actualidad. Lo que Peguy denunciaba, y que retomaba en sustancia Zarmon, es esa patología judía de querer escapar del antisemitismo ofreciendo pagos y rescates y mostrando en vano la "bandera blanca". Sacrificarse a sí mismo para esperar que regrese la "normalidad". Un poco como el síndrome de la mujer maltratada que se culpa a si misma. Cuando los políticos, académicos, empresarios y artistas israelíes apelan a un boicot de Israel o incluso boicotean ellos mismos los productos de Judea y Samaria, o más generalmente cuando persiguen a su propio país a través de todo el mundo, ingenuamente piensan poder atraerse la simpatía o la respetabilidad en el extranjero. La historia siempre ha demostrado que no sirve de nada. El antisemita detesta aún más al judío servil que al judío que se mantiene en pie y combate.

Cuando hay manifestación de antisemitismo - y el boicot lo es ciertamente - existe la obligación de permanecer juntos, superar nuestras diferencias políticas e ideológicas y luchar en un frente común.

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