Sunday, June 14, 2015

Netanyahu, el "chivo expiatorio" de la izquierda israelí - Shraga Blum - i24news



Uno debe tener una mente bastante retorcida para encontrar un pretexto en las recientes elecciones en Turquía para participar en un nuevo ataque contra el primer ministro israelí y contra la derecha israelí.

Ahora se nos dice que Benjamin Netanyahu es el "gemelo" de Recep Erdogan. La facilidad con la que una persona que se autocalifica de "intelectual" utiliza su teclado para emitir tales tonterías como alimento de la opinión internacional resulta bastante desconcertante. Y muy grave en la actual situación mundial.

Una mente honesta se daría cuenta de que en los últimos cinco años, después del primer "choque" provocado por Recep Erdogan contra Shimon Peres en el Foro de Davos, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha mantenido una excepcional restricción a la hora de responder a los repetidos desvaríos antisemitas de este líder turco candidato al sultanato neo-otomano. Su antisemitismo ni siquiera figura como una mera nota a pie en el artículo. Qué indulgencia por lo tanto de parte de ciertos periodistas e intelectuales israelíes. Y si existe animadversión en la población israelí hacia el presidente turco, quién podría culparlos. Hay pocos líderes en este planeta que hayan eructado tan abiertamente su obsesión anti-Israel teñida de antisemitismo.

Este es también el hilo de oro de la izquierda israelí: crítica sin concesiones hacia su país, indulgencia y comprensión extrema hacia los enemigos. Estas actitudes parecen ir de la mano.

Y una vez más, se nos sirve la sopa maniquea de los dos campos, los "chicos" (los judíos, los israelíes) malos contra los buenos. Los primeros - la derecha - son etno-nacionalistas, mesiánicos, racistas, antidemocráticos, belicistas, fanáticos religiosos..., y frente a ellos, en un entorno mágico acompañado de una música suave y seductora, estarían los "buenos" es decir, la gente liberal, ilustrada, tranquila, educada, sensata, progresista y democrática. Lo malo es que estos "demócratas" aún no han aceptado su derrota en las elecciones y están tratando de desacreditar como sea, y por todos los medios, al gobierno y al primer ministro legítimo.

En un país democrático, somos libres de no estar de acuerdo con las políticas del gobierno y somos capaces de poder expresarlo, pero si es posible, que sea al menos con argumentos convincentes. Pero este tipo de artículos refleja una tendencia peligrosa: difamar y demonizar a los políticos en lugar de hacer preguntas acerca de los propios fracasos.

¿Qué puede hacer un periodista (Avirama Golán) que pertenece a un partido (Meretz) que recibió solamente el 3,9% de los votos en las últimas elecciones? En lugar de preguntarse por qué su partido está cada vez más marginado - básicamente porque su ideología está completamente desconectada de las realidades internas y de la situación internacional de Israel -, nuestra periodista prefiere comparar a Benjamin Netanyahu, quien obtuvo 23.5% de los votos (cerca de un millón de votos) con un dictador islámico antisemita llamado Erdogan.

Lo que es particularmente grave en este caso no es la deficiencia democrática o el desprecio que se expresa a través de su artículo, sino el momento y los términos elegidos para este tipo de ataque.

Israel ha vivido unos momentos difíciles a nivel internacional debido al éxito de una feroz y metódica campaña de deslegitimación de la Autoridad Palestina y de sus socios en el extranjero. Viendo que sería imposible doblegar a Israel por la guerra o el terrorismo, los árabes palestinos de hoy utilizan el mismo "arma mortal" que fue utilizado por los antisemitas en siglos anteriores: la calumnia, la enseñanza del desprecio, la falsificación de los hechos, la demonización, los boicots, intentando condenarles al ostracismo, etcétera.

En este juego perverso que ya ha demostrado el grado de terror que puede provocar, la extrema izquierda israelí juega el papel del combustible que se bombea a ese fuego. Hablar de una "supremacía del pueblo judío" y del "odio para cualquier líder musulmán o no judío" como lemas que se achacan a la derecha judía, no sólo es erróneo, es irresponsable, hablando suavemente.

En la Edad Media, los rumores y las maledicencias comenzaron a muy pequeña escala. Ya fueran en las plazas, las tabernas, las iglesias y las aldeas, sirvieron como base para los clichés y los prejuicios que pasaron por la historia para convertirse en "verdades incontestables globales" hasta hoy mismo. Esto es particularmente cierto en el caso de los judíos, cuya imagen ha sido empañada desde tiempos inmemoriales y cuyos supuestos defectos y transgresiones son hoy trasladados al Estado de Israel. Y eso también sucede hoy en día con los medios actuales, cuando un simple teclado permite a cualquier persona transmitir infamias en tiempo real y a todo el mundo.

Cuando Avirama Golán describió al primer ministro israelí mediante expresiones tales como agresividad, realeza, tiranía, hedonismo, beligerancia o aislamiento, ya no se trataba del marco de un debate democrático o de la presentación de argumentos. Ella utiliza un aluvión calumnioso y lo introduce en el creciente torrente de odio hacia el Estado judío que comienza a inundar varios rincones del mundo.

Nadie está obligado a amar a Benjamin Netanyahu, ni a estar de acuerdo con sus políticas. Pero él fue reelegido para su cuarto mandato de la manera más democrática que existe.

Sin embargo, hay algo muy sospechoso en la imagen que se da de su persona, y de paso de Israel a través de él. Parece que se ha convertido en el punto de fijación obsesivo del odio que se alimenta a diario contra el Estado de Israel, tras el que se esconde un antisemitismo que no se atreve a decir su nombre.

Y todo ello con esta "especie" de apoyo de la izquierda israelí, la cual piensa vanamente que será respetada si hace coro al aullido de los lobos sedientos de sangre.

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Sunday, November 09, 2014

De muy útil lectura: El retorno del conflicto religioso - Shraga Blum - i24news



Hablando sobre la explosiva situación en Jerusalén, la ministra de Justicia israelí, Tzipi Livni, ha repetido una vez más que "era absolutamente necesario evitar que el conflicto se deslice desde un conflicto político hacia un conflicto religioso". Esta fórmula que se instala cada vez más en el debate político en Israel es una señal de la profunda incomprensión de lo que está en juego. Peor aún, de la negativa a verlo. No entender la verdadera naturaleza del conflicto es la garantía de no ser capaz de resolverlo o calmarlo, y por cierto, de proponer soluciones que agravan más las cosas que las mejoraran.

Este también quiere ser un pequeño mensaje a la atención de esos que han creado esa nueva religión llamada "El testamento de Rabin" y que, en estos días, nos llaman "a caminar sobre sus pasos".

El conflicto árabe-israelí, y después el conflicto israelo-palestino, no es político. A pesar de que tiene ciertos problemas políticos y territoriales, es sobre todo nacional, cultural y religioso. En resumen, es civilizacional, porque pone en juego a las tres religiones monoteístas y no por casualidad. La cristalización del conflicto en torno a Jerusalén, buscando la participación de las "naciones del mundo", ya fue anunciada hace más de 20 siglos por los profetas de Israel.

Para negar el aspecto religioso del retorno de los judíos a Sión se nos dice a menudo que los pioneros sionistas del XIX y de principios del siglo XX no eran religiosos, sino todo lo contrario. Esto es incorrecto. Ellos no eran observantes, es cierto, decían querer romper con el judaísmo tradicional, el judaísmo diásporico, pero sin saberlo estaban impregnados de la cultura religiosa y estaban influidos por el aliento y el impulso que la religión y la cultura judía habían insuflado desde hacía 20 siglos, con la esperanza de un retorno a Sión que sus antepasados expresaron diariamente.

Incluso los más ateos entre ellos oyeron cada año la invocación "El próximo año en Jerusalén" en la fiesta de Pascua. Todas sus referencias provenían de la Biblia y de los profetas de Israel, y ellos también tenían conciencia de venir a hacer revivir y florecer no cualquier tierra, sino la Tierra que Dios prometió al pueblo de Israel. Hoy en día, el regreso de lo religioso también es palpable en Israel, donde cada vez más personas vuelven a las fuentes tradicionales del judaísmo y se dan cuenta de que lo que está en juego va mucho más allá de la política.

La oposición árabe al sionismo es, también, esencialmente religiosa. Para el Islam, una vez que un territorio es islamizado, nunca puede cambiar su estatuto, y la idea de que un pueblo dhimmi (sometido bajo el Islam) puede ser libre en una tierra del Islam (Dar al-Islam) le resulta insoportable. Este es el meollo del conflicto. En la década de 1920, el Mufti de Jerusalén Haj Amin al-Husseini, un aliado de Hitler, luchó ferozmente contra el sionismo y los judíos por motivos islámicos, no políticos. Su acción fue decisiva en la formación del nacionalismo palestino, bajo todas las tendencias confundidas. Todos los líderes árabes palestinos que le siguieron, incluso aquellos que se decían laicos, decían obrar "en el nombre de Alá" y de la "Yihad", y utilizaron toda la gama del vocabulario religioso. Hoy en día nos encontramos con todos estos temas en la fraseología de una Autoridad Palestina que muchos consideran, erróneamente, como no religiosa con respecto a Hamas. Y así como Yasser Arafat, hoy Abu Mazen invoca el argumento religioso "de la defensa de Al-Aqsa" para incitar a la violencia. Y él no acusa a Israel de "israelizar Jerusalén", sino de "judaizarla".

Si este conflicto hubiera sido solamente político, podría haber sido resuelto entre 1949 y 1967, cuando los famosos "territorios", así como la parte oriental de Jerusalén, esos que la OLP reclama hoy, no estaban bajo la administración israelí sino jordana. Pero los árabes palestinos, por aquel entonces, no estaban ni siquiera interesados, en parte debido a que el concepto de "pueblo palestino" no estaba aún conformado como lo está hoy, sino sobre todo porque no había "peligro" de que esos territorios estuvieran en manos no musulmanas. Por eso, los ataques terroristas árabes se centraron en el "Israel de 1949". No fue hasta después de 1967 que comenzaron a aparecer términos como "territorios ocupados" y la reclamación de Judea y Samaria para establecer un Estado palestino: y ello debido a que esas áreas habían regresado a manos judías.

La actitud de la Unión Europea, que escruta y critica de manera irracional la política israelí, y exige al Estado judío de Israel lo que ella no haría ni pediría a los demás, es también de algún tipo de origen religioso. Es el producto de siglos de "enseñanza del desprecio" que dio forma a una imagen degradada y envilecida del judío que, precisamente, está en las antípodas de lo que representa el Israel actual, y que a Occidente le está costando admitir.

Paradójicamente, la emersión de la naturaleza religiosa de este conflicto es algo bueno a largo plazo. Esto demuestra que con el tiempo los conceptos se afinan y los verdaderos problemas salen a la superficie, y los roles de cada actor se vuelven más límpidos, más auténticos, sobre lo que se está jugando en esta región desde hace más de un siglo.

La solución de este conflicto - el más complejo que el mundo jamás haya conocido - vendrá solamente a través del reconocimiento del rol y del lugar de Israel por las dos civilizaciones hermanas del judaísmo. Al lado de Roma y La Meca, Jerusalén está llamada a convertirse en lo que fue en su apogeo.

Es sólo una cuestión de tiempo.

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Sunday, November 02, 2014

El mundo no puede soportar la idea de la soberanía judía sobre Jerusalén - Shraga Blum - i24News



El ensordecedor silencio de la comunidad internacional tras el ataque terrorista de la semana pasada en Jerusalén que se cobró la vida de dos personas - incluyendo un bebé de tres meses -, está en contraste flagrante con la reacción irracional del mundo tan sólo unos días más tarde ante las noticias de previstos proyectos de construcción en la misma ciudad.

Hay que estudiar el asunto más a fondo para descubrir lo que impulsa a los Estados Unidos y a la Unión Europea para protestar con entusiasmo y de forma automática cada vez que los judíos anuncian planes para construir viviendas en su capital histórica, mientras que estos mismos países guardan un estruendoso silencio cuando las vidas de dos personas inocentes son deliberadamente segadas por un terrorista impulsado por el odio antisemita.

Si se tratara simplemente de una cuestión de política equitativa aplicada por Washington y las capitales europeas en todo el mundo, de modo que condenarían cada anuncio de construcción en territorios en disputa ubicados en todas las partes del mundo, uno podría concebiblemente creer en su buena fe. Pero esto requeriría la creación de ministerios dedicados a la "condena de la construcción en territorios en disputa" en todos estos países, que además tendrían que estar equipados con personal a tiempo completo.

En este caso, sin embargo, la hipocresía y la malicia surgen desde todas las direcciones. Incluso el Consejo de Seguridad de la ONU convocó a una reunión de emergencia para discutir el asunto, y eso cuando numerosas partes del Oriente Medio árabe están en llamas. No hay otros casos como éste en el mundo y es específicamente el Estado judío el que está en el punto de mira.

El envejecimiento de la población occidental está haciendo que pierda poco a poco su rumbo y sus valores. Y a pesar de todos los problemas económicos, sociales y políticos que acosan al mundo occidental, sus gobiernos todavía creen que tienen el suficiente tiempo libre para examinar las políticas de construcción del pequeño Estado de Israel bajo un microscopio.

De manera inconsciente, Occidente está condenando los instintos de vida de Israel, mientras que tácitamente justifica los deseos de muerte de sus enemigos. El conflicto que se desarrolla en el Oriente Medio expresa en la actualidad la lucha entre dos culturas: una productiva, basada en el desarrollo, la invención, la innovación, la creación y la siembra; la otra destructiva, basada en el saqueo, la destrucción y la siembra de la muerte. En esta configuración, Israel está firmemente del lado de la vida. "Nosotros amamos la muerte como ustedes aman la vida", es una frase que frecuentemente lanzan contra los israelíes los jefes terroristas palestinos, queriendo marcar así las diferencias y su "originalidad". Esa frase surrealista para un espíritu moderno y racional es la que los occidentales están comenzando a comprender en su propia carne.

Y Sin embargo, cuando se trata de Israel, las viejas reacciones instintivas siempre regresan: los asesinos se convierten en "luchadores por la libertad" y los constructores son acusados de "ser un obstáculo para la paz".

La construcción de viviendas en la ciudad que ha sido la capital del pueblo judío durante más de 3.000 años es un signo de vida, de renacimiento y un soplo de aire fresco a nivel nacional después de 19 siglos de ausencia. Construir en Jerusalén es sin duda uno de los signos más tangibles y simbólicos de la reunión del pueblo judío con su tierra natal. Durante los últimos 2.000 años, los fieles recitaron la siguiente oración judía tres veces al día: "Bienaventurado eres, Señor, que volverás a llevar a tu pueblo Israel de vuelta del exilio" y "Bendito seas, Señor, que reconstruiste Jerusalén".

Estas oraciones de la noche de los tiempos se están cumpliendo ante nuestros ojos al igual que las profecías bíblicas. !Maravilloso!.

¿Y nosotros deberíamos dejar de hacer todo esto porque los dirigentes americanos, británicos, belgas, franceses o españoles nos lo exigen? Es cierto que tienen una coartada notable: la izquierda y los principales medios de comunicación israelíes están muy por delante de ellos y alientan su oposición con el eterno "ahora no es el momento adecuado para construir". El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en su discurso de inauguración de la sesión parlamentaria de invierno colocó directamente a la izquierda de cara a su hipocresía: "Les venimos escuchando desde hace muchos años, y para ustedes nunca ha sido el momento adecuado para construir en Jerusalén".

Hace veinte años, un rabino francés advirtió que un día los Estados Unidos - el gran aliado de Israel - se volvería contra Israel a propósito de la cuestión de Jerusalén, y ello porque la soberanía judía sobre la ciudad santa es insoportable tanto para el Occidente cristiano como para el Islam.

Ha llegado ese momento y esa es la verdadera razón, aunque oculta y subconsciente, detrás de hiperreactividad de la comunidad internacional a cualquier anuncio de nuevas construcciones en la capital israelí. El uso del término "provocación" no es gratuito dentro de la terminología de la comunidad internacional. La creación del Estado de Israel en 1948 y más aún, la liberación de la cuna histórica y de su capital en 1967 fueron otras tantas "provocaciones" para todos aquellos que creen que la "cuestión judía" estaba a punto de ser "resuelta".

Jerusalén nunca ha sido la capital de otro estado o de otro pueblo, y Jerusalén nunca ha estado tan en el centro de las preocupaciones del mundo con cuando sus legítimos propietarios regresaron. Durante los 19 años de ocupación jordana de la ciudad, entre 1948 y 1967, nunca hubo ningún intento de hacer de Jerusalén una "capital palestina".

Nos corresponde a nosotros, sus legítimos propietarios, proteger y desarrollar nuestro capital para el beneficio de todos sus habitantes, a pesar de las críticas y las condenas maliciosas.

Jerusalén no es sólo la capital de Israel, también es el más precioso capital de todo el pueblo judío.

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Saturday, September 06, 2014

Cuarenta kilómetros cuadrados y la paz mundial – Shraga Blum - i24news



El metro cuadrado de Tierra de Israel tiene sin duda un valor incalculable. Es cierto que el regreso de los judíos a su patria ancestral después de una larga ausencia es un evento único en términos de historia y todo lo que esta sucediendo en este pequeño país es sin duda de gran interés para el desarrollo del resto del planeta. Y es que Israel se ha convertido en el centro neurálgico del mundo, y no se necesita mucho para que las reacciones internaciones se aceleren, la actividad diplomática se abalance a tomar el ascensor o las reacciones ofendidas se disparen en las principales capitales del mundo.

Yo, que resido en esta hermosa zona de Gush Etzion en Judea, me siento hoy el foco de interés de la comunidad internacional. Que honor. ¿Donde en el resto mundo se puede presumir de ser observado bajo el microscopio con todo lo relacionado con el catastro en cualquier cerro aislado?. Como si la paz mundial - que, como cualquiera puede ver, esta cada vez más cerca de la mano - se viera amenazada por una sola cosa: la construcción de viviendas para los judíos.

Como decía irónicamente el columnista Daniel Greenfield: "No hay actualmente ningún arma más eficaz de la comunidad internacional contra Israel que la construcción de una pequeña casa en Cisjordania", agregando "que las desproporcionadas reacciones a este anuncio dan la impresión de que Israel hubiera invadido Francia y Kuwait". [N.P.: sorprendentemente, esta “desproporción” en las reacciones no es criticable, solo lo es la autodefensa “desproporcionada” de Israel]

De repente, todos los problemas que enfrenta el planeta son marginales. Paris, Londres, Washington y la inevitable ONU giran sobre sus ejes y condenan con una firmeza sorprendentemente reencontrada la infeliz decisión, que no es ni siquiera de construir, de liberar cuatro desgraciados kilómetros cuadrados de tierra, que no son de propiedad privada, para convertirla en “tierras de propiedad estatal" construibles. Un acto imperdonable si hemos de juzgar por el tono y el contenido de las reacciones: el Departamento de Estado, a través de la voz de Jen Psaki, expreso su "profunda preocupación" y el presidente Obama "instó a Israel a reconsiderar su decisión". Por su parte, Ban Ki-moon culpa a Israel "de promover un golpe casi fatal para la paz" y la Union Europea pide a Israel "que se abstenga de tomar decisiones que amenazan la estabilidad". Sí,  han leído bien. Abu Bakr al-Baghdadi, el califa del Estado Islámico, sin duda debe estar maldiciendo en algún lugar del desierto iraquí: los judíos, con unas pocas casas y tierras, me están robando el show.

Las reacciones entre los críticos y detractores israelíes tampoco pueden faltar. Por no hablar de "Paz Ahora", para cuyos miembros la sola presencia de judíos en Judea les provoca urticaria. Mientras, para el centro-izquierda, "este anuncio llega en un mal momento", según dicen Yair Lapid y Livni. Argumento patético si no fuera porque se enarbola de manera pauloviana cada vez "que las circunstancias políticas, diplomáticas o estratégicas no se prestan a este tipo de anuncio". En pocas palabras, nunca habrá un buen momento para construir. El "¿pero que van a pensar y decir de nosotros las naciones?" se ha convertido en el coro nacional en algunos círculos aún no sanados tras 2.000 años de exilio.

Es significativo ver la importancia amplificada que toma este asunto de la construcción judía en un territorio pequeñísimo, mientras que los conflictos internos del mundo árabe-musulmán, el Estado Islámico extendiendo su control, un Irán que esta preparando una bomba nuclear detrás de la sonrisa de miel de Rohani y Zarif, una Rusia que amenaza la estabilidad europea y un viejo continente que se enfrenta a una grave crisis económica, financiera, social e identitaria. Y es entonces cuando estadounidenses y europeos, que se han mostrado incapaces de encontrar una respuesta al creciente Estado Islámico o a Putin avanzando sus peones por el este de Europa, se enfadan y adoptan la solución milagrosa para resolver el conflicto palestino-israelí: detener la construcción judía, ese "obstáculo para una paz eterna", y después expulsar a decenas de miles de judíos que viven en Judea, Samaria y crear un Estado palestino que se convertiría rápidamente, y con toda probabilidad, en una Gaza-bis pero 15 veces mayor.

Si no debiera haber más que una solo enseñanza de lo que acaba de suceder entre Israel y Hamas, y especialmente desde la retirada de Gaza en el 2005, es que cualquier territorio cedido por Israel y vaciada de sus habitantes judíos, se transforma inevitablemente en una base del terrorismo contra Israel, y es que las concesiones israelíes abren el apetito.

Solo la presencia continua del IDF en Judea y Samaria y el fortalecimiento de la presencia judía en esta región - además de los argumentos históricos, jurídicos y religiosos - evitaran que Tel Aviv y Jerusalén sufran un día la misma suerte que las localidades del Negev occidental. Y con consecuencias mucho más graves.

El desarrollo de la población judía en estas áreas es la mejor respuesta al terrorismo, al culto a la muerte y a los diversos intentos de falsificar la historia y negar nuestra antigua conexión con la Tierra de Israel.

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Saturday, August 30, 2014

Una controvertida opinión: (Sí, Hamas es preferible a la Autoridad Palestina) - Shraga Blum - i24news



Es ciertamente difícil de escribir - y de leer - un artículo con este título cuando acabamos de salir (tal vez ...) de siete semanas de fuego casi ininterrumpido de Hamas y la Yihad Islámica. Pero, contrariamente a la opinión expresada por Avraham Burg en su último artículo, esta guerra no es "la primera guerra religiosa" entre Israel y los árabes palestinos. Y Hamas, a pesar de su fanatismo sanguinario, no es nuestro enemigo más peligroso.

Incluso si no se trata de una guerra de religión clásica, el conflicto que opone a Israel y a los árabes palestinos está basado en motivos religiosos y civilizacionales cuyo aspecto territorial no es más que una de sus expresiones, probablemente la más conveniente y la más cómoda en términos de "marketing". Cualquier tentativa de encontrar una solución duradera debe comenzar obligatoriamente con una justa comprensión de sus fundamentos, sin los cuales el resultado será similar a un vendaje aplicado sobre una herida no desinfectada. Con todas las consecuencias que se desprenden, como vimos después de los Acuerdos de Oslo.

La oposición árabe al sionismo nació mucho antes de la creación del Estado de Israel, por no hablar de antes de la Guerra de los Seis Días. Ella se tradujo en la década de 1920 en la creación artificial de un movimiento nacional "palestino" autónomo, bajo el impulso del Mufti de Jerusalén Haj Amin Al-Husseini. Toda su ideología fue extraída del Corán y de la tradición religiosa musulmana. Fue en el nombre del Islam que consagró toda su vida a la lucha contra el sionismo, fue en su nombre también que predicó un antisemitismo virulento y alentó a las primeras masacres de judíos en la Palestina del Mandato, y fue en el nombre del Islam que el Mufti se unió al nazismo y colaboró ​​activamente con Hitler. Yasser Arafat lo vio como su padre espiritual y todas las corrientes musulmanas yihadistas que castigan a la región hoy en día - Hezbollah, los Hermanos Musulmanes, Hamas, el IE - lo veneran. El que no entienda este dato fundamental no alcanza a comprender el inicio del conflicto.

Y es por eso que en función de este dato, Hamas es paradójicamente "preferible" a Fatah. Burg no estaba del todo equivocado cuando decía que Netanyahu, por razones estratégicas, "prefiere a un Hamas fuerte y a un Fatah débil", y se muestra reacio a un reforzamiento del poder de Abu Mazen tras la Operación "Margen Protector". Pero lo que Burg ve como un obstáculo y un freno a su obsesión de que Israel renuncie a Judea y Samaria, la derecha israelí lo ve como un retorno saludable de los proyectores hacia la naturaleza del conflicto. El mundo, hoy en día, cada vez se da más cuenta del aspecto político-religioso hegemónico del Islam, y de su rechazo a ver prosperar a las comunidades no musulmanas dentro de la geografía islámica. Ni hablar por lo tanto de un Estado judío.

Desde hace muchos años, se nos echa a la cara de manera simplista que "Israel debe luchar contra los extremistas de Hamas, pero a la vez y por contra debe negociar con los 'moderados' representados por la Autoridad Palestina de Abu Mazen". Ahora bien, en lo que concierne a la negativa árabe palestina a reconocer la existencia de un Estado judío, la distinción entre "extremistas" y "moderados", como la que existe entre "religiosos" y "seculares" es pura ficción. Sobre esta cuestión, el "religioso" Hamas y el "secular" Fatah son sólo dos caras de la misma moneda. El primero (Hamas) pone sus cartas sobre la mesa, mientras que el segundo (Fatah) las avanza de manera oculta y disimulada de cara a la comunidad internacional, lo que le hace mucho más peligroso. Esta división tácita del trabajo ha permitido a todos los líderes de la OLP no solamente seducir a la opinión pública internacional, sino también a la izquierda israelí, haciéndoles admitir y creer que la OLP se ve impulsada por un nacionalismo convencional, político, racional y sobre todo pragmático. Pero el análisis de sus discursos en árabe y de su sistema educativo nos muestra claramente que la oposición al sionismo entre esos que se reclaman afectos al secularismo, o incluso al marxismo, reposa en un fundamento cultural y religioso islámico que niega a un pueblo dhimmi el derecho a ser libre en su tierra una vez que ésta fue islamizada.

Es preferible afrontar a un enemigo que anuncia abiertamente su voluntad, que a un enemigo que utiliza la astucia y la mentira acerca de sus verdaderas intenciones. Los acuerdos de Oslo han querido perpetuar esta ruptura artificial entre "extremistas" y supuestos "moderados". Shimon Peres lo ha recordado recientemente diciendo estar "orgulloso de haber dividido al movimiento nacional palestino en dos campos, uno de los cuales, el de Abu Mazen, es el campo de la paz" (sic).

La táctica adoptada por Fatah consiste en producir en inglés un lenguaje audible para las opiniones públicas sensibles al discurso sobre la descolonización y la defensa de los oprimidos. Por lo tanto, y a largo plazo, la Autoridad Palestina es mucho más peligrosa para Israel que Hamas, ya que se ha involucrado y entregado a una empresa sistemática e insidiosa de deslegitimación de Israel que cubra gradualmente al planeta.

La diferencia táctica entre Hamas y Fatah se puede resumir así: ambos están convencidos de que el Islam no puede tolerar la presencia de un Estado judío en la región, independientemente de su tamaño. Mientras que el primero (Hamas) piensa y actúa sobre la base de la guerra y el terrorismo, el segundo (Fatah) piensa tácticamente en conseguirlo a través de un proceso de paz, una etapa intermedia hacia el objetivo final.

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Thursday, June 19, 2014

El punto de vista de los anexionistas: Revisitando el tema bíblico de los 12 espías - Shraga Blum - i24news



Cualquiera que sea la inclinación política, todo el mundo parece estar de acuerdo de que el conflicto entre Israel y Palestina no es probable que se resuelva durante nuestra vida. Las numerosas rondas de negociaciones terminan siempre en el fracaso e Israel se encuentra en una encrucijada en dos temas principales: la difícil decisión de retirarse de Judea y Samaria, que se liberó en 1967, y la negativa de los palestinos a aceptar el derecho de Israel a existir.

Desde el fracaso de la última ronda de conversaciones de paz, tanto comentaristas como funcionarios políticos están muy ocupados en una tormenta de ideas en búsqueda de aquella que pueda romper el status quo. En estos momentos, el término de moda es "acción unilateral". Un número creciente de personas se han dado cuenta de que la negativa palestina a un acuerdo de paz con Israel es consistente con el objetivo final del movimiento nacional palestino: borrar el Estado judío de la faz de la tierra. La diferencia entre las distintas facciones palestinas es una cuestión de estilo y de timing, no de fondo y de principios. Por lo tanto, los israelíes han llegado a la conclusión de que, en ausencia de un socio, Israel debe tomar medidas unilaterales, incluyendo asegurarse la seguridad con unas fronteras de acuerdo con sus intereses vitales, como lo hizo en la retirada de la Franja de Gaza en 2005 (aunque este ejemplo en particular no augura nada bueno para este tipo de solución).

Sin embargo, la fórmula genérica de "acción unilateral" no resuelve nada, ya que significa diferentes cosas para la derecha y para la izquierda. Los derechistas optan por interpretarlo como una anexión gradual de los territorios liberados en 1967, mediante la cual a los árabes se les concederá autonomía y, finalmente, incluso la ciudadanía; mientras que para la izquierda representa una progresiva retirada israelí - civil y militar por igual - de esos territorios, manteniendo los famosos "bloques de asentamientos" intactos (un término grandilocuente para lo que equivale en realidad a un porcentaje ínfimo de Judea y Samaria).

Las razones de esta profunda división se entienden mejor ahondando profundamente en la psique judía a través de la sabiduría eterna de la Biblia. El famoso episodio - leído el pasado sábado en las sinagogas de todo el mundo - de los 12 espías enviados por Moisés para explorar la tierra de Canaán antes de que los israelitas entraran en ella y finalizaran los 40 años de vagar en el desierto. A su regreso, todos informaron a Moisés de los mismos hechos básicos: la tierra es fértil, mana "leche y miel", pero las ciudades están fortificadas, y las personas que viven allí son poderosas - incluso vieron a un "gigante" -. Sin embargo, cuando se trata de sacar conclusiones, los espías se dividen en dos bandos: diez de ellos son pesimistas y creen que la entrada en esa tierra será imposible, mientras que los otros dos, Josué y Caleb, son de la opinión contraria y expresan su optimismo.

Los primeros parecen tener como objetivo desmoralizar al pueblo: "A nuestros propios ojos eramos como saltamontes, y como tales nos fijamos en la gente del lugar", "esta es una tierra que devora a sus habitantes", "no podemos ir contra ese pueblo porque es más fuerte que nosotros", y así sucesivamente. Después de sus palabras de desaliento, la mayoría de las personas se rebelaron contra Moisés y Aarón, y procedieron a exigir el nombramiento de un nuevo líder que condujera a los hijos de Israel de vuelta a Egipto. Ante esta debacle, se levantaron los optimistas Josué y Caleb y hablaron al pueblo: "No temáis nada, vamos, porque somos capaces de superarlos y prevalecer sobre ellos".

¿No estamos exactamente en la misma situación que nuestros antepasados? De pie, ante una encrucijada, una parte del pueblo israelí quiere "tomar la iniciativa" y volver atrás, renunciar, mientras que otro quiere seguir adelante y completar la misión. Esas dos "iniciativas unilaterales" reflejan disposiciones psicológicas diametralmente opuestas y antagónicas. Las divisiones que existen hoy en día en la sociedad israelí sobre la cuestión de una iniciativa unilateral son similares a las que pesaba sobre los dirigentes del pueblo israelita hace casi 3.500 años. En todo momento, una parte del pueblo judío han expresado su "fatiga", mientras que la otra parte, por lo general una minoría, está listo para tomar el relevo y continuar la misión de Israel.

Hoy en día nos enfrentamos a una nueva prueba en nuestra ruta, que se llama el "conflicto palestino-israelí". La división entre los que quieren abandonar, renunciar, retroceder, y aquellos que quieren liderar el proyecto, se jugará una vez más. Los rostros y las actitudes de las familias de los tres jóvenes secuestrados por los terroristas muestran con una claridad meridiana que la llama y la fe residen en ellos - la voluntad de seguir adelante a pesar de los obstáculos -, junto con la certeza en la rectitud de su causa. Todavía son una minoría vilipendiada, al igual que Josué y Caleb lo fueron frente a los otros diez espías. La historia les ha reivindicado. Esto sucederá aquí, también.

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Saturday, May 31, 2014

Muy interesante: La amoralidad del Papa y la manipulación de la 'Terra Sancta" - Shraga Blum - i24news



Al igual que en cualquier evento en el Oriente Medio Oriente, el contenido de las observaciones hechas por el Papa Francisco I palidece en importancia respecto a las memorables imágenes de su visita. Si bien los progresos realizados por el Vaticano en su actitud hacia los judíos e Israel desde el final de la Segunda Guerra Mundial resulta innegable, sólo podemos lamentar el ejercicio moral - o más bien amoral - de equilibrio por el que optó el Papa durante su visita, sabiendo que a cada paso, cada palabra y cada gesto, estaban sujetos a un detallado escrutinio. Dadas las graves controversias ​​que han envenenado las relaciones entre la Iglesia y el pueblo judío, era de esperar que el Vaticano adoptara una postura más valiente en lugar de tratar de distribuir uniformemente dulces para ambas partes, lo que demuestra una total ausencia de brújula moral, bastante sorprendente viniendo de un clérigo que ha hecho de la ética su credo.

¿Cómo podría el Papa expresar su apoyo al movimiento nacional palestino, establecido con el único objetivo de prevenir que los judíos regresaran a su tierra, y al mismo tiempo colocar una ofrenda floral en la tumba del fundador del sionismo, Theodor Herzl? ¿Cómo iba a abrazar el presidente palestino Mahmoud Abbas, quien sigue alabando y honrando a los terroristas, y a continuación visitar un monumento a las víctimas de ese mismo terrorismo? ¿Cómo puede emitir una condena inequívoca del antisemitismo y luego reunirse con el mufti de Jerusalén, ese mismo que llama regularmente al exterminio de los judíos? ¿Cómo puede soportar escuchar sin estremecerse como los jóvenes de Belén afirmaban que "los palestinos han vivido la mayor tragedia vivida por la humanidad", y luego ir al Museo del Holocausto Yad Vashem?

Tenga en cuentan que la interesada imagen viral de la visita del Papa, la foto ampliamente compartido en las redes sociales, muestra al Papa en meditación frente a la barrera de seguridad - construida precisamente para bloquear la llegada y la actuación de los terroristas -, y justamente en un lugar donde un grafiti comparaba en idioma inglés las acciones israelíes en Belén con lo sucedido en el gueto de Varsovia. Esta actitud ambivalente y moralmente inaceptable nos plantea una serie de preguntas incómodas que tenemos derecho a realizar como judíos: ¿realmente la Iglesia Católica ha captado la importancia del retorno del pueblo judío a su tierra ancestral?, y, finalmente, ¿ha aprendido las lecciones del tradicional anti-judaísmo cristiano?

Lo que me lleva a mi segundo punto. Las visitas papales a la región siempre se promocionan como un viaje a la "Tierra Santa" - un término que es difuso geográficamente como correcto espiritualmente. Pocas personas saben que esta expresión es el resultado de un error de traducción - otro - del hebreo: el término original es "Eretz Ha-Kodesh", literalmente "Tierra de Santidad", que es muy diferente.

Las relaciones entre las tres religiones monoteístas siguen una dialéctica histórica que desafía la lógica. En sus respectivos soportes, el Cristianismo y el Islam fueron inspirados por el judaísmo antes de intentar socavarlo y suplantarlo como la única religión verdadera. Su conexión con la Tierra de Israel, y especialmente con Jerusalén, se basa únicamente en su deseo de apropiarse de partes de la identidad de Israel. En términos generales, el Cristianismo deniega al Judaísmo el acceso al cielo, mientras que el Islam compite por el dominio sobre la Tierra. La historia sólo puede corroborar esta máxima.

El uso repetido de esa intencionada errónea traducción, como "Tierra Santa" y "Ciudad Santa", indica una disposición a desposeer al pueblo judío de su patrimonio. El significado original hebreo, que se refiere a la santidad de la Tierra y de la Ciudad, indica no sólo un hecho, sino un destino universal, la función imperativa por la que la Tierra de Israel y la ciudad de Jerusalén se asignan exclusivamente al pueblo judío. Y es solamente cuando los judíos vivan en su tierra soberana, y tras los edictos prescritas en la Torah, incluyendo las leyes agrarias, cuando el concepto de la santificación de la Tierra tiene sentido.

"Tierra Santa" y "Tierra de Santidad" son conceptos aparentemente relacionados, pero que denotan imágenes radicalmente diferentes del mundo. El primer término intenta abolir la conexión del pueblo judío a su tierra y a su ciudad, haciendo de estos lugares "sitios del patrimonio universal", mientras que el segundo expresa el vínculo espiritual y carnal entre el pueblo judío y su cuna histórica. No es ni justo ni lógico que mientras Roma es la capital única e indiscutible del cristianismo, como la Meca lo es del Islam, los judíos tengan su Santo de los Santos impugnado.

A diferencia del judaísmo, la religión que les precede, ni el cristianismo ni el islam pueden comprenderse sin hacer referencia a esa religión madre, lo que plantea la siguiente dificultad fundamental: es imposible vivir sin ella, y menos aún vivir con ella. Esta es la razón por la  que la reinstauración de la soberanía judía en la Tierra de Israel plantea un problema teológico casi insuperable para el Cristianismo y el Islam, para quienes el Judaísmo debería ser una religión caducada, que fue por última vez políticamente relevante hace de 2000 años.

El uso de "Terra Sancta" en la terminología cristiana, como lo es "Dar al-Islam" en el Islam son algunos de los síntomas de este deseo inconsciente de frustrar la Restauración de Israel

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Sunday, March 09, 2014

Odiarse a si mismo para aplacar a los antisemitas - Shraga Blum - i24news



Péguy ya había comprendido lo que algunos judíos actuales no siempre comprenden.

Una vez no es costumbre, pero un izquierdista se ha despertado para adjurar de su campo político y hacer prueba de una mayor clarividencia. Se trata de Eilon Zarmon, un brillante publicitario que se había dado a conocer especialmente por sus exitosas campañas políticas para los candidatos o los partidos de izquierda y de extrema izquierda.

Desde hace algún tiempo, principalmente a través de las redes sociales, Zarmon fustigaba a esa izquierda israelí que él acusa de emocionarse especialmente con las campañas de boicots organizadas contra Israel desde el extranjero, y sin vacilación lo definió como "puro antisemitismo".

En sus intervenciones reprochaba a la izquierda por "promover y potenciar la presión sobre Israel y la injerencia extranjera, y ello solamente por ceguera ideológica o por ganancia política". Para él, el boicot a los productos procedentes de Judea y Samaria "es sólo una excusa y un elemento conveniente para atacar a Israel como a un todo". También acusaba al movimiento BDS, a "Oxfam" y todos los que trabajan en esta dirección de "una total hipocresía por centrarse en Israel mientras horrores mucho más reales y numerosos suceden en muchas otras partes del mundo sin que adopten ningún tipo de medidas".

Curiosamente, para explicar este fenómeno, hacía apelación a la Historia y a la psicología judía más que a la política: "Hay gente entre nosotros que creen que halagando a los que nos odian, finalmente acabarán por aceptarnos. Pero hoy, como ayer, siguen sin demostrar ningún tipo de reconocimiento hacia nosotros. En cambio, siempre encuentran excusas para encontrar algo malo o malvado en nosotros. Hoy como ayer, nuestros enemigos consideran esa actitud nuestra de adulación como un signo de debilidad. Y como los que lo hacen no han recibido un escupitajo en la cara, no entienden que si no reaccionamos fuertemente ante esas odiosas actitudes vamos a empeorar".

Zarmon denuncia "el automatismo de la identificación con los argumentos de los enemigos de Israel" como "uno de los mayores peligros para la credibilidad de la izquierda israelí durante muchos años". Y cita al periodista Gideon Levy del Haaretz como uno de los ejemplos más notables de esta patología.

Esta actitud malsana que denuncia Zarmon no es nueva. La Historia judía está llena de casos en los que, durante períodos de disturbios, los judíos han apelado ya sea a potencias extranjeras para resolver sus problemas, o bien han empleado a algunos de sus hermanos como chivos expiatorios de los antisemitas, pensando apaciguarlos o ganarlos para así escapar de su hostilidad. Una de las páginas más bellas de este fenómeno fue escrita por el escritor católico Charles Péguy, un contemporáneo del caso Dreyfus, y que no entendía la actitud de muchos de los correligionarios del capitán a la hora de hacer frente a la maquinación que trataba de aplastarlos. Algunos conservaron una "neutralidad culpable" a fin de no ser acusados de participar en un "espíritu de clan", mientras que otros lo creían francamente culpable. Esta postura era incomprensible para Péguy, que aunque no era judío, había desafiado a un duelo a un hombre que se había burlado de uno de sus amigos judíos.

En "Nuestra Juventud", escribió: "Los políticos, los rabinos, las comunidades de Israel, durante siglos y siglos de persecución y de dificultades, han crecido demasiado acostumbrados a la política, a aceptar el sacrificio de algunos de sus miembros para así comprar la tranquilidad y la paz del resto, la paz de los reyes y los nobles, la paz de sus deudores, la paz de los pueblos, la paz de los príncipes, la paz antisemita. Ellos solamente pedían comenzar de nuevo. Sólo querían sacrificar a Dreyfus para evitar la tormenta. La gran mayoría de los judíos se comportaron como la gran mayoría de los electores. Temían la guerra, temían los problemas, temían la inquietud. Temían sobre todo los menores inconvenientes, por lo que preferían guardar silencio, bajar la mirada. Si pudiéramos conseguir el silencio, pagar cualquier rescate, aunque fuera una traición, comprar la paz, aunque fuera una bajeza y una paz precaria...".

Estas líneas admirables son de una sorprendente actualidad. Lo que Peguy denunciaba, y que retomaba en sustancia Zarmon, es esa patología judía de querer escapar del antisemitismo ofreciendo pagos y rescates y mostrando en vano la "bandera blanca". Sacrificarse a sí mismo para esperar que regrese la "normalidad". Un poco como el síndrome de la mujer maltratada que se culpa a si misma. Cuando los políticos, académicos, empresarios y artistas israelíes apelan a un boicot de Israel o incluso boicotean ellos mismos los productos de Judea y Samaria, o más generalmente cuando persiguen a su propio país a través de todo el mundo, ingenuamente piensan poder atraerse la simpatía o la respetabilidad en el extranjero. La historia siempre ha demostrado que no sirve de nada. El antisemita detesta aún más al judío servil que al judío que se mantiene en pie y combate.

Cuando hay manifestación de antisemitismo - y el boicot lo es ciertamente - existe la obligación de permanecer juntos, superar nuestras diferencias políticas e ideológicas y luchar en un frente común.

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Saturday, February 15, 2014

A leer imperativamente: El territorio "ocupado" de Galilea - Shraga Blum - i24news



La cuestión más importante que es necesario plantearse cuando se habla de un posible acuerdo de paz con los árabes palestinos es la del "día después".

Conviene considerar seriamente el escenario más que plausible de un doloroso despertar de la población israelí al darse cuenta demasiado tarde que los árabes palestinos, a pesar de los acuerdos que han firmado, jamás han tenido la intención de detenerse cuando las cosas van por buen camino para ellos.

El fin definitivo del conflicto y de las reivindicaciones palestinas, lo que constituye una de las condiciones sine qua non exigidas por Israel antes de firmar cualquier acuerdo, bien puede no valer más que el papel en el que se habría firmado.

Prueba de ello es la intensa propaganda que se lleva a cabo a diario en los medios de comunicación y en el sistema escolar bajo la Autoridad Palestina, y que insiste una y otra vez que ciudades como Haifa, Safed, Tiberíades, Acre, Ascalón y Lod son palestinas, y que tarde o temprano serán "liberadas". Otra exigencia legítima propugnada por Netanyahu, e igualmente importante pero de la que se habla mucho menos, es la renuncia a cualquier reclamación nacional de parte de los árabes israelíes. Estas dos condiciones son inconcebibles tanto para la Autoridad Palestina como las otras facciones palestinas, ya que negarían la razón de ser del nacionalismo árabe palestino, creado y alentado con el único propósito de eliminar el Estado de Israel de una u otra forma.

Sobre este punto, es instructivo echar un vistazo a una reunión de la Comisión Parlamentaria de Interior que se llevó a cabo recientemente en la Knesset, y durante el cual los diputados árabes - y no sólo ellos - han emitido unas declaraciones surrealistas que han sido totalmente ignoradas por los principales medios de comunicación israelíes.

El orden del día estaba centrado en la voluntad declarada del gobierno de fortalecer la población judía en la región de Galilea, región que no parecía formar parte de ningún contencioso político en el contexto del conflicto palestino-israelí. Eso era en todo caso lo que la mayoría de los israelíes pensaba.

Hanna Sueid, iniciadora del debate, de inmediato denunció la "obsesión del Ministro de la Vivienda, Uri Ariel, de construir asentamientos en Galilea". El término "asentamientos", en su traducción al hebreo, por lo general solamente identifica a las aldeas judías en Judea y Samaria, y he aquí que una representante árabe utiliza ese mismo término para referirse a los judíos de las aldeas de Galilea, lo cual es un síntoma muy significativo.

La diputada árabe encontró una firme aliada en la persona de Tamar Sandberg, del partido de extrema izquierda Meretz, quien clamó que ella "también se opone categóricamente a la creación de nuevos pueblos judíos en Galilea".

Desconcertado, el diputado Yifat Kariv, del partido de centro Yesh Atid, y que intentaba solamente dar una visión diferente, aventuró a decir: "¿Acaso Galilea no es una región que forma parte de Israel?" Esta declaración "insolente" provocó un aluvión de ataques verbales de parte de los diputados árabes.

Hanin Zuabi, del partido árabe Balad, aseguró "que se trataba de la voluntad de tomar el control de tierras árabes según criterios raciales". Su colega Jamal Zahalka fue quien plantó el último clavo y finalmente reveló el verdadero pensamiento de estos representantes de la minoría árabe-israelí: "Galilea es nuestra y su territorio es nuestro. Estamos ante un régimen de apartheid y una Nakba que se prosigue hasta estos días".

Esta escena es sumamente elocuente. He aquí los mismos términos y argumentos utilizados para Judea y Samaria - el escaparate oficial de las reclamaciones árabes palestinas ante la comunidad internacional -, y que ahora también son retomados para la Galilea sin que esto provoque que los medias israelíes reaccionen.

Sería interesante saber lo que piensa la Unión Europea o los Estados Unidos que llevan preconizando la evacuación judía de Judea y Samaria por parte de Israel, ya que según nos dicen es el único y más seguro camino de poner un final definitivo a este centenario conflicto. Sin embargo, lo que se dijo en esta Comisión de la Knesset dice bastante de las intenciones de los líderes de la población árabe de Israel, que son por otro lado oficiosa pero totalmente sostenidas por Mahmoud Abbas. Consignas idénticas se escucharon por aquí hace unos meses durante los disturbios provocados por una parte de la población beduina del Negev.

Imaginemos por un momento un mapa de Israel sin regiones como el Neguev, Galilea y Judea y Samaria, y resultará fácil ver que se trata de hecho de la aplicación del famoso plan por etapas para la "liberación de Palestina" establecido por Arafat en 1974, y del que nunca se ha distanciado la OLP. Los que todavía piensan que sólo basta con entregar Judea y Samaria a los palestinos para aliviar su hambre deberían ser invitados a reflexionar seriamente.

Es cierto. los once miembros árabes de la Knesset no expresan necesariamente la opinión de toda la población árabe-israelí que está acostumbrada a vivir bajo al ritmo no tan negativo de un Estado moderno y desarrollado. Pero está claro que el trabajo de fondo que se está realizando y la propaganda que martillea la Autoridad Palestina sobre la ilegalidad de la presencia judía en toda "Palestina",  favorece la emergencia de movimientos autonomistas o separatistas árabes israelíes en el futuro. Movimientos que incluso se fomentarían con la existencia de un estado palestino... o tal vez precisa y especialmente por eso.

Ningún acuerdo y ninguna garantía internacional puede servir de dique ante una nueva oleada de demandas de unas personas que en realidad no han aceptado el principio de una soberanía judía sobre cualquier parcela de terreno que ellos consideran exclusivamente musulmán.

La pregunta que surge es obvia: ¿Puede Israel permitirse el lujo de tomar tantos riesgos y de hacer tantas concesiones dolorosas si es probable que la situación del "día después" sea peor que la situación "del día anterior"?

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Friday, May 25, 2012

Crónica de un "antisemitismo Express" - Shraga Blum – JSSNews



La definición de "antisemita" se ha convertido hoy en día en objeto de interminables discusiones a menudo de mala fe, en buena medida a causa de la hostilidad hacia el Estado de Israel disfrazada con el atuendo del "antisionismo", y todo ello para interrumpir cualquier debate sobre los verdaderos orígenes de esta actitud que alcanza alturas de irracionalidad. Pero no podemos prescindir de un análisis de este fenómeno con el falso pretexto de que las diversas expresiones de la judeofobia contemporánea no utilizan exactamente los mismos términos que el antisemitismo de la Edad Media.

Es cierto que hay antisemitismo ordinario, abierto, "franco", representado por el grito de "sucio judío" lanzado en plena calle contra un joven que lleva kipá, y muy a menudo es la clave de estos ataques y humillaciones. Lo son también las alusiones apenas veladas a un "poder judío" que intenta apoderarse del mundo. Sin embargo, tópicos tales como el "antisemitismo del papa o del abuelo" están muy lejos de abarcar ese nuevo odio actual hacia los judíos que toma formas mucho más perniciosas a través de los reflejos condicionados por un entorno creado por la propaganda árabe e injertados de atavismos ancestrales siempre prestos. Así pues, al lado de un antisemitismo frontal y abierto, está ese otro derivado de todas esas omisiones, de todas esas pequeñas inexactitudes, exageraciones, tomas de posición cuasi automáticas, atajos, que una terminología bien cincelada y sometida a la imposición de un pensamiento correcto, a veces involuntario, pero que refleja un estado de ánimo, un "aire del tiempo que vivimos”, una fatiga intelectual y mora, que parecen preparar una evolución que recuerda épocas siniestras.

Esto es lo que le ha sucedido a la página web de la revista "L'Express", que publicó el 18 de abril un artículo sobre la situación de los terroristas palestinos encarcelados en Israel. Pero una imagen vale más que mil palabras, y la instantánea, tomada por un fotógrafo de la AFP (la agencia francesa de prensa) y publicada en apoyo del artículo, mostraba a un "preso palestino" atrapado "entre dos soldados israelíes", cada uno de ellos apuntando su arma a la garganta del "desafortunado". Esta foto también fue publicada en su día por otras web árabes palestinas que tuvieron la honestidad, por una vez, de indicar que se tomó en una “representación” realizada por los propios palestinos en el Líbano. No hay necesidad de imaginarse el efecto de esa instantánea o escena en la web de una revista tan respetable y visitada como L’Express, que la difundió como la descripción de una escena real.

Nuestros colegas de 'alyaexpress-news" fueron los primeros en darse cuenta de este tremendo engaño buscando al azar una imagen que sirviera a un artículo que quería demostrar que la situación de los terroristas palestinos encarcelados en Israel era mucho mejor que la de los delincuentes comunes en Francia. Al darse cuenta de la superchería, requirieron a "L’Express" para que retirara la foto.

La difusión del escándalo de la foto por las webs MENA y JSSNews, entre otras, la magnitud de las reacciones de indignación de miles de usuarios de Internet y la intervención del director de "P’tit Hebdo”, Abraham Azoulay, que requirió una disculpa del L’Express, obligaron al periodista Michael Blum, quien trabaja para la AFP en Israel, a eliminar la foto al tiempo que denunciaba como suele hacer a menudo "la paranoia de algunas web judías"!. Tengan en cuenta también la actitud del valiente periodista Brice Couturier sobre France-Culture, que defiende abierta y regularmente la causa de Israel.

La reacción de la L'Express debe ser destacada inclusive si ella es característica de toda la problemática del antisemitismo que se está extendiendo a través de las venas del planeta. Bajo el titular de "No somos antisemitas", el periodista Eric Mettout iniciaba el 18 de mayo un largo mea culpa, y hay que decir a su favor que representa un ejemplo muy raro dentro de éste circulo, y al mismo tiempo apuntaba con el dedo a un vector del antisemitismo contemporáneo: la tendencia automática y ciega a favorecer la causa palestina, con la consiguiente acusación inmediata contra Israel mediante unos reflejos condicionados.

Las palabras que utiliza para expresar su pesar carecen de ambigüedad: "Ha sido un error, lo cual no quatenúa la precipitación y la mala relectura que han provocado. Eso sería en uno de los casos, pero aún hay más: dejar planear la menor ambigüedad sobre un tema tan sensible, cuando sabemos que las imágenes pueden ser usadas como armas de guerra, dar crédito a una estratagema (la foto fabricada) tan grosera, que puede ayudar a alimentar la exasperación antisionista allá donde de inflama sin necesidad de combustible, no requiern ninguna excusa. Hemos cometido errores, en serio. Cometí un error, grave: yo soy el responsable de la web del L'Express, y por lo tanto de la metedura de pata...“, Y esta es sólo una parte de su evidente arrepentimiento.

Pero su argumentación derrapa cuando el periodista añade que "sucede que los periodistas se equivocan porque nadie es perfecto". Por supuesto, pero esta excusa sería aceptable si no fuera la explicación utilizada durante decenios para justificar "errores" que, de forma sistemática y casualmente, van siempre en la misma dirección. Y casi siempre nunca son corregidos. Mettout, a continuación, aprovecha la oportunidad para criticar y atacar a "muchas web pro-Israel que acusan a los medios de comunicación franceses en su conjunto de desinformar de manera sistemática y con pleno conocimiento, alentando el antisemitismo y el terrorismo, y por qué no, acusándolos de fabricar con esa actitud a los Mohamed Merah (el asesino de Toulouse) de turno”. Mettout prosigue con una defensa corporativista que no le honra colocándose decididamente al lado de Charles Enderlin en el affaire Al-Dura, otro importante foco de desinformación antisemita.

Otro error adicional del periodista es cuando cae en la amoralidad de su medio en lo que se refiere al conflicto entre judíos y árabes: "También es una lamentación adicional: la falta de rigor en la que sin querer caemos involuntariamente, contribuye a desacreditar a nuestros colegas que hacen bien su trabajo, que relacionan el encarcelamiento arbitrario de los unos, con el extremismo religioso y las diatribas antisemitas de los otros, las operaciones militares implacables con el incesante lanzamiento de cohetes, los asentamientos ilegales con como los atentados indiscriminados...".

Y este es el otro avatar del disfraz del antisemitismo contemporáneo: colocar al mismo nivel el encarcelamiento de terroristas por parte de Israel y el odio antisemita destilado en las mezquitas y los medios de comunicación árabes; la gravedad con la que se pone al mismo nivel la construcción de viviendas judías con los atentados terroristas indiscriminados; o bien, las represalias selectivas del IDF con el lanzamiento indiscriminado de cohetes contra zonas civiles israelíes. El complemento que suele venir después, "la ejemplaridad de Israel como la única democracia en la región", no disminuye la magnitud de lo que se ha dicho antes, y también forma parte – nada inconsciente - del arsenal de la propaganda palestina.

Él periodista se queja también de estar "harto de la acusación de un sistemático y atávico antisionismo o antisemitismo de parte de los periodistas franceses sobre todo cuando solo se trata a menudo de errores lamentables", y nos advierte que “los métodos de intimidación (de las web judías) no les impedirá hablar libremente del conflicto palestino-israelí". Y aparece de nuevo la famosa excusa de que "cualquier crítica a las políticas de Israel no significa antisemitismo", pero al mismo tiempo no se cuestiona por qué Israel debe ser el único estado en el mundo que monopolice diariamente el centro de atención de los censores e indignados universales.

Este nuevo episodio de desinformación nos muestra hasta que punto el antisemitismo actual ha conseguido tener un lugar preponderante a través de muchos caminos. Mettout se defiende de que “los medias hayan fabricado a Mohamed Mera", pero es incapaz de comprender que este nuevo error es precisamente tan grave porque refleja un fenómeno que se está extendiendo y que proporciona las imágenes y las justificaciones" que precisan la locura de todos los Merah en potencia. El asesino de Toulouse no se planteó la veracidad de lo que veía en la televisión o por Internet.

Este mea culpa de Eric Mettout debe ser bienvenida, pero debe dar lugar a cambios dentro de la ética periodística, algo que no se ha hecho ni siquiera después de la tragedia de Toulouse: la puesta en cuestión total de la manera de tratar el conflicto o el inmensamente complejo Oriente Medio. En tanto las fuentes de información árabes palestinas sean acogidas como si fueran dinero en efectivo, en tanto que las redacciones eviten proporcionar y distribuir la información proporcionada por el ejército israelí o por las fuentes oficiales israelíes, en tanto la terminología periodística vigente se siga aplicando sin autocrítica a los actotes y los seguidores de este conflicto, las muy loables disculpas periodistas de Eric Mettout no servirán de nada. Y por eso resulta necesaria una señal de parte de los políticos, lo que está hoy menos garantizado que antes.

Lo que ha sucedido en la ONU, en Durban, en Ramallah o en Toulouse, también es el resultado de miles de "errores inocentes" y "prejuicios-L’Express" que han transformando al judío-Estado en un demonio y deslegitiman su existencia.

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Sunday, September 25, 2011

El punto de inflexión de 1993 - Shraga Blum - Israel7


Para la izquierda del Estado de Tel Aviv la defensa de los derechos históricos judíos es una antigualla reaccionaria, impropia del individuo post-nacional y progresista que quiere ser, un moderno "judío no judío" como el preconizaba Isaac Deutscher, y para ello solo necesita que le garanticen la seguridad de su burbuja en Tel Aviv


Zeev Jabotinsky, el nieto del fundador del movimiento sionista revisionista, afirma que un punto de inflexión tuvo lugar en 1993 en la visión y el discurso israelí respecto al conflicto con los árabes palestinos.

"Hasta el año 1993", dice Jabotinsky, "todos los líderes israelíes, de izquierdas y derechas, hablaban de los derechos históricos y jurídicos del pueblo judío a la Tierra de Israel. Pero Rabin, Peres y los Acuerdos de Oslo rompieron esa visión, y desde entonces todas las reivindicaciones se han reducido a las "necesidades de seguridad de Israel". La "justificación histórica y jurídica de nuestra presencia en esta tierra ha desaparecido del consenso israelí", prosigue el análisis de Jabotinsky, quien señala que "este abandono ha creado un vacío" que han aprovechado los árabes palestinos para imponer al mundo el concepto de los "derechos históricos del pueblo palestino y dañar la legitimidad del Estado de Israel".

Las consecuencias y resultados obtenidos con este cambio son muy peligrosos, tanto externa como internamente. Externamente, cada propuesta de solución del conflicto se refiere a los "derechos" de los palestinos y a las "necesidades de seguridad" de Israel, y así en cualquier confrontación legal sería difícil probar los derechos legales de los judíos (ante su propio abandono). La dicotomía que se ha favorecido es la de unos "derechos" contra unas "necesidades".

A nivel nacional, este cambio ha significado que los que ahora hablen de los "derechos históricos del pueblo judío a la Tierra de Israel", como lo hicieron antes y de manera totalmente natural sionistas socialistas como Katznelson, Ben-Gurion y Golda Meir, son hoy en día "acusados de ser intransigentes nacionalistas" en el mejor de los casos, sino de "fascistas" en el peor.

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