Saturday, March 22, 2014

Una pijapogre y "rebelde con causa" en el Harvard actual - Bruce Bawer - FrontPage



Se puede leer como una parodia, pero no lo es. Apareció el otro día un artículo en el Harvard Crimson titulado "La doctrina de la libertad académica: Abandonemos la libertad académica en favor de la justicia", donde su autora, una estudiante de Harvard llamada Sandra YL Korn, argumentaba que el concepto de libertad académica debía ser reemplazado por el de justicia académica. "Cuando una comunidad académica respeta las investigaciones que promueven  o justifican la opresión", proponía, "debe asegurarse de que esta investigación no continúe". En gran medida, por supuesto, la universidad americana ya está bajo el control de una policía  política que vela para que reine el pensamiento de izquierdas. No obstante, Miss Korn sólo quiere completar el trabajo. A ella le gustaría ver una universidad en la que, según nos explica, a alguien como el profesor de Harvard Harvey Mansfield - un conservador que en la actualidad nunca sería contratado, pero cuyo puesto de trabajo se mantiene gracias a su valía, - fuera expulsado, ya que lo adecuado sería  purificar el dulce aire de Harvard.

¿Quién es Sandra YL Korn? La nota de la revista la identifica como a un miembro de la clase de 2014, y una editorialista y columnista del Crimson, y alguien "que une la historia de la ciencia y los estudios sobre la mujer, el género y sexualidad en la Eliot House". La educación universitaria de Miss Korn consiste, por lo tanto, en varios cursos sobre Estudios de la Mujer y en "historia de la Ciencia", que según la web de Harvard "ofrece a los estudiantes la posibilidad de estudiar la historia y las relaciones sociales de la ciencia, pero sin requerir que los estudiantes tomen cursos de ciencias" (algo que por supuesto es ridículo: ¿cómo se puede empezar a entender qué es la ciencia sin tener que estudiar una ciencia?). También descubrí que Miss Korn está trabajando en una tesis sobre "cómo los biólogos han intentado una y otra vez explicar la diferencia de género invocando la ciencia". En otras palabras, ella ha "estudiado" acerca de la ciencia - sin realmente realizar el aprendizaje de cualquier ciencia - con el "fin de desacreditar a la ciencia" (ciencia es una palabra que siempre pone entre comillas). Su proyecto, ténganlo en cuenta también, en completa armonía con el dogma de los Estudios de la Mujer, es enseñar que la ciencia es "machista").

También he descubierto que Miss Korn no es sólo una columnista prolífica - escribe con regularidad tanto para Crimson como para el Harvard Political Review -, sino que además es una miembro activa del Occupy Harvard, la Progressive Jewish Alliance, la Student Labor Action Movement y Bagels (el grupo de Harvard de judíos y judías bisexuales, gays, lesbianas y transexuales). En sus columnas rinde tributo a los Panteras Negras, celebra el movimiento Ocuppy y reprende a aquellos que aplaudieron la muerte de Kim Jong-Il. Ella se opuso a permitir la presencia del ROTC (un programa de formación de oficiales de las fuerzas armadas de los EEUU) en el campus de la Universidad de Harvard, y una de las razones es que "los estudiantes internacionales de países no aliados con los Estados Unidos" podrían oponerse a su presencia. Ella ha criticado los planes de Harvard para distribuir cursos mediante conferencias por Internet por oponerse a "una larga historia de imperialismo en el que las élites estadounidenses han dicho a un mundo cada vez más globalizado lo que pensaban que era lo mejor para ellos". Ella también ha escrito que "si bien la resistencia violenta a través de Hamas no es correcta, tampoco es incomprensible, dado que la resistencia no violenta no puede conseguir atraer la atención de la comunidad internacional sobre la difícil situación de los palestinos en Gaza". Y ha despedido como "islamofobia" cualquier declaración objetiva de que el antisemitismo es un elemento central de la identidad palestina contemporánea.

Hablando del conflicto palestino-israelí, el verano anterior Miss Korn fue en un viaje libre de diez días a Israel cortesía de la Taglit-Birthright Israel, y luego escribió una columna devastando la "retórica de derechas" de la que estaba harta - indicando por ejemplo que los guías turísticos mostraban un orgullo sin complejos hacia Israel, y fueron honestos a la hora de informar de la inculcación sistemática del antisemitismo en las escuelas palestinas -. Mientras en Israel escribió un artículo lamentando que el país – que algunos de los miembros de su familia admiraron medio siglo atrás por ser una "nación de trabajadores, una utopía socialista" - había "adoptado el capitalismo con fervor", una acción que ella claramente deploraba. Ella no es, de hecho, ningún fan del capitalismo. Más de una vez ha despotricado sobre el hecho de que muchos graduados de Harvard consiguen trabajo en las finanzas. En una columna (reimpresa por La Nation, donde fue becaria) atacaba a la Oficina de Servicios post-carrera de la Universidad de Harvard por dirigir a los estudiantes hacia Wall Street, y se preguntaba en voz alta si lo hacen con el fin de "garantizar las donaciones de ex alumnos ricos". Concluía su artículo subrayando la necesidad de "destruir... la carretera bien pavimentada entre las universidades de la Ivy League y Wall Street". Cuando fue a Inglaterra el verano pasado para realizar una "investigación" en el Trinity Colllege de Cambridge, también encontró cosas de las quejarse: "¿Por qué los graduados allí no cenan en la misma sala con los estudiantes, sino en una plataforma elevada y aparte de ellos?"

A raíz de los atentados de Mumbai de 2011, Miss Korn se mostraba indignada, pero no por los terroristas, sino por Subramanian Swamy, un político indio y profesor de economía de Harvard que respondió a las atrocidades con un artículo acerca de cómo "los musulmanes de la India estaban siendo programados para un lento proceso de reactivación para convertirlos en radicales, y por lo tanto fomentar el suicidio contra los hindúes". Miss Korn y algunos de sus aliados entraron en acción con una campaña a favor de que la Universidad de Harvard  – según sus propias palabras – "terminara su asociación con esa figura ofensiva". La acción tuvo éxito y Swamy fue desterrado. Un mes más tarde, Miss Korn y una compañero de Estudios de la Mujer atacaron el discurso del presidente Obama con ocasión del décimo aniversario del 11-S como "américo-centrado". "Como una estudiante internacional de un país musulmán y una estudiante americana de un suburbio de Nueva York", escribían, "creemos que las discusiones y los actos conmemorativos del 11-S deben colocar los ataques dentro de un contexto global". ¿Por qué recordar que 3.000 personas fueron asesinadas en las Torres Gemelas, se preguntaban, y no "las casi 250.000 muertes que siguieron"? ¿Y por qué no dedicaba un tributo a las víctimas musulmanas de los "delitos motivados por los prejuicios" en los EEUU tras el 11-S?. 

Al exhortar (Obama) a todos los estadounidenses a adoptar una posesión emocional sobre el acontecimiento, Korn y su coautora argumentaban que "condenan la postura nacionalista de los Estados Unidos en el 11-S, que deshumaniza y deslegitima la imagen percibida del 'Otro', y nos permite desprendernos emocionalmente de las guerras que tienen lugar en el extranjero".

Como era de esperar, a Miss Korn también le disgustaron las exhibiciones patrióticas después de la muerte de Bin Laden. Esa noche, "cientos de entusiasmados estudiantes de Harvard se reunieron afuera de mi ventana en Matthews gritando 'USA, USA' y cantando 'God Bless America' ". Unos "diez mil hombres de Harvard, unos alegres estudiantes discutiblemente sobrios, portando vuvuzelas, celebraron la muerte del enemigo más odiado de Estados Unidos: Osama bin Laden". Miss Korn argumentaba que mientras ella siente "aversión por los ataques con drones estadounidenses como muchas otras personas, dudaba en etiquetar a los seres humanos como el 'mal' ". Al mismo tiempo, las celebraciones en EEUU de la muerte de Bin Laden sólo "reafirman los prejuicios negativos hacia los estadounidenses en poder de aquellos implicados con grupos terroristas", "confirmando que los estadounidenses son insensibles y desconsiderados, y no hacen nada para ganarse el respeto del pueblo afgano".

¿Quién es entonces esta feroz crítica del imperio americano, esta enemiga del capitalismo, este flagelo de Wall Street? Pues bien, como suele suceder, ella procede del suburbio de Basking Ridge, en Nueva Jersey, donde creció en una casa del 61 Darren Drive que fue comprada en 1998 por unos 800.000 $. (Si se echa un vistazo en Google Maps, puede verla como la imagen misma del sueño americano, un tranquilo paraíso de grandes casas, lo suficientemente separadas en una calle tranquila con amplios y bien cuidados jardines, salpicados de árboles). Sus padres son Elizabeth A . Korn, una endocrinóloga pediátrica, y William D. Korn, doctorado en Harvard en Economía y Administración de empresas, y cuya página web lo describe de la siguiente manera:
Bill Korn es un veterano ejecutivo de tecnología con más de 30 años de experiencia en la gestión de empresas de rápido crecimiento. Como director financiero de siete empresas ha elevado en más de 250 millones de $ su capital, incluyendo la deuda y la financiación de capital. Bill ha completado siete adquisiciones, incluyendo los términos de la negociación, la organización de su financiación y su liderazgo, y la integración de los equipos. Ha creado con éxito muchas asociaciones exitosas y empresas conjuntas.
La biografía continúa durante varios párrafos, con todos los detalles de sus años en la IBM y en otras corporaciones, y su participación en la Asociación Nacional de Directores Corporativos y el Consejo de Crecimiento Económico de Nueva Jersey.

Sandra Korn es entonces la hija de dos padres que, en su conjunto – y a juzgar por sus CV - personifican casi todo contra lo que ella se rebela. Ella es precisamente el típico producto de la clase alta americana de vida suburbana, por la que profesa un ardiente desprecio. Y ella está a punto de recoger un diploma inmensamente valioso después de desperdiciar completamente una magnífica oportunidad, de primera clase, de aprender realmente algo. En lugar de aprovechar esta oportunidad, se ha pasado los últimos cuatro años echando mano de su propia ideología para escribir artículos, participar en diversos activismos y tomar "cursos" que no son nada más que batiburrillos ideológicos. No hay ninguna señal de que ella haya sido educada en absoluto, en ningún sentido del término, ninguna señal de que haya aprendido algo de importancia sobre, por ejemplo, la historia o la economía, ninguna señal de que haya desarrollado una comprensión de la forma en que funciona el mundo, ninguna señal de que haya captado los conceptos de sus propios supuestos desafiándolos con ideas diferentes a la suya. Menciona a sus profesores en sus columnas sólo para reconvenirlos. (Varios de sus profesores, por ejemplo, la han instado a tratar de no decir "tú sabes" y "me gusta" en cada frase, lo que ella ha rechazado como un esfuerzo de sus educadores en masculinizar su lenguaje). Ella proporciona todos los ejemplos posibles de haber llegado hasta Harvard creyendo que ya sabía todo lo que necesitaba saber y de considerar su presencia en su campus como una oportunidad, pero no para obtener una educación de primera clase, sino para enturbiar las aguas de ese gran estanque.

Me concentro en Miss Korn porque ella es una de las voces más prominentes en lo que es, con mucho, la universidad más importante de los Estados Unidos, y porque ella es una figura muy representativa de unos puntos de vista que son muy comunes en un gran número de jóvenes privilegiados estadounidenses. Y en el corazón mismo de la que parece ser su representante está el hecho de que ella no tiene un pensamiento original en su cabeza, y ni siquiera se da cuenta de ello. Ella se tragó toda esa ideología y aprendió a escupir a todo lo ajeno a ella. Su falta de originalidad, su previsibilidad, son sólo comparables con su colosal confianza en sí misma. Está muy claro que por su cabeza nunca ha surgido alguna duda seria acerca de lo que parecer ser la propiedad intelectual de su generación de la crème de la crème a la que pertenece. Porque pese a toda su rabia contra el clasismo cruel de los Estados Unidos, nunca se cuestiona, en cualquiera de sus muchos artículos, el estatus de élite del que ella disfruta, tal vez sólo porque su padre fue un buen chico (¿donante?) de Harvard.

En la medida en que esta joven representa a la próxima generación de la élite estadounidense, los Estados Unidos están condenados al fracaso. El único signo de esperanza que se destaca en sus artículos es la anécdota de como cientos de estudiantes se congregaron bajo la ventana de su dormitorio para cantar "God Bless America". ¿Hubo realmente cientos? Si es así, !hurra!. No me hubiera atrevido a esperar que hubiera un puñado de estudiantes de Harvard que se comportaran de esa manera.  Dada la forma en que funcionan las cosas hoy en día en dichas universidades, me había imaginado que la oficina de admisión habría hecho un mucho mejor trabajo de captación descartando a candidatos capaces de tal comportamiento. Pero a pesar de que al parecer existen estudiantes de Harvard como esos, y tal vez incluso centenares, el hecho es que son "los y las Sandra Korn - con su desprecio por la libertad, su amor por el estilo totalitario de 'justicia social', y su determinación a la hora de purgar las 'ideologías impuras' - quienes definen dichas instituciones en nuestro tiempo, y que simplemente porque la palabra "Harvard", "Yale" o "Princeton" está impresa en sus diplomas, es casi seguro que estén destinados a carreras de gran influencia en los corredores del poder de los Estados Unidos". 

Sí, los centenares que entonaron "God Bless America" pueden llegar a Wall Street y hacer millones, pero los y las Sandra Korn irán a lugares como el New York Times y procederán a doblegar la cultura a su voluntad. Y si eso no es una noticia terriblemente deprimente, ¿qué es?

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