Friday, April 18, 2014

Gran artículo: El reconocimiento de un Israel judío es fundamental para los palestinos - Yaacov Amidror - Besa



Cualquier discusión sobre las negociaciones entre israelíes y palestinos debe comenzar con la siguiente observación: Desde la firma de los acuerdos de Oslo hace veinte años, Israel ha ajustado significativamente sus posiciones diplomáticas hacia los palestinos, mientras que los palestinos no se han movido un milímetro hacia Israel sobre cualquier tema.

Israel ha dado pasos de gigante hacia los palestinos, mientras que los palestinos han mantenido obstinadamente una posición de no compromiso con Israel. Por desgracia, el mundo no parece capaz de poder reconocerle a Israel ningún crédito por sus cambios de posicionamiento en beneficio de la paz.

Para ilustrar los cambios en las posiciones de Israel en las dos décadas que van desde la firma por Israel de la Declaración de Principios en septiembre de 1993, resulta instructivo empezar con las palabras del ex primer ministro Yitzhak Rabin. Rabin fue el principal firmante de Israel de la Declaración de Principios y del Acuerdo Interino entre Israel y Palestina en la Ribera Occidental y la Franja de Gaza (Oslo II).

En su último discurso ante la Knesset en octubre de 1995, apenas dos semanas antes de ser asesinado trágicamente, Rabin presentó dicho acuerdo ante la Knesset y especificó que la visión de Israel de esas conversaciones era que se crearía una "entidad" palestina que sería "menos que un estado". El primer ministro declaró explícitamente que Israel "no volvería a las líneas del 04 de junio 1967" (las del armisticio de 1948) y prometió que Israel mantendría el control sobre el valle del Jordán “en el sentido más amplio del término". También declaró explícitamente que Israel no congelaría la construcción en los asentamientos.

Resulta muy instructivo comparar las políticas negociadores de Rabin con las posturas negociadoras manifestadas por el actual primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, quien ahora sostiene abiertamente que aceptaría un estado palestino, e insiste en la “presencia” de fuerzas militares israelíes "a lo largo del río Jordán". Podemos decir que no sabemos exactamente lo que eso significa, pero sabemos que significa bastante más de lo que pretendía Rabin.

Rabin tampoco habló nunca de “compensar” a los palestinos con territorio de Israel - anterior a 1967 - por los bloques de asentamientos de más allá de la Línea Verde y que Israel tiene la intención de mantener. Ahora, por alguna razón, se ha convertido casi en una expectativa ampliamente aceptada que Israel va a compensar al Estado palestino con territorio propio a cambio de los bloques de asentamientos.

Tácticamente, también las posiciones de Israel han cambiado. El primer ministro Rabin nunca se comprometió a liberar a los presos palestinos condenados por asesinato. El primer ministro Netanyahu ya ha liberado a tres grupos de terroristas, y no a cambio de un acuerdo, sino más bien como una "medida de confianza" que sólo pretende traer a los representantes palestinos a la mesa de negociaciones.

Al mismo tiempo, los objetivos y las demandas palestinas se han mantenido constantes desde el período de Oslo, sin realizar concesiones de ningún tipo en los últimos veinte años.

Esta misma semana, tuve una conversación con 35 diplomáticos occidentales, muchos de los cuales han participado durante años en los asuntos entre israelíes y palestinos. Les pedí que identificaran para mí una concesión diplomática palestina u otra flexibilidad diplomática significativa en los últimos veinte años. Ellos balbucearon, vacilaron y parecieron ponerse a pensar durante un rato, hasta que uno de los diplomáticos dijo: "Bueno, Abu Mazen ha aceptado una presencia de seguridad israelí en el valle del Jordán durante 3-5 años". Esa es la única "concesión" palestina en 20 años que estos diplomáticos podían identificar, y esta "concesión" era, por supuesto, sin sentido.

En el contexto de la actual ronda de negociaciones, este patrón de inflexibilidad palestina explica la fundamental demanda del primer ministro Netanyahu de que los negociadores palestinos afirmen claramente que ellos entienden que el final de las negociaciones supondrá la presencia del Estado judío de Israel junto a un Estado árabe palestino. No nos referimos a un amorfo e indefinido "Israel", como la OLP reconoció en 1993, sino a un país judío claramente definido al otro lado de la frontera del Estado palestino. Si fuera más fácil para nuestros adversarios admitirlo, otra formulación podría ser que Israel es "el Estado-nación del pueblo judío".

Irónicamente, Israel no sería el principal beneficiario de tal declaración. Realmente tenemos poca necesidad de un "reconocimiento" palestino de nuestro derecho a vivir en esta tierra. La justicia moral, histórica y jurídica de un Estado judío en la Tierra de Israel está fuera de duda o de debate serio.

Más bien, el reconocimiento palestino de la permanencia de un Estado judío es crítico, primero y sobre todo, para los propios palestinos. Los líderes palestinos y la población laica por igual, tienen que empezar a ponerse de acuerdo con esta realidad, sobre todo hablando de ello en público y comenzando a educar a las jóvenes generaciones de ello.

De hecho, mi participación en las negociaciones y en las reuniones privadas con los palestinos durante el año pasado ha vuelto evidente para mí que el proceso diplomático no trata de "tierras por paz". No se trata de las fronteras de 1967, sino de desentrañar el conflicto entre Israel y los palestinos que se remonta a 1948. Por lo tanto, si un acuerdo entre Israel y los palestinos no incluyera el reconocimiento palestino de Israel como el Estado-nación de los judíos, dicho acuerdo no valdría ni siquiera el papel en que está escrito.

Creo que vale la pena tener en cuenta que desde cierto punto de vista, la posición palestina es comprensible. No hay ningún ejemplo en la historia de la humanidad en la que un pueblo volviera a su tierra ancestral después de un exilio de 2.000 años. Los palestinos, por lo tanto, están en lo correcto al preguntarse por qué, si no hay ningún precedente para el objetivo principal del sionismo, su nación debería tener que inclinarse ante el único ejemplo de un pueblo antiguo que regresa a su tierra.

Esta es precisamente la razón por la cual es fundamental que los palestinos digan abierta y claramente que el resultado del proceso de paz entre Israel y Palestina será un Estado judío junto a un Estado palestino. Es esencial que un acuerdo de paz, si se firma, incluya el total reconocimiento palestino de que las reclamaciones palestinas tradicionales, con respecto al nacimiento de Israel en 1948, están cerradas para siempre. Esta declaración seguramente les será muy difícil.

Los negociadores palestinos se oponen a la insistencia de Netanyahu de que reconozcan a Israel como un Estado judío porque dicen que es una "nueva" demanda israelí diseñada para evitar cualquier emergente acuerdo de paz.

Eso no es cierto. Yitzhak Rabin entendió la importancia de este tema. Por eso exigió la modificación de las cláusulas de la Carta de la OLP. El ex primer ministro Barak lo entendió de nuevo en Camp David, cuando se ofreció a firmar un acuerdo con Yasser Arafat siempre que éste aceptara que el acuerdo pusiera fin a todas las demandas palestinas ("el fin del conflicto").

Ambos líderes también entendieron que el amorfo e indefinido "reconocimiento" de Israel por la OLP en 1993 no era suficiente, ya que daba cabida a que los líderes palestinos manejaran la idea de que la fórmula de dos estados para dos pueblos en realidad podría ser revisada a fin de crear dos estados para un solo pueblo. Esa preocupación continúa asaltando al actual primer ministro - con su fuerte sentido de la historia - y es la razón por la que ha hecho de este tema como un tema central.

Para que las negociaciones en curso tengan algún significado, los palestinos deben reconocer que el objetivo de las conversaciones es consagrar la permanencia del Estado judío de Israel junto a un Estado palestino, por el bien de los palestinos y por el bien de una paz verdadera.

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