Saturday, April 26, 2014

La maldición de la corrección política - Dror Eydar - Israel Hayom



1. Es insoportable con que facilidad se pueden sacudir los cimientos de la sociedad libre.

No hace mucho tiempo, Brendan Eich, el director general de Mozilla, fue despedido de la empresa, la cual es responsable del navegador Firefox entre otras cosas. Este pobre hombre fue despedido porque los grupos de gays y lesbianas se enteraron de que una vez había donado 1,000 $ a la campaña en favor de la Proposición 8 de California, que pretendía volver inconstitucional el matrimonio entre personas del mismo sexo en ese estado, y ello mediante la definición del matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer.

Aunque todo el mundo está de acuerdo en que nunca discriminó a nadie mientras estuvo en la empresa sobre la base de la orientación sexual, él creía que el matrimonio debía ser entre un hombre y una mujer, "Dios no lo quiera". Como resultado, los fundamentalistas liberales amenazaron con boicotear a la empresa, una medida que llevó rápidamente al despido de Eich.

Cambiando de tema, la Universidad Brandeis decidió recientemente otorgar un premio y un título honorario a la activista somalí a favor de los derechos de las mujeres, Ayaan Hirsi Ali, la cual se hizo famosa por su valiente defensa de los derechos de las mujeres en el mundo musulmán.

Pero entonces llegaron los fundamentalistas liberales, y con la libertad de expresión quemándoles la garganta, y con la espada del boicot reluciendo entre sus manos, decidieron aplicar una enorme presión a esa universidad "judía". Argumentaron que Hirsi Ali era una "islamófoba" y una "racista". En la actualidad, Hirsi Ali es una intelectual increíble que, como musulmana, fue sometida a los nueve círculos del infierno (ella sufrió la ablación y fue obligada a casarse contra su voluntad, entre otras cosas) antes de poder ser capaz de huir a Occidente. Desde entonces, ha publicado varios libros y bastantes artículos sobre esa gran mentira muy a menudo oscurecida y ocultada por la cultura occidental: el estado vergonzoso de la mujer en el mundo musulmán y la ingenuidad occidental cuando se trata de las aspiraciones totalitarias del Islam. Una de las líderes feministas más conocidas, Germaine Greer, acuñó el refrán, "el embellecimiento de un hombre es la mutilación de otro hombre". Esto es cierto sobre todo a la inversa: la ablación femenina, considerada como un delito en la sociedad occidental, es en realidad completamente legítima a los ojos de la tiranía mundial del pensamiento políticamente correcta. Incluso la comparan a nuestra circuncisión judía.

Desafortunadamente para ella, Hirsi Ali cree en algo que se aparta de lo que esos coros de la izquierda dictan que es bueno y justo para todos nosotros. Y es por esto que también se utilizó en su contra el arma del boicot y del silenciamiento. Y en efecto, los cobardes dirigentes de la Universidad de Brandeis cedieron a la presión y dejaron sin efecto su premio. Una gran victoria para los matones de silenciamiento, pero una enorme vergüenza para esa universidad que demostró ser tan estrecha de miras.

2. Hace apenas un año, no muy lejos de Brandeis, se produjo el atentado del Maratón de Boston. Tres personas fueron asesinadas y cientos resultaron heridas. Pero, ¿quién fue el responsable del ataque?

Si tomamos como referencia el discurso del presidente Barack Obama de la semana pasada en conmemoración del acontecimiento, podríamos deducir que se trató simplemente de un desafortunado accidente, una incalificable "tragedia". Como era de esperar, el discurso de Obama incluyó un montón de clichés, a la manera del mejor estilo de ese Hollywood que se conoce como "el espíritu de Boston", repleto de cantos al amor y al nuevo día, y de "no a la guerra".

El líder de la mayor superpotencia del mundo no dijo ni una sola palabra sobre lo que realmente sucedió allí, en Boston, un año antes: un ataque terrorista llevado a cabo por musulmanes en nombre del Islam contra los estadounidenses, y de hecho en contra de Occidente. Esta es la maldición de la corrección política y de la exigencia de un seguimiento de un riguroso lenguaje buenista dirigido a controlar a la opinión pública. En este caso, nunca hay que mencionar las palabras "terrorismo" e "Islam" juntas. Es empleando estas ideas que la izquierda mundial está actuando sin descanso para silenciar a sus rivales ideológicos, a pesar de que harían mejor si unieran sus fuerzas para luchar por la existencia del mundo libre.

Hace unos 18 meses, me entrevisté con el profesor Afshin Ellian, una experta abogada de Irán y una pensadora que vive en Holanda, después de huir del régimen de los ayatolás de Irán. Al igual que Hirsi Ali, Ellian ha advertido a Occidente de los peligros del Islam radical. Ella también ha sufrido a manos de la élite liberal, que constantemente se muestra reticente a escuchar cualquier crítica del Islam, aferrándose a una multiculturalidad fanática donde todas las culturas son exactamente iguales. Incluso las costumbres más bárbaras poseen una verdad relativa, y todo ese tedioso galimatías liberal.

¿Acaso no se supone que una auténtica sociedad liberal debe contener opiniones opuestas? Uno puede asumir con toda seguridad que las opiniones de Hirsi Ali y de Ellian representan una parte sustancial de la sociedad occidental. ¿Pero estos puntos de vista acaso no pertenecen por propio derecho al debate público legítimo? ¿Y qué pasa acerca de las opiniones que niegan la idea del calentamiento global? ¿O el debate en torno a la unidad de la familia y la institución del matrimonio? ¿Está prohibido escuchar a cualquier persona que crea que un matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer? Si es así, ¿entonces dónde está ese famoso debate público? Nadie está pidiendo a la izquierda mundial que de permiso para que puedan oírse opiniones contrarias a las suyas, pero una universidad se supone que es una fortaleza pluralista, un verdadero mercado de las ideas, ¿no es así? Supongo que ya no.

3. George Orwell escribió su libro "1984", sobre una sociedad comunista al estilo soviético. Dieciséis años antes, en 1932, Aldous Huxley publicó su libro "Un mundo feliz", que también giraba en torno a una sociedad totalitaria, pero en este caso, una que era aparentemente democrática y liberal. Su totalitarismo se manifestaba en su intolerancia ante cualquier desviación de la línea oficial. Más tarde, en la década de 1960, todo el mundo quería ser individualista. Pero cualquier persona que tratara de ser un individualista de una manera que fuera diferente a la practicada por la manada de individualistas que le rodeaban, era rechazada.

Parte de la doctrina de silenciamiento de sus rivales practicada por la izquierda sostiene que nunca debe dárseles una plataforma pública donde expresar sus puntos de vista, y así poder evitar concederles la apariencia de "normalidad" en el discurso público. Así, los medios israelíes impiden sistemáticamente la presencia de personalidades en la radio y en la televisión con opiniones conservadoras o de derechas, por no hablar de los colonos, Dios no lo quiera, sobre todo en programas del prime time.

Durante la década de 1990, la izquierda tomó medidas para cerrar el único canal dirigido por los colonos que vivían en Judea y Samaria y Gaza. Hoy, la izquierda (junto con algunos tontos útiles de la derecha) está tratando de silenciar al Israel Hayom. En los departamentos de humanidades de las universidades de Israel se aseguran de no adjudicar plazas de enseñanza a los profesores considerados conservadores o de derechas, y se reparten premios sólo a aquellas personas que consideran adecuadas, y así sucesivamente.

Por otro lado, los canales de la radio y de la televisión nacional están llenos de periodistas cuyas visiones del mundo se corresponden más o menos con la escuela de pensamiento de la izquierda (hasta el punto de llegar al antisionismo y al radicalismo). Fue muy fácil ver cómo el profesor de educación cívica Adam Verete (que fue amenazado con ser despedido después de que una estudiante lo acusó de expresar y publicitar puntos de vista de extrema izquierda en sus clases) se convirtió rápidamente en un personaje favorito de los medios, mientras que la estudiante de 17 años de edad que se atrevió a desafiarlo fue presa de unos graves intentos de ridiculización. Lo que contaba era su "alineación con el campo político rival". Desde una perspectiva política, si la situación se hubiera invertido, es decir, si esa estudiante se hubiera negado a inclinarse ante la autoridad de un ideólogo de derechas y hubiera insistido en ejercer su derecho a un libre pensamiento y a la crítica, habría sido ensalzada como una heroína local al estilo de Juana De Arco. No hay escasez de ejemplos.

Y no es que los republicanos o los conservadores estén implantando el macartismo, esa es la idea que le gusta difundir a la maquinaria de propaganda de la izquierda. La verdad en realidad es exactamente la contraria: una abrumadora mayoría de los peores regímenes del mundo, lugares donde el genocidio fue una cuestión de rutina, fueron y son regímenes con una ideología de izquierdas. Cualquier empresa que despida a un director general por su objeción al matrimonio entre personas del mismo sexo, desestimará a otra persona por la posesión de los mismos, u otros, inapropiados puntos de vista pasado mañana. Cualquiera que hoy revoca un título honorario por unos puntos de vista críticos del Islam, revocará la libertad de cualquier hombre o mujer que se niegue a tragar con las ideas políticamente correctas imperantes.

El peligro es que esta situación vaya a degenerar rápidamente en violencia, ya que en ausencia de voces públicas que representen a otros puntos de vista comunes, y sobre todo a la falta de espacio para opiniones de todo tipo que desmientan expresamente las principales creencias de la izquierda, todo lo que permanecerá en el espacio público será una "unificada voz legítima" con matices exclusivamente de la izquierda. Es por esta libertad que se libra la batalla.

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