Friday, April 18, 2014

Prepárense para un siglo de guerra diplomática - David M. Weinberg – Israel Hayom


La última ruptura de las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos lleva a la conclusión de que, por desgracia, un acuerdo global para poner fin al conflicto no será de fácil acceso. Por supuesto, Israel puede y debe negociar acuerdos parciales con la Autoridad Palestina con el fin de manejar la situación y mejorar la calidad de vida de todos. Pero los palestinos parecen haber rechazado una verdadera solución de dos estados para dos pueblos como final del conflicto.

El liderazgo palestino no renunciará al llamado "derecho de retorno" de los refugiados palestinos a Israel, ni reconocerá a Israel como un Estado judío, ni declarará el final de todas sus demandas contra Israel, algo que, por supuesto, representa las expectativas de Israel para un auténtico acuerdo de paz.

Los palestinos consideran esas expectativas israelíes como una trampa; como una "celda" que solo les permitiría una soberanía restrictiva. Ciertamente no sienten urgencia por lograr una solución de dos estados de ese tipo. En lugar de ello, buscan un Estado palestino y una no finalización del conflicto. De hecho, ellos quieren un estado con el fin de mejorar la continuación del conflicto.

Y para lograr esto, el liderazgo palestino ha establecido otros 10 años, o inclusive otros 100 años, de guerra diplomática contra Israel con el objetivo de llevar a Israel hacia abajo, desde dentro y desde fuera.

Así pues. la Autoridad Palestina planea intentar una vez más la "internacionalización" del conflicto, atacar a Israel con una "guerra jurídica" desde todos los ángulos posibles internacionales, buscando el boicot y el aislamiento de Israel en todos los ámbitos, y estigmatizando a los israelíes como criminales de guerra y racistas al estilo apartheid. En definitiva, difamar a Israel como una amenaza para la paz mundial.

La Autoridad Palestina espera desestabilizar a la sociedad israelí desde dentro profundizando las divisiones entre la izquierda y la derecha, y debilitar a Israel fomentando una división cada vez mayor entre la judería de Israel y las de la Diáspora.

Ante esta triste realidad se plantea una pregunta crítica: ¿Es Israel orientado, social y diplomáticamente, para repeler este asalto palestino? ¿Tenemos la solidaridad social y la unidad política necesaria para soportar una prolongada y ofensiva deslegitimación árabe? ¿Creemos profunda y suficientemente en la justicia de nuestra causa?

¿O bien la opinión pública israelí, tan saturada de fantasías desde la época de Oslo, ya no tiene la necesaria energía para sostener y defenderse de una malintencionada guerra diplomática promovida por el movimiento nacional palestino?

¿Acaso los redobles de los "Paz Ahora", "La Paz para muy pronto" y "La Paz simplemente al borde de la esquina si solo cedemos un poco más y damos algo más a los palestinos" han minado la capacidad de los israelíes y de los judíos de la diáspora a la hora de resistir ante un prolongado conflicto con los palestinos?

¿Acaso la lucha contra un revanchista, revolucionario e irreconciliable movimiento nacional palestino - uno que nunca estará satisfecho con un "pequeño Estado" palestino en Cisjordania y en una Gaza "ocupada" por Israel - va más allá de las capacidades y energías de Israel?

¿El hecho de que los israelíes hayan comprado tan a fondo la falsa creencia de que la "ocupación es corruptora" supone que ya no tendrán el suficiente sentido de superioridad moral para resistir las calumnias palestinas?

¿Es posible que los israelíes hayan aceptado de una manera tan completa esa argumentación derrotista que afirma que "Israel está condenada" a menos que una solución de dos estados se imponga rápidamente, que en ausencia de esta solución, de esa especie de Santo Grial, no podrá resistir la pelea?

Los palestinos desde luego esperan que sí. Ellos cuentan con la debilidad de Israel, con un Israel demasiado dependiente del amor occidental, de las comodidades occidentales y de los mercados occidentales. Ellos cuentan con una sociedad israelí post-ideológica, sedentaria, que ya no esté orientada para sostener una guerra, diplomática o de otra manera; y con una diáspora judía liberal cada vez más distanciada de Israel.

Ellos cuentan con una sociedad israelí que sólo sepa culparse a sí misma o culpar al campo político israelí rival, y no se una en la batalla contra un adversario externo implacable y decidido.

Es hora de que los israelíes y los judíos en todo el mundo se unan y demuestren a los palestinos que se equivocan.

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