Thursday, May 01, 2014

Muy interesante y realista: Los israelíes están discutiendo acerca de una realidad inexistente - Yoaz Hendel - Ynet



La mayoría de las personas están apegadas a su imagen (la que creen tener o quieren tener). La mayoría de los políticos también están apegados a la imagen de las personas que los eligen (y que creen que tienen). Esta es la mayor tragedia de la ministra de Justicia Tzipi Livni. Y esta es también la gran tragedia del ministro de Economía Naftali Bennett. Ambos ahora están sentados en el gobierno, pero ambos no son capaces de que eso afecte a su política.

Desde hace muchos años, los palestinos han estado dictando la política exterior del Estado de Israel: construimos en Jerusalén como una respuesta a los palestinos, amenazamos con la anexión como una respuesta a los palestinos, liberamos a terroristas como un mensaje a los palestinos, anunciamos un proceso de paz y nos embarcamos en él básicamente en función de los tiempos de los palestinos.

Israel, realmente, se ve arrastrado por ellos. Las decisiones están siendo tomadas constantemente en función de otros. No hay decisiones israelíes solamente porque sean las correctas y las más adecuadas para nosotros, la cuestión es que no podemos más que reaccionar.

Después de 20 años de negociaciones, ha llegado el momento para nosotros de interiorizar que Mahmoud Abbas no quiere un acuerdo de paz. Él es incapaz de dar ese paso, independientemente de si la causa es política o de mentalidad. Abbas ha estado siempre ahí con más o menos favorables o convenientes líderes israelíes y presidentes estadounidenses. Al final el tema es que llega al mismo punto.

Aquellos que culpan al primer ministro Benjamin Netanyahu por el fracaso de las conversaciones, olvidan que los ex primeros ministros Ehud Olmert y Ehud Barak también fracasaron antes que él. Se puede acusar a Netanyahu de vacilación, se puede decir que es incapaz de tomar decisiones, pero no se le puede culpar por el hecho de que Abbas, con unos y con otros, sea siempre Abbas.

En el Estado de Israel actual hay una minoría izquierdista post-nacional. Su punto de vista fundamental es servir el interés palestino. Esa minoría está más repleta de sentimientos de culpabilidad que de sentimientos de pertenencia. Cada vez que las conversaciones entre las partes fracasan, esa minoría lo interpreta como una prueba más de la injusticia israelí. Cada vez que estalla una ronda de violencia, utiliza el fracaso del proceso de paz - culpa de Israel - para explicarla o justificarla. Siempre hay una causa y un resultado. La causa es Israel y el resultado es palestino.

Tzipi Livni, el líder de los laboristas Isaac Herzog y la mayoría de los miembros del Meretz no forman parte de esa minoría. Ellos ven la realidad, la entienden muy bien, pero les resulta difícil decirlo en voz alta. Tzipi Livni nos pide que no declaremos la desaparición del proceso de paz porque le proporciona vitalidad política y legitimidad. Herzog y la líder del Meretz, Zahava Gal-On, quieren que sepamos que ellos podrían haberlo hecho de otra manera.

Todos ellos están comprometidos con la imagen de pacificadores, están comprometidos con aquellos votantes que creen que si únicamente lo quisiéramos un poco más (y cediéramos en nuestras exigencias), podríamos ser capaces de crear un documento o llegar a un acuerdo que pusiera fin al conflicto. Su imagen es vinculante y determinante, aun cuando la conciencia de la realidad existente es que es una mierda.

En el otro lado tenemos a Bennett. Constantemente habla de que un acuerdo de paz es imposible, y esa misma declaración sugiere lo que es realmente imposible. Sus sugerencias para una separación de los palestinos son puramente teóricas. Se refiere a una anexión territorial, pero también sabe que ese territorio nunca se anexionará. Bennett lo sabe perfectamente, pero él se siente cómodo porque sabe que la carga de configurar la realidad no cae sobre sus hombros. La imagen le obliga a oponerse a las negociaciones, no a crear alternativas hacia una dirección diferente.

Esta es la realidad de Israel: una paz que no puede materializarse y un conflicto político que no parece tener fin. A diferencia de las palabras lanzadas al viento por el secretario de Estado americano John Kerry, Israel no quiere, ni se va a convertir en un estado de apartheid porque siga sin haber paz, al igual que los EEUU no se convirtieron en una democracia fallida porque no lograron extender la democracia por el mundo. A veces el ideal choca contra un muro de hierro. Es desagradable, pero es la realidad.

El Estado de Israel es una democracia liberal con un extenso territorio que requiere decisiones. No se puede negar el hecho de que se debe configurar una política. Por otro lado, no se puede inventar un acuerdo que no existe, a pesar de los deseos de la administración estadounidense. El argumento más importante entre la izquierda y la derecha en Israel no es la paz, sino la manera o la técnica de fijar una separación entre nosotros y los palestinos. Siempre y cuando sigamos sin discutir acerca de la realidad, por lo menos deberíamos dar forma a esa separación.

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