Friday, June 13, 2014

El día D (el desembarco en Normandía) y el legado nazi en el mundo árabe - Petra Marquardt-Bigman


A raíz de la conmemoración el pasado fin de semana del 70 aniversario de ese asalto histórico a la Francia ocupada, el respetado analista y comentarista árabe Hussein Ibish publicó un tuit sugiriendo que la participación en el desembarco de algunas fuerzas reclutadas en países árabes invalidan lo que él denomina el "mito" de que "los árabes se pusieron del lado de los nazis".

Cuando le respondí que "el hecho de que algunos árabes fueron reclutados por los aliados no convierte la colaboración árabe con los nazis en un  mito", se desencadenó un acalorado intercambio. Ibish me contrarrestó diciendo que, aunque hubo sólo unos pocos colaboradores árabes de los nazis, hubo "numerosos árabes que tomaron las armas contra las fuerzas del Eje". Procedió luego a citar cifras concretas, por ejemplo, alegando que "9.000 palestinos se alistaron en el ejército británico durante la guerra", y si bien no enlazaba con ninguna fuente, Ibish definitivamente no merece ser sospechoso de inventarse los hechos.

Sin embargo, incluso si suponemos que es correcto que 9.000 árabes de la Palestina del Mandato Británico se alistaron en el ejército británico, esta cifra queda eclipsada por los 30.000 voluntarios judíos de la Palestina gobernada por los británicos que sirvieron en las fuerzas británicas durante la Segunda Guerra Mundial. Además, los refugiados judíos que habían escapado de las zonas controladas por los nazis en Europa, también se ofrecieron como voluntarios para unirse a la lucha contra la Alemania de Hitler. En total, cerca de 1,5 millones de judíos lucharon en los ejércitos regulares aliados, lo que supone decir que representaban aproximadamente al 10% de la población judía mundial en 1940.

Por supuesto, al final de la Segunda Guerra Mundial unos seis millones de civiles judíos habían sido asesinados por los nazis, y un cuarto de millón de soldados judíos habían perdido la vida luchando con los aliados.

El número - y porcentaje - de combatientes judíos es asombroso, y quizás no sea sorprendente que, en un momento durante el intercambio, Ibish trasladara su foco original de los árabes a los musulmanes, incluyendo incluso a los musulmanes de la India gobernada por los británicos para así reforzar sus números. Pero esto no debe ser un juego de números; y tampoco tiene mucho sentido asumir que los reclutas árabes y musulmanes de las zonas bajo dominio colonial lucharon con los aliados, ya que parece difícil pensar que estuvieran motivados por una oposición apasionada a la ideología nazi, y mucho menos, por el odio a los judíos de los nazis. Hacia el final del intercambio, Ibish afirmó que yo quería creer que "los árabes / musulmanes eran generalmente pro-nazis", y añadió con demasiada confianza: "Buenas noticias: ellos no lo eran".

Dado que yo realice mi doctorado sobre un tema de alguna manera relacionado - la inteligencia de EEUU en Alemania durante la década de 1940 – me cuesta asumir aquello que parecía decir Ibish. Dudo que haya estudios confiables acerca de lo que los árabes y los musulmanes, en general, sentían acerca de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, y dado que había incontables millones de árabes y musulmanes viviendo en una gran pobreza y teniendo muy poca educación en esos momentos, muchos probablemente no sabían nada para tener una opinión informada. Sin embargo, sí sabemos que los nazis invirtieron considerables esfuerzos para apelar a las audiencias árabes y musulmanes a través de emisiones y otro tipo de propaganda, y varios académicos han presentado argumentos convincentes de que el legado tóxico de esa propaganda y de la colaboración entre el régimen nazi y algunos líderes árabes aún persiste vivo en el Oriente Medio.

Así que si bien es cierto que, evidentemente, las fuerzas árabes y musulmanes participaron por diversas razones en los esfuerzos aliados para derrotar a la Alemania nazi y a las potencias del Eje, también es por desgracia cierto que las ideologías desarrolladas por los colaboradores y simpatizantes árabes y musulmanes de los nazis han permanecido profundamente arraigadas en el Oriente Medio a lo largo de las siete décadas que han pasado desde el día D.

Es interesante que en este contexto Ibish vinculara en nuestro intercambio en Twiter uno de sus artículos en los que denunciaba la "muy preocupante tendencia de tantos observadores occidentales, y en cierta medida también de tantos árabes, de aplicar diferentes raseros[...], de ser muy duros con los demagogos populistas y los fanáticos religiosos occidentales, por un lado, y permanecer neutrales, indiferentes o incluso "comprensivos" con sus homólogos árabes, por el otro".

Pero por desgracia, este tipo de doble rasero tan diferente también se aplica cuando se trata de la herencia del nazismo en el Oriente Medio. En Europa y en los EEUU, un grupo que se identificara con un texto ni remotamente parecido con la Carta de Hamas no tendría ninguna oportunidad de ganar legitimidad política; sin embargo, cuando la Autoridad Palestina apoyada por Occidente forma un "gobierno de unidad" con Hamas, no hay escasez de analistas, expertos y políticos que "sostienen que esto, después de todo, resulta aceptable, puesto que Hamas tiene un electorado importante entre los palestinos, y entonces ya no parece importarles los ecos inconfundibles de la ideología nazi en los estatutos del grupo islámico".

También existe una disposición similar a ignorar las conexiones nazis de la Hermandad Musulmana. De acuerdo con un informe de la inteligencia estadounidense del 1 de junio de 1946, el regreso a Egipto del aliado de Hitler, el gran mufti de Jerusalén Amin al-Husseini, fue bien recibido por Hassan Al-Banna, el líder de los Hermanos Musulmanes, quien elogió a Husseini en un comunicado para la Liga de los Emiratos como un "héroe que desafió a un imperio y luchó contra el sionismo, con la ayuda de Hitler y Alemania. Alemania y Hitler se han ido, pero Amin Al-Husseini continuará la lucha".

Como Rubin y Schwanitz han hecho notar, al-Husseini de hecho "se mantuvo como el histórico líder árabe palestino hasta que pudo ungir a Yasser Arafat como su sucesor durante las reuniones celebradas entre ellos en 1968, y seleccionó a Said Ramadán [su yerno y padre del actual profesor de Oxford Tariq Ramadán] como su sucesor para liderar el movimiento islamista con sede en Europa. 

Aún más importante fue el papel de al-Husaini como líder del movimiento islamista internacional, logrando que sobreviviera en los años de vacas flacas de las décadas de 1950 y 1960. Cuando el islamismo revivió en la década de 1970, su ideología llevaba la marca de al-Husaini y de los demás colaboradores de los tiempos de la guerra, especialmente los Hermanos Musulmanes".

Pero mientras que al-Husseini sigue siendo aclamado como un héroe palestino – y en esto se incluye a Mahmoud Abbas  -, un profesor palestino que se atrevió a principios de este año a llevar a sus estudiantes a Auschwitz, fue amenazado y calumniado y, finalmente, debió renunciar a su puesto.

Como estos y otros innumerables ejemplos ilustran, aunque hubiera importantes fuerzas árabes y musulmanas ayudando a derrotar a los nazis hace 70 años, el legado nazi en el Oriente Medio aún debe ser derrotado.

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