Thursday, June 12, 2014

¿Fue realmente el pogromo de Farhud un asunto nazi? - Lyn Julius - Algemainer



La semana pasada fue el 73 aniversario de un acontecimiento catastrófico en los trágicos anales de los judíos de Irak: el pogromo, los días 1-2 de junio de 1941, de Farhud, que siendo un término kurdo que significa “despojo violento", entró en erupción en la cima de la Segunda Guerra Mundial.

Durante los dos días de disturbios coincidentes con la fiesta judía de Shavuot, una turba frenética, incluyendo a policías y vecinos árabes, asesinó a aproximadamente 180 judíos en Bagdad y en otras ciudades (la cifra exacta no se conoce); 242 niños quedaron huérfanos, decenas de mujeres fueron violadas, hubo cientos de heridos y fueron saqueadas 900 casas y 586 tiendas de propiedad judía. Aunque algunos árabes defendieron heroicamente a sus vecinos judíos, abundan las historias de las mujeres embarazadas evisceradas, de bebés mutilados, y de pacientes judíos a los que los hospitales negaron tratamiento o bien envenenaron. Los muertos fueron enterrados apresuradamente en una fosa común.

¿Representó solamente otro espasmo de violencia, tal solía como ocurrir de vez en cuando a lo largo de 14 siglos de "coexistencia" y “convivencia” entre judíos y musulmanes? ¿O debería considerarse al Farhud como un acontecimiento relacionado con el Holocausto nazi?

En un desarrollo fascinante del que informa el Haaretz, tres abogados están litigando solicitando una demanda contra el gobierno israelí. Si se puede probar que la Alemania nazi estaba detrás de esta pogromo particularmente sangriento, entonces los sobrevivientes del Farhud tendrían derecho a reclamar los beneficios de una compensación estatal del Estado de Israel como víctimas de la persecución nazi.

Los demandantes afirman que los disturbios y las violencias contra los judíos de Irak fueron "el resultado directo de una incitación deliberada y organizada por la propaganda alemana nazi, cuyo propósito era hacer que los judíos de Irak resultasen odiosos a los propios habitantes árabes de Irak, para que estuvieran motivados para atacar a sus vecinos judíos". La evidencia histórica incluye correspondencia de los ejércitos alemán y británico, y un informe de investigación sobre el Farhud, que Irak hizo público en 1958.

La figura clave en la financiación y difusión de la propaganda nazi fue Fritz Grobba, el embajador alemán en Bagdad desde 1932. Entre otras actividades, Grobba adquirió el periódico Al-Alam Al-Arabi, en el que se publicó una traducción al árabe del Mein Kampf de Hitler. También invitó a oficiales e intelectuales iraquíes a viajar a Alemania en calidad de invitados del partido nazi. Además dio apoyo financiero a grupos nacionalistas juveniles de Irak y les proporcionó materiales de la propaganda nazi. Inclusive una delegación del movimiento juvenil nacionalista Al-Futuwwa  visitó Alemania en mayo de 1938, asistió a la conferencia del partido nazi en Nuremberg, y regresó a Irak armado con mensajes antisemitas sobre el poder, la corrupción y las conspiraciones judías.

El Farhud tuvo lugar inmediatamente después de la derrota por parte de las fuerzas británicas del efímero gobierno pro-nazi de Irak, encabezado por Rashid Ali (al-Gailani), y la huida de sus principales actores.

Grobba también financió en mayo de 1941 el golpe de Rashid Ali transfiriéndole decenas de miles de lingotes de oro. En una reunión del comando supremo alemán del 7 de mayo de 1941, Hitler resolvió "ayudar a Irak bajo todas las formas posibles, incluyendo el envío de armas, municiones, dinero y ayuda militar".

Argumentando el caso de la defensa (la Autoridad de los derechos de los sobrevivientes del Holocausto ante el Ministerio de Finanzas israelí), los historiadores afirman que Irak estaba muy abajo en la lista de prioridades de Alemania; que Grobba no era un "confeso" nazi; que la propaganda nazi era marginal; que los nacionalistas árabes reclutaron el apoyo nazi con el fin de derrotar a los ingleses, lo que no pudieron lograr; y que el Farhud fue cosa simplemente del clásico antisemitismo árabe, sin añadir el nazismo a la mezcla.

Pero como argumenta Edwin Black en su libro seminal Farhud, la Alemania nazi necesitaba cada vez más petróleo iraquí según avanzaba la guerra. Las aperturas árabes a Hitler, rechazadas inicialmente, se les dio finalmente la bienvenida. En su entusiasmo por acusar a Grobba, el caso de la acusación parece restar importancia al papel del Mufti de Jerusalén, Haj Amin al-Husseini, exiliado en Bagdad entre 1939 y 1941.

Colocando el enfoque de la persecución en Alemania, los partidarios árabes del nazismo se convierten en meros títeres, sin agenda propia.

El Mufti buscó la licencia nazi para el exterminio de los judíos en los países árabes, así como Palestina, "bajo la misma forma en que el problema se resolvió en los países del Eje". El muftí  jugó un papel clave en la incitación de la población musulmana contra los judíos en sus dos años de estancia en Bagdad. Con él había cientos de propagandistas palestinos y sirios difundiendo su nocivo antisemitismo. Huyendo de Bagdad antes del avance de las fuerzas británicas, unos pocos días antes del Farhud  y poco después de la caída del gobierno pro-nazi de Rashid Ali  - con que había conspirado para legar al poder, el Mufti clavó firmemente su bandera en el mástil nazi cuando se pasó el resto de la guerra como invitado de Hitler en Berlín. Aun así, el caso de la acusación no busca probar la intención por parte de los nazis iraquíes de llevar la solución final al Medio Oriente.

Pero para Edwin Black, su propósito era claro. Él escribe: "Los planes originales para la acción anti-judía del 01 de junio tenían la intención de imitar las campañas de exterminio nazi en Europa".

Al igual que en Polonia, se compilaron listas de judíos. En un encuentro escalofriante celebrado el 28 de mayo con el Gran Rabino Sassoon Kadoori, el autodenominado gobernador pro-nazi de Bagdad, Yunis al-Sabawi, les dijo a los judíos de Bagdad que se encerraran en sus casas, que cocinaran alimentos suficientes para un viaje de tres días, que empacaran lo que pudieran en una maleta pequeña, y que se prepararan para ser transportados a campos de detención en el desierto.

Al día siguiente, al-Sabawi emitió un llamamiento a las unidades militares y nazis de Irak para exterminar a los judíos Baghdadi, en lo que Edwin Black llama un "pogromo asesino masivo". Incluso tenía su discurso de la "victoria" preparado. En previsión de ciertas masacres, el movimiento juvenil Futuwwa andaba marcando huellas de “hamsa” (manos) rojas en las puertas de las casas judías.

Aunque los planes de al-Sabawi fueron frustrados en el último momento, el escenario estaba listo para la Farhud contra los judíos quienes con sus mejores ropas celebraban Shavuot - pensando que el peligro había pasado, y se aventuraban a salir de sus hogares.

"Los autores de la Farhud no fueron una pandilla ni unos pocos oficiales errantes", continúa Edwin Black. "Fue un movimiento de masas desatado, que aprobó en términos generales el deseo de los nazis de destruir a los judíos".
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Centrándose principalmente en las actividades del "supuesto" nazi Fritz Grobba, los abogados no han logra transmitir el sentido de cuán profundamente había infectado a Irak el pensamiento nazi. Ya en la década de 1930, numerus clausus o cuotas al estilo nazi se aplicaban a los judíos de Irak en el servicio público y en la educación. El nazismo además inspiró los movimientos nacionalistas árabes, como el Partido Baath, a marginar ya  excluir a los judíos y a los no árabes. Por ejemplo, el primer acto del Irak independiente fue la masacre de 600 asirios.

Sorprendentemente, el legado del nazismo pervivió después del final de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Liga Árabe redactó una serie de leyes discriminatorias que recuerdan a las de Nuremberg. El éxodo masivo de los 140.000 judíos de Irak, y la destrucción de las comunidades judías pre-islámicas de todo el mundo, siguieron un patrón similar de victimización al de los nazis - desmantelamiento, despojo y expulsión -, sin embargo, los estados árabes nunca han sido llamados a rendir cuentas.

Pero esta demanda presentada en Israel es importante porque, por primera vez, se intenta formalmente arrojar luz sobre los vínculos entre los nazis y los países árabes. Las alegaciones de los demandantes han sido hasta ahora rechazadas, pero están decididos a presentar su caso ante el tribunal más alto del país.

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