Sunday, June 01, 2014

Judíos en Francia: Cinco columnas, pero sin querer adentrarse en la verdad - Shmuel Trigano



El titular, sobre cinco columnas en la primera página, en el Fígaro del viernes 09 de mayo 2014, "Cada vez más judíos abandonan Francia por Israel" era un acontecimiento en sí mismo. Pero en tanto "esa novedad" resultaba grandilocuente,  como la explicación que se proporcionaba en toda la página que le estaba consagrada, la noticia quedaba anulada por su trivialidad.

El escenario del artículo se resumía en el subtítulo, es decir, que "esa partida de los judíos franceses no tenía nada que ver con el progreso del sentimiento antisemita en Francia". Entonces, nos preguntamos, por qué llevar al titular de primera página que los judíos se iban, si ya otros franceses emigran a Australia o Londres... Sin embargo, la gran noticia era precisamente la salida de los judíos franceses hacia Israel en clima marcado por 14 años de "antisionismo".

Lo que hay de fascinante en este "no acontecimiento" en titulares es constatar que, desde el principio hasta el final, el antisemitismo no ha sido reconocido como lo que es tanto por la opinión pública - los medias - como por los poderes públicos. De hecho, comenzó a describirse bajo la fórmula engañosa de "tensiones intracomunitarias", una fórmula que vuelve a las víctimas corresponsables con los agresores, y parece terminar con la misma ocultación del antisemitismo bajo la aliviadora atribución a una "emigración económica y por libre elección". En resumen, las quejas de los judíos de Francia han sido ignoradas e incomprendidas desde el principio hasta el final.
 
No se puede negar, por supuesto, que existe una categoría de inmigrantes cuya principal razón para partir puede provenir del atractivo del país de las start-ups, de las playas de Tel Aviv y de una economía en crecimiento, incluso de la calidad de los estudios.

Pero todo actor social no es un sociólogo y, si se dan motivos y razones para la acción, él puede no controlar plenamente los entresijos de una situación hasta el punto de ignorar o no incluir la atmósfera que abandona como una de sus razones para partir. Las razones que dan hacen pantalla al movimiento que les empuja a partir, sobre todo, cuando ellos siempre han aparecido oscurecidos, si no ignorados, en el debate público.

No ignoremos por otra parte, que también existe un manera "noble" de elegir a Israel, la cual debería ser la más extendida pero que aún es poco frecuente, en virtud de una elección positiva y no bajo la forma de una fuga o huida.

Todas estas posibilidades que estoy considerando se desdibujan, sin embargo, como las dunas de arena bajo el viento, al visionar la entrevista al presidente del CRIF por ese mismo periódico, a modo de preludio a esas cinco columnas en primera plana, y que abunda en la desactivación simbólica del fenómeno, y por lo tanto en su pérdida de sentido. El periódico piensa como él.

Sin embargo, algunos observan que las cualidades de la vida que se atribuyen a Israel, las razones de la partida hacia allí, también resuenan como críticas de una sociedad francesa que parece ya no disponer más de ellas.

Pero yo no puedo dejar de hacer notar el tratamiento lenificante (calmante) de la partida de los judíos franceses por parte de Le Figaro, un estigma del mismo tipo que los que han construido la atmósfera de su partida.

"Por cierto", afirma el periodista sintiéndose obligado a puntualizar, al evocar la aliyá de después de la guerra de 1967, "durante la cual Israel triunfó sobre la coalición árabe y ocupó Cisjordania en violación de la legalidad internacional", una afirmación totalmente gratuita y falsa si se omite decir que ese territorio, hasta entonces sin ningún poseedor o detentador legal, ya había sido ocupado ilegalmente por Jordania, quién lo había invadido en 1948 y que había expulsado a los judíos que allí vivían y en una guerra que los árabes habían iniciado; de la misma manera que tras provocar la guerra de 1967, al día siguiente de su finalización 8 países árabes determinaban sus famoso "tres no de Khartoum" (no habrá paz, no habrá negociación y no habrá un reconocimiento de Israel). Sin lugar a dudas este reportero era demasiado joven para hacer remontar sus conocimientos hasta una época a "tanta distancia"...

Si los judíos abandonan Francia por Israel no es sólo para escapar del rampante antisemitismo existente en el mundo musulmán actual (incluido aquellos que habitan en Occidente), sino también, y sobre todo, por su constatación de que la sociedad europea les ha abandonado. Ese fue un sentimiento real y poderoso desde el año 2001, cuando una cerrazón (que más tarde se supo que tenía como fuente al propio gobierno) mediática y ambiental puso un hérmetico bozal a los más de 500 ataques antisemitas, que permanecieron sin condena o castigo.

Los judíos ya entonces se sintieron abandonados por el Estado, pero también por la justicia y los medios de información, cuya sistemática polarización ideológica y política dio lugar a una atmósfera generadora de hostilidad hacia los judíos.

Por otro lado, la gestión política del problema  francés de la inmigración por la religión ha implicado fuertemente a los judíos, que han sido acusados de comunitarismo por parte de las élites políticas y mediáticas con el propósito de fomentar la "pacificación", pero con el riesgo de una desnacionalización simbólica rampante (que se resume en la expresión de Mitterrand durante la Guerra del Golfo: "las dos comunidades"), y eso allí donde tendría que haberse apoyado sobre la ciudadanía.

[N.P.: Para que lo entiendan, la comunidad judía francesa estaba plenamente integrada en la ciudadanía francesa desde hace décadas, hecho que no sucedía, también en parte por voluntad propia, con la creciente comunidad magrebí, africana y musulmana. Al hablar Mitterand de dos comunidades para evitar pensar el antisemitismo musulmán y enfocar el problema allí donde reside, lo trasladó a un conflicto entre comunidades que, al homologarlas, convertía a la comunidad judía francesa en una especie de comunidad también recien llegada y problemática, en lo referente a su integración y a su relación con la identidad nacional francesa. Mató al mensajero, por así decirlo]

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