Thursday, September 27, 2018

Las ilusiones del post-sionismo - Gil Troy y Shmuel Trigano - Tablet



"La democracia debe ser judía", un extracto del nuevo Estado judío de Shmuel Trigano

"No existe un estado genérico en ninguna parte del mundo: nadie pregunta si Francia puede ser francesa y democrática".

Para Shmuel Trigano, profesor emérito de sociología de la religión y de política de la Universidad de París, la agonía del "judío" versus lo "democrático" refleja la internalización del antisemitismo marxista, y actualmente del antisemitismo posmodernista, por parte del neurótico judío emancipado. Toda democracia, argumenta, expresa una identidad nacional colectiva. Las políticas que rechazan a un pueblo en particular y buscan una utopía universalista se convierten en dictaduras.

Trigano, un judío francés nacido en Argelia, pasó la mayor parte de su carrera académica como sociólogo y filósofo político en París antes de mudarse a Tel Aviv. Desde esta perspectiva externa, ha cuestionado algunas de las suposiciones gobernantes de la Ilustración occidental, observando su negación de la genuina autoexpresión judía como una exposición de su estrechez.

Su "alteridad" también le ayudó a reconocer el antisemitismo en Francia de comienzos del siglo XXI como una epidemia, cuando la mayoría de los judíos y sus líderes franceses todavía lo negaban. Su catalogación de cientos de incidentes antisemitas finalizó su ruptura con los izquierdistas franceses, que rechazaron sus defensas de Israel y de la judería francesa. Trigano concluyó que la Francia moderna ya no es un lugar acogedor para aquellos judíos orgullosos.

El libro de Trigano de 1979, "La nueva cuestión judía", rechazó la obsesión occidental por la normalización, reemplazándola con una lectura Mizrahi del sionismo enraizada en la ética y los ideales judíos. Este análisis inauguró su búsqueda de décadas, en más de dos docenas de libros, para articular una teoría política basada en el hebreo que respalda las identidades colectivas particularistas como claves para unas democracias saludables. Para él, el clamor post-sionista para que Israel se convierta en un "estado de todos sus ciudadanos", despojado de su judaísmo, amenaza el carácter democrático de Israel, así como su misión e identidad nacional. Su fluidez en la teoría posmoderna y en las narrativas no occidentales hace de Trigano un formidable defensor del sionismo como un movimiento auténtico y verdaderamente poscolonial.

A la sombra del duro debate de este verano sobre el proyecto de Estado-nación de Israel, Trigano plantea importantes preguntas sobre la necesidad de una pertenencia y de ser libre, así como sobre los estándares a menudo injustos por los que se juzga la democracia israelí.


"No existe un estado de todos sus ciudadanos", un extracto del nuevo Estado judío de Shmuel Trigano

Para convertirse en ciudadanos y beneficiarse de la "Emancipación" de la Revolución Francesa en 1791, los judíos tuvieron que renunciar a su estatus colectivo específico como pueblo. El nacimiento del "antisemitismo" cuarenta años después demostró que los derechos humanos genéricos no funcionan, sin derechos cívicos nacionales, sin un estado, tribunales y un ejército, los individuos estaban desprotegidos.

El Asunto Dreyfus le enseñó a Herzl esa lección. La Shoah y la expulsión de los judíos de diez tierras musulmanas (1940-70) también lo demostró más tarde: el destino judío es colectivo y, por lo tanto, político. Estos eventos históricos explican por qué tuvo que declararse un Estado nación judío responsable del destino colectivo de los judíos.

¿Quién hubiera esperado que en este estado sionista de Israel surgiera una nueva ideología, la "post-sionismo", abogando por la renuncia a la identidad nacional judía en Israel para crear un "estado de todos sus ciudadanos"? Este extraño fenómeno se deriva de "posmodernismo", esta ideología posmarxista que heredó el odio marxista hacia cualquier identidad, especialmente la identidad judía.

El post-sionismo también surgió del impulso del sionismo que buscaba la "normalización". Aunque el sionismo intentó corregir el enfoque de la Emancipación de otorgar derechos a los judíos solamente como ciudadanos individuales, este movimiento propio de una "Emancipación" judía se hizo eco del principio esencial de crear un individuo genérico "israelí", un producto de un nuevo estado, no de una historia de tres mil años. Los ciudadanos de este nuevo estado pasaron a experimentar la misma condición que experimentaron los judíos de la diáspora moderna.

El lugar de la judeidad y del judaísmo se convirtió "en el problema".

Hoy, una nueva versión de "normalización" de ese judío israelí le exigirá "un estado para todos sus ciudadanos". Pero esta visión volvería a reducir a los judíos a ser titulares anónimos de derechos en un estado exclusivamente constitucional que, sin duda, dejaría de llamarse "Israel" lo suficientemente pronto.

Finalmente, el post-sionismo refleja una debilidad dentro de la doctrina democrática moderna. Si la nación simplemente resulta de un "contrato social" entre individuos, la identidad colectiva desaparece. Dentro de este vacío, emergieron las identidades nacionales modernas, pero también lo hicieron los movimientos totalitarios que elogiaban un estado "universal", sin ninguna identidad histórica. El post-sionismo y el posmodernismo reflejan un utopismo nuevo, totalitario y democrático que afirma que hemos entrado en una era posnacional: pero simplemente eso no es cierto.

Este trasfondo explica el dilema típicamente "israelí": ¿Puede Israel ser un estado judío y democrático? Curiosamente, tal cuestión solo se plantea con el Estado de Israel. Nadie pregunta si Francia puede ser francesa y democrática, o si el Reino Unido, cuya reina encabeza la Iglesia Anglicana, es realmente democrática. Detrás de la pregunta sobre Israel yace la duda mordaz heredada de la Emancipación, ahora obsoleta, acerca de que los judíos son un pueblo.

El título "judío" indica la entidad colectiva, política y legal, que es lo que cuenta en una democracia. Después de todo, "democracia" significa "gobierno del pueblo". La Torre de Babel enseña que no hay personas "universales". Si hay un pueblo judío, puede haber una democracia judía, sin reservas.

La democracia se desarrolló solo en el marco del Estado-nación, aprovechando la identidad histórica de la mayoría. Cuando una democracia pasa de un régimen nacional a una utopía que promete una "democracia universal", o bien el individualismo democrático del universalista provoca algún tipo de desintegración social, se pone en peligro la identidad nacional del colectivo y estalla el totalitarismo. Visto en este contexto, la consigna post-sionista de un "estado de todos sus ciudadanos" es claramente demagogia.

Un estado genérico, una sociedad universal sin una identidad particular, no existe en ninguna parte del mundo (y ciertamente no en los mundos musulmanes o poscoloniales más amplios). Obviamente, se espera que el futuro de un país tan "puro" sea absorbido por la minoría musulmana palestina o por un futuro Estado palestino que, de acuerdo con su constitución prevista, será declarado como musulmán (su religión oficial), árabe (perteneciente a la nación árabe / "Ummah") y palestino. Las religiones "monoteístas" se reducirían al estado de "dhimmi" que los judíos ya soportaron durante siglos bajo el Islam.

El multiculturalismo, así como la utopía universal de un estado que se basa únicamente en su constitución y no en una identidad nacional, no aborda el problema de la identidad colectiva singular. Ningún ser puede existir sin una identidad, incluso una alienada. Toda identidad "universal" es imperialista. Hoy en día, el posmodernismo es la ideología de un nuevo imperio europeo, un régimen verdaderamente no democrático: la Unión Europea.

Este desafiante dilema concierne más que el propio caso judío. Quizás una solución israelí creativa que permita que la identidad y la justicia coexistan también pueda abrir horizontes para los regímenes democráticos europeos.

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Sunday, April 29, 2018

La segunda época del sionismo - Shmuel Trigano - Actuj.fr



Haber nacido en un mundo donde existe el Estado de Israel es para un judío una oportunidad excepcional que finalmente da cuerpo a una esperanza y una espera de 25 siglos que datan desde el primer exilio en Babilonia. Le permite medir la paciencia extraordinaria y la fuerza del alma que sus antepasados ​​mostraron en un mundo donde no tenían ningún recurso, ningún muralla en la que apoyarse ante una terrible adversidad. Apostemos también a que la creación de un Estado de Israel en la Tierra de Israel, con Jerusalén como su capital, el punto de reunión de los miembros dispersos de un pueblo judío esparcidos por todo el mundo, también es algo sorprendente (e inquietante) para el mundo de las naciones, que ven con sus ojos el resurgimiento de su supuesta caída del espectro del pueblo judío, reconstruir un lenguaje sagrado tenido anteriormente por difunto, y realizar la promesa profética del regreso a Sión. Con el resurgimiento de Israel, las naciones están una vez más en relación con el origen, la larga memoria de la humanidad, incluso cuando este choque simbólico se refleje en el rechazo y la animosidad.

En términos de logros, hay algo para apoyar este nuevo marco. Según los rankings internacionales, Israel es la octava potencia mundial después de los Estados Unidos, Rusia, China, Alemania, Gran Bretaña y Japón, el decimosexto ejército más fuerte del mundo, el noveno país del mundo por la calidad de su sanidad y su elevada moral.

 El 71% de los israelíes son "muy o algo" optimistas sobre su futuro. El 80% eran "lo suficientemente orgullosos o muy" orgullosos de ser israelíes. En medio del océano del mundo árabe donde todos los estados se han derrumbado, excepto las dictaduras, Israel constituye un estado sólido que se sostiene en su camino. El futuro de toda la vida judía se refleja cuando sabemos que 3/4 de los niños judíos del mundo nacen allí.

Se trata de un historia de éxito, sin duda. Y es precisamente porque Israel ha superado la etapa de supervivencia dentro del plano de su existencia intrínseca - aunque tal vez no en términos de su existencia extrínseca -, que tenemos el tiempo libre para hacernos preguntas "de lujo" sobre su futuro. Si de hecho hay un área donde Israel aún no ha emergido desde el ámbito de su construcción, es el de su identidad. El mayor problema reina allí. La sociedad israelí está muy dividida, arrinconada entre los extremos, los secularistas y los ultraortodoxos, se presenta con todos los matices de un multiculturalismo extremo que hace de la "reunión de exiliados" una marquetería de comunidades. Este estado de cosas sigue al fracaso del "crisol" de Ben Gurion, que tenía la voluntad de forjar una identidad nacional única pero no sabía cómo desvincularla de una base étnica limitada que ignoraba a toda una parte de la población (asquenazis versus mizrahim).

El multiculturalismo, sin embargo, no es el verdadero problema, lo es la relación con el "judaísmo", con la identidad judía por parte de los cuadros de la sociedad israelí, especialmente sus élites culturales. El sionismo político heredó una corriente que quería romper con el judaísmo y la historia judía a favor de mitos y utopías como el cananeismo, que acariciaba el proyecto de fundirse en el Oriente semita (!!olvidándose que era islámico!!), o simplemente un proyecto de normalización o asimilación en la modernidad ("como las demás naciones").

De este modo, hay sectores en Israel, culturales, laicos y ultraortodoxos, que piensan que ser israelí no converge con la judeidad y/o el judaísmo como cultura o religión. Israel no logró transformar el judaísmo y el sionismo en una síntesis armoniosa, equilibrada y creativa. Y por eso todo se ve afectado: desde la narrativa histórica de la educación pública hasta la cultura general. Y este es el tema decisivo para que el éxito sea completo. Una comunidad en conflicto sobre su identidad debilita el núcleo duro de su propia existencia. La construcción de una identidad colectiva judía adecuada al retorno de la soberanía en el pueblo judío, y la resurrección del pueblo judío en el destino de los judíos, será el desafío de la segunda época del sionismo.

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Saturday, August 12, 2017

¿Cómo concebir la aliyá de los judíos franceses? - Shmuel Trigano - Menora.info



La elección de la aliyá tal como se encara hoy en día sufre por la comparación con lo que existió hace 50 años, la primera época de una aliyá francesa de importancia. En ambos casos, la elección fue impuesta a la luz de una poderosa crisis. Hace 50 años, se trató de la amenaza de exterminio que había pesado sobre Israel durante la Guerra de los Seis Días, y sobre todo el abandono de Israel por parte de la Francia de Charles de Gaulle, en nombre de su política árabe disfrazada de postura "moral". Hoy, de la década de 2000 al affaire Halimi, se trata del abandono de los judíos franceses por el establishment oficial frente a la ola de antisemitismo islámico (en un esquema general de dimisión de Francia) el que la ha facilitado.

En ambos casos, los judíos franceses no "huyeron" de Francia, bajo la influencia de una persecución antisemita oficial, sino para defender una idea de su dignidad y para poder conservar un tipo de identidad que de repente ya no parecía más posible. Partiendo de Gaulle a Macron (sin duda), este sentimiento es cada vez más elevado y confirmado. La elección de Israel supone preservar una identidad que se ha construido a partir de las secuelas de la guerra (y de Vichy), con el respaldo de la creación del Estado de Israel, símbolo de un destino colectivo que ya no sería más trágico.

Eligiendo Israel en lugar de Miami, no tanto por la fuerza de una ideología poderosa, sino de creencias: como la idea de la existencia de un pueblo judío, de un destino judío común que tras el Holocausto y la expulsión de los judíos del mundo islámico su ha demostrado una realidad, la creencia de que el Estado de Israel encarna la idea de la soberanía e independencia judía, como condición de una dignidad moral y una fraternidad que se encuentra en el renacimiento del sueño milenario de un pueblo eterno.

En una palabra, todo lo que se ha convertido en objeto de desprecio ambiental en la Francia actual (a diferencia de la de hace 50 años). La legitimidad del Estado judío es atacada y cuestionada continuamente, así como el valor moral del judaísmo que ha perdido todo su prestigio en pantallas, periódicos y discursos. Es rechazando esa opresión ambiental por lo que se abandona Francia, de acuerdo "con una voluntad y no por una necesidad".

¿Pero a qué país se van? El Israel de hoy en día no es más aquel de hace 50 años. En dos niveles. Es una sociedad desarrollada, donde la competencia funciona a  pleno rendimiento, por lo que la fraternidad esperada es puesta en cuestión desde el principio, y donde el sionismo conoce un gran retroceso en numerosos sectores sociales y por supuesto políticos, optándose por el "postsionismo" e inclusive en algunos por el antisionismo, un país donde la actitud general de las élites mediáticas, artísticas y de la inteligencia no suele expresar mucha simpatía por la causa judía.

En el mejor de los casos, la idea de la nación israelí compite con la de pueblo judío, mientras que su identidad judía es algo obvio para los olim que no puede pensar en lo contrario, ¿ya que entonces, por qué se iban a dirigir a Israel? Estas son otras tantas realidades que afectan a la experiencia interior que implica una aliyá.

Los candidatos a la aliyá, los futuros olim, deben prepararse para el shock que representa encontrarse con una situación que implicará trascender de una búsqueda interior a una confrontación con lo "concreto". Si los olim esperan retornar a una "tierra interior", deben hacer algo más que un cambio de dirección: ellos han emigrado a un país real.

Si dejamos a un lado las dificultades materiales de la experiencia, es la disposición interior la que cuenta más en esta aventura. En lugar de pensar ante este duro shock que les espera que las esperanzas más queridas no eran más que ilusiones, el olim debe concebirse y proyectarse como actor de estas ideas. Los judíos de Francia traen consigo una identidad judía muy original, inédita en Israel, de la cual no suelen ser incluso conscientes la mayoría de las veces porque la piensan propia de todos los judíos. Su lugar está aún por hacerse en una clasificación identitaria israelí aún muy rígida.

Se trata del legado de un judaísmo alejado de los extremos, que también podría ser un pensamiento del universo, de un espacio público que trasciende de sectas y partidos, y de una concepción diferente a una polaridad asquenazi-sefardí, y sobre todo enfocada en la esperanza de Israel: se tratan de comportamientos que en buena medida son ausentes en Israel y que ahora están en juego.

Es defendiendo estas ideas de una forma creativa como el olim debe proyectarse en Israel, como actor y no sólo como consumidor, no para construir su propio "nicho" en el desenfrenado multiculturalismo actual, ni sumirse en un crisol con funda de plomo. Esta batalla decisiva para la convergencia de la idea judía y la soberanía, que el sionismo ha restaurado en la condición judía después del eclipse de casi 25 siglos, no puede llevarse a cabo más que en Israel e implicará el porvenir de toda la historia judía.

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Saturday, September 24, 2016

El honor perdido de los judíos de Francia - Shmuel Trigano



¿Los judíos de Francia aún tienen dignidad? Parece colgada de un hilo: la disposición de Obama. Más de 80 senadores estadounidenses acaban de escribirle  pidiéndole que vete la "iniciativa francesa" en el Consejo de Seguridad.

Como todo lo que cuenta el discurso orwelliano del poder en Francia, esta iniciativa es calificada como una "iniciativa de paz". ¡Qué hermosas palabras se utilizan para decir tales cosas! En realidad, se trata de la última patada en el culo, como suele decirse, que el poder socialista francés se prepara para dar a la comunidad judía francesa después de su voto en la UNESCO despojando al judaísmo de sus derechos sobre el Monte del Templo,y haciendo suya no sólo las pretensiones de los islamistas palestinos e israelíes, sino también la narrativa religiosa exclusivista de una religión singular (¿una religión de Estado?).

Existe un recorrido lógico que va desde la votación parlamentaria, y la ovación consiguiente, para un reconocimiento de un Estado palestino, a una amenaza de expulsión y aislamiento internacional de Israel si no obedece los dictados urdidos por el Quai d’Orsay, el descarado y tradicionalmente pro árabe Ministerio de Asuntos Exteriores, pasando por la posterior negación de la legitimidad de Israel en Jerusalén, deslegitimando expresamente la narrativa del judaísmo sobre su historia y esperanza.

Habría mucho que decir sobre este escarnecimiento contra el sujeto judío, tan vilipendiado en Francia desde la década de 2000 y que aún está vigente. Estamos en las vísperas de un renacimiento de la efervescencia del "antisionismo". La cadena de TV Arte, foro por excelencia de la ideología posmodernista de la Unión Europea, que se ha convertido en toda una experta en el arte de rebajar a unos - moralmente - para elevar a otros, va a emitir una programación dedicada a los "colonos" para celebrar los 50 años de la Guerra de los Seis Días. Parece buscar despertar un odio que se había quedado agazapado, por así decirlo, bajo las picaduras de los "lobos solitarios” y demás “desequilibrados” islamistas. Además se prepara una campaña internacional que gozará del retorno del espectro de JCall (la versión francesa de J Street).

Un plan concertado

No hay en todo esto una combinación de circunstancias. Se trata de un plan concertado donde se combinan iniciativas mediáticas y políticas coordinadas con ciertos Estados sobre un plan mundial. Recientemente, se ha revelado la participación del millonario judío estadounidense George Soros en el activismo anti-israelí internacional (perdón "pacifista"), e incluso dentro de la sociedad israelí. Hay actualmente en el mundo judío una corriente minoritaria, pero poderosa, anexa a las élites posmodernistas internacionales, que milita resueltamente en contra de la soberanía de un Estado judío, obstáculo para su preponderancia y para su proximidad a los centros del poder mundial. Como podemos ver en sus efectos en Francia, esta ideología reclama el privilegio de la moral y ambiciona encarnar los "derechos humanos" (o la Unión Europea). No hay que dejarse intimidar e impresionar por este teatro con su escenario desvelado.

Para volver a Francia, la apuesta electoralista dirigida al electorado musulmán por un partido socialista que muy pronto será expulsado del poder por los electores, no es suficiente para explicar plenamente este estado de cosas. El ensañamiento contra Israel, la manipulación integral del signo y el sujeto judío, juegan un papel sistémico en la posición francesa tan especial. Como prueba, la reactivación artificial permanente del conflicto palestino-israelí sellado en la agenda permanente de la Unión Europea... Cuando los atentados parecen (ilusoriamente) calmarse, resurge la evocación de "Palestina". En el fondo resulta lógico, ya que fueron los palestinos quienes inventaron el terrorismo internacional en los años 1960 y 1970 (mucho antes de la Guerra de los Seis Días).

La cuestión que me preocupa es comprender cómo los judíos franceses pueden imaginarse un presente y un futuro, mientras deben tragarse estas serpientes sin decir una palabra. Sin nada que decir. Las reacciones a la votación de la UNESCO fueron apenas audibles a nivel público, mientras que se trataba de una apuesta simbólica absolutamente crucial para el judaísmo, un sujeto al que es imperativo no renunciar. Ellos sabiamente escucharon los pretextos evanescentes de sus interlocutores oficiales después de que volvieran, sin cargos de conciencia, a casa. No he oído una sola palabra fuerte reprochando esa votación. Ningún escándalo sobre la plaza pública que testifique que por ahí "no pasaremos".

Pero la realidad es la realidad. Los ataques simbólicos siempre preceden a los ataques físicos. La década de 2000 lo ha verificado. Qué no se olvide nunca.

El poder de la Palabra y de la conciencia es inmensa de cara a la lepra ideológica, a la enfermedad del discurso posmodernista que domina en todas las tribunas. "Lepra" se dice en hebreo "dever", de la misma raíz que "davar", palabra o discurso.

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Saturday, September 17, 2016

El "diálogo de religiones" en cuestión - Shmuel Trigano

 

El asesinato del sacerdote de Saint-Etienne-du-Rouvray ha marcado un punto de inflexión para la política ecuménica de las instituciones judías. Las reacciones a las que dio origen permiten comprobar la validez de algunas de las ideas recibidas por el "diálogo de religiones" que practican de forma rutinaria. La reacción de los otros dos socios de este diálogo estuvo, efectivamente, llena de enseñanzas.

La actitud de la Iglesia dio el tono. Rezó por los asesinos y confesó que todos los hombres eran culpables (así pues ella misma, lo que confirmó el Papa), transformando el espectáculo de la guerra religiosa islámica en una ceremonia compasional y sacrificial que abogaba por el perdón universal.

La idea de que pudiera existir un frente unido católico-judío en el cual la comunidad judía pudiera encontrar apoyo de cara al antisemitismo procedente del medio musulmán, se derrumbó con estrépito. A lo sumo, los judíos franceses se encontrarían, en caso de emergencia, ante la dimisión política y nacional que la Iglesia de Francia demostró en esta ocasión. Podrían, en cualquier caso, contar con su "compasión" a la hora de llorar a las víctimas judías. Esquivando la confrontación con un problema tan serio como el actual, dispensando al Islam francés de realizar un esfuerzo a la hora de adaptarse al país..., la Iglesia agrava aún más la negación de la realidad que se ha vivido en Francia durante los últimos 15 años. Y en esta negación está inscrita la negación del antisemitismo.

La reacción de los actores musulmanes también estuvo llena de enseñanzas. La opinión musulmana no pudo más que sentirse plenamente aliviada por la actitud de la Iglesia. El CFCM (el organismo directivo de los musulmanes franceses), la emanación de la UOIF, ella misma la rama francesa de los Hermanos Musulmanes, llamó a los musulmanes a participar en la misa del domingo, un enfoque con un doble sentido, como es la regla en este movimiento, si se recuerda el llamamiento de unos de sus dirigentes, D. Boubakeur, de transformar las iglesias vacías en mezquitas, y sobre todo si sabemos que en el Islam declarar la profesión de fe musulmana en cualquier lugar basta simplemente para islamizar dicho lugar.

El espectáculo irenista de connivencia entre musulmanes y cristianos que los medios de comunicación reproducieron hasta la saciedad buscaba extinguir la idea de que había un grave problema a resolver en Francia. Por una vez el "diálogo entre judíos y musulmanes", en el plano religioso, al cual tanto han contribuido las instituciones judías, se convirtió en el pariente pobre del "diálogo de las religiones". La idea de que el judaísmo, por su modelo, podría ayudar a socializar al Islam, un recién llegado a la República, y actuar como patrocinador en este proceso que lo pondría en línea con las otras religiones, se hundió con estrépito..

Desde el lado "secular", unos cuarenta intelectuales musulmanes condenaron los ataques en un artículo en un diario, un hecho rarísimo, sobre todo después de tantos años desde que la comunidad judía hubiera apostado por la existencia de un "Islam moderado" en el que confiar. Por desgracia, su compasión por los cristianos, el mismo día de la misa ecuménica, y tras una condena genérica de los atentados - y sin exigir autocrítica en el sector musulmán -, alimentaban un olvido enorme y central: dentro de la lista de masacres islamistas de los últimos 15 años condenadas por estos intelectuales ilustrados, simplemente no había lugar para recordar ni los cientos de ataques antisemitas en la década de 2000, ni los ataques mortales anti judíos (Halimi, Toulouse, Hyper-kosher).

Parece que estos intelectuales piensan, como en el mundo árabe y en el movimiento islamo-izquierdista, que esas violencias y masacres anti judías eran de hecho actos de resistencia contra el "sionismo"... En su confesión, estos musulmanes laicos y "moderados" parecían haber sentido la necesitad de ocultar uno de los centros más poderosos de resentimiento islámico para centrar su crítica exclusivamente en el odio anticristiano, dando la impresión de un testimonio implícito de que la relación con los judíos sigue siendo el factor de lealtad última en el Islam, lo cual autoriza la posibilidad de la existencia de una crítica interna. En los países árabes, los intelectuales críticos con los islamistas compensan generalmente su audacia con su "virulento antisionismo"... Fuerza es constatar que nunca hemos tenido en Francia una condena franca y extensa del antisemitismo por parte de las autoridades musulmanas (excepto la voz solitaria de algunos individuos).

Este paisaje es en realidad el resultado de la fallida política del estado francés, desde el gobierno Jospin, quién comenzó negando la realidad de los problemas y del antisemitismo musulmán, y pensó que podía manejarlos con un "diálogo de religiones" teledirigido, confiando en las religiones el papel de asegurar la paz civil, función primordial del poder del Estado.

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Saturday, April 23, 2016

¿El gobierno de Francia niega los derechos religiosos del judaísmo? - Shmuel Trigano




Francia acaba de votar una resolución de la UNESCO que respalda la pretensión islámica de que el Monte del Templo, el Muro Occidental (Muro de las Lamentaciones), el mausoleo de los Patriarcas en Hebrón y la Tumba de Raquel cercana de Belén son lugares sagrados musulmanes, acusando de este modo a los judíos de profanarlos con su presencia.

Si esta voto es escandalosa en sí mismo sobre el plano de la historia y de la clarividencia política, también resulta inquietante para los judíos de Francia, porque supone que, por parte del Gobierno socialista, existe una toma de posición de principios, un juicio sobre sus derechos religiosos, su identidad y su historia que se ven de este modo violados.

El Quai d'Orsay, y toda su política pro-islámica, ha pensado en el daño que tal acto podría causar a los ciudadanos franceses que son judíos? ¿Por no hablar de la legitimación de la violencia islámica contra los judíos, tanto en Francia como en Israel? Debido a que tal acto sólo puede fomentar el supremacismo y la guerra de religión islámica.

El Quai d'Orsay ha menospreciado al país a semejante tipo resentimiento contra los judíos de los países árabes que han promovido esta resolución y cuya iniciativa, se debe señalarlo, procede del tan querido "socio para la paz" de la izquierda judía, la Autoridad Palestina.

No se ha podido herir mejor a la comunidad judía al socavar sus fundamentos.

Y esto no ha terminado. El régimen socialista ha trabajado un tiempo extra antes de "ir más adelante". Después del reconocimiento con una gran ovación de Palestina por la Asamblea Francesa, un estado que no existe y cuyos promotores anuncian en su proyecto de constitución que será basado en la sharia, no en los derechos humanos sino únicamente en los de los "árabes y musulmanes" palestinos, el Quai d'Orsay, juez y la vez, prepara una conferencia internacional que atacará a Israel si no cede a los dictados de los palestinos. Por otra parte, uno puede preguntarse porque dice tratar de hacerlo en nombre de la moral y los derechos humanos, cuando no dice nada de las dictaduras, desde Cuba a China pasando por Arabia Saudita, y Francia se ha convertido en uno de los vendedores de armas más importantes del mundo. ¿Formará parte esto del servicio postventa?

Estos enfoques políticos adquieren un sentido muy pronunciada cuando se les ubica en el clima antisionista que los medios de comunicación franceses han hecho reinar en los últimos 15 años y es inseparable de los actos antisemitas que se han alimentado y legitimado gracias a su información sesgada del conflicto del Oriente Oriente.

Si estos son desarrollos hacen sistema, las lecciones están cargados de significado.

¿Cómo conciliar de hecho estos desarrollos con la compasión que desde el Poder inundó a la comunidad judía después del atentado de Hypercacher y lass sacralizantes proclamas favorables a los judíos ( "Tocar un judío es tocar a la República")?.

A menos que se piensa que en realidad forman parte del decorado del sistema: una celebración víctimaria y compasional de los  judíos, siempre con el rol de víctimas, junto con su inhabilitación simbólica y su pérdida de interés político. Es lo mismo que sucede cuando en nombre de la memoria del Holocausto se acusa comúnmente a Israel de "apartheid".

Durante estos 15 años, no nos hemos dado suficientemente de como los ataques al sionismo se duplicaban en la cultura y en la opinión intelectual con los ataques a los fundamentos del judaísmo como religión. El registro de todo esto está totalmente documentado.

Una parte de los judíos de Francia, los que ya han partido, ya llegaron a la conclusión que ya no podían permanecer en Francia. Ellos celebran esta noche la Pascua, y desde hace 30 siglos, la fiesta de la libertad.

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Sunday, November 08, 2015

El presente de Israel es el futuro de Europa - Shmuel Trigano - Actualite Juive



La nueva forma de violencia que golpea a Israel es un anticipo de la que amenaza a Europa. Al igual que ayer, los medios de comunicación irresponsables acusan a Israel y justifican esa violencia en nombre de una moral de tres al cuarto, poniendo todo de su parte para un desarrollo similar en sus propios países.

Es necesario señalar en primer lugar que se trata de un fenómeno clásico en el mundo árabe: los judíos originarios de esos países ya se han confrontado hace ya tiempo a ese tipo de violencia. No se trata de actos "desesperación" (sin duda existirían muchos asesinatos diariamente en el mundo si todos los "desesperados" de la humanidad levantaran su cuchillo), sino de actos "religiosos", rituales de la yihad donde el mártir creyente sacrifica al "infiel" en el nombre de su Dios, no importando quién pueda ser, judío o cristiano.

Sus blancos están en todas las direcciones, los lugares son universales y el momento indefinido. Una buena mañana, un "joven", nuestro "vecino", nuestro "conocido", toma su cuchillo de cocina, sale a la calle e intenta matar al primer judío que encuentra. Es a sus ojos su último acto, el sacrificio de un no creyente y, en definitiva, el de sí mismo, buscando su propia muerte matando.

Es cierto que toda la sociedad palestina (incluidos los árabes israelíes, que también proporcionan algún que otro contingente criminal) no participa en estos crímenes - lo que equivaldría entonces a una guerra civil -, no obstante es totalmente responsable y profundamente culpable por haber educado y programado a toda una generación, a sabiendas, en el odio a los judíos, en la beatificación de los pseudo "mártires", en la falsificación de los hechos, en un resentimiento sin límites.

Desde hace ya bastantes años, equipos de investigación como los de MEMRI y Palestinian Media Watch informan de los excesos de los medios de comunicación palestinos y de la Autoridad Palestina, y todo ello sin que Occidente y la izquierda israelí deseen escuchar y ver para así sacar las conclusiones evidentes. Ellos continúan hasta la fecha silenciosos, y por lo tanto dando su aquiescencia, ante la perversión de toda una sociedad, contribuyendo a esta evolución que no tiene nada que ver con los "territorios" (a menos que sea cualquier territorio israelí el verdadero objeto del conflicto: en suma, la existencia de un Estado judío soberano). Tras el reciente asesinato sobre una ruta de Judea de la pareja Henkin, ante sus cuatro hijos, un concierto de bocinas resonó en las ciudades palestinas, con la gente ofreciendo dulces y galletas por las calles. Una sociedad en la que la muerte se contempla con júbilo.

Resulta obvio deducir que esta evolución produciría una parálisis en la sociedad abierta que es Israel, porque el cuchillo puede surgir en cualquier esquina de una calle. La sospecha ante el vecino se desata en autobuses y lugares públicos, con los rostros siendo interrogados, corriéndose el riesgo de que incluso judíos de origen oriental puedan ser tomados como asesinos en potencia: hombres, mujeres o niños, pues como ya hemos visto hay asesinos de 13 años. Recordemos la terrible violencia popular que se desató contra un pobre eritreo tras el ataque terrorista en Beersheva, donde primero un guardia de seguridad y luego una multitud le tomó como un terrorista y le causó la muerte.

Porque este nivel de brutalidad y de confusión que ha provocado eran los objetivos perseguidos por el plan urdido por los palestinos, ante todo por Hamas, pero también por Abbas (el ganador, nada menos, que de la Medalla de la Paz de la ciudad de París), quien no ha hecho más que excitar el odio religioso con sus mentiras de que Al Aksa estaba en peligro.

Y es que ante esta violencia palestina al desnudo, la sociedad israelí ha recaído a su nivel más primario: ante el temor a la hoja del cuchillo brillando bajo la ropa, el origen étnico de las personas se ha vuelto muy sensible en las calles. Incluso los propios árabes tienen miedo de salir por temor a estar presentes en la escena de un asesinato y ser presas de la sed de venganza de la multitud. Debido a este nivel de violencia y de brutalidad, el fenómeno de la multitud supera a las conciencias individuales.

El hecho de que el Islam proporcione una motivación para estos crímenes hace que se pueda llegar a extender al conjunto de los musulmanes el deseo de venganza, ya que les vuelve posibles agresores. En una sociedad mixta, es la puerta de entrada a la desorganización y a la discordia. Es necesario mencionar que las fuerzas policiales israelíes, al tratar con este tipo de delitos, debe intentar detener tanto el agresor como enfrentarse al fenómeno de la masificación de la múltitud que es testigo de un atentado, y que puede llegar a alimentar deseos de venganza.

No obstante, también existe una desventaja. Los medios de comunicación israelíes, que tan silenciosos se han mantenido en su mayoría ante los reiterados testimonios de incitación y  depravación palestina ("!! es que son los socios necesarios para la paz !! "), sin embargo no cesan de fustigar el "racismo" de la "gente ordinaria" de Israel [N.P.: aquella que más desconfianza muestra ante la actitud y objetivos de los palestinos, y que sufre en mayor medida esta violencia, además de decantarse electoralmente, quizás por eso mismo, hacia la derecha] y tratan de justificar esta violencia palestina como "resultado de las reivindicaciones palestinas no atendidas", olvidando el dolor causado al pueblo judío. Al igual que en Europa.

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Sunday, June 21, 2015

Los muros del apartheid y la lucha europea contra la inmigración: el "hermoso e instructivo" ejemplo de Europa - Shmuel Trigano



La Unión Europea y su opinión pública, esa que se piensa "moral, ilustrada y progresista", no pierde la oportunidad de fustigar contra el "muro de la vergüenza", tal como denomina, para condenarla, a la barrera de seguridad que Israel erigió para poner término a la matanza de más de mil civiles israelíes por parte de esos "socios para la paz" que los pacifistas israelíes nos vendieron. ! "Proceso de Paz" obliga !

Recordamos que incluso la Corte Internacional de Justicia había dictado un veredicto en el 2004 en el que juzgaba a esa barrera de seguridad como "ilegal" y profundamente contraria a ese sacrosanto evangelio de las bienpensantes élites europeas y del "poder planetario de la moral europea" que son los "derechos humanos".

Hoy vemos que hay una justicia inmanente. Uno no puede dejar de leer con deleite (por así decirlo) el artículo de la primera página de Le Monde del viernes 19 de junio (Le Monde, un auténtico altar y portavoz de ese poder planetario moral europeo).

El artículo se titula "Schengen. La tentación de las fronteras (Muros en el corazón de Europa)". La Casandra del teatrerismo moral europeo se siente desolada ante los diferentes muros que ha erigido en la actualidad la sacrosanta Europa de los "derechos humanos", y todo ello para aparcar fuera de sus fronteras a los refugiados humanitarios y económicos que intentan penetrar por la fuerza.

!Y se trata nada menos que la Europa moral y humanista, la "encarnación soberana de los derechos humanos", esa Europa "tan sensible ante los condenados de la tierra que ha renunciado a la mención de sus raíces judeo-cristianas para no ofender a sus ciudadanos musulmanes"!

Muros entre Hungría y Serbia, muros entre Bulgaria y Grecia, muros entre Ceuta y Melila y Marruecos... Y muy pronto en otros lugares de Europa. Le Monde, sin embargo, pasa por alto la existencia de otros enormes muros como los existentes entre la India y Pakistán, entre el obamesco Estados Unidos y México, el turco chipriota (hey, ¿qué pasa con esta "ocupación" de la Turquía neo-ottomana?) y chipriota heleno, y recientemente el de Egipto con Gaza

En el mismo orden de ideas, se nos dice que la Unión Europea pondrá en marcha una operación naval punitiva contra los contrabandistas que utilizan "flotillas" para trasladar a los pobres e inocentes refugiados que buscan ganar el Eldorado europeo, forzando además el bloqueo de sus fronteras...

¿Y qué pasa con esos desgraciados "lobos solitarios" a los cuales Francia se otorga el derecho de castigar no solamente por sus actos de terrorismo, sino también por su mera insinuación de cometerlos... ¿Esto no es una amenaza para la "democracia"?

¿No sería necesario que el gobierno israelí realizara llamamientos a la Unión Europea para que salvara su alma? ¿Y a que esperan las virtuosas ONG europeas para condenar estas políticas de la Unión Europea que recuerdan los tiempos terribles del Holocausto?

¿Acaso la Knesset no debería votar una resolución, adoptando también ella una competencia planetaria al estilo europeo, que estableciera el territorio del sur de Europa como una "zona libre" para los millones de refugiados que están a punto de desembarcar?

Tal vez Israel debería implementar una coalición global con Rusia y China para amenazar con un boicot a los productos europeos si no cumple con sus elevadas obligaciones humanitarias. Y quizás debería demostrar su profunda preocupación ante el ministro de Asuntos Exteriores francés en su inminente visita.

En tanto patria de los "derechos humanos", !Europa debería estar prometida a toda la humanidad!

Tal es el papel que, según nos contaban, les justaría jugar.

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Sunday, December 07, 2014

La última ofensa del Partido Socialista francés a los judíos franceses - Shmuel Trigano - Times of Israel



El reconocimiento de un "Estado de Palestina" por el Parlamento francés ha sido todo un acto "místico" cuyo alcance se sitúa a la altura de grandes acontecimientos históricos como el Holocausto o Vichy, en el sentido que indican una intención en lo referente a la esencia de las cosas.

El hecho de que, para realizar ese reconocimiento, la Constitución de la Quinta República haya sido infringida, que se le dotara de una naturaleza teatral y solemne al evento ("Damas y caballeros" el mantra repetitivo que puntuaba el discurso del ministro de Exteriores Fabius), el reflejo de reacción en manada por la decisión previa de otros parlamentos europeos, el hecho de que nada justifica hoy tal enfoque, la invocación grandilocuente de la moral confirmando esa encrucijada del destino donde la Europa será juzgado por un abandono de los judíos que recuerda el de 1940.

Peso mis palabras porque es claro que el diktat que Europa quiere imponer a Israel le conducirá a un impasse de cara a un enemigo resuelto a abatir a Israel. No hace falta ser un genio para entenderlo. El ejemplo de la retirada de Gaza será suficiente.

Pero hay más, porque Europa añade el desprecio a sus errores políticos. Envueltos en su suficiencia moral, tratarán a ese "pequeño estado de mierda" (tal como definió a Israel hace unos años el embajador de Francia en Gran Bretaña) como si fuera una república bananera, al más puro estilo colonial.

¿Acado el Quai d'Orsay (ministerio de Asuntos Exteriores francés, histórica y descaradamente pro-árabe) tiene la debilidad de pensar que el Estado de Israel es el gueto o el campamento humanitario de refugiados que le gustaría que fuera? Y qué brutalidad la de notificar una elección fundamental bajo la forma de un ultimátum (represalias de Europa "si en dos años...").

Se trata de un ataque a la dignidad de los judíos franceses. Ellos fueron capaces de reanudar sus vidas en este país después de Vichy porque un Estado judío fue creado. Su condición colectiva había tomado una dimensión trágica cuando fueron excluidos en masa de la nación como un "pueblo extranjero" (Xavier Vallat), a pesar de su estatuto individual como ciudadanos.

Es ese destino colectivo que Israel y el sionismo entonces habían recuperado contribuyendo a restablecer la dignidad de la condición judía en Francia que el fracaso de la República había quebrantado. El reconocimiento de un Estado que no existe y que no tendrá más objetivo que legitimar la erradicación del Estado judío o su derrota final socava esa reparación y quebranta profundamente la continuidad de la vida judía en Francia después de Vichy. Del mismo modo, el compromiso árabe de Francia pone en cuestión la idea de que parte de esos judíos expulsados ​​en masa del mundo árabe pudieran haber encontrado un refugio seguro en Francia.

Cuando se analiza este desarrollo, en especial en su representación simbólica, dentro del contexto del antisemitismo de los últimos 15 años, el panorama que contemplan los judíos franceses es mucho más "crudo".

Bajo el gobierno socialista de Jospin, en 2001, una decisión estratégica equivocada tuvo graves  consecuencias. Mediante la imposición de un silencio general sobre las 450 agresiones antijudías cometidas mayoritariamente por miembros de la comunidad magrebí musulmana, bajo el pretexto de "no echar más leña al fuego" (Daniel Vaillant), además de no condenarlas (la reacción del ministro socialista de Exteriores Hubert Védrines fue todo lo contrario) y no castigarlas, los socialistas franceses dieron lugar al paisaje letal que ahora conocemos, con el grave deterioro de la situación ciudadana de los judíos franceses. Esa política de los socialistas franceses ha ayudado a preservar la imagen de los agresores, a inocentarlos, hasta el punto que la primera reacción de la opinión pública cuando fue alertada de lo que realmente estaba sucediendo fue condenar y acusar de racismo y comunitarismo a los que revelaron la auténtica situación.

El antisemitismo no fue reconocido como tal, sino que fue disfrazado con el espejismo de "tensiones entre comunidades" y "conflicto importado", siendo por supuesto la política israelí el único responsable.

Esta malversación fundamental de los hechos se convirtió en el paradigma oficial relatado por los medios de comunicación franceses, la verdad oficial sobre la situación y la justificación de las políticas fallidas (diálogo interreligioso, el sacro santo y biempensante lema oficial de la izquierda "vivir juntos" ...). Por otro lado, las voces discordantes fueron desterradas y las instituciones judías enroladas en esa verdad oficial

El tratamiento únicamente seguritario, y no político, de ese fermento de guerra civil provocó que, en el mejor de los casos, los judíos franceses - sacrificados en favor de la "paz civil" - sufrieran una sacralización victimaria  y martirológica ("tocar a un judío es tocar a la República", uno de los lemas oficiales que evita mencionar a los culpables mientras aparenta estar del lado de las víctimas), que sólo empeoró su situación.

¿El circuito se ha cerrado? La estrategia fallida de la década del 2000 puso en peligro la seguridad de las personas. El reconocimiento de Palestina socava las bases simbólicas de la identidad judía francesa después de Vichy, al cuestionar la legitimidad de la condición de pueblo judío que Israel ha restaurado con su soberanía. La recomendación efectuada por el asesor de los socialistas Pascal Boniface en 2001, abogando por un claro abandono de los judíos franceses en favor de la población de origen inmigrante musulmana, mucho más numerosa, ha quedado claro que ha sido escuchada y adoptada.

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Saturday, November 15, 2014

El reconocimiento del "Estado de Palestina" para la guerra - Shmuel Trigano - Times of Israel



¿Qué es lo que buscan los abogados del reconocimiento de un Estado palestino por parte de Francia (o España)?

¿Desde cuándo se reconoce a un Estado que no existe: sin fronteras, sin autoridad representativa consensuada, sin recursos ni capacidad económica, sin continuidad territorial? ¿Un estado irredentista que jamás ha querido reconocer el carácter nacional del Estado de Israel? ¿Un Estado que tiene como objetivo el "retorno" de pseudo-refugiados, que por arte de magia se han convertido en refugiados hereditarios? ¿Un Estado que incita a la rebelión a los ciudadanos árabes de Israel? ¿Una sociedad cuya toda actividad cultural consiste en impulsar el odio a los judíos y la incitación a su asesinato?

¿Cómo Guigou, presidenta de la Comisión de Asuntos Exteriores puede pretender que ese reconocimiento es "por la paz, no en contra de Israel"? ¿Y de qué Palestina está hablando? Un gobierno de Palestina, nacido de la alianza entre Al Fatah y Hamas surgió hace poco, una combinación de partes y piezas de baratillo de la realidad. Lo que quiere decir que aprueba la Carta de Hamas, que no es tan diferente de la de la OLP hace 30 años, y que establece en su artículo 7: "El Día del Juicio no vendrá en tanto que los musulmanes combatan a los judíos (matándolos) y en tanto que los judíos se oculten detrás de piedras y árboles. Y entonces las piedras y los árboles hablarán y  dirán: "Oh musulmanes, oh Abdulla, hay un judío detrás de mí. Ven y mátalo".

¿Es que acaso nuestra parlamentaria ha leído el proyecto de Constitución elaborado por la Autoridad Palestina y financiado por la Unión Europea, que también en su artículo 7 afirma que la Sharia será la fuente de la ley de Palestina y que la soberanía pertenecerá al "pueblo árabe palestino"(artículo 13)? ¿Tiene conocimiento de los dispositivos discriminatorios previstos para los no musulmanes en un país donde su artículo 6 dice: "El Islam es la religión oficial del Estado"?

¿Y cómo ella, que fue ministra de Justicia,  puede avalar un enfoque que es una traición de los Acuerdos de Oslo que llevaron a que Israel autorizara la creación de una "Autoridad Palestina" y que requieren de su aprobación para toda reglamentación, unos Acuerdos de Oslo de los que Occidente, incluyendo a Francia, son garantes?

Así pues dejen de contarnos mentiras, no es la paz lo que promueve este reconocimiento, es la guerra, una guerra salvaje, una guerra de religiones que llegará hasta Europa. Si Francia vota este reconocimiento, ha optado por crear un régimen totalitario que tratará de reemplazar al Estado de Israel.

Y no es la petición de 700 israelíes, artesanos de la descomposición del pueblo judío, la que justificaría este proceso. Si ese es el motivo, nosotros podemos aportarles mañana una petición firmada por cientos de miles de israelíes y de judíos de todo el mundo

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Sunday, August 31, 2014

¿Prohibir la aliyá a los judíos franceses? - Shmuel Trigano - Times of Israel



Yo comencé hace unas semanas la revisión del desarrollo de un tema ideológico y político bastante novedoso en Francia - pero que los judíos del mundo árabe durante los años 1950-1970 conocieron bastante bien - y que presenta la posibilidad o la realidad de la instalación de los judíos franceses en Israel como un acto amenazante, hostil y agresivo, algo que lógicamente habría que prohibir. En numerosos países árabes, donde las comunidades judías vivieron sus últimos días, este tema inspiró una política y unas leyes que cualquier historiador podrá identificar fácilmente en Egipto, Irak, Libia, Marruecos, etcétera.

Pero es ahora cuando vemos aparecer por vez primera este tema en Francia. Por el momento, permanece dentro del marco del juicio y el discurso ideológico. ¿Podría llegar a convertirse algún día en un texto de ley, o en un marco legal  ("políticamente correcto", por supuesto, a través de sanciones fiscales, bancarias, nacionales...)? El futuro nos lo dirá. Todo hoy es posible. El poder es débil y volátil. ¿Quién sabe quién ocupará mañana la sede presidencial? ¿El Frente Nacional? Por otro lado, el Partido Socialista y la UMP no son demasiado tranquilizadores...

Tras analizar el artículo del editor en jefe de Le Monde Diplomatique, Alain Gresh, que fue quien abrió el fuego, y del editor de L'Express (quién nos demostró que en la más alta jerarquía de los medios de comunicación se piensa así), debo hacer mención de una nueva toma de posición similar, situada esta vez en lo que se llama la "extrema izquierda" y en la persona del profeta de la "Sexta República", me refiero a Jean Luc Mélenchon, del cual analizaremos su "discurso de Marsella" donde retomaba todos los temas queridos por el islamismo.

Juzgando las manifestaciones pro-palestinas que tuvieron lugar recientemente, atacó inesperadamente a los judíos de Francia: "Si tenemos alguna cosa que denunciar es a esos compatriotas nuestros que han tenido a bien acudir, sin duda inspirados, a manifestarse ante la embajada de un país extranjero (Israel) o bien ir a servir bajo sus colores con las armas en la mano".

Y que no se diga que él es antisemita: "No tenemos miedo de nadie. No tratéis por lo tanto que bajemos los ojos. Será una causa perdida. Yo le diría al CRIF (el organismo central de las comunidades judías) francesas que ya basta. Intentar barrer a todo el mundo con el rayo paralizante de su tratamiento como antisemita cuando tiene la audacia de criticar la acción de un gobierno, resulta ya algo insoportable. Ya hemos tenido suficiente. La República es todo lo contrario de esas comunidades agresivas que tratan de dar lecciones al resto del país".

Y es que los judíos franceses son infieles a la República y están al servicio de un Estado extranjero adepto "a la violencia y la brutalidad". Y ese Estado práctica el genocidio: "En fidelidad a la memoria de los asesinatos en masa que se han cometido en el pasado, nosotros nos hemos convertido en la vanguardia que apoya a esa desafortunada población". Y de paso fustiga al presidente Hollande que les ha dado "carta blanca". ¿Y los manifestantes pro-palestinos? Le faltan palabras de admiración para describirlos, a esos jóvenes franceses (sin duda no de aquí) que fueron capaces de movilizarse con una "perfecta disciplina y en defensa de las desafortunadas víctimas de la guerra en Gaza". Ellos fueron capaces de "mantenerse dignos y de encarnar mejor que nadie los valores fundadores de la República Francesa". Por supuesto, los incidentes antisemitas en Sarcelles y París no fueron graves, solo el hecho de que "unos pocos energúmenos".

La suprema acusación en primer lugar: la explicación de ese juicio se refiere a los judíos como "pueblo elegido", y por lo tanto racista y dominador. "Nuestros valores harán que siempre estemos del lado de los débiles y de los humillados, porque nuestros valores son libertad, igualdad y fraternidad. No la paz para algunos y la guerra para los demás. Nosotros no creemos en un pueblo superior a los otros".

En estas palabras podemos observar como una idea viaja de la derecha liberal (De Gaulle, Christophe Barbier) a la extrema izquierda (Mélenchon, y Gresh). ¿Afectará finalmente al centro derecha y a la izquierda? Está por ver. Mientras tanto, se trata de un paso más en la degradación de la imagen y el estatus de los judíos de Francia. Incluso cuando ellos salen de la escena, abandonando el país, se ven expuestos a la desaprobación y a la condena. El problema es que también serán reprobados aún cuando permanezcan. Lo peor de todo es que aún después de los recientes acontecimientos, los judíos franceses son únicamente los acusados, mientras tanto esa "juventud francesa", a pesar de la violencia de sus manifestaciones, es cortejada y alabada [N.P.: la "juventud francesa" es una alusión irónica a la población de origen magrebí, muy mayoritaria en dichas manifestaciones y bastante poco amante por lo general de la República, tal como se puede observar por su masiva utilización de las banderas de sus países musulmanes de origen].

Ya tenemos un primer ejemplo de la extensión política y judicial de este tema, con Tewfiq Tahani, el presidente de la Asociación de Solidaridad Francia-Palestina (AFP), quien ha comparado a los ciudadanos judíos franceses que participan en el ejército israelí a los yihadistas franceses partidos hacia Siria, acusando a "esos jóvenes compatriotas de participar directa o indirectamente en los crímenes de guerra en Gaza",  un teatro de operaciones donde, en palabras del ministro de Exteriores Laurent Fabius, "tuvo lugar una verdadera matanza", y que en una carta abierta a Manuel Valls apela para que sean juzgados por crímenes de guerra.

Es el mundo al revés. Una auténtica pesadilla. La sociedad francés está profundamente perdida y los enemigos de los judíos se manifiestan cada día más resueltos. En cuanto a Mélenchon quien, por su estilo de oratoria desde la reciente campaña electoral, ha vuelto a introducir la brutalidad en la política francesa, no olvidemos que en el medio donde surgieron los primeros socialistas franceses, desde el principio del socialismo en el primer semestre del siglo XIX, surgió uno de los primeros brotes del antisemitismo.

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Sunday, August 03, 2014

Los judíos franceses, ¿futuros parias de la República francesa? - Breve entrevista a Shmuel Trigano - Causeur



Esther Benfredj: Las violencias antijudías de estas últimas semanas muestran un resurgimiento del antisemitismo en el seno de la sociedad francesa. En su opinión, ¿qué lugar otorgan la sociedad y de los poderes públicos a los judíos de Francia?

Shmuel Trigano: Francia otorga a los judíos el lugar que se reconoce a si misma. La identidad judía francesa después de la Segunda Guerra Mundial estaba totalmente inscrita en la ciudadanía y en la identidad nacional. La puesta en cuestión de este marco por el multiculturalismo, tanto estatal como social, ha sacudido esos cimientos. La "República", tan invocada sin cesar, parece no ser más que un decorado de un teatro vacío. Ante estas circunstancias, ¿en que pueden convertirse los judíos franceses si no en una minoría marginalizada, inclusive paria? Su aislamiento social, desde hace catorce años (desde el comiendo de la Segunda Intifada, en el 2000, y el resurgimiento del antisemitismo), ha alcanzado su nivel máximo, y sin que nadie se haya dado cuenta. La ciudadanía, por lo que implica de igualdad de los individuos, ya no sirve de protección para ellos en la medida que la referencia ya no es más el individuo, sino las "minorías" que, son de diferente tamaño (potencia, agresividad, convicción). Pero para entonces, las fuerzas más vivas judías ya habrán, probablemente, partido hacia cielos más clementes.

Esther Benfredj: ¿Qué consecuencias tendría el exilio de los judíos de Francia sobre el futuro de nuestro país y, más ampliamente, para el de Europa?

Shmuel Trigano: Es necesario invertir la cuestión: es la unificación europea la que conduce a Francia, viejo país centralista y seguro de si mismo, a disminuirse en su propio seno. Es la búsqueda - por parte de la "ideología europeista" post-nacional - de una especie de "nada identitaria abismal" el mejor agente de la decadencia moral, social y política. El retroceso del Estado-nación sólo puede conducir a la desaparición de la democracia. Se trata de la naturaleza no democrática del poder europeo, que se ha implementado en la actualidad, y por supuesto, en nombre de los "derechos humanos". ¿Alguien se ha percatado que su invocación se ha convertido en la manera de reducir a la nada los "derechos del ciudadano"?

Esther Benfredj: ¿El rechazo por parte de esta "ideología europeista" post-nacional de cualquier vestigio de identidad nacional va en provecho de los islamistas?

Shmuel Trigano: Cuando más importante resulta a nivel mundial la apuesta identitaria, la renuncia oficial de la Unión Europea a sus fundamentos culturales e identitarios nos muestra que las civilizaciones también pueden suicidarse. El Islam de la yihad global es probablemente el actor principal del choque de civilizaciones que tiene a Europa, y a sus alrededores, como al escenario principal. Es muy probable que la Unión Europea - especialmente en Francia - experimente en los próximos años graves conflictos identitarios que el Estado, debilitado al máximo por la "ideología europeista", ya no pueda reprimir. ¿Quién saldrá victorioso? Nada está dicho aún.

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Thursday, July 31, 2014

¿Prohibir la aliyá a los judíos franceses? La criminalización del sionismo por las élites políticamente correctas de Francia – Shmuel Trigano



 Con motivo de la última edición de Le Monde Diplomatique (8 de julio), se puede leer un blog muy significativo - sociológica e ideológicamente – de su editor, Alain Gresh, "Cómo Paris favorece la salida de judíos franceses hacía Israel". Y en esa entrada se dice significativamente: "Desde el momento que Paris denuncia a los yihadistas que parten a combatir a Siria, y no toma ninguna medida en contra de los miles de franceses que sirven en el ejército israelí, sobre todo en los territorios ocupados, y violan así el derecho internacional así como la política oficial de Francia” (véase Marc Cher-Leparrain, "Esos voluntarios franceses en el ejército israelí" Orient XXI, 18 de marzo de 2014). Y este ejército es, a sus ojos, "un ejército de ocupación cuyos crímenes son documentados todos los días por las organizaciones de derechos humanos".

En el artículo citado Marc Cher-Leparrain, un antiguo diplomático y arabista del Quai d'Orsay que ha servido en el Oriente Medio, se lee que el judío francés que ha hecho aliyá, y por lo tanto, servirá en el ejército israelí, "participará intencionadamente en la ocupación de territorios, en violación del derecho internacional. Pero este proceso no parece preocupar a nadie, ni tampoco las posibles implicaciones de franceses en violaciones de la Carta Internacional de los Derechos Humanos o el derecho de la guerra. La cuestión queda sin embargo planteada... 

Mientras que un francés no israelí, en nombre de su pertenencia a la comunidad judía, encuentra legítimo defender una ocupación ilegal de los territorios, un francés no palestino, pero en nombre de sus raíces árabes, no puede encontrar que sea igualmente legítimo acudir en defensa sobre el terreno de los palestinos, y en contra de la expansión ilegal de asentamientos en sus territorios ¿Cuál de estos dos enfoques reposa ​​en la legitimidad de conformidad con el derecho internacional y el derecho francés? 

También ha provocado un gran revuelo que musulmanes franceses vayan a combatir a Siria del lado de la rebelión sostenida por Francia, al cometer el error de unirse a grupos yihadistas que figuran como terroristas. Pero nadie habla de esos franceses que, desde hace bastantes años, participan bajo un uniforme israelí en una ocupación oficialmente denunciada por la ONU y el Estado francés. Hay por lo menos una paradoja en Francia y, si basamos la legitimidad sobre el derecho, una gran oscilación. Imaginen a un ciudadano francés, bajo el uniforme israelí, que se enfrente en los territorios ocupados con otro ciudadano francés comprometido con el sostén de la causa palestina. A continuación, convendría aclarar, de acuerdo con el derecho francés, la situación jurídica y legal de cada uno de estos ciudadanos".

Este corto texto viene cargado con un sentido ideológico muy acusado.

En principio, este texto se criminaliza al sionismo, como siempre con esa manera mágica y sin fundamento, utilizando gruesas palabras como "colonización" y "derecho internacional". Sin embargo, el derecho internacional, precisamente, no define la situación o el estatus de estos territorios por la categoría de "ocupación", inventada junto con su argumentación por la OLP y Hamas. Este recurso o artificio retórico es bien conocido desde hace 14 años: tiene como finalidad hacer del "antisionismo" un antisemitismo moral dirigido formalmente contra Israel, pero que en realidad golpea concretamente a todos los judíos.

Esta criminalización repercute sobre los judíos franceses, que hacen aliyá o que están en proceso de hacerla. Y porque ellos son judíos (y por lo tanto, potencialmente israelíes), ellos se ven ahora acusados de un presunto "delito" que no existe, mientras que la aliyá a su vez es considerada como una empresa terrorista. Su ciudadanía se vuelve por lo tanto “dudosa", como las de esas poblaciones de reciente nacionalidad francesa que son atravesadas por la onda de choque de la yihad global, de la cual Francia también es su objetivo. Estamos ante una nueva forma, agravante, del proceso de rampante desnacionalización de los judíos de Francia, y que lleva en funcionamiento los últimos 25 años bajo la acusación de "comunitarismo".

Si nos entregamos a una comparación - del género de las tan queridas a los multiculturalistas - constataremos que, si bien ellos enarbolan sus sospechas de los judíos franceses que emigran a Israel como criminales de guerra en potencia – a imitación de los candidatos para la yihad en Siria (y puede que más tarde en la propia Francia) -, estos dos autores, por el contrario, no parecen tener esas mismas sospechas con el islamismo de esos 5.000.000 de franceses que son también ciudadanos argelinos, y que votan en masa sobre el territorio cada vez que hay elecciones en su país origen.

La comparación que hacen estos mismos autores con los "francés no palestinos, en nombre de sus raíces árabes", aquellos que potencialmente podrían ir a batirse por "Palestina", resulta mucho más grave. Esta equiparación representa una etapa suplementaria e incendiaria. No sabíamos en realidad que existiese esa especie de Brigadas Internacionales en Palestina a las que los franceses de raíces árabes pudieran unirse.

Este caso "teórico" (una forma de reescribir la historia con el condicional "si") puede entenderse no solamente como una invitación a los musulmanes franceses para que vayan a fortalecer a Hamas sobre dicho territorio, sino también una manera de "justificar o comprender" de manera insidiosa que ellos puedan ejercer su violencia contra los judíos franceses (recuerden, esos posibles soldados de Israel) en el propio territorio francés, y en el nombre del "derecho internacional".

En suma, si los judíos franceses permanecen en Francia, estos judíos son terroristas en potencia (y el odio hacia estos judíos tiene alguna razón de ser), pero si ellos parten para escapar del antisemitismo, se convierten en terroristas de hecho. Lo que esta tesis sugiere al Estado francés es simplemente prohibir a los judíos franceses salir del territorio en el caso que pretendan reforzar el sionismo en Israel, como ya se prohíbe partir a los "lobos solitarios" yihadistas. Así se alinea a la par el Estado de derecho que es Israel con las organizaciones terroristas de la yihad en Siria y el "Califato" islámico.

Lo irónico de esta historia es que Alain Gresh es él mismo de origen judío egipcio, es decir, que él o su familia han experimentado personalmente la criminalización del sionismo - entre otros procesos -, que fue uno de los procedimientos por los que los judíos de Egipto fueron privados de sus derechos civiles, al igual que los judíos de Irak, Libia, Siria, Líbano, Irán, y por lo cual durante ciertos periodos se les prohibió abandonar sus países que se convirtieron en auténticas prisiones... De hecho, la nacionalidad era retirada a cualquier persona "comprometida en acciones favorables a estados enemigos, o que no tuvieran relaciones con Egipto" (en 1956, fueron definidos someramente como "sionistas"). Del mismo modo, la prohibición de salir de esos países (Marruecos, Libia...), y la imposibilidad de obtener pasaportes, fueron justificados con este argumento. Pero la acusación de sionismo tendría efectos más graves como el cierre de las instituciones judías.

Estos juegos retóricos son muy graves, y el hecho de que sean posibles bajo los auspicios de una importante revista francesa, nos da un indicio de que parecen ser habituales y compartidos notablemente dentro de la comunidad académica y periodística, por lo que representan una alarma inquietante. Nos recuerdan a los historiadores esa historia tan poco conocida del proceso que condujo a la exclusión o expulsión de un millón de judíos de 10 países árabes entre 1940 y 1970.

El mundo árabe, sus movimientos nacionalistas y sus Estados postcoloniales están en el origen de esta acusación del "sionismo", cuya economía era diferente a la acusación de tipo soviético (cosmopolitismo, capitalismo, complots, véase el complot de los médicos judíos o blusas blancas de 1957). La acusación de tipo nazi, la tercera modalidad histórica de acusación del “sionismo”, fue por su parte y en su momento, más una forma de obtener una coalición con los nacionalistas árabes - y en primera línea el Mufti de Jerusalén Amin El Husseini, el principal líder palestino - que una acusación realmente argumentada en contra de los judíos: era aún demasiado temprano, en términos de la posterior constitución de un Estado judío, para que Hitler la adoptara como un objetivo central, aunque se incluyó en las campañas de Rommel.

Este ataque contra el sionismo, y en este caso este esbozo de un llamamiento para evitar que los judíos franceses partan hacia Israel, es un recurso típico del mundo árabe e islámico. El hecho de que ahora se pueda escuchar dentro de la "corriente principal" de las élites políticamente correctas francesas, y en este caso en una revista importante, el hecho mismo de que pueda llegar a ser compartida por muchos medios de comunicación y de opinión y que no parezca suscitar ningún escándalo, nos anuncia a los judíos franceses que ya no vivimos en el país en donde creíamos vivir.

Y nos hace regresar hasta nuestra memoria esos momentos traumáticos donde se volvía imprescindible partir antes de que volviera a ser posible lo que luego se institucionalizó como “nunca más”.

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Friday, July 18, 2014

¿El pistoletazo de salida (para los judíos franceses)? - Shmuel Trigano - JForum



Lo que ha sucedido el domingo 13 de julio 2014 en París es, desde numerosos puntos de vista, un acontecimiento significativo, un punto de inflexión en la oleada antisemita que comenzó en la década de 2000. Fue como un ensayo en buena y debida forma de un pogromo que fracasó, pero que puede volver a producirse. Sin embargo, pudo tener éxito, y causar la pérdida de vidas judías, si no fuera por la resistencia improvisada de grupos como Beitar y la Liga de Defensa judía ante la sinagoga de la Roquette.

Esa era la intención de los manifestantes vistas las armas con las que estaban provistos y el alcance de sus objetivos: 2 sinagogas (y la antigua de Belleville y Aulnay en Bois) y el señalamiento de direcciones judías, como blancos potenciales, en el transcurso de la manifestación.

El acto era manifiestamente antisemita porque ni los provocadores eran "palestinos", ni los judíos franceses atacados son israelíes. El acontecimiento era franco-francés. No emanaba de una ideología política, sino de una pertenencia étnica, comunitaria y religiosa (árabe-musulmán). Del mismo modo, su objetivo no eran los miembros de un partido político, sino personas de una pertenencia étnica y religiosa, los judíos (para la ocasión, identificados a los israelíes) por encima de cualquier tipo de adscripción ideológica, lo que convirtió ese acto en uno típicamente racista, aunque se trataba obviamente de un racismo de origen religioso, tal como los símbolos de identidad y las consignas de los atacantes demostraron.

Por otro lado, el vínculo de esta manifestación con una campaña internacional, probablemente a través de los Hermanos Musulmanes, parece obvia. Se trata del "camello no ve su joroba" para las gentes que critican al "sionismo internacional"... El pretexto invocado es dilatorio: había habido 170 muertos en Gaza, en buena medida terroristas, y otras 170 000 muertes en Siria. Vale la pena realizar la comparación cuando sabemos que esas 170.000 muertes no han causado ningún escándalo ni han movido a la compasión en la opinión pública musulmana. Por supuesto, ninguna manifestación. El carácter de pretexto es claro y evidente aquí. Se trata de los judíos los que están puestos en cuestión, no de los palestinos.

Desde el año 2000, la causa palestina es el emblema del activismo islámico en Francia, el cual ha encontrado en el antisionismo dominante en la sociedad y en los medios de comunicación una “justificación moral" de su erupción violenta sobre la escena pública y una enorme avenida para su desarrollo. Esa no fue más que la primera etapa de una violencia que ha ganado a todos los territorios de la sociedad, cómo los 500 ataques anti-judíos del 2001 precedieron a la "revuelta de los suburbios" de 2005.

¿Estamos en Francia en un estado de pre-guerra civil? La confianza en el juego limpio ciudadano de una parte de la sociedad francesa puede muy bien haber sido rota de una forma permanente. Pero, ¿qué va a suceder en la vida cotidiana, en la vida civil, en la económica, en la administrativa? Porque hay otros informes preocupantes en cada una de estas áreas. Ya las poblaciones judías, las que pueden, se han replegado por sí mismas sobre los barrios más seguros. Los niños judíos han desertado en masa de una escuela pública que es incapaz de protegerles. Los estudiantes judíos evitan algunas universidades. Un elemento judío, un apellido por ejemplo, en un CV resulta a menudo fatal. Las escuelas judías y las propias sinagogas se han convertido en lugares fuertemente protegidos. Los judíos, en definitiva, están siendo empujados gradualmente a un espacio que ya no es "público", sino fragmentado como resultado de la "diversidad". La imagen de los judíos, Israel o el judaísmo es constantemente atacada o puesta en burla... Sin contar con los terroristas potenciales de la yihad que habitan entre nosotros.

Añádase a esto la complacencia de la sociedad y la somnolencia del Estado, una situación que ya dura desde hace 14 años. Abducidos y poseídos por la ideología europea de lo políticamente correcto, los hombres de Estado han cometido un grave error de análisis estratégico que no solamente provoca que no se opongan a la degradación, sino que tratan de apaciguarla o edulcorarla más que nunca. Las intervenciones de las dos cabezas del Estado después de la manifestación de  La Bastilla, inciden en ese error. Manuel Valls, el primer ministro, dice que no permitirá "la importación conflicto palestino-israelí en Francia". Eso es también lo que piensa el presidente, Hollande: "El conflicto palestino-israelí no se puede importar. El antisemitismo no se puede ser utilizado y resucitado porque hay un conflicto entre Israel y Palestina".

Se trata de una negación de la naturaleza del problema, que es francés, religioso y étnico. Israel resulta sólo una excusa, al contrario de lo que dice Hollande. Al hacer referencia a Israel, acumulamos más vergüenza sobre ese país y sobre los judíos, enfureciendo aún más a los manifestantes, a la vez que refuerza su "derecho" a manifestarse. Esto evita enfrentarse al problema estrictamente francés. Cuando Jean Yves Le Drian solicita "a Israel que actúe con moderación en su respuesta, respete el derecho internacional y garantice que las víctimas civiles serán evitadas" se limita a repetir el mantra gaullista de 1967 de prohibir a Israel su derecho a la legítima defensa. Más bien que tocar o dañar a un palestino, más vale que los israelíes se dejen matar. Esa es la doctrina políticamente correcta que castiga e invade a Francia, distorsionando la realidad, y retomando esa especie de mantra internacional políticamente correcto que parece decir: “judíos, sufrid en silencio”.

Sin embargo, lo más terrible sigue siendo la reacción o la falta de reacción de la sociedad, incluyendo en gran medida a los medios de comunicación. La AFP es un modelo en su género en materia de reescritura de los acontecimientos en el sentido de distorsionarlos, ayudada en ello por el gran "experto" en este tema, Pascal Boniface: "La prohibición de este tipo de manifestaciones sería un peor remedio que la enfermedad". Los manifestantes criticando la crueldad de Israel son ampliamente citados por la AFP, que de paso incrimina a la Liga de Defensa Judía. El AFP proporciona en sus despachos y noticias un esquema de las pérdidas en Gaza que justifican implícitamente las manifestaciones violentas.

¿Cuál será el impacto de esta enésima manifestación sobre el ánimo de los judíos de Francia? La verdad es que podría llegar a jugar el papel que hechos de este mismo tipo jugaron en el pasado para los judíos del mundo árabe: un acontecimiento simbólico muy fuerte (disturbios, asesinatos...), la señal de que hay que comenzar a partir, entendiendo que los “judíos" ya no tienen futuro en un país que era el suyo. Este fenómeno se repitió en los 10 países árabes en los que los judíos fueron expulsados ​​en masa. Después de todo, sería bastante plausible porque es como si la exclusión de los judíos, que comenzó en el norte de África y que, de alguna manera amenazaría, después, a  aquellos de entre ellos que han encontrado refugio en Israel, prosiguiera en suelo francés. La "FranciArgelia".

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Sunday, June 01, 2014

Judíos en Francia: Cinco columnas, pero sin querer adentrarse en la verdad - Shmuel Trigano



El titular, sobre cinco columnas en la primera página, en el Fígaro del viernes 09 de mayo 2014, "Cada vez más judíos abandonan Francia por Israel" era un acontecimiento en sí mismo. Pero en tanto "esa novedad" resultaba grandilocuente,  como la explicación que se proporcionaba en toda la página que le estaba consagrada, la noticia quedaba anulada por su trivialidad.

El escenario del artículo se resumía en el subtítulo, es decir, que "esa partida de los judíos franceses no tenía nada que ver con el progreso del sentimiento antisemita en Francia". Entonces, nos preguntamos, por qué llevar al titular de primera página que los judíos se iban, si ya otros franceses emigran a Australia o Londres... Sin embargo, la gran noticia era precisamente la salida de los judíos franceses hacia Israel en clima marcado por 14 años de "antisionismo".

Lo que hay de fascinante en este "no acontecimiento" en titulares es constatar que, desde el principio hasta el final, el antisemitismo no ha sido reconocido como lo que es tanto por la opinión pública - los medias - como por los poderes públicos. De hecho, comenzó a describirse bajo la fórmula engañosa de "tensiones intracomunitarias", una fórmula que vuelve a las víctimas corresponsables con los agresores, y parece terminar con la misma ocultación del antisemitismo bajo la aliviadora atribución a una "emigración económica y por libre elección". En resumen, las quejas de los judíos de Francia han sido ignoradas e incomprendidas desde el principio hasta el final.
 
No se puede negar, por supuesto, que existe una categoría de inmigrantes cuya principal razón para partir puede provenir del atractivo del país de las start-ups, de las playas de Tel Aviv y de una economía en crecimiento, incluso de la calidad de los estudios.

Pero todo actor social no es un sociólogo y, si se dan motivos y razones para la acción, él puede no controlar plenamente los entresijos de una situación hasta el punto de ignorar o no incluir la atmósfera que abandona como una de sus razones para partir. Las razones que dan hacen pantalla al movimiento que les empuja a partir, sobre todo, cuando ellos siempre han aparecido oscurecidos, si no ignorados, en el debate público.

No ignoremos por otra parte, que también existe un manera "noble" de elegir a Israel, la cual debería ser la más extendida pero que aún es poco frecuente, en virtud de una elección positiva y no bajo la forma de una fuga o huida.

Todas estas posibilidades que estoy considerando se desdibujan, sin embargo, como las dunas de arena bajo el viento, al visionar la entrevista al presidente del CRIF por ese mismo periódico, a modo de preludio a esas cinco columnas en primera plana, y que abunda en la desactivación simbólica del fenómeno, y por lo tanto en su pérdida de sentido. El periódico piensa como él.

Sin embargo, algunos observan que las cualidades de la vida que se atribuyen a Israel, las razones de la partida hacia allí, también resuenan como críticas de una sociedad francesa que parece ya no disponer más de ellas.

Pero yo no puedo dejar de hacer notar el tratamiento lenificante (calmante) de la partida de los judíos franceses por parte de Le Figaro, un estigma del mismo tipo que los que han construido la atmósfera de su partida.

"Por cierto", afirma el periodista sintiéndose obligado a puntualizar, al evocar la aliyá de después de la guerra de 1967, "durante la cual Israel triunfó sobre la coalición árabe y ocupó Cisjordania en violación de la legalidad internacional", una afirmación totalmente gratuita y falsa si se omite decir que ese territorio, hasta entonces sin ningún poseedor o detentador legal, ya había sido ocupado ilegalmente por Jordania, quién lo había invadido en 1948 y que había expulsado a los judíos que allí vivían y en una guerra que los árabes habían iniciado; de la misma manera que tras provocar la guerra de 1967, al día siguiente de su finalización 8 países árabes determinaban sus famoso "tres no de Khartoum" (no habrá paz, no habrá negociación y no habrá un reconocimiento de Israel). Sin lugar a dudas este reportero era demasiado joven para hacer remontar sus conocimientos hasta una época a "tanta distancia"...

Si los judíos abandonan Francia por Israel no es sólo para escapar del rampante antisemitismo existente en el mundo musulmán actual (incluido aquellos que habitan en Occidente), sino también, y sobre todo, por su constatación de que la sociedad europea les ha abandonado. Ese fue un sentimiento real y poderoso desde el año 2001, cuando una cerrazón (que más tarde se supo que tenía como fuente al propio gobierno) mediática y ambiental puso un hérmetico bozal a los más de 500 ataques antisemitas, que permanecieron sin condena o castigo.

Los judíos ya entonces se sintieron abandonados por el Estado, pero también por la justicia y los medios de información, cuya sistemática polarización ideológica y política dio lugar a una atmósfera generadora de hostilidad hacia los judíos.

Por otro lado, la gestión política del problema  francés de la inmigración por la religión ha implicado fuertemente a los judíos, que han sido acusados de comunitarismo por parte de las élites políticas y mediáticas con el propósito de fomentar la "pacificación", pero con el riesgo de una desnacionalización simbólica rampante (que se resume en la expresión de Mitterrand durante la Guerra del Golfo: "las dos comunidades"), y eso allí donde tendría que haberse apoyado sobre la ciudadanía.

[N.P.: Para que lo entiendan, la comunidad judía francesa estaba plenamente integrada en la ciudadanía francesa desde hace décadas, hecho que no sucedía, también en parte por voluntad propia, con la creciente comunidad magrebí, africana y musulmana. Al hablar Mitterand de dos comunidades para evitar pensar el antisemitismo musulmán y enfocar el problema allí donde reside, lo trasladó a un conflicto entre comunidades que, al homologarlas, convertía a la comunidad judía francesa en una especie de comunidad también recien llegada y problemática, en lo referente a su integración y a su relación con la identidad nacional francesa. Mató al mensajero, por así decirlo]

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Saturday, January 04, 2014

Con el nuevo año, un gran artículo sobre lo que se avecina sobre Europa: "Los judíos son árabes como los demás", una operación ideológica de gran amplitud - Shmuel Trigano


Judíos de Argelia

Una increíble campaña publicitaria e ideológica se ha desplegado en Francia durante las últimas semanas. Ha tenido como blanco a la opinión pública global y vectorialmente a los judíos, especialmente a los sefardíes, perdón, según la doxa políticamente correcta, los "judíos árabes". Su magnitud se mide por su carácter transatlántico, por su despliegue editorial y audiovisual, así como por sus defensores y patrocinadores.

¿De qué se trata? De una serie de televisión de cuatro episodios en el canal franco-alemán Arte, lanzada con mucha publicidad en multitud de medios de comunicación y titulada “Judíos y Musulmanes, tan lejos tan próximos”; un libro de 1.150 páginas recogiendo una multitud de contribuciones publicado simultáneamente en francés e inglés en los Estados Unidos, y titulado "La Historia de las relaciones entre los judíos y los musulmanes desde sus orígenes hasta la actualidad".

Conjuntar esa serie y ese libro no se justifica únicamente sobre la base de su lanzamiento coordinado, sino porque encontramos mencionado en la serie de Jean Mouttapa al editor del libro (y de hecho, su verdadero artesano, ya que esa interpretación de la historia no procede del dominio académico de los dos directores del libro) y porque entre los entrevistados en la serie nos encontramos con uno de los directores del libro, Abdelwahab Meddeb, y con algunos de sus colaboradores. Además, la publicidad de ambos productos se hace simultáneamente en los Estados Unidos y ambos son vendidos conjuntamente en Amazon Francia.

Si consideramos el contenido del mensaje (yo sólo voy a tratar en este contexto de la serie de TV), el proyecto está claro. Bajo la intención anunciada de aproximar a judíos y árabes, "tan cerca, pero tan lejos" - los equidistantes judíos y musulmanes, como ha declarado Meddeb a propósito del libro -, se trata especialmente de promover la causa y la imagen del Islam y el mundo árabe a través de su relación con los judíos, marcada en Francia hoy en día, sobre todo tras el caso Merah, por la hostilidad.

El escenario de la serie de televisión es simple. Se trata de crear una connivencia entre judíos y árabes, contrapuestos ambos a la hostilidad de un tercero multiforme: la Europa cristiana, Occidente, los judíos occidentales (culpables de haber desconectado a los otros judíos de sus "hermanos" árabes), y por supuesto - los más culpables -, los sionistas y el Estado de Israel. Esta “connivencia” se obtiene borrando por completo la memoria y la voz de los judíos del mundo árabe, reescribiendo su historia de manera etnocéntrica y paternalista (la famosa "tolerancia" del Islam). Los "expertos" entrevistados no son todos especialmente representativos. Gran parte de ellos son declarados antisionistas. Algunos no tienen relación con el objetivo de la serie a menos que su testimonio se haya reducido de forma selectiva para que digan lo que el director quiere oír. También hay que comentar la voz de sus colegas árabes, que eso sí ha sido "normalizada", porque si se observa bien todos los "expertos" musulmanes entrevistados viven en Europa y Estados Unidos, y ninguno en el Oriente Medio Oriente o África del Norte, aunque algunos son paquistaníes o indios, lo que también implica una experiencia histórica muy diferente. El discurso apologético de tales testigos se explica con claridad: ellos defienden esa imagen de "connivencia en un Occidente" enfrentado a la jihad global, pero ese no es el caso de sus colegas que viven en el mundo árabe y cuyo discurso hostil hacia los judíos es diariamente audible en Francia y en Europa a través de la televisión por satélite.

El argumento central de la serie consiste, por supuesto, en afirmar que el antisemitismo era desconocido en el Islam, pero sin embargo era una tara endémica de Occidente, el cual finalmente ha terminado por trasplantarlo al Oriente Medio a favor de la dominación colonial y la "invasión" de Palestina, todo lo cual ha chocado con el nacionalismo árabe que, sin embargo, y según nos dicen, “sí tenía un lugar en sus sociedades para los no musulmanes”, y por lo tanto también para los judíos. De hecho, la serie vuelve varias veces (el segundo episodio sobre las Cruzadas y el tercero sobre la emancipación de los judíos de Argelia) sobre la idea de que los "musulmanes fueron las víctimas, al mismo tiempo que los judíos, de las acciones de Occidente". El "otro" de Occidente es retratado en primera lugar con las trazas del Islam, y posteriormente de los judíos (a través de la descripción del antisemitismo europeo). El sionismo no existiría por otra parte más que por su articulación con el antisemitismo, ya que no tendría ninguna relación con la religión y en el mesianismo judío, y de hecho "no significaría nada para los judíos árabes".

Por lo menos en dos ocasiones se nos dice que lo que se considera un pogrom en Occidente no lo es tal en el mundo árabe. Allí los pogromos son conflictos "inter-étnicos", "inter-tribales", por ejemplo en tiempos de Mahoma - que pasó a cuchillo a toda la población masculina judía de un oasis en la península arábiga, y que bajo el juicio de un mediador certificado por los judíos, se nos trata de decir que hubo una culpabilidad judía para esa masacre -. Esas violencias anti-judías también serían acciones "nacionalistas" cuando se trata de los pogromos de 1929 en la Palestina del Mandato. Y es que los judíos occidentales serían en realidad los "culpables de esa confusión", ya que habrían equiparado dicha violencia con la de los pogromos de la Rusia zarista, envenenando las cosas y creando una causa judía (preconizando una identificación con los judíos palestinos). Por otro lugar, nos dice Michel Abitbol, existía un "racismo asquenazi" contra los judíos árabes... Todo este subterfugio llega a su clímax con los pogromos de 1929 promovidos por el Mufti de Jerusalén, ese que se convertiría años más tarde en un dignatario del Tercer Reich, cuando son presentados como la mayor "revuelta anticolonial" que ha existido en el Imperio Británico. Esta negación de la realidad puede ser aún peor cuando la situación envilecida y de sometimiento de los dhimmis es redefinida como el "fruto" de un antiguo "trato" con los "conquistadores" árabes (una descripción de una historia que sólo puede ser escrita por los amos y no por los vencidos a ojos de esos "conquistadores", los cuales en realidad fueron los "invasores" que les robaron y redujeron a la servidumbre).

El modelo argumental es a la vez apologético y poco autocrítico: difunde una ligera crítica del Islam y de su relación con los judíos a la que vez que se le excusa sistemáticamente. El método es por regla general el mismo: se hace preceder cada hecho histórico molesto para el Islam del argumento de una supuesta falta o pseudo responsabilidad de los propios judíos, a menos que dicha responsabilidad se pueda achacar a Occidente y al colonialismo. Así, la política anti-judía del Islam desde sus orígenes no habría sido más que una reacción de "enemistad tribal", "natural" para la época, al igual que el pogrom de Córdoba (donde hubo 4.000 muertos) sería la culpa de unos fanáticos pero no del Islam, y el antisemitismo contemporáneo árabe sería la reacción al colonialismo y a la “invasión judía” de Palestina bajo la influencia del sionismo etcétera. No obstante, la serie televisiva acusa el golpe de ciertos hechos demasiado evidentes que, si no son asumidos, debilitan la apología del Islam y la consideración del judaísmo como su reflejo ("la influencia del islam en la religión judía"). Es como cuando en las familias se susurra la idea de que hay altas y bajas...

Se puede "jugar" a identificar el perfil que de los judíos se describe puntillosamente en la serie. En ello parece resonar una fórmula que se resume en lo siguiente: "Los judíos son árabes como los demás", del que se hace eco un profesor de la Universidad Hebrea que establece que "los judíos son árabes de religión judía". Así es posible oír la expresión "árabes judíos y musulmanes", que no tiene ningún sentido a menos que un país donde vivieran plácidamente esos judíos se llamara "Arabia" (pero cuidado, hoy ya existe tal país, pero se califica de “saudita”, y por su constitución, que sigue las directrices del Corán, prohíbe la residencia de judíos). Este vocabulario pretende sugerir una promiscuidad que no solamente representa una negación de la auténtica historia judía. Es también un fracaso en términos de conocimiento. "Árabe", en realidad, designa un origen étnico, y "musulmán" una religión que no solo practican los árabes, como por ejemplo los turcos e indios (a excepción de los periodistas que hicieron de los "musulmanes" bosníacos una nacionalidad). Es cierto que debido a que el Corán está escrito en árabe apega el Islam a la arabidad. Pero "árabe" también puede designar una causa política e ideológica (el panarabismo de los nacionalistas árabes). En el pasado, los judíos eran solamente "arabófonos", inscritos objetivamente en esa área cultural en la cual se hallaban objetivamente marginados, con un rango secundario incluso en el más alto grado de creatividad cultural. Y ellos hoy en día apenas son “arabófonos”: esa época de su historia se ha extinguido definitivamente, como muchos otras durante sus 30 siglos de existencia.

Esta manipulación terminológica implica la afirmación subyacente: "no hay un pueblo judío". Hay árabes judíos de un lado, y asquenazis occidentales, sionistas, del otro (que parecen no existir más que por su relación con el antisemitismo), que además solo parecen existir para enturbiar y malograr la tolerancia, la armonía y la universalidad del Islam. Este es el tema de los dos últimos episodios de la serie. La huida de la historia judía en favor de otra historia escrita desde la perspectiva de un etnocentrismo árabe-musulmán.

Sólo podemos especular sobre los efectos sociales y políticos perseguidos por la operación puesta en marcha por esta serie. La base económica de una empresa de tal amplitud, en tiempos de crisis, nos enseña sobre la manera en que se ha "vendido" a sus financiadores y por lo tanto su intención profunda. Entre los patrocinadores declarados de la serie de televisión se encuentra la "Alianza de Civilizaciones", de la que está detrás la Organización de Cooperación Islámica, que propone la tarea de cambiar el discurso de Occidente sobre el mundo arabo-musulmán interviniendo en su cultura a través de empresas culturales. Toda su comunicación mediática se basa en la reivindicación de la "España de las tres religiones", "la edad de oro de Andalucía", todo ello bajo la "égida de una tolerancia islámica" que supuestamente definía esos famosos modelos. La subvención de la Agencia Nacional para la Cohesión Social y la Igualdad de Oportunidades, que milita por "hacer evolucionar las imágenes estereotipadas de los cuales podían ser víctimas de los habitantes de los barrios problemáticos" – población inmigrada de origen magrebí – es significativa.

Otras subvenciones son más sorprendentes e inesperadas, como las de ciertas regiones francesas: Bretaña, Ile-de-France, Nord Pas de Calais... ¿Podría ser que la relación entre judíos y musulmanes es tan importante para la República francesa que necesita invertir en semejante operación ideológica al servicio de una causa que no debería ser la suya? ¿Para luchar contra el antisemitismo (muy presente entre la población musulmana) o más bien contra la islamofobia? Encontrar entre los patrocinadores y padrinos empresas mediáticas como Rue 89, France Info, Le Nouvel Observateur, por el contrario, no nos sorprende. Los medios de comunicación de la élite gubernamental y de la izquierda están a la vanguardia del discurso políticamente correcto y de la práctica de la "reprobación de los judíos pro Israel".

Los conceptos y palabras clave empleadas para describir el lado negativo de la relación judeo-árabe  ("inter-tribal", "inter-alguna cosa", a fin de dividir la responsabilidad y poder acusar a los judíos del antisemitismo que sufren) recuerdan irresistiblemente el circunloquio utilizado por los medios de comunicación para obviar el hallazgo del antisemitismo árabe-musulmán en la Francia de los últimos años: las "tensiones intercomunitarias".

La serie apunta, de hecho, directamente a Francia, pues a lo largo de su segunda parte los judíos de Argelia (¡desaparecidos hace ya 50 años!) son el elemento clave de toda esta operación político-ideológica. Incluso proporciona la culminación y clímax final de la serie con una escena que tiene lugar en el metro de París, donde están sentados el uno al lado del otro una mujer argelina y un judío que se ignoran, sobre el trasfondo de un comentario que llama a reconocernos más allá de las "prisiones de nuestra identidad" (un evidente guiño al libro de Jean Daniel “La prisión judía”), ambos respectivamente, como "indígenas", frente al colono francés que nos había separado y dividido. Esta prisión está rodeada por un lado por el "nacionalismo árabe" (uno se pregunta qué fantasma del pasado provoca su utilización y no la del islamismo y la yihad global que le han sucedido), y por el otro por el "sionismo", dos "prisiones identitarias" generadoras de los "repliegues comunitarios”.

Hay en todo esto un argumento de una violencia infinita que quizás busca compensar el resentimiento (supuesto) de los ciudadanos franceses de identidad dual, los franco-argelinos, inmigrados a Francia después de la independencia de Argelia. Pues, ¿por qué en efecto recordar a los "judíos de Argelia" que no existen desde hace más de 50 años, si no es para reintegrarlos simbólicamente con ellos, asimilándolos con los "argelinos" (algo que difícilmente podrían ser ya que "Argelia", como nación, no existía antes de la conquista francesa) cuando ellos ya se habían convertido en franceses, una vez liberados de su segregación promovida por las leyes de la dimmitud. Eligiendo como punto de referencia a los judíos de Argelia, se parece intentar hacer recordar a los nuevos ciudadanos franceses de origen argelino (musulmanes) que ellos ahora son tan franceses como los "judíos de Argelia", como para demostrarles que los judíos no son sus “argelinos” preferidos. Para ello, se cancela simbólicamente 144 años de historia. Los judíos de Argelia son convertidos en unos “inmigrados argelinos” sin más. Se trata de una forma de desnacionalización.

Así pues, su "comunitarismo" sería tan peligroso como el comunitarismo musulmán, y parece querer decirnos que la sociedad francesa espera de esas "dos comunidades" (según la expresión tortuosa de Mitterand) que se reconcilien para el reinado de la paz civil en Francia sobre todo, y más ampliamente en Europa, debido a que su hostilidad "recíproca" pondría en peligro a la sociedad francesa y europea.  Ahora entendemos mejor por qué ciertas regiones francesas se han sentido obligadas a contribuir a su financiación. Se espera especialmente de los judíos de Argelia que desempeñen ese papel, probablemente debido a que por su pasado, convirtiéndose en franceses sin dejar de ser “indígenas árabes”, despertaron los celos y la competencia con los musulmanes.

Si los judíos (es decir, en la traducción políticamente correcta, los "judíos comunitarios") siguen mostrándose fieles a su "sionismo" y al privilegio del que se habrían beneficiado con el colonialismo francés, serían como la marca viva del colonialismo francés, el vestigio de la disociación colonial en la sociedad francesa contemporánea donde ahora vive una numerosa población musulmana, esa misma que fue excluida anteriormente de la ciudadanía en la Argelia colonial (no así los judíos). De ahí a pensar que los judíos serían los precursores del actual comunitarismo musulmán solo hay un paso. Por lo tanto, el consejo que da a los judíos procedentes de mundo árabe es que "se desvinculen de Israel", su propia "cárcel identitaria", la cual les opone a los "nacionalistas árabes", para así poder vivir en paz en Europa, lejos del "conflicto importado" (como dicen los periodistas) y no del todo "francés".

La serie pone en escena un discurso novedoso: el discurso de la identidad árabe-musulmana europea, que no ha renunciado para nada a sus fundamentos (el Islam, la causa palestina), aunque se distingue de los excesos habituales del mundo árabe, y que por eso resulta necesario reescribir la historia de los judíos - y de los sefardíes sobre todo -, a no ser que se trate del discurso identificatorio que la Unión Europea desea insuflar entre los musulmanes europeos (la cadena europea Arte obliga). Esta última posibilidad aún sería más grave, ya que demostraría que Europa sacrifica a los judíos en el orden simbólico para así poder instalar la identidad musulmana que desea ver en Europa. Esta posibilidad es bastante plausible a medida que descubrimos, a la luz de las resoluciones del Parlamento Europeo sobre la circuncisión o el sacrificio kosher, que la UE está desarrollando una doctrina de la condición judía, que además la liga a la condición musulmana (circuncisión, sacrificio animal…). Su política hacia Israel – un tema simbólico de la más alta importancia – no hace más que ratificarlo.

Esta reescritura europea de la historia de los judíos - y de los sefardíes - por necesidad de una apología o reivindicación del Islam o de una "paz civil" en Europa, por supuesto, niega la noción misma de la historia judía y no tiene en cuenta el testimonio de los sefardíes aún vivos que experimentaron la exclusión masiva que padecieron en los países árabes durante la segunda mitad del siglo pasado. Desde este punto de vista, y desde el punto de vista de su historia pasada, lo que práctica esta serie es simplemente una nueva forma de negacionismo.

Sin embargo, es sorprendente ver como los poderes públicos (las regiones) se dedican a dicha actividad ideológica unidimensional bajo el disfraz de un conciliador pseudo-equilibrio "multicultural" que perjudica la memoria de otra parte de la sociedad francesa no menos respetable, y que para ello no duda también en promover que Europa, el cristianismo, la misma Francia, se disculpe por una "convivencia" con un sistema que es todo lo contrario de la laicidad.

Abdelwahab Meddeb, al que vimos en el Senado hacer una apología pública de la dhimma (las leyes de la dhimmitud de los judíos en el mundo árabe) mediante su comparación con la situación de los judíos en la Europa pre-moderna, tuvo el hermoso detalle de reconocer que era inaceptable a la luz del concepto moderno de igualdad. Y si felizmente así lo hizo, ¿qué sucede entonces con sus apologías de los antiguos modelos culturales de "Bagdad" y "Córdoba" como una “lección para hoy, para la Europa actual”? Los cristianos y los judíos eran unos dhimmis bajo el dominio del Islam. Y la cultura que ellos produjeron, y que involucró a una pequeña minoría privilegiada, no cambia en nada lo que fue el destino de la gran mayoría de la población cristiana y judía. Se trata bajo todos los aspectos de modelos obsoletos y medievales. Hoy en día, no queremos ese modelo: a la "convivencia" bajo la tutela religiosa o bajo la sombra de las religiones, preferimos sin duda la ciudadanía de la laicidad. A ese "vivir juntos", típico lema de la Unión Europea, se debería preferir el "estar juntos" de la República

Ante el poderoso despliegue mediático orquestado por esta operación político-ideológica, no podemos, como judíos, más que sentir que esta es la forma de robarnos nuestra memoria y ahogarnos bajo la capa de plomo del discurso históricos de los nuevos "maestros de lo políticamente correcto".

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