Sunday, June 22, 2014

Muy buen análisis: Es hora de dejar de infantilizar a los palestinos - Alan Johnson - Telegraph


Celebrando el secuestro de los adolescentes israelíes

La reacción de júbilo de muchos palestinos ante el secuestro de tres adolescentes israelíes ha sido recibida en Occidente con un encogimiento de hombros. El periódico oficial de la Autoridad Palestina, Al-Hayat Al-Jadida, ha publicado caricaturas burlándose de los tres estudiantes y celebrando su captura. La página de Facebook de Fatah tenía una caricatura con tres ratas (los tres adolescentes judíos) colgando de una caña. Se han entregados dulces en las calles (un gesto tradicional de alegría y de fiesta). Muchos niños han sido fotografiados por sus padres celebrándolo con tres dedos extendidos y sonriendo. Se ha lanzado una campaña por internet recogiendo el "apoyo popular por el secuestro" que ha proliferado en los medios sociales palestinos.

Hamas, por supuesto, está exultante. Sí, al cabo de unos días, Abu Mazen ha condenado el secuestro y han existido algunas valientes voces palestinas en defensa de los tres adolescentes, pero son voces muy aisladas. Los palestinos que han pedido el regreso de los tres estudiantes han sido amenazados.

Y sin embargo, a pesar de todo este macabro júbilo que celebra el trauma y el posible asesinato de Naftali Fraenkel y Gilad Shaar, ambos de 16 años, y de Eyal Yifrach, de 19, los palestinos muy probablemente pagarán un pequeño precio ante la comunidad internacional o ante la opinión pública mundial. ¿Por qué?
En parte, debido a la mentalidad antisionista que ha calado en Occidente y que ha instalado en su corazón la suposición de que israelíes y palestinos son diferentes tipos de personas. Los israelíes tienen voluntad, responsabilidad y la posibilidad de elección, los palestinos no. En resumen, el mundo trata a los palestinos como a unos niños, lo que se ha denominado "la patología del paternalismo".

La suposición no articulada del antisionismo occidental es que los palestinos son un "pueblo conducido y dominado por las circunstancias y las emociones", en suma, cualidades asociadas con el mundo de la naturaleza. Los israelíes son todo lo contrario, son "maestros de todas las circunstancias, racionales y calculadores", es decir, unas cualidades asociadas con el mundo de la cultura.

Este pensamiento dicotómico tiene tres malas consecuencias.

En primer lugar, mediante la concesión a una sola de las partes de la "causalidad y la responsabilidad del conflicto", esa dicotomía distorsiona los acontecimientos claves de dicho conflicto (por ejemplo, la guerra de 1948, el colapso de las conversaciones de paz de Camp David en 2000, Gaza después de la retirada de 2005). Los palestinos son catalogados como víctimas pasivas; como un "pueblo que es obligado" (así el escritor del Haaretz, Yitkhak Laor, puede afirmar que la Segunda intifada fue "instigada" por ... la política de Israel); como un "pueblo que siempre es engañado" (la activista israelí Tikva Honig-Parnass escribe del "colapso pre-planeado por Barak de Camp David" en octubre de 2000); y como un pueblo que, por todo ello, está "más allá de poder ser enjuiciado". La académica anti-israelí Jacqueline Rose argumenta que los atacantes suicidas palestinos son "personas que han sido llevadas al extremo" y argumenta que Israel tiene "la responsabilidad del dilema del terrorista suicida".

En segundo lugar, la comprensión dicotómica de los palestinos y de los israelíes distorsiona nuestra comprensión de la seguridad de Israel. Las obvias amenazas a las que se enfrenta Israel son ignoradas y despreciadas, por lo que las medidas de seguridad adoptadas por Israel no tienen más motivación que "ser actos crueles en si mismos". Por ejemplo, el escritor Shlomo Sand afirma que Israel falsamente "se retrata a sí mismo como un inocente perseguido", lo que provoca que "su errónea interpretación de unas amenazas que no son reales", que a su vez da lugar a una sociedad israelí "fuente de profundas ansiedades colectivas". Ilan Pappe, un académico israelí profundamente anti-Israel y que ahora enseña en el Reino Unido, afirma que "los sionistas han persuadido a la nación para estar constantemente a la defensiva", estimulando "una angustia continua a través del abuso de la memoria del Holocausto". Pappe se lamenta de "esas mentiras útiles acerca de los israelíes bajo una intensa lluvia de cohetes" como una fantasía propia de apologistas.

Para los antisionistas, la preocupación de Israel por su seguridad es, o bien una patología (una condición psicológica inconsciente de la que los israelíes no pueden prescindir), o bien - y resulta una obvia contradicción - un caso de manipulación (una estratagema política consciente).

La tercera consecuencia de este pensamiento dicotómico sobre la naturaleza de los dos pueblos es la infantilización de los palestinos: se les "mantiene perpetuamente por debajo de la edad de la responsabilidad", y "la fuente de su comportamiento siempre es ajena a ellos mismos", todas sus acciones se deben siempre a Israel.

Por ejemplo, cuando el novelista israelí y miembro de la izquierda sionista Amos Oz se quejó de que la incitación desatada por los intelectuales palestinos era una de las razones por las que muchos palestinos estaban "asfixiados y envenenados por un odio ciego", Yitzhak Laor, el escritor del Haaretz, le respondió acusando a Oz de "incitación" contra los palestinos. La temeridad de Oz fue tratar de pedir cuentas a los palestinos, lo cual le condenó a los ojos de Laor.

La académica Jacqueline Rose ha argumentado que el atacante suicida palestino es una "persona que se ve forzada a actuar de esa manera", y eso antes de amonestar a Israel unas pocas líneas más adelante por no tomar nota de la advertencia de Freud  de que "la contundencia con la que un grupo construye y defiende su identidad es la cuestión central de los tiempos modernos" (esto sólo debería preocupar a los israelíes cultivados).

Por supuesto, Israel tiene que comprometerse y dividir la tierra, lo que hará posible un estado palestino. Pero si los palestinos siempre son tratados como niños, nunca rendirán cuentas por su cultivo de una cultura del odio y nunca podrán adoptar sus propios dolorosos compromisos por la paz. Y sin esos compromisos - en un Oriente Medio que se aparta cada vez más de las normas más humanas de conducta  - Israel no podrá asumir riesgos por la paz. Ni debe.

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