Friday, August 22, 2014

¿Deben Israel y los Estados Unidos cuestionar los beneficios de utilizar la Cúpula de Hierro? - Benny Morris - LA Times



Estratégicamente hablando, el escudo antimisiles la Cúpula de Hierro, precisamente por su eficacia, ha sido desastroso para Israel: él ha salvado a Hamas de su destrucción y ha ayudado a socavar gravemente la imagen de Israel como un estado civilizado a los ojos de muchos en Occidente.

Durante el conflicto en curso entre Israel y Hamas, la Cúpula de Hierro ha protegido eficazmente a Israel de unas bajas y unos daños masivos. Hamas, la Yihad Islámica y las otras organizaciones terroristas que operan en la Franja de Gaza han lanzado 2.648 cohetes contra Israel, y eso antes del alto el fuego temporal que se rompió el martes. La mayoría cayeron en zonas vacías. Cerca de 700 de esos cohetes, los cuales iban dirigidos contra pueblos y aldeas seleccionadas con precisión, fueron interceptados casi todos con éxito por los misiles Tamir de la Cúpula de Hierro, en un porcentaje de éxito cercano al 90% de acuerdo con las Fuerzas de Defensa de Israel.

Así pues, la Cúpula de Hierro ha "salvado" al gobierno israelí de lanzar... un asalto terrestre masivo... Pero por eso mismo ha logrado que Hamas se mantenga intacto.

El número de civiles muertos en Israel ha consistido solamente en dos ciudadanos (hoy uno más, un niño de 4 años) y un trabajador tailandes. Si no hubiera existido la Cúpula de Hierro, decenas, quizás cientos de civiles habrían sido asesinados y multitud de edificios hubieran sido destruidos y dañados. La moral de los civiles israelíes estaría en un punto muerto.

Ningún gobierno israelí podría soportar la presión pública que esa situación habría desatado: El gobierno se habría visto obligado a poner en marcha rápidamente una masiva invasión terrestre de Gaza, lo que habría sido la única manera de obtener que el bombardeo de misiles y cohetes se detuviera. Así vistas las cosas, la campaña aérea israelí y una invasión terrestre limitada han fallado a la hora de detener dichos cohetes.

Si hubiera existido una masiva invasión terrestre por parte del IDF, en dos o tres meses se habrían despejado las ciudades y pueblos de Gaza, casa por casa, de los combatientes de Hamas. Hamas, y sus compañeros de las otras organizaciones, habrían sido destruidos como fuerza militar y política. Israel, por su parte, habría sido relevado, por una o dos décadas, de la necesidad de preocuparse del frente sur; la Autoridad Palestina bajo Mahmoud Abbas habría sido libre o más libre de llegar a un acuerdo con Israel; y la destrucción de Hamas habría enviado un mensaje claro sobre la determinación y la capacidad israelí a todos sus enemigos reales o potenciales (incluyo entre estos últimos al Estado Islámico que se acerca rápidamente la frontera oriental de Israel).

En definitiva, la Cúpula de Hierro ha "salvado" al gobierno israelí de lanzar un masivo asalto terrestre. Eso, inevitablemente, habría provocado la muerte de cientos de soldados israelíes, en lugar de los actuales 63 soldados, y de muchos más palestinos, la mayoría de ellos civiles (el Ministerio de Salud palestino dice que 2.061 han sido asesinados, y según ellos la mayoría civiles). Pero Hamas se mantiene intacto.

Y la Cúpula de Hierro ha sido desastroso para Israel en otro sentido: Sin duda, las imágenes de destrucción masiva en Gaza a raíz de la limitada respuesta aérea y terrestre israelí a los cohetes de Hamas, con su gran número de víctimas civiles entre los palestinos, ha perjudicado gravemente la imagen de Israel entre los más liberales y humanitarios occidentales. La "desproporcionalidad" ha estado en boca de todos.

Si hubieran existido gran cantidad de imágenes de edificios en ruinas en Tel Aviv, junto con la presencia habitual de muertos y heridos en las calles de las ciudades costeras de Ashdod y Ashkelon, pocos en todo el mundo condenarían a Israel por su masivo ataque aéreo y terrestre contra un Hamás palpablemente asesino, con el objetivo de destruirlo. Durante los meses necesarios para pacificar y desmilitarizar Gaza, no hay duda de que habrían surgido protestas. Pero esas protestas habrían sido menos estridentes de lo que lo son hoy en día, con la Cúpula de Hierro en funcionamiento. Es decir, Israel hubiera podido capear la indignación internacional mucho mejor, Israel hoy sería más comprensible (aunque a costa de la vida de muchos más israelíes).

Se puede añadir a estos dos "objeciones" al sistema de la Cúpula de Hierro una tercera, otro problemilla: también es bastante costoso en términos de dólares. Cada batería de la Cúpula de Hierro cuesta alrededor de 100 millones de $; Israel cuenta actualmente con nueve baterías. Y cada misil Tamir de la Cúpula de Hierro que lanza Israel - y por lo general son enviados dos para interceptar cada cohete que desciende sobre Israel -, cuesta por lo menos unos 50.000 $.

Cada cohete que Hamas dispara contra Israel cuesta producirlo alrededor de 500 a 1.000 $. Hamas tenía unos 9.000 cohetes a su disposición al inicio del reciente conflicto. Hezbollah parecer tener cerca de 100.000 cohetes, incluyendo misiles Scud de largo alcance. Hagan sus cálculos. Cómo Israel podría hacer frente económicamente, por no hablar militarmente, a tal diluvio de cohetes en un futuro conflicto dual, resulta un problema muy, muy real.

Hasta ahora, Israel ha hecho frente a dicho coste gracias al generoso apoyo financiero de los EEUU, que ha dado a Israel durante la última década más o menos más de mil millones de $ para cubrir el coste de la Cúpula de Hierro. De hecho, este mismo mes, el presidente Obama firmó una ayuda adicional de 225 millones de $ para el programa.

Si no hubiera existido la Cúpula de Hierro, tal vez Obama se habría abstenido de imponer sanciones anti-israelíes, tal como lo hizo hace unas semanas, cuando paralizó el reabastecimiento de misiles Hellfire para los helicópteros Apache israelíes. La negativa se explicó extraoficialmente como derivada por la preocupación de la administración Obama ante un comportamiento del ejército israelí que se traducía en demasiadas muertes de civiles palestinos.

Existe una obvia ironía en todo esto. Los misiles Hellfire son armas de precisión. Al retrasar su reabastecimiento, la administración Obama podía haber obligado a Israel a recurrir a bombas menos precisas, causando por lo tanto mucho más daños colaterales. En otras palabras, la retención de las armas inteligentes podría haber provocado - si no lo ha hecho - el uso por parte israelí de armas que causaran más bajas civiles por su imprecisión.

Lo cual, por supuesto, va en contra de la política de Israel, ya sea impulsada por consideraciones morales o por conveniencia política. Antes de que los combates se reanudaran esta semana, la fuerza aérea israelí había lanzado 4.762 ataques, sobre todo utilizando armas de precisión. Estos ataques provocaron varios centenares de muertos palestinas; siendo el resto causados ​​por ataques por tierra limitados y por ataques de artillería. Esto significa que o bien la fuerza aérea habría malgastado varios misiles por la muerte de cada palestino, o bien que tanto los pilotos como las municiones eran de muy mala calidad, o bien que los israelíes fueron muy, muy cuidadosos en su selección de blancos, y tuvieron mucho cuidado en tratar de no dañar a los civiles.

Obama sabe perfectamente todo esto, lo que convierte su decisión de paralizar el reabastecimiento de lo misiles Hellfire en mucho más escandalosa. Tal vez Israel (y Obama) también deban cuestionar la utilidad de utilizar la Cúpula de Hierro.

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