Friday, November 14, 2014

La contestación de Benny Morris en su debate con Lawrence Wright - Benny Morris - National Interest



Mientras que ha producido un libro razonable sobre lo que sucedió en Camp David entre Begin, Sadat y Carter en septiembre de 1978, Wright ha tropezado equivocadamente a la hora de tratar de describir varios episodios del conflicto árabe-sionista en las décadas precedentes. Y él tropieza aún más cuando "describe" mis puntos de vista como su recurso eligido a la hora de contrarrestar mis críticas a su "historia".

No, yo no soy un "nacionalista extremo" como él dice. De hecho, siempre me he opuesto a la ocupación israelí de los territorios palestinos no habitados (como un joven soldado, en 1968, publiqué dos artículos a este efecto), aunque no sé muy bien cómo Israel puede evacuar Cisjordania sin representar un grave perjuicio a su seguridad; Pasé casi tres semanas en una prisión militar en 1988 después de que me negué a ejercer mi deber de reservista en Nablus en Cisjordania; y siempre he favorecido, como lo sigo haciendo, un compromiso o acuerdo de paz basado en dos estados para dos pueblos, uno para los judíos y el otro para los palestinos. Por desgracia, en cada cruce histórico relevante, los sucesivos liderazgos palestinos (Haj Amin al Husseini, Yasser Arafat y Abu Mazen) han rechazado sistemáticamente esa solución de dos estados cuando se puso concretamente sobre la mesa: primero en la británica Comisión Peel en julio de 1937, por la Asamblea General de la ONU en noviembre de 1947, por el primer ministro Ehud Barak y el presidente Clinton en 2000, y por el primer ministro israelí, Ehud Olmert, en 2008.

No, yo no "he sobrepasado desde hace mucho tiempo [¿desde cuándo?] mi labor académica". Todavía ejerzo mi oficio de historiador y, a juzgar por los comentarios de los críticos (incluso los del propio Wright en su carta), no lo sigo haciendo tan mal. Pero de vez en cuando escribo artículos periodísticos políticos (mientras trato de mantener alejadas mis opiniones políticas de mi historiografía, algo que Wright claramente no ha conseguido). En la entrevista que otorgué en el 2004 al Haaretz, cuando los terroristas suicidas palestinos se inmolaban casi a diario en los autobuses y restaurantes israelíes, yo no defendí, como señala Wright, "una limpieza étnica" en general. Todo lo que dije fue que, en las circunstancias de 1948, cuando los árabes palestinos y luego los estados árabes circundantes, asaltaron a la comunidad judía en Palestina \ Israel, y la amenazaron con su aniquilación (así es como los judíos lo vieron en ese momento, tres años después del Holocausto, y los propios árabes reforzaron esa punto de vista cuando, en el curso de esa guerra, expulsaron a los judíos y arrasaron cada comunidad judía que conquistaron), las fuerzas de defensa judías tenían todo el derecho de expulsar a los palestinos de las aldeas que servían como sus bases militares (tal como los kibutzim funcionaron como bases militares de los judíos). Las expulsiones, cuando se produjeron - y la mayoría de los 700.000 árabes que fueron desarraigados durante la guerra no fueron expulsados, sino que simplemente huyeron ante el flagelo de la guerra -, fueron por lo tanto actos de defensa propia. Cuando uno tiene que enfrentarse al dilema de tener que elegir entre la expulsión de su atacante o ser sacrificado, mi preferencia sigue siendo la expulsión del atacante. Qué puedo hacer yo, esos son mis valores.

Wright desinforma a sus lectores acerca de las conclusiones de la Comisión Kahan israelí que investigó el papel de Israel en la masacre de los campamentos palestinos de Sabra y Chatila en septiembre de 1982. La Comisión no concluyó, tal como dice Wright, que el ejército israelí envió a sabiendas a la milicia falangista cristiana árabe a masacrar a palestinos no combatientes, o bien que "tácitamente les dio el permiso para que la masacre se produjera". Por el contrario, la Comisión describe cómo algunos de los generales fueron lentos a la hora de apreciar y actuar sobre los informes o rumores que les llegaron de una masacre que se estaba llevando a cabo, y que cuando ellos entendieron finalmente lo que estaba pasando detuvieron la masacre. (Wright añade que no había "terroristas en los campamentos palestinos", ¿cómo es posible que lo "sepa"?).

La Comisión criticó a la jerarquía militar por su reacción tardía y recomendó que los oficiales de alto rango responsables fueran despedidos, y así se hizo, en primer lugar Ariel Sharon, el ministro de Defensa. (¿El secretario de Defensa estadounidense, o cualquier oficial superior estadounidense, dimitió después de My Lai?) Por cierto, la comisión encontró que el ejército israelí se esforzó durante la Guerra del Líbano en no dañar a los civiles. De hecho, "en más de una ocasión, ese esfuerzo causó a las tropas del IDF bajas adicionales" según dictaminó la Comisión.

De hecho, la Comisión llegó a la conclusión de que "no nos engañamos a nosotros mismos creyendo que los resultados de esta comisión podrán convencer o satisfacer a aquellos que tienen prejuicios o conciencias selectivas, pero esta investigación no está destinada a este tipo de personas". Me pregunto, ¿a quién se referirían? Nada de lo que Wright cita de mi libro "Víctimas adecuadas" (1999) contradice nada de esto.

Por último, sigo creyendo, al igual que las personas más racionales, que los árabes palestinos no son los descendientes de los filisteos, probablemente un pueblo del mar procedente del Egeo (cretenses o egeos) que se establecieron en la costa mediterránea de Palestina hacia el final del segundo milenio antes de Cristo. Es cierto que todos los pueblos que habitaron la Tierra de Israel / Palestina durante milenios llegaron a compartir un poco de ADN similar. Los judíos (o israelitas) que llegaron a Canaán hacia el 1.200 a.C, adquirieron los genes de las tribus cananeas (y de los asirios, babilonios, egipcios, persas, griegos y romanos que pasaron por allí posteriormente), y los árabes, que conquistaron y se asentaron en Palestina 1.900 años más tarde, también adquirieron los genes de los habitantes judíos y cristianos que allí residían en esos momentos, y de otros pueblos, como los cruzados y los turcos, que la invadieron más tarde). Pero esto no hace que los palestinos sean los "descendientes" actuales de los judíos, los cruzados o los turcos de una manera significativa. Los palestinos de hoy son los descendientes cultural, lingüística e históricamente (etcétera) de los árabes musulmanes que conquistaron Palestina en los años 635-637 d.C., y de hecho hablan el mismo idioma (árabe) y rezan al mismo Dios (Alá). Del mismo modo, hoy en día los judíos israelíes son descendientes de los antiguos judíos y hablan el mismo idioma (hebreo) y rezan, si es que aún rezan, al mismo dios (Yawheh). Tal vez los palestinos que Wright ha conocido rezan a los ídolos de los filisteos o hablan el "filisteo". Yo desde luego no los conozco.

Echar una mano al esfuerzo palestino de reclamar sus raíces filisteas solo está orientado a un propósito político y propagandístico: "que estuvieron allí antes que los judíos, y que por lo tanto la tierra es suya". Apoyando esto, Wright simplemente demuestra su ignorancia histórica y sus colores políticos.

La reseña entera de Benny Morris sobre el libro de Wright.

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Friday, August 22, 2014

¿Deben Israel y los Estados Unidos cuestionar los beneficios de utilizar la Cúpula de Hierro? - Benny Morris - LA Times



Estratégicamente hablando, el escudo antimisiles la Cúpula de Hierro, precisamente por su eficacia, ha sido desastroso para Israel: él ha salvado a Hamas de su destrucción y ha ayudado a socavar gravemente la imagen de Israel como un estado civilizado a los ojos de muchos en Occidente.

Durante el conflicto en curso entre Israel y Hamas, la Cúpula de Hierro ha protegido eficazmente a Israel de unas bajas y unos daños masivos. Hamas, la Yihad Islámica y las otras organizaciones terroristas que operan en la Franja de Gaza han lanzado 2.648 cohetes contra Israel, y eso antes del alto el fuego temporal que se rompió el martes. La mayoría cayeron en zonas vacías. Cerca de 700 de esos cohetes, los cuales iban dirigidos contra pueblos y aldeas seleccionadas con precisión, fueron interceptados casi todos con éxito por los misiles Tamir de la Cúpula de Hierro, en un porcentaje de éxito cercano al 90% de acuerdo con las Fuerzas de Defensa de Israel.

Así pues, la Cúpula de Hierro ha "salvado" al gobierno israelí de lanzar... un asalto terrestre masivo... Pero por eso mismo ha logrado que Hamas se mantenga intacto.

El número de civiles muertos en Israel ha consistido solamente en dos ciudadanos (hoy uno más, un niño de 4 años) y un trabajador tailandes. Si no hubiera existido la Cúpula de Hierro, decenas, quizás cientos de civiles habrían sido asesinados y multitud de edificios hubieran sido destruidos y dañados. La moral de los civiles israelíes estaría en un punto muerto.

Ningún gobierno israelí podría soportar la presión pública que esa situación habría desatado: El gobierno se habría visto obligado a poner en marcha rápidamente una masiva invasión terrestre de Gaza, lo que habría sido la única manera de obtener que el bombardeo de misiles y cohetes se detuviera. Así vistas las cosas, la campaña aérea israelí y una invasión terrestre limitada han fallado a la hora de detener dichos cohetes.

Si hubiera existido una masiva invasión terrestre por parte del IDF, en dos o tres meses se habrían despejado las ciudades y pueblos de Gaza, casa por casa, de los combatientes de Hamas. Hamas, y sus compañeros de las otras organizaciones, habrían sido destruidos como fuerza militar y política. Israel, por su parte, habría sido relevado, por una o dos décadas, de la necesidad de preocuparse del frente sur; la Autoridad Palestina bajo Mahmoud Abbas habría sido libre o más libre de llegar a un acuerdo con Israel; y la destrucción de Hamas habría enviado un mensaje claro sobre la determinación y la capacidad israelí a todos sus enemigos reales o potenciales (incluyo entre estos últimos al Estado Islámico que se acerca rápidamente la frontera oriental de Israel).

En definitiva, la Cúpula de Hierro ha "salvado" al gobierno israelí de lanzar un masivo asalto terrestre. Eso, inevitablemente, habría provocado la muerte de cientos de soldados israelíes, en lugar de los actuales 63 soldados, y de muchos más palestinos, la mayoría de ellos civiles (el Ministerio de Salud palestino dice que 2.061 han sido asesinados, y según ellos la mayoría civiles). Pero Hamas se mantiene intacto.

Y la Cúpula de Hierro ha sido desastroso para Israel en otro sentido: Sin duda, las imágenes de destrucción masiva en Gaza a raíz de la limitada respuesta aérea y terrestre israelí a los cohetes de Hamas, con su gran número de víctimas civiles entre los palestinos, ha perjudicado gravemente la imagen de Israel entre los más liberales y humanitarios occidentales. La "desproporcionalidad" ha estado en boca de todos.

Si hubieran existido gran cantidad de imágenes de edificios en ruinas en Tel Aviv, junto con la presencia habitual de muertos y heridos en las calles de las ciudades costeras de Ashdod y Ashkelon, pocos en todo el mundo condenarían a Israel por su masivo ataque aéreo y terrestre contra un Hamás palpablemente asesino, con el objetivo de destruirlo. Durante los meses necesarios para pacificar y desmilitarizar Gaza, no hay duda de que habrían surgido protestas. Pero esas protestas habrían sido menos estridentes de lo que lo son hoy en día, con la Cúpula de Hierro en funcionamiento. Es decir, Israel hubiera podido capear la indignación internacional mucho mejor, Israel hoy sería más comprensible (aunque a costa de la vida de muchos más israelíes).

Se puede añadir a estos dos "objeciones" al sistema de la Cúpula de Hierro una tercera, otro problemilla: también es bastante costoso en términos de dólares. Cada batería de la Cúpula de Hierro cuesta alrededor de 100 millones de $; Israel cuenta actualmente con nueve baterías. Y cada misil Tamir de la Cúpula de Hierro que lanza Israel - y por lo general son enviados dos para interceptar cada cohete que desciende sobre Israel -, cuesta por lo menos unos 50.000 $.

Cada cohete que Hamas dispara contra Israel cuesta producirlo alrededor de 500 a 1.000 $. Hamas tenía unos 9.000 cohetes a su disposición al inicio del reciente conflicto. Hezbollah parecer tener cerca de 100.000 cohetes, incluyendo misiles Scud de largo alcance. Hagan sus cálculos. Cómo Israel podría hacer frente económicamente, por no hablar militarmente, a tal diluvio de cohetes en un futuro conflicto dual, resulta un problema muy, muy real.

Hasta ahora, Israel ha hecho frente a dicho coste gracias al generoso apoyo financiero de los EEUU, que ha dado a Israel durante la última década más o menos más de mil millones de $ para cubrir el coste de la Cúpula de Hierro. De hecho, este mismo mes, el presidente Obama firmó una ayuda adicional de 225 millones de $ para el programa.

Si no hubiera existido la Cúpula de Hierro, tal vez Obama se habría abstenido de imponer sanciones anti-israelíes, tal como lo hizo hace unas semanas, cuando paralizó el reabastecimiento de misiles Hellfire para los helicópteros Apache israelíes. La negativa se explicó extraoficialmente como derivada por la preocupación de la administración Obama ante un comportamiento del ejército israelí que se traducía en demasiadas muertes de civiles palestinos.

Existe una obvia ironía en todo esto. Los misiles Hellfire son armas de precisión. Al retrasar su reabastecimiento, la administración Obama podía haber obligado a Israel a recurrir a bombas menos precisas, causando por lo tanto mucho más daños colaterales. En otras palabras, la retención de las armas inteligentes podría haber provocado - si no lo ha hecho - el uso por parte israelí de armas que causaran más bajas civiles por su imprecisión.

Lo cual, por supuesto, va en contra de la política de Israel, ya sea impulsada por consideraciones morales o por conveniencia política. Antes de que los combates se reanudaran esta semana, la fuerza aérea israelí había lanzado 4.762 ataques, sobre todo utilizando armas de precisión. Estos ataques provocaron varios centenares de muertos palestinas; siendo el resto causados ​​por ataques por tierra limitados y por ataques de artillería. Esto significa que o bien la fuerza aérea habría malgastado varios misiles por la muerte de cada palestino, o bien que tanto los pilotos como las municiones eran de muy mala calidad, o bien que los israelíes fueron muy, muy cuidadosos en su selección de blancos, y tuvieron mucho cuidado en tratar de no dañar a los civiles.

Obama sabe perfectamente todo esto, lo que convierte su decisión de paralizar el reabastecimiento de lo misiles Hellfire en mucho más escandalosa. Tal vez Israel (y Obama) también deban cuestionar la utilidad de utilizar la Cúpula de Hierro.

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Wednesday, August 13, 2014

Debemos derrotar a Hamas… la próxima vez – Benny Morris - Haaretz



Parece que la actual guerra ya está perdida. Se terminará en unos pocos días, o tal vez en una o dos semanas, con un gemido y otro alto el fuego que deja a Hamas en el poder, al igual que sucedió después de las rondas anteriores. Por otra parte, parece que esta guerra va incluso a aumentar el poder político y militar de Hamas, ya que ha logrado ser retratado a la vez como una víctima digna de compasión en el mundo y como un héroe de la resistencia contra la entidad sionista. (Toda esa charla de "desarmar" la Franja de Gaza y de estacionar a policías de la Autoridad Palestina en los cruces fronterizos es mera palabrería. Mientras permanezca en pie Hamas, no va a dejar las armas y no dejará que nadie restrinja su soberanía sobre su territorio).

El estatus de Gaza como víctima les va a permitir ganar grandes cantidades de dinero en efectivo procedente de los reinos petroleros árabes y de los estados europeos. Este dinero va a financiar la reconstrucción de su infraestructura civil y las casas destruidas. Pero por supuesto, al igual que ocurrió con el cemento que entró en la Franja en los años anteriores, una parte del dinero - si no la mayoría de él - se desvió por los gobernantes de Gaza hacia la reconstrucción de los túneles y las fábricas que producen los cohetes. En unos pocos meses, los túneles que conducen a territorio israelí reanudarán su funcionamiento y los arsenales de misiles se repondrán, tal vez con nuevos y mejores modelos hechos en casa (o incluso de contrabando).

Por lo tanto, la próxima guerra sin lugar a dudas vendrá. Y vendrá en un año o dos, o tal vez incluso antes, porque Hamas quiere erradicar al Estado de Israel (si no erradicar a todos los judíos, al menos del Oriente Medio), y también porque los palestinos en general, como nación, quieren que el Estado de Israel desaparezca. No es agradable tener que decir esto, porque muchas personas prefieren no oírlo. Pero incluso una breve mirada a la carta fundacional de Hamas (1988), a la Carta de Fatah (1964) y al Pacto Nacional Palestino (1964) - que nunca fue reemplazado por un convenio conciliatorio, tal como Yasser Arafat prometió - demuestran.

Después de 1948, 1967, 1973 y de 2000 a 2005 (Segunda Intifada), los palestinos comprendieron que los árabes no son capaces de destruir a Israel de un solo golpe. Tal vez una bomba nuclear iraní logrará hacerlo en el futuro, pero no pueden contar con ello. Por lo tanto, adoptaron una táctica de provocar desgastes parciales, pero frecuentes, que con el tiempo debilitarán gradualmente el Estado judío.

Nuestros jóvenes más talentosos se trasladarán a Berlín o California, los turistas y los inversores extranjeros se mantendrán alejados, y los potenciales inmigrantes se quedarán allí donde están, o se dirigirán hacia costas más atractivas. ¿Quién querría educar y ver crecer a sus hijos en un país que está bajo el fuego constante de misiles y cohetes, aunque por el momento, muy pocos de ellos en realidad alcanzan sus objetivos? ¿Y quién querría visitar o invertir en un país maltratado por el terrorismo?

Así como los musulmanes lo hicieron gradualmente con los cruzados y finalmente les derrotaron, así también los palestinos piensan desgastar y derrotar a los judíos, que al final deberán tener que regresar a sus lugares de procedencia en la Diáspora.

El gobierno de Israel fue arrastrado a la guerra actual contra su voluntad. No se preparó para ella, pero recibió una oportunidad de oro con unas cómodas circunstancias políticas, regionales e internacionales (Hamas "la empezó", rechazó los altos el fuego, Egipto está con nosotros; Europa está ocupada con Ucrania) - para destruir a Hamas y limpiar Gaza.

Pero el gobierno israelí ha preferido tomar el camino más fácil de salida con su "calma a cambio de calma", es decir, ha buscado un empate, lo que significa continuos episodios de violencia con Hamas. En las últimas décadas, los gobiernos de Israel y el pueblo de Israel se han convertido en copias al carbón de Occidente: Todo lo que quieren es paz, apaciguamiento y no contemplar la realidad ocultando sus cabezas en la arena. No hay por lo tanto voluntad de sacrificar soldados (y ninguna voluntad de exigir un alto precio en sangre de la población civil del enemigo), aunque está claro que hoy el precio – tanto en términos de nuestros soldados y sus civiles - podría ser menor de lo que será de manera inevitable en el futuro.

Eso es lo que sucedió en los últimos años con el tema de los túneles de ataque de Hamas. Los sucesivos gobiernos sabían de su existencia, pero optaron por no tomar medidas contra ellos, ¿quizás tal vez desaparecerán por sí mismos?, dejando que el próximo gobierno lidiara con ellos, y así sucesivamente.

Lo mismo nos pasó acerca del proyecto nuclear de Irán – dejándolo en manos de Obama -, y el día del juicio se acerca.

Esta “dejación” constituye una gran parte de la explicación de la debilidad de Israel en las distintas operaciones llevadas a cabo en Gaza y que nos han traído hasta este punto, esa misma debilidad que garantiza que la siguiente ronda va a suceder muy pronto. Esta debilidad es muy similar a la política de apaciguamiento de los Estados Unidos durante los gobiernos del presidente Barack Obama, que ha terminado debilitando la propia situación en el mundo de los Estados Unidos y de Occidente en su conjunto.

¿Qué debemos hacer la próxima vez? La respuesta es clara y bien conocida. Todo lo que se necesita es coraje para comenzar a recorrer este camino y determinación para terminar el trabajo. No va a ser fácil o rápido. Estamos hablando de volver a ocupar toda la Franja de Gaza y destruir a Hamas como una organización militar, y tal vez también como organización política (aunque es razonable pensar que la destrucción del ejército de Hamas debilitará a Hamas como movimiento político).

Esto requerirá meses de combate durante los cuales la Franja tendrá que ser limpiada, barrio por barrio, de operarios y armamento de Hamas y de la Yihad Islámica. Esto se cobrará un alto precio de vidas tanto de nuestros soldados del IDF como de la población civil palestina. Pero ese es el precio necesario para que una nación como la nuestra, que quiere vivir en su propia tierra situada en un barrio como el nuestro. Después de ganar el control de Gaza, hay que esperar que algún poder árabe moderado, tal vez la Autoridad Palestina, se haga cargo de las riendas del gobierno.

Hay buenas razones para destruir a Hamas. Ella busca matarnos. Todos los días dispara cohetes contra nuestras ciudades. Y secuestra y asesina cada vez que tiene una oportunidad. La destrucción de Hamas fortalecerá a las fuerzas moderadas palestinas e incluso podría avanzar la posibilidad de la paz. La destrucción de Hamas hará más fácil para Israel tener que lidiar, cuando llegue el momento, con el programa nuclear de Irán. Incluso podría disuadir a Hezbollah de embarcarse en una guerra contra Israel. Pero por lo menos - siempre y cuando estalle la guerra - el ejército israelí se librará de un frente menos. En última instancia, la destrucción de Hamas probablemente también reduzca el deseo de confrontación en Cisjordania y en las ciudades árabes israelíes.

El gobierno israelí debe preparar tanto al pueblo israelí como a sus aliados para la siguiente ronda. Los líderes occidentales comprenden la naturaleza del enemigo islámico muy bien - desde Filipinas a través de la India y Pakistán, desde Somalia a Nigeria, desde Daguestán e Irak, y todo el camino que les ha llevado a París, Madrid y Londres -, aunque por lo general prefieren enterrar la cabeza en la arena y evitar el uso de la palabra "Islam" de forma explícita.

Al mostrarles la carta fundacional de Hamas, los portavoces y las acciones de Hamas, será muy posible convencer a mucha gente de que Israel se enfrenta a una rama de este mismo enemigo sin cuartel de Occidente y de la cultura occidental. Un enemigo cuyas ramas incluyen a Boko Haram, Al-Qaida y el Estado Islámico (antes ISIS), y cuya derrota sirve tanto a los intereses de Israel como a los de todo Occidente.

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Tuesday, August 12, 2014

¿Cuándo Gran Bretaña perdió la fe en Israel? - Benny Morris - Telegraph



Hace medio siglo, las relaciones entre Israel y Gran Bretaña eran amables. Más que amables. Se caracterizaban por la admiración. Y en ninguna parte de Gran Bretaña esa simpatía y admiración era más fuerte que en la izquierda y entre los jóvenes. La izquierda admiraba la democracia social de Israel, la energía y el espíritu pionero: Israel fue uno de los pocos estados que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial, y el único en el Oriente Medio, que se convirtió en una historia de éxito.

También existía una enorme admiración por el movimiento kibbutz, con sus 300 asentamientos colectivos en los que miles de jóvenes británicos pasaron meses, e incluso años, como voluntarios, disfrutando del espíritu igualitario, el trabajo agrícola y el sexo. Los socialistas británicos admiraban a la poderosa asociación sindical de Israel, la Histadrut, que tenía su propia editorial, su banco, su prensa diaria, su servicio de salud y sus instalaciones industriales. Algo avergonzada, existía también una aguda apreciación de los militares de Israel al ser ingeniosos, audaces y exitosos.

En retrospectiva, e irónicamente, en ningún momento esta admiración general fue más aparente que en el momento de la mayor hazaña militar de Israel, en el período inmediatamente posterior a la guerra de 1967, cuando las fuerzas israelíes en seis días derrotaron a los ejércitos de Egipto, Jordania y Siria, y ocuparon Cisjordania, la Franja de Gaza, Jerusalén Este, la península del Sinaí y los Altos del Golán.

Pero medio siglo después, gran parte de esa admiración ha huido y la brillantez militar de Israel se ha convertido en algo que hay que denunciar y deplorar. ¿Qué ha salido mal?

Ya en 1937, una comisión real encabezada por Lord Peel recomendó el fin del mandato británico sobre Palestina y la partición del país en dos estados, uno muy pequeño judío y otro mucho más grande árabe. La comisión también recomendó que la mayoría de los habitantes árabes estacionado en el área del pequeño Estado judío debían ser transferidos a la zona árabe, por la fuerza si fuera necesario, con el fin de asegurar la estabilidad de la solución propuesta. Los árabes rechazaron esta partición exigiendo toda Palestina para ellos. Pero el gobierno británico, bajo la influencia de Neville Chamberlain, aprobó inicialmente las propuestas de la comisión Peel.

Este apoyo a la estatalidad judía, al menos en una pequeña parte de Palestina, se ajustaba a la política británica desde 1917, cuando el gabinete de Lloyd George emitió la Declaración Balfour en la que se apoyaba al establecimiento de un "hogar nacional judío". Pero dado el triple desafío planteado a Gran Bretaña por regímenes depredadores como la Alemania nazi, la Italia fascista y el Japón imperial, Chamberlain optó por apaciguar a los árabes (así como apaciguar a Hitler en Munich a costa de los checos), y en 1938-1939 Gran Bretaña dio marcha atrás y se convirtió en antisionista.

La llegada de la Segunda Guerra Mundial impidió – además de los sionistas – el establecimiento de la dominación árabe en toda Palestina, y tras ella, Gran Bretaña, ante su impotencia y disgusto, trasladó el problema al regazo de las Naciones Unidas. Esto se debió en buena medida a la rebelión terrorista de algunos grupos derechistas judíos, como el Irgun y el grupo Stern (o Lehi) contra la Gran Bretaña durante el período 1944-47, lo que dejó un gran enojo en Gran Bretaña contra "los judíos" para toda una generación o algo más.

En 1947, las Naciones Unidas volvieron a proponer una partición y una solución de dos estados. Una vez más, los árabes rechazaron la propuesta, y fueron a la guerra contra el emergente Estado judío. Pero perdieron,  y una de las consecuencias trágicas de la guerra de 1948 fue la creación de unos 700.000 refugiados palestinos. El mundo árabe se mostró incapaz de superar su humillación a manos de una insignificante comunidad judía de solamente 650.000 almas, y los refugiados, pudriéndose en unos campamentos miserables, se convirtieron en un reto permanente para la virilidad árabe. Los palestinos, incitados por los Estados árabes, nunca consintieron el resultado de 1948.

Moshe Dayan, entonces jefe del Estado Mayor, lo resumió en 1956 en un panegírico ante la tumba de un kibbutznik asesinado por infiltrados árabes de Gaza: "Durante ocho años, se han sentado en los campos de refugiados de Gaza, y han visto cómo hemos convertido sus tierras y pueblos, donde ellos y sus antepasados habitaban anteriormente, en nuestra casa... Más allá del surco de la frontera surgen oleadas de odio y venganza... No tengamos miedo a mirar de frente el odio que consume y llena la vida de cientos de miles de árabes que viven a nuestro alrededor... Esta es nuestra elección, estar preparados y armados, ser duros y rocosos, o bien la espada caerá de nuestras manos y nuestra vida será segada rápidamente".

Cerca de 200.000 de los refugiados de 1948 terminaron en la Franja de Gaza. Durante las siguientes décadas, los campamentos de refugiados - en realidad barriadas suburbanas – suministraron el combustible y la mano de obra para los ataques de terror contra Israel, además de servir como focos de las dos revueltas palestinas, o intifadas, en 1987-1991 y 2000-2004. Hoy, sus cifras de población alcanzan los 1,8 millones. Estos habitantes de esas barriadas son el principal campo de reclutamiento del ala militar de Hamas, que ha luchado contra el ejército israelí durante las últimas semanas en los callejones y túneles de Shaja'iya, Beit Hanun y Rafah.

Inicialmente, como los EEUU, Gran Bretaña apoyó el regreso de los refugiados a la zona que se convirtió en Israel. Pero como Israel absorbió a millones de empobrecidos inmigrantes judíos y los instaló en las antiguas zonas árabes, Occidente aceptó tácitamente el argumento israelí de que un retorno masivo socavaría el Estado judío y esos repatriados palestinos constituirían una gigante quinta columna. No obstante, el mundo islámico, incluyendo países ahora en paz con Israel como Egipto y Jordania, siguen afirmando el "derecho de retorno" de los refugiados.

La íntima relación de Gran Bretaña con Israel, fundada en la Declaración Balfour, alcanzó un nuevo nivel en 1956, cuando las tropas israelíes lucharon junto a Gran Bretaña y Francia en Suez. Para las potencias europeas, la derrota política con la que se saldó la acción supuso su expulsión de hecho del Oriente Medio. Pronto, Gran Bretaña aceptó a Israel no como una subordinada y reciente colonia, sino como un socio, como parte del mundo libre. Entonces el afecto floreció.

Pero no duró mucho: 1967 marcó su punto culminante. Una desafección gradual creció en Gran Bretaña. La ocupación por Israel de los territorios palestinos prolongó la resistencia palestina y los ataques de terror desencadenaron medidas drásticas y represalias israelíes, y en un mundo como el actual, post-imperial y post-colonial, el comportamiento de Israel preocupa y sobresalta. En ello intervino la difusión por la televisión y luego vía internet, de interminables imágenes de soldados de infantería israelíes castigando a los lanzadores de piedras, y más tarde, de tanques y aviones israelíes contra guerrilleros armados con Kalashnikov. La lucha se veía como una lucha brutal y desigual. Los corazones liberales acogieron a los visualmente más débiles, y los antisemitas y los oportunistas de varias clases se unieron al coro anti-israelí.

Los israelíes podrían argumentar que esos “pobremente armados” (relativamente) Hamasniks de Gaza vuelven a querer echar a los judíos al mar; que la lucha no es en realidad entre Israel y los palestinos, sino entre la pequeña Israel y los vastos mundos árabe y musulmán, que durante mucho tiempo han preconizado la desaparición de Israel. Incluso podrían argumentar que Israel no es el objetivo final, que los islamistas buscan la desaparición del propio Occidente, y que Israel no es más que un puesto avanzado de una civilización más extensa que les resulta aborrecible y tratan de derrocar.

Pero las televisiones no muestran este panorama más amplio y las imágenes no pueden aclarar ideas. Solo muestran al poderoso Israel aplastando a la desaliñada Gaza. Las TV occidentales nunca muestran a los milicianos de Hamas, ni a un hombre armado, ni un cohete lanzado contra Tel Aviv, ni a los que bombardean a los kibutz cercanos. En estas últimas semanas, viendo las televisiones occidentales, me ha parecido como si los F-16, los tanques Merkava y las piezas de artillería israelí de 155 mm estuvieran luchando contra unas madres angustiadas, unos niños mutilados y unas concretas y deterioradas barriadas. Todo ello sin ningún Hamasnik en la batalla. Ni tampoco los más de 3.000 cohetes que alcanzaron el territorio israelí, inclusive Tel Aviv, Jerusalén y Beersheba.

Tampoco las bombas de los morteros se veían impactar en los comedores de los kibutzim. Ni por supuesto, los cohetes disparados contra Israel desde los hospitales y las escuelas de Gaza, diseñados expresamente para provocar la respuesta israelí, que luego sí podría proyectarse como una atrocidad.

Entre las ruinas de la guerra, algunos hechos básicos acerca de los contendientes se han perdido: Israel es una democracia liberal occidental, donde los árabes tienen capacidad de votar a sus propios partidos y que, como a los judíos, no se les detiene en medio de la noche por lo que ellos piensan o dicen. Si bien es cierto que existe un violento sector de derechistas, los israelíes siguen siendo básicamente tolerantes, incluso en tiempos de guerra, incluso ante la provocación terrorista. El país es una potencia científica, tecnológica y artística, en gran medida debido a que es una sociedad abierta.

En la otra parte se encuentran una serie de fanáticas y totalitarias organizaciones musulmanas. Hamas tiene a la población de Gaza como rehén en su puño de hierro y es intolerante con todos los "otros" - judíos, homosexuales, no musulmanes, socialistas -. ¿Cuántos cristianos han permanecido en Gaza desde la violenta toma del poder por parte de Hamas en 2007?

Los palestinos han sido maltratados, no hay duda sobre eso. Gran Bretaña, Estados Unidos, sus hermanos árabes, los sionistas, todos son culpables de ese maltrato. Pero también son culpables ellos mismos, al haber rechazado uno tras otro los compromisos para crear dos estados - y por lo tanto uno propio en Cisjordania, Jerusalén oriental y Gaza -, ofrecidos en 1937, 1947, 2000 y 2008. Ese estado palestino resulta necesario y constituiría un mínimo de justicia.

Pero esto no es lo que quiere Hamas. Al igual que el ejército islámico (ISIS) en Irak y Siria, al igual que Al Qaeda y al igual que Shabab en Somalia y Boko Haram en Nigeria, ellos buscan destruir a sus vecinos occidentales. Y los Nick Clegg de este mundo (el líder del partido liberal-democrático, con un conocido grupo de diputados con tendencias antisemitas y anti-israelíes) que preconizan que Gran Bretaña  suspenda la venta de armas a Israel, son sus cómplices.

Es como si esta gente realmente no entendiera el mundo en el que vive, como esos otros liberales de Gran Bretaña y Francia que pedían el desarme y la revisión del tratado de Versalles en un sentido pro-alemán en los años treinta. Pero el mensaje es claro. Los bárbaros están realmente a las puertas.

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Saturday, June 28, 2014

Cómo el trauma nacional de Kfar Etzion ayudó a llevar a los chicos israelíes de yeshiva a Cisjordania – Benny Morris - Tablet



La masacre del 13 de mayo de 1948 jordanos de decenas de  tropas judías que se habían rendido en el kibutz Kfar Etzion, y que fue llevada a cabo por milicianos árabes de las aldeas próximas y por legionarios jordanos, fue probablemente la mayor masacre de judíos perpetrada por los árabes en la primera guerra árabe-israelí.

Un año después, en las primeras horas de la mañana del cuarto día de Iyar de 5709 (3 de mayo de 1949), el primer aniversario en el calendario hebreo de la caída del kibbutz, el coronel Shlomo Goren, el rabino jefe de las IDF, acompañado de un minián de jóvenes de Jerusalén, celebró un servicio conmemorativo en una colina de Israel desde la que se podía ver, a lo lejos, las ruinas de Kfar Etzion.

El "Bloque" de Eztion, los cuatro kibutzim - Kfar Etzion, Ein Tzurim, Massu'ot Yitzhak y Revadim - se había establecido entre 1943 y 1947 en las colinas de Judea, en medio de un grupo de aldeas árabes en la parte sur de la Ribera Occidental, una zona que Jordania iba a ocupar en mayo de 1948 y que Israel recuperaría en junio de 1967. El “bloque” se encuentra en el corazón de la tierra bíblica de Israel, entre el Hebrón de Abraham y la Belén del rey David.

Durante la conmemoración de ese primer aniversario, se encendieron velas conmemorativas, se leyeron capítulos de la Mishná y fue coreada la rahamim El Maleh (Dios misericordioso), una oración judía para los muertos "en memoria de los mártires del Bloque de Etzion". Los disparos se oyeron en el aire conmemorando a los 151 combatientes judíos fallecidos, de los cuales 21 mujeres, durante la batalla de dos días. De ellos 127 murieron en el segundo día de la batalla, el 13 de mayo de 1948, el día antes de que el Estado de Israel fuera proclamado. De éstos, la mayoría fueron asesinados en el centro de Kfar Etzion, el asentamiento central del bloque, cuando se rendían o después de que se hubieran rendido.

El Bloque, y especialmente el kibutzim de Kfar Etzion y su puesto de avanzada al sudeste, el en desuso "monasterio ruso", había sido una espina para los palestinos, que habían estado luchando allí contra la Haganá durante casi la mitad la guerra civil de la Guerra de 1948, desde noviembre 1947 a mayo de 1948. El bloque fue sitiado por los irregulares árabes entre diciembre 1947 y mayo de 1948, y su reabastecimiento solo era posible desde el aire (el bloque tenía una pequeña pista de aterrizaje). La mayoría de las mujeres y los niños de los cuatro asentamientos fueron evacuados hacia el interior. Periódicamente, los defensores del bloque disparaban contra los vehículos árabes a lo largo de la carretera Belén-Hebrón, lo cual irritó a los palestinos.

Pero el bloque también era un problema para la Legión Árabe jordana, el ejército financiado, equipado y dirigido por los británicos. Durante la Segunda Guerra Mundial, el rey jordano Abdullah, un aliado de Gran Bretaña, había "prestado" a los británicos una serie de personal de la Legión Árabe que los británicos, a falta de mano de obra, habían utilizado para proteger las instalaciones de todo el Oriente Medio. En 1945-1948, este personal fue desplegado por los británicos y luego empleados para luchar contra la insurrección de una serie de guerrillas judías / terroristas, el IZL (Irgun zva'I Leumi, u Organización Militar Nacional) y el LHI (Lohamei Herut Yisrael o combatientes por la libertad de Israel), proteger sus bases y los caminos de Palestina.

Una de ellas era la carretera Belén-Hebrón, que era un segmento del eje Jerusalén-Beersheba-Rafah-Canal de Suez, a través del cual los británicos y la Legión llevaban los suministros a partir de las bases del lado británico en el Canal de Suez, y que facilitarían la retirada final  británica de Palestina, programada para ser completada antes del 15 de mayo de 1948, cuando finalmente tuviera lugar.

En mayo de 1948, los legionarios británicos debían haber abandonado Palestina completamente cuando los británicos procedieran a retirar sus tropas hacia casa. Pero a los británicos les era necesario asegurar las carreteras hasta el último momento, y Abdullah, que tenía la intención de ocupar Cisjordania justo después de la partida de los británicos, y desde luego tenía un evidente interés en mantenerlos al oeste del río Jordán como una vanguardia de su ejército. Él también estaba interesado en la obtención de la carretera que unía Jerusalén a Beersheba.

Así pues, varias compañías de la Legión permanecían todavía en la zona de Hebrón y Belén, en la primera quincena de mayo. Los ataques de los defensores del bloque a los vehículos de la Legión que viajan a lo largo de la carretera durante abril y principios de mayo, da relieve de la amenaza que representaba dicha carretera para el futuro del bloque. Además, toda la zona sur de Belén había sido destinada por la partición de la Asamblea General de la ONU - la resolución de 29 de noviembre 1947 - a la soberanía árabe, y ni los palestinos ni Abdullah querían a un grupo de asentamientos judíos armados en su territorio.

Por lo tanto, en la mañana del 12 de mayo de 1948, probablemente después de recibir la luz verde de los británicos, dos compañías de la Legión Árabes con el respaldo de más de una docena de vehículos blindados con ametralladora, cañones (contra los que los defensores del bloque no tenían respuesta real) y mortero, y con el apoyo además de cientos de milicianos palestinos, atacaron Kfar Etzion y sus puestos avanzados en el extremo sur del área. Los aproximadamente 150 defensores judíos fueron claramente superados, y sus posiciones fueron demolidas y invadidas una tras otra. Los defensores sin embargo plantearon una dura batalla. Pero al mediodía del 13 de mayo los vehículos blindados habían tomado el monasterio ruso y penetrado en las rejas y trincheras del perímetro, alcanzando el centro de Kfar Etzion.

Los defensores entendieron que el juego había terminado. Muchos dejaron las armas y portaron banderas blancas, reuniéndose en el patio central del kibutz (aunque algunos defensores en los puestos periféricos aun permanecían y tal vez continuaron resistiendo, sin darse cuenta de que el cuerpo principal se rendía). Un sobreviviente recordó:
"Los defensores comenzaron a reunirse entre el monasterio alemán abandonado y el edificio de la escuela. Los primeros árabes comenzaron a legar. Nos ordenaron sentarnos y después de ponernos de pie y levantar los brazos.
Un árabe nos apuntó con una Tommy y otro quería lanzarnos una granada, pero otros les detuvieron. Esto fue tomado como una prueba más de que tenían la intención de llevarnos prisionero. Un camarógrafo en traje europeo, vistiendo un kaffiya blanca, apareció y nos fotografió. Entonces un carro blindado con ametralladoras montadas llegó... y se detuvo cerca de la escuela. Tan pronto como el fotógrafo dejó de trabajar, los tiros comenzaron desde todas las direcciones. Los que no fueron abatidos por la primera andanada huyeron en varias direcciones. Algunos corrieron a la bodega, algunos tomaron las armas de nuevo. Una masa de árabes corría por todos los lados y atacaba a los judíos en el centro de la población y en los puestos de avanzada gritando salvajemente 'Deir Yassin'".
Un mes antes, el 9 de abril, tropas del IZL y del LHI habían atacado y conquistado el pueblo de Deir Yassin, al oeste de Jerusalén. Decenas de mujeres y niños fueron asesinados durante y después de la batalla, y "Deir Yassin" se convirtió en un grito de guerra y un grito de venganza entre los árabes de Palestina, y hasta este día "Deir Yassin" es considerado por muchos palestinos como el núcleo simbólico y el leiv motiv de la guerra de 1948 o de la Nakba (catástrofe).

En la década de 1950, la rama de Historia del IDF nombró al comandante Yitzhak Yakobson, un oficial de Estado Mayor, para que estudiara la batalla del Bloque de Etzion. En su amplio informe, "El Bloque de Etzion en la Guerra de la Independencia", describió cómo tres de los presos en el patio lograron escapar y llegar a Massu'ot Yitzhak, o bien cayeron en manos de oficiales de la Legión que los protegieron.

Otra sobreviviente, "Aviva F.", describe cómo un oficial de la Legión la salvó de dos árabes que trataron de violarla y  disparaban contra dos muertos, y que procedieron a acabar con un número de judíos heridos que encontraron mientras la conducían a un lugar seguro. Los sobrevivientes también testificaron que los legionarios también habían participado en la masacre junto a los milicianos.

Yakobson, basándose en el testimonio posterior de legionarios, señaló que dos de los legionarios habían resultado heridos mientras trataban (sin éxito) de salvar la vida de tres judíos, mientras otros legionarios habían matado a una serie de milicianos en los tiroteos. Pero Yakobson concluyó que "en primer lugar, y ante todo, la masacre había surgido de una mentalidad salvaje de sed de venganza y de sangre judía, y fue una sucesora directa de la masacre [de judíos] en Hebrón en 1929", cuando, como parte del desencadenamiento de unos disturbios estatales antijudíos, una turba árabe asesinado a 66 desarmados judíos ultra-ortodoxos.

Por su parte, el comandante británico de la Legión Árabe, el general John Glubb, ofreció posteriormente una serie de versiones de lo que había sucedido. En The Times (Londres) del 2 de julio de 1968, escribió simplemente: "Ni un solo judío fue masacrado en Kfar Etzion". Pero antes, en su libro Un soldado con los árabes (1957), escribió tal vez haciendo alusión a los excesos: "La Legión Árabe trató a todos los judíos como prisioneros de guerra. Tan pronto como la Legión Árabe se retiró, los aldeanos del distrito de Hebrón saquearon las colonias judías, no dejando piedra sobre piedra. Estas colonias habían sido tan agresivas que habían vuelto deliberadas las represalia árabes". El ministro británico en Amman, Alec Kirkbride, telegrafió (falsamente) a Londres que "la Legión Árabe previno la masacre de los habitantes y el saqueo de las colonias, que de otro modo habría sido imposible de evitar a manos de los árabes locales". El comandante del sexto batallón de la Legión, Abdullah el Tell, que había comandado el asalto a Kfar Etzion, fue marginalmente más veraz. Él escribió en sus memorias, "Las Memorias de Abdullah Tall" (1960): "Los combatientes judíos restantes continuaron resistiendo desde una posición fortificada. Esto obligó a los soldados a matarlos a todos. Hicimos sólo tres prisioneros. Todos los combatientes judíos fueron asesinados".

David Ben-Gurion dijo más tarde que los muertos del Bloque de Etzion habían "salvado Jerusalén", es decir, que su resistencia había protegido los accesos del sur de la ciudad y, desde hacia meses habían desviado de otros frentes de batalla a una considerable mano de obra árabe de la ciudad.

Después de la batalla y la masacre, los milicianos palestinos saquearon a fondo el kibutz y le prendieron fuego. Tras la caída de Kfar Etzion, los otros tres asentamientos, con funcionarios británicos y la Cruz Roja mediando, se rindieron del 13 al 14 mayo a la Legión, yendo sus defensores a un cautiverio de un año en un campo de prisioneros de Jordania en Zarqa. Los asentamientos fueron saqueados y arrasados. Glubb señaló con bastante exactitud que de los 350 sobrevivientes judíos de la batalla, la casi totalidad de los procedentes de Revadim, Ein Tzurim y Massu'ot Yitzhak fueron bien tratados en el campo de prisioneros en Jordania de Zarqa, aunque, a su regreso a Israel el año siguiente se quejaban del aburrimiento y del calor.

Más tarde ese mismo año, en octubre-noviembre de 1949, al Rabino Goren (quien eventualmente se convirtió en el Gran rabino asquenazi de Israel), tras el acuerdo que se alcanzó con los jordanos, se le permitió recorrer el bloque, "encontrando los huesos de los muertos esparcidos por las trincheras, en torno a los puestos quemados y las estructuras demolidas... El anuncio de la Cruz Roja de que los árabes habían enterrado los cuerpos tres días después del final de la batalla no era exacto. En muchos lugares hemos encontrado, junto a los cuerpos, piezas de ropa con etiquetas de lavandería, un obvio testimonio de los nombres de sus propietarios... Los árabes nos dijeron que habían recogido a sus propios muertos y les habían enterrado en sus pueblos, de acuerdo con sus costumbres, y que todos los cuerpos que permanecían en Kfar Etzion eran de judíos".

Los restos de los judíos caídos en el Bloque Etzion (así como de otros dos campos de batalla que habían quedado en manos del enemigo) fueron trasladados a Israel y enterrados el 17 de noviembre de 1949 en el cementerio militar de Monte Herzl, en Jerusalén. Cerca de 50.000 personas, la mitad de la población judía de Jerusalén, se alineaba en las carreteras mientras el cortejo fúnebre emprendía su camino hacia el cementerio. Reinaba el silencio. Muchas banderas honraban su paso. Desde primera hora de la mañana, todo el trabajo se detuvo como si fuera una ciudad yerta.

Esa tarde, colonos judíos, incluyendo a algunos de los 350 supervivientes del Bloque Etzion que estaban de vuelta tras su estancia de un año en el campo de prisioneros de Jordania, así como algunos de los sobrevivientes de los campos de exterminio nazis de Europa, se reunieron en las casas de la aldea árabe abandonada de Ein Khod, a los pies del Monte Carmel, al sur de Haifa, y establecieron el nuevo asentamiento de Nir Etzion.

En el Oriente Medio, como tal vez en otros lugares, las masacres tienden a vengarse y a reproducirse con otras masacres, siendo la venganza un valor básico y real de la vida. El 29 de octubre de 1948, las tropas de la 8ª brigada del IDF, específicamente su 89º Batallón, conquistaron la aldea árabe de Dawayima, en las estribaciones occidentales de las colinas de Hebrón. Según un veterano de 89º Batallón, Avraham Vered, las casas del pueblo "estaban repletas del botín obtenido con la caída del Bloque Etzion... Los combatientes judíos que atacaron Dawayima sabían que... la sangre de los sacrificados en Etzion clamaba venganza; y que los hombres de Dawayima se encontraban entre los que participaron en la masacre". El  89º batallón bombardeó el pueblo con morteros y luego irrumpieron en é, con las tropas montadas sobre semiorugas blindadas, y con las ametralladoras ardiendo.

Vered describió lo que sucedió después: "A medida que nos subimos a los techos, vimos a los árabes corriendo en los callejones. Abrimos fuego contra ellos... Desde nuestra posición elevada vimos una gran llanura que se extendía hacia el este... y la llanura estaba cubierta de miles de árabes que huían... Las ametralladoras comenzaron su charla y la huida se convirtió en una derrota". Al parecer, fueron asesinadas varias decenas de hombres y mujeres que estaban detenidos en el pueblo después de su captura. Una investigación posterior secreta del IDF sobre este incidente concluyó que "22 de esos detenidos había sido asesinados, aunque desde hacia varias semanas los árabes venían quejándose a los diplomáticos occidentales y a las Naciones Unidas que 500 o 1.000 personas habían muerto en Dawayima”.

Pero la último "venganza", no tanto por la masacre de Kfar Etzion como por el desarraigo y la destrucción de la totalidad del bloque de asentamientos, fue, por supuesto, el reasentamiento de bloque y su enorme expansión desde 1967. Desde 1949, cada mes de mayo, los sobrevivientes y sus hijos, y los huérfanos a causa de la batalla, se reúnen en el Monte Herzl para recordar y, tal vez, soñar. Y tal como se vio después, el Bloque de Etzion fue el primer asentamiento israelí en Cisjordania después de la victoria en la Guerra de los Seis Días, del 05 al 10 de junio de 1967.

De hecho, ya el 13 de junio, Raanan Weitz, el director del Departamento de Asentamientos de la Agencia Judía, visitó la zona, llevando consigo a cuatro de los supervivientes, uno de cada kibbutz. Durante las siguientes semanas, los grupos de supervivientes y sus hijos hacían peregrinaciones al lugar. Para ellos, se trataba de algo personal, pero también representaba un microcosmos de Judea y Samaria, y el deseo de volver y reasentarse representaba un microcosmos del deseo del pueblo judío de restablecer la tierra bíblica de Israel.

A mediados de agosto, un grupo de activistas del Bloque de Etzion se reunió con el primer ministro Levi Eshkol, instándole a un reasentamiento. Eshkol, un trabajador agrícola en su juventud y un ejecutivo clave de los asentamientos, tanto antes como después de 1948 (fue el jefe del Departamento de Asentamientos de la Agencia Judía en 1948-1963), vacilaba. Pero, como ha sucedido a menudo en la historia del sionismo, la “intervención árabe" le ayudó a tomar la decisión. Las resoluciones de 01 de septiembre 1967, hechas públicas tras la reunión en la cumbre de los países árabes en Jartum, según relataba en el 2006 Gershom Gorenberg en su libro “El Imperio Accidental" (este pasaje y los dos párrafos que siguen se basan en el trabajo de Gorenberg) resultó ser el punto de inflexión.

Los árabes habían acordado por unanimidad responder con los "tres no": no a un reconocimiento de Israel, no a una negociación, y no a una paz con Israel. Esto significaba que Israel tenía ahora que decidir unilateralmente qué hacer con Cisjordania. El 22 de septiembre, los activistas del Bloque de Etzion se reunieron nuevamente con Eshkol. Le preguntaron: “¿Cuándo podemos asentarnos en la zona?” Hanan Porat, uno de los huérfanos del Bloque de Etzion, dijo: "Nos estamos acercando a Rosh Hashaná. ¿Seremos capaces de orar allí en Rosh Hashaná?" Eshkol le respondió: "Nu, kinderlach, si desean orar, sigan adelante y oren". Porat le contestó: "Cuando decimos 'orar' queremos decir regresar". Eshkol le contestó: "Yo he dicho lo que he dicho".

Pero esta ambigüedad délfica fue, en efecto, subsanada a la semana siguiente cuando el gabinete, a instancias de Eshkol, aprobó la creación de un puesto militar avanzado (Nahal) en Kfar Etzion. Los Nahal, los puestos de avanzada de las dos décadas previas, se habían ido convirtiendo de una manera rutinaria en pocos años en asentamientos civiles. El 27 de septiembre un grupo de supervivientes y la generación de los niños, dirigidos por Porat, llegaron hasta Kfar Etzion y, con mucha fanfarria, se trasladaron hasta el campamento completamente vacío que la Legión Árabe había construido en el lugar.

El diario israelí Haaretz informó: "Un número de mujeres, viudas de los caídos [en 1948], estaban de pie a un lado y lloraban amargamente por aquellos cuyos hijos ahora habían venido a honrar viviendo de nuevo aquí". El gobierno anunció la creación de un Nahal o puesto de avanzada con un objetivo de seguridad. Pero, de hecho, Kfar Etzion había sido restablecido de nuevo  y el Bloque de Etzion había resucitado para con posterioridad abarcar a decenas de miles de colonos, aunque en esos momentos solamente se ponía en marcha. La empresa de los asentamientos de Israel en Cisjordania había comenzado.

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Sunday, January 26, 2014

Ariel Sharon: 1928-2014 - Benny Morris- Tablet



Hace algunos años, un fotógrafo le propuso a Ariel Sharon fotografiarlo sosteniendo una oveja. Como el fotógrafo confesó más tarde, uno de los hijos de Sharon, Gilad, quién por entonces le asesoraba, le aconsejó en contra de ello. Pero Sharon, entonces de 70 años, lo pensó por un momento y se mostró de acuerdo. La imagen se convirtió en emblemática: el político flanqueado por los animales, de pie ante el heno y con unas ásperas botas marrones, y con una oveja sobre los hombros.

Sharon aceptó porque le gustaba la imagen de los agricultores en general, a la Cincinnatus, el romano del siglo V a. C. que abandonó el arado para dirigir a las legiones en defensa de la república y luego regresó a su humilde arado. (el “arado” de Sharon, por cierto, no era tan humilde, una finca de mil hectáreas, Havat Shikmim, en el sur de Israel, prácticamente la única de tal envergadura en Israel). También lo hizo porque David Ben-Gurion, el primer ministro fundador de Israel y su gran líder, se fotografió una vez, como es bien sabido, sosteniendo un cordero. Y, por supuesto, porque Sharon era una especie de showman. Durante sus ya legendarias hazañas militares, él se encargó de que le fotografiaran desde todos los ángulos (las fotografías del general Sharon durante la guerra de Yom Kippur de 1973, con una venda blanca enrollada alrededor de la cabeza, también son icónicas).

Pero mientras Sharon se crió en el pueblo agrícola de Kfar Malal, al noreste de Tel Aviv, y le encantaba correr hacia Havat Shikmim, que compró en 1972, la cría de ovejas supuso realmente un pasatiempo, como lo fue la estancia de Ben-Gurion en la zona rural de Sdeh Boker. Las pasiones que consumieron a Sharon a lo largo de sus 85 años de vida fueron el ejército, en el que participó de manera más o menos continua desde 1947 hasta 1973, y la política, que desempeño a partir de 1973 hasta 2006, cuando sufrió una hemorragia cerebral y cayó en coma durante su servicio como primer ministro.

Sharon, tal vez, tenía la esperanza de seguir a Ben Gurion en el rango de los más "grandes entre los grandes", y lo podría haber sido si una enfermedad no hubiera acortado su carrera política. Pero para estar seguros, manifestó su grandeza en el ámbito militar durante sus años en las Fuerzas de Defensa de Israel. Es cierto que en la década de 1970, los cálculos políticos, las faltas disciplinarias y personales habían bloqueado su nombramiento como jefe del Estado Mayor del IDF, ya que siempre fue visto como incontrolable y algo así como un inconformista, suscitando la desconfianza de los poderes fácticos. Pero en sus décadas de servicio, demostró claramente su valía como el mejor comandante de campo del ejército israelí. De 1953 a 1955, primero como líder de la Unidad 101 y luego de los Paracaidistas del Batallón 890, Sharon formó el ethos y la táctica de operaciones de los comandos del IDF. En el 1967, en la Guerra de los Seis Días, Sharon, por entonces un comandante de la división, conquistó brillantemente la compleja fortificación egipcia Umm Katef-Abu Agheila en el Sinaí. En 1970 y 1971, como jefe del  Comando Sur del OC, desarraigó con éxito a los guerrilleros-terroristas palestinos de la Franja de Gaza, una campaña que a menudo involucraba tácticas brutales. (Un jefe de la policía israelí ya retirado me dijo una vez que había sido testigo de cómo Sharon ejecutó personalmente a un terrorista capturado en el patio de la prisión de Gaza). En 1973, superando algunas dudas entre sus superiores, Sharon dirigió el asalto a través del Canal de Suez que cambió el destino de la guerra y que obligó a Egipto, que había puesto en marcha la Guerra de Yom Kipur junto con Siria, a pedir un alto el fuego.

En la política, también, exhibió en varias ocasiones tanto su vertiente inconformista como sus credenciales de bulldozer. Se pusieran las cosas como se pusieran, fueran los que fueran los obstáculos jurídicos y prácticos, a menudo consiguió  hacer las cosas a su manera. Pero su legado político sigue siendo ambiguo en un buen número de niveles.

Un producto del movimiento Laborista, Sharon era un Mapainik de corazón: el Mapai fue el partido socialista pragmático, dirigido por Ben Gurion, que había llevado a la empresa sionista a la condición de Estado y que gobernó a Israel entre 1948 y 1977. Pero en 1973, Sharon abandonó el barco y ayudó al líder del Likud - entonces llamado Gahal - Menachem Begin al poder. Desde finales de 1970 hasta 1990 jugó un papel decisivo en la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania y Gaza, aunque en el año 1982, como ministro de Defensa de Begin, supervisó eficazmente desarraigo de los asentamientos en el Sinaí como parte de los compromisos israelíes en el tratado de paz Israel-Egipto.

Pero 1982 fue decisivo para la carrera política de Sharon de otra manera. Él planeó y luego llevó a cabo la invasión del sur de Líbano por parte de Israel que culminó con el sitio de Beirut, el desalojo de la Organización de Liberación de Palestina del Líbano y la masacre, por parte de milicianos cristianos libaneses, de varios cientos de palestinos en los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila. Sharon fue encontrado en parte responsable de la masacre por una comisión de investigación israelí, siendo expulsado del Ministerio de Defensa y siendo demonizado por la prensa y la opinión pública en Occidente, así como por muchos israelíes.

Sin embargo, durante los años 1980 y 1990, Sharon avanzó en su camino de regreso a la respetabilidad política. Para el año 2001, cuando fue elegido primer ministro al frente del Likud, había reconstruido su imagen que emergía como la de un estadista responsable, con un fondo de experto en seguridad en el que la mayoría de los israelíes podían confiar. Al igual que el ex general Yitzhak Rabin, con quien Sharon disfrutó de muy buenas relaciones a través de las décadas, aquí había un hombre que podría con cautela avanzar hacia la paz, pero del que se podía confiar que salvaguardaría la seguridad de Israel. Su aspecto, sonriente, con sobrepeso, de pelo blanco, una especie de oso de peluche, un hombre que fue fotografiado con sus ovejas, sin duda ayudaba. Lo mismo hicieron las revelaciones ocasionales de ex asesores y secretarios sobre su abundante sentido del humor, su calidez, y sus muchas atenciones personales
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Desde el momento en que asumió la presidencia en el 2001, Sharon mostró la promesa de la grandeza política. A partir de 2002, orquestó la supresión eficaz por parte del ejército israelí de la Segunda Intifada palestina, una rebelión contra la ocupación israelí de los territorios pero también una guerra terrorista contra el propio Israel, que comenzó en septiembre de 2000. Y lo hizo con un coste relativamente bajo en términos de vidas de árabes civiles, ya que mientras que la mayoría de los israelíes asesinados en la Segunda Intifada fueron civiles, la mayoría de los árabes que murieron en la Segunda Intifada fueron militantes y terroristas.

Pero Sharon procedió a continuación - con cierto retraso, según decían los izquierdistas - a girar hacia una conciliación, al parecer bajo la influencia de la Intifada y del reconocimiento de que continuar con el control israelí sobre Cisjordania y la Franja de Gaza conduciría inexorablemente a la aparición de un único estado con una mayoría árabe entre el Jordán y el Mediterráneo, un resultado que necesariamente significaría el final del sueño sionista de un Estado judío democrático.

En el verano de 2005, orquestó la retirada unilateral israelí de la Franja de Gaza, lo que significaba no sólo la retirada de todas las tropas, sino también el desarraigo políticamente desafiante y psicológicamente traumático de una docena de asentamientos judíos. (además, cuatro asentamientos del norte de Cisjordania fueron evacuados). Sharon perdió abruptamente su base de apoyo en el Likud por lo que en noviembre de ese año, al tiempo que ejercía de primer ministro, creó un nuevo partido político centrista, el Kadima. La mayoría de los observadores, y sus opositores de derecha, creían que Sharon también pretendía, en ausencia de un acuerdo de paz con los palestinos, realizar una completa separación de los palestinos mediante la retirada unilateral de la mayor parte de Cisjordania.

Sharon creció con una instintiva y esencial desconfianza hacia sus vecinos árabes de Kfar Malal, después de todo, en 1921, unos años antes del nacimiento de Sharon, quemaron ese moshav. Como adulto, Sharon extendió poco a poco esta desconfianza hasta abarcar a "los árabes" en general. De hecho, en 1978, votó en contra del gabinete en los preliminares del acuerdo de paz entre Israel y Egipto, un acuerdo negociado entre el primer ministro Menachem Begin - con la ayuda de los ex generales Moshe Dayan y Ezer Weizmann - y el presidente Anwar Sadat. (En el voto decisivo, en la Knesset, en 1979, Sharon votó ""). Y en la década del 2000 tenía pocas esperanzas de que los árabes palestinos bajo Yasser Arafat, y luego bajo Mahmoud Abbas, consintieran jamás la existencia de Israel o firmaran un tratado definitivo de paz con el Estado judío.

Por lo tanto, como parte de su política de "separación", procedió a construir una barrera de seguridad entre la "vieja" Israel - es decir, el Israel de antes de 1967 - y la Ribera Occidental. Tal retirada detrás de la barrera de seguridad habría dejado a los palestinos en posesión de aproximadamente el 90% de Cisjordania, aunque también habría dejado el problema de decenas de asentamientos israelíes "varados" dentro de territorio palestino. No está claro cómo Sharon pretendía hacer frente a este problema o cómo pensaba que iba a vencer la resistencia inevitable del sector derechista. En cualquier caso, su ataque cerebral dio al traste con esta posibilidad.

Cuando Sharon desapareció de la arena política, en enero de 2006, ambos, extremistas palestinos y judíos se regocijaron. Pero hubo un sentido real de shock, de tristeza y de pérdida entre la mayoría de los israelíes, que sentía - probablemente con razón - que era la única figura política dispuesta y capaz de sacar – liberar – a Israel de Cisjordania, y por lo tanto capaz de cambiar el curso de la historia del país, y que esa posibilidad había desaparecido. Su fallecimiento real, después de ocho años en coma, se da en una situación de anti-climáx. Lo que viene a continuación, para israelíes y árabes, y para todos los demás, incluyendo a los estadounidenses, es una incógnita.

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Monday, September 09, 2013

Como Obama vacila, Israel se preocupa - Benny Morris - Los Angeles Times


El presidente Obama ha declarado repetida y públicamente que Estados Unidos no permitirá que Irán adquiera armas nucleares, eso fue, aparentemente, lo que prometió el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu como mucho. Aunque no se ha declarado explícitamente que los Estados Unidos emplearan medios militares si todo lo demás falla, una sucesión de altos funcionarios estadounidenses han declarado que todas las opciones están "sobre la mesa".

En parte, estas declaraciones fueron motivadas por el temor de que, una vez que la diplomacia y las sanciones fueron percibidas como fallidas en Jerusalén, Israel llegaría a la conclusión de que tendría que hacerlo solo y lanzar operaciones militares contra el proyecto nuclear iraní, involucrando a los EEUU y con el riesgo añadido de una gran conflagración militar en el Oriente Medio. Las garantías americanas fueron diseñadas para mantener alejados los temores israelíes y dar a la diplomacia y a las sanciones más tiempo.

Pero Obama ha divagado y flaqueado en Siria, lo que ha convencido a la mayoría de los israelíes de que no hay posibilidad de que Washington les saque las castañas del fuego en el caso nuclear iraní. Israel tendrá que atacar las instalaciones nucleares iraníes por si solo, o aprender a vivir con un Irán nuclear dirigido por un liderazgo islamista fanático que afirma buscar la destrucción de Israel.

Las autoridades israelíes han evitado cuidadosamente expresar estos pensamientos durante los últimos días, Israel sigue necesitando a Obama y a América sobre una amplia gama de contextos. Pero la mayoría de los israelíes, a juzgar por los comentarios en los medios de comunicación  del hombre de la calle, han perdido la esperanza en Obama y en los Estados Unidos que él dirige. Es decir, Israel siente que esta solo (y algunos dirían que está solo como lo estaban los judíos europeos durante el Holocausto).

Obama tiene envidiables cualidades intelectuales y morales. Sin embargo, durante las últimas semanas ha mostrado un pensamiento confuso y una clara falta de liderazgo y de resolución. Un año atrás, trazó una línea roja sobre el uso de armas químicas por parte del gobierno sirio. Desde entonces, la inteligencia de EEUU ha contabilizado nueve de este tipo de ataques, según informes de prensa en Israel, culminando en el ataque del 21 de agosto que mató a unas 1.400 sirios, más de 400 de ellos niños. Y Estados Unidos no ha hecho nada más que hablar.

En efecto, en un primer momento la conversación parecía estar dirigida a justificar un ataque militar inminente contra los activos de Bashar Assad, para así degradar la capacidad del presidente sirio de lanzar ataques con gas venenoso y disuadirle de reanudar esta forma de guerra. Pero entonces llegó el discurso del sábado de Obama, donde se preveía un retraso - de una semana, dos semanas o más - a la hora de actuar. Y a continuación pidió la aprobación del Congreso para un potencial ataque militar.

Dado que la Constitución permite sin duda a un presidente, como comandante en jefe, ordenar ataques limitados y sin dicho refrendo del Congreso, mucha gente en todo el mundo ha interpretado el movimiento de Obama como una muestra de falta de decisión que se disfraza de escrúpulos democráticos.

Tanto el secretario de Estado John F. Kerry (explícitamente) y Obama (implícitamente), han mencionado a Israel e Irán, al argumentar a favor de un ataque: Kerry hace referencia a garantizar la "credibilidad" de Estados Unidos ante sus aliados y enemigos, mientras que el presidente Obama hablaba de la necesidad de enfrentarse a "un mundo con muchos peligros".

Pero el anuncio del sábado de Obama envió una señal contraria: Claramente, él y los EEUU que representa se muestran indecisos y vacilantes ante el lanzamiento de un pequeño y limitado ataque de represalia contra el gobierno de Assad, y eso puede hacernos esperar que se muestre mucho más indeciso y vacilante cuando tenga que hacer frente a una amenaza mucho mayor, como la que plantea el proyecto nuclear de Irán. Este último ataque podría requerir una semana o meses de campaña militar contra un enemigo más poderoso que Siria de Assad y podría involucrar a Estados Unidos en unos retos que se podrían extender por todo el mundo, teniendo en cuenta los aliados de Irán y sus redes terroristas por todo el Oriente Medio.

Los portavoces de la administración Obama han tenido cuidado de declarar que el presidente podría lanzar un ataque contra Assad incluso si el Congreso vota en contra de tal medida. Pero esto es probablemente una tontería. Después de haber recurrido al Congreso para su aprobación, tal como hizo el primer ministro David Cameron con el Parlamento de Gran Bretaña, ¿alguien espera seriamente que Obama ataque a Siria sin la aprobación del Congreso (un voto que refleje la opinión pública actual de los EEUU)?

No importa cuál sea el resultado de la votación en el Congreso, la maniobra de Obama ha señalado claramente a Jerusalén que, por lo menos, Obama puede vacilar cuando se trate de las instalaciones nucleares iraníes, y apelar al Congreso a continuación, - y el Congreso, uno puede asumirlo de antemano, será aún más cauto a la hora de emitir la luz verde a un ataque, dados los retos mucho mayores que plantea la cuestión iraní.

Dirigentes políticos y militares de Israel se han mostrado sorprendidos al verificar que Obama es una especie de Hamlet zigzagueante, y aún más importante, tienen una sensación de aislamiento en lo referente al contexto iraní, que no va a desaparecer, aunque los EEUU finalmente le den una palmada en la muñeca a Assad.

Según la mayoría de las estimaciones, Irán, si no se detiene, tendrá las bombas nucleares en el curso del año  2014. La diplomacia y las sanciones no han funcionado en la última década. Mostrando su disposición a "negociar" con Occidente, Irán ha conseguido comprar más tiempo para que sus centrifugadoras produzcan un arsenal cada vez mayor de uranio enriquecido. Dentro de unos meses, Israel se enfrentará a la hora de la verdad, y se enfrentará solo.

Lamentablemente, hemos visto el temple de Obama, pronto tendremos que ver el de Netanyahu.

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Saturday, June 29, 2013

Esparta o Atenas Parte II – Benny Morris – Jewish Review of Books



Después del tratado de Sadat-Begin, la opinión pública israelí, que según Tyler hasta entonces había estado bajo la tutela de "militarismo" y el expansionismo de sus líderes y generales durante décadas, inmediatamente respaldaron la postura conciliadora del gobierno, y cerca de un 80% de los israelíes apoyaron devolver todo el Sinaí a Egipto a cambio de la paz. ¿Cómo entonces Tyler puede explicar esto? Era, escribe, "una fuerte afirmación de que el impulso marcial podría ser dominado por una estrategia basada en una acomodación con los árabes". Lo que pueda significar esto resulta una incógnita. Pero lo que hubiera escrito un comentarista más honesto y menos enrevesado a la hora de explicarse sería algo así: El público israelí, cuando se convenció de que existía un socio árabe sincero y genuinamente dispuesto a hacer la paz, superó sus dudas de seguridad y se precipitó a embarcar en la paz.

El problema básico del "Fortaleza Israel" de Tyler es que simplemente rechaza o desconoce el deseo panárabe de librar al Oriente Medio de un Estado judío y de sus periódicos esfuerzos para lograrlo. Según Tyler, solo Israel es el culpable de las guerras, de la ausencia de paz y de la desesperanza. Por lo tanto, fracasa por completo a la hora de hacer frente a la guerra de 1948, de la que todos reconocen que los primeros agresores fueron los árabes - primero los palestinos y después los estados árabes vecinos -, siendo así que Tyler ignora las verdaderas amenazas árabes contra Israel desde 1956 a 1967 y, de hecho, desde entonces. El esfuerzo realizado por Saddam Hussein para conseguir armamento nuclear en la década de 1980 y la destrucción del reactor nuclear de Osirak en las afueras de Bagdad por parte de Israel en 1981, es presentado simplemente "una nueva fase del militarismo [de Israel]".

De hecho, Tyler comienza el libro con una descripción de cómo, en el período 2011-2012, los agentes israelíes "asesinaron" a dos de los principales científicos nucleares iraníes en las calles de Teherán. "Lo sorprendente", escribe Tyler, "era que Irán podría no haber estado involucrado en absoluto en el desarrollo clandestino de armas nucleares". Más bien, según Tyler, el asesinato "altamente provocador" de esos científicos por Israel empujó a Irán a su búsqueda, o a reanudar la búsqueda de nuclear armamento. Toda esta argumentación va en contra de lo que casi todas las agencias de inteligencia del mundo creen, y que es que Irán pretende fabricar armas nucleares y ha estado tratando de hacerlo durante más de dos décadas. Hace unos años, la comunidad de inteligencia estadounidense sugirió que los iraníes podrían haber detenido su programa de armas nucleares en 2003, pero han llegado a la conclusión de que Irán sigue buscando armas nucleares. La inteligencia israelí nunca ha creído que existiera un "verdadera parada" en la búsqueda de las armas nucleares y sigue pensando que el brutal y teocrático gobierno de Irán está empeñado en la construcción de armas nucleares tan pronto como sea posible. La inteligencia israelí también cree en las declaraciones públicas de los dirigentes iraníes y piensa que el régimen iraní busca destruir Israel. Existe una división de opiniones entre los asesores de inteligencia israelíes acerca de si los iraníes, una vez que construyan un arsenal de estas armas, las utilizará contra Israel directa o indirectamente, para intimidarlo estratégicamente y así derrotar a Israel de una manera más sutil y escalonada. En cualquier caso, volviendo a Tyler y a su tesis, y según la prensa, son el estado mayor del IDF y los jefes de los servicios de seguridad los que actualmente están frenando a Netanyahu a la hora de lanzar un ataque contra las instalaciones nucleares de Irán, lo que significa una vez más dar un vuelco por completo a la tesis del autor.

De camino, Tyler también sugiere otro argumento: que esos generales belicistas han controlado tradicionalmente a sus superiores civiles mucho más propensos a una búsqueda de la paz. Pero
aquí también, la historia sirve muy mal a sus argumentos. Durante la guerra de 1948, esa que generalmente trata de evitar Tyler, Ben-Gurion se impuso en varias ocasiones las decisiones del ejército. En mayo de 1948 obligó a los generales a lanzar repetidos ataques contra el Fuerte de la Policia de Latrun, en contra de su mejor juicio. Más tarde, en 1948 y nuevamente en marzo de 1949, el ejército (el Cuartel General del Frente Sur, al mando del general Yigal Allon) suplicó a Ben-Gurion que ordenara la conquista de Cisjordania. Ben-Gurion echó abajo rotundamente la propuesta de Allon, aunque el ejército israelí hubiera podido fácilmente conseguir su conquista, militarmente hablando.

A principios y mediados de los años 1950, algunos generales del IDF, incluyendo el entonces jefe de operaciones y, a partir de 1953, el jefe del Estado Mayor General Dayan, tanteo a los primeros ministros Ben-Gurion y Moshe Sharett (1953-1955) para que aprobaran lanzar una guerra contra Jordania para así conquistar Cisjordania, y ello con el fin de dar a Israel una frontera más segura y natural, o en su defecto lanzar guerras preventivas y conquistar zonas de Egipto, Siria y Líbano. Ben-Gurion de vez en cuando jugaba con estas ideas expansionistas, pero él y Sharett siempre las frenaron, controlando las propuestas anexionistas de Dayan. Sólo en 1956, tras adquirir Nasser grandes cantidades de armamento soviético avanzado y lanzar ataques masivos de fedayines contra el interior de Israel, Ben-Gurion se mostró de acuerdo en lanzar una guerra preventiva contra Egipto.

Una década más tarde, en el verano de 1967, con Nasser provocando la guerra, el Estado Mayor del IDF, empujó y presionó a su jefe civil, el primer ministro Levi Eshkol, para lanzar un ataque preventivo contra Egipto. Sin embargo, le tomó tres semanas mordiéndose las uñas para decidir finalmente que la diplomacia internacional había fracasado y seguiría fracasando. En otras palabras, del 15 de mayo al 4 de junio Eshkol mantuvo a raya a sus generales y a los perros de la guerra. Si la tesis de Tyler fuera cierto, Eshkol se habría arrugado mucho antes ante esa élite militar que "siempre gobernó el país".

A principios de 1970 la entonces primer ministro Golda Meir echó por tierra la paz o las iniciativas interinas de paz de Moshe Dayan, su ministro de Defensa, y del presidente egipcio Anwar Sadat, que bien podrían haber evitado la guerra de octubre. Dayan era apoyado por dos de los principales generales del ejército israelí, Ariel Sharon e Israel Tal, pero se oponía el jefe del Estado Mayor General Haim Bar-Lev. En 1981, cuando Begin propuso el ataque del IAF contra el reactor de Osirak, esta opción fue rechazada por el jefe de la inteligencia del ejército israelí, el jefe del Mossad, y el jefe de la oposición, el jefe del Partido Laborista Shimon Peres, quien durante años había encabezada sistema de defensa del país (aunque era un civil). Una década más tarde, en 1991, cuando Saddam Hussein lanzó 39 misiles Scud contra ciudades de Israel, fue el primer ministro de línea dura, Yitzhak Shamir, quien se enfrentó a la mayor parte del sistema de defensa y controló al IDF.

En otras palabras, la imagen que surge de la historia real es claramente una diferente, una que habla de la completa subordinación de los militares a las autoridades civiles israelíes. A veces, son los generales son los que fomentan la necesidad de pasar a la acción y de ahí quizás a la guerra, y son los civiles los que pisan con éxito los frenos, y otras veces son los civiles los que se muestran entusiasmados por pasar a la acción, y son los generales los que persuaden a sus jefes civiles a actuar con moderación. En todo momento, el primer ministro y el gabinete tienen la última palabra.

El propósito de Tyler al escribir este libro no era ofrecer a sus lectores una historia honesta, su objetivo era denigrar la imagen de Israel. Fortaleza Israel es sólo la última expresión de una serie de venenosas perversiones que han aparecido en los últimos años en los Estados Unidos y en Gran Bretaña, todas ellas claramente diseñadas para subvertir la posición de Israel en el mundo. Deliberadamente o no, esos libros y artículos están allanando el camino para un futuro abandono del Estado judío.

Estos artículos y libros hacen que recuerde ese otra serie de libros y artículos que aparecieron en Europa Occidental desde 1936 a 1938, todos ellos repudiando la legitimidad de una Checoslovaquia recién creada y antes de ser sacrificada a los lobos nazis. En 1934, el semanario conservador Truth celebraba a Checoslovaquia como "la única experiencia exitosa de una democracia liberal emergida en la posguerra". A finales de 1936, The Observer definía a ese país como "una creación diplomática sin una base nacional suficiente tanto en lo referente a la geografía como a la raza". Para marzo de 1938. The New Statesman, en el pasado un gran amigo de la única democracia de la Europa central, escribía: "Debemos instar a los checos a ceder la parte de habla alemana de su territorio (Sudetes) a Hitler sin más demora y sin líos".

Por supuesto, tal como todos lo entendieron, esto significó dejar a Checoslovaquia indefensa. Hitler conquistó el país unos meses después, sin disparar un tiro. La pacificación del mundo árabe-islámico a expensas de Israel está en el aire y Tyler es uno de sus heraldos menos importantes.

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Thursday, June 27, 2013

Esparta o Atenas Parte I – Benny Morris – Jewish Review of Books



En 1988, me negué a cumplir una temporada de servicio en la reserva de las Fuerzas de Defensa de Israel y fue condenado a una pena de prisión de veintiún días. Fue a la altura de la Primera Intifada y mi unidad debía servir treinta y cinco días en la casbah, la antigua ciudad de Naplusa, en el corazón de Samaria.

Me negué a servir porque pensé que el gobierno de Israel en la ocupada Cisjordania y Franja de Gaza era opresivo y que Israel debía hacer la paz con los palestinos sobre la base de una solución de dos estados para dos pueblos. La primera Intifada, desde 1987 hasta 1991, fue un levantamiento popular, en gran parte consistente en huelgas, boicots, manifestaciones callejeras y disturbios, en los que los manifestantes casi siempre empleaban medios no letales. (Por el contrario, en la Segunda Intifada, de 2000 a 2004, los palestinos emplearon habitualmente como medio atentados suicidas altamente letales en autobuses y restaurantes, y su objetivo, en mi opinión, no era tanto la ocupación como el propio Israel).

El juez de mi juicio era el comandante adjunto de la división, un teniente coronel que estaba obviamente incómodo con la situación. Dijo algo así como "no todos nosotros dentro del ejército estamos contentos con lo que está pasando" y me convenció a ceder. Pero el domingo siguiente fui a la cárcel N º 4, en Sarafand, donde estuve unos 17 más bien agradables días (llegué allí dos días mas tarde, y me liberaron dos días antes por buena conducta). Un año o dos más tarde, me llamaron de nuevo para el servicio de reserva (no en los territorios), y algo más tarde se retiré con honores del ejército israelí a la edad de 44 años, de acuerdo con la costumbre de la época.

Me acordé de este episodio personal durante la lectura del libro de Patrick Tyler “Fortaleza Israel: La historia interna de la élite militar que dirige el país y por la cual no se puede hacer la paz”. Como el título lo deja ya bien claro, la acusación de Tyler contra Israel es la de ser una moderna "Esparta". ¿Cómo eran castigados los objetores de conciencia en Esparta? No sé si Leónidas mandaba a los objetores de conciencia ante las Puertas de Fuego, pero sí sé cómo fueron tratados en la Alemania guillermina, una clásica sociedad moderna "militarista". Y sé cómo les fue a los objetores en los Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, cuando estos países estaban en guerra y tenían el servicio militar obligatorio y el deber de reserva. La norma en cada caso era o bien un par de años tras las rejas o algún tipo de exilio interno.

El libro de Tyler es un típico ejemplo de pseudo-historia chismosa y excesiva acerca de Israel, y que destaca sobre todo por lo que indica acerca de la posición de Israel entre las clases intelectualoides. Patrick Tyler es un ex corresponsal en jefe del New York Times y ex jefe de la oficina en Oriente Medio del El Washington Post, y su libro viene adornado con menciones propagandísticas del antigua editor ejecutivo del New York Times Howell Raines, del analista de seguridad nacional de la CNN Peter L. Bergen y de otros, alabando su labor académica como "meticulosa" y describiendo su libro como "el relato histórico y analítico definitivo" de la función de los militares en Israel. Por cierto, a pesar de sus corresponsalías, Tyler no sabe hebreo o árabe, y el único archivo que parece haber visitado es la Biblioteca Lyndon Baines Johnson en su estado natal de Texas.

Durante décadas, los sionistas y sus partidarios han calificado a Israel como la Atenas de los últimos días, y Tyler parece tomarse este asunto como algo personal, insistiendo en cambio en la descripción de Israel como "una Esparta moderna en una región de Estados débiles". De hecho, en un momento dado Tyler parece comparar absurdamente al Egipto de Nasser con Atenas:
Tucídides había escrito de la Guerra del Peloponeso: "Lo que hizo inevitable la guerra fue el crecimiento del poder ateniense y el temor que esto provocó en Esparta". Pero en este caso no hubo crecimiento del poder ateniense. La fuerza de Nasser fue disminuyendo... Fue el poder de Israel-Esparta quién había crecido. 
Volveré a comentar más adelante la perversa e inverosímil historia relatada por Tyler del período previo a la Guerra de los Seis Días. Pero ahora, vamos a preguntarnos: ¿Es Israel una Esparta? Bueno, vamos a ver. Es cierto que Israel tiene un poderoso ejército y dedica gran parte de su presupuesto anual (digamos 20-25%) en su defensa; cierto, también, que los generales y los jefes de seguridad, en el pasado y en el presente, tienen una voz importante en el diseño de la defensa y de la política exterior, y han tenido una representación importante en gabinetes sucesivos, aunque sólo tres primeros ministros de doce, Yitzhak Rabin, Ehud Barak y Ariel Sharon, fueran ex generales. Todos los demás, David Ben-Gurion, Moshe Sharett, Levi Eshkol, Golda Meir, Menachem Begin, Shimon Peres, Yitzhak Shamir, Binyamin Netanyahu y Ehud Olmert, eran civiles. Se podría argumentar que Begin y Shamir, como ex comandantes de organizaciones guerrilleras en el período pre-estatal, también tenían antecedentes de "seguridad". (Shamir también sirvió durante un tiempo en el Mossad).

Pero también hay que recalcar que Israel ha permanecido bajo estado de sitio desde el exterior, y bajo la amenaza terrorista en el interior, desde su creación. Así que resulta compresible que la seguridad, tanto personal como colectiva, sea una consideración primordial en las mentes de los israelíes. Esto no es sorprendente. Los ex generales estadounidenses a menudo han adquirido importancia política durante o después de las guerras: Washington en el siglo XVIII, Jackson y Grant en el XIX, Eisenhower, George C. Marshall y Colin Powell en el XX, por nombrar sólo a algunos.

En su prólogo, Tyler afirma que el "militarismo" es el espíritu dominante en la sociedad israelí:
Una vez en el sistema militar, los israelíes nunca salen completamente. Llevan la identidad militar de por vida... a través de las expectativas de toda una vida de lealtad y secreto. Muchos oficiales israelíes llevan sus espacios "Top Secret" después de la jubilación, informan a los superiores o a los oficiales de inteligencia oficiales de los hechos de más interés extraídos de su participación en los negocios, las finanzas y las interacciones con los extranjeros.
En la página siguiente escribe, "el fantasma de la situación de seguridad sigue siendo un aspecto dominante de la vida", y un poco más adelante: "El ejército es el país en gran medida”.

Todo esto es solo una tontería. Si Tyler hubiera estado escribiendo acerca del Israel de la década de 1940 y 1950, tal vez sus opiniones hubiera tenido cierta validez. Sólo tal vez. Pero el Israel de los últimos decenios, el Israel de hoy en día, es otra entidad por completo. Para la mayoría de los israelíes, los logros y los intereses individuales triunfan sobre la vieja ética colectivista sionista. En efecto, cada vez menos israelíes sirven realmente en el ejército o hacen su servicio de reserva (es por eso que los pocos que llevan la carga están constantemente quejándose). Es cierto que entre los estudiantes del undécimo y duodécimo todavía existe una gran competitividad para conseguir su inclusión, una vez llegados al servicio militar, en una de las unidades de élite del ejército israelí o en la formación de pilotos, pero esto tiene más que ver con el machismo y la competencia propia entre adolescente que de ideología militarista. De hecho, se pueden extraer buenos argumentos para representar al ejército israelí como uno de los menos “militaristas” del mundo. Desde su creación en 1948, el ejército israelí ha abjurado del saludo (la práctica sólo existe en los desfiles formales), y los hombres, después de completar la formación básica, por lo general se dirigen a sus suboficiales y oficiales por su nombre de pila. El código de vestimenta en los rangos del ejército va de informal a descuidado, y las infracciones de la disciplina (excepto en el cuerpo de blindados) tienden a ser castigadas a la ligera. Mientras que las mujeres son mantenidas fuera de las unidades de combate, las mujeres suboficiales y oficiales están jugando un papel importante en la formación de las tropas de combate (en unidades acorazadas y artillería, por ejemplo), y hay un número creciente de mujeres pilotos y navegantes que también vuelan en aviones de combate . Todo esto apunta a un ámbito militar más bien “liberal” que "militarista".

Al igual que los jugadores de póquer, en los libros también se utilizan faroles. En un momento de Fortaleza de Israel Tyler escribe que los paracaidistas israelíes usan boinas negras. Si hubiera entrevistado a algún israelí, incluso a un niño (incluso un niño árabe israelí), habría sabido que, como en Gran Bretaña y Francia, los paracaidistas usan boinas rojas.

Lamentablemente, Tyler no sabe nada acerca de los aspectos prácticos de Israel o de sus fuerzas armadas. Israel es, de hecho, un pequeño país, una democracia sobria, amenazada y asediada, y con un ejército fuerte y excepcionalmente igualitario que ha producido una secuencia extraordinaria de escritores, académicos y artistas, con unas instituciones académicas y artísticas de clase mundial. En resumen, Israel es más ateniense que espartana. Y es que los conocimientos de Tyler en historia de Israel resultan tan débiles como en sociología, aunque siempre está dispuesto a proporcionar opiniones y juicios, todos ellos de cariz antisionista.

Volvamos a las causas de la Guerra de los Seis Días. La historia que Tyles nos relata es claramente regresiva, algo sorprendente cuando la historia de esta conflagración es clara y generalmente aceptada, y muy bien documentada. La posibilidad de más revelante información producto de la apertura de los archivos militares israelíes y de las actas del gabinete israelí será posible dentro de cuatro años, cuando se cumplan los cincuenta años del acontecimiento, tal como es la regla en Israel, pero es poco probable que revelen muchas más cosas. Y con respecto a los archivos árabes, que sí podrían arrojar nueva luz desde una perspectiva diferente, permanecen cerrados, tal como ocurre con todas las épocas del conflicto árabe-israelí (las dictaduras no tienen los archivos del estado abiertos).

La diapositiva de esta guerra comenzó con el patrocinio de Siria de operaciones palestinas contra Israel a través de las fronteras libanesas y jordanas y con los esfuerzos de Siria por desviar la cabecera del río Jordán. Los líderes de Siria hablaban con frecuencia y públicamente de una "guerra de liberación" sobre toda Palestina. Israel advirtió a Siria que estaba jugando con fuego, y que incluso podría provocar un ataque israelí.

A principios de mayo de 1967, Damasco y Moscú, el principal apoyo internacional de Siria, informaron a la inteligencia de Egipto que Israel estaba concentrando tropas en la frontera con Siria. La implicación era que Israel estaba a punto de lanzar un ataque masivo y que Egipto, que tenía un pacto de defensa con Siria, tendría que acudir en ayuda de Siria. Moscú habló de entre once y cincuenta brigadas israelíes y del 17 de mayo como el Día D. Esta "inteligencia" no era cierta. La organización que supervisaba el armisticio de la ONU, el ONUVT, comprobó las zonas fronterizas y desestimó los informes. De hecho, Nasser envió a su jefe del Ejército, Mohamed Fawzi, a Damasco para averiguar lo que estaba sucediendo. En sus memorias, Fawzi escribió más tarde, "no encontré ninguna evidencia concreta que apoyara la información recibida. Al contrario, en las fotografías aéreas tomadas por el reconocimiento sirio el 12 y 13 de mayo no mostraban cambios en las habituales posiciones militares [israelíes]".

Pero esto Tyler no se lo cuenta a sus lectores. En cambio, astutamente, implica que “había algo” en los informes de Siria y Rusia: "La información soviética era sobre todo desinformación", relata inicialmente para matizar cuidadosamente a continuación, "pero estaba claro que el ejército israelí estaba sobre todo en un estado de alerta a lo largo de la frontera norte". Una vez más, la implicación es que un ataque se estaba preparando. No era cierto.

Tyler luego procede a justificar las acciones posteriores de Nasser, lo que provocó directamente la Guerra de los Seis Días:
Sin embargo, era imposible que Nasser ignorara los informes de inteligencia [soviética y de Siria]... Para Nasser, no importaba si los informes de inteligencia eran falsos... Lo que importaba era que Nasser estaba en un punto insostenible como líder principal del mundo árabe.
Así, el 13 de mayo, ordenó a sus divisiones blindadas que cruzaran el Canal de Suez en el Sinaí, que había sido desmilitarizada después de la guerra de 1956, y con ello amenazaba el sur de Israel. Nasser agravó esta decisión con otras dos medidas que, en ausencia de una intervención internacional, hicieron inevitable la guerra. El 16 de mayo, ordenó a las fuerzas de paz de la ONU en el Sinaí, que separaban físicamente a los egipcios e israelíes, que salieran de sus posiciones, y el 22 de mayo anunció el cierre de los Estrechos de Tirán a la navegación y a la aviación israelí, bloqueando el puerto de Eilat, que era el puerto de acceso de África y el sur de Asia, y su enlace aéreo con Sudáfrica Todo esto era una violación del derecho internacional. Al final del mes, Nasser firmó un pacto de defensa con su antiguo enemigo el rey Hussein, y batallones de soldados egipcios fueron llevados en avión a Jordania, mientras Irak se preparaba para enviar divisiones blindadas para reforzar las defensas de Hussein. Israel sintió un que nudo pan-árabe se apretaba alrededor de su cuello.
Tyler describe estos movimientos egipcios, cada uno de los cuales era un claro casus belli, pero luego culpa a Israel del brote de la guerra. Él escribe que el primer ministro Levi Eshkol intentó sin éxito "frenar a los generales y acabar con la oleada de entusiasmo por la guerra que se estaba volviendo cada vez más pronunciada en el cuerpo de oficiales". Mientras tanto, los estadounidenses no lograban armar una flotilla internacional que obligara a abrir los estrechos -Tyler describe esta idea como si todavía estuviera en juego cuando Israel atacó en la mañana del 5 de junio, aunque ya no lo estaba - o enviar a sus propias naves, por lo que Washington, al final, debió dar a Israel una "luz amarilla" (la frase es de William Quandt) para atacar.

Otra cuestión de la Guerra de los Seis Días que Tyler elude y distorsiona es la conquista israelí de la Ribera Occidental, un área que Jordania había gobernado desde su conquista en 1948. Temprano en la mañana del 5 de junio, Israel le comunicó al rey Hussein a través de la ONU y los EEUU que si Jordania retenía su fuego y no participaba en el conflicto, ningún daño le acontecería de parte de Israel. Sin embargo, los jordanos abrieron fuego de artillería contra Israel - Jerusalén Oeste y la llanura costera -. Israel contactó nuevamente con los jordanos, con la promesa de no abrir fuego si cesaba el suyo inmediatamente. Pero los jordanos siguieron disparando, y alrededor del mediodía, las tropas israelíes comenzaron a atacar la Ribera Occidental y Jerusalén Oriental. Al cabo de tres días, el territorio hasta el río Jordán estaba en manos israelíes.

Tyler omite cualquier mención de estas advertencias y apelaciones a Jordania del 5 de junio, y en su lugar escribe:
Después de que las baterías de artillería jordanas hubieran abierto fuego contra los barrios judíos en Jerusalén, Yigal Allon y Menachem Begin se unieron a la hora de proponer… que el bombardeo de Israel les daba el pretexto que necesitaban para liberar Jerusalén Este árabe, incluyendo la Ciudad Vieja y el Muro de las Lamentaciones.
Uno se pregunta si Tyler describiría la respuesta estadounidense a un ataque comparable (por ejemplo el bombardeo de Washington, DC y Nueva York) como un "pretexto”.

A raíz de la guerra, el 19 de junio, el gabinete israelí decidió en sesión secreta que Israel accedería a retirarse de toda la península del Sinaí a cambio de la paz con Egipto y la desmilitarización de la península, y de todos los Altos del Golán a cambio también de la paz con Siria y la desmilitarización de la zona (El gabinete no pudo ponerse de acuerdo sobre el destino de la Ribera Occidental, así que nada fue ofrecido a Jordania). Tyler, como es habitual cuando se trata de restar importancia al espíritu de paz de Israel, lo expone vagamente: "Eshkol, Meir y Dayan convencieron [a los ministros]... que deberían al menos ofrecer devolver parte de los territorios árabes si pudieran hacerlo en condiciones favorables". Lo que no es exactamente lo mismo.

Vale la pena agregar que hay historiadores que están convencidos de que esta decisión del gabinete nunca llegó a El Cairo y Damasco, aunque la verdad, a este respecto, sólo se conocerá con exactitud siempre y cuando se abran los archivos egipcios y sirios. Lo que es seguro es que en septiembre de 1967, en respuesta a la victoria israelí y tal vez a estas propuestas de paz, los gobiernos árabes resolvieron por unanimidad no volver a negociar con Israel, no reconocerlo y nunca hacer la paz. Eran los famosos "tres no" de Jartum.

Otra observación de Tyler sobre las secuelas de la guerra vale la pena citarla porque es descaradamente falsa: "Parecía que, con pocas excepciones, todo el mundo en Israel había abrazado un credo que se reflejaba en la visión de un Gran Israel, desde el Mediterráneo hasta el río Jordán. Solamente hubo diferencias sobre la forma de lograrlo". Es cierto que existió una euforia semi-mesiánica, sin embargo, después de 1967 Israel fue una sociedad profundamente dividida y se mantuvo así hasta el presente. Muchos se opusieron o se sentían incómodos con la retención de territorios con población palestina. Tyler se olvida de decir a sus lectores que Ben-Gurion, a quien tilda repetidamente de archi-expansionista y belicista, inmediatamente informó conminó a  Eshkol a retirarse de la totalidad de Cisjordania excepto Jerusalén Oriental, Ni tampoco menciona que el ministro del Partido Laborista Yigal Allon formuló rápidamente un plan que pedía la retirada de la mayor parte de Cisjordania a cambio de la paz con Jordania. El "Plan Allon" nunca fue adoptado oficialmente como la plataforma del Partido Laborista o del gobierno israelí, pero guió sus políticas durante una década. (Los asentamientos no se establecerían en aquellas áreas destinadas a ser transferidas a la soberanía árabe). En los años inmediatamente posteriores a 1967, los líderes de Israel, en reuniones secretas, propusieron en repetidas ocasiones el plan Allon al rey Hussein como base para un acuerdo de paz bilateral. Por supuesto, todo ello en vano.

Después de la Guerra de los Seis Días, el presidente de Egipto Nasser, lanzó una "guerra de desgaste" contra las fuerzas israelíes en la península del Sinaí, con la esperanza de desgastar y forzar a los israelíes a renunciar a permanecer en territorio egipcio. Esta “guerra de desgaste” consistió en ataques de artillería contra los fuertes israelíes construidos a lo largo de la orilla oriental del Canal de Suez (la denominada Línea Bar-Lev) y de incursiones de comandos contra los fuertes y los caminos en los que estaban asentados. Los egipcios disfrutaban de una abrumadora superioridad artillera, lo que causó graves bajas israelíes sobre una base casi diaria. (Fui herido por una esquirla en uno de los fuertes, cuyo nombre en código era Zahava Darom, en el extremo sur del lago Small Bitter). Para compensar esta ventaja egipcia, en el verano de 1969 los israelíes enviaron en la Fuerza Aérea de Israel (IAF) para atacar la artillería egipcia y su sistema de trincheras de primera línea en la orilla oeste del Canal. A finales de ese año, la artillería egipcia aún no había sido silenciada, así que en enero de 1970 los israelíes enviaron a la IAF y a comandos para atacar bases militares y emplazamientos de misiles antiaéreos en el interior de Egipto. Miles de soldados egipcios y constructores militares resultaron muertos y heridos durante una campaña aérea que duró medio año. En dos ocasiones, las bombas se desviaron o el blanco estaba equivocado, y una fábrica egipcia y una escuela primaria, que se hallaba dentro de un recinto militar, fueron destruidas, causando decenas de muertes de civiles. Tyler resume el ataque aéreo israelí de la siguiente manera: "La fuerza aérea… lanzó según se estima unas ocho mil toneladas de bombas contra objetivos militares y civiles durante estos meses… Aviones F-4 Phantom de fabricación estadounidense aterrorizaron las ciudades egipcias". En efecto, Tyler le dice a sus lectores que Israel asesinó indiscriminadamente a egipcios, atacando deliberadamente a los civiles. De hecho, durante estos meses, la vida siguió como de costumbre en las ciudades de Egipto ya que su gobierno y su ciudadanía sabían muy bien que no estaban en el punto de mira israelí.

La guerra de desgaste llegó a su fin después de que los soviéticos enviaran a miles de hombres de su propio personal para manejar las baterías de misiles antiaéreos y escuadrones de combate para contrarrestar a la IAF. En un incidente, los Phantom israelíes derribaron a cinco MIG-21 a manos de pilotos soviéticos. Llegados a este punto, ambas partes parecieron desistir. Los egipcios se mostraban completamente agotados y los israelíes temían un enfrentamiento abierto con los rusos. Tyler, como siempre, cuenta la historia mal y al revés, y así nos dice que los pilotos soviéticos "derribaron una docena de Phantom israelíes". Esto nunca sucedió.

Tyler insiste en las mismas falsas acusaciones de atrocidades al describir la Primera Guerra del Líbano de Israel, esta vez contra la OLP y los sirios en el Líbano en 1982, cuando habla de "bombardeo de saturación sobre la ciudad [de Beirut]". Por supuesto, nunca hubo ningún bombardeo de "saturación". Tyler habla de seiscientos civiles muertos en esos bombardeos, pero en Dresde, desde el 13 al 15 de febrero de 1945, los bombardeos aliados mataron a unas veinticinco mil civiles, y hay estimaciones que hablan de cerca de cien mil o incluso más víctimas civiles. Eso si fueron bombardeos de saturación. En 1982, la IAF apuntó cuidadosamente contra edificios y campamentos de la OLP en los alrededores de Beirut, y si bien cientos de civiles murieron colateralmente sin lugar a dudas, algunos de ellos libaneses en lugar de palestinos, este no fue un objetivo deliberado. Eso es lo que sucede durante las guerras en zonas edificadas com mucha población, incluso cuando la parte más poderosa es cuidadosa. La descripción de Tyler es agitprop, no historia.

El subtítulo del libro de Tyler lleva un mensaje muy claro: los sanguinarios generales espartanos israelíes “dominan” Israel y es por eso que no se ha logrado la paz con sus vecinos. La historia real de los distintos procesos de paz entre israelíes y árabes post-1967 desmiente este argumento. Los generales y ex generales del IDF cobraron en realidad mucha importancia en los procesos de paz, tanto los que tuvieron éxito como en los que fracasaron.

Israel hasta ahora ha firmado dos tratados de paz con los Estados árabes: uno con Egipto en 1979 y otro con Jordania en 1994, ambos de los cuales están todavía en vigor (aunque sea una incógnita cómo les irá en los próximos años, con unos islamistas ferozmente anti-israelíes y antisemitas en ascenso dentro de la política árabe). Las negociaciones con Egipto fueron encabezadas por Menachem Begin, un civil que había encabezado en época pre-estatal la organización de derechas Irgún Zvai Leumi (IZL). Pero los dos hombres que se esforzaron y lo persuadieron para hacer las concesiones necesarias, incluida la entrega a Egipto de la totalidad del Sinaí, fueron su ministro de Asuntos Exteriores Moshe Dayan y su ministro de Defensa Ezer Weizman, los cuales habían pasado la mayor parte de su vida en el Ejército . Dayan era un ex jefe del Estado Mayor, y Weizman fue un comandante de la Fuerza Aérea de Israel. El tratado de paz con Jordania, por el que Israel cedió varios cientos de kilómetros cuadrados de territorio en el sur, fue negociado y firmado por Yitzhak Rabin, también un ex jefe del Estado Mayor.

A finales de 1970, la opinión pública comienza a presionar para hacer la paz con Egipto, siendo encabezado por el movimiento Paz Ahora. Tyler dice, casi con razón, que su importancia "fue que surgió en gran medida de la institución militar". La mayoría de los firmantes originales de la carta que puso en marcha el movimiento eran, de hecho, oficiales de la reserva del IDF. Pero por supuesto, esto contradice la propia tesis de Tyler de que con el ejército israelí "no se puede hacer la paz". Él parece ser el único en no darse cuenta.

Continuara...

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