Thursday, August 14, 2014

Fans de Israel pero cuando les conviene - Shmuel Rosner - NYTimes



La canción israelí "Ein Li Eretz Acheret" es una canción curiosa. "No tengo ningún otro país", dice la letra, "aunque mi tierra está en llamas".

Es difícil encontrar a un judío israelí que no se identifique con ella. Los izquierdistas israelíes la cantan como si fuera una canción de protesta. Fue cantada en las manifestaciones contra la guerra de 1982 en el Líbano y en las vigilias tras el asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin en 1995. Los israelíes de derecha la interpretan como una canción patriótica sobre el apego a la tierra, y la han cantado después de los ataques terroristas y durante la retirada en 2005 de la Franja de Gaza.

Me acordé de esta canción en los últimos días al leer una serie de artículos escritos por inteligentes comentaristas y expertos, todos ellos judíos no israelíes, donde dicen que la brutal guerra en Gaza les ha hecho cuestionar su sionismo.

Lo que une a todos estos escritores, por supuesto, es que todos ellos tienen otro país. Y por eso, cuando las cosas se joden y hay problemas, el gobierno israelí no les escucha - y no debería -.

Estos escritores no están todos cortados por el mismo patrón, pero sus argumentos son similares. Hay un lado reconfortante en sus artículos: todos ellos están claramente preocupados por Israel. "Me preocupo por Israel personalmente, mucho más que de una manera abstracta", decía en Vox el periodista estadounidense Esdras Klein. Pero por otro lado, se muestran decepcionados, a veces horrorizados, por un Israel que todavía les interesa y preocupa, pero no tanto como antes. Roger Cohen, escribiendo en el NYTimes, argumentaba que las actuales políticas israelíes son una "traición al sionismo en el que sigo creyendo". Sus conclusiones también son similares: son "menos favorable" a Israel que antes, como Jonathan Chait ponía de relive en la revista New York.

Como grupo, son un claro ejemplo de un fenómeno que el escritor del Atlantic Monthly y columnista del Haaretz, Peter Beinart, ha popularizado: el distanciamiento de los judíos liberales y progresistas de Israel, especialmente en los Estados Unidos.

El núcleo del argumento de Mr. Beinart es que "sobre todo en las generaciones más jóvenes, cada vez menos judíos estadounidenses liberales y progresistas son sionistas", y ello a causa de las políticas de línea dura de Israel. Es una teoría débil, y los expertos aún discuten sobre el alcance de esa tendencia. Pero no hay duda de que muchos judíos liberales se sienten incómodos con Israel. El Mr. Beinart, citando las críticas al popular comediante judío americano Jon Stewart, sostuvo la semana pasada que si "Israel continúa eligiendo gobiernos hostiles a un Estado palestino viable, el humor americano cambiará incrementalmente".

Esta es una predicción sombría, porque el apoyo de Estados Unidos es una piedra angular de la seguridad de Israel. Si los judíos liberales americanos pretenden erosionar ese apoyo, deben recordar que Israel ha logrado en el pasado hacer lo que tiene que hacer, incluso con un apoyo estadounidense debilitado. Pero supongo que su motivación es diferente. A veces se siente como si estos críticos sionistas liberales estadounidenses están tratando de asegurarse de que las obras de Israel no les salpique. En otras ocasiones, se siente como si estuvieran tratando de limpiar su conciencia de algo de lo que se sienten en parte responsables.

Ellos parecen creer que una amenaza implícita de que Israel podría perder a sus partidarios judíos en el extranjero sería suficiente como para convencer de alguna manera a los gobiernos israelíes para que modificaran sus políticas. Esta es una fantasía llena de autobombo y de falta de modestia que revela una mala comprensión de la forma en que opera Israel. Para decirlo sin rodeos: Estos judíos podrán ser muy importantes, pero no son lo suficientemente importantes como para hacer que los israelíes persigan políticas que pongan en riesgo vidas israelíes (y no desde luego las de aquellos que desde diarios e instituciones americanas las proclaman).

Permítanme ser claro: creo que las relaciones de Israel con los judíos de todo el mundo tienen una importancia crucial. De hecho, he dedicado gran parte de mi carrera en pensar y escribir acerca de este tema. A menudo me encuentro predicando a los israelíes acerca de la necesidad de ser más considerados con los puntos de vista judíos más liberales sobre temas que van desde la conversión religiosa a la oración de la mujer en el Muro Occidental de Jerusalén. Pero yo nunca esperaría que los israelíes optaran por dejar su seguridad y sus vidas en aras de dar cabida a las sensibilidades políticas de unas personas que viven lejos y son ajenos a la realidad diaria.

Por supuesto, no todas las políticas israelíes son inteligentes, y no es imprescindible que todos los judíos estén de acuerdo con ellas. Los israelíes son susceptibles a la persuasión. Pero el uso de la amenaza de erosionar el apoyo judío como una táctica de “meter miedo” se interpone en el camino de una persuasión efectiva.

Los israelíes, como la mayoría de la gente, prefieren hacer caso de los consejos de aquellos que creen que tienen sus mejores intenciones, e intereses, en el corazón. ¿Pero si hablamos de los consejos de estos críticos judíos liberales, y no israelíes, se trataría realmente del caso?

Si “todos los judíos son una familia”, sería natural para los israelíes esperar una especie de amor incondicional de sus parientes judíos no israelíes. Pero si los “judíos no son una familia”, y ese apoyo puede ser retirado o condicionado, los israelíes no tienen ninguna razón para prestar especial atención a las quejas de los judíos no israelíes.

Por otra parte, la amenaza de estos judíos liberales americanos de distanciarse de Israel suena hueca. Esos judíos liberales de otras nacionalidades son ciudadanos orgullosos y patrióticos de sus respectivos países, y son libres de tomar la decisión de desprenderse de la mayor empresa judía de los dos últimos milenios. Pero ellos no serán como los fanáticos del béisbol que se mudan de Nueva York a Boston y, con gran dificultad, abandonan su enraizamiento a los Yankees para aprender a animar a los Red Sox bostonianos. Si todavía mantienen algún tipo de enlace con un Estado judío, no hay sustituto para Israel. Si ellos creen en la necesidad de una soberanía judía, Israel es la única opción disponible para ellos. Al igual que en esa canción, no hay ningún otro país, incluso si la tierra está en llamas.

Claramente, estos críticos de la conducta de Israel creen que a los israelíes les iría mucho mejor y su país sería más seguro si los israelíes y sus gobiernos adoptaran sus políticas liberales que públicamente les prescriben. Eso puede ser cierto, pero no hace ninguna diferencia.

En asuntos de vida y muerte, de guerra y paz, los israelíes prefieren y van a tomar sus propias decisiones. Si pierden el apoyo de algunos críticos judíos liberales por sus decisiones, eso será lamentable, pero aún así Israel tendrá que aprender a sobrevivir sin ese apoyo, y estoy seguro de que lo hará.

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