Friday, September 26, 2014

La inteligencia de la Gran Bretaña alentó a los ejércitos árabes para que invadieran Israel en 1948 (Parte I) - Meir Zamir - Haaretz


Ejército de Liberación Árabe

El 11 de septiembre de 1947, en la víspera de la reunión del comité político de la Liga Árabe para decidir la respuesta árabe al informe de la Comisión Especial de las Naciones Unidas sobre Palestina (UNSCOP)  [apoyando el final del mandato británico y la partición de la tierra entre los judíos y árabes], el periódico libanés L'Orient publicó un artículo. "Bloque Oriental y extensión de la Liga", argumentando que, al igual que el plan de la Gran Siria [que tenía como objetivo unir a Siria, Líbano, Jordania y Palestina], el Bloque Oriental - un término francés para el planeado pacto de defensa regional de los británicos - se cernía sobre la independencia de los países árabes y la Liga Árabe como una espada de Damocles, y que sus autores eran uno y el mismo: [el primer ministro iraquí] Nuri al-Said y el Rey [jordano] Abdullah.

El 20 de septiembre, el periódico libanés Le Jour informó que después de la reunión de la Liga Árabe en Saoufar, Líbano, el brigadier Iltyd Clayton - quien era definido como el "jefe de la inteligencia británica en el Oriente Medio - había viajado a Damasco. El diario citaba a un periódico sirio especulando sobre si su visita estaba relacionada con el esquema de la Gran Siria y las tensas relaciones entre los presidentes de Siria y Líbano (Shukri al-Quwatli y Bishara al-Khuri) y el rey de Jordania Abdullah, o con los acontecimientos en Palestina.

El 19 de febrero de 1948, el periódico libanés Le Soir publicó un artículo titulado "Made in Clayton". Basado en "fuentes sionistas", se informaba que el brigadier Clayton – el "arquitecto" del plan de la Gran Siria, del Bloque Oriental y de los tratados bilaterales de defensa con los estados árabes - ahora estaba abogando por un nuevo esquema para la partición de Palestina. El plan proponía que el "Líbano se anexionará la Galilea Occidental hasta Shavei Zion; Siria la parte noreste de la Galilea y parte de su región sur; Egipto tendría parte en el pastel; y la Transjordania se tragaría todo lo demás".

De hecho, estos y otros informes en la prensa libanesa sobre las actividades de los agentes secretos británicos fueron parte de una guerra secreta que se libraba entre la inteligencia francesa contra la inteligencia británica. La información aportada por los servicios de inteligencia franceses a la Haganah [el ejército judío clandestino pre-estatal] en el otoño de 1947, indicaba que el brigadier Clayton y sus asistentes participaban en una nueva iniciativa para asegurar la posición estratégica de Gran Bretaña en el Oriente Medio, y vinculaba a Clayton con la escalada en el conflicto árabe-judío en Palestina. Las fuentes también se referían a un nuevo plan de partición propuesto por Clayton que, en contradicción con el de las Naciones Unidas, tenía como objetivo dividir Palestina entre los estados árabes vecinos y limitar el territorio designado para el Estado judío a la zona costera entre Atlit [al sur de Haifa] y Tel Aviv.

Los franceses unían esta iniciativa a los renovados esfuerzos británicos para aplicar el Plan Morrison-Grady de 1946 [también conocido como el Plan de Cantonización] y advertían sobre el peligro de un ataque contra la Yishuv [la comunidad judía en Palestina] por las fuerzas irregulares organizadas por la Liga Árabe. También advirtieron que una invasión de los ejércitos árabes regulares para prevenir el establecimiento de un estado judío no se podía descartar.

La información transmitida por los franceses, después de la votación de partición de la ONU el 29 de noviembre de 1947, fue aún más alarmante. El 13 de enero de 1948, Maurice Fischer - del SHAI [servicio de inteligencia Haganah] y oficial de enlace con la inteligencia francesa - informó desde París que, con base a información totalmente fiable a partir de fuentes francesas, el brigadier Clayton había llegado a un entendimiento el 17 de diciembre de 1947 con el primer ministro libanés Riyad al-Sulh, según el cual las fuerzas británicas evacuarían el norte de Palestina y darían rienda suelta a las fuerzas irregulares del Ejército de Liberación Árabe, encabezado por Fawzi al-Qawuqji, para atacar los asentamientos judíos.

Al día siguiente, el 14 de enero, dos agentes de inteligencia franceses de Beirut llegaron a Haifa e informaron al agregado militar francés que el primer ministro sirio, Jamil Mardam Bey, estaba movilizando una fuerza irregular de 20.000 voluntarios para invadir Palestina, con el acuerdo tácito británico.

Anteriormente, a finales de agosto de 1947, Eliyahu Sasson – principal asesor arabista de David Ben-Gurion - había sido llamado con urgencia a París. Él permaneció hasta mediados de septiembre, enviando información e instrucciones al rey jordano Abdullah y al gobierno egipcio de que agentes británicos estaban planeando provocar a sus países para que desencadenaran una guerra contra los judíos en Palestina.

Informes en los archivos de la Haganá de esos meses - donde el nombre de Clayton aparece con frecuencia - vinculan la escalada en el conflicto árabe-judío a los esfuerzos de Gran Bretaña para asegurar su posición estratégica en el Oriente Medio. Allí también se aludía a un nuevo plan promovido por los servicios secretos británicos en El Cairo, para dividir Palestina entre los estados árabes vecinos.

En los primeros meses de 1948, la información siguió llegando hasta el SHAI sobre los intentos británicos secretos, orquestadas por la camarilla de Clayton en El Cairo, para conciliar a los líderes árabes y convencerles para unir sus fuerzas para impedir el establecimiento de un Estado judío.

Entrevista a Clayton

La preocupación de Ben-Gurion por las actividades encubiertas del brigadier Clayton y los "expertos" arabistas británicos del Foreign Office y del Oriente Medio, se intensificaron después de agosto de 1947. El 11 de noviembre de 1947, envió a un ex oficial británico-judío para entrevistar a Clayton que no sabía que Ben-Gurion había redactado las preguntas. La urgencia de descubrir las intenciones de los servicios secretos británicos llevó a Ben-Gurion a aprobar la "operación Acre", en la que la Haganah se apoderó de los archivos de la Legación británica en Beirut el 25 de diciembre de 1947, cuando estaban siendo trasladados desde Beirut a Haifa de camino a Gran Bretaña.

El 11 de enero de 1948, Sasson envió al rey Abdulá una carta advirtiéndole de un complot tramado está en Londres y El Cairo y promovido por Clayton, Nuri al-Said y funcionarios de la Oficina de Asuntos Exteriores y Colonias, contra el Plan de Partición de la ONU, y que destinado a provocar a Transjordania en una guerra contra la Yishuv, contrariamente al entendimiento entre Abdullah y la Agencia Judía.

En febrero, el jefe de inteligencia de Ben-Gurion, Reuven Zaslani (Siloé), llegó a Londres para establecer si el fracaso de Gran Bretaña a la hora de ratificar su tratado de defensa con Irak en enero de 1948 (el Tratado de Portsmouth) había influido en su postura sobre Palestina, y si existía de hecho un complot británico para frustrar el establecimiento de un Estado judío. Él informó que si bien el gabinete británico no tenía la intención de oponerse a la partición, los "expertos" - que argumentaban que no podía ser implementada - estaban trabajando en contra de ella.

Zaslani relató quién eran ellos: el asesor del Secretario de Asuntos Exteriores Ernest Bevin, Harold Bailey, el brigadier Clayton y Gerald de Gaury, un arabista del Foreign Office y oficial de enlace. Zaslani señaló que estos "expertos", que abogaban por un acuerdo militar colectivo con los países árabes, creían que un futuro Estado judío no podía ser fiable. Agregó que estaban reforzando la parte árabe sin el acuerdo del gabinete británico.

Sin embargo, evaluó que no iban a ser capaces de influir en la decisión del gabinete para poner fin al mandato y retirar las fuerzas británicas de Palestina, ya que recibió el apoyo de los dos funcionarios británicos de más alto rango: el Alto Comisionado de Palestina Alan Cunningham y el comandante de las fuerzas británicas en Palestina, el general Gordon MacMillan.

Una evaluación similar fue hecha por Ben-Gurion en una conversación con un diplomático francés a principios de marzo. En una entrada del 7 de marzo de su diario, Ben-Gurion anota, "Clayton fue a Siria; los británicos quieren hacer de Siria su base después de fracasar en Irak y Egipto. La situación en el mundo árabe es difícil - disturbios en Irak - y Gran Bretaña está tratando de concentrar el pensamiento árabe en Palestina".

Los ejemplos anteriores procedentes de la prensa árabe y las fuentes francesas y sionistas plantean preguntas intrigantes. ¿Existía de hecho una conexión entre los esfuerzos de Gran Bretaña para acordar tratados militares bilaterales con Irak, Egipto y otros países árabes, o bien formar una organización regional de defensa colectiva, y los presuntos intentos de sus servicios secretos en El Cairo de provocar una guerra entre judíos y árabes en Palestina? ¿Por qué el brigadier Clayton estaba asociado con un esquema secreto para dividir Palestina entre sus estados árabes vecinos? ¿Por qué estaba implicado en la provocación de los ataques árabes, inicialmente contra la Yishuv y por fuerzas irregulares árabes, y más tarde contra el Estado judío recién creado por los ejércitos regulares árabes?

Al igual que el general Charles de Gaulle, quien culpó a Gran Bretaña por conspirar para desalojar a Francia del Levante (Libano-Siria), Ben-Gurion la acusó de tratar de sabotear en secreto el establecimiento de un Estado judío y provocar una invasión armada por parte de los estados árabes.

Documentos sirios y británicos descubiertos en archivos franceses confirman las acusaciones de Charles de Gaulle y refuerzan las acusaciones de Ben-Gurion. Estos documentos y los informes de inteligencia franceses revelen que los agentes secretos británicos y los arabistas, que diseñaron el desalojo de Francia del Levante en 1945, tomaron medidas similares para evitar la formación de un Estado judío en 1947-48.

La dimensión que faltaba

La cuestión del papel de la Gran Bretaña en la guerra entre Israel y los estados árabes en 1948 es uno de los temas más estudiados en la historiografía de la Guerra de la Independencia. Y sin embargo, a pesar de los considerables esfuerzos de los historiadores, no se ha encontrado ninguna evidencia de las alegaciones de Ben-Gurion de que Gran Bretaña había instigado a los líderes árabes para que invadieran Israel un día después de su creación.

De hecho, la confirmación de las alegaciones de Ben-Gurion se puede encontrar en los archivos franceses, sobre todo en los archivos de la inteligencia francesa, cuyos oficiales siguieron de cerca las actividades de los servicios secretos británicos en el Oriente Medio en la década de 1940.

Un obstáculo importante en el estudio de la guerra de 1948 es la falta de acceso a los archivos árabes. Los documentos sirios, obtenidos por la inteligencia francesa - que contienen sin censura la correspondencia privada y los acuerdos secretos entre los líderes árabes, así como los intercambios diplomáticos - dan a los estudiosos una mirada más cercana de la posición árabe hacia un Estado judío en Palestina, sin tener que depender exclusivamente de Israel y de los archivos occidentales y de la inflamatoria retórica pública de los gobernantes árabes en sus memorias o artículos de prensa.

Los documentos sirios revelan que las actitudes de los líderes árabes hacia las aspiraciones sionistas derivaban no solamente de su hostilidad hacia un Estado judío, sino que eran mucho más complejas. Esto pone de relieve la necesidad de que los académicos estudien el conflicto árabe-sionista bajo el contexto de las rivalidades anglo-árabes, y las existentes entre los propios países árabes, en lugar de las relaciones meramente anglo-judías o árabe-judías.

Los miles de documentos árabes sirios y otros que se encuentran en los archivos franceses, junto con los informes de inteligencia británicos obtenidos por la inteligencia francesa, confirman que el papel de los servicios secretos británicos en el Oriente Medio durante y después de la Segunda Guerra Mundial proporciona la "dimensión que faltaba" en la historiografía de la región en la década de 1940.

Dos conclusiones se pueden extraer de la investigación de estos documentos tan relevantes sobre el papel de la inteligencia británica en la guerra en Palestina.

La primera es que, en la década de 1940, Gran Bretaña llevó a cabo una política de dos vías en el Oriente Medio: una bien documentada política oficial definida por Whitehall bajo el amparo de los partidos Conservador y Laborista y otra segunda política, informal y secreta, que puede denominarse "regional", implementada por los "agentes de campo", que ha dejado pocos rastros en los archivos británicos.

Esta segunda política fue perpetrada por un pequeño e influyente grupo de agentes secretos y arabistas que manipularon al gabinete en Londres y pusieron en práctica su propia política, que se desviaba de la posición oficial. Estos agentes disfrutaban de un estatus único como intermediarios entre Whitehall y los líderes árabes locales. Ya sea intencionalmente o por unas profundas creencias personales, proporcionaron unas evaluaciones sesgadas.

Ellos no sólo reunían e interpretaban la información y recomendaban determinadas políticas, sino que controlaban el flujo de la información y aplicaban sus propias políticas, manteniendo a los tomadores de decisiones de Londres en la oscuridad. Ellos unieron sus fuerzas a los gobernantes árabes, a los que presentaban como la verdadera expresión de la opinión árabe con el fin de engañar a su gobierno. Sus tácticas, que fueron respaldados por altos oficiales militares en El Cairo, cobraron impulso bajo el gobierno laborista posterior a la Segunda Guerra Mundial y durante la crisis en Palestina en 1947-48.

La segunda conclusión es que los agentes secretos británicos tuvieron éxito en la implementación de sus políticas en gran parte gracias a utilizar un control indirecto sobre los “agentes de influencia locales”. Para ello emplearon operaciones políticas encubiertas, la diplomacia clandestina y una propaganda encubierta para manipular a los líderes árabes y a la opinión pública árabe. Todos ellos métodos ampliamente utilizados en el Oriente Medio durante la Segunda Guerra Mundial.

Los documentos sirios y británicos ofrecen una visión única sobre el modus operandi de los servicios secretos británicos en la cooptación de prominentes líderes árabes, ayudándoles a elevarse hacia posiciones de poder a cambio de su colaboración. El presidente y el primer ministro sirio, Quwatli Mardam Bey, el presidente y el primer ministro del Libano, Khuri Sulh, y el Secretario General de la Liga Árabe, Abd al-Rahman al-Azzam, representan los principales ejemplos, pero hay muchos otros.

Esto no quiere decir, sin embargo, que los oficiales de inteligencia británicos controlaran totalmente a estos líderes. Las relaciones eran complejas y entrañaban diversos medios de coerción. Aparte del soborno político y financiero - y, cuando era necesario, la presión y la extorsión -, una táctica efectiva era convencerles de que la colaboración con Gran Bretaña iba en nterés propio y en el de su país. Pero estas maniobras, como fue el caso con el presidente sirio Quwatli, no siempre tuvieron éxito. Después de la Segunda Guerra Mundial, como el prestigio de Gran Bretaña había declinado y su capacidad económica y la potencia de sus fuerzas armadas habían disminuido, las operaciones políticas encubiertas se intensificaron, convirtiéndose en una herramienta esencial para los agentes secretos y arabistas para salvaguardar los intereses estratégicos y económicos de su país en el Oriente Medio.

El Plan Secreto Británico

El 28 de mayo de 1947, Najib al-Armanazi, el embajador sirio en Londres, informó a su ministro de Asuntos Exteriores de un incidente relacionado con el brigadier Clayton - una confrontación entre el Foreign Office y los servicios secretos, que se habían "negado categóricamente a sacarlo de Egipto" -. Armanazi señaló que "el apoyo a Clayton supera toda imaginación", y añadió que se le había dado "carta blanca para dirigir la gran programa que tiene como objetivo completar", y que consistía en hacer avanzar el plan de la Gran Siria y asegurar el control británico sobre Libia.

El mismo día, el primer ministro sirio Mardam Bey instruyó Armanazi para que alertara a los funcionarios del Foreign Office británico de que el gobierno sirio se opondría con fuerza a cualquier intervención por parte del rey Abdullah en los asuntos sirios. Él había notificado previamente a Armanazi que los agentes británicos estaban incitando a las tribus drusas y beduinas contra el gobierno sirio.

A principios de junio, Mardam Bey escribió directamente a Bevin quejándose de las intrigas de los oficiales británicos en la Legión Árabe jordana contra Siria, y agregó: "Lo que hace la situación aún más delicada es que el complot organizado contra Siria es bien recibido por todos los funcionarios británicos en el Oriente Medio". Advirtió que si Siria no tenía otra forma de salvaguardar su independencia, buscaría la ayuda exterior, incluso la de la Unión Soviética.

Los informes relataban como el incremento de la subversión por parte de agentes británicos en Siria se produjo durante las elecciones parlamentarias en Siria y durante la escalada de la tensión en la frontera entre Siria y Jordania en el verano de 1947. Un informe de inteligencia árabe revela que agentes secretos británicos también estaban provocando a los miembros de la Hermandad Musulmana en Siria para actuar en contra de su régimen republicano. También revela que los agentes británicos en Egipto estaban colaborando allí con la Hermandad Musulmana contra la creciente propaganda comunista.

El deterioro de las relaciones sirio-jordana coincidió con las negociaciones anglo-iraquíes sobre un nuevo acuerdo militar que reemplazara el tratado de 1930, y con la mejora de las relaciones entre el gobierno iraquí y el rey Abdullah. Estos fueron los primeros pasos del plan ideado por los servicios secretos británicos en El Cairo, Ammán y Bagdad, e implementado entre julio de 1947 y mayo 1948.

En el verano de 1947, la política británica en el Oriente Medio llegó a un callejón sin salida. El primer ministro egipcio Mahmud Fahmi al-Nuqrashi - respaldado por el rey egipcio Faruq - insistió en que Gran Bretaña se comprometiera a evacuar sus fuerzas ante de que el gobierno egipcio estuviera de acuerdo en seguir adelante con las negociaciones para un tratado anglo-egipcio y sobre el futuro de Sudán. En julio, el gobierno egipcio fue más allá llevando su caso ante las Naciones Unidas.

La política británica en Palestina también llegó a un punto muerto. Tras el fracaso de las negociaciones con los representantes árabes y sionistas en Londres a principios de 1947, el gabinete británico había declarado su intención de devolver el mandato sobre Palestina a las Naciones Unidas. Gran Bretaña estaba perdiendo terreno en la guerra de propaganda, especialmente en los Estados Unidos, ya que los sionistas estaban retratando con éxito el conflicto en Palestina no como un conflicto árabe-judío, sino uno anglo-judío, entre un movimiento de liberación sionista y una potencia colonial. También sus duras medidas contra la inmigración ilegal de los sobrevivientes del Holocausto desde los campos de refugiados de Europa a Palestina, contribuyeron a la crítica internacional que culminó con el asunto del barco Éxodo en julio de 1947.

Los continuos informes sobre ataques sionistas contra los soldados británicos generaron un intenso resentimiento público y endurecieron la resolución del gabinete británico de evacuar Palestina. Como la crisis económica del Reino Unido se profundizaba, el primer ministro Clement Attlee se vio obligado a reducir los costes de las grandes fuerzas armadas emplazadas en el extranjero para defender un imperio que Gran Bretaña ya no era capaz de sostener, ya sea militar o económicamente. A principios de 1947, el gabinete anunció dramáticamente la intención británica de retirarse unilateralmente de la India.

Los gobernantes árabes siguieron de cerca los acontecimientos dramáticos que se desarrollaban en Londres, lo que indica que el orden imperial de la Gran Bretaña en el Oriente Medio estaba empezando a desmoronarse. Ellos contemplaron como la Gran Bretaña fallaba a la hora de suprimir la insurgencia sionista, como perdía gradualmente su control sobre el Oriente Medio y como estaba siendo relegado a una posición inferior respecto a los Estados Unidos. La declaración del presidente Harry Truman de Marzo de 1947 de que los Estados Unidos defenderían Turquía y Grecia contra la Unión Soviética reforzó estas creencias.

El plan de Gran Bretaña para un pacto de seguridad regional fue percibido consecuentemente como menos probable. Los líderes turcos y árabes eran menos propensos a formar parte de él. Pero el presidente sirio Quwatli creía que la Gran Bretaña no se rendiría en el Oriente Medio sin luchar, mientras que el rey egipcio Faruq le dijo a Mardam Bey, "Gran Bretaña juega con nosotros y nos explota en su propio interés, ganando en todos los frentes al mismo tiempo". El servicio de inteligencia francés estimaba que Gran Bretaña estaba lejos de perder su control sobre el Oriente Medio y que "todavía tenía muchas cartas con que jugar".

En el verano de 1947, un cambio tuvo lugar entre los arabistas británicos - en especial los de los servicios secretos - con respecto a la política de Oriente Medio del gabinete laborista. No habiendo podido influir en el primer ministro Attlee, quien resolvió retirar a una parte sustancial de las fuerzas británicas de la región, "secuestraron" la política de Oriente Medio de Gran Bretaña, tomando el asunto en sus propias manos. Estaban decididos a actuar contra lo que percibían como una política que estaba poniendo en peligro los intereses estratégicos vitales de su país ante el empuje soviético en la región.

Por lo tanto, de junio de 1947 hasta mayo de 1948, el Reino Unido llevó a cabo dos políticas contradictorias en el Oriente Medio: una oficial, realizada por el gabinete y por el secretario de Asuntos Exteriores; la otra sin autorización y en secreto, ideada por los agentes secretos y arabistas en El Cairo, Ammán y Bagdad. El brigadier Clayton jugó un papel clave en la coordinación e implementación de esta política encubierta.

Este breve análisis examina solamente si los agentes secretos y arabistas instigaron intencionalmente los ataques armados árabes contra la comunidad judía en Palestina, y más tarde contra el Estado de Israel, sin conocimiento o autorización de su gabinete. No aborda el equilibrio de poder entre los países árabes, que estaba estrechamente ligado a la guerra en Palestina; ni la contra-estrategia diplomática y militar adoptada por Ben-Gurion y sus asesores cercanos después de enterarse del plan secreto británico; ni la acción contraria francesa o soviética para socavar los diseños británicos en el Oriente Medio.

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