Saturday, September 20, 2014

¿Por qué dicen algunos periodistas que los informes sobre el conflicto palestino-israelí están amañados? - Dafna Maor - Marker



El conflicto palestino-israelí recibe una cantidad desproporcionada de atención en relación a su tamaño e importancia en el mundo; los periodistas siguen la manada y sufren de pensamiento de grupo; y existe el temor de la censura palestino, respaldado por amenazas.

Estas son sólo algunas de las afirmaciones del periodista Matti Friedman contra los medios de comunicación extranjeros y su cobertura de Israel.

"Como 'antiguo iniciado' (en el sesgo político periodístico), y como israelí con opiniones de izquierda no radicales, creo que las decisiones que toman las agencias de los grandes medios de comunicación mundiales en Israel están motivadas políticamente y son disfrazadas como consideraciones periodísticas", dice Friedman, un periodista de origen canadiense que emigró a Israel en 1995 y que trabajó como reportero para la Associated Press (en adelante AP).

Durante su carrera ha trabajado como reportero en Egipto, Marruecos, Líbano, Moscú y Washington, DC
En 2013 publicó "El Códice de Alepo: En busca de un Mundial de la más codiciado, sagrado y misterioso Libros" (Algonquin Books). .

Su artículo acerca de la cobertura de prensa de Israel, titulado "Guía de un iniciado sobre la historia más importante en la Tierra", que apareció en la revista Tablet a finales de agosto, fue compartido decenas de miles de veces en Facebook provocando bastante controversia.

En su artículo, él compara la cobertura de Israel y el de otros eventos de noticias grandes en todo el mundo.

"Las agencias de noticias, sin embargo, han decidido que este conflicto es más importante que, por ejemplo, las más de 1.600 mujeres asesinadas en Pakistán el pasado año (271 después de haber sido violadas y 193 de ellas quemadas vivas), la supresión continua del Tíbet por el Partido Comunista Chino, la masacre en el Congo (más de 5 millones de muertos a partir de 2012) o la República Centroafricana, y las guerras de la droga en México (número de muertos entre 2006 y 2012: 60.000), dejando a esos conflictos completamente solos y logrando que nunca nadie haya oído hablar de los rincones oscuros de la India o Tailandia. Ellos creen que Israel es la historia más importante en la tierra, o están muy cerca de creerlo", escribe Friedman.

Él sugiere una explicación por la forma en que Israel es cubierto por las agencias. "Las personas que toman las decisiones en los periódicos – y hablo por experiencia directa - son hostiles a Israel. Se ven a sí mismos como parte de una alianza ideológica que incluye a las organizaciones no gubernamentales y a las agencias de la ONU.

Se han movido entre los círculos sociales  pro-palestinos y hostiles a Israel, y ven el periodismo no como una manera de explicar la compleja historia de la gente, sino como un arma política con la que se ayuda a una de las partes del conflicto".

Friedman es uno de los pocos periodistas que hacen este tipo de afirmaciones acerca de los medios extranjeros. Otros periodistas veteranos que comparten su punto de vista son Tom Gross, un comentarista de asuntos internacionales y un ex reportero en el Oriente Medio para el Sunday Telegraph; Richard Behar, que publicó una exposición en Forbes titulado "Los medios de la Intifada: Malas matemáticas y feas verdades acerca del New York Times durante la guerra entre Israel-Hamas"; y Richard Miron, un antiguo reportero de la BBC en asuntos del Oriente Medio que escribió sobre el tema en el Haaretz ("Una autorreflexión de los medios de comunicación sobre la cobertura de la guerra de Gaza es necesaria, pero poco probable", 01 de septiembre de 2014).

Superpotencia blanca

"No hay que olvidar que los medios de comunicación están llenos de estereotipos y errores acerca de muchos temas. Pero aún teniendo en cuenta estas deficiencias, su sesgo sostenido contra Israel es, creo yo, una firma propia", le dijo Gross al Haaretz.

"Hay una mezcla de razones para ello", dice Gross. "Los reporteros de noticias extranjeras tienden a querer cambiar el mundo y desafiar a las grandes potencias. En sus cabezas, Israel es una gran potencia, en parte porque ven a Israel como muy cercano a los Estados Unidos, tal vez más de lo que realmente está. Para ellos, atacar a Israel supone estar atacando a los Estados Unidos".

"Otra razón es que muchos de ellos tienen una especie de sentimiento de culpa por ser blancos y occidentales, y por la historia de la propia colonización de sus países. Israel es percibido como un país blanco y los palestinos son percibidos como no blancos, a pesar de que, de hecho, muchos palestinos tienen la piel más clara que algunos israelíes. Muchos periodistas occidentales parece que apenas hayan oído hablar de que existen los judíos sefardíes o los judíos Mizrahi".

"Y luego está el hecho de que Israel es un Estado judío", añade Gross. Él cita la cobertura de la participación de Francia en tres guerras que se desarrollan en África, y que también podría ser visto como una superpotencia blanca. "Hay muy pocos periodistas estadounidenses o británicos que cubran los conflictos en Mali o la República Centroafricana, aunque Francia también es percibida como un país blanco. Si Francia fuera un país judío, lo más probable es la BBC enviaría a un gran número de periodistas tal como hizo con Gaza", dice Gross.

Una de las grandes historias del año

A principios de 2009, dos de los colegas de Friedman recibieron una información acerca de una significativa iniciativa de paz que Ehud Olmert, el que era el primer ministro en esos momentos, había ofrecido a la Autoridad Palestina, que posteriormente la rechazó.

"Esto no se había informado aún y era - o debería haber sido - una de las historias más grandes del año. Los reporteros obtuvieron la confirmación de ambas partes y uno de ellos incluso vio un mapa, pero los editores principales de la oficina decidieron que no iban a publicar la historia”.

"Algunos miembros del personal estaban furiosos, pero eso no ayudó. Nuestra narrativa había delimitado que los palestinos eran los moderados y los israelíes los recalcitrantes, y cada vez más extremistas en sus pretensiones. Informar entonces sobre la oferta de Olmert - como ahondar demasiado en el tema de Hamas - haría que la narrativa que se promovía pareciera una tontería. Y así se nos instruyó a ignorarlo, y lo hicimos, durante más de un año y medio", dice Friedman.

El ex jefe de la AP en su cobertura del Oriente Medio, Steven Gutkin, escribió en respuesta a la historia de Friedman: "La historia era poco más que una tontería bien escrita", y negó que su decisión estuviera influenciada por los prejuicios. Según Friedman, el activismo se había filtrado en el profesión. "Es el activismo político disfrazado de periodismo. Si usted no está de acuerdo con sacar la historia más importante del año porque promueve una visión positiva de Israel, entonces usted es un activista. No se está aquí para explicar, sino para utilizar tu influencia en beneficio de la parte de la que te declaras seguidor".

El objetivo de Hamas del que nunca se informa

Friedman también señala que la AP no ha mencionado ni una vez la Carta de Hamas en sus informes - esa que pide explícitamente la destrucción de Israel y el asesinato de judíos, además de culpar a los judíos de la Revolución Francesa y la revolución comunista en Rusia -, y ello a pesar de que Hamas ganó las elecciones en Gaza.

Gross afirma que la razón de esto, entre otras, no tiene que ver con ningún gran afecto por los palestinos. "No es porque les guste especialmente los palestinos, o porque los gobiernos árabes les estén pagando. Algunos, al menos, se muestran - tal vez inconscientemente - incómodos con los judíos, o al menos con la idea de un Estado judío", aunque añade que no cree que sean deliberadamente antisemitas.

Gross dice de su propia experiencia, "muchos de mis colegas de la BBC se horrorizarían ante la idea de que fueran antisemitas. Pero la cobertura de Israel les hace sentirse mejor acerca de su propio colonialismo".

Tanto Friedman como Gross sienten que ese sesgo también hace un flaco favor a los palestinos, aunque no a Hamas. Friedman señala en su artículo que no hay casi "ningún análisis real de la sociedad palestina, de las ideologías y perfiles de los grupos armados palestinos y/o ninguna investigación sobre el gobierno palestino. Los palestinos no son tomados en serio como agentes de su propio destino".

"Occidente ha decidido que los palestinos deberían querer un estado al lado de Israel, así que los medios les atribuyen ese deseo como un hecho, aunque cualquiera que haya pasado cierto tiempo con los palestinos reales entiende que las cosas son (comprensiblemente, en mi opinión) bastante más complicadas. Lo que son y lo que quieren no es importante, la historia manda que existan como víctimas pasivas del conflicto".

Gross asegura que cree que la retórica anti-israelí alienta el atrincheramiento entre los dirigentes palestinos y les ayuda a disuadirlos de hacer los compromisos necesarios para alcanzar cualquier solución duradera con Israel.

"La mayoría de los israelíes piensan que los medios de comunicación occidentales son parciales, ya sea porque los árabes tienen una gran cantidad de dinero, o bien porque gastan mucho en relaciones públicas", dice Gross durante nuestra reunión. "Esto puede ser verdad hasta cierto punto, pero es sólo una pequeña razón de que los medios sean tan sesgados. Algunos de los prejuicios puede ser inconscientes o incluso puede tratarse de pereza mental o conformismo. Los corresponsales son seres humanos, y los seres humanos a menudo no son objetivos. También es importante la influencia del pensamiento de grupo. Los unos siguen a los otros".

Otro problema, según Friedman, es la puerta giratoria existente entre el periodismo y la participación política, o dicho de otro modo, el movimiento de personas desde el periodismo hacia las grandes ONG internacionales o las Naciones Unidas.

"Los periodistas no ven en esas organizaciones, o en la ONU, a sujetos que cubrir o investigar, a pesar de que su intervención es muy poderosa aquí y toman partido. No hay una cobertura crítica de la ONU a pesar de que su presencia está hinchada, es ineficiente y a menudo corrupta".

Friedman también apunta a la pereza. "Muchos de los periodistas extranjeros no conocen la historia. Ellos no saben hebreo o árabe, y no tienen ninguna comprensión real de lo que está sucediendo. Debido a eso, se pegan a la historia que reproducen sus colegas y se mueven con el rebaño. 

La AP es una gran organización y, como Reuters, forma parte de la manada. Ambas agencias toman decisiones similares. La razón por la que ellas no sabían que el Oriente Medio estaba a punto de entrar en erupción como un volcán fue que la prensa extranjera prefería llevar la cuenta de las casas creadas en los asentamientos".

"Israel es una pequeña aldea en la ladera de un volcán, pero los medios de comunicación occidentales la describe como el propio volcán. Cuando nos fijamos en esta distorsión de una manera más profunda, vemos que forma parte de un problema que ha estado ocurriendo durante los últimos cinco años. Un problema que se estudiará en el futuro en las escuelas de periodismo".

Friedman analiza las implicaciones de la defectuosa cobertura de los medios de comunicación occidentales de la realidad de Israel. "Llegó a una situación extrema este verano. Los medios de comunicación se han ofrecido como parte de las operaciones militares de Hamas. Estratégicamente hablando, Hamas sabía que podía contar con la cooperación de los medios extranjeros, sabía que no iban a mostrar conscientemente los lanzamientos de cohetes o a los combatientes, o que no hablarían en absoluto de lo que Hamas quería lograr. 

Hamas, por su parte, sabía tras la experiencia de los últimos años que los medios de comunicación extranjeros cooperarían. Los medios de comunicación extranjeros sirvieron como la arma más mortífera de Hamas, y es algo que tienen que entender los medios de comunicación".

Friedman estima que este no es un tema marginal para la investigación periodística, sino una parte importante de la historia. También cree que las posibilidades de que esta actitud vaya a cambiar son nulas.

"Mi artículo fue comentado en el Wall Street Journal y en el Washington Post, y fui entrevistado por la CNN", me comenta. "Hay señales de que están dispuestos a tomar en serio estas afirmaciones. Pero esto es como un portaaviones: es imposible cambiar de dirección con facilidad. No he visto ninguna razón para ser optimista en los últimos seis años. Como los israelíes, los informadores tenemos que darnos cuenta de que, en estos momentos, el juego está amañado".

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