Thursday, September 04, 2014

¿Qué pasó con el consenso en torno a Gush Etzion? - Yoaz Hendel - Ynet



La comunidad de Gvaot no está lejos de mi casa. La componen varias familias, una institución educativa y una montaña descubierta que ha visto días mejores. Está a poca distancia, en línea recta, pero a una larga distancia políticamente hablando.

Mi comunidad se construyó cercana a la Línea Verde en la década de 1950. Gvaot fue construido en 1984, pero más allá de la Línea Verde. En primer lugar, como un asentamiento de la división Nahal y como una fuerza pionera de un kibutz que finalmente nunca fue establecido, y luego como una comunidad en espera de noticias.

Han pasado cuarenta y siete años desde la reocupación de Gush Etzion, y todavía no hay noticias.

Las diferencias entre la parte oriental y occidental de la Línea Verde se subrayan. En las comunidades de veteranos de mi zona, las ampliaciones se están construyendo con edificios de piedra, se plantan árboles, se abren escuelas y las tierras agrícolas están produciendo productos del campo y bienes raíces.

En el otro lado, esas tierras producen estragos. Cada plan de desarrollo se convierte en el titular de algunos diarios, cada dunam es censado por los empleados de las embajadas extranjeras en Tel Aviv. Los residentes, personas privadas, sólo son examinados por las políticas de su gobierno. No hay derechos de propiedad, sólo una disputa política. Aquí y en el extranjero.

Y hay otras diferencias adicionales: Mi moshav fue construido sobre las ruinas de la aldea de Bayt'Iṭāb. Un total de 606 residentes árabes huyeron y fueron capturadas 187 viviendas durante la Guerra de la Independencia. Mi casa se encuentra por lo tanto en una tierra de ocupación.

Gvaot, por su parte, fue construido sobre un terreno descubierto y virgen, en una zona donde nadie residía y en donde no se construyeron casas y no se plantaron viñedos. Los judíos se asentaron en asentamientos cercanos: como el kibutz Kfar Etzion, una continuación de los kibbutzim de los movimientos Hashomer Hatzair (de la extrema izquierda) y los kibutz religiosos, que se establecieron en la década de 1930 con el fin de proteger a Jerusalén y fue abandonado tras la guerra en 1948.

La historia de Gush Etzion tiene todos los componentes del consenso: un ethos sionista, una historia de combate, un movimiento compuesto por asentamientos cooperativos y por un sionismo religioso moderado de tipo antiguo, pero ese lugar también genera confusiones.

Me pasa a menudo que, viajando por la Carretera de los Túneles de camino a Jerusalén, a veces me equivoco en el cruce donde fueron secuestrados los tres adolescentes. Los caminos son nuevos, el sistema de iluminación funciona a veces y en los lados de la carretera hay señales en hebreo y árabe avisando a los conductores para que pongan atención. Esa visión transmite normalidad, pero cuando se trata de la construcción de la normalidad se desvanece.

El Estado de Israel debe preguntarse a sí mismo: ¿Cómo es posible que una declaración de 4.000 dunams como tierra estatal logre el efecto contrario? ¿Cómo es que el consenso en torno a Gush Etzion parezca disolverse?

Estas preguntas se acentúan cuando uno examina las posturas de los primeros ministros de Israel a lo largo de las generaciones. El Plan Allon (dividir Cisjordania entre Israel y Jordania) y las propuestas de paz - de Ehud Barak, en el 2000, a Ehud Olmert, en la víspera del final de su mandato como primer ministro -, definían a Gush Etzion como una línea que no se podía cruzar. Las líneas podrían doblarse y enredarse, pero siempre y cuando la tierra de Gush Etzion no fuera entregada a los palestinos. Lo mismo ocurría con los parámetros Clinton y los acuerdos del presidente George W. Bush.

Entonces, ¿qué ha pasado? ¿Dónde hemos perdido este bloque de comunidades? La respuesta se esconde en las limitaciones de la comunidad internacional para distinguir entre las líneas y la historia, aún siendo tan importantes, y las limitaciones de la política israelí a la hora de crear acuerdos.

No hay ninguna razón para construir en Gush Etzion como un acto de represalia por los ataques terroristas. No hay ninguna razón para apropiarse de estas tierras estatales sólo como un acto político que contradiga los reproches de los críticos dentro del gobierno. No hay ninguna razón real para que Gush Etzion esté en el mismo paquete que la diversa complejidad del resto de áreas de Judea y Samaria.

La incapacidad de la derecha para lograr un acuerdo con la izquierda en lo que respecta a Gush Etzion está erosionando el estatus especial de la zona, y aún peor, las líneas internacionales de un acuerdo que ya se habían logrado.

Si queremos anexionar Gush Etzion, tenemos que crear un plan organizado de construcción, con sus contornos y un proceso de ciudadanía para los palestinos que viven en la zona. Este es un precio tolerable para la ampliación de la normalidad y la reducción del conflicto en la zona.

Yo apoyo esa anexión con todas mis fuerzas, pero en este momento no estamos viendo más que meras declaraciones. Este es el nuevo método israelí: hacer declaraciones como una alternativa a la toma de decisiones.

"Cuando tienes que disparar, dispara. No hables", dice la famosa frase de "El bueno, el feo y el malo". Cuando usted tenga que anexionar, anexione. No hable.

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