Saturday, September 13, 2014

Una evacuación de Cisjordania "en tres años" es imprudente e inmoral - Shmuel Rosner - Jewish Journal



En los viejos tiempos - es decir, hace una década más o menos - el debate sobre el conflicto palestino-israelí se describía a menudo como entre los que piensan que "el camino a Bagdad pasa por Jerusalén" y los que piensan que "el camino hacia Jerusalén atraviesa Bagdad". Es decir, entre los que creen que la solución del conflicto palestino-israelí es clave para calmar la tormenta del Oriente Medio y los que creen que el conflicto palestino-israelí sería más fácil de resolver solamente cuando el Oriente Medio se vuelva más tranquilo.

Este debate ha sido designado como el debate sobre la "vinculación". En 2007, el llamado informe Baker-Hamilton sobre la guerra en Irak declaró que "los Estados Unidos no serán capaces de alcanzar sus metas en el Oriente Medio a menos que Estados Unidos se ocupe directamente del conflicto árabe-israelí". Esa es la "vinculación". Si uno cree en dicha vinculación, puede racionalizar el gran énfasis puesto por los actores internacionales en la cuestión relativamente menor que representa el conflicto palestino-israelí.

Israel es pequeño, los territorios ocupados son aún más pequeños, los dos pueblos en cuestión son de poca entidad, y el nivel de derramamiento de sangre es, además, relativamente bajo. Por supuesto, la reciente guerra de Gaza fue violenta y el número de palestinos muertos, muchos de ellos civiles, fue devastadoramente alto. Sin embargo, hay otros conflictos en la región y en el mundo donde el número de víctimas es mucho mayor. Y estos conflictos suelen tener un nivel de atención que es proporcionalmente muy bajo en comparación con la atención prestada al conflicto entre Israel-Palestina. La "vinculación" - es decir, el peligroso impacto del conflicto palestino-israelí sobre las tendencias regionales - pone el foco en la lógica del "conflicto". Si las concesiones y evacuaciones israelíes pueden dar lugar a un Oriente Medio en paz, el empuje para una resolución rápida de dicho conflicto puede ser algo muy lógico, incluso en medio de la resistencia israelí.

Pero los recientes acontecimientos en la región demuestran por qué la gente seria ya no debería utilizar los argumentos de esa "vinculación". Ni siquiera el creyente más ferviente en la perspectiva de un exitoso proceso de paz palestino-israelí, podría argumentar con seriedad que la resolución del problema palestino-israelí provocaría que el ISIS, el programa nuclear de Irán, la guerra sangrienta de Siria, o cualquiera de los otros problemas en la región, desaparecerían - de hecho, los propios árabes se han dado cuenta hace mucho tiempo que la verdadera amenaza para ellos no es Israel -.

Los que siguen insistiendo en esa "vinculación" o bien están obsesionados con Israel (por razones que sugieren que tienen un sesgo profundamente arraigado en contra de Israel) o bien son individuos bastante cómicos, como el ex presidente Jimmy Carter, por ejemplo a la hora de proponer a principios de los noventa que la solución a la invasión de Kuwait por Irak, antes de la primera Guerra del Golfo, consistía en que Israel se retirara de Cisjordania.

Pero si no hay un "vínculo", es decir, si no hay manera de que Israel poniendo fin a la ocupación sea la clave para resolver otros problemas más urgentes, ¿por qué la insistencia en insistir en esa dirección? ¿Por qué este conflicto es tratado con tanta urgencia? Una de las razones, sin duda, son las circunstancias inmorales en la que se encuentran los residentes palestinos de la Ribera Occidental, carentes de derechos políticos y viviendo bajo la ocupación israelí. La lucha por la moralidad es, sin duda, una causa noble. Una segunda razón se basa en el cálculo frío, a saber, la presunción de que si Israel quiere seguir siendo un Estado "judío y democrático" tiene que seguir con una solución de dos estados, por imperfecta que sea.

Pero, ¿es moral y sabio demandar actualmente esforzarse en una retirada israelí de los territorios? Apenas la semana pasada, las fuerzas radicales islamistas derrotaron a las fuerzas del ejército sirio, ahuyentaron a las fuerzas de la ONU y tomaron el control de la zona fronteriza entre Israel y Siria. Mirando las fotos de los combatientes islamistas afiliados a al-Qaeda que hacían ondear sus banderas al otro lado de la frontera de Israel, parece natural para un israelí recordar que no hace mucho tiempo cierta buena e ingenua gente intentó presionar a Israel para que se retirara de los Altos del Golán (por supuesto, también es una causa moral y racional la paz con Siria). Hace unas semanas, Israel puso fin a una campaña de dos meses contra Hamas y otros grupos radicales de Gaza. Israel, hace casi diez años, también se retiró de Gaza y la vio caer en manos de Hamas. El resultado fue la perpetuación y la intensificación de un violento conflicto y más derramamiento de sangre que antes. Los israelíes ahora sufren por los ataques con cohetes, pero fue el número de palestinos muertos en Gaza tras la retirada de Israel lo que se ha incrementado exponencialmente.

Sin embargo, también es muy natural para un israelí preguntarse si ahora - cuando los grupos radicales parecen estar ganando terreno en toda la región - es realmente el mejor momento para reflexionar sobre una posible evacuación de los territorios. Incluso en el supuesto de que la Autoridad Palestina tenga buenas intenciones y sus líderes quieran realmente la paz, ¿es ahora el momento adecuado para poner a prueba la eficacia de unos mecanismos de seguridad que tendrían que probar que la administración palestina es digna de confianza?

Una persona sincera, y no del todo políticamente correcta, respondería que la mayoría de los israelíes responderían que no. Los israelíes definitivamente no quieren otro movimiento unilateral después de comprobar las consecuencias de la retirada de Gaza del 2005. Y supongo que ellos tampoco considerarían cualquier otro tipo de movimiento que significara una evacuación inmediata de ciertos territorios. Ellos tienen una buena razón para semejante escepticismo. Y no es porque el actual statu quo sea lo ideal, que no lo es. Y no es porque los palestinos no se merezcan una adecuada autodeterminación política, que se la merecen. Y no es porque los asentamientos sean esenciales para la seguridad de Israel, que no lo son.

El liderazgo israelí (y la opinión pública) se opondrían a considerar una pronta retirada en estos momentos debido a la responsabilidad del gobierno - su imperativo moral - a tomar medidas que mantengan seguros a los israelíes. Ese es un llamamiento no menos moral que ese otro llamamiento moral a poner fin a la ocupación. Y responder sabiamente a este llamamiento no significa emprender una evacuación rápida y una prueba de ensayo y error para la seguridad de los israelíes en la actualidad. Que el presidente palestino Mahmoud Abbas exija una retirada israelí de Cisjordania en tres años resulta comprensible. Que la Liga Árabe sienta la necesidad de respaldar su demanda no es de extrañar. Pero aquellos que desde fuera apoyan esta demanda, afirmando que Israel tiene que "asumir riesgos", no son menos inmorales que la ocupación de Israel. Tal demanda haría el derramamiento de sangre mucho más probable. Sería arriesgar la vida de muchos israelíes y palestinos.

Consideren la posibilidad de Gaza, consideren la de Siria, la de Irak, la de el Líbano, y será fácil de ver por qué no es probable que Israel sienta que ha llegado el momento adecuado para confiar en los palestinos, o en una propuesta de "fuerza internacional", o en cualquier "arreglo con respaldo internacional", para proteger el patio trasero de Israel.

Honestamente, ¿ustedes confiarían hoy en día en cualquier solución de estas para su protección?


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