Saturday, February 24, 2018

La demanda de soberanía sobre Judea y Samaria es un desperdicio de energía sionista - Efraim Inbar - JNS



El anhelo de la soberanía judía sobre la patria histórica del pueblo judío es comprensible. Sin embargo, el reciente intento de aprobar una ley que declare la soberanía israelí sobre los asentamientos en Judea y Samaria es inútil. Esto es un desperdicio de energía sionista. Además, esta campaña política ha estado causando a Israel un daño internacional innecesario y socavando la solidaridad social en Israel.

La soberanía es la autoridad suprema de una entidad política, la que le permite promulgar leyes que se aplican en su territorio y establecer agencias para hacer cumplir sus leyes y reglamentos. Desafortunadamente, las expectativas de que las leyes del estado se apliquen en todo el país no se cumplen en Israel. Las agencias del Estado judío tienen dificultades para tratar de hacer cumplir las decisiones del país dentro del territorio soberano de Israel.

Solo algunas de las decisiones del gobierno se llevan a cabo. Decenas de miles de órdenes ilegales de demolición de viviendas siguen escritas en papel sin ser implementadas. Incluso hay algunas áreas en el país donde los oficiales de policía dudan en ejercer su autoridad. En otras palabras, Israel sufre un problema de gobernabilidad que surge de la falta de resolución del sistema político. Los políticos intentan evitar confrontaciones que tengan repercusiones políticas, y no hay suficientes policías o inspectores para llevar a cabo la aplicación. Este fenómeno no es el resultado de una falta de soberanía, sino de deficiencias de gobernabilidad.

Por lo tanto, sin un gobierno efectivo, no tiene sentido decidir ampliar el dominio de la soberanía israelí. Incluso hoy, el gobierno israelí tiene toda la autoridad legal para evitar la construcción ilegal de viviendas en el Área C dentro de Judea y Samaria. Esta autoridad está incluso anclada en un acuerdo con los palestinos desde los Acuerdos de Oslo. Sin embargo, Israel se abstiene de demoler muchos edificios ilegales en el Área C, que está bajo el control civil y de seguridad israelí.

Además, el ejército israelí tiene varias ventajas adicionales sobre el régimen democrático del país cuando se trata de luchar contra el terrorismo. En el mejor de los casos, una declaración o legislación de la Knesset carece de significado. En el peor de los casos, en realidad perjudica la capacidad de Israel de luchar contra el terrorismo palestino.

Otra razón para evitar la expansión de la soberanía israelí en los territorios es el precio que tal paso costaría a Israel en la arena internacional. Solo unos pocos amigos de Israel en el exterior aceptarían tal declaración israelí con ecuanimidad. La mayoría de los países siguen apegados a la solución de "dos estados para dos pueblos" y consideran que la declaración israelí es un alejamiento del llamado "proceso de paz". Eso haría mucho más fácil culpar a Israel por el fracaso del "proceso de paz". Si bien la mayoría de los países se centra en el beneficio de las relaciones bilaterales más que en el tema palestino, sería más prudente no agregar dificultades para tener relaciones positivas con otros países. A veces, Israel debería arriesgarse a recibir críticas internacionales, pero un paso inútil como una declaración de soberanía ciertamente no le vale.

Declarar la soberanía sobre Judea y Samaria también excede los límites del consenso israelí. La aplicación de la ley israelí en Judea y Samaria no cuenta con el apoyo de la mayoría de los israelíes. Según todas las encuestas, la gran mayoría de los israelíes están dispuestos a hacer concesiones territoriales en Judea y Samaria, pero no creen que haya actualmente un socio serio con el que hablar en el lado palestino. El consenso sobre la aplicación de la ley israelí a la Ciudad Vieja en Jerusalén y los Altos del Golán está ausente en el caso de Judea y Samaria.

Cada gobierno en la historia de Israel ha tenido que demostrar que estaba haciendo lo suficiente para lograr la paz a fin de ganarse la confianza del público. Para la mayoría de los israelíes, "suficiente" significa una voluntad indefinida y poco audaz de hacer concesiones por la paz. Un gobierno que declare la soberanía israelí sobre Judea y Samaria perdería su capacidad de movilizar al pueblo para ir a la guerra y soportar su precio cuando llegue el momento.

La campaña política para expandir la soberanía israelí aleja al gobierno del consenso israelí y de gran parte de la diáspora judía. Sobre todo, pone en peligro el recurso más importante de Israel: la solidaridad social.

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Saturday, September 13, 2014

Una evacuación de Cisjordania "en tres años" es imprudente e inmoral - Shmuel Rosner - Jewish Journal



En los viejos tiempos - es decir, hace una década más o menos - el debate sobre el conflicto palestino-israelí se describía a menudo como entre los que piensan que "el camino a Bagdad pasa por Jerusalén" y los que piensan que "el camino hacia Jerusalén atraviesa Bagdad". Es decir, entre los que creen que la solución del conflicto palestino-israelí es clave para calmar la tormenta del Oriente Medio y los que creen que el conflicto palestino-israelí sería más fácil de resolver solamente cuando el Oriente Medio se vuelva más tranquilo.

Este debate ha sido designado como el debate sobre la "vinculación". En 2007, el llamado informe Baker-Hamilton sobre la guerra en Irak declaró que "los Estados Unidos no serán capaces de alcanzar sus metas en el Oriente Medio a menos que Estados Unidos se ocupe directamente del conflicto árabe-israelí". Esa es la "vinculación". Si uno cree en dicha vinculación, puede racionalizar el gran énfasis puesto por los actores internacionales en la cuestión relativamente menor que representa el conflicto palestino-israelí.

Israel es pequeño, los territorios ocupados son aún más pequeños, los dos pueblos en cuestión son de poca entidad, y el nivel de derramamiento de sangre es, además, relativamente bajo. Por supuesto, la reciente guerra de Gaza fue violenta y el número de palestinos muertos, muchos de ellos civiles, fue devastadoramente alto. Sin embargo, hay otros conflictos en la región y en el mundo donde el número de víctimas es mucho mayor. Y estos conflictos suelen tener un nivel de atención que es proporcionalmente muy bajo en comparación con la atención prestada al conflicto entre Israel-Palestina. La "vinculación" - es decir, el peligroso impacto del conflicto palestino-israelí sobre las tendencias regionales - pone el foco en la lógica del "conflicto". Si las concesiones y evacuaciones israelíes pueden dar lugar a un Oriente Medio en paz, el empuje para una resolución rápida de dicho conflicto puede ser algo muy lógico, incluso en medio de la resistencia israelí.

Pero los recientes acontecimientos en la región demuestran por qué la gente seria ya no debería utilizar los argumentos de esa "vinculación". Ni siquiera el creyente más ferviente en la perspectiva de un exitoso proceso de paz palestino-israelí, podría argumentar con seriedad que la resolución del problema palestino-israelí provocaría que el ISIS, el programa nuclear de Irán, la guerra sangrienta de Siria, o cualquiera de los otros problemas en la región, desaparecerían - de hecho, los propios árabes se han dado cuenta hace mucho tiempo que la verdadera amenaza para ellos no es Israel -.

Los que siguen insistiendo en esa "vinculación" o bien están obsesionados con Israel (por razones que sugieren que tienen un sesgo profundamente arraigado en contra de Israel) o bien son individuos bastante cómicos, como el ex presidente Jimmy Carter, por ejemplo a la hora de proponer a principios de los noventa que la solución a la invasión de Kuwait por Irak, antes de la primera Guerra del Golfo, consistía en que Israel se retirara de Cisjordania.

Pero si no hay un "vínculo", es decir, si no hay manera de que Israel poniendo fin a la ocupación sea la clave para resolver otros problemas más urgentes, ¿por qué la insistencia en insistir en esa dirección? ¿Por qué este conflicto es tratado con tanta urgencia? Una de las razones, sin duda, son las circunstancias inmorales en la que se encuentran los residentes palestinos de la Ribera Occidental, carentes de derechos políticos y viviendo bajo la ocupación israelí. La lucha por la moralidad es, sin duda, una causa noble. Una segunda razón se basa en el cálculo frío, a saber, la presunción de que si Israel quiere seguir siendo un Estado "judío y democrático" tiene que seguir con una solución de dos estados, por imperfecta que sea.

Pero, ¿es moral y sabio demandar actualmente esforzarse en una retirada israelí de los territorios? Apenas la semana pasada, las fuerzas radicales islamistas derrotaron a las fuerzas del ejército sirio, ahuyentaron a las fuerzas de la ONU y tomaron el control de la zona fronteriza entre Israel y Siria. Mirando las fotos de los combatientes islamistas afiliados a al-Qaeda que hacían ondear sus banderas al otro lado de la frontera de Israel, parece natural para un israelí recordar que no hace mucho tiempo cierta buena e ingenua gente intentó presionar a Israel para que se retirara de los Altos del Golán (por supuesto, también es una causa moral y racional la paz con Siria). Hace unas semanas, Israel puso fin a una campaña de dos meses contra Hamas y otros grupos radicales de Gaza. Israel, hace casi diez años, también se retiró de Gaza y la vio caer en manos de Hamas. El resultado fue la perpetuación y la intensificación de un violento conflicto y más derramamiento de sangre que antes. Los israelíes ahora sufren por los ataques con cohetes, pero fue el número de palestinos muertos en Gaza tras la retirada de Israel lo que se ha incrementado exponencialmente.

Sin embargo, también es muy natural para un israelí preguntarse si ahora - cuando los grupos radicales parecen estar ganando terreno en toda la región - es realmente el mejor momento para reflexionar sobre una posible evacuación de los territorios. Incluso en el supuesto de que la Autoridad Palestina tenga buenas intenciones y sus líderes quieran realmente la paz, ¿es ahora el momento adecuado para poner a prueba la eficacia de unos mecanismos de seguridad que tendrían que probar que la administración palestina es digna de confianza?

Una persona sincera, y no del todo políticamente correcta, respondería que la mayoría de los israelíes responderían que no. Los israelíes definitivamente no quieren otro movimiento unilateral después de comprobar las consecuencias de la retirada de Gaza del 2005. Y supongo que ellos tampoco considerarían cualquier otro tipo de movimiento que significara una evacuación inmediata de ciertos territorios. Ellos tienen una buena razón para semejante escepticismo. Y no es porque el actual statu quo sea lo ideal, que no lo es. Y no es porque los palestinos no se merezcan una adecuada autodeterminación política, que se la merecen. Y no es porque los asentamientos sean esenciales para la seguridad de Israel, que no lo son.

El liderazgo israelí (y la opinión pública) se opondrían a considerar una pronta retirada en estos momentos debido a la responsabilidad del gobierno - su imperativo moral - a tomar medidas que mantengan seguros a los israelíes. Ese es un llamamiento no menos moral que ese otro llamamiento moral a poner fin a la ocupación. Y responder sabiamente a este llamamiento no significa emprender una evacuación rápida y una prueba de ensayo y error para la seguridad de los israelíes en la actualidad. Que el presidente palestino Mahmoud Abbas exija una retirada israelí de Cisjordania en tres años resulta comprensible. Que la Liga Árabe sienta la necesidad de respaldar su demanda no es de extrañar. Pero aquellos que desde fuera apoyan esta demanda, afirmando que Israel tiene que "asumir riesgos", no son menos inmorales que la ocupación de Israel. Tal demanda haría el derramamiento de sangre mucho más probable. Sería arriesgar la vida de muchos israelíes y palestinos.

Consideren la posibilidad de Gaza, consideren la de Siria, la de Irak, la de el Líbano, y será fácil de ver por qué no es probable que Israel sienta que ha llegado el momento adecuado para confiar en los palestinos, o en una propuesta de "fuerza internacional", o en cualquier "arreglo con respaldo internacional", para proteger el patio trasero de Israel.

Honestamente, ¿ustedes confiarían hoy en día en cualquier solución de estas para su protección?


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Wednesday, September 29, 2010

Judea y Samaria o Cisjordania (A este lado del río Jordán - Philologos – Forward)



Obviamente es una batalla perdida, pero no puedo aprobar seguir la corriente. Cada vez que leo un artículo en el periódico, como la columna del 13 de setiembre en el Washington Post de Jackson Diehl, sobre las conversaciones de paz en curso entre israelíes y palestinos, o una columna de Roger Cohen sobre el mismo tema el 14 de septiembre en el New York Times, desearía gritar.

Aquí está el Sr. Diehl:
"Comenzó con [Benjamin] Netanyahu... su retórica había cambiando rápidamente: Empezó a llamar "un socio para la paz" a [el presidente palestino] Abbas y a usar el término "Cisjordania” en lugar de la expresión nacionalista israelí, "Judea y Samaria".
Y aquí está el señor Cohen:
"La vieja referencia bíblica del Likud de [Netanyahu] sobrevive - Judea y Samaria por la Ribera Occidental - pero él ha adoptado la solución de dos estados porque ha captado la alternativa: más árabes que judíos en un solo estado".
¿Cuánto tiempo durará ese bulo repetido continuamente por los periodistas supuestamente educados de que "Judea y Samaria" son términos ligados a la expansión territorial y resucitados de la época bíblica por los colonos judíos derechistas y por sus partidarios, y ello para nombrar una zona geográfica que realmente se denomina "la Ribera Occidental" (Cisjordania o en inglés West Bank)? ¿Cuando se detendrá finalmente esta estupidez?

A uno le gustaría pedir a los Diehls, Cohen y todos los demás que respondieran una simple pregunta: ¿Durante los largos siglos posteriores a la redacción final de la Biblia hebrea, que tuvo lugar en algún momento del siglo II o I a. C., cómo se denominaba, en su humilde opinión, la región montañosa al sur y al norte de Jerusalén?

Ciertamente, no "la Ribera Occidental", un término que apenas tiene 60 años de antiguedad. Una traducción del árabe “ad-difa'a al-Gharbiya, (la Ribera Occidental)" fue introducida en unas monedas de la década de 1950 para designar la zona de Palestina situada al oeste del río Jordán y que fue anexionada por Transjordania - su nombre luego cambió a Reino Hachemita de Jordania - después de su conquista por la Legión Árabe del rey Abdullah en la guerra árabe-israelí de 1948-49. Ustedes no hallarán esa denominación en un solo libro, atlas o artículo periodístico antes de ese momento.

¿En cambio, qué podrían encontrar? Bueno, vamos a comenzar con el período del Mandato Británico que precedió inmediatamente a la Guerra de la Independencia de Israel de 1948. Después de haber arrebatado Palestina a los turcos en la Primera Guerra Mundial, y tras habérsele concedido un Mandato sobre ella por la Liga de Naciones en 1922, Gran Bretaña dividió “al país” ese mismo año en diversos distritos administrativos.

Había cuatro de ellos: un "Distrito Sur", integrado por Hebrón, Beer Sheva y sub-distritos de Gaza; uno denominado "Distrito Jerusalém-Jaffa", que incluía sub-distritos como Belén, Jericó y Ramala; un "Distrito Norte", con los sub-distritos de Acre, Haifa, Nazaret y Safed; y un "Distrito de Samaria", compuesto por los sub-distritos de Baisan (Bet-Shean), Jenin, Naplusa y Tulkarem. Así pues: oficialmente, ya los propios británicos - a los cuales no creo que los señores Cohen y Diehl confundan con "nacionalistas israelíes" - denominaban a la región montañosa al norte de Jerusalén y hasta el Valle de Jezreel, Samaria.

Es cierto que los británicos no se refirieron a la región montañosa al sur de Jerusalén como el "Distrito de Judea", ni lo trataron como una única unidad administrativa, ya que el sub-distrito de Belén estaba ligado al “Distrito Jerusalém-Jaffa”, y los sub-distritos de Hebrón, Beersheba y Gaza al “Distrito Sur”. Uno sólo puede imaginarse cual habría sido la reacción al término “Judea” de los dirigentes árabes de Palestina teniendo en cuenta como se opusieron amargamente a la utilización en los documentos oficiales, monedas y sellos del término Eretz Yisra'el en letras hebreas, junto con el inglés "Palestina" y el árabe "Filastin" (El compromiso alcanzado al final fue escribir, en hebreo, Palestina, seguido por EY - alef-yod – entre paréntesis)

Y sin embargo, y mucho antes del Mandato Británico, Judea fue la denominación estándar en inglés de las colinas alrededor de Belén y Hebrón, así como lo fue Samaria para las montañas más al norte. El turismo comercial europeo hacia Palestina comenzó a mediados del siglo XIX, y ya desde entonces Inglaterra fue testigo de una serie de libros de viajes que describían las visitas a esa zona. Todos estos libros utilizaban una terminología similar. Así, por poner un ejemplo, el del reverendo Samuel Manning, "Those Holy Fields: Palestine Illustrated by Pen and Pencil”, publicado en Londres en 1874, tiene tres secciones: una sobre "El sur de Palestina o Judea", con itinerarios que iban de "Jaffa a Hebrón", de "Belén hasta el Mar Muerto" y de "Jericó y el Jordán hasta Jerusalén"; otra sección era "el norte de Palestina o Galilea"; y la última "el centro de Palestina o Samaria", con itinerarios de "Jerusalém a Silo" y de "Nablús a la llanura de Esdrelón”. Manning, huelga decirlo, era un pastor protestante, no un colono judío nacionalista.

Se podría ir incluso mucho más atrás, a los mapas del siglo XVIII y a los "Travels of Sir John Mandeville Mandeville" del siglo XIV (que nos dice que "Jerusalém está en la tierra de Judea" y que "Sichem "- Siquem o Naplusa – “está en la provincia de los samaritanos"), y también remontarnos al padre de la Iglesia del siglo IV, Eusebio de Cesárea, en su Historia Ecclesiastica.

Sin embargo, no resulta necesario. Judea y Samaria, a pesar de que se derivan de los términos hebreos bíblicos Yehuda y Shomron, han formado parte del vocabulario geográfico de la Europa cristiana desde la época de Jesús. La “la Ribera Occidental" o Cisjordania nunca lo han sido.

Rechazar la mención de la Ribera Occidental con los términos Judea y Samaria, deliberadamente o no, supone declarar que judíos y cristianos no tienen y nunca han tenido ninguna conexión histórica con esas zonas. Y todo para tratar de difamar y desprestigiar a unos cuantos independientemente de lo que puedan ser sus intenciones.

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