Saturday, October 18, 2014

Un diagnóstico del Haaretz - Seth Frantman - Terra Incognita


La propuesta de cantonización del país de Carlo Strenger

"Nuestros críticos liberales nos reprueban porque publicamos verdades desagradables sobre Israel. Pero endulzar las cosas no es lo nuestro", escribe el periodista del Haaretz de origen británico Anshel Pfeffer. Este periódico, que fue fundado en 1918, está a menudo en el centro de la controversia. De acuerdo con un informe publicado por el Arutz Sheva [N.P.: objeto ya de un post anterior por mi parte], se celebró recientemente una reunión tormentosa entre el editor del diario, Amos Schocken, y cientos de personas que habían cancelado su suscripción por la reciente cobertura de la guerra de Gaza.

De acuerdo con el informe, Schocken le dijo a los reunidos que el periódico "formaba parte de una serie de luchas por el carácter del país, y que apostaba por una sociedad más justa e ilustrada". No obstante, los asistentes estaban más directamente interesados ​​en temas específicos. "¿No hay líneas rojas (sobre lo que se publica)?", se preguntaban, quejándose de un artículo del columnista Gideon Levy donde se había atacado a los pilotos de Israel - una unidad del ejército considerada desde hace mucho tiempo como una vaca sagrada del estado -.  También se preguntaban si el periódico publicaría un artículo de un líder de Hamas.

El Haaretz es a menudo visto en el extranjero como un diario de referencia en Israel, una especie de New York Times del Estado judío. Y el Haaretz se esfuerza por presentarse a sí mismo de tal manera. Pfeffer afirma que aquellos que critican al diario se equivocan. "Una estúpida tendencia ha surgido en los medios sociales consistente en extrapolar una cita o un titular fuera de contexto y enmarcarlo... como antisemita". Estos críticos "necesitan que se les recuerde lo que representa el Haaretz, o más exactamente, lo que representa la democracia israelí”.

En un artículo del 2011 en el The New Yorker, David Remnick denominaba al diario israelí el de “los disidentes", afirmando que representaba la "conciencia moral" de Israel. Pero Erez Tadmor, en The Tower, acusaba al diario de ser un "caso de estudio del colapso del moderno periodismo" por ser cada vez más políticamente radical y asistir al desplome de sus "estándar periodísticos”. Un periodista palestino llamado Hakim Bishara afirmó que no debería tener que pagar por el Haaretz, a pesar de ser el único diario israelí en el que puede confiar, porque apoya una "agenda nacionalista".

Los que escriben en el diario parecen estar muy preocupados con el sionismo y el patriotismo. "El Haaretz nos empuja más allá de las zonas de confort", afirma Pfeffer, mientras castigaba de paso a los falsos sionistas y a los falsos patriotas. Schocken ha dicho que la estancia en los tribunales del periódico por sus repetidas "polémicas" forma parte de la política del diario. La excusa para los artículos que provocan indignación es que "el Haaretz presenta el debate interno en Israel sin adornos, y no vamos a embellecerlo", Por lo tanto, "sus columnas tratan sobre la democracia israelí y los que tienen problemas con ellas deberían darse cuenta de las implicaciones (de sus críticas)".

Amos Schocken escribió un llamamiento personal en mayo de 2014 a los lectores pidiéndoles que no se dieran de baja por “razones patrióticas”. "Usted puede ser nuestro socio en el esfuerzo continuo de dar forma a Israel como una democracia liberal y constitucional, la cual aprecia los valores del pluralismo y de los derechos civiles y humanos, y ello mediante su suscripción”. Cuando fue criticado por Richard Silverstein en su blog Tikun Olam por presentar al periódico como una especie de diario oficial y leal al estilo del soviético Pravda, Schocken le respondió en Twitter: "típico de los izquierdistas, más ocupados en demostrar quién es más izquierdista que en combatir a la derecha".

Lo cual parece querer decirnos que el Haaretz forma parte de una cruzada contra la derecha, al estilo de 1930, y que al igual que los ideólogos de la Guerra Civil española afirmaron que “No pasarán", el Haaretz sigue esa línea.

Y luego señala algo muy interesante. ¿Por qué algunos de sus artículos parecen racistas, odiosos y antisemitas?: “Fueron escritos por ciudadanos del Estado judío y tenían sobre todo como objetivo a los lectores judíos". Así que sólo para judíos, ese parece ser el diagnóstico del propio Haaretz. Schocken ha dicho algo similar el 27 de julio en la sección de Preguntas y Respuestas con los lectores del diario: "Somos un periódico super-israelí. Israel es nuestra área de actividad, nuestros editoriales son solamente acerca de Israel“.

Para entender al Haaretz hay que remontarse a sus orígenes como portavoz de la clase dirigente judeo-alemana que se trasladó a la Palestina británica. Su historia temprana estuvo profundamente entrelazada con la de Salman Schocken, un magnate de los negocios de Alemania. Schocken nunca aprendió a hablar el hebreo, pero cuando se trasladó a Palestina trató de llevar con él la cultura alemana y apoyó al movimiento pacifista y bi-nacionalista judío Brit Shalom. Compró el Haaretz en 1935 con el fin de convertir "a los serviles en seres humanos". Como observaba el artículo de Remnick, trató de guiar a los lectores "hacia sus opiniones fundamentales para que se adaptaran sin darse cuenta a nuestra opinión". Le disgustaba el Israel provinciano y parroquial, y "en una era de nacionalismo judío, él era el último cosmopolita, viviendo en hoteles y casas desde Scarsdale a Suiza". Fue un buen amigo de Hannah Arendt.

Muchos de los que escriben y han escrito en el Haaretz provienen de la misma pequeña camarilla étnica-religiosa. Amos Elon, uno de sus más conocidos escritores desde larga fecha, nació en Viena, emigró a Palestina con el ascenso de Hitler, y luego dejó a Israel antes de su muerte para vivir en Italia. Salman Schocken por su parte murió en Suiza. La autopercepción del Haaretz, y la de muchos de sus lectores israelíes, es a menudo muy similar a la opinión expresada por Ehud Barack de que Israel es una "ciudad en la selva”, siendo en este caso "la selva Israel y la ciudad el Haaretz".

Muchos de ellos no se sintieron en casa en Israel, un remanso en todo caso en el sucio y oscuro Oriente Medio, y soñaban mientras tanto con el cosmopolitismo "europeo". Ellos nunca descartaron su identidad europea y el sentido de superioridad europeo. Sus opiniones provenían a menudo de sus raíces en un pasado europeo. La independencia de Israel fue una tragedia para Elon, quien escribió que "la independencia de Israel fue labrada y ellos [los palestinos] pagaron con sus cuerpos, su propiedad y su futuro por los pogromos en Ucrania y las cámaras de gas nazis".

En 1997, el diario se asoció con el International Herald Tribune y su autopercepción de sí mismo como el único y auténtico diario intelectual en Israel fue transmitida de repente al mundo. El logro del Haaretz es un testimonio de la frase de Nietzsche “der Wille zur Macht", la voluntad de poder. Si usted cree en algo de una manera lo suficientemente fuerte, otros también lo creerán así.

David Makovsky es citado por Remnick como señalando que "la primera cosa que un ministro de Exteriores árabe me pregunta es ¿Leyó el Haaretz de esta mañana?". Para ser justos, en los años 1970 y 80, el periódico se había retratado a sí mismo como "una publicación para la gente intelectual" y tenía algunos reporteros de alta calidad. Los periódicos en Israel, desde sus primeros días, habían estado dominados por los partidos políticos y el Haaretz trató de romper esa tendencia, pero al inclinarse cada vez más y más hacia la izquierda radical la calidad de su información ha disminuido.

Un vehículo para la transmisión de la superioridad cultural

El principal problema de los que leen el Haaretz desde el extranjero es que no entienden el “diálogo” interno que se produce al leer el Haaretz en Israel. Ellos piensan que están leyendo un diario de centro-izquierda israelí, similar a los principales periódicos que con dicho sesgo ideológico existen en el mundo, tales como el New York Times, El País, el Corriere Della Serra, Le Monde o Die Welt. Pero mientras todos estos periódicos ciertamente tienen unas ideologías políticas y sus lectores reflejan ciertos datos demográficos, socio-económicos y raciales, ellos no tienen ni de lejos una mentalidad tan estrecha de miras como la del Haaretz.

Para entender al Haaretz uno tiene que entender en primer lugar que su velocidad de circulación en Israel es de un solo dígito, es decir, ese es su porcentaje de lectores con respecto a la población israelí (unos 20-30.000 lectores el diario impreso, en comparación con el más diario más leído, el Yediot, la opción elegida por cerca del 60% de los israelíes), y que es leído y escrito, por y para, el entorno de un grupo con una mente cada vez más radical, estrecha e insular. A esto ya hemos hecho referencia anteriormente al señalar que los principios de los propietarios y de sus escritores eran decididamente "europeos", tanto en su cultura como en su deseo de preservar la cultura "europea" en la "selva" del Oriente Medio. Pero lo que tenemos que entender es que esta visión sobrevive hoy en día bajo una autopercepción de supremacía moral y cultural.

El Haaretz es un "santo y seña" que se utiliza entre una pequeña élite que trata de demostrar así que son miembros del "club". Se trata de un vehículo de transmisión de una autopercibida superioridad cultural. Se trata por lo tanto de un diario intolerante, egocéntrico e insular que se ve a si mismo como completamente judeo-céntrico, israelo-céntrico y completamente identificado con el “judío europeo”, al que se le conoce como "asquenazi" en Israel, y con su agenda en Israel.

El concepto de racismo judío no es demasiado comprensible y a menudo es objeto de polémica. También se le malinterpreta  Los judíos europeos pasaron por una experiencia muy tortuosa en el período entre 1850-1950. Después de la haskalah, o la “ilustración judía”, muchos judíos en Europa eligieron el camino de la asimilación. A través de ella aprobaron una reforma religiosa encabezada por Israel Jacobson y otros que dio lugar al Judaísmo de la Reforma. Pero la asimilación, tan evidente en la historia y la vida de muchos judíos alemanes como Heinrich Heine y Karl Marx, se demostró como un fracaso ante el auge de un antisemitismo que apuntaba a los judíos como raza, más que como religión. El sionismo fue una respuesta a ello. Los fundadores del sionismo no eran judíos religiosos y sus puntos de vista de "Sión" como proyecto a menudo estaban influenciados por el nacionalismo al estilo europeo, combinado con los conceptos europeos de colonizar tierras inhospitas.

Se tiene que entender además que el injerto de un sub-conjunto de conceptos judeo-alemanes de insularidad y supremacía dentro del sionismo produjo una peligrosa mezcla de nacionalismo étnico y racismo secular "científico". Muchos judíos alemanes de la primera mitad de la XX se veían a sí mismos como representantes de una Kulturkampf (la Alta Cultura) frente a los "oscuros y salvajes Ostjuden" o judíos del este (donde más arraigó el sionismo y de donde procedían mayoritariamente los padres fundadores de Israel). Estos últimos Ostjuden, emigrantes judíos religiosos, muchos de ellos vendedores ambulantes y mayoritariamente pobres, eran odiados por la aristocracia (alta burguesía) judeo-alemana de donde procedían Salman Schocken y Hannah Arendt.

Arthur Ruppin, uno de los fundadores de la sociología israelí, y al igual que Schocken un miembro de Brit Shalom, creía que las entonces modernas ideas de la eugenesia debían formar parte del sionismo. Él escribió en 1919, como reveló Eitan Bloom, que "era importante la selección de material humano" para el proyecto en Palestina. "Si existe la posibilidad de efectuar una influencia en la dirección de la purificación de la raza judía..., es obvio que sería conveniente que vinieran solamente los racialmente puros a esta tierra".

Ruppin y su departamento de asentamientos de la Oficina de Palestina, una institución sionista en Palestina, fue influyente en la creación de una sociedad segregada intra-judía. Sus kibutzim serían laicos, socialistas y "solamente europeos"; y el propio Ruppin abogó por una separación intra-judía que sería similar a las teorías que se estaban planteando por aquel entonces en el sur de los EEUU, la India británica o Sudáfrica. Hay que recordar que en esa época la eugenesia y las teorías de la supremacía racial eran muy comunes y populares. El ambiente cultural de este sub-conjunto de sionistas de la Europa Central era tal que vieron a los judíos no europeos y a los procedentes del este de Europa o 'Ostjuden', junto con los árabes, africanos y otros, como inferiores.

Arendt sintetizó esta visión en 1961, al reflejar el ambiente en ​​el juicio contra Eichmann, y en una carta al filósofo alemán Karl Jaspers: "Mi primera impresión: en la parte superior (de los judíos israelíes), los jueces, de lo mejor de los judíos alemanes. Por debajo de ellos, los fiscales, galitzianos (Galitzia, actualmente el sureste de Polonia, parte occidental de Ucrania y pequeñas zonas de Eslovaquia y Rumania), pero aún así europeos. Pero todo está organizado por una policía que me pone los pelos de punta, sólo hablan el hebreo, y tiene un aspecto árabe... Y fuera de allí, la mafia oriental, como si uno estuviera en Estambul o en algún otro país medio asiático".

Y esto era en 1961, solamente quince años después del Holocausto, y en el período en que la descolonización se estaba convirtiendo en normal, y sin embargo, esta filósofa aparentemente "liberal y de izquierdas" creía que los judíos alemanes eran superiores al resto.

El mayor trauma al que el Haaretz se enfrentó en los primeros años del Estado judío fue la sensación de que el estado podría convertirse en un país "medio asiático" como los judíos de Yemen, Irak, Marruecos y otros lugares desde donde emigraron. En una serie de artículos de 1949, el escritor del Haaretz Aryeh Gelblum fustigó a los judíos no europeos del país. Comenzó explicando las bases eugenistas de su mentalidad racista: "Hay tres bloques principales: los europeos-asquenazi, los españoles-balcánicos(sefardíes), y los árabes-africanos. . . Me atrevería a decir que el primer bloque es la élite; el segundo bloque es uno inferior; y el tercer bloque, el árabe-africano, es incluso peligroso. Ellos representan una inmigración de una raza del tipo que aún no hemos visto en Israel. 

Antes que judíos, son un pueblo cuyo primitivismo es inigualable. Su nivel de educación roza las fronteras de la total ignorancia, e incluso peor, porque son incapaces de absorber nada intelectual. Por lo general, no están más que un paso por encima del nivel de los habitantes árabes, negros y bereberes de las tierras de donde proceden; en cualquier caso, se trata de un nivel que está por debajo de lo que hemos encontrado entre los árabes en la tierra de Israel en el pasado".

Él veía a los judíos de los países musulmanes como "con diferencia, un material humano inferior al de Europa". Material humano es un término asociado con el socialismo y el nazismo,  un término que ve a los seres humanos como objetos que se utilizarán para construir la sociedad. Es esencialmente elitista y fascista.

Un aviso, cuando ustedes lean hoy los artículos de Schocken, Pfeffer o de otros escritores devotos del Haaretz, no encontraran una fuerte crítica de estos puntos de vistas o un examen crítico del racismo en Israel durante la década de 1950. Usted no encontrara una condena de este sentimiento de racismo o de supremacía insular. En su lugar, podrán encontrar palabras como "democracia" y "pluralismo", o bien discusiones sobre las "verdades desagradables",  la "lucha por el carácter del país" y un "debate interno sin límites". Los puntos de vista de Gelblum no les resultan claramente inaceptables, ni tampoco las palabras de Arendt, al contrario, estos son puntos de vista normativos, éstas son las "verdades desagradables". Los racistas a menudo visten sus puntos de vista con la idea de que simplemente están diciendo "la verdad a quien quiera oírla". Así, algunas personas son "primitivas". Ari Shavit, otro articulista del Haaretz, admitió, como mucho de lo que escribió en su libro de 2013, que "Israel debía haber sido el hogar de los judíos de la Europa del Este, para ellos fue diseñado el estado. . . ya que no tenían más opciones que el sionismo o volver al este".

El Haaretz supone como diario la realización de éste ideal de un Israel que se supone que es el hogar de los judíos europeos (laicos). La gente se equivoca al pretender identificar al Haaretz con lo que ellos aceptan sin cuestionar o bien critican su auto-descripción de ser de "izquierdas". Pero el Haaretz representa a una izquierda impenitentemente situada en su visión de los años 1930. Esta era una visión que aún abrazaba la eugenesia y la supremacía de unos grupos sobre otros.

Amos Elon, quien escribió para el Haaretz durante décadas y que representó en gran medida la perspectiva del diario, escribió en 1953, cuando visitó Marruecos, que los judíos que allí conoció eran unos "degenerados", y ponderó "lo que representaría su elevada e incontrolada fecundidad para la robustez genética del pueblo judío (en Israel)". La fórmula mágica de la pureza genética judía fue también un proyecto de Ruppin cuando buscó aislar a los judíos europeos detrás de los comités de aceptación de los asentamientos y kibbutzim de Israel. Él creía que su genética les hacia superiores. Hay una línea ininterrumpida entre Ruppin, Gelblum, Elon, Arendt y el Haaretz actual. No es una coincidencia que todos ellos escribieran de esa manera, es el camino normativo de pensamiento en esa comunidad.

El racismo implícito que se ofrece en el Haaretz no tiene paralelo en los periódicos occidentales. Por supuesto, muchos periódicos occidentales también tienen un oscuro pasado racista y también han publicado "verdades desagradables" en los años 1930 y 50. Pero ya no lo hacen más. La diferencia es que el Haaretz es un periódico no reconstruido. Gideon Levy, uno de sus más conocidos escritores actuales, a menudo se esconde de las críticas presentándose como un mártir de la libertad de expresión. En un artículo de 2010 en The Independent se preguntaban si "Levy era el hombre más odiado de Israel o simplemente el más heroico". Al-Jazeera señaló en 2014 a Gideon Levy  como posiblemente el  hombre más odiado  en Israel por sus informes sobre los territorios palestinos ocupados. Este 27 de agosto, Levy incluso escribió una columna autocomplaciente donde se vanagloriaba por ser el hombre más odiado de Israel.

El problema con Levy es que aunque molestan sus radicales opiniones políticas, son ellas las que le permiten estar a salvo de una verdadera crítica. En un artículo de diciembre 2013 escribió "Un millón de inmigrantes de Rusia, un tercio de ellos no judíos, y algunos de ellos también con un elevado grado de alcohol y de delincuencia en su sangre, no eran un problema". Ningún periódico occidental habría publicado un artículo que dijera que un grupo étnico tiene "la delincuencia en la sangre", y si por error lo hubieran publicado, posteriormente se hubieran disculpado y censurado a su autor. Pero el Haaretz no es así, ya que de todo corazón se conecta con su punto de vista.

El odio a los rusos, como el odio a los judíos de los países musulmanes (ambos grupos mayoritariamente votantes de la derecha israelí), forma parte integral de la ideología de insularidad judeo-alemana y de la opinión de que los judíos de Europa occidental son superiores y lo mejor de Israel, tal como pensaban sus antepasados judeo-alemanes en la década de 1920 de los Ostjuden.

Desde la creación de Israel ha existido la opinión de que los judíos no europeos que inmigraban representaban una amenaza para la "hermosa Israel", tal como les explicaba Dudu Topaz (un conocido actor) a los votantes laboristas (mayoritariamente de origen europeo), o como dejaba entender la expresión "Mayflower sionista" del teniente de alcalde de Jerusalén Meron Benvenisti, al hacer alusión a los asquenazi seculares. En las elecciones de 1949, cuando resultaba claro que muchos judíos yemenitas votarían por el partido de Menachem Begin, Zalman Aran, el secretario general de Mapai, declaró:"Son esta gente la que bloquea el futuro del estado. . . Si no logramos detenerlos, un cáncer crecerá en este país poniendo en peligro su propia existencia". Décadas más tarde, Singer Meir Ariel declaró en la televisión nacional en 1998 que "a los inmigrantes rusos se les debe negar el voto hasta que hayan aprendido la realidad israelí". El profesor Alexander Yacobson escribió en 2011 que los judíos rusos representan "un cierto lastre para la democracia israelí por sus tradiciones soviéticas".

El punto de vista es que los judíos rusos, tal como argumentó Chemi Shalev, otro periodista del Haaretz, "provienen de trasfondos claramente no democráticos y representan expresamente a las circunscripciones antidemocráticas". Este mito de la "democracia" israelí forma parte integral de la autopercepción del Haaretz como periódico "democrático" de referencia. Pero esta visión no es compatible con una democracia en el sentido moderno, tiene más que ver con la década de 1930 y como veía la izquierda europea de aquella época la democracia como una herramienta.

El discurso normativo racista del Haaretz se extiende más allá de los judíos mizrahi, los rusos y los etíopes, pero incluye, sin embargo, a otro grupo que no encaja con su cosmovisión insular europea. En un reciente artículo de Salman Masalha escribió lo siguiente de un guardia de seguridad judío: "su color oscuro se veía en muy mal estado, hecho jirones y manchado con el mal”. Esta descripción resulta aceptable para el Haaretz, aunque mencione peyorativamente a alguien por su color de piel oscura. ¿Pero esto es normal en los periódicos izquierdistas occidentales? ¿Es forma parte del pluralismo progresista o del fascismo?

Anshel Pfeffer dijo que esa columna representaba la "belleza de la libertad de expresión (y del Haaretz)" y "yo no tengo que defender lo que dice sólo su derecho a hacerlo". Suele suceder a menudo que ese discurso sumamente racista en el Haaretz se justifica mediante la libertad de expresión. El Klu Klux Klan también se escondía detrás de la libertad de expresión, pero si el KKK escribiera una columna en el New York Times, o bien si la derecha europea radical lo hiciera en Le Monde, se exigiría que el periódico se disculpara y si no lo hiciera también sería acusado de racista.

El racismo forma parte de la libertad de expresión, pero no libera a un diario de su responsabilidad, y la verdad es que Haaretz tiene un patrón de 70 años de publicar artículos que lindan con el racismo. No obstante, se sale con la suya haciéndose pasar por "izquierdista", y mientras los no israelíes tienen miedo de criticarlo porque piensan que están dañando a una auténtica publicación de la izquierda progresista, sus lectores israelíes no lo critican porque muchos de sus lectores apoyan su sesgada cosmovisión europeo-céntrica del mundo. Pretenden que escribir historias "desagradables" forma parte de la controversia y que sus críticas a los otros judíos israelíes forma parte de la discusión “interna” judía, cuando en realidad se trata de historias difíciles de aceptar porque algunas lindan con las expresiones racistas de cualquier publicación etno-nacionalista y eurocéntrica de la extrema derecha europea. También pretenden apoyar a los palestinos, cuando los caricaturizan a la manera orientalista, y sus intentos de "salvarlos" forma parte de su complejo de superioridad.

En una entrevista de 2004 con Ari Shavit, el antiguo escritor del Haaretz Amos Elon le dijo a su colega que la democracia israelí estaba amenazada: "No me sorprende cuando nos fijamos en la población israelí. Sabemos de dónde viene. Ya sea desde los países árabes o de Europa del Este. Pero en el plano político, esta arrogancia se manifiesta en su abandono total de un abrazo a las élites (europeo asquenazis)". En octubre de 2013 el propio Ari Shavit escribió que "la batalla por Jerusalén está a punto de perderse. Los estudiantes haredim (ultra-ortodoxos) representan actualmente al 39% de todos los niños de las escuelas de la capital. Los estudiantes árabes representan al 37% de los escolares de la capital".

El punto de vista del Haaretz sobre la "democracia" es propio de una élite europeo-céntrico asquenazi que considera que “ha perdido" el país tras las elecciones de 1977. La "selva", por así decirlo, ha conquistado "la ciudad" a través de la demografía. Esta idea existente dentro del Haaretz también se expande entre sus compañeros de viaje, como Richard Cohen en The Washington Post, quien escribió en su reciente libro que "los judíos de las tierras islámicas, ya casi el 50% de la población, se han convertido en una prospera mayoría que ha cambiado la cara que Israel presenta al mundo”. Cohen utiliza la metáfora de que el buen Israel es el que mantiene el "carácter nacional" del "exilio europeo” y su pugna intelectual, con un rifle en una mano y un volumen de Kierkegaard en el otro.

Ese “carácter" de Israel es el que representa el Haaretz, y no implica tanto a la ideología como al origen étnico y la religión. Un judío de Irak parece que nunca podrá ser el adecuado para que represente el "rostro" o el “carácter” de Israel simplemente en virtud de su lugar de origen. Esto no se parece mucho a la ideología liberal de Occidente, que abarca el multiculturalismo, sino que se parece más bien a una ideología no reformada de los años 1930, la que guía al Haaretz y a los que están de acuerdo con su línea editorial. Sólo un Israel europeo lo satisface.

Entender el concepto de "pérdida (del país)" es clave para entender ese extremismo subyacente post-nostálgico del Haaretz. Todos sus artículos o editoriales dedicados a comparar a Israel con un "apartheid" estatal y las otras comparaciones con 1930, Alemania, el fascismo y el macartismo vienen derivados de sentir que el Estado ya no es el "nuestro". Cuando Sefi Rachlevsky escribió el 17 de septiembre que existe una similitud entre la agenda de ISIS y la de los israelíes que quieren un Estado judío, insistía en como el estado le había sido "arrebatado y entregado a la derecha", justamente en lo que debería concentrarse la izquierda - atacar a la derecha -, tal como le recomendó su editor Schocken a Silverstein.

La ideología insular europeo-judía-secular del Haaretz es exhibida todos los días. Carlo Strenger publicó un artículo el 10 de octubre del 2014 abogando por una organización del país por "cantones", con un mapa que mostraba las áreas de los árabes y de los judíos, reconstruyendo las circunscripciones electorales y argumentando a favor de una autonomía y un desarrollo independiente, algo que nos recuerda a la década de 1950.

En marzo, otro artículo de Kobi Niv abogaba por un "separado", pero aparentemente “igualitario parlamento árabe-israelí". Avi Shilon escribía el 17 de septiembre que "algunos grupos en Israel, como los árabes, ultra-ortodoxos y mizrahim, han tenido dificultades a la hora de integrarse a causa de la contradicción entre sus valores y la orientación original de la ideología sionista". La contradicción era obra del sionismo, y no era culpa de los habitantes originales de lo que hoy es Israel.

Y ésta es una contradicción perpetuada por el Haaretz en su continua y estereotipada mirada dirigida hacia los judíos rusos, los judíos ortodoxos, los etíopes y los judíos mizrahim y del mundo árabe, una mirada que les muestra como no bienvenidos o como una amenaza para el "sionismo original" y la "democracia" que apoya su visión del mundo eurocéntrica e insular. Es una visión del mundo que es profundamente judía en un sentido, tal como la describe Samuel Heilman en un artículo: "sin cultivar un ambiente donde los judíos organicen una vida distintivamente judía... no son nada en especial".

Pero la retorcida visión del Haaretz de la vida judía, esa representada por una clase elitista de intelectuales y profesionales conformados por la savia de la intelectualidad judeo-alemana y a quienes debería reservarse el liderazgo del Estado, representa una vida judía totalmente equivocada para el Estado judío.

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