Saturday, November 01, 2014

No hay esperanza de una paz entre israelíes y palestinos - Sever Plocker - Ynet



Fue un encuentro deprimente. El hombre con el que hablé forma parte del puñado de diplomáticos estadounidenses que ha estado tratando de encontrar durante años la llave de oro del conflicto palestino-israelí, pero él no deja una luz para la esperanza.

A medida que nuestra conversación se extendió hasta avanzada la tarde, la sensación de un callejón sin salida se hizo más fuerte. "No parece haber ninguna posibilidad de llegar a un acuerdo entre Israel y los palestinos en estos momentos", así resumió nuestro hombre su impresión de muchos años de servicio diplomático total y parcial.

"¿De quién es la culpa?" le pregunté. "Es culpa tuya, es culpa de ellos, y es nuestra culpa - de los americanos -", me contestó.

Empezó con Estados Unidos: La actual administración en la Casa Blanca ha adoptado el criterio de que la construcción israelí en los asentamientos es la madre de todos los pecados. Objetivamente, eso es incorrecto.

Casi la totalidad de la construcción, aparte de excepciones simbólicas, se lleva a cabo dentro de los bloques de asentamientos que se mantendrán bajo la soberanía de Israel como parte de un intercambio de territorio.

Pero los itinerantes asesores y expertos de la Casa Blanca y del Departamento de Estado están enquistados en estos días en la concepción de los asentamientos como el único obstáculo para un acuerdo. Niegan la realidad y evitan tratar de alguna manera de las otras cuestiones en disputa, como Jerusalén, los refugiados, la normalización y las iniciativas estancadas.

"¿Para qué meterse en problemas," se preguntó irónicamente, "haciendo referencia a cuestiones latentes y a la posible ira de los regímenes árabes amigos?"

La izquierda política israelí  está esperando en vano la presión estadounidense, aclaró. El presidente estadounidense, Barack Obama, se ha lavado las manos del conflicto, además de reprender de vez en cuando al primer ministro Benjamin Netanyahu. Él ha decidido entregar la patata caliente del conflicto al próximo presidente. Además, en los últimos seis meses, el Estado Islámico ha sido añadido a la lista de objetivos urgentes según Washington.

“¿Y los palestinos,", le preguntó, "qué pasa con ellos?".  “Mahmoud Abbas no sirve para nada", me respondió mi interlocutor, alguien que también es un invitado frecuente y distinguido de la Autoridad Palestina. "Él no está interesado en cualquier cambio que le puede obligar a tomar decisiones, y echa mano de cualquier motivo, real o ficticio, para evitar negociar de verdad con ustedes. A menudo se contradice a sí mismo en los discursos y apariciones".

Abbas”, sentenció nuestro interlocutor con referencia al capítulo palestino, “es el gran perdedor de la Operación Margen Protector, y en todo el tiempo en que se aferre al título de presidente de la Autoridad Palestina, no habrá progresos”. “¿Y después de él?”, le pregunté. “Después de él, el diluvio”.

Por último, llegamos a Netanyahu. "Su primer ministro", me dice nuestro interlocutor americano, "está preocupado por dos cuestiones: Irán y la coalición de gobierno, o bien, la coalición de gobierno e Irán. El maquillaje no cambia, sólo cambia el orden según repercute en su mente la situación local e internacional".

Recientemente”, continuó, “la coalición ha sido su principal prioridad. Pero si las conversaciones nucleares con Irán terminan en nada – que definitivamente es una posibilidad, en opinión de nuestro interlocutor - la cuestión nuclear se convertirá en la principal prioridad nuevamente”.

"Sin embargo", señaló, "sus amenazas militares sobre Irán han perdido mucha de su credibilidad. Son cada vez menos tenidos en cuenta por las potencias mundiales".

Como ejemplo de la prioridad que otorga a las consideraciones de la coalición, el estadounidense mencionó - de nuevo - la construcción en los territorios. “En la práctica”, señaló, “Bibi sólo construye donde se le permite, pero él no lo admitirá. Él no va a poner en peligro su coalición con una admisión pública de una congelación real de la construcción fuera de los bloques de asentamientos, y por lo tanto está creando intencionadamente la impresión de que existe un auge de la construcción en líneas generales”.

En su lista de prioridades, el destino de su gobierno anula el destino de las relaciones de Israel con Washington y Ramallah. Al igual que Abbas, a Netanyahu le gusta el estancamiento y está convencido de que las iniciativas para cambiar el status quo, además de aumentar los riesgos generales, incluyen riesgos - me confiesa mi interlocutor con amargura - para su situación personal y política.

"Entonces, ¿qué crees que va a pasar aquí?", le preguntó cuando nos despedimos.

"Tanto la Autoridad Palestina como Israel creen que el tiempo está de su lado", respondió, "y no logran internalizar las ramificaciones de la opción bi-nacional del Estado. La intensidad de la hostilidad entre los dos pueblos ha alcanzado nuevos niveles, y las brechas entre ustedes y ellos son más profundas que durante todos los años en que he estado trabajando por la paz".

"Pero yo no quiero arruinar su estado de ánimo", me confesó inmediatamente disculpándose.



PD. Una cosa que siempre me rechina: Si la hostilidad entre los dos pueblos se acrecienta, cómo se puede mencionar a la vez el peligro de una opción bi-nacional. Es un contrasentido. Dos pueblos que no se soportan no desean vivir juntos, quieren y buscan la separación o bien la guerra por la supremacía.

El peligro bi-nacional provendría precisamente de las buenas relaciones y de la compenetración. Nadie puede obligar a nadie a vivir en la misma casa con alguien a quien odia. Los “inventos o experimentos” mejor en Europa, donde la violencia entre pueblos ha sido desterrada “definitivamente” e imperan las élites y los liderazgos biempensantes (solo falta que echen un vistazo a las crisis identitarias suscitadas por el alto nivel de la inmigración y el multiculturalismo).

Otra cosa es que la minoría árabe en Israel se vea afectada por esas malas relaciones con los palestinos. Pero quizás esa situación sea la defenestradora de ciertas fantasías acuñadas sobre un "Estado de todos los ciudadanos" que pasa por alto la configuración identitaria de ambas poblaciones. Lo más ridículo de esta idea es que preconizando el israelismo, una comunidad de los ciudadanos viviendo en Israel, y proponiendo para ello una desjudaización del Estado, ignora totalmente que el deseo de la minoría árabe es conformar y ser reconocida como una identidad separada y diferenciada, con una relación muy próxima a la futura entidad palestina

Ahora está quedando bien claro que la parte judía no se limitará solamente a entregar lo que se le solicita, sino que exige contrapartidas, básicamente su pervivencia y soberanía sobre su territorio, y eso queda cada vez más claro que no se le quiere reconocer.

¿Realmente alguien pensaba que la retirada de los asentamientos y de sus habitantes de la Ribera Occidental, con la consiguiente exclusión de los judíos del naciente Estado de Palestina, no tendría repercusiones en Israel y en su reforzamiento como Estado judío?

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