Tuesday, July 03, 2018

Rechazar la paz está libre de cargas para los palestinos - Shmuel Rosner



Nadie espera que un nuevo plan de paz israelí-palestino tenga éxito. No Israel, que juega con el plan de tener un plan, ya que no hay otra opción, pero que está bastante seguro de que el otro lado torpedeará el plan y, por lo tanto, le ahorrará a Israel el dolor de cabeza. Seguramente no los palestinos, cuyos representantes dijeron esta semana que no tienen intención ni siquiera de hablar con los planificadores del gobierno del presidente Donald Trump, Jared Kushner y Jason Greenblatt.

Uno se pregunta si dentro de la administración Trump alguien aún espera alcanzar un avance al dedicar más tiempo o al modificar de alguna manera detalles del plan. No sería del todo desagradable sugerir que incluso ellos, Trump, Kushner, Greenblatt, ya saben que su plan está condenado al fracaso. La paz no vendrá. Una solución no se materializará.

Los planes no son el problema. Ellos nunca fueron el problema. De lo poco que sabemos sobre el plan Trump, que se lanzará algún día (aunque todavía no sabemos cuándo), es que será en muchos aspectos similar a los planes anteriores. ¿Qué más podría tener? Unos dividen el territorio bajo algún tipo de arreglo o la mantiene unida bajo el control de Israel, con los palestinos convirtiéndose en ciudadanos de algún país. Para una tercera opción, actualmente la mejor disponible, mantener las cosas tal como están por el momento no necesita de ningún plan.

Se necesitan planes cuando las partes acuerden los parámetros básicos, pero se tienen dificultades con los detalles. Los israelíes y los palestinos no están de acuerdo en las cuestiones fundamentales, la primera de las cuales es el tiempo. Los israelíes creen que el tiempo está de su lado y que pueden posponer una solución y el desafío hasta que los palestinos acepten una serie de términos. Los palestinos creen que el tiempo está de su parte y que Israel finalmente será el que tendrá que ceder, ya sea bajo presión internacional o debido a las realidades demográficas o por quién sabe qué.

El tiempo también es el enemigo de la administración Trump mientras elabora su plan. Los palestinos miran a Trump y se dicen a sí mismos: le haremos lo que Benjamin Netanyahu le hizo a Barack Obama. Jugaremos con el tiempo, le rechazaremos, le boicotearemos y jugaremos para conseguir posponerle y deslegitimarlo.

Sus esperanzas son dos: 1) Que Trump solo cumplirá un mandato y será reemplazado por un presidente estadounidense mucho más complaciente. Los palestinos leen los periódicos y las encuestas y saben que Israel se está convirtiendo en un tema partidista, y que un presidente demócrata progresista podría ser capaz de decir y hacer ahora lo que sus predecesores no pudieron hacer. 2) Que la actitud, el temperamento y las formas de Trump les darán una excusa lo suficientemente buena como para rechazar su plan sin pagar ningún precio en el tribunal de la opinión internacional.

Esta es la razón por la cual el plan Trump va a ser un fracaso. Porque no agregará una capa de credibilidad al argumento de que los palestinos no pierden la oportunidad de perder una oportunidad.

Los planes de paz tienen dos funciones posibles. El primero es lo obvio: lograr la paz. Todos los planes hasta ahora no han logrado este objetivo. El segundo es agregar una capa más a una pila de principios que clarifiquen gradualmente tanto los parámetros de una posible paz, como los términos que ambas partes deben aceptar para hacer posible la paz. Para lograr el segundo objetivo, el plan y su autor deben ser creíbles: Bill Clinton era creíble, Trump no es creíble.

Cuando Clinton presentó su plan y fue rechazado por Yasser Arafat, fue el comienzo del fin de Arafat. Eso es porque Clinton tenía credibilidad dentro de la comunidad internacional, y cuando el presidente culpó a Arafat por el fracaso en lograr la paz, los palestinos se vieron mal. Pero esto no sucederá cuando Trump presente su plan. Trump tiene poca credibilidad internacional como pacificador, y si los palestinos rechazan su plan (y no hay duda de que lo harán), el precio para ellos en el tribunal internacional de la opinión pública será minimo.

Entonces, para ellos, rechazar el plan es algo obvio. Pueden esperar a un presidente más comprensivo, posiblemente en 2021, y pueden esperar sin que sean percibidos, excepto por Israel, como retractores de la paz. Y hay una advertencia que debería agregarse a este análisis de los próximos eventos: si la administración Trump pudiera convencer a los líderes de Egipto, Jordania y Arabia Saudita de que respaldaran su plan, el cálculo cambiaría. Se ganaría credibilidad. Es por eso que vemos que la administración está invirtiendo tanto esfuerzo en hacer que estos países participen.

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Saturday, May 05, 2018

Muy recomendable: "Reconocer de una vez los auténticos obstáculos para la paz" - Jonathan Tobin - JNS



Para muchos judíos estadounidenses, la historia del conflicto entre Israel y los palestinos tiene que ver con culpar al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu por resistirse a la paz y seguir construyendo asentamientos. El hecho de que la mayoría de los israelíes vean el tema de manera muy diferente es un hecho inconveniente.

Los liberales estadounidenses ven la renuencia de los israelíes a abandonar Cisjordania, tal como lo hicieron con Gaza en 2005, como resultado de un extremismo equivocado o de unos temores insensatos.

¿Qué explica la brecha entre la opinión israelí y la de la Diáspora?

La respuesta radica en la falta de voluntad para pensar con claridad no solo en lo que quieren los palestinos, sino también en lo que hacen y dicen. En la última semana, los que estaban dispuestos a escuchar obtuvieron una explicación de por qué incluso la mayoría de los israelíes que están a favor de una solución de dos estados en teoría no creen que tenga sentido retirarse de Cisjordania y Jerusalén en el futuro previsible.

El líder de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, acaba de ofrecer otro ejemplo de por qué los israelíes no confían en la persona a la que la mayoría del mundo se refiere como "su socio para la paz". En una farsante refutación antisemita ante el Consejo Nacional de Palestina en Ramallah, denunció el sionismo como un complot europeo. Dándole a sus oyentes lo que llamó una "lección de historia", les dijo que "Israel es un proyecto colonial que no tiene nada que ver con los judíos. Los europeos querían traer a los judíos aquí para preservar sus intereses en la región".

Abbas llegó a disputar la conexión de más de 3.000 años de antigüedad entre la Tierra de Israel y el pueblo judío. Recicló mitos antisemitas desacreditados sobre los judíos modernos como afirmar que descienden de los kázaros, en lugar de los antiguos israelitas.

Igualmente de vicioso, dijo que el Holocausto no fue causado por el antisemitismo sino por el "comportamiento social" de los judíos, "su usura y sus asuntos sociales". También buscó vincular al movimiento sionista con Adolf Hitler, argumentando que un acuerdo que permitió a algunos judíos alemanes escapar de la Shoah era una prueba de que el regreso de los judíos a su tierra era un complot Nazi-Sionista.

Para aquellos que conocen la biografía de Abbas, esta última acusación no es nada nueva. Abbas fue el autor de una disertación doctoral de 1982 que se centró en la difamación nazi-sionista, así como en la negación del Holocausto en la que afirmaba que la cifra de 6 millones de víctimas judías era una exageración.

Si bien esto dista mucho de ser la primera vez en que se ha visto involucrado en afirmaciones antisemitas, era el tipo de cosas que incluso aquellos que normalmente se desviven por racionalizar la mala conducta palestina no pueden digerir. La Unión Europea y el ex secretario de Estado de los Estados Unidos John Kerry condenaron el antisemitismo de Abbas. El lobby izquierdista J Street llegó incluso a señalar su utilización de "tropos antisemitas", así como sus "comentarios profundamente ofensivos". Amira Hass, la columnista rabiosamente antisionista del Haaretz, tampoco pudo evitarlo, aunque habló de "aroma de antisemitismo" en su artículo.

Sin embargo, algunos todavía argumentan que no importa si Abbas es antisemita mientras quiera una solución de dos estados. Creen que la presencia de Israel en los territorios es corrosiva para el carácter del país y, en última instancia, una amenaza para la reclamación de la nación de ser tanto una democracia como un estado judío. Dicen que es mejor tener un pueblo que comparta las odiosas opiniones de Abbas al otro lado de una frontera defendida por las Fuerzas de Defensa de Israel que tenerlo dentro de ella.

El problema es que eso significa que "se le pida a Israel que negocie sus únicas piezas en las negociación en forma de territorios a cambio de algo que, como reconocen incluso la mayoría de los defensores de la paz, será una tregua armada en el mejor de los casos, en lugar de la paz". El discurso de Abbas es un indicio de que el estado palestino que claman los defensores de la paz sería un peldaño para nuevas campañas dirigidas a destruir la nación judía.

Los israelíes saben esto porque vieron lo que sucedió la última vez que Israel abandonó territorio, cuando el ex primer ministro israelí Ariel Sharon retiró a cada soldado, colono y asentamiento de Gaza en 2005. En lugar de intercambiar territorios por paz, Israel intercambió territorios por terror. En lugar de protestar por los asentamientos israelíes en su seno, la Gaza gobernada por Hamas ahora protesta por los "asentamientos" dentro de las fronteras de Israel anteriores a 1967.

Las manifestaciones de los viernes de la "Marcha del Retorno" en la frontera entre Israel y Gaza están siendo orquestadas por Hamas, y no son protestas por los derechos civiles. El objetivo de estas violencias semanales, en los que los palestinos armados con pistolas, cócteles molotov, rocas, neumáticos en llamas y cometas encendidas intentan derribar la barrera de seguridad que protege a Israel (aunque medios como The New York Times deliberadamente intentan ignorar la violencia) es destruir el estado judío.

Como afirmaba en un artículo uno de los manifestantes, publicado por el New York Times la semana pasada, el uso del término "retorno" no era una forma de hablar. Fadi Abu Shammalah dejó muy claro que el objetivo es derribar la frontera y permitir que los descendientes de los refugiados de 1948 invadan el Israel de antes de 1967, poniendo fin de manera efectiva a la existencia del estado judío. La evacuación de Gaza no inspiró a su gente aceptar la noción de dos estados para dos pueblos. Simplemente les abrió el apetito para continuar su guerra centenaria contra el sionismo que, contrariamente a lo que afirman algunos dentro de la izquierda judía, aún no han reconocido que es una causa perdida.

Entonces la preguntas para todos esos judíos obsesionados con Netanyahu y que afirman que Israel es el obstáculo para la paz sería:
¿Qué estado palestino es el que quieren, el de Cisjordania dirigido por un antisemita fanático que está decidido a avivar el odio hacia los judíos entre su pueblo, o el dirigido por terroristas islamistas en Gaza que ya están buscando activamente la destrucción de Israel?
Si los israelíes dicen "no, gracias" a cualquiera de esos dos estados e insisten en que, por malo que sea, repetir el desastroso experimento de Gaza en Cisjordania empeorará las cosas infinitamente, es porque prestán atención a lo que Abbas y Hamas están diciendo. Los odiadores de Netanyahu y los críticos estadounidenses de Israel deberían hacer lo mismo.

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Friday, August 25, 2017

¿Un proceso de paz? Vuelve de nuevo - Shmuel Rosner


Los líderes quieren muchas cosas, pero sólo pueden lograr algunas de ellas. Tienen prioridades, y muchos de sus objetivos generales más deseados dictan sus políticas. ¿Es el proceso de paz israelí-palestino una prioridad? Hoy, los emisarios de Donald Trump en el Oriente Medio vinieron para otra visita a Israel y a la Autoridad Palestina, y a juzgar por l intensidad de visitas se podría argumentar que el proceso de paz es una prioridad de su administración.

Sin embargo, siguiendo las noticias de Washington parecería bastante extraño realizar tal suposición. La Casa Blanca tiene serios problemas con Corea del Norte, China e Irán, y por supuesto una agenda doméstica problemática, incluyendo el manejo de diferentes crisis, desde la investigación de Rusia hasta las secuelas de Charlottesville. Para Trump, o su yerno, Jared Kushner, despertar y pensar en el proceso de paz sería algo extraño.

Las prioridades del primer ministro Netanyahu se aclararon ayer cuando visitó al presidente ruso Vladimir Putin. El Primer Ministro está preocupado por Siria y la perspectiva de que Irán asuma el control del país con el apoyo tácito de Rusia. En dos artículos que escribí para The New York Times el año pasado, argumenté que por ahora Putin es el nuevo sheriff de Oriente Medio y que Israel debe reconocer este hecho, por lo tanto Israel está muy preocupado por el alto el fuego en Siria.

Yo escribí: "Los planificadores israelíes creen que sólo hay una buena solución a este problema estratégico: que Estados Unidos vuelva a ser una superpotencia". Cuanto menos se involucren los Estados Unidos en remediar el desafío de Irán en Siria, menos convincente será el argumento de un proceso de paz con los palestinos".

Para tomar riesgos, para hacer sacrificios, Israel necesita sentirse seguro; Necesita sentir que tiene un respaldo. Si Estados Unidos ya no es un guardián fiable de la estabilidad y la paz en el Oriente Medio, la inclinación de Israel a asumir cualquier riesgo por una paz que no considera la gran prioridad se verá grandemente disminuida.

Así que el mediador estadounidense se queda con una sola de las partes para la cual el proceso es esencial, los palestinos. En los últimos días su liderazgo comenzó a realizar amenazas y establecer plazos a la administración Trump. Uno se pregunta si este líder estadounidense es receptivo a ese lenguaje intimidatorio, pero el liderazgo de la Autoridad Palestina calculó que no hay nada que perder. Si los estadounidenses no se toman en serio sus esfuerzos, deberían considerarse otros lugares para avanzar en la causa palestina. Tristemente para los palestinos, sus opciones no son muchas: el mundo parece estar más ocupado con otros problemas más urgentes.

No es una coincidencia que los mejores días del proceso de paz estuvieran en los años noventa, cuando el fin de la historia parecía estar cerca y el mundo estaba relativamente libre para dedicarse a jugar con los restantes problemas de pequeñas consecuencias globales: Irlanda del Norte, Yugoslavia, Palestina. América estaba en la cima de su poder mundial, y el problema principal del presidente Clinton era un asunto interno. Israel estaba en auge, y sus enemigos todavía estaban pensando en sus próximos movimientos después de la primera Guerra del Golfo. Yassir Arafat estaba bajo presión para moderarse o ser echado a un lado, después de haber descubierto que sus principales partidarios estaban perdiendo poder, y el mundo en el que prosperó como terrorista ya no existía. La relajación y el orden permitieron a los líderes liberar sus horarios para lidiar con la obstinada realidad del "conflicto".

Tales condiciones ya no están disponibles para nadie. La relajación desapareció alrededor del 11 de septiembre: el orden había desaparecido después de la guerra de Irak; Israel perdió su apetito por la paz, priorizando la estabilidad y la seguridad; y América perdió su principal herramienta para intermediar la paz, su hegemonía como una potencia mundial confiable y altamente comprometido.

Cuando nos preguntamos por qué el resultado probable de la actual ronda de conversaciones en Oriente Medio no será la paz, nuestra tendencia instintiva es buscar los pequeños detalles: ¿qué está dispuesto a ofrecer Israel, qué compromisos están dispuestos a realizar los palestinos, es el liderazgo sincero acerca de querer la paz, son capaces y han aprendido los EEUU?

Las respuestas importan, pero son todas secundarias a las realidades mundiales que difícilmente son aptas para hacer progresar la paz. Son apenas aptos para un mundo que está demasiado ocupado tratando con otras cosas.

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Sunday, November 29, 2015

Muy razonable e interesante: Para los palestinos, el conflicto con los judíos es existencial por naturaleza - Yossi Kuperwasser - Haaretz


No taparse los ojos ante la realidad, aunque sea muy decepcionante

La actual ola de terror demuestra una vez más que los palestinos ven el conflicto con los judíos como religioso, nacionalista y existencial en su naturaleza. El brote de terror se basa en la demanda de los palestinos de que a los judíos se les prohíba el ascenso al Monte del Templo de Jerusalén, mientras que a los musulmanes se permita el acceso libre y sin límites a ese lugar.

Citan una serie de razones para apoyar esta demanda. La primera es que ellos se consideran los únicos dueños del santo lugar que los musulmanes llaman Haram al-Sharif, y que ahora sería un territorio ocupado. La segunda razón es que la sola presencia de los judíos, según ellos, contamina ese santo lugar. La tercera razón es que debe evitarse que los judíos lleven a cabo su vil complot para destruir las mezquitas del lugar con el fin de convertir la zona en un lugar para la oración judía y/o construyan un templo.

Casi todos los palestinos justifican toda clase de luchas para "proteger" ese santo lugar. Sin embargo, debido a las consideraciones de coste-beneficio, muchos de ellos creen que la mejor forma en la actualidad de obtener este objetivo es lo que llaman "resistencia popular".  Se trata de un término que incluye utilizar todo tipo de medios violentos de "bajo nivel": apuñalamientos, lanzamiento de piedras y bombas incendiarias, atropellos y ataques del estilo "golpear y correr".

Hamas también respalda el uso de fuego real desde el territorio de la Autoridad Palestina, ya que no pone en peligro al gobierno de dicha organización en la Franja de Gaza. El liderazgo de la Autoridad Palestina cree que el beneficio que se obtiene de los ataques terroristas violentos no compensa el daño político que causan, pero se abstiene de condenarlos porque constituyen "legítima resistencia".

Es en este contexto que se ubica el papel desempeñado y las declaraciones contradictorias realizadas por el presidente palestino Mahmoud Abbas sobre la reciente ola de terror, alentando a la "resistencia popular", que incluye ataques de cuchillo y atropellos, pero también está dispuesto a prevenir "ataques calientes" utilizando armas de fuego, que él cree que representan una amenaza para su gobierno y para los intereses palestinos.

El gran número de ataques de apuñalamientos y atropellos es un producto de la guerra educativa de larga duración fomentada y ejecutada por los dirigentes palestinos, incluyendo tanto a Abbas como a Hamas, con el objetivo de inculcar en el espíritu de la generación joven los principios fundamentales que subyacen en la conciencia colectiva palestina, que son los siguientes:
- No hay (y no debe existir) un nación judía, ya que el judaísmo no es más que una religión, y los judíos "no tienen antecedentes de gobernar la Tierra de Israel", que tampoco existe, ya que es Palestina. Por lo tanto, no hay ninguna justificación para un Estado nacional para el pueblo judío y, desde luego, no aquí. La misión de los palestinos, víctimas de la injusticia que supone la existencia de un "Estado de ocupación", es acelerar su inevitable desaparición por medio de la lucha y el sacrificio, que son el núcleo de la identidad palestina.
- El papel de los habitantes palestinos de Israel, según Abbas, es avanzar hacia estos objetivos a través de su influencia en el sistema político israelí, su firme control sobre la tierra y su exigencia de que Israel se convierta en un estado de todos sus ciudadanos. De acuerdo con este enfoque, los palestinos en Israel deben evitar llevar a cabo ataques terroristas ya que podrían impedir la realización de su objetivo. 
- El papel de la Autoridad Palestina en los territorios de 1967 es avanzar en este objetivo mediante la creación de las condiciones para el funcionamiento regular de las distintas autoridades.
Los palestinos crearon el término "nación israelí" para parecer moderados ante los ojos del mundo y de la izquierda israelí. Desde su perspectiva, esa es la entidad con la que estarían dispuestos a lograr la paz. Por lo tanto, aparentemente ocultan su objeción a la existencia de un Estado-nación judío.

En su artículo de opinión "entre dos movimientos nacionales", el profesor Shlomo Avineri reconoce estos hechos, pero sugiere buscar formas creativas para comprometerse con los palestinos.

¿Por qué la violencia nos atrapa precisamente ahora? Una de las razones es la preocupación de los palestinos por haber sido dejados de lado al centrarse el mundo en otros acontecimientos mucho más violentos en la región. Otra razón es el auge del islamismo radical en la región, y entre los palestinos de los territorios y en Israel. Abbas y los miembros árabes de la Knesset sentían (en contraste con la opinión de muchos árabes israelíes) que existía la necesidad de demostrar que su compromiso con la lucha armada contra Israel no era menor que la de sus rivales.

Por lo tanto, aunque la mayoría de los terroristas parecen decidir atacar de forma espontánea, los dirigentes palestinos, especialmente Abbas y Hamas, tiene una influencia considerable. Está claro que la agitación de los extremistas israelíes también juega un papel importante.

Una gestión firme y sensata de la lucha contra la actual ola de terror puede aportar una renovada tranquilidad con una relativa rapidez. Para ello se requiere aumentar masivamente la presencia de las fuerzas de seguridad, así como el estado de alerta pública, reuniendo las fuerzas de vigilancia y aumentando la disuasión. Esto se puede hacer atacando a incitadores y terroristas con el fin de volverlos inactivos, y castigando a sus familias, todo dentro de los límites de la ley.

Un aumento de la construcción en los asentamientos y represalias terroristas de judíos extremistas como respuesta a los ataques terroristas palestinos, perjudicaría tanto la probabilidad de calmar la situación como el apoyo estadounidense a Israel ante esta violencia palestina. Lo más importante es dejar claro a los palestinos que Israel tiene la suficiente tenacidad para frustrar sus objetivos, ya que lo más probable es que sus líderes teman perder el control y, a su vez, estén cada vez más dispuestos a ayudar a calmar la situación.

A largo plazo, es probable que cuando los palestinos reconozcan que los caminos del terror y los movimientos políticos unilaterales son ineficaces, comiencen a dudar de sus posiciones fundamentales, y entonces será posible considerar un acuerdo. Hasta entonces, tenemos que manejar el conflicto de manera inteligente.


PD. Muy de acuerdo con el análisis, excepto con el párrafo final. Si el conflicto es existencial para los palestinos por naturaleza, tardarán mucho en dudar de sus posiciones fundamentales, y por lo tanto un posible acuerdo no es que no esté a la vista a corto o medio plazo, sino que de entrada tampoco debe considerarse posible a largo plazo.


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Saturday, November 01, 2014

No hay esperanza de una paz entre israelíes y palestinos - Sever Plocker - Ynet



Fue un encuentro deprimente. El hombre con el que hablé forma parte del puñado de diplomáticos estadounidenses que ha estado tratando de encontrar durante años la llave de oro del conflicto palestino-israelí, pero él no deja una luz para la esperanza.

A medida que nuestra conversación se extendió hasta avanzada la tarde, la sensación de un callejón sin salida se hizo más fuerte. "No parece haber ninguna posibilidad de llegar a un acuerdo entre Israel y los palestinos en estos momentos", así resumió nuestro hombre su impresión de muchos años de servicio diplomático total y parcial.

"¿De quién es la culpa?" le pregunté. "Es culpa tuya, es culpa de ellos, y es nuestra culpa - de los americanos -", me contestó.

Empezó con Estados Unidos: La actual administración en la Casa Blanca ha adoptado el criterio de que la construcción israelí en los asentamientos es la madre de todos los pecados. Objetivamente, eso es incorrecto.

Casi la totalidad de la construcción, aparte de excepciones simbólicas, se lleva a cabo dentro de los bloques de asentamientos que se mantendrán bajo la soberanía de Israel como parte de un intercambio de territorio.

Pero los itinerantes asesores y expertos de la Casa Blanca y del Departamento de Estado están enquistados en estos días en la concepción de los asentamientos como el único obstáculo para un acuerdo. Niegan la realidad y evitan tratar de alguna manera de las otras cuestiones en disputa, como Jerusalén, los refugiados, la normalización y las iniciativas estancadas.

"¿Para qué meterse en problemas," se preguntó irónicamente, "haciendo referencia a cuestiones latentes y a la posible ira de los regímenes árabes amigos?"

La izquierda política israelí  está esperando en vano la presión estadounidense, aclaró. El presidente estadounidense, Barack Obama, se ha lavado las manos del conflicto, además de reprender de vez en cuando al primer ministro Benjamin Netanyahu. Él ha decidido entregar la patata caliente del conflicto al próximo presidente. Además, en los últimos seis meses, el Estado Islámico ha sido añadido a la lista de objetivos urgentes según Washington.

“¿Y los palestinos,", le preguntó, "qué pasa con ellos?".  “Mahmoud Abbas no sirve para nada", me respondió mi interlocutor, alguien que también es un invitado frecuente y distinguido de la Autoridad Palestina. "Él no está interesado en cualquier cambio que le puede obligar a tomar decisiones, y echa mano de cualquier motivo, real o ficticio, para evitar negociar de verdad con ustedes. A menudo se contradice a sí mismo en los discursos y apariciones".

Abbas”, sentenció nuestro interlocutor con referencia al capítulo palestino, “es el gran perdedor de la Operación Margen Protector, y en todo el tiempo en que se aferre al título de presidente de la Autoridad Palestina, no habrá progresos”. “¿Y después de él?”, le pregunté. “Después de él, el diluvio”.

Por último, llegamos a Netanyahu. "Su primer ministro", me dice nuestro interlocutor americano, "está preocupado por dos cuestiones: Irán y la coalición de gobierno, o bien, la coalición de gobierno e Irán. El maquillaje no cambia, sólo cambia el orden según repercute en su mente la situación local e internacional".

Recientemente”, continuó, “la coalición ha sido su principal prioridad. Pero si las conversaciones nucleares con Irán terminan en nada – que definitivamente es una posibilidad, en opinión de nuestro interlocutor - la cuestión nuclear se convertirá en la principal prioridad nuevamente”.

"Sin embargo", señaló, "sus amenazas militares sobre Irán han perdido mucha de su credibilidad. Son cada vez menos tenidos en cuenta por las potencias mundiales".

Como ejemplo de la prioridad que otorga a las consideraciones de la coalición, el estadounidense mencionó - de nuevo - la construcción en los territorios. “En la práctica”, señaló, “Bibi sólo construye donde se le permite, pero él no lo admitirá. Él no va a poner en peligro su coalición con una admisión pública de una congelación real de la construcción fuera de los bloques de asentamientos, y por lo tanto está creando intencionadamente la impresión de que existe un auge de la construcción en líneas generales”.

En su lista de prioridades, el destino de su gobierno anula el destino de las relaciones de Israel con Washington y Ramallah. Al igual que Abbas, a Netanyahu le gusta el estancamiento y está convencido de que las iniciativas para cambiar el status quo, además de aumentar los riesgos generales, incluyen riesgos - me confiesa mi interlocutor con amargura - para su situación personal y política.

"Entonces, ¿qué crees que va a pasar aquí?", le preguntó cuando nos despedimos.

"Tanto la Autoridad Palestina como Israel creen que el tiempo está de su lado", respondió, "y no logran internalizar las ramificaciones de la opción bi-nacional del Estado. La intensidad de la hostilidad entre los dos pueblos ha alcanzado nuevos niveles, y las brechas entre ustedes y ellos son más profundas que durante todos los años en que he estado trabajando por la paz".

"Pero yo no quiero arruinar su estado de ánimo", me confesó inmediatamente disculpándose.



PD. Una cosa que siempre me rechina: Si la hostilidad entre los dos pueblos se acrecienta, cómo se puede mencionar a la vez el peligro de una opción bi-nacional. Es un contrasentido. Dos pueblos que no se soportan no desean vivir juntos, quieren y buscan la separación o bien la guerra por la supremacía.

El peligro bi-nacional provendría precisamente de las buenas relaciones y de la compenetración. Nadie puede obligar a nadie a vivir en la misma casa con alguien a quien odia. Los “inventos o experimentos” mejor en Europa, donde la violencia entre pueblos ha sido desterrada “definitivamente” e imperan las élites y los liderazgos biempensantes (solo falta que echen un vistazo a las crisis identitarias suscitadas por el alto nivel de la inmigración y el multiculturalismo).

Otra cosa es que la minoría árabe en Israel se vea afectada por esas malas relaciones con los palestinos. Pero quizás esa situación sea la defenestradora de ciertas fantasías acuñadas sobre un "Estado de todos los ciudadanos" que pasa por alto la configuración identitaria de ambas poblaciones. Lo más ridículo de esta idea es que preconizando el israelismo, una comunidad de los ciudadanos viviendo en Israel, y proponiendo para ello una desjudaización del Estado, ignora totalmente que el deseo de la minoría árabe es conformar y ser reconocida como una identidad separada y diferenciada, con una relación muy próxima a la futura entidad palestina

Ahora está quedando bien claro que la parte judía no se limitará solamente a entregar lo que se le solicita, sino que exige contrapartidas, básicamente su pervivencia y soberanía sobre su territorio, y eso queda cada vez más claro que no se le quiere reconocer.

¿Realmente alguien pensaba que la retirada de los asentamientos y de sus habitantes de la Ribera Occidental, con la consiguiente exclusión de los judíos del naciente Estado de Palestina, no tendría repercusiones en Israel y en su reforzamiento como Estado judío?

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Wednesday, October 22, 2014

Ha llegado el momento de abordar la cuestión de los refugiados palestinos - Adi Schwartz - i24news



Los palestinos rechazarán masivamente cualquier acuerdo de paz que no conceda a cada uno de los 5 millones de personas registradas como "refugiados palestinos" (los pocos de miles de refugiados que aún sobreviven y sus millonarios descendientes) elegir establecerse en Israel. Considerar esta solicitud como un mero punto objeto de negociación - tal como lo hace la mayoría de la comunidad involucrada en las negociaciones de paz - no es solamente una ilusión, sino una mala interpretación de las verdaderas aspiraciones palestinas. Peor aún, renunciar a esta demanda daría lugar a una revuelta violenta o a la muerte política y física del liderazgo político palestino.

Esta es, en esencia, la conclusión de un nuevo informe elaborado por la organización no gubernamental, el Grupo Internacional de Crisis, obtenida al abordar la importancia de la cuestión de los refugiados palestinos.

Mientras que el discurso sobre la paz se centra en los asentamientos israelíes en la Ribera Occidental y en las disposiciones de seguridad, ha existido poca discusión sobre la necesidad de encontrar una solución satisfactoria al problema de los refugiados. Dada la importancia del tema en la psique colectiva palestina, este silencio es muy desconcertante.

Según los autores, el enfoque que ha guiado las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos desde 1991 consistía en aplazar una cuestión que se vuelve cada vez más difícil. Sin embargo, escriben, "el liderazgo palestino será capaz de negociar un acuerdo sólo si se gana el apoyo o al menos la aquiescencia de los refugiados".  En lugar del habitual mantra de que "todo el mundo sabe en que consistirá aproximadamente el acuerdo de paz", los autores del informe advierten que la actual forma de afrontar la cuestión de los refugiados es una receta para el fracaso y conducirá a socavar la solución de dos estados para dos pueblos.

El problema de los refugiados palestinos nació después de la guerra árabe-israelí de 1947-48, cuando los gobiernos árabes decidieron dejar que la situación de los refugiados palestinos se gangrenara en los campos de refugiados para ser así utilizada como una herramienta política con la que dañar a Israel, negándose por lo tanto a reasentarlos fuera de esos campamentos. Debido a esto, el número de "refugiados palestinos" registrados ha aumentado de 750.000 en 1948 a cinco millones en la actualidad.

Los negociadores palestinos siempre han insistido en que los refugiados de 1948 y sus descendientes deben tener la oportunidad de venir a Israel y vivir en las ciudades y pueblos de donde eran originarios sus antepasados. Israel, con el apoyo de Estados Unidos y Europa, se niega a aceptar tal solicitud ya que perturbaría la demografía del país mediante la reducción de su mayoría judía. Hay "significativas inconsistencias entre el enfoque de los palestinos de la cuestión de los refugiados y el paradigma de dos estados (para dos pueblos)", afirma el informe.

Un asesor del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, dijo a los autores que "incluso con grandes concesiones por parte de Israel, los palestinos no aceptarán un acuerdo que no prevea que los refugiados tengan la opción de instalarse donde quieran, incluido Israel". Sin embargo, señalan los autores, los mediadores y negociadores extranjeros no toman esta afirmación en serio y están convencidos de que en realidad se trata de una moneda de cambio que utilizan los palestinos.

Aún más alarmante es lo que los autores encontraron cuando se reunieron con los residentes de esos campamentos y en las ciudades de la Ribera Occidental y la Franja de Gaza, “donde las opiniones parece que podrían ser más flexibles" que en otros lugares. "Esta es una exageración", dicen los autores, "cuando lo que es común entre los palestinos es afirmar que ningún líder palestino podría ganarse el apoyo popular para un acuerdo si no concede a cada refugiado la posibilidad de elegir donde quiere residir, incluso en Israel", escriben los autores.

Muchos palestinos predicen que esto provocará un estallido de violencia. Un joven líder de un campo de refugiados les dijo en una entrevista que “Abbas no sería capaz de poner un pie en Palestina después de la firma de un tal acuerdo... Incluso si se fuga a Amman, allí sería asesinado". Una proporción significativa de los encuestados dijo que apoyaría el asesinato de miembros de la dirección política palestina si renuncian a esa demanda.

El informe llega a la conclusión de que aún queda mucho trabajo por hacer en el lado palestino para cambiar este enfoque tan intransigente e irrealista. Los autores sugieren poner en marcha un debate público sobre las prioridades nacionales y las oportunidades entre los palestinos, a sabiendas de que Israel nunca dará a los refugiados la opción de establecerse en Israel. También recomiendan una "estrategia de desarrollo para los refugiados que mejore las condiciones de vida en los campamentos de refugiados". Sin embargo, mantener en la indigencia a los refugiados se ha considerado hasta ahora como la "única manera de mantener su identidad".

Einat Wilf, una ex miembro de la Knesset del partido Laborista y una de las pocas figuras públicas israelíes que abordan la cuestión de los refugiados, acogió con satisfacción el informe y dijo que "si bien los diplomáticos occidentales están dispuestos a lograr una paz entre Israel y los palestinos, deberían darse cuenta de que el problema de los refugiados no es el más fácil, sino con mucho, y dentro del orden del día, el problema más difícil".

El reciente fracaso de las negociaciones debería ser una oportunidad para revaluar todo el proceso de paz. Sería bueno para los negociadores leer el informe y aplicar sus conclusiones. Más que nada, es hora de que la cuestión de los refugiados, que está en el corazón del conflicto, entre en el orden del día y no se posponga a una fecha posterior.

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Saturday, September 28, 2013

La ilusión de un único Estado: (El escepticismo sobre la partición y el futuro del proceso de paz - Avner Inbar, Assaf Sharon - OZion)



(Leído a Judith Bell en un comentario de este mismo artículo: 
Realmente sorprendida al ver como este artículo sale de la organización izquierdista Molad. Este artículo y el de Bernard Avishai son muy interesantes. La izquierda judía ha liderado el camino hacia una demonización de Israel, fuera de contexto y obviando las acciones de los palestinos. El malo ha sido Israel todo el tiempo. 
Y ahora que ven que su mensaje ha tenido éxito se sorprenden de que haya gente que esté pidiendo el fin de Israel.  
¿Qué esperaban cuando ven a gente hablar de un estado de Apartheid en los campus de EEUU y que Israel es la causa de todas las guerras y del terrorismo que recorre la región, donde los terroristas sólo están respondiendo con desesperación a la brutalidad israelí? Por supuesto, eso significa el final de su patria. Así que ahora nos dicen oigan, eso no es, esperen un momento. Tal vez los Moladniks deberían aprender a ser más honestos y ecuánimes en sus discusiones sobre el Oriente Medio.  
No obstante, habiendo tomado nota de su hipocresía egoísta, este análisis da realmente en el clavo de que una gran parte del problema es la forma de resolverlo a través de negociaciones directas)
La condonación de la solución de dos estados es la última tendencia en la erudición académica sobre Israel-Palestina. Y es un punto de encuentro sorprendente entre la izquierda y la derecha, con la idea de que la Palestina histórica ya no puede ser dividida en dos estados soberanos ganando popularidad entre los antiguos partidarios de dos estados para dos pueblos. Incluso si una partición fue en algún momento justa y posible, argumentan los recientes "conversos a la Iglesia de a la mierda con la solución de dos estados para dos pueblos", los años de fracaso han drenado las ultimas gotas de razonable esperanza por esta idea obsoleta. La solución de dos estados, nos decir, no es intrínsecamente mala, simplemente "está pasada de moda". La controversia alrededor de reciente articulo de Ian Lustick "La Ilusión de dos estados" en el The New York Times ofrece la oportunidad de analizar "este escepticismo sobre una partición", como lo denominamos, y de exponer sus argumentos a un examen critico.

1. El escepticismo sobre una partición

Los argumentos en contra de la solución de dos estados son de dos tipos. Algunos se oponen a la partición por razones morales, con el argumento de que cualquier solución que no aborde el derecho de retorno de los palestinos y corrija la discriminación de los ciudadanos palestinos de Israel es inherentemente injusta. Estas objeciones son aplicables independientemente del estado del proceso de paz, y tienen el mismo peso ahora que cuando Lustick y otros escépticos actuales a una partición seguían animando una solución de dos estados para dos pueblos.

El segundo tipo de argumento en contra de la partición hace referencia a preocupaciones a cerca de su viabilidad. Estos escépticos sobre una posible partición sostienen que aunque la solución de dos estados sea en principio deseable, ya no es factible, y sostienen que el proceso de paz esta fallando porque se ha dirigido hacia un callejón sin salida y exigen soluciones alternativas. No es de extrañar que después de 46 años de incesante ocupación y de tres décadas de negociaciones fallidas, y en medio de una precaria nueva ronda de conversaciones de paz, la tendencia a anunciar o celebrar la muerte de la solución de dos estados esté haciendo algunos progresos entre intelectuales y activistas. Se necesita un optimismo sin fin para no caer en la desesperación de vez en cuando, pero aquellos de nosotros cuyas vidas están íntimamente implicadas en este conflicto no pueden tener el lujo de permitirse que las reacciones viscerales se interpongan en el camino hacia un lúcido compromiso con la realidad. La fatiga no es un sustituto para el análisis y la frustración no es excusa para una argumentación poco atenta a la realidad.

El principal argumento de los escépticos de las particiones es que la solución de dos estados es irreversible debido a su muerte por los "hechos sobre el terreno". Esta afirmación se ha estado oyendo desde hace más de 30 años. En 1982, el profeta de la irreversibilidad, el historiador israelí y ex teniente de alcalde de Jerusalén, Meron Benvenisti, advirtió que ya han pasado "5 minutos de la medianoche" con respecto a la solución de dos estados, y ello debido a la anexión de facto de la Cisjordania por Israel.

Lustick recuerda que en 1980 detectó que Israel "utilizaba de forma sistemática" las conversaciones enredadas en como llevar a cabo las negociaciones como camuflaje para una anexión  de facto de Cisjordania a través de la construcción intensiva de asentamientos, la expropiación de tierras y el estimulo a una "emigración árabe voluntaria”, con el argumento de que todo esto ponía en peligro la viabilidad de la partición. Pero mientras que la mala fe de Israel en algunos de esos casos no se puede negar, la anexión es un término legal, la tierra no puede ser anexionada de facto debido a que una anexión requiere el asentimiento o al menos el reconocimiento de las partes interesadas, y nadie, ni la comunidad internacional, y desde luego no los palestinos, y ni siquiera Israel oficialmente, se refieren a Gaza y Cisjordania como territorios anexionados.

La cuestión, entonces, no es la situación de los territorios ocupados, sino la realidad física, los hechos notorios sobre el terreno. Cuando se trata de la visión de un estado democrático binacional, Lustick nos cuenta sobre la posibilidad de "cambios radicales y perjudiciales en política". Los imperios pueden subir y caer, pero los asentamientos están para siempre. La construcción de asentamientos ha sido sin duda el mayor obstáculo para la paz y una fuente constante de frustración para aquellos que la buscan. Pero es un error llegar a la conclusión de que son irreversibles.

En realidad, la idea de que los asentamientos son físicamente irreversibles no es hoy más valida, con más de 500.000 colonos, que lo era en la década de 1980, cuando no eran más que unos pocos. Para verlo, basta con señalar algunos hechos básicos acerca de ellos. Tengan en cuenta que el 85% de los colonos viven en lo que hoy se conoce como bloques de asentamientos, que suponen menos del 6% de Cisjordania. Casi todos los asentamientos fuera de estos bloques tienen menos de 2.000 habitantes. Por otra parte, los asentamientos dependen para su subsistencia de la financiación y los servicios prestados por el Estado de Israel. Los asentamientos no han desarrollado ninguna industria local importante, ni tampoco ninguna empresa comercial o agrícola de importancia, y más de los dos tercios de los colonos trabajan dentro de la Línea Verde. Del resto que trabaja en los asentamientos, el porcentaje de empleados públicos y municipales es extremadamente alto. Mientras que el estado de bienestar de Israel se hace pedazos, las prestaciones y los subsidios del gobierno a los asentamientos están por las nubes. Cualquier cosa, desde el transporte a la educación y la vivienda, resulta allí más barata que para los judíos que viven dentro de la Línea Verde. La vida en el absurdo geopolítico de los asentamientos es objetivamente costosa, lo que la vuelve completamente dependiente de los subsidios especiales.

La retirada de estos beneficios y servicios haría la vida en los asentamientos apenas posible y muy posiblemente insoportable para la mayoría de los colonos. El hecho de que las imágenes sobre el desplazamiento forzoso tras la desconexión de Gaza sigan dominando las discusiones sobre un acuerdo de desmantelamiento, representa un triunfo de la derecha, cuestión a la que ha contribuido la izquierda gratuitamente. Los defensores de la paz deben superar su "tendencia a engrandecer autodestructivamente los asentamientos". Deben prestar atención a las palabras de Eliseo Efrat, un importante geógrafo israelí, que escribió recientemente en “La solución de dos estados” que "el sistema de asentamientos establecido durante muchos años a través de grandes inversiones, es, de hecho, geográficamente inestable e incoherente con la lógica de una ordenación del territorio, por lo que tiene pocas posibilidades de mantener una existencia independiente duradera... El colapso y la desintegración de este sistema es solo una cuestión de tiempo".

La cuestión, entonces, es de voluntad política, no de posibilidad física. Sin lugar a dudas, la creación de una voluntad política necesaria para la eliminación de los asentamientos es un gran reto, pero esto debe servir como una llamada a la acción, no como una excusa para la desesperación. Ciertamente, no es un argumento para renunciar a la partición en favor de una solución de un único estado. La idea binacional es un anatema para la mayoría de los judíos de Israel, mientras que la partición es favorecida constantemente por una sustancial - aunque trágicamente ineficaz - mayoría de la población israelí. Las encuestas de opinión muestran también que la mayoría de los palestinos prefieren un Estado independiente a esas alternativas binacionales. En la medida en que el problema se refiere a la voluntad política, entonces, no hay razón alguna para atribuir mejores perspectivas a la opción de un único Estado que a la solución de dos estados para dos pueblos.

2. El Fetichismo de la Negociación

La razón principal del escepticismo de Lustick a una partición es el hecho de que "las tres últimas décadas están llenas de cadáveres de fallidos proyectos de negociación". Lo esencial de este argumento es que, dado que todos los intentos anteriores para llegar a una solución de dos estados no estuvieron a la altura, la propia solución de dos estados debe ser inalcanzable.

Pero aquí es victima de un error frecuente: la confusión de los medios con los fines. Los fracasos repetidos para alcanzar ese objetivo deseado pueden poner únicamente en duda su viabilidad si se han agotado los mejores medios. El no poder hacer una tortilla no prueba que las tortillas sean ilusorias si nadie ha estado dispuesto a romper algunos huevos en el camino. En otras palabras, el hecho histórico, y por lo tanto contingente, del proceso de paz en su objetivo explícito de alcanzar el fin deseado solo podría contar como evidencia de la imposibilidad de una solución de dos estados en el hecho de que "garantizáramos que el proceso se desarrollado en su mayor parte sin defectos". Pero pocos observadores de los asuntos del Oriente Medio pueden confesar sinceramente eso, y menos aún Ian Lustick, que ha estudiado la región durante 40 años. Como cuestión de hecho, el proceso de paz se ha visto mermado de manera tan flagrante que buscar los fallos en la propuesta de solución, es decir, en la formula de dos estados para dos pueblos, equivale de facto a exonerar la intransigencia israelí, los errores palestinos y la mala administración estadounidense del proceso de paz.

La lista completa de los desaciertos, de las interrupciones y de los accidentes que hicieron de la frase "proceso de paz" un objeto de escarnio en Israel y Palestina, por igual, va mas allá del alcance de este articulo. Pero el tema en cuestión no puede abordarse sin una consideración sobre su defecto fundamental, lo que nos lleva de nuevo a la falacia de los medios y los fines. En abril del año pasado, unas semanas antes de que triunfalmente se anunciara la reanudación de las conversaciones de paz entre Israel y los palestinos, John Kerry reiteró el principio básico que subyace a todos los esfuerzos de la comunidad internacional desde el inicio del proceso de paz: "dos estados viviendo el uno al lado del otro en paz y en seguridad, y todo ello mediante negociaciones directas entre las partes". Esta declaración, y un sin número de otras similares, muestra como la comunidad internacional, Israel, y a veces incluso los palestinos, enlazan juntos dos proyectos que son, en principio, totalmente independientes: terminar el conflicto palestino-israelí a través de la partición de la Palestina histórica en dos estados soberanos basándose en las fronteras de 1967, y lograr esto por medio de negociaciones bilaterales directas. Es esta fusión del fin y de los medios, en la imaginación de los actores políticos relevantes, la causa de que el fracaso del proceso de paz sea interpretado cada vez más como una ruptura de la solución de dos estados.

Si bien cada vez más comentaristas buscan alternativas a la partición, pocos hacen algún esfuerzo para desarrollar alternativas al fetichismo de la negociación que afecta a los defensores de la paz entre israelíes y palestinos. Este apego irracional a las negociaciones directas es responsable, entre otras cosas, de la insistencia de EEUU por bloquear la potencial candidatura palestina a un cambio en el juego a través del reconocimiento de la ONU. El ex embajador de EEUU en la ONU, Susan Rice, dijo en su momento que la iniciativa de reconocer un Estado palestino "solo pone en peligro el proceso de paz y complica los esfuerzos para devolver a las partes a unas negociaciones directas", una declaración irónica si se compara con el total fracaso de las negociaciones. Pero este fracaso no es incidental. Se desprende estructuralmente de un entorno en el que la parte más fuerte no esta realmente interesada en cerrar el trato.

Los incentivos de Israel para entrar en las negociaciones, principalmente la mitigación de la presión internacional, son ampliamente satisfechos por las propias negociaciones. No es de extrañar que Tzipi Livni, la negociadora en jefe de Israel, hable incesantemente de la "sala de negociaciones" pero siga siendo evasiva sobre lo que pretende conseguir allí. Solo cuando Israel ya no sea capaz de asegurar sus percibidos intereses a través de unas negociaciones sin fin, las negociaciones podrían dejar de ser interminables. Los palestinos, en si mismos, no tienen lo que Israel pretende ganar con el proceso de paz, por lo que no esta claro que obligar a ambas partes a encerrarse en una habitación pueda conseguir, sin incentivos creíbles y de gran alcance, resolver el conflicto.

En consecuencia, si no se ha llegado a una solución de dos estados eso no es debido a alguna inviabilidad inherente o los a menudo bastante exagerados "hechos sobre el terreno". Será más bien porque las alternativas para dirigir las negociaciones bilaterales continúan siendo descontadas a favor del único camino que ha llevado en varias ocasiones, y como era de esperar, a un callejón sin salida.

3. Extraños compañeros de cama

En lugar de analizar las fallas del proceso, proponiendo y promoviendo mejores caminos, Lustick, al igual que otros escépticos de la partición, insta a las dos partes "a repensar sus supuestos básicos". En ningún lugar de su artículo se especifica cuales son. Así que vamos a exponer dos por nuestra parte.

En primer lugar, se supone que las aspiraciones nacionales de ambos, judíos israelíes y árabes palestinos, son auténticas y arraigadas. En esto no son diferentes de los argelinos, los serbios y los irlandeses. De hecho, estos ejemplos citados por Lustick solo dan testimonio de la capacidad de recuperación de las identidades religiosas, étnicas y nacionales. Irónicamente, casi todos los precedentes que cita demuestran la necesidad de una partición de un tipo u otro.

En segundo lugar, también asumimos que no existe "el borrón y cuenta nueva" en la historia. Un siglo de derramamiento de sangre deja marcas. Las décadas de odio, humillación, violencia y despojo no son lavadas por un decreto político. La animosidad profundamente arraigada, la desconfianza y las fundamentales divisiones religiosas, políticas y sociales no pueden ignorarse mediante sueños utópicos.

Los propios ejemplos que esboza Lustick - Yugoslavia, Irlanda, Irak - demuestran esto mismo con inquietante claridad. Lustick reconoce de paso que con la evaporación de la solución de dos Estados, "se prepara el terreno para una opresión despiadada, la movilización de masas, los disturbios, la brutalidad, el terror, la emigración judía y árabe, y las oleadas de condenas internacionales de Israel".  Lustick espera que solamente entonces los lideres de Israel se darán cuenta "de que su comportamiento esta produciendo el aislamiento, la emigración y la desesperanza", momento en el que se reconocerán los derechos palestinos, se atenderán sus quejas y se asumirá la responsabilidad por su sufrimiento. La parte árabe entonces se pondrá de acuerdo "en aceptar menos de lo que se imagina como una justicia plena".

Pero esa es la lógica desesperada de los soñadores leninistas, no un plan razonado. La creencia de que una vez que el orden político existente en el "proyecto sionista" sea eliminado, es seguro que la "democracia brotará", es una reminiscencia del idealismo juvenil que llevo a George W. Bush a la promesa de un "Irak libre, pacifico y democrático” tan pronto como Saddam Hussein saliera de la escena. Por desgracia, es precisamente la post-guerra en Irak el ejemplo más apropiado para la realidad que podría estar al acecho detrás de las visiones de un único Estado.

De hecho, no hay necesidad de recurrir a precedentes lejanos. Aunque los escépticos a una partición gustan de presentar su punto de vista como una novedosa posibilidad inexplorada, la “idea contraria a una partición” fue una auténtica realidad para gran parte del siglo pasado. La misma idea de una partición solo gano fama y terreno con el informe de la Royal Palestine Commission nombrada para investigar las revueltas árabes de 1936. Es cierto que la comisión no podía cumplir con sus objetivos de referencia, como "eliminar los agravios" de las comunidades rivales y "evitar que vuelvan a ocurrir", porque "la enfermedad estaba tan profundamente arraigada" que promovió la firme convicción de los comisarios de que la única esperanza de una cura se hallaba en una operación quirúrgica. Así pues la Comisión recomendó la partición porque "no es cuestión (no existe la posibilidad) de una fusión o una asimilación de las culturas judía y árabe. El Hogar Nacional no puede ser un 'medio nacional', [...] el nacionalismo árabe es tan fuerte como poderoso es el nacionalismo judío y  ninguno de los dos ideales nacionales permite su combinación al servicio de un solo Estado". Seria absurdo sugerir ahora que las décadas posteriores de sangriento conflicto de alguna manera han mitigado ese juicio. La prospera democracia conjurada por estos “profetas de la unificación” se desintegraría rápidamente en una guerra tribal. La "libanización es siempre mucho más probable que la reconciliación".

Ciertamente, todo esto se puede discutir, pero no puede ser ignorado. Sin embargo, los escépticos sobre una partición casi siempre se muestran satisfechos señalando exclusivamente las deficiencias de la solución de dos estados, al tiempo que ofrecen muy pocos detalles concretos acerca de sus esotéricas alternativas. Como era de esperar, los únicos partidarios de un único Estado que se muestran dispuestos a dar cuerpo a sus planes son sus "partidarios derechistas israelíes a una no partición” motivados por su expansionismo nacionalista. Así los opositores desde la izquierda a una partición, al no lograr articular propuestas concretas sobre ese futuro que desean, corren el riesgo de hacer el juego a sus colegas (en su no a la partición) y rivales de la derecha. Teniendo en cuenta el equilibrio de poder en Israel, es probable que si finalmente se eligen y se adoptan las propuestas no particionistas, éstas asuman las "características no democráticas ideadas por estos derechistas y no el carácter democrático deseado por la izquierda" [N.P.: si por carácter democrático se puede entender forzar a la población judía de Israel a prescindir de su plena soberanía].

Pero independientemente de la presencia amenazante de esa dinámica derechista radical presente en Israel, no se puede jugar responsablemente con las estructuras de un Estado sin establecer un plan. Pero dada la historia de animosidad y derramamiento de sangre, las más probables alternativas a la partición son un apartheid o bien una libanización. Y teniendo en cuenta la distribución de armas, los palestinos serían probablemente los que se llevarían la peor parte en cualquiera de esos casos. Hasta que los partidarios, de izquierdas y de derechas, de un único Estado propongan algo parecido a los elementos más rudimentarios de un arreglo institucional binacional estable, ellos no hacen mas que jugar con las palabras. Y con las vidas ajenas.

Todo se vuelve dolorosamente evidente cuando el artículo de Lustick alcanza el crescendo predecible en ese "medio ambiente radicalmente nuevo" que nos esperaría "más allá del horizonte de los dos estados". Tan pronto como se especifica verbalmente este entorno maravilloso, sus aseveraciones se nos vuelven tan fuera de contacto con la realidad que bordean la forma de un insulto a los israelíes y palestinos genuinamente interesados en resolver el conflicto de una manera u otra:

En ese “medio ambiente tan radicalmente nuevo”, los “palestinos seculares en Israel y Cisjordania podrían aliarse con los post-sionistas de Tel Aviv, los inmigrantes no judíos de habla rusa, los trabajadores extranjeros y la aldea global de empresarios israelíes”. A su vez, los “judíos ultra-ortodoxos antinacionalistas podrían encontrar una causa común con los tradicionalistas musulmanes”. Además, “sin las ataduras al sionismo estatal en un cambiante Oriente Medio, los israelíes cuyas familias vinieron de los países árabes podrían encontrar nuevas razones para pensarse a si mismos no como orientales, sino como árabes”. En vez de recalcar la auténtica marginalidad demográfica y política de algunos de estos grupos y las divisiones ideológicas, emocionales y políticas existentes entre ellos, esta es una auténtica analogía que nos sirve para ilustrar cuan descabellada es la visión de Lustick.

Los progresistas en los EEUU han estado tratando con una crisis cada vez más frustrante alrededor del control de armas. A pesar de que una clara mayoría está a favor de una regulación más estricta, los funcionarios electos son incapaces de superar las diferencias ideológicas y ofrecer una solución. Ahora imaginemos que un académico israelí experto en la política americana publica un largo artículo en un periódico muy importante en el que aboga por una nueva política de control de armas basada en el supuesto de una coalición emergente que, de alguna manera, puede romper ese estancamiento político. Y nuestro experto israelí sugeriría que los “radicales de Berkeley, los libertarios del Tea Party y los inmigrantes mexicanos ilegales podrían aliarse con los nativos americanos”.  Además, este eminente estudioso también podría conjeturar que “los judíos ortodoxos y hasídicos americanos podrían encontrar una causa común con los mormones, y que dadas sus raíces comunes con los cuaqueros protestantes evangélicos, podrían encontrar nuevas razones para pensarse a si mismos como pacifistas”. Pero para que todo esto suceda, "primero deberíamos eliminar todas las regulaciones sobre las armas, tal vez incluso distribuir armas semiautomáticas a los alumnos de high school" para que el problema estallará. Nuestro experto imaginario obviamente reconocería que, tras la aplicación de su propuesta, "se establecería un escenario propicio para... revueltas, brutalidad, terror en suma", pero creería que todo eso valdría la pena porque tal vez, solo tal vez, una “fantástica nueva realidad surgiría de debajo de la ruinas”. ¿Por que? Debido a que "la política puede hacer extraños compañeros de cama".

4. Más allá de la frustración

Podríamos señalar absurdos adicionales en el artículo de Lustick, como la afirmación de que la solución de dos estados es apenas posible porque "las poderosas fuerzas islamistas hacen de una Palestina fundamentalista algo más probable que un pequeño estado con un gobierno secular", aunque una vez que se disipara la ilusión de dos estados, "masas de refugiados árabes y de musulmanes oprimidos y explotados, en Gaza, Cisjordania e Israel, podrían ver la democracia, y no el Islam, como la solución". Es decir, para Lustick la solución de dos estados es la fuerza impulsora detrás del fundamentalismo islámico, por supuesto. Pero el quid de la cuestión no son las inconsistencias de un artículo específico, sino el hecho de que el escepticismo sobre una partición y la ilusión de un único Estado que la desmentiría, casi inevitablemente conduce a estos absurdos.

La solución de dos Estados puede y debe ser cuestionada y debatida, sus críticos morales plantean problemas graves que deben ser, y creemos que pueden ser, sinceramente tratados. No sugerimos que la frustración de Lustick sea injustificada. Es cierto que gran parte de la industria de la paz se ha vuelto contraproducente y más preocupada por mantener su acceso al poder y la protección de un legado que en avanzar hacia una solución. La timidez americana hacia Israel se ha ganado sus críticas. Y quizás sea probablemente cierto menospreciar la actual ronda de negociaciones.

Pero nada de esto justifica el escepticismo ante una partición. La dependencia generalizada de los asentamientos a un apoyo del gobierno significa que, a pesar de los esfuerzos exitosos de la derecha por crear la impresión de lo contrario, su eliminación es una cuestión de voluntad política más que de fuerza bruta. Si Israel decide tirar del enchufe, la empresa colonizadora se derrumbara como un castillo de naipes. En efecto, la ironía es que casi todo el mundo, incluyendo la gran mayoría de los israelíes, conoce los contornos de la solución con singular claridad. El importante debate sobre el conflicto palestino-israelí no trata sobre la solución, sino sobre la forma de lograrla. Los esfuerzos de los intelectuales, activistas y responsables políticos deberían invertirse en la fijación del proceso. Eso es lo que está roto, y ahí es donde las nuevas ideas, innovadoras y radicales que vengan, realmente pueden hacer la diferencia.

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La ilusión de un único Estado: (Los dados de hierro - y de sangre - de Ian Lustick - Martin Kramer - Commentary)



Tal como tanto Jonathan Tobin y Jonathan Marks han observado previamente en sus artículos, el politólogo de la Universidad de Pennsylvania Ian Lustick, autor de un reciente artículo de opinión promocionando una "solución de un único Estado", y de una manera destacada en el New York Times, no es un caso atípico. Por el contrario, la universidad americana está llena de Lusticks: radicales judíos de los 60’s que pasaron en su momento por alguna fase transitoria de sionismo simplista de extrema izquierda antes de descubrir que el verdadero Israel es complejo y no se adapta a sus simplicidad.

Desilusionados, y a lomos de su izquierdismo simplista, se instalaron como arrepentidos en los departamentos y centros de estudios del Oriente Medio universitarios, donde los críticos judíos de Israel proporcionan la cobertura ideal para los verdaderos enemigos de Israel. Estos judíos radicales solían ser previamente devotos de un Estado palestino, pero ahora están luchando por mantenerse al día abrazando la extravagante moda de una "solución de un único Estado", desencadenada por la famosa conversión del difunto Edward Said (anunciada, por supuesto, en las páginas del New York Times en 1999).

Debido a que el artículo de Lustick se publicó en el NYTimes, fue un gran problema para algunos de esos judíos americanos que todavía ven en ese diario a un guardián de sus ideas. En Israel ha pasado prácticamente desapercibido.

Cualquiera que sea el interés intrínseco del artículo, es particularmente fascinante como un estudio del típico caso de autocontradicción intelectual. Lustick ha revertido su supuestamente bien considerada e informada evaluación científica de hace tan sólo una década sin ni siquiera un gesto de explicación.

Vamos a recapitular brevemente la desdeñosa opinión de Lustick sobre una solución de dos estados expresada en su nuevo artículo. Se trata de "una idea cuyo tiempo ha pasado", que “no es creíble ni posible", que es una "quimera", una "fantasía". El "enfoque obsesivo en la preservación de la posibilidad teórica de una solución de dos estados es tan irracional como reordenar las sillas de la cubierta del Titanic”. ¿Conclusión? "La pretensión de que unas negociaciones bajo el lema de dos Estados para dos pueblos pudieran conducir a una solución debe ser abandonada. De hecho, esas negociaciones hacen un daño real. La diplomacia bajo la bandera de los dos Estados ya no es una ruta de acceso a una solución, sino un obstáculo en sí. Estamos comprometidos en negociaciones hacia ninguna parte".

Sin embargo, sólo hace una década Lustick pensaba que el éxito del "proceso de paz" en la consecución de su objetivo de dos estados no sólo era plausible y factible, sino que “era inevitable”. Lustick explicó su tesis en una larga entrevista en el 2002 salpicada de analogías y metáforas como la siguiente:
Me gusta pensar en ello como una especie de jugador de dados, si bien esta historia no consiste en tirar los dados. Cada tirada es como un intento diplomático de un proceso de paz. Para tener éxito en realidad, la historia tiene que sacar unos "ojos de serpiente" (un total de 2, cada dado un valor de 1). Y ya saben, eso no es fácil, por lo que tienes que seguir tirando los dados. Con el tiempo, finalmente sacarás ese 2. Todas las cuestiones de liderazgo y los accidentes de la historia, las pasiones de ambas partes, los sentimientos tortuosos de sufrimiento, las coaliciones políticas, el momento de las elecciones, todo caerá entonces en su lugar.
¿Qué nos estaba diciendo con esto Lustick? Que recordemos que las probabilidades de sacar unos "ojos de serpiente" en toda tirada de dados es de 36 a 1, por lo que sólo un tonto o un idiota caería en la desesperación después de, digamos, una docena o dos docenas de tiradas. Incluso el fracaso es sólo un preludio para el éxito, ya que tan larga como pueda ser la espera, "con el tiempo, finalmente sacarás ese 2". El viejo dicho de que es una locura hacer la misma cosa una y otra vez y esperar un resultado diferente, resultaba desmentida por esta teoría del “lanzador de dados” que repite la misma acción a sabiendas de que cada resultado será diferente. Y es por eso que los Estados Unidos mantenía la repetición de los movimientos diplomáticos que Lustick ahora encuentra tan cansinos y sin sentido. Los "buscadores de la paz" acabaron adhiriéndose a su lógica de alrededor de 2002, la cual garantizaba que una de esas iniciativas diplomáticas está destinada a tener éxito, siempre y cuando existieran los suficientes intentos.

¿Y qué tenía que decirles Lustick en el 2002  a esos israelíes que "querían que la Ribera Occidental y Gaza permanecieran permanentemente bajo control israelí"? "Ustedes tendrán que sacar un 13”. [N.P.: Es imposible porque la máxima puntuación es 12, ya que cada dado va del 1 al 6, y se lanzan dos dados en cada tirada].

Lustick continuaba y les decía:
Pero no se puede sacar un 13, lo que quiere decir que la derecha no podrá tener un plan de cómo poder mantener con éxito los territorios durante más tiempo. Ni siquiera se defienden con una opción más realista como sería expulsar a los palestinos. Así que no tienen un plan. Así pues, si ustedes creen que tienen razón y saben que tienen que sacar un imposible 13, la estrategia es no dejar que se lancen los dados, seguir tratando de detener todas las iniciativas y subvertir la que se inicie... Es la única cosa racional que pueden hacer con el fin de evitar que la historia finalmente produzca lo que tiene que producir, una solución de dos estados.
¿Así que la versión israelí de una solución de un solo Estado de Israel, desde el río Jordán hasta el Mediterráneo, era por entonces una causa perdida y muerta, ya que desafiaba a la "historia" en sí misma.

En 2002, Lustick estaba seguro de que "uno de estos días" Israel abandonaría Cisjordania:
Israel está atrapado entre la incapacidad para hacer desaparecer el problema haciendo que Cisjordania parezca Israel, y la imposibilidad de hacer desaparecer de hecho la retirada, cruzando esa barrera del régimen, ese umbral del régimen. Un día, uno de estos días, el umbral de ese régimen será cruzado.
¿La versión palestina de la opción de un solo Estado? Lustick ni siquiera la mencionaba en el año 2002.

Así pues, Lustick fue el último creyente en los dos estados. No creo incluso que los inveterados "buscadores de la paz”, a los cuales ahora descarta con desprecio, supusieran nunca que los repetidos fracasos los estaban acercando a su objetivo. Sin embargo, Lustick les daba motivos para creerlo: no se podría "evitar que la historia finalmente produjera lo que se iba a producir, que era una solución de dos estados", y se trataba solamente de cuestión de tiempo.

Tan seguro estaba Lustick "de que el umbral se iba a cruzar", que creía inclusive que la lógica inexorable de la solución de dos estados la había aceptado. Y debido a que Israel había rechazado a Hamas, Israel había desperdiciado la oportunidad de convertirlo en una "oposición leal".

Aquí está el problema, tal vez la falta de honradez sea la mejor palabra de explicar - al Lustick del 2013 con respecto al Lustick  del 2002 - por qué esa "historia" destinada a llevarnos a la creación de dos estados hace sólo unos años, ahora se vea destinada a “terminar en un único Estado”.

Es tentador mostrarles la luz a los aparentemente insaciables "buscadores de la paz", y él parece haberlo hecho, pero el Lustick que apostaba por ellos en el año 2002 tenía una cierta lógica. Sin embargo, los hechos que defiende en su contra en el 2013 resultan débiles. De hecho, y realmente, él nunca se basa demasiado en las cuestiones pendientes, en absoluto.

¿Es una de ellas el número de colonos? Si él lo cree, no lo dice. Lustick sabe cuántos colonos existen, y los contó en una conferencia en febrero de 2002, eran unos 390.000 (Cisjordania y Jerusalén Este). En 2012, nos dice ahora, había 520.000. Esto es, 130.000 más (dos tercios de lo que representaría, por cierto, el crecimiento natural). Es de suponer que una proporción significativa de esos 130.000 se hayan añadido a los asentamientos cuya inclusión en Israel no parece cuestionar una solución de dos estados, debido a su proximidad al Israel anterior a 1967. Así que estamos hablando de decenas de miles. ¿Qué representa que un incremento de unos 10.000, entre 2002 y 2013, haya puesto a Israel más allá del "punto de no retorno"?

Lustick no lo dice. En su artículo en el NYTimes afirma que la presión estadounidense podría haber detenido la reelección de Menachem Begin en 1981, antes de la construcción de esos "masivos complejos de asentamientos", y provocando un proceso de Oslo una década antes, en la década de 1980. Es una suposición hipotética que nunca podremos evaluar, pero que no resuelve el enigma. Lo sorprendente es que suponemos que Lustick ya sabía todo esto en 2002, y eso no disminuyó su fe en la inevitabilidad histórica de una solución de dos estados. Así que la pregunta sigue siendo: ¿qué ha pasado desde el año 2002 para cambiar la mente de Lustick tan drásticamente?

Aquí llegamos a la contribución supuestamente original de Lustick al argumento de una “solución de un único Estado". Él no repite la afirmación habitual de que los asentamientos israelíes han hecho un Estado palestino inalcanzable. Él argumenta que ahora utiliza es que el Estado israelí es insostenible. "La desaparición de Israel como un proyecto sionista, a través de la guerra, el agotamiento cultural o el impulso demográfico, es al menos tan plausible como una retirada israelí de la Ribera Occidental”. ¿El mejor indicador? Los propios Israelíes que lo creen. "Muchos israelíes ven la desaparición del país, no sólo como posible, sino probable. El Estado de Israel se ha establecido, pero no (ha garantizado) su permanencia. La frase más habitual en el discurso político israelí es una variación de "si X ocurre (o no), el Estado no va a sobrevivir".

Yo no conozco a ningún investigador que haya establecido de manera determinante cual es "la frase más común en el discurso político israelí", y supongo que Ian Lustick tampoco. A fin de cuentas, se la acaba de inventar. En una conferencia en febrero de este año citó un trabajo, de 2009, que contaba la cantidad de artículos publicados en el diario de izquierdas (y post-sionista) Haaretz que empleaba las frases "peligro existencial" o "amenaza existencial". Hay un bache después del 2002 (Segunda Intifada), luego un pico al alza en el 2006 (Segunda Guerra del Líbano). El "estudio" no demuestra absolutamente nada. Después de todo, se trata de artículos del Haaretz, esa especie de Muro de los Lamentaciones de la izquierda israelí. Una explicación perfectamente plausible es que el sesgo editorial del periódico, exacerbado por el eclipse político de la izquierda israelí, ha tendido a favorecer sus pronósticos de "un fin del mundo".

Y Lustick, al sacarse de la manga esa “frase más habitual”, se contradice con las investigaciones existentes, y por lo tanto reales, llevadas a cabo con población real, aquella que él ignora o de la que es un perfecto ignorante. Recientemente, el Instituto Israelí de la Democracia realizó una encuesta a gran escala para el año 2012 donde se demostraba que los optimistas superaban a los pesimistas entre los judíos de Israel por un margen del 79% al 18%. Más del 85% dice que Israel podrá defenderse militarmente, y sólo el 33% piensa que Israel estará más aislado de lo ahora lo está. Un académico de la Universidad de Tel Aviv que supervisó la encuesta resume los resultados: "Es importante tener en cuenta que la mayoría de los israelíes ven el futuro del país con optimismo. Nuestra capacidad de resistencia nacional se apoya en gran medida en el hecho de que, a pesar de que las personas vean las cosas de manera negativa los viernes por la noche cuando se reúnen con la familia y de que el espíritu de la época nos aboque al desaliento, cuando rascas un poco más, la gente no está realmente deprimida".

Esto puede ser un eufemismo, pero es que Israel está situada en la posición undécima del mundo en el último Índice de Felicidad Mundial comisionado por la ONU, lo que no se corresponde con "cualquier nivel de depresión". De acuerdo con la última encuesta del Índice de la Paz publicada durante el Año Nuevo judío, sólo el 16% de los israelíes judíos piensan que la situación de seguridad del país empeorará. El 46% piensa que se mantendrá igual, y el 28% cree que realmente mejorará, y esto a pesar del caos en Siria y la península del Sinaí, y las centrifugadoras girando en Irán. La única cuestión en la que los israelíes son persistentemente pesimistas es en el "proceso de paz", pero esto no parece agriar su humor, salvo a esa pequeña minoría, incluyendo los articulistas de opinión del Haaretz , que al parecer constituyen la única “muestra válida” para Lustick.

Lustick también alude al "impulso demográfico" como evolucionando en contra de Israel, y ha pasado bastante rato jugando con cifras en un intento de demostrar que los israelíes están haciendo cola para emigrar. Él permaneció en este empeño hasta que un respetado demógrafo actual, Sergio Della Pergola, pasó por el yunque sus esfuerzos de aficionado y no dejó nada intacto. Esta demolición es de lectura obligada.

Y es que al final, a Lustick realmente no le importa lo próspero, estable y viable que Israel parezca ser, incluso no le importan ni los israelíes [N.P.: salvo los chicos del Haaretz, por supuesto]. Esto de debe a que Israel es como... - esperen mientras se le ocurre un buen ejemplo  - "... un globo". "Al igual que con un globo al que vayamos hinchando gradualmente con ráfagas de aire y nos pasamos en el límite de su resistencia a la tracción, hay umbrales de cambios radicales, políticamente perturbadores". Es decir, el Israel sionista es una burbuja que está destinado a estallar. Se ha inflado por el apoyo estadounidense, y el "proceso de paz" le ha protegido del estallido. Pero "cuanto mayor sea el globo y más se hinche, más devastador será su estallido”. [N.P.: ¿se acuerdan de cuando Nasrallah, el jefe de Hezbollah, decía que era un débil tela de araña? Qué similitudes].

En febrero, Lustick reveló que está escribiendo todo un libro demostrativo de esta tesis,  evocando la "historia" de nuevo, con una nueva analogía con los tipos de cambio:
La Historia puede resolver el problema en el sentido de que la vía de la entropía resuelve los problemas. Usted no opta siempre por este tipo de volatilidad limitada. Cuando se restringen los tipos de cambio en un mercado volátil, al no permitir que las tasas se muevan a pesar de que la economía real puede convertirlas en absurdos, las tasas eventualmente cambian, pero de una manera muy radical, no lineal. Cuanto mayor sea la restricción, menor la adaptación a las condiciones cambiantes, más irregulares y dolorosas serán la adaptaciones.
Sería mucho mejor, piensa Lustick, que ese "proceso de paz" en búsqueda de una solución de dos estados se cierre ahora mismo, para que ambas partes puedan combatir de nuevo, para que esta vez los "estancamientos dolorosos conduzcan a cada parte a la conclusión de que el tiempo no está de su lado”. Israel, que ha derrotado al tiempo y a los palestinos una y otra vez, “tiene que dejar de ganar”:
Tirar del enchufe del proceso de paz", escribe en el NYTimes, “sentará las bases para una opresión despiadada, que provocara la movilización de las masas, los disturbios, la brutalidad, el terror, la emigración judía y árabe, y oleadas de condenas internacionales contra Israel. Y frente a esta creciente indignación, EEUU ya no podrá ser capaz de ofrecer un apoyo incondicional a Israel. Una vez que la ilusión de una solución limpia y aceptable del conflicto desaparezca, los dirigentes israelíes podrán entonces comenzar a verse tal como contempló a finales de los 80 a los líderes blancos de Sudáfrica, produciendo su comportamiento más y más aislamiento, y con él más emigración y desesperanza”.
Y es ahí a donde Lustick quiere que se llegue. Basta pues de rodar los dados diplomáticos. Es hora de tirar los dados de hierro (y de sangre). Puede sonar cínico, pero Lustick piensa que es el mejor destino: "La cuestión no es tanto lo que el futuro tiene reservado para el conflicto entre Israel y Palestina. Lo importante es el conflicto. Tampoco es si el conflicto puede ser prevenido. No se puede". Ahora recuerden, esta es una persona que hace apenas unos años insistía en que una solución de dos estados era inevitable. Ahora sostiene exactamente lo contrario. El mundo debe salir del proceso y dejar que una violencia inevitable se despliegue, sólo que esta vez los Estados Unidos no deberán estar en la esquina de Israel, y así Israel será derrotado y obligado a desmantelarse a sí mismo.

El problema con tirar los dados de hierro (y de sangre) es que el resultado es incierto, algo que incluso un historiador de sofá debería saber. La “historia” que a Lustick le gustaría es esa que provocara una derrota del Israel sionista de tal magnitud que creara un equilibrio perfecto entre judíos y árabes. Pero es muy posible que el resultado que desea sea el equivalente a sacar una puntuación de 13 en una tirada de dados, porque Israel tiene unas profundas ventajas que puede ampliar en gran medida porque Israel nunca puede encontrarse a sí misma contra la pared. (El cuadragésimo aniversario de la guerra de Yom Kippur de 1973 puede ser un momento apropiado para recordar esto).

O bien algo en su deseado escenario puede salir mal. Como señaló Clausewitz sobre la guerra: "Ninguna otra actividad humana es tan continua o universalmente vinculada con el azar". Uno de los posibles resultados que Lustick se imagina es que "los israelíes cuyas familias vinieron de los países árabes pudieran encontrar nuevas razones para pensarse a sí mismos no como 'orientales', sino como 'árabes' ". Teniendo en cuenta que incluso "los árabes" ya no parecen  pensarse a sí mismos como "árabes" (especialmente cuando utilizan el gas o las bombas contra otros árabes), y que los judíos nunca pensaron en sí mismos como "árabes" aun cuando vivían en países árabes y hablaban el árabe, uno se pregunta cuántas miles de tiradas de dados necesitaría Lustick para producir ese resultado.

Al final, no tiene sentido debatir con Lustick sobre sus propios motivos hipotéticos, invocando a tirar los dados, a reventar globos y a basarse en tipos de cambio volátiles. Todo esto es porque no ha pasado nada desde el año 2002 entre Israel y los palestinos, o en Israel, que posiblemente pueda explicar el cambio total de ideas de Lustick. Sospecho que su artículo en el NY Times no tiene nada que ver con el conflicto palestino-israelí, y tiene "todo que ver con el intento de Lustick de mantener el equilibrio en las arenas movedizas de la universidad americana".

Desde que Edward Said se desvió hacia la "solución de un único estado", la presión ha ido creciendo y ha crecido aún más desde que Rashid Khalidi, el heredero de Edward Said en Columbia, finalmente gravitó hacia la misma posición (algo que predije que iba a hacer bastante antes de que realmente lo hiciera). Este giro de los acontecimientos dejó a Lustick en la parte trasera de la vanguardia radical y lejos de la acción.

Después de que Tony Judt optara por ese mismo posicionamiento como representante del académico judío de vanguardia, y tras su fallecimiento, se ha producido una vacante para el cargo de académico judío partidario de la "solución de un único Estado".  Así que este es el último movimiento de la carrera de Lustick, y anticipo que representará para él un poco de lo que representó para Judt, transformándolo de un académico de modesta reputación en un héroe muy demandado. Las invitaciones le lloverán. Pronto escucharemos alguna controversia girando en torno a una invitación revocada, lo que incrementará aún más su posición y su estima. Y es muy posible que el artículo del NYTimes sirva como un anticipo de razonamientos aún más elevados en forma de un próximo libro (como decía en febrero: "Yo no he escrito aún la conclusión") y un fuerte impulso promocional de una importante editorial.

En previsión de esto, Lustick ya se está promoviendo a sí mismo como un nuevo profeta de Israel, ejemplificado en esta cita de una respuesta que dio a una pregunta en el pasado invierno:
Sostuve en 1971 que los 1.500 colonos viviendo entonces en la Ribera Occidental representaban una catástrofe que podría llevar a Israel a una cárcel política de la que nunca podría escapar. Se burlaron de mí. También he sostenido un estado palestino junto a Israel desde la década de 1970, pero hubieron de pasar veinte cinco años antes de que la corriente principal de la política israelí estuviera de acuerdo con ello. Puede tomar otros veinticinco años antes de que se den cuenta de que lo que digo es cierto y aún será más cierto si Israel sigue existiendo dentro de veinte o veinticinco años.
Esta no es una medida humana de la presciencia, como el propio Lustick ha reconocido. ¿Con cuánta anticipación alguien ha sido capaz de imaginar la revolución iraní y la caída de la Unión Soviética? Según opinaba el propio Lustick: "¿Diez años? No. ¿Cinco años? Tal vez dos, si eres muy, muy bueno". Si como afirma Lustick él siempre es capaz de adivinar el futuro de Israel veinticinco años en adelante, debe habitar en una esfera muy por encima de esa otra esfera regular que habitan los politólogos con sus pronósticos. Ahora él está compilando el “Libro de Ian” (un remedo del Libro de Job). Es de obligatoria lectura, léalo pues Israel (introduzca aquí la tarjeta de crédito) y llore.

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Thursday, August 01, 2013

Netanyahu el pacificador – Roger Cohen – NY Times



Jimmy Carter, como ha señalado en Londres hace unos días, llegó a un acuerdo con un derechista ex terrorista, y "la última persona con la que se podía esperar hacer la paz", para la consecución de los Acuerdos de Camp David de 1978 que pusieron fin al conflicto entre Israel y Egipto.

El hombre en cuestión era el ex primer ministro israelí Menachem Begin, quien comentó en su libro de memorias "La Revuelta" que era conocido como el "terrorista número uno" por Gran Bretaña por liderar la lucha que acabaría con el dominio británico del Mandato de Palestina y el establecimiento de un Estado judío.

Begin reconocía que fue impulsado por el odio a la dominación británica. "Tuvimos que odiar por la humillante desgracia de no tener un hogar para nuestro pueblo", añadiendo que "tuvimos que odiar por la prohibición de la entrada a nuestro país de nuestros propios hermanos, quienes pisoteados y asesinados pedían ayuda a gritos a un mundo moralmente sordo".

Sin embargo, tres décadas después de la creación del Estado de Israel en 1948, Begin el guerrero - un hombre tan responsable como cualquier otro de la transformación de los mansos y aquiescentes judíos de la diáspora, que fueron cabizbajos a las cámara de gas de los nazis, en combatientes -, eligió finalmente poner el odio a un lado e intercambiar la tierra por una paz duradera.

La conclusión de Carter es que Benjamin Netanyahu, un halcón seguidor del ethos de Begin (el primer primer ministro derechista de Israel), también puede querer pasar a la historia como el "héroe histórico" que trajo la paz.

"Yo no veo a nadie más" en Israel "como un posible pacificador", sentenció el ex presidente de EEUU, quien acababa de ser informado por el secretario de Estado John Kerry de su iniciativa diplomática.

La idea de que Netanyahu el likudnik, un feroz opositor del empeño hacia la paz del difunto Yitzhak Rabin [N.P.: representado por el Proceso de Oslo], un reticente recién incorporado a la idea de una solución de dos estados, un ideólogo durante mucho tiempo dentro de la derecha judía de la idea de que toda la tierra bíblica pertenece a Israel, podría reinventarse a sí mismo como constructor de la paz, no es nada nueva. La he escuchado de varias personas que han pasado largas horas con Netanyahu, como el ex primer ministro británico Tony Blair.

El escepticismo es de rigor, pero sería un error descartar la idea. Nunca hubiéramos dado un céntimo por un feroz Begin forjado en la persecución europea, y sin embargo… La polémica liberación de 104 palestinos no es la acción frívola de un primer ministro israelí que se acerca a unas negociaciones sobre el estatuto definitivo [N.P.: ¿Por qué el autor no se priva de tachar a Begin de antiguo terrorista, mientras evita catalogar a esos presos palestinos de lo que son, terroristas, muchos de ellos con graves delitos de sangre? Son las cosas de los comentaristas progresistas del NYTimes].

Carter ha dicho: "Creo que esta idea que John Kerry ha llevado a cabo en secreto, muy en secreto durante cinco meses, tiene mucho más posibilidades de éxito de lo que yo había creído antes de reunirme con él".

El trabajo de Kerry ha sido hasta ahora impresionante: la obstinación, el riguroso secreto (necesario para la diplomacia, pero más difícil que nunca de lograr), la coreografía (arrancar a los interlocutores fuera de la región para iniciar las conversaciones en Washington), la orquestación (la participación del la Liga Árabe, hacer un llamamiento a las principales organizaciones judías estadounidenses).

El contexto de su trabajo se contempla negativamente, pero tal vez se equivoquen. Junto a la implosión de Siria y la fractura secular-religiosa en Egipto, el conflicto palestino-israelí es un viejo y aburrido tema: sus protagonistas están cansados de él, el contorno de su resolución es conocido, la inutilidad de su perpetuación resulta evidente. Mi sensación es que incluso los árabes, quienes han utilizado durante tanto tiempo la cuestión palestina como una distracción de sus problemas fundamentales, están hartos. Ellos ven ahora al conflicto como un impedimento para el crecimiento y una distracción ideológica (en lugar de una herramienta útil).

Hay más ebullición ahora entre sunitas y chiítas que en la enemistad entre palestinos e israelíes. Carter dijo que la resolución debe basarse en las fronteras de 1967, con una excepción, es decir, que puede haber intercambios de territorios muy cercanos a Jerusalén por los principales asentamientos israelíes, y acre por acre o hectárea por hectárea, el territorio de estos grandes asentamientos será compensado a los palestinos por Israel en igualdad de condiciones.

Del retorno de los refugiados palestinos afirmó que tendría que ser a Cisjordania o Gaza, “a excepción quizás de algunas pocas docenas (¿de miles?) o algo así a Israel”. También dijo que "he estado muchas, muchas horas reunido con los líderes de Hamas, y me he cerciorado desde hace mucho tiempo que aceptarán cualquier negociación que tenga éxito entre la OLP e Israel si la refrendan los palestinos en un referéndum".

Sí, el contorno de la única solución posible es bien conocido, aunque Jerusalén requerirá una  inmensa creatividad. La terrible alternativa es también muy conocida. A veces el conflicto se acerca a la autoparodia: golpearse hasta el fin. ¿Pudiera ser que los pueblos israelí y palestino no estén listos para engañarse otra vez?

Begin también escribió: "Odiamos - como cualquier nación digna de ese nombre debe siempre odia - el dominio del extranjero. Si amas a tu país, no podemos dejar de odiar a aquellos que tratan de arrebatarlo".

Netanyahu debe decir esas palabras con cuidado. Él podría encontrar en ellas el estímulo decisivo para obtener una resolución que otorgue a los palestinos un estado en paz y seguridad junto a Israel. Pero es mucho más difícil para él: el Sinaí, a diferencia de la Ribera Occidental, no formaba parte de Eretz Israel, la tierra que Begin creía que era "nuestra por derecho natural y eterno".

Más difícil, sí, pero no mucho más difícil que Begin, el fabricante de bombas, se convirtiese en Begin el pacificador.

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Tuesday, July 30, 2013

Abbas: "Los árabes en Israel y ningún judío en Palestina" - Jonathan S. Tobin - Commentary



Mientras ayer se reunía en El Cairo con los nuevos líderes de Egipto, el líder de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas dejó caer algunos comentarios sobre las negociaciones de paz con Israel que comenzaron en Washington anoche. Como el Times de Israel informa, Abbas no dejó ninguna duda acerca de lo que implica su visión de la paz:

"En una resolución final, no veríamos la presencia de un solo israelí - civil o militar - en nuestras tierras", dijo Abbas tras una reunión con el presidente egipcio interino Adly Mansour en El Cairo.

La declaración provocó pocos comentarios en la prensa occidental, y no me extraña. La mayoría de los principales medios de comunicación ha aceptado desde hace tiempo la formula palestina que ve la presencia de israelíes en la Ribera Occidental y en Jerusalén como el principal obstáculo para la paz con los palestinos. A partir de este marco de referencia, la ecuación de esta paz es simple: nada de israelíes en Palestina significa que el conflicto desaparece. Por lo tanto, el único objeto de estas negociaciones de paz es echar a los israelíes fuera de las zonas que fueron ocupadas ilegalmente por Jordania en el período1948-1967.

Pero el problema aquí no es solamente que se trata de una absurda distorsión de la realidad que ignora los derechos judíos y sus necesidades de seguridad. La declaración de Abbas ofrece un contexto importante para una demanda israelí clave, la cual se niegan a aceptar los palestinos: el reconocimiento por parte de la Autoridad Palestina de la legitimidad de Israel como Estado judío. Si los palestinos piensan que hay algo racista en que Israel deba ser aceptado como el único Estado judío del mundo, ¿por qué sería bueno para ellos imaginar un estado independiente propio donde las comunidades judías tendrían que ser destruidas y todos sus habitantes desalojados?

Los negociadores y profesionales de la paz y los críticos de Israel afirman que este razonamiento es demasiado puntilloso, pero en realidad se dirige a la raíz del problema que el secretario de Estado, John Kerry, y su ayudante, Martin Indyk, están tratando de desentrañar en unas negociaciones que han peleado muy duro hasta conseguirlas.

La posición palestina es que la aprobación expresa por su parte de Israel como un Estado judío socavaría los derechos de la minoría árabe dentro de las líneas anteriores a 1967 (Israel), y les obligaría a realizar un juicio acerca de los arreglos internos del país. Pero el punto central del conflicto, desde sus inicios hace ya un siglo, ha sido siempre el rechazo árabe a la presencia y al retorno de los judíos a su antigua patria. Si los palestinos están decididos a crear un estado independiente donde no haya judíos, ¿por qué tienen tanto miedo a un acuerdo en el que sus vecinos puedan ser un Estado judío?

La razón de esto no es un misterio.

Más que cualquier acuerdo sobre las fronteras, la aceptación de Israel como Estado judío sería un abierto reconocimiento de que el conflicto ha terminado. Significaría que los descendientes de los refugiados palestinos de 1948 tendrían que ser reubicados en otro lugar y que todo el terrorismo y los esfuerzos por borrar a Israel de sus fronteras acordadas cesarían por completo.

La demanda de reconocimiento de un Estado judío es a menuda presentada como algo nuevo, sacado de la manga por el primer ministro Netanyahu para hacer la paz más difícil de lograr. Pero hay que recordar que la Resolución de partición original de las Naciones Unidas de 1947 hablaba ya de que el país se dividiría concretamente entre un Estado judío y otro árabe, no Israel (en un formato bi-nacional) y "Palestina". El esfuerzo por negar el derecho del pueblo judío a un estado soberano en su propia tierra es un acto de prejuicio, ya que ningún otro grupo en el mundo es tratado de esta manera.

Es cierto que en el caso improbable de que los palestinos estén de acuerdo con la paz en todos sus términos, Israel estaría ansioso por evacuar a los judíos que viven actualmente en un territorio del cual se retirarían. La razón de esto tampoco es un rompecabezas. Cualquier judío dejado en tierras árabes duraría tan poco tiempo como los invernaderos abandonados en Gaza cuando Israel salió de esa región en 2005. Nadie, ni siquiera los Estados Unidos, podría garantizar la seguridad de cualquier judío, ya sea un izquierdista amante apasionado de la paz o un colono derechista de línea dura viviendo en un Estado palestino.

Pero este es el dilema de todo el proceso de paz. A pesar de que en el Estado nacional del pueblo judío las minorías religiosas y étnicas tienen plenos derechos en Israel, lo que Abbas está pidiendo es que Israel sea un estado bi-nacional de judíos y árabes, mientras que Palestina sería una nación exclusivamente árabe.

Si la sociedad palestina fuera a evolucionar hasta el punto de que los judíos pudieran vivir en paz bajo el dominio árabe, entonces la paz sería posible sin ningún tipo de grandes esfuerzos por parte del secretario de Estado Kerry. Mientras Abbas prometa expulsar a los judíos de Palestina, no tendrá ningún derecho a rechazar la demanda de Israel de que se reconozca que Israel es un Estado judío, y que este hecho no pueda ser anulado a través de futuras negociaciones, la afluencia de refugiados o nuevas guerras. Su negativa a hacerlo asegurará que las conversaciones que Kerry ha convocado serán nueve meses de esfuerzos inútiles.

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