Sunday, November 30, 2014

Por qué necesitamos la Ley del Estado judío - Yoram Hazony – Jerusalem Letters



Cuando rugen las guerras civiles en Siria e Irak, Libia y Yemen, y las tensiones entre judíos y árabes en Jerusalén alcanzan niveles no vistos en más de una década, el gobierno israelí ha aprobado una propuesta de "Ley del Estado judío” que confirmará la jerarquía constitucional de Israel como "el Estado-nación del pueblo judío". El primer ministro Benjamin Netanyahu ha dedicado una gran cantidad de tiempo y de atención a esta parte de la legislación, que para los extranjeros podría ser incongruente.

También algunos en la izquierda israelí, apoyados por personalidades importantes en los medios estadounidenses, han insistido en que la ley es una provocación innecesaria, si no es simplemente "racista". De hecho, sin embargo, la Ley del Estado judío es muy necesaria en estos momentos, no sólo para asegurar la viabilidad a largo plazo de Israel, sino también como presagio de una futura solución a la crisis más amplia de legitimidad que ha paralizado todo el sistema estatal en el Oriente Medio.

No obstante, para algunos Israel no necesitaría una Ley del Estado judío. Hasta hace poco, el estatus de Israel como el Estado del pueblo judío nunca había sido seriamente cuestionado. La idea de Israel como un "Estado judío" tiene una historia que comienza con Theodor Herzl, el padre del sionismo moderno, quien había dado este título a su obra de 1896 donde pedía la independencia nacional judía. En las propuestas presentadas posteriormente al gobierno británico, Herzl pidió la ayuda del imperio británico para el establecimiento de un territorio "que deberá ser judío en su carácter, y fundado en las leyes y regulaciones aprobadas para el bienestar del pueblo judío", con un nombre judío y una bandera judía.

Este concepto fue incorporado más adelante en las propuestas británicas y en la ONU para el establecimiento de un Estado judío en Palestina, las cuales culminaron en el plan de partición aprobado por la ONU en 1947. Entre los judíos, el apoyo a tal estado se convirtió virtualmente en universal durante el Holocausto, ya que quedó claro que ni los Estados Unidos ni Gran Bretaña actuarían para salvar a los judíos de Europa (de hecho, Gran Bretaña usó la fuerza para impedir que los judíos escaparan hacia Palestina durante la guerra). En 1948, la Declaración de Independencia de Israel, redactada bajo David Ben-Gurion, utilizó el término "Estado judío" en varias ocasiones. Mucha de la legislación israelí, incluyendo la Ley de Retorno que ofrecía la ciudadanía automática a los judíos de todo el mundo, se basaba en la visión de Herzl del propósito de Israel, la cual fue abrazada junto con el firme compromiso de defender los mismos derechos civiles para los ciudadanos no judíos.

La idea de un Estado-nación dedicado al bienestar de un pueblo en particular no es, por supuesto, una idea exclusiva de Israel. Los movimientos por la autodeterminación nacional se conocían en Europa por lo menos desde la independencia de Holanda en 1581, y habían llevado gradualmente a la independencia a otros pueblos anteriormente conquistados, de Grecia e Italia a Polonia e Irlanda. Dando una voz elocuente a este movimiento, John Stuart Mill en "Sobre el gobierno representativo" (1861), instó a la autodeterminación nacional como el principio organizador más prudente para el orden internacional, con el argumento de que sólo los estados con un alto grado de homogeneidad lingüística y cultural comparten los suficientes intereses comunes para convertirlos en democracias. Sin embargo, tal como escribió Mill, los estados multiétnicos se convertirían necesariamente en tiranías porque sólo la opresión puede mantener los intereses radicalmente contrapuestos de los diferentes pueblos que los conforman. Woodrow Wilson colocó este principio en el centro de sus propuestas para la reconstrucción después de la Primera Guerra Mundial. En esos momentos, la propuesta de Herzl de establecer un Estado judío encajaba perfectamente.

Pero la historia no ha sido amable con la idea de la autodeterminación nacional. A partir de la década de 1960, las élites occidentales se volvieron bruscamente contra el particularismo nacional de cualquier tipo (por lo menos en cuanto a las naciones del primer mundo se refiere), citando a la Alemania nazi como "prueba" de que hacer distinciones nacionales y religiosas es la raíz de casi todos los males políticos. En Europa, el resultado de todo ello ha sido el intento de desmantelar el sistema de estados nacionales independientes y sustituirlo por una Unión Europea. En los EEUU, en la actualidad, se experimenta una profunda aversión a realizar distinciones nacionales o religiosas para casi cualquier propósito o tema, desde la inmigración a la seguridad nacional.

Este nuevo desprecio por el principio de la autodeterminación nacional ha demostrado ser devastador para Israel. Tanto en los Estados Unidos como en Europa, el movimiento que desprestigia al sionismo calificándolo como una forma de racismo sigue ganando fuerza. En Israel también, ya que el "post-sionismo" se convirtió en el término de moda entre las élites en la década de 1990. En este contexto, el antiguo presidente de la Corte Suprema de Israel declaró que el carácter judío del país estaba "en tensión" con la democracia israelí, y procedió a embarcar a la Corte Suprema en una serie de decisiones encaminadas a erosionar gradualmente la situación legal de Israel como un Estado judío. Este proceso llegó a su clímax en la decisión Ka'adan 2000, que declaraba que ciertas políticas propuestas por el gobierno israelí y la Agencia Judía serían ilegales si no estaban en conformidad con el principio de igualdad..

Por supuesto, la igualdad ha sido siempre un valor crucial en Israel. Pero la desaparición de la autodeterminación nacional judía de la lista de objetivos legítimos de la política israelí según la Corte Suprema ponía en entredicho muchos de los objetivos básicos para los que se había fundado el estado. ¿Dentro de cuanto sería ilegal enviar a los servicios de seguridad de Israel a proteger a las comunidades judías en otros países? ¿Se mantendría una Ley del Retorno que ofreciera la ciudadanía automática a los judíos de otras tierras? ¿Se podría enseñar el judaísmo en las escuelas públicas? Estas y otras preocupaciones son las que están detrás de la actualidad propuesta de "Ley del Estado judío", cuyo objetivo es restablecer el statu quo anterior sobre cuestiones de la autodeterminación nacional judía.

Sin embargo, todavía hay razones más profundas para adoptar el modelo político propuesto por la Ley del Estado judío. El modelo político herzliano ha tenido un éxito espectacular. El Estado judío de Israel ha absorbido a millones de refugiados judíos indigentes de las tierras árabes y de la antigua Unión Soviética, ofreciéndoles libertad en vez de persecución, además de oportunidades económicas y escuelas públicas donde sus hijos puedan aprender el hebreo, la historia judía y la Biblia (algo solamente disponible en los EEUU para aquellos judíos que puedan pagarse la matrícula de una escuela privada). Lejos de crear un régimen xenófobo y racista, el Estado judío se ha convertido en una vibrante democracia liberal, el único país del Oriente Medio en el que los cristianos, drusos y otras minorías gozan de libertad de culto y no deben temer por sus vidas.

Este éxito no se ha logrado a pesar del carácter de Israel como Estado del pueblo judío, sino gracias a él. Para comprobar esto, sólo es necesario comparar la trayectoria de Israel y la de otros estados establecidos en la región en torno a la misma época, pero en base a un modelo "multinacional": Siria (independiente en 1946) fue montada por los franceses al forzar la convivencia en un mismo lugar de alauitas, drusos, kurdos, asirios, cristianos y árabes sunitas, ignorando deliberadamente las fronteras nacionales, culturales y religiosas, así como las exigencias de algunos líderes de estos pueblos de poseer sus propios estados independientes. Iraq (independiente 1932) fue una construcción británica similar, imponiendo en un solo estado a pueblos tan radicalmente dispares como los kurdos, los asirios, los árabes sunitas y los árabes chiítas, entre otros. La mayoría de los estados en el Oriente Medio - "pan-árabes" sólo de nombre - fueron construidos por las potencias occidentales bajo esta forma.

Los resultados han sido los que Mill predijo: Israel, construido alrededor de una mayoría judía cohesiva y abrumadora, fue capaz de establecer una estabilidad interna y desarrollarse rápidamente como una democracia que funciona plenamente. Igualmente hay que considerar cómo los demás estados de la región han sido capaces de mantener su integridad, a través de la brutalidad y del terror estatal. La destrucción de la ciudad sunita de Hama por el régimen alauita de Siria en 1982, y el gaseamiento de los kurdos en Halabja por el régimen suní de Irak en 1988, son sólo los ejemplos más conocidos de lo que ha sido un dilema crónica de estos regímenes: una mayor represión o el colapso.

Podemos esperar aún más antes de llegar a esta conclusión, siempre y cuando nos plazca, pero no habrá paz en Siria e Irak hasta que las fronteras se vuelvan a dibujar a lo largo de unas líneas étnicas y religiosas. Al final, los kurdos, los alauitas, los cristianos, los drusos, los árabes sunitas y los árabes chiítas deben tener cada uno su propio Estado-nación, cada uno dedicado al bienestar y los intereses de su pueblo. Y cada uno debe tener su propia "Ley del Retorno" que ofrezca un lugar de refugio y de ciudadanía automática a los miembros dispersos y perseguidos de su pueblo.

En cierto sentido, esta es una visión claramente israelí que surge de la experiencia de “sufrimiento y redención” que experimentaron los judíos en el siglo pasado. Pero también es una visión humana y universal, la única que puede ofrecer una verdadera esperanza para los pueblos devastados de nuestra región. La propuesta de Ley del Estado judío reafirma el compromiso de Israel con el principio político de autodeterminación nacional, el cual ha posibilitado que la existencia de una nación judía libre sea una auténtica realidad de nuestro tiempo. Y creemos que este concepto es un modelo y un faro para los pueblos perseguidos de todo el Oriente Medio, los cuales anhelan alcanzar para sus propios hijos lo que nuestros abuelos lograron para nosotros logrando que Israel pudiera existir.

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