Sunday, July 15, 2018

¿Cuál es el problema con un Estado judío? - Jonathan Tobin - JNS



Es probable que la primera reacción de la mayoría de la gente ante la noticia de que la Knesset aprobará dentro de poco un proyecto de ley que define a Israel como un "Estado judío" sea de incredulidad. Puesto que casi todo lo que concierne a su gobierno y sus instituciones ya refuerzan el propósito de la nación como el hogar nacional del pueblo judío, tal legislación parecería superflua. Pero muchos israelíes parecen pensar que señalar lo obvio sobre su país no es suficiente.

No importa lo que piensen sobre la idea, la mayoría de los israelíes probablemente estén de acuerdo en que las últimas personas que deberían tener algo que decir sobre esta cuestión sean los judíos de la diáspora. Están hartos y cansados ​​de que los kibitzers (término yiddish para ese espectador ajeno que sin embargo opina sin estar involucrado) estadounidenses los juzguen, y en su mayoría sienten que sus primos de la diáspora ignoran las realidades del conflicto con los palestinos, o ven las acciones israelíes a través de una lente crítica distorsionada. Además, dados los enormes problemas demográficos a los que se enfrentan los judíos estadounidenses, muchos israelíes piensan que deberían ordenar su propia casa antes de darles más consejos no solicitados.

Sin embargo, mientras luchan por mantener la naturaleza de su estado, los israelíes que están preocupados por su judaísmo no pueden ignorar el hecho de que tales esfuerzos están ampliando la brecha entre las dos comunidades que aún se necesitan mutuamente.

Estos son tiempos sombríos para aquellos que se preocupan por promover la unidad judía.

Cuestiones culturales, religiosas y demográficas que se han estado infectando durante décadas ya presentaban obstáculos para el entendimiento mutuo. Pero ahora ese abismo se está exacerbando por la política, ya que los estadounidenses y los israelíes siguen profundamente divididos sobre dos cuestiones principales de estos momentos: el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el proceso de paz en Oriente Medio. A los israelíes les gusta Trump casi tanto como los judíos estadounidenses lo desprecian. Los judíos estadounidenses parecen pensar que la falta de paz se debe a las políticas del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, una opinión que solo comparten una pequeña minoría de votantes israelíes.

Como señala un importante ensayo publicado este mes por la revista Mosaic, estas duras divisiones deberían estimular aún más los esfuerzos para fomentar el conocimiento y la unión de estadounidenses e israelíes. El artículo, cuyos autores han sido el presidente saliente de la Agencia Judía para Israel, Natan Sharansky, y el erudito Gil Troy, argumenta que aún es posible enfocarse en un futuro compartido. Si bien el artículo detalla los factores que impulsan estas divisiones, la pareja cree que los elementos comunes, aún poderosos entre estadounidenses e israelíes, dictan no solo esfuerzos adicionales, sino también un camino que implica más comunicación y consulta.

Es una lectura que vale la pena y también contiene una propuesta para un Consejo del Pueblo Judío que tratará de dar a ambos lados de la división un foro para expresar sus diferencias e influirse mutuamente. El consejo es una idea loable, incluso si es extremadamente improbable que alguna vez se convierta en realidad. Sin embargo, la controversia sobre la legislación estatal judía ilustra exactamente por qué más de nosotros deberíamos pensar acerca de cómo los estadounidenses y los israelíes se separan, y qué podemos hacer al respecto.

El ímpetu para esta legislación se debe, como lo ha explicado Netanyahu, a la necesidad de mantener un equilibrio entre la identidad de Israel como un Estado judío y democrático. Los miembros de su coalición creen que se necesita una nueva ley básica (tales leyes forman el contorno de una constitución para Israel) para asegurar que su gobierno incorpore el carácter judío nacional y religioso del país en sus leyes. Pero el problema es cómo hacerlo sin socavar la democracia o infringir los derechos de las minorías no judías.

La mayor parte de la ley estatal judía no es controvertida. Existe un consenso abrumador a favor de reconocer el idioma hebreo, el calendario judío y las vacaciones en una ley básica. Lo mismo se aplica a la naturaleza del estado. La Declaración de Independencia de Israel proclama "el establecimiento de un Estado judío en la tierra de Israel" que serviría como un lugar para la "reunión" de judíos de todo el mundo, al mismo tiempo que protegía la libertad y los derechos de todas las personas que vivan allí.

Mantener el equilibrio entre los carácteres judío y democrático no ha sido fácil, especialmente desde que Israel ha sido atacada por aquellos que buscan su destrucción desde el día en que el primer primer ministro, David Ben-Gurion, leyó esa declaración. Si muchos miembros de la coalición de Netanyahu sienten que la ley es necesaria, es porque creen que algunos de sus oponentes de la izquierda han tratado de socavar su naturaleza judía. Pero han dañado su caso agregando una enmienda al proyecto de ley que permitiría el establecimiento de comunidades donde la residencia pudiera estar restringida por motivos de religión o nacionalidad según el criterio de sus habitantes, y degradando el estado del idioma árabe, que se habla y usa en la señalización en todo el país... pero que no figuraría al mismo nivel que el hebreo. Mientras que la implicación obvia de tal redacción sería la exclusión de los árabes, potencialmente también podría generar un medio legal de excluir a toda persona que no se ajustara a la forma de vida o la visión religiosa de la comunidad en cuestión, pudiendo afectar a judíos, cristianos, árabes, no veganos...

Tanto Sharansky como el presidente israelí Reuven Rivlin han señalado que la Knesset entregaría munición a los enemigos del país si la ley se aprueba en su forma actual. Ellos tienen razón. Igual de importante es que alienará a los judíos de la Diáspora, quienes lo verán como un acto ofensivo de discriminación y de socavación de los valores judíos.

Lo más desalentador de este debate es que algunos políticos israelíes parecen bastante indiferentes al impacto de sus acciones, pues no solo se trata del esfuerzo por defender al Estado judío, sino también el esfuerzo por fomentar la unidad judía. Lo mismo ocurre a menudo con los judíos estadounidenses que hablan sobre el conflicto con los palestinos de una manera que convence a muchos israelíes de que ni entienden ni se preocupan por su seguridad.

Las consecuencias de que los estadounidenses e israelíes continúen ignorando la brecha creciente entre ellos (y las acciones que la amplían) son incalculables. Es hora de que los israelíes recuerden que si quieren un Estado judío, deben tener en cuenta las necesidades de todo el pueblo judío, y que los judíos de la diáspora se relacionen con los israelíes en lugar de simplemente darles lecciones o presumir de moral a su costa. Es por eso que las ideas como las presentadas por Sharansky y Troy deben ser escuchadas. Es vital que hablar sobre la unidad judía y cómo promoverla deje de ser dominio exclusivo de los académicos y comience a ser una prioridad para nuestros líderes en ambos lados de la brecha.

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Friday, December 05, 2014

Israel es el único estado que favorece una tradición religiosa... a excepción claro está de todos los demás - Adam Levick - CifWatch



Si el Guardian o el New York Times publicaran un largo ensayo sobre alguna pequeña y oscura tribu indígena de África con una lengua, cultura y tradición religiosa única en la región, y cuya historia se extendiera varios miles de años y estuviera en peligro de extinción, seguro que sus lectores casi seguro lamentarían su situación. Además, parece ciertamente poco probable que muchos de sus lectores criticaran y desafiaran la vigilancia y protección por parte de la tribu de sus antiguas tradiciones, o su declarado deseo de prevenir la erosión de su identidad étnica y religiosa única.

Aunque este blog ya ha tratado la falsa acusación específicamente legitimada por el Times de Londres de que la nueva  "ley del Estado-nación judío" propuesto por el gobierno de Israel hará de los no judíos unos "ciudadanos de segunda clase", el debate más amplio sobre el derecho de Israel a identificarse con una tradición religiosa específica es el subtexto que subyace en muchos de los debates en línea sobre el conflicto israelo-palestino.

Mientras que parece fuera de discusión que los árabes israelíes - si el actual proyecto de ley llegara a pasar la evaluación de la Knesset - continuarían disfrutando el tipo de los derechos políticos democráticos que sus hermanos étnicos en la región sólo podrían soñar, el debate sobre la ética judía de Israel se ve a menudo nublada por la sugerencia implícita de que el resto del mundo se ha alejado de tales nociones particularistas de la estatalidad.

Esto no es cierto.

Incluso en el Occidente democrático, por ejemplo, las naciones mantienen sistemas codificados de preferencia por los que reclaman o afirman alguna conexión histórica, étnica o lingüística con el estado. Muchos países ofrecen privilegios de inmigración para individuos con lazos étnicos o familiares a esos países - un sistema de preferencia en la inmigración conocido como "jus sanguinis", un "derecho de retorno" de esas personas decididas a compartir los rasgos comunes preferidos y vigentes.

Además, un tercio de los 196 países del mundo, según el Centro de Investigación Pew, tienen banderas nacionales que incluyen los símbolos religiosos.

De los 64 países que entran en esa categoría, según el Pew, casi la mitad tienen símbolos cristianos y alrededor de un tercio incluyen símbolos islámicos. En cuanto al nacionalismo y el Islam, también hay que señalar que no menos de  57 países se autoidentifican como únicamente estados musulmanes.

Israel es, por supuesto, el único país que se autoidentifica como un Estado judío, el único con una mayoría judía, y el único con un símbolo judío en su bandera.

La existencia de un sistema de gobierno judío soberano - con los medios económicos, militares y diplomáticos para proteger a los judíos en su hogar y en el extranjero -, no es un simple deseo religioso, abstracto o ideológico. Más bien, es un enfoque racional para garantizar la seguridad de una pequeña minoría históricamente perseguida que ya no puede correr el riesgo de depender de la buena voluntad de las naciones ilustradas para asegurar su bienestar, y de hecho su propia supervivencia.

Mientras el debate sobre la mejor manera de lograr el equilibrio correcto entre el carácter judío y democrático de Israel es de hecho legítimo, es necesario recordar que los judíos no son la única excepción en su deseo de mantener una ciudadanía mayoritaria unida por una memoria histórica similar y por un destino político y moral común

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Thursday, December 04, 2014

La Ley del Estado-nación judío: Los monolíticos medios de comunicación israelíes - Dror Eydar - Israel Hayom



Un día después de que llegara a la cima la controversia acerca de la propuesta de ley de Israel como el Estado-nación del pueblo judío, el periódico que una vez que tuvo el monopolio informativo sobre el país (y según creen les fue robado), el Yedioth Ahronoth, montó toda una guerra contra la propuesta de ley en su portada. No había ni una sola palabra a favor del proyecto de ley. Todas las citas y todos los artículos de opinión estaban en contra de la propuesta, incluyendo una extraña cita del ministro de Finanzas Yair Lapid, quien dijo que "[David] Ben-Gurion, [Zeev] Jabotinsky y [Menachem] Begin no habrían votado a favor de este proyecto de ley". A principios de esta semana, presenté la prueba de lo contrario.

Yedioth Ahronoth contó para ello con dos de sus principales comentaristas: Nahum Barnea, quien obviamente está en contra del proyecto, y Ben-Dror Yemini, quien, sorprendentemente, también se sitúo en contra. Yemini es una de las últimas personas decentes y sanas que quedan en la izquierda israelí. Si la izquierda en general se comportara de la manera responsable que práctica habitualmente Yemini, es posible que nunca hubiéramos necesitado de un proyecto de ley del Estado-nación judío.

Durante las últimas décadas, decenas de grupos, tanto a nivel nacional como en el extranjero, han unido sus esfuerzos para deconstruir la identidad nacional de Israel, reduciéndola a una entidad multicultural formada por varias nacionalidades bajo el nombre en código de "un Estado de todos sus ciudadanos". Pero hay otra manera de ver las cosas, y sí, puede ser una visión nacionalista, al estilo de la vieja escuela sionista que buscaba fortalecer el principio judío (fortificarlo, no imponerlo) en la idea fundamental de un Israel "judío y democrático". Y sí, Ben-Dror, a veces es necesario hacer hincapié en aquello que incluso puede parecer obvio.

El vehemente y absoluto rechazo del Yedioth Ahronoth de este proyecto de ley refleja el conocido patrón de los medios de comunicación israelíes: la mayoría de los grandes periódicos, la mayoría de las principales web y de los canales de televisión, se sitúan uniformemente contra el proyecto de ley, y no hay personalidad en dichos medios o miembro de la izquierda israelí que se atreva a decir lo contrario. Mientras que este coro canta en perfecta armonía, Israel Hayom canta una melodía diferente: éste periódico apoyó el proyecto de ley mucho antes de que se llevara a votación.

Aunque siempre hay disidentes, parece evidente que la mayoría del público israelí apoya el proyecto de ley. Pero los medios de comunicación israelíes eliminan en sus editoriales y artículos de opinión a esa mayoritaria corriente principal de la opinión pública. Los medios israelíes representan a un universo aparte. Uno paralelo, un arrogante y coercitivo universo que nos sermonea e imparte su sabiduría sobre todos nosotros en contra de nuestra voluntad, y que es completamente intolerante a cualquier punto de vista que difiera del suyo. Si Yedioth Ahronoth pretende representar a la mayoría de la población israelí, ¿por qué ni siquiera permite una voz que represente a esa mayoría, favorable al proyecto de ley del Estado-nación judío? Incluso el Israel Hayom publicó artículos de opinión en contra del proyecto, así pues, ¿por qué no puede el Yedioth publicar un artículo de opinión favorable al proyecto?

¿Y qué piensan ustedes que está sucediendo en las páginas de Haaretz? ¿Alguna opinión diferente? No nos hagan reír. ¿Y qué pasa con el nuevo Maariv? ¿Con la Radio del Ejército? ¿Con Radio Israel, con Canal 2, con Canal 10? La respuesta negativa es obvia para todos. Este es el principio todopoderoso que triunfa sobre cualquier discusión lógica sobre el contenido de los diversos asuntos. ¿Cómo se defines esa práctica "democrática" que genera un enorme y aterrador agujero entre las opiniones del público y la forma en que se reflejan en los medios de comunicación?

Aristóteles, y más tarde Maimónides, nos enseñaron que el valor medio de oro se encuentra entre los dos extremos. El supuesto es que no sabemos toda la verdad, sino que hay algo de verdad en nuestro argumento, al igual que también hay algo de verdad en el argumento de nuestro oponente. Para llegar a un término medio razonable en temas de largo alcance – las cuestiones fundamentales que son esenciales para nuestra identidad y para nuestro futuro como un pueblo que vive en su antigua patria -, para cerrar la brecha entre los puntos de vista opuestos que nos dividen, es importante introducir los puntos de vista del otro, de nuestro contrario. Es importante debatir activamente, rejuvenecer el diálogo intelectual y traer de vuelta las guerras de opinión. Después de todo, nosotros, los judíos, somos el producto de una larga tradición de debate y de argumentación que se remonta a los inicios de los judíos como pueblo.

Así pues, ¿cómo es posibles que los medios de comunicación israelíes no se adhieren a nuestro antiguo código judío? ¿Por qué están tratando de imponer un único y monolítico punto de vista a una de las más diversas arenas intelectuales, sobre todo cuando se trata de cuestiones tan fundamentales que afectan a nuestra identidad? ¿Somos tan estúpidos que necesitamos que solamente Nahum Barnea y Ben-Dror Yemini, y todo lo demás, nos adoctrinen? ¿Ni siquiera un punto de vista alternativo y opuesto?

El engañoso argumento populista que se esgrime contra este proyecto de ley es que dicha propuesta "socava la democracia". Entonces, y siguiendo esa misma argumentación, ¿cómo es posible que esos mismo medios de comunicación israelíes cercenen el derecho democrático a expresar una opinión diferente a la del propio  medio? ¿Qué nos enseña este silencio ensordecedor procedente de la mayoría de los periodistas de Israel, quienes además parecen cerrar filas a la hora de querer cerrar este periódico donde se publican opiniones que en sus medios no se permiten?

Y un último punto, especialmente para aquellas personas de la derecha que apoyan el proyecto de ley del Estado-nación judío y han podido contemplar cómo el Yedioth Ahronoth les abraza temporalmente porque le trajeron un regalo maravilloso bajo la forma de ley anti-Israel Hayom. Ahora, cuando ha llegado el momento de la verdad, el verdadero ADN del Yedioth se les ha revelado y se opone con igual fuerza a los mismos valores que ustedes representan.

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Monday, December 01, 2014

Revelarse como un Estado judío - Rafaél Castro - Ynet



La oposición del centro y de la izquierda sionista ante la propuesta de ley de un Estado-nación judío es un altivo alarde de hipocresía. Los detractores de este proyecto de ley afirman que aleja a los ciudadanos árabes de Israel y desgarra el cuerpo político israelí. ¿Pero los ministros Tzipi Livni y Yair Lapid realmente creen que la minoría árabe de Israel concede tanta importancia a otro proyecto de ley sionista?

Los intelectuales pueden revolcarse en su certeza de que esta ley va a arruinar la vida de la minoría árabe de Israel: ellos deberían saber que las masas árabes tienen prioridades más tangibles, a saber, el empleo, la calidad de las escuelas y del transporte ocupan de una manera mucho más alta su lista de preocupaciones.

Este proyecto de ley plantea un problema real, pero no tanto a los árabes israelíes, sino a la intelectualidad post-sionista que ahora tendrá que aceptar que su país se define abiertamente como el hogar nacional del pueblo judío.

Los días en que estos izquierdistas podían comercializar su país como democrático hacia el mundo exterior y judío para su electorado nacional han terminado.

Eso no sirvió para defender a Israel de ser tachado de racista, similar al apartheid y etnocéntrico por parte de buena parte de sus colegas ideológicos, pero a las élites izquierdistas siempre les gustaba subrayar las credenciales democráticas de la autocomprensión de Israel como un Estado judío y democrático.

Ahora su tarea será más difícil y las invitaciones a las conferencias y recepciones de lujo en París y Londres se secarán..., pues si no se pasan directamente al bando de los obsesos denunciadores de Israel, esos mismos intelectuales israelíes tendrán que asumir su parte de culpa por formar parte de un pueblo que proclama su soberanía sobre uno de los 193 estados miembros de las Naciones Unidas.

Quienes se oponen a este proyecto de ley están de facto oponiéndose a la declaración Balfour y a todas las demás leyes y resoluciones que reconocen la razón de ser de Israel como la patria del pueblo judío.

Si la izquierda se opone a este proyecto de ley por motivos de un genuino universalismo ético, entonces también debería abogar por la derogación de la ley de retorno y otras leyes y reglamentos que más o menos sutilmente favorecen a los judíos sobre los árabes en Israel. El hecho de que sean selectivos en su universalismo muestra cuán es inestable es en realidad el terreno que pisan y celebran.

El proyecto de ley del Estado-nación judío representa, posiblemente, la más valiente declaración sobre la identidad del Estado de Israel que la Knesset haya votado nunca. Se aclara ese oxímoron que representa la definición de Israel como judío y democrático, y opta por una definición menos ambigua que hace justicia a la forma en que la gran mayoría de la población israelí ve a su país.

Pero dicho esto, ser valiente no siempre significa ser inteligente. Este proyecto de ley podría catalizar el aislamiento de Israel en la arena internacional. Con el fin de aclarar este punto, imaginen cuán felices serían los adversarios de la creación de un Estado palestino si Mahmoud Abbas - en deferencia a Hamas y Fatah - se compromete abiertamente a establecer un Estado palestino dedicado a la causa del islamismo y el nacionalismo árabe. Como Abbas sabe bien, a veces es mejor callar en vez de dar a conocer la realidad sobre el terreno. [N.P.: Aquí se equivoca, no creo que una definición de este tipo le provocara demasiado antagonismo entre las élites occidentales, además, todo se solventaría si siguiera utilizando su doble discurso, afirmando en árabe lo que inglés negaría, pues los occidentales siempre prefieren engañarse a si mismos]

Al final del día, el proyecto de ley del Estado-nación judío será un acto de honestidad intelectual que muy pocas personas fuera del redil judío, y ningún país fuera de Israel, es probable que admiren. Pero por otro lado, tampoco el pueblo judío ha gozado de mucha aprecio en el mundo anteriormente.

Si es mejor proclamar la identidad de uno mismo con la cabeza bien alta (y ser así un mejor objetivo para maldiciones y lapidaciones), o fingir que uno es como todos los demás, es el tema que está en el centro de este proyecto de ley.

Hasta ahora Israel ha optado por parecerse a los demás, aceptando ser lo que todo el mundo piensa que debe ser. Aunque la salida es difícil, vivir en el engaño y en la negación de sí mismo es aún más difícil, y más destructivo.

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Sunday, November 30, 2014

La revuelta de la izquierda israelí contra la Ley del Estado judío



El líder del partido Hogar Judío y ministro de Economía, Naftali Bennett, emitió este domingo una fuerte respuesta a la izquierda política, instándola a la calma tras las acaloradas manifestaciones contra el primer ministro Binyamin Netanyahu que organizaron en Jerusalén la noche del sábado.

"Recientemente he escuchado declaraciones de una incitación sin precedentes contra el público nacionalista", afirmó Bennett. "Nos han llamado 'racistas', 'fascistas', un 'cáncer' y 'Hitler' en una manifestación celebrada ayer".

"Llamaron al primer ministro un 'ególatra' ", continuó. "Otro orador pidió a los judíos de los Estados Unidos que retiraran su apoyo a Israel, diciendo que ya no es una democracia. Uno de los principales articulistas del Haaretz ha escrito que 'ha llegado el momento de empezar a jugar sucio'".

"Ustedes mismos parecen haber descarrilado por completo, y ningún ministro parece querer criticarles, no desde luego la ministra de Justicia [Tzipi Livni]", agregó.

"Pero yo le digo a la izquierda: mantengan la calma", continuó. "Paren de hacer llamamientos [contra nosotros] en las calles. La ley del Estado judío es parte del acuerdo de coalición y siempre estará allí, y hablamos de un Estado judío y democrático. No es nada nuevo que no haya estado aquí durante 67 años".

"Lo que desde luego no estaba aquí es esta peligrosa incitación por parte de la izquierda, que trata de cerrar la boca de movimientos democráticos", tronó. "Atrás han quedado los días en que se podía incitar contra la derecha y el silencio era la respuesta. No vamos a callar nunca más".

"No nos avergonzamos de ser de derechas, y no vamos a dejar de promover lo que creemos", declaró. "Al contrario, y les aseguramos que las reglas no cambiarán debido a la incitación contra nosotros en las calles",

Las palabras de Bennett siguen a una crisis en la coalición gubernamental centrada en la Ley del Estado judío y la oposición cada vez más notoria al actual gobierno de los partidos de la oposición.

Estos partidos han recurrido a fuertes declaraciones en los medios de comunicación, a proyectos de ley que proponen un cambio fundamental en los procesos electorales, y a chillar y gritar a los diputados de derecha durante las audiencias de la Knesset para canalizar su indignación con la propuesta de ley.

Después de semanas de tensiones en la Knesset, éstas están siendo extendidas a la esfera pública. Netanyahu también afirmó anteriormente que "se extraerán graves conclusiones en el caso de que los tumultos políticos provocados no se contengan".

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Por qué necesitamos la Ley del Estado judío - Yoram Hazony – Jerusalem Letters



Cuando rugen las guerras civiles en Siria e Irak, Libia y Yemen, y las tensiones entre judíos y árabes en Jerusalén alcanzan niveles no vistos en más de una década, el gobierno israelí ha aprobado una propuesta de "Ley del Estado judío” que confirmará la jerarquía constitucional de Israel como "el Estado-nación del pueblo judío". El primer ministro Benjamin Netanyahu ha dedicado una gran cantidad de tiempo y de atención a esta parte de la legislación, que para los extranjeros podría ser incongruente.

También algunos en la izquierda israelí, apoyados por personalidades importantes en los medios estadounidenses, han insistido en que la ley es una provocación innecesaria, si no es simplemente "racista". De hecho, sin embargo, la Ley del Estado judío es muy necesaria en estos momentos, no sólo para asegurar la viabilidad a largo plazo de Israel, sino también como presagio de una futura solución a la crisis más amplia de legitimidad que ha paralizado todo el sistema estatal en el Oriente Medio.

No obstante, para algunos Israel no necesitaría una Ley del Estado judío. Hasta hace poco, el estatus de Israel como el Estado del pueblo judío nunca había sido seriamente cuestionado. La idea de Israel como un "Estado judío" tiene una historia que comienza con Theodor Herzl, el padre del sionismo moderno, quien había dado este título a su obra de 1896 donde pedía la independencia nacional judía. En las propuestas presentadas posteriormente al gobierno británico, Herzl pidió la ayuda del imperio británico para el establecimiento de un territorio "que deberá ser judío en su carácter, y fundado en las leyes y regulaciones aprobadas para el bienestar del pueblo judío", con un nombre judío y una bandera judía.

Este concepto fue incorporado más adelante en las propuestas británicas y en la ONU para el establecimiento de un Estado judío en Palestina, las cuales culminaron en el plan de partición aprobado por la ONU en 1947. Entre los judíos, el apoyo a tal estado se convirtió virtualmente en universal durante el Holocausto, ya que quedó claro que ni los Estados Unidos ni Gran Bretaña actuarían para salvar a los judíos de Europa (de hecho, Gran Bretaña usó la fuerza para impedir que los judíos escaparan hacia Palestina durante la guerra). En 1948, la Declaración de Independencia de Israel, redactada bajo David Ben-Gurion, utilizó el término "Estado judío" en varias ocasiones. Mucha de la legislación israelí, incluyendo la Ley de Retorno que ofrecía la ciudadanía automática a los judíos de todo el mundo, se basaba en la visión de Herzl del propósito de Israel, la cual fue abrazada junto con el firme compromiso de defender los mismos derechos civiles para los ciudadanos no judíos.

La idea de un Estado-nación dedicado al bienestar de un pueblo en particular no es, por supuesto, una idea exclusiva de Israel. Los movimientos por la autodeterminación nacional se conocían en Europa por lo menos desde la independencia de Holanda en 1581, y habían llevado gradualmente a la independencia a otros pueblos anteriormente conquistados, de Grecia e Italia a Polonia e Irlanda. Dando una voz elocuente a este movimiento, John Stuart Mill en "Sobre el gobierno representativo" (1861), instó a la autodeterminación nacional como el principio organizador más prudente para el orden internacional, con el argumento de que sólo los estados con un alto grado de homogeneidad lingüística y cultural comparten los suficientes intereses comunes para convertirlos en democracias. Sin embargo, tal como escribió Mill, los estados multiétnicos se convertirían necesariamente en tiranías porque sólo la opresión puede mantener los intereses radicalmente contrapuestos de los diferentes pueblos que los conforman. Woodrow Wilson colocó este principio en el centro de sus propuestas para la reconstrucción después de la Primera Guerra Mundial. En esos momentos, la propuesta de Herzl de establecer un Estado judío encajaba perfectamente.

Pero la historia no ha sido amable con la idea de la autodeterminación nacional. A partir de la década de 1960, las élites occidentales se volvieron bruscamente contra el particularismo nacional de cualquier tipo (por lo menos en cuanto a las naciones del primer mundo se refiere), citando a la Alemania nazi como "prueba" de que hacer distinciones nacionales y religiosas es la raíz de casi todos los males políticos. En Europa, el resultado de todo ello ha sido el intento de desmantelar el sistema de estados nacionales independientes y sustituirlo por una Unión Europea. En los EEUU, en la actualidad, se experimenta una profunda aversión a realizar distinciones nacionales o religiosas para casi cualquier propósito o tema, desde la inmigración a la seguridad nacional.

Este nuevo desprecio por el principio de la autodeterminación nacional ha demostrado ser devastador para Israel. Tanto en los Estados Unidos como en Europa, el movimiento que desprestigia al sionismo calificándolo como una forma de racismo sigue ganando fuerza. En Israel también, ya que el "post-sionismo" se convirtió en el término de moda entre las élites en la década de 1990. En este contexto, el antiguo presidente de la Corte Suprema de Israel declaró que el carácter judío del país estaba "en tensión" con la democracia israelí, y procedió a embarcar a la Corte Suprema en una serie de decisiones encaminadas a erosionar gradualmente la situación legal de Israel como un Estado judío. Este proceso llegó a su clímax en la decisión Ka'adan 2000, que declaraba que ciertas políticas propuestas por el gobierno israelí y la Agencia Judía serían ilegales si no estaban en conformidad con el principio de igualdad..

Por supuesto, la igualdad ha sido siempre un valor crucial en Israel. Pero la desaparición de la autodeterminación nacional judía de la lista de objetivos legítimos de la política israelí según la Corte Suprema ponía en entredicho muchos de los objetivos básicos para los que se había fundado el estado. ¿Dentro de cuanto sería ilegal enviar a los servicios de seguridad de Israel a proteger a las comunidades judías en otros países? ¿Se mantendría una Ley del Retorno que ofreciera la ciudadanía automática a los judíos de otras tierras? ¿Se podría enseñar el judaísmo en las escuelas públicas? Estas y otras preocupaciones son las que están detrás de la actualidad propuesta de "Ley del Estado judío", cuyo objetivo es restablecer el statu quo anterior sobre cuestiones de la autodeterminación nacional judía.

Sin embargo, todavía hay razones más profundas para adoptar el modelo político propuesto por la Ley del Estado judío. El modelo político herzliano ha tenido un éxito espectacular. El Estado judío de Israel ha absorbido a millones de refugiados judíos indigentes de las tierras árabes y de la antigua Unión Soviética, ofreciéndoles libertad en vez de persecución, además de oportunidades económicas y escuelas públicas donde sus hijos puedan aprender el hebreo, la historia judía y la Biblia (algo solamente disponible en los EEUU para aquellos judíos que puedan pagarse la matrícula de una escuela privada). Lejos de crear un régimen xenófobo y racista, el Estado judío se ha convertido en una vibrante democracia liberal, el único país del Oriente Medio en el que los cristianos, drusos y otras minorías gozan de libertad de culto y no deben temer por sus vidas.

Este éxito no se ha logrado a pesar del carácter de Israel como Estado del pueblo judío, sino gracias a él. Para comprobar esto, sólo es necesario comparar la trayectoria de Israel y la de otros estados establecidos en la región en torno a la misma época, pero en base a un modelo "multinacional": Siria (independiente en 1946) fue montada por los franceses al forzar la convivencia en un mismo lugar de alauitas, drusos, kurdos, asirios, cristianos y árabes sunitas, ignorando deliberadamente las fronteras nacionales, culturales y religiosas, así como las exigencias de algunos líderes de estos pueblos de poseer sus propios estados independientes. Iraq (independiente 1932) fue una construcción británica similar, imponiendo en un solo estado a pueblos tan radicalmente dispares como los kurdos, los asirios, los árabes sunitas y los árabes chiítas, entre otros. La mayoría de los estados en el Oriente Medio - "pan-árabes" sólo de nombre - fueron construidos por las potencias occidentales bajo esta forma.

Los resultados han sido los que Mill predijo: Israel, construido alrededor de una mayoría judía cohesiva y abrumadora, fue capaz de establecer una estabilidad interna y desarrollarse rápidamente como una democracia que funciona plenamente. Igualmente hay que considerar cómo los demás estados de la región han sido capaces de mantener su integridad, a través de la brutalidad y del terror estatal. La destrucción de la ciudad sunita de Hama por el régimen alauita de Siria en 1982, y el gaseamiento de los kurdos en Halabja por el régimen suní de Irak en 1988, son sólo los ejemplos más conocidos de lo que ha sido un dilema crónica de estos regímenes: una mayor represión o el colapso.

Podemos esperar aún más antes de llegar a esta conclusión, siempre y cuando nos plazca, pero no habrá paz en Siria e Irak hasta que las fronteras se vuelvan a dibujar a lo largo de unas líneas étnicas y religiosas. Al final, los kurdos, los alauitas, los cristianos, los drusos, los árabes sunitas y los árabes chiítas deben tener cada uno su propio Estado-nación, cada uno dedicado al bienestar y los intereses de su pueblo. Y cada uno debe tener su propia "Ley del Retorno" que ofrezca un lugar de refugio y de ciudadanía automática a los miembros dispersos y perseguidos de su pueblo.

En cierto sentido, esta es una visión claramente israelí que surge de la experiencia de “sufrimiento y redención” que experimentaron los judíos en el siglo pasado. Pero también es una visión humana y universal, la única que puede ofrecer una verdadera esperanza para los pueblos devastados de nuestra región. La propuesta de Ley del Estado judío reafirma el compromiso de Israel con el principio político de autodeterminación nacional, el cual ha posibilitado que la existencia de una nación judía libre sea una auténtica realidad de nuestro tiempo. Y creemos que este concepto es un modelo y un faro para los pueblos perseguidos de todo el Oriente Medio, los cuales anhelan alcanzar para sus propios hijos lo que nuestros abuelos lograron para nosotros logrando que Israel pudiera existir.

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Alarmismo y pueblo judío - Avinoam Bar-Yosef - Times of Israel


La semana pasada, mi hijo de 11 años de edad, Ishay, se suponía que iba a participar en una actividad escolar en la que chicos de su edad que forman parte de la red educativa Escuela Democrática, conocerían y promoverían los valores democráticos. Divididos en grupos de diez, tenían que haber tomado el transporte público para visitar puntos de interés apropiados a lo largo de Tel Aviv y luego volver a reunirse para discutir sus impresiones. Una educación democrática es la razón de ser de esta corriente particular dentro del sistema escolar israelí.

El viernes pasado, mi esposa y yo, junto con algunos otros padres nos negamos a permitir que nuestros hijos participaran en una actividad planificada. No fue debido a los elementos democráticos, la principal razón para enviarles a una escuela de este tipo, sino a causa de la reciente ola de ataques terroristas en las estaciones de autobuses y en una sinagoga de Jerusalén.

He comenzado con esta breve historia para ilustrar el ambiente político en el que se propuso una legislación para fortalecer el carácter judío de Israel, y que ha adquirido una nueva dimensión. Leyes similares para consagrar la judeidad de Israel han estado en la nevera durante algún tiempo, pero los sangrientos acontecimientos de las últimas semanas han agudizado la retórica de la derecha israelí, creando una gran preocupación en la diáspora.

El año pasado, la profesora Ruth Gavison fue encargada por el Ministerio de Justicia para investigar estas iniciativas. Ella, a su vez, se acercó al Instituto Judío de Política Popular (JPPI) para explorar las perspectivas de los judíos del mundo sobre la identidad de Israel como Estado judío y democrático. Cuarenta comunidades diferentes, desde Sydney a París, Londres, Nueva York, San Francisco, Sao Paulo y Johannesburgo celebraron seminarios para discutir este tema tan importante.

La gran mayoría de los judíos de todo el mundo esperan que Israel mantenga su carácter judío y sus símbolos estatales. También quieren salvaguardar su carácter de país democrático y pluralista, con igualdad de derechos para todos los ciudadanos, independientemente de la religión, la corriente religiosa, raza o sexo. Un país en el que cada uno de ellos podría sentirse como en casa. Y la gran mayoría de los israelíes están de acuerdo con ellos.

Perturbar ese equilibrio en la visión israelí de crear una sociedad basada en los valores judíos, la democracia y los derechos civiles supondría generar una reacción en cadena que iría más allá de las fronteras de Israel. Puede manchar a Israel ante los ojos del mundo libre y distanciarlo de los judíos de la diáspora que se cuentan como partidarios de la empresa sionista.

Sin embargo, la diáspora judía no comparte los dilemas a los que se enfrentan los israelíes cuando envían a sus hijos a la escuela todos los días, por no mencionar cuando van al ejército. Los judíos de la diáspora viven en un barrio diferente, bajo diferentes presiones. Esto crea diferentes tipos de dinámica. No hay duda de que la legislación final tomará, si finalmente se adopta, un enfoque mucho más suave. El compromiso formulado por el primer ministro incluye una ampliación y fortalecimiento del vínculo entre Israel y la diáspora, lo que se traducirá en una mayor consideración por las actitudes y preocupaciones de los judíos de todo el mundo.

Para lograr esta meta Israel debe entender claramente que los judíos de la diáspora invierten en primer lugar en sus propias sociedades. Que el judaísmo es un componente central de su identidad, e Israel es una comunidad hermana con profundas raíces compartidas. En consecuencia, deben limitarse las expectativas que se tienen de ellos. Al mismo tiempo, las comunidades judías de todo el mundo deben apreciar mejor el precio que pagan los israelíes por salvaguardar el Estado central del pueblo judío y de la civilización judía. Ellos deben entender que los israelíes se sienten aislados y vulnerables en un entorno hostil.

La aprobación del gabinete de la legislación propuesta, con el lenguaje establecido por la derecha política de Israel, refleja un punto de inflexión en la dinámica política interna israelí provocada ​​por esta reciente ola de violencia. Los sentimientos populistas expresados por la derecha israelí buscan capitalizar el miedo que hace que los padres se muestren reacios a enviar a sus hijos a las excursiones escolares. Pero como mi hijo está aprendiendo, la democracia es un proceso con controles y equilibrios.

La disputa dentro del gabinete allana el camino para una negociación de los cambios necesarios en la propuesta de ley antes de su llegada a la Knesset.

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