Friday, December 05, 2014

Israel es el único estado que favorece una tradición religiosa... a excepción claro está de todos los demás - Adam Levick - CifWatch



Si el Guardian o el New York Times publicaran un largo ensayo sobre alguna pequeña y oscura tribu indígena de África con una lengua, cultura y tradición religiosa única en la región, y cuya historia se extendiera varios miles de años y estuviera en peligro de extinción, seguro que sus lectores casi seguro lamentarían su situación. Además, parece ciertamente poco probable que muchos de sus lectores criticaran y desafiaran la vigilancia y protección por parte de la tribu de sus antiguas tradiciones, o su declarado deseo de prevenir la erosión de su identidad étnica y religiosa única.

Aunque este blog ya ha tratado la falsa acusación específicamente legitimada por el Times de Londres de que la nueva  "ley del Estado-nación judío" propuesto por el gobierno de Israel hará de los no judíos unos "ciudadanos de segunda clase", el debate más amplio sobre el derecho de Israel a identificarse con una tradición religiosa específica es el subtexto que subyace en muchos de los debates en línea sobre el conflicto israelo-palestino.

Mientras que parece fuera de discusión que los árabes israelíes - si el actual proyecto de ley llegara a pasar la evaluación de la Knesset - continuarían disfrutando el tipo de los derechos políticos democráticos que sus hermanos étnicos en la región sólo podrían soñar, el debate sobre la ética judía de Israel se ve a menudo nublada por la sugerencia implícita de que el resto del mundo se ha alejado de tales nociones particularistas de la estatalidad.

Esto no es cierto.

Incluso en el Occidente democrático, por ejemplo, las naciones mantienen sistemas codificados de preferencia por los que reclaman o afirman alguna conexión histórica, étnica o lingüística con el estado. Muchos países ofrecen privilegios de inmigración para individuos con lazos étnicos o familiares a esos países - un sistema de preferencia en la inmigración conocido como "jus sanguinis", un "derecho de retorno" de esas personas decididas a compartir los rasgos comunes preferidos y vigentes.

Además, un tercio de los 196 países del mundo, según el Centro de Investigación Pew, tienen banderas nacionales que incluyen los símbolos religiosos.

De los 64 países que entran en esa categoría, según el Pew, casi la mitad tienen símbolos cristianos y alrededor de un tercio incluyen símbolos islámicos. En cuanto al nacionalismo y el Islam, también hay que señalar que no menos de  57 países se autoidentifican como únicamente estados musulmanes.

Israel es, por supuesto, el único país que se autoidentifica como un Estado judío, el único con una mayoría judía, y el único con un símbolo judío en su bandera.

La existencia de un sistema de gobierno judío soberano - con los medios económicos, militares y diplomáticos para proteger a los judíos en su hogar y en el extranjero -, no es un simple deseo religioso, abstracto o ideológico. Más bien, es un enfoque racional para garantizar la seguridad de una pequeña minoría históricamente perseguida que ya no puede correr el riesgo de depender de la buena voluntad de las naciones ilustradas para asegurar su bienestar, y de hecho su propia supervivencia.

Mientras el debate sobre la mejor manera de lograr el equilibrio correcto entre el carácter judío y democrático de Israel es de hecho legítimo, es necesario recordar que los judíos no son la única excepción en su deseo de mantener una ciudadanía mayoritaria unida por una memoria histórica similar y por un destino político y moral común

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