Monday, December 01, 2014

Revelarse como un Estado judío - Rafaél Castro - Ynet



La oposición del centro y de la izquierda sionista ante la propuesta de ley de un Estado-nación judío es un altivo alarde de hipocresía. Los detractores de este proyecto de ley afirman que aleja a los ciudadanos árabes de Israel y desgarra el cuerpo político israelí. ¿Pero los ministros Tzipi Livni y Yair Lapid realmente creen que la minoría árabe de Israel concede tanta importancia a otro proyecto de ley sionista?

Los intelectuales pueden revolcarse en su certeza de que esta ley va a arruinar la vida de la minoría árabe de Israel: ellos deberían saber que las masas árabes tienen prioridades más tangibles, a saber, el empleo, la calidad de las escuelas y del transporte ocupan de una manera mucho más alta su lista de preocupaciones.

Este proyecto de ley plantea un problema real, pero no tanto a los árabes israelíes, sino a la intelectualidad post-sionista que ahora tendrá que aceptar que su país se define abiertamente como el hogar nacional del pueblo judío.

Los días en que estos izquierdistas podían comercializar su país como democrático hacia el mundo exterior y judío para su electorado nacional han terminado.

Eso no sirvió para defender a Israel de ser tachado de racista, similar al apartheid y etnocéntrico por parte de buena parte de sus colegas ideológicos, pero a las élites izquierdistas siempre les gustaba subrayar las credenciales democráticas de la autocomprensión de Israel como un Estado judío y democrático.

Ahora su tarea será más difícil y las invitaciones a las conferencias y recepciones de lujo en París y Londres se secarán..., pues si no se pasan directamente al bando de los obsesos denunciadores de Israel, esos mismos intelectuales israelíes tendrán que asumir su parte de culpa por formar parte de un pueblo que proclama su soberanía sobre uno de los 193 estados miembros de las Naciones Unidas.

Quienes se oponen a este proyecto de ley están de facto oponiéndose a la declaración Balfour y a todas las demás leyes y resoluciones que reconocen la razón de ser de Israel como la patria del pueblo judío.

Si la izquierda se opone a este proyecto de ley por motivos de un genuino universalismo ético, entonces también debería abogar por la derogación de la ley de retorno y otras leyes y reglamentos que más o menos sutilmente favorecen a los judíos sobre los árabes en Israel. El hecho de que sean selectivos en su universalismo muestra cuán es inestable es en realidad el terreno que pisan y celebran.

El proyecto de ley del Estado-nación judío representa, posiblemente, la más valiente declaración sobre la identidad del Estado de Israel que la Knesset haya votado nunca. Se aclara ese oxímoron que representa la definición de Israel como judío y democrático, y opta por una definición menos ambigua que hace justicia a la forma en que la gran mayoría de la población israelí ve a su país.

Pero dicho esto, ser valiente no siempre significa ser inteligente. Este proyecto de ley podría catalizar el aislamiento de Israel en la arena internacional. Con el fin de aclarar este punto, imaginen cuán felices serían los adversarios de la creación de un Estado palestino si Mahmoud Abbas - en deferencia a Hamas y Fatah - se compromete abiertamente a establecer un Estado palestino dedicado a la causa del islamismo y el nacionalismo árabe. Como Abbas sabe bien, a veces es mejor callar en vez de dar a conocer la realidad sobre el terreno. [N.P.: Aquí se equivoca, no creo que una definición de este tipo le provocara demasiado antagonismo entre las élites occidentales, además, todo se solventaría si siguiera utilizando su doble discurso, afirmando en árabe lo que inglés negaría, pues los occidentales siempre prefieren engañarse a si mismos]

Al final del día, el proyecto de ley del Estado-nación judío será un acto de honestidad intelectual que muy pocas personas fuera del redil judío, y ningún país fuera de Israel, es probable que admiren. Pero por otro lado, tampoco el pueblo judío ha gozado de mucha aprecio en el mundo anteriormente.

Si es mejor proclamar la identidad de uno mismo con la cabeza bien alta (y ser así un mejor objetivo para maldiciones y lapidaciones), o fingir que uno es como todos los demás, es el tema que está en el centro de este proyecto de ley.

Hasta ahora Israel ha optado por parecerse a los demás, aceptando ser lo que todo el mundo piensa que debe ser. Aunque la salida es difícil, vivir en el engaño y en la negación de sí mismo es aún más difícil, y más destructivo.

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