Sunday, January 18, 2015

¿Cuánto más durará? - Daniel Gordis - JPost



 En esta columna, hace sólo seis semanas, escribí lo siguiente: "Europa ya no es lo que era y el antisemitismo está nuevamente de moda. La Francia que conocíamos arriesga a convertirse en cada vez más musulmana. Algunas zonas de Londres son demasiado peligrosas para que caminen por ellas los judíos observantes. Y en el Oriente Medio, Occidente todavía no se ha decidido a destruir lo que es claramente la mayor amenaza a la civilización occidental desde el nazismo... Pero realmente yo no creo que los franceses quieran abandonar cientos de años de literatura francesa, de arte, de música y de filosofía que serían estranguladas por una paulatina implantación de la Sharia. Un día, los franceses escucharán que otro pueblo ha cedido a las demandas musulmanas, y cuando sienten que París será el próximo, actuarán. Francia entonces estará de vuelta".

Cómo me gustaría que me había equivocado, al igual que todos deseamos que París no hubiera conocido tal tragedia y tal horrible sufrimiento. Aún así, podríamos estar diciéndonos a nosotros mismos, al menos una llamada de atención ha llegado y ha sido captada, ¿no es así? Después de todo, Patrick Klugman, el teniente de alcalde de París, dijo claramente: "Este es nuestro 11-S".

Lo que es casi tan triste como los ataques en sí mismos - o tal vez aún más triste - es que la analogía del 11-S sea tan acertada. Porque en los EEUU el 11-S no cambió casi nada. Nadie quería hablar sobre el verdadero enemigo. EEUU fue a la guerra pretendiendo que iba contra el enemigo, pero no fue así. El enemigo no era Irak o Afganistán; el enemigo era aquello en lo que se estaba convirtiendo el Islam.

En París, sin embargo, al igual que en Washington, también todavía muchas personas de las élites están dispuestos a formar parte de la farsa. Comparen al presidente francés, François Hollande, con el presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sisi. En sus declaraciones a la nación después de los ataques, Hollande dijo que "Estos fanáticos no tienen nada que ver con el Islam".

¿En serio? Ellos mismos dijeron que sí tenía que ver. Ellos gritaron en la calle que habían vengado al "Profeta". Ellos posaron delante de las banderas de Estado islámico. El atacante en el supermercado kosher interrumpió la tortura emocional de sus víctimas para postrarse y orar a Allah. ¿Nada pues que ver con el Islam? Así que uno no tiene más remedio que preguntarse: ¿Los franceses va a reprochar a Hollande esta estupidez? ¿O es que Francia, tal vez, de verdad quiere creerse esas mentiras y desvanecerse?

¿Quién conoce mejor el Islam, François Hollande o Abdel Fattah al-Sisi? Sisi, a diferencia de Hollande, parece entender lo que está en juego y no está dispuesto a complacer a nadie. Él es mucho más honesto: "Debido a lo que el Islam se ha convertido", admitió, "el mundo islámico hace enemigos en todo el mundo. ¿Creen que 1.600 millones de personas [en el mundo musulmán] matarán al resto del mundo con 7.000 millones? Eso es imposible... Necesitamos una revolución religiosa".

Sisi tiene razón, pero sólo parcialmente. Sí, el Islam necesita una revolución, pero también la necesita Occidente. ¿Cómo si no podemos explicarnos la ceguera de Hollande? ¿O la de la Casa Blanca, donde su secretario de prensa Josh Earnest afirmó (de manera harto incomprensible), tras el ataque a la sede del Charlie Hebdo, que el "problema no era el Islam, sino la islamofobia":
"Hemos disfrutado de un éxito significativo a la hora de alistar a los líderes de la comunidad musulmana, y como he dicho, tanto en los Estados Unidos como en todo el mundo, condenamos ese tipo de mensajes (islamófobos) y condenamos los esfuerzos para radicalizar a las personas (musulmanes), y tenemos claro cuáles son en realidad los principios del Islam. Y vamos a redoblar los esfuerzos en los próximos días y semanas".
El propio presidente de EEUU, Barack Obama, dijo algo similar en su discurso en El Cairo - ahora, visto todo lo sucedido en la región, bastante infame -, donde estuvo asistido, entre otros, por los Hermanos Musulmanes que Sisi, a diferencia de Occidente, tuvo el valor de derribar:
 "He conocido el Islam en tres continentes antes de venir a la región en la que se reveló por primera vez. Esa experiencia guía mi convicción de que alianza que debe existir entre los Estados Unidos y el Islam debe basarse en lo que el Islam es, no en lo que no lo es. Y considero que es parte de mi responsabilidad como presidente de los Estados Unidos luchar contra los estereotipos negativos del Islam dondequiera que aparezcan".
Los estereotipos negativos se deben evitar, por supuesto, a menos claro que sean correctos. ¿Los presidentes de Francia y de los EEUU (el último de los cuales no se molestó en asistir a la manifestación unitaria gigante en París) realmente creen que Estado islámico, el grupo islamista Boko Haram, el 11-S, los ataques de París y otras docenas de incidentes sangrientos perpetrados por musulmanes no dicen nada acerca de lo que se ha convertido parte del Islam?

Imaginen un mundo en el que Barack Obama jugara menos de golf y leyera más libros. En ese mundo, me permito sugerir que se haga una copia del libro de Robert R. Reilly "La cerrazón de la mente musulmana". Reilly, un miembro importante del Consejo de Política Exterior de loa Estados Unidos, hace una afirmación muy simple: el Islam, dice, inicialmente abrazó la racionalidad y el estudio científico que se había heredado de los griegos, pero en algún lugar alrededor del siglo IX, rechazó conscientemente la racionalidad, insistiendo en que Dios detesta la razón, y luego abrazó una peligrosa forma de irracionalismo teológico.

Esa reinvención religiosa, insiste, hace que el Islam sea totalmente incapaz de abrazar la ciencia, la democracia y el razonamiento filosófico hasta este mismo día. Y hace que el yihadismo no sea una aberración, sino una consecuencia casi inevitable del Islam.

Reilly puede estar en lo cierto, y puede estar equivocado. Cualquiera que sea nuestra opinión sobre sus afirmaciones, sin embargo, sus argumentos son, al menos, cuidadosamente documentados. Sin embargo, nadie en la parte superior de la cadena alimentaria política, es decir, entre las élites gobernantes en Washington o París, es ni remotamente abierto a oír opiniones como las suyas. En este caso, no ver, no oír y no ver ningún mal es, al parecer, el plan.

Sería risible si no fuera tan aterrador. Patrick Klugman estaba en lo cierto, por cierto. Este fue el 11-S de Francia. El liderazgo de los Estados Unidos no llegó a ninguna conclusión sobre el Islam cuando Nueva York fue atacado, y Hollande parece empeñado en seguir esa gran nueva tradición americana.

La suya puede ser una reacción noble, incluso decente, que algunos abrazarán. Pero para otros es completamente equivocada. Pretender que un problema no es un problema casi siempre es un error mortal. En este punto, incluso Neville Chamberlain (el autor del pacto con Hitler en 1938) se habría dado cuenta.

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