Saturday, January 24, 2015

¿Está Irán detrás del asesinato de Alberto Nisman? - Lee Smith - Tablet



Después de especular en público sobre lo que impulsó a un hombre a quitarse la vida, la presidenta de Argentina Cristina Kirchner dice ahora que Alberto Nisman, el fiscal especial para el atentado de 1994 contra el Centro de la Comunidad Judía de Buenos Aires que mató a 85 personas e hirió a cientos, no se suicidó después de todo.

"En Argentina, como en todos los lugares, no todo es lo que parece ser, y viceversa", dijo Kirchner en un comunicado publicado en su Facebook y Twitter. Según Kirchner, de 51 años de edad, Nisman, quien fue encontrado la noche del domingo en su apartamento con una herida de bala en la cabeza, fue asesinado para hacer quedar mal al gobierno argentino y a su presidenta. Según la forma en que ella lo ve, su investigación del caso AMIA erróneamente la implicaba en un encubrimiento para proteger a la República Islámica de Irán, y su asesinato la implica injustamente como parte de una gran conspiración para silenciarlo.

Tal vez Kirchner tuvo algo que ver con el asesinato de Nisman o tal vez fuera cosa de una facción de la comunidad de inteligencia argentina, tal como también se ha señalado. Pero hay otro jugador aquí que no debe pasarse por alto, y es Irán.

La investigación de Nisman concluyó que Teherán era responsable tanto del coche bomba de 1994 como del ataque de 1992 contra la embajada de Israel en Buenos Aires, el cual mató a 29 personas e hirió a 242. Analistas, periodistas y servicios de inteligencia occidentales han creído durante mucho tiempo que Irán estaba detrás de los dos atentados. Sin embargo, lo que distinguía la investigación de Nisman era el motivo que atribuyó a los iraníes para castigar a Buenos Aires: en primer lugar por el estancamiento y luego por cancelar los acuerdos bilaterales en materia de tecnología nuclear.

La interpretación de Nisman iba en contra de la comprensión habitual de estos dos ataques. La mayoría de los observadores argumentaron que el ataque contra la embajada de Israel en 1992 se produjo en represalia por el asesinato por parte de Israel del entonces secretario general de Hezbolá Abbas Musawi. El atentado de la AMIA en 1994 sería simplemente según esta idea una continuación del ataque de 1992.

Sin embargo, como Nisman me explicó hace varios años en Washington DC, las redes iraníes no estaban preparadas para una respuesta tan rápida. Según Nisman, el ataque del 17 de marzo, cuando se produjo el ataque a la embajada israelí, había sido planeado mucho antes del 16 de febrero, fecha del asesinato de Mussawi, e inclusive el coche utilizado en el atentado había sido preparado antes del invierno.

Además, vale la pena recordar que los iraníes no tienen el hábito de utilizar sus redes, cuidadosamente establecidas, para tomar represalias cuando sus activos árabes, como era el caso del jefe de Hezbolá, son eliminados. Si los árabes quieren vengarse de Israel, por ejemplo, por haber matado a Imad Mughniyeh en Damasco en 2007, el supuesto autor intelectual de las operaciones en Argentina, eso podrán hacerlo siempre y cuando lo hagan teniendo en cuenta su propio tiempo. Las operaciones terroristas iraníes se libran sólo con el propósito de avanzar los intereses estratégicos de Teherán.

El entonces presidente de Argentina, Carlos Menem, quería mejorar las relaciones con Occidente, especialmente su gran vecino del norte. Según Nisman, fue cuando Menem sucumbió a la presión de la Casa Blanca con Clinton, cuando Teherán optó por presionar a Buenos Aires a su manera, con espectaculares actos de terror.

¿Por qué entonces, le pregunté a Nisman, los iraníes se dirigieron contra los judíos, primero la embajada de Israel y luego la AMIA, para enviar un mensaje al gobierno argentino? Nisman, un judío argentino no observante, me contestó que los judíos eran un blanco conveniente. ¿Por qué no atacar una pequeña comunidad con éxito y enviar la advertencia de que la próxima vez podrían atentar contra una comunidad de argentinos realmente importante?

Cuando el gobierno de Kirchner anunció hace dos años que establecía una "comisión de la verdad" independiente para investigar los ataques contra el principal sospechoso - Irán -, la comunidad judía del país, al igual que Israel, se puso en pie de guerra. El viceministro de Asuntos Exteriores Danny Ayalon comparó ese comisión "a invitar al asesino a participar en la investigación del asesinato".

Parece que el objetivo de esa "comisión de la verdad" era enturbiar aún más las aguas, y, finalmente, ayudar a exculpar a Irán de cualquier responsabilidad por los ataques. Nisman encontró evidencias de que funcionarios argentinos de alto nivel, entre ellos la propia Kirchner, participaron en el encubrimiento. A cambio de exculpar al líder supremo iraní Ali Jamenei, al presidente Ali Akbar Rafsanjani y a otros altos funcionarios, incluyendo el agregado "cultural" Mohsen Rabbani, que se cree que era el responsable de la planificación de los peores ataques terroristas habidos en la historia de Argentina, los productos agrícolas argentinos tendrían acceso a los mercados iraníes, y Teherán enviaría petróleo barato a Argentina.

Cristina Kirchner y muchos funcionarios de su gobierno tenían un obvio interés en silenciar a Nisman. Pero hay otros que tenían un muy poderoso motivo. Si según el entendimiento de Nisman, el objetivo de los ataques de 1992 y 1994 era castigar a Argentina por reconsiderar su relación bilateral con Irán con respecto a su expediente nuclear, el asesinato del fiscal especial de esos dos atentados simplemente subraya que Teherán considera su programa nuclear como de vital interés.

Con la atención del mundo dirigida hacia Ginebra, donde el secretario de Estado John Kerry y su homólogo iraní Javad Zarif están negociando un acuerdo permanente sobre el programa nuclear de Irán, Teherán ha podido cambiar el foco dirigiéndolo hacia un cuarto de baño de un apartamento de Buenos Aires, donde un hombre con coraje y integridad fue asesinado a principios de esta semana. Sea o no sea Irán quien esté detrás del asesinato de Alberto Nisman, el trabajo de su vida fue tratar de demostrar que Irán apretó el gatillo en 1992 y 1994. Su asesinato nos recuerda lo que los iraníes son capaces de hacer.

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