Saturday, January 31, 2015

François Hollande, el filosemita ambiguo. Una agresiva "declaración de amor" a los judíos de Francia - Luc Rosenzweig - Causeur



El discurso de Hollande del 27 de enero en el Memorial de la Shoah, con motivo de la conmemoración del 70 aniversario de la liberación del campo de Auschwitz-Birkenau, estaba destinado a dejar huella y marcar una fecha: una actualidad sangrienta había entrado en colisión con el calendario conmemorativo, y la palabra del Estado, de la República, en estos momentos, era necesaria y esperada. Y lo era especialmente para los judíos de Francia, quienes recientemente habían experimentado una secuencia doblemente dramática: el 7 de enero, el asesinato de cuatro hombres judíos por ninguna otra razón más que la de ser judíos, seguido de la toma de consciencia de que éstas víctimas, ellas solas, no habrían suscitado una manifestación masiva del pueblo de Francia como la que se produjo el 11 de enero.

La inmensa mayoría de los manifestantes de la República no eran "más que Charlie", pues el "nombre judío" (en el sentido asignado por Jean-Claude Milner) se había revelado incapaz de producir tal unidad, como ya se demostró con los asesinatos de Merah. El espectro de Raymond Barre clasificando a las víctimas del atentado de la calle Copernic, y distinguiendo a los "franceses inocentes" de los judíos franceses, no tan inocentes por lo visto, volvía para asediar nuestros recuerdos.

La clase política, los medios de comunicación, tomaron por fin consciencia de un fenómeno que durante tanto tiempo habían ignorado gobiernos y líderes de opinión: la pérdida de confianza de muchos judíos franceses en las instituciones de la República. La manifestación más espectacular y dramática de este sentimiento es, por supuesto, el gran aumento de la aliya, la emigración a Israel, pero está lejos de ser la única. ¿A quién le ha importado, en las últimas décadas, la deserción de los judíos franceses de la escuela pública, lo cual ha provocado que hoy en día dos tercios de esta población confía sus hijos a instituciones educativas privadas, judías e incluso cristianas, y que ya no se encuentre a un solo niño judío en las escuelas de las llamadas zonas sensibles (suburbios de población inmigrante)?.

Incluso hoy en día, los que había alertado de este fenómeno, los que habían analizado las causas, los autores del libro "Los territorios perdidos de República", son excluidos y mantenidos mantenidos a distancia por la task force intelectual movilizada con urgencia por el Ministerio de Educación dirigido por Najat Vallaud-Belkacem, favoreciendo por el contrario a los sociólogos de la EHESS, los cuales han manifestado ampliamente su ceguera, y a esos otros defensores del pensamiento basado en las excusas. En este contexto marcado por el desasosiego de los principales interesados, el discurso presidencial tomaba un peso singular, incluso si su contenido ya se había puesto de manifiesto, en parte, durante el discurso de Manuel Valls ante la Asamblea Nacional. Por tanto, es apropiado citar de manera textual el pasaje clave de este discurso, el cual redefinía a la luz de los recientes acontecimientos, la relación entre los judíos franceses y la República:
"El incremento de los actos antisemitas se ha convertido desde hace años en una realidad insoportable. Su número se ha duplicado el año pasado: agresiones, comportamientos antisociales, vandalismo. Esta plaga ha conducido, lo sé, a algunos judíos franceses a cuestionar su presencia en Francia. Francia, a la cual ellos han dado todo su corazón, y a la cual han sentido profundamente en el curso de su vida, con sus alegrías y tristezas. Esta Francia que los ama, como ama a todos los hijos de la República, pero es en esta Francia donde a veces ya no se sienten más seguros. Y esta duda, esta interrogación, es una herida, una terrible herida para la República, y tiene que sanarla, debe curarla
Vosotros, franceses de confesión judía, vuestro lugar está aquí, en vuestra casa. Francia es vuestra patria. A ella le disteis vuestro talento, vuestro trabajo, vuestro coraje, y a veces la sangre. Nuestro país ya no sería más Francia si tuviera que vivir sin vosotros, y si el terrorismo os condujera a alejaros de la tierra de Francia, de la lengua francesa, de la cultura francesa, de la República Francesa que emancipó a los judíos. Entonces eso supondría que el terrorismo habría logrado su objetivo
Se puede, ciertamente, leer estas líneas como una declaración de amor de un presidente de la República por sus conciudadanos judíos, aunque la metáfora materna ("Francia ama a sus hijos") puede ser desconcertante: prestar sentimientos a una nación es casi tan pertinente como pensar, contra Spinoza, que el concepto de perro muerde...

Se nos permitirá, sin embargo, proponer una lectura más crítica de las palabras del presidente, cuyo significado más profundo se les ha escapado en gran medida a aquellos  no concernidos directamente, es decir al 99% de los franceses. El apóstrofe, en primer lugar: "Vosotros, franceses de confesión judía...". Clermont-Tonnerre sale de su cuerpo... ¿Ese recordatorio implícito del carácter individual de la emancipación de septiembre de 1791 (la República aún no había nacido) es bienvenido dos siglos más tarde, cuando los judíos de Francia ya han proporcionado pruebas suficientes de que ellos se han adherido individual y colectivamente a los principios fundamentales de la Nación y de la República, quizás más que otros grupos dentro de la comunidad nacional? ¿Sus palabras nos devolverían, ahora mismo en el 2015, a tratar de evitar el "nombre judío" y a su sustitución con eufemismos como "franceses de confesión mosaica", propios de Napoleón I, o "israelitas", propio de la Tercera República?

Esta reducción de la dimensión del ser judío a su ámbito parroquial, esta asignación a la residencia sinagogal encubre la negación de un derecho de los judíos de Francia, patriotas ejemplares, a considerarse como partes integrantes de un destino colectivo que engloba a los judíos, religiosos o no creyentes, franceses o patagones, o incluso israelíes, todos miembros de esta religión-pueblo.

Ninguna nación democrática donde viven judíos se toma, como es el caso de Francia, hasta tal punto y al pie de la letra ese disfraz semántico: jew, juden, judíos, ebrei, jooden llevan su nombre sin circunloquios o contorsiones de vocabulario en sus propios países. Esta concepción tristemente binaria de la pertenencia, induce a un terrible resultado cuando uno lee: "Vosotros, franceses de confesión judía, vuestro lugar está aquí, en vuestra casa. Francia es vuestra patria". Esta semántica significa realmente otra cosa, sobre todo cuando en su lugar se podría decir: "Judíos de Francia, estáis en vuestra casa, en vuestra patria".

Muchos lo entenderán, y no se equivocarán, como un mandato conminatorio y una advertencia: su lugar está aquí y no en otro lugar, a menos que ustedes quieran cortar con la comunidad nacional, lo que por cierto, se añade en esencia, nos causaría sufrimientos intolerables. En resumen, si ustedes judíos franceses planean dejarnos, sobre todo para irse a ese lugar que no nombraré (pero que se sobrentiende - Israel -), ustedes serán responsables de los daños inflingidos a Marianne (figura alegórica, personificación y uno de los símbolos nacionales de la República Francesa).

En fin, proclamar que sin los judíos franceses Francia ya no sería más Francia puede parecer halagador, pero significa volver a acusar a los judíos franceses de destruir Francia si tratan de marcharse. ¿A quién más se dice en Francia eso? Ni siquiera a los corsos o a los vascos tentados por la independencia. Esta no es una declaración de amor, sino una especie de arresto domiciliario.

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