Tuesday, January 06, 2015

Muy recomendable: El palacio del sueño del árabe. La fantasía de Palestina siempre tendrá una ventaja sobre la realidad de Israel - Bret Stephens - Wall Street



 Hace una década, escribí un artículo de opinión sobre la elección de Mahmud Abbas como presidente palestino tras la muerte de Yasser Arafat. Se tituló "Del hombre fuerte a buen hombre". Creo que quedará en los anales de los más pésimos juicios políticos.

Tal vez sea porque me había pasado algunos años trabajando en Jerusalén - observando de cerca como Arafat bombardeaba a los israelíes mientras embaucaba a los occidentales - que me sentía optimista sobre el futuro de Palestina. Tal vez fuera porque era demasiado entusiasta con la promesa de la democracia árabe, y con la noción de que los elevados al poder a través de una votación descartarían las balas.

O quizás simplemente estaba impresionado con el propio Mr. Abbas, con su semblante de abuelo y su retórica progresista. "Necesitamos instituciones jurídicas limpias para que puede considerarse una sociedad civilizada", le oí decir en una reunión muy concurrida en Ramallah, justo un día antes de la elección. También porque dijo que "no vamos a permitir ningún tipo de armas ilegales" y "tenemos que hacer que la ley sea el líder de este país, y nadie pueda estar por encima de la ley".

Todo eso sonaba bastante bien: el estado de Derecho, medidas drásticas contra la violencia, un énfasis en la creación de instituciones, el final del culto a las personalidades tóxicas. Todo lo que se necesitaba era un líder que implementara el cambio, junto al pueblo que lo aceptara.

Pero el Mr. Abbas no era ese líder. Y los palestinos no eran ese pueblo. Un año después de la victoria presidencial de Abbas, Hamas obtuvo la victoria parlamentaria.

Las personas que están en el negocio de elaborar excusas para los palestinos y sus apologistas, que son legión, "sabiamente nos explicaron" que el voto a favor de Hamas no era un apoyo público a un grupo terrorista que juraba perseguir la aniquilación de Israel, sino más bien un voto contra la corrupción de Fatah, el partido de Abbas. Como si ambas proposiciones no pudieran ser ciertas. Como si los palestinos no fueran conscientes de las intenciones de Hamas. Como si un voto en contra de la burocracia venal paliaba el voto por unos violentos ideólogos.

Así ha sido con el resto de fiascos en serie de Mr. Abbas durante esta década, que culminaron en su fallido intento la semana pasada de forzar una votación en el Consejo de Seguridad sobre un Estado palestino. En 2005, Israel se retiró de la Franja de Gaza dejando a Abbas a cargo y dándole la oportunidad de hacer algo por el territorio. Pero Gaza se disolvió en una guerra civil en cuestión de meses. En 2008, Israel ofreció a Mr. Abbas un estado que cubría el 94% de Cisjordania, compensándole con un 6% del territorio israelí y un puente terrestre a Gaza. Abbas nunca aceptó la oferta.

En marzo pasado, el presidente Obama le ofreció personalmente a Mr. Abbas un acuerdo "marco" patrocinado por los Estados Unidos. Una vez más, Mr. Abbas puso reparos. Al mes siguiente, Mr. Abbas firmó un pacto de "reconciliación" con Hamas. La guerra llegó en el verano.

Ahora Mr. Abbas se ha movido de tener el "Estado de Palestina" a unirse a la Corte Penal Internacional, principalmente con el fin de acosar y quizás arrestar a militares y políticos israelíes con la falsa acusación ​​de crímenes de guerra. El gambito fallará por la sencilla razón de que dos pueden jugar ese mismo juego.

Así pues, ¿por qué seguir perseverando con Mr. Abbas?

Porque, como el fallecido Fouad Ajami conocía tan bien, los placeres de soñar siempre son mejores que las labores de construcción, al igual que la retórica acerca de la justicia, el patrimonio y los derechos siempre será mucho más emocionante y estimulante que atender la letra pequeña y las pequeñas indignidades de los compromisos. Por consiguiente, Abbas rechaza sistemáticamente un Estado palestino porque tal estado es infinitamente más trivial que la propia lucha palestina. El "poder ser" es más atractivo que el ser. En tanto que "Palestina" está en proceso de ser, importa. Una vez que ya exista, ya no importará tanto. ¿Cuántas veces algún futuro presidente de un estado palestino ya establecido volverá a visitar la Casa Blanca?

Esto explica por qué un estado palestino - uno razonablemente pacífico y próspero, en todo caso - representa el auténtico interés de Israel. Y por qué ningún líder palestino jamás aceptará tal estado en cualesquiera condiciones. Después de la corriente sin fin de rechazos palestinos, desde el plan de partición de la ONU de 1947 a los "tres noes" de la Resolución 1967 de Jartum y la negativa de Arafat a aceptar un acuerdo en Camp David en 2000, se empieza a percibir el patrón siempre vigente. Palestina nunca podrá aspirar a competir con Israel excepto en el sentido de que la "fantasía de Palestina siempre tendrá una ventaja sobre la realidad de Israel".

Durante un almuerzo frente al mar, ayer en Tel Aviv, un astuto amigo israelí tenía la siguiente contra-fantasía: ¿Qué ocurriría si los líderes occidentales se negaran a recibir las llamadas de Mahmoud Abbas? ¿Y si ellos señalaron que, en el amplio espectro de los intereses globales, desde Europa Oriental hasta el Mar del Sur de China, la cuestión del Estado palestino ocupa un lugar bastante bajo, por ejemplo, ante la perspectiva de la independencia de los valones? ¿Qué pasa si estos líderes observaran que, en la escala de las tragedias humanas, la supuesta situación de los palestinos no tiene que ver con el sufrimiento humano en Siria o Sudán del Sur?

En ese caso, el palacio del sueño palestino podría reducirse a su tamaño adecuado, y los atractivos del arte de gobernar se percibirían con más claridad. Una paz genuina entonces podría ser posible.

No contengan la respiración.

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