Saturday, February 07, 2015

¿Qué gana Netanyahu yendo contra Obama? - Shmuel Rosner - Jewish Journal



Los argumentos que sustentan la decisión del primer ministro Netanyahu de aceptar la invitación para hablar sobre Irán en el Congreso no son muy convincentes. Las desventajas son obvias mientras que el beneficio es cuestionable. No es de extrañar, entonces, que la mayoría de los expertos y analistas saludaran su decisión con escepticismo.

Y es aún menos sorprendente que los críticos de Netanyahu la saludaran con desprecio. Sus críticas contra ella eran simples: "él lo hace por razones políticas, para beneficiarse a sí mismo, no a Israel". O en una formulación mucho menos caritativa: "él está dispuesto a ir tan lejos como para dañar a Israel para así aumentar su propia oportunidad de obtener beneficios políticos en las próximas elecciones".

Esta afirmación, como escribí la semana pasada, es problemática porque es especulativa. Los críticos no tienen forma de saber realmente si la motivación que está detrás de la decisión es de carácter político. Ellos asumen que las motivaciones de Netanyahu son políticas, ya que tienden a asumir lo peor cada vez que Netanyahu está involucrado.

Pero esta afirmación es problemática por otra razón: para que sea razonable, uno tiene que probar primero que Netanyahu puede realmente ganar algo hablando en el Congreso. En otras palabras: para que la motivación política que reclaman sea creíble, tienen que demostrar que luchar contra Obama es políticamente beneficioso para Netanyahu.

Bueno, ¿no es así?

Varios articulistas han estado muy cerca de afirmar eso en los últimos días, sobre todo Mark Thiessen, del Washington Post. "De hecho", escribió, "las encuestas en Israel se han movido en una dirección favorable a Netanyahu desde que comenzaron los ataques de Obama [sobre la próxima visita de Netanyahu]. Hace dos semanas, la alianza opositora Campo Sionista lideraba las encuestas por tres escaños. La semana pasada, su ventaja se había reducido a dos. Ahora, el Likud ha tomado la delantera por un escaño". 

Daniel Halper, del Weekly Standard, encontraba irónica la idea de que "la intromisión de la administración Obama en la política israelí está haciendo que una derrota electoral de Netanyahu ... sea cada vez menos probable".

Objetivamente, Thiessen tiene razón. En las últimas encuestas el partido Likud se está fortaleciendo. Pero, ¿es este el resultado de la batalla con Obama, o tal vez el resultado de la tensión en la frontera libanesa, o tal vez el resultado de algunos miserables errores del líder de Habayit Hayehudi, Naftali Bennett?

La evidencia es mixta y confusa.

Por un lado, Obama sigue siendo un presidente americano con muy bajos índices de aprobación entre los israelíes. He escrito sobre este fenómeno muchas veces en los últimos años, y estoy bastante seguro de que a pesar de algún movimiento favorable del presidente Obama, el bajo nivel de confianza hacia él entre los israelíes no es probable que cambie. Hace dos meses, una encuesta realizada por el Centro Begin-Sadat encontró que "la posición de Obama sobre Israel es percibida como positiva por aproximadamente un tercio (37%) de los encuestados, y como negativa en un porcentaje similar (37%) de los encuestados... Pero una cuarta parte (24%) de los encuestados atribuyen al presidente Obama una actitud neutral hacia Israel". Neutral, en este contexto, es sólo una forma cortés de expresar insatisfacción, por lo que el porcentaje total de los israelíes insatisfechos se debe colocar en el 61%.

Hace apenas dos días, en la encuesta del Índice de la Paz de enero, el 61% de los judíos israelíes dijeron que creían que "hay una alta probabilidad de que Obama apruebe la firma de un acuerdo sobre la cuestión nuclear iraní, incluso si el gobierno israelí opina claramente que, en su opinión, el acuerdo pone en peligro la seguridad de Israel". Es cierto que todavía hay muchos israelíes que dicen que Obama está comprometido con la seguridad de Israel. Pero estos no son los votantes de Netanyahu. Entre ellos, el veredicto es claro: el 100% de los votantes autodeclarados del Shas, el 94% de los votantes de Bait Yehudi, el 93% de los votantes del Likud, y el 85% de los votantes de Yisrael Beytenu, todos ellos coinciden en que hay una alta probabilidad de que Obama firme un "mal acuerdo" con Irán.

Sin embargo, "más del 57% de los judíos de Israel (y el 55% de los israelíes) creen que Netanyahu no debería haber aceptado la invitación para hablar en el Congreso". La mitad de los judíos israelíes creen que "la visita dañará los intereses de Israel". Una encuesta realizada por el profesor Camil Fuchs para el Haaretz mostró resultados similares. El 46% de los israelíes dicen que Netanyahu "no debería ir" al Congreso si esto significa "deteriorar las relaciones con la Casa Blanca". Y sólo una pequeña minoría de los israelíes – el 19% - cree que el discurso puede ayudar a detener la "carrera hacia una bomba nuclear" de Irán.

En otras palabras: "la mayoría de los israelíes no ven beneficios en el discurso, por lo que la mayoría cree que debería ser cancelado".

Por otra parte, la mayoría compra la afirmación de que el discurso no es mucho más que una maniobra política. "¿En qué grado el momento político es central en la decisión de acudir?” - dos semanas antes de la jornada electoral –, se preguntaba en la encuesta del Índice de la Paz. Casi el 65% de los israelíes dijo que era "muy central" o "central". Entre los judíos era el 67%. Menachem Lazar, de Panels Politic, me dijo que recibió una respuesta similar de los votantes: "era una cuestión de política electoral, más que de política nacional, la que impulsaba a Netanyahu a aceptar esa problemática invitación".

¿Qué podemos decir sobre la base de toda esta evidencia?

Los israelíes no son tontos. No esperan que un discurso cambie las realidades. Los israelíes sospechan de sus líderes. Ellos tienden a asumir que Netanyahu tenía la motivación política en mente mientras estaba programando el discurso. Los israelíes no están encantados con la invitación. "Mejor", dicen, "que la ignore y que no hiera las relaciones Estados Unidos-Israel".

Sin embargo, los israelíes desconfían y sospechan bastante de Obama, y por lo tanto "les resulta difícil sentirse verdaderamente enojados con el enfoque de Netanyahu que perjudica las relaciones con Obama". Ellos están de acuerdo con la evaluación de Netanyahu de que "Obama hará un trato con Irán que será malo para Israel". Lo más importante, aquellos de entre ellos que tienen la inclinación a votar por Netanyahu no van a abandonarlo a causa de este tema.

¿Pero podría perder votos a causa del dichoso discurso? Tal vez unos pocos votos.

¿Y qué podría obtener del discurso? Posiblemente podría ganar algunos votos para su partido desde dentro del bloque de la derecha y del sionismo religioso

Con todo - y este es otro testimonio de la visión abismal que tiene los israelíes de las relaciones Netanyahu-Obama - el resultado político más probable del discurso no será significativo.

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