Saturday, February 28, 2015

Si los judíos europeos deben vivir con miedo y ocultando su identidad, ¿por qué el llamamiento de Netanyahu a su aliya resulta incorrecto? - Jonathan Tobin - Commentary


Soldados franceses protegiendo una sinagoga de Paris

 La semana pasada, el primer ministro israelí Netanyahu recibió una paliza de parte de expertos, e incluso algunos líderes judíos europeos, cuando él reaccionó ante el ataque a la sinagoga de Copenhague repitiendo su llamamiento a los judíos europeos para que "vuelvan a casa" a Israel. Muchas personas se sintieron incómodas ante la abierta promoción por parte del primer ministro del sionismo. Pero el problema era más profundo que eso. A pesar de la reciente violencia contra los judíos en París y Copenhague, la negación de lo que incluso el Departamento de Estado de los Estados Unidos calificó de "marea creciente", es decir, del antisemitismo, sigue existiendo. Pero los comentarios de ayer de un líder judío alemán asesorando a sus hermanos judíos de que no se identifiquen como tales usando kipás si caminan por ciertas zonas del país, resulta una confirmación aun mayor de que lo que Europa está experimentando es un resurgimiento del odio a los judíos que ya no puede ser ignorado. Si los judíos europeos deben vivir con miedo, incluso en un país que supuestamente ha aprendido las lecciones del Holocausto, entonces, ¿qué esperanza hay para los judíos europeos que no sea buscar protección en otros lugares?

Un nuevo estudio del Pew Research Center muestra que los judíos fueron hostigados o oprimidos por sus gobiernos en 77 de los 198 países incluidos en la encuesta. Eso incluye un aterrador total de 34 de los 45 países de Europa. Sin embargo, el problema con la "aceptación" de la realidad del antisemitismo europeo surge de la renuencia a colocar la culpa de este prejuicio sobre los enemigos en lugar de sobre las víctimas.

Un ejemplo llegó esta semana de parte de "científico" Bill Nye, un popular educador y difundidor de la ciencia y una estrella de la televisión. En el show de HBO de Bill Maher "Real Time",  Nye dijo que los problemas de los judíos europeos derivan de su renuencia a hacer amigos con los que los odian. Atacando la postura sionista de Netanyahu, Nye dijo que la respuesta acertada era que los judíos europeos hicieran más "por conocer a sus vecinos", como si las raíces de siglos de antisemitismo europeo fuera la falta de voluntad de las víctimas de intentar comprender y empatizar con los antisemitas.

Pero esta especie de culpabilización de las víctimas y exoneración de los antisemitas (y es que los judíos son los culpables), tuvo aun un mejor ejemplo de esta mentalidad que tolera esta nueva ola de antisemitismo de la mano de una actriz judía británica, Miriam Margolyes, quien le dijo al The Guardian, "No pienso que a la gente le guste los judíos", pero culpó del brote actual a Israel, ya que les dio a los británicos una excusa para expresar sus verdaderos sentimientos a causa de la ira desencadenada por la guerra de Gaza. Como la mayoría de los artistas británicos, Margolyes culpó a Israel por defenderse contra el terrorismo de Hamas y dijo que la reacción contra los judíos europeos era, por lo tanto, de alguna manera comprensible, aun siendo deplorable. Su postura no solo era desinformada e ilógica, sino que reflejaba perfectamente las actitudes de ciertas élites europeas y británicas que tienen a bien, en una extraña confluencia de opinión, compartir los prejuicios de los inmigrantes musulmanes que han ayudado a revivir el tradicional odio a los judíos en el continente.

Culpar a los judíos de ser un clan (en un arrogante y estúpido comentario de Nye), suena más al antisemitismo del siglo XIX, muy sorprendente en gente ilustrada de ideas sumamente modernas y progresistas, pero incluso si sólo nos centramos en como el antisionismo ha permitido un renacimiento de ese odio tradicional, ya no existen muchas dudas sobre el hecho de que cada vez está más abierta la veda de los judíos en las calles de Europa. Un vídeo viral de un periodista judío paseando por París portando una kipá y siendo objetos de continuos abusos verbales de parte de transeúntes con los que se cruzaba, es una confirmación más de una tendencia que sólo puede ser negada por aquellos que tienen ulterior motivos para hacerlo.

Sin duda que los judíos europeos aún pueden preferir pensar su existencia como segura, libre y próspera, mientras que los líderes políticos occidentales a menudo pueden decir lo correcto acerca del antisemitismo. Pero si los judíos ya no puede caminar por las calles de las capitales de Europa, mientras que se identifican con su fe, o tienen miedo de hablar en defensa de Israel para no enfrentarse al oprobio y a la reprobación, entonces es necesario que no pretendan decirse a si mismos que son verdaderamente libres.

La elección entre quedarse o partir es personal, y es difícil para cualquier persona hacer las maletas y dejar sus hogares, incluso bajo presión. Pero, tal como lo hizo a lo largo del siglo XX, la historia en este siglo XXI continúa reivindicando la causa del sionismo. Los judíos de Europa no pueden pretender sentirse seguros o creer, en vista de como están las cosas, que lo peor no les está reservado, En este sentido, Netanyahu tenía toda la razón al recomendarles un refugio donde serán capaces de defenderse.

Aquellos que se inclinan por denigrar sus comentarios deben tener el valor de pasear por las calles de Europa mientras se identifican a sí mismos como judíos antes de reprocharles sus palabras.

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