Saturday, March 07, 2015

Hasidismo. ¿Qué se puede aprender de los judíos americanos ultra-ortodoxos? - Shmuel Rosner


Tres generaciones © Frederic Aranda


Lubavitch © Frederic Aranda

Joseph Berger ha sido columnista y editor del New York Times durante treinta años. Es autor de numerosos libros, pero el siguiente intercambio se centrará en su nuevo y aclamado libro por la crítica "Los piadosos: El mundo de los hasidim y sus batallas con los Estados Unidos".

- En la introducción de su nuevo libro, que se adentra en el curioso mundo de los hasidim americanos, afirma que "los estadounidenses tienen mucho que aprender de los hasidim, a pesar de su excentricidad". Como cuestión introductoria me gustaría pedirle que elaborara un tanto este argumento: ¿qué clase de ideas pueden esperan alcanzar los estadounidenses (y sus lectores) mediante el examen de la actual cultura hasídica? ¿Hay en ella sabiduría real para la gente de mentalidad secular o menos religiosa, o inclusive podrían encontrar algún atractivo?

Los hasidim, desde cualquier punto de vista, han creado una comunidad muy unida. Lo han hecho mediante la enseñanza a sus hijos de unos vibrantes principios religiosos y rituales desde una edad temprana, y lo han hecho con un tipo de entusiasmo que hace que esos principios y rituales sean atractivos. Como resultado, la comunidad tiene un impresionante historial de mantenimiento de los fieles en el redil, ya que el número de desertores son pocos. Hace años, el judaísmo reformista decidió emprender un laissez faire (dejar hacer), un enfoque sin exigencias con respecto al judaísmo, que provocó que los hijos de sus miembros se alejaran, por lo que han empezado a enfatizar algunos rituales y a realizar más demandas a los fieles. Incluso los grupos seculares pueden aprender de unos hasidim que enseñan a sus hijos unos valores que se siguen de manera sincera y alegre, y donde se potencian actividades coloridas que ayudan a transmitir las creencias de uno de manera más convincente.

Por supuesto, siempre existe el peligro de un fanatismo que se convierte en perjudicial o abusivo, pero esa es una línea que la mayoría de los hasidim parecen no cruzar y que otros también pueden evitar.

Los hasidim también puede enseñar a los demás acerca de la alegría que se desprende de tener hijos, incluso una docena. Pueden enseñar al resto acerca de la alegría de cantar y bailar, y pueden enseñar a los estadounidenses que han llegado a una forma de adoración del cinismo y de la crítica a las figuras que representan la autoridad, sobre el respeto se puede mostrar a unas figuras verdaderamente sabias y entendidas, y el bien que de ello se puede derivar. Los hasidim, que miran con calor las festividades y sus ceremonias distintivos, tienen mucho que enseñarnos sobre el placer de la repetición cíclica.

En un mundo donde rige el zeitgeist del "todo vale", los hasidim, al igual que otros ortodoxos, tienen mucho que enseñarnos acerca de la sabiduría de los límites, de forjar límites para los alimentos, la ropa, las actividades y los comportamientos. Por supuesto, esto es sorprendente cuando conocemos que a ellos no parece preocuparles tanto despreciar el fumar o controlar el colesterol. A pesar de problemas esporádicos, han resistido mejor el encanto, por ejemplo, de las drogas y de otros comportamientos destructivos.

Los hasidim también pueden enseñar a la sociedad en general sobre el profundo placer que implica el estudio diario y las riquezas que tienen la argumentación y la dialéctica, que para ellos implica ahondar en el Talmud, pero para otros puede venir de un profundo estudio de la literatura o de la historia. Incluso sus métodos, el concepto por ejemplo del compañero de estudio, merece la imitación o por lo menos la apreciación.

Todo esto no quiere decir que los hasidim sean unos modelos de virtud y tengan poco que aprender de la sociedad en general. Mi sensación es que deberían pensar que sus mujeres pueden absorber la riqueza de tener la oportunidad de trabajar y estudiar a la par con los hombres. Ellos también pueden entender que permitir que sus hombres y mujeres mejoren su educación secular - ciencias, matemáticas, historia y literatura - no resulta tan traicionero como parecen pensar.

- Ahora me gustaría preguntarle acerca de las cosas que los judíos estadounidenses realmente deben saber acerca de la comunidad hasídica. Como una fuerza demográfica importante que continúa creciendo rápidamente, mientras que otras denominaciones judías van reduciéndose, no hay manera de evitar el hecho de que el judaísmo hasídico se esté "convirtiendo en una parte indiscutible del paisaje judío".

Pero mientras que los números están ahí, es difícil imaginar cómo el establishment judío y sus líderes pueden responder a la impresionante tasa de crecimiento de la comunidad hasídica. ¿Hay alguna razón para hablar de integración en la comunidad judía más grande? Aunque sus números siguen creciendo, lo que usted ve en los estadounidenses hasídicos realmente afecta al resto de la comunidad judía norteamericana? ¿Hacen planes, o ambicionan, los líderes hasídicos con respecto a la comunidad judía más grande?

Se trata de una buena pregunta para la que no hay una respuesta fácil. El hecho es que la comunidad hasídica está creciendo a un ritmo asombroso y van a entrar en un mayor y más íntimo contacto con los judíos más seculares, si bien los mismos grupos lo quieran o no. Ya el 60% de los niños judíos en Nueva York y alrededores se clasifican como ortodoxos, según un estudio de la UJA, una proporción en gran parte impulsado por el notable número de niños hasídicos o de otros ultra-ortodoxos. (Empiezo mi libro con la historia de una mujer llamada Satmar Yitta Schwarz, que murió en 2011 dejando tras de si a 2.000 descendientes vivos). Lo que llamamos Williamsburg y Borough Park es probable que amplien sus fronteras y eso significará más contactos con más judíos seculares en Bedford Stuyvesant, Bushwick, Park Slope, y otros barrios de Brooklyn. Las mismas tendencias probablemente se den en Ramapo y Monroe, en el estado de Nueva York.

La integración no es el tema. Lo que es importante es que los judíos seculares conozcan a los hasidim y los vean en unos términos menos estereotipados, que entiendan sus costumbres y filosofías. Una mujer judía secular no tiene por qué sentirse insultada si ella entiende por qué un hombre hasídico no puede darle la mano. Una familia judía secular no tiene porque sentirse molesta si la familia hasídica que vive al lado desalienta a sus hijos de jugar con los de la familia secular. Los judíos suburbanos se puedan quejar de no poder hacer footing por el número de hasidim caminando hacia alguna sinagoga en una mañana del sábado. Todas estas son manifestaciones de la manera hasídica de ver la vida.

Los líderes hasídicos quieren que su comunidad sea más grande para que la comunidad judía entienda sus necesidades y obligaciones. Definitivamente, no están pidiendo una integración. Después de todo ellos se "rodean de muros" para mantener a sus seguidores dentro del redil. Y han tenido éxito, pues como ya dije la tasa de deserciones, a pesar de una serie de libros escritos por ex-hasidim, es muy pequeña.

Todo esto implica ignorar a los hasidim Lubavitch, cuya misión es hacer proselitismo entre los otros judíos en un esfuerzo por conseguir que sean más observadores y religiosos. Y han tenido éxito a la hora de conseguir que muchos judíos acudan a las sinagogas de Jabad, que pasen una noche del viernes con sus emisarios, que adopten algunas costumbres básicas como encender velas. Si van a tener un impacto generalizado en atraer a decenas de miles de judíos seculares a convertirse en ortodoxos aún está por ver.

- Me gustaría preguntarle sobre la reacción del mundo hasídico ante el movimiento Jabad y sus seguidores. ¿Un fenómeno notable como la difusión de los centros Jabad en todo el mundo judío da lugar a discusión, a diálogo, o a tensión entre las diferentes sectas hasídicas? De manera más general, ¿qué tan de cerca los miembros de las diferentes variedades de hasidim se sienten los unos con los otros? ¿Tiene algún sentido de unidad pan-hasídico y una causa común, o están las diferentes sectas hasídicas, o ultra-ortodoxas, tan aisladas las unas de las otras como del mundo exterior?

Los Lubavitch son, de hecho, un grupo sui generis dentro del mundo hasídico. Y en la década de 1980, cuando los hasidim Satmar  acusaron a los hasidim Lubavitch de proselitismo en Williamsburg - su propia casa -, estas tensiones estallaron de pleno cuando se produjo la noticia de que un hombre Lubavitch fue raptado en plena calle y su barba afeitada como advertencia.

En general, sin embargo, las sectas hasídicas se llevan bien entre sí, aunque a veces no exista demasiada empatía originalmente.

Las sectas hasídicas que se oponen fervientemente a la existencia de Israel (antes de la venida del Mesías) como los Satmar, parecen tener relaciones más estrechas con las sectas de ideas afines. Y Williamsburg, un centro de estos hasidim de origen húngaro, parece ser el centro de esa facción. Los Bobov y Belz parecen ser los hasidim más abiertos a otros puntos de vista. Y en Borough Park, el más diverso de los barrios hasídicos, una relativa amistad prospera entre los diferentes grupos, incluso los Satmar que viven allí. Esto es probablemente el resultado de la multiplicidad de las sectas hasídicas y del hecho de que vivan las unas junto a las otras como en un mosaico.

Las tensiones que han salido a la palestra en los últimos años son el resultado de divisiones dentro de las propias dinastías hasídicas. Dos hermanos, Aharon y Zalman, se disputan el liderazgo de Satmar, con los seguidores de Zalman predominando en Williamsburg y los acólitos de Aharaon en Kiryas Joel, y han creado sinagogas, sistemas escolares y salones de banquetes separados. Y están ante los tribunales seculares luchando por el control de las propiedades, como una gran sinagoga en Williamsburg. Los hasidim Viznitz tiene rencillas dinásticas interiores similares. Hasta estos últimos años estas divisiones ha provocado poca violencia, aunque hace años un grupo disidente en Kiryas Joel dijo que sus casas fueron apedreadas, las ventanas rotas y los niños expulsados ​​del sistema escolar.

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