Thursday, April 16, 2015

La parábola Waxman (la típica activista, "intelectual" o "famosa" de la izquierda israelí) - Dror Eydar - Israel Hayom



El lunes por la noche, hablé con una personalidad veterana de los medios de comunicación. Él me dijo que desde las elecciones, el ha oído hablar de cada vez más y más casos de personas que abandonaron al Likud, votaron a favor de la Unión Sionista y ahora se arrepienten de su elección. Y es que están teniendo un momento difícil y desagradable al comprobar la vacía y ésteril  condescendencia de la izquierda israelí.

Al parecer, la activista izquierdista y actriz Anat Waxman dijo algo, ¿y qué? Ella no es ninguna figura cultural importante; ella dijo lo que dijo (otra ronda de comentarios degradantes y racistas contra los votantes de derecha) ante el presentador de la emisora ​​de noticias Danny Kushmaro llenas de frustración y de ira. En suma, ella no consiguió el chocolate que le fue prometido en las elecciones, y por eso maldijo la situación.

Y sin embargo, precisamente a causa de su falta de importancia, sus comentarios son importantes. En los estudios culturales, cuando a uno se le pide observar algún fenómeno - por ejemplo, determinar las raíces de lo que le han podido influir a ella -, lo mejor es recurrir a los márgenes artísticos de la época. Para los epígonos y los imitadores, esos artistas importantes que les influyeron. Es en ellos donde se puede encontrar los límites, las influencias, los estilos imitados y robados sin previo aviso.

Los comentarios de Waxman provienen de esos márgenes culturales que se hacen eco de las conversaciones entre bastidores en el teatro, en las cenas de los viernes y en los encuentros aleatorios de miembros de su círculo social. Así es como éste tipo de gente habla en sus círculos sobre el campo político de la oposición. Esta dicotomía ridícula - entre una supuesta racional izquierda y una emocional derecha, entre una izquierda con mentalidad ilustrada y una derecha con mentalidad de rebaño - lleva existiendo desde hace muchos años. Y esta dicotomía es ridícula porque, en realidad, son las reivindicaciones políticas de la izquierda las que se basan en el elemento emocional, en lugar de basarse en un examen racional y cuidadoso de la realidad.

 Hoy en día, en la segunda década del siglo XXI, el Oriente Medio ha cambiado por completo. El pueblo árabe ha arrojado el manto artificial del nacionalismo, el resultado del colonialismo europeo que se les impuso, y ha retornado a las estructuras tradicionales anteriores y primordiales, estructuras tribales y de clan. Y aún así, hasta hace apenas dos minutos y medio, el campo político que defiende Waxman quería otorgar los Altos del Golán al carnicero de Damasco. ¿Qué es exactamente lo que él representa en estos momentos, y qué representa exactamente Siria en estos días? ¿Cuán diferente es Fatah de Hamas? Pero este campo ideológico que ahora deslegitima a sus rivales de la derecha como los "chocolates" (llamados así por los pasajeros de un avión que gritaron a una azafata en un vuelo que les negó esos dulces), continúa aún murmurando compulsivamente sobre "un acuerdo diplomático", la "paz" y otros mantras que la realidad actual han vuelto sin sentido. Voy a decirlo por enésima vez: ¿Han oído ustedes hablar de algún líder árabe que esté dispuesto a ser serio en sus demandas y, una vez que se les concedan, esté de acuerdo en anunciar un final del conflicto y en no presentar más reclamaciones contra Israel? Demandas no vagas por lo tanto, sino demandas finales. Vuelvan de nuevo cuando ustedes encuentren a esa persona. Y sin embargo, los Waxman de este mundo están enojados con nosotros y nos maldicen.

Votar al primer ministro Benjamin Netanyahu no fue una decisión racional, decidieron los Waxman de turno. Él simplemente solamente supo utilizar qué botón pulsar. Dijo la palabra "árabes", y todo el mundo (los jodidos neardentales) "salió de sus agujeros... la clase trabajadora (los currantes no ilustrados, sin clase, ni cultura)", así opinó Waxman. Y no solamente Waxman habla de esta manera. Esto es lo que la izquierda se dice a sí misma acerca de por qué perdió. No fue a causa de sus anacrónicas opiniones políticas, no fue a causa de su falta de juicio ante la realidad, o debido a su falta de una postura ante una amplia gama de intereses esenciales para el pueblo judío y el Estado de Israel, por supuesto que no. La culpa la tuvieron esa gente del campo político de la oposición - los conservadores, los derechistas, los rusos, los mizrahim, los religiosos, los colonos -, esos que son marionetas sin voluntad propia, unos títeres manejados por control remoto. Yo realmente no entiendo cómo alguien puede ofenderse ante esta estupidez autolegitimadora.

En 1988, el Likud ganó las elecciones. Recuerdo una entrevista en la que Shelly Yachimovich (entonces en Radio Israel) pidió a un alcalde de un pueblo del sur (cito de memoria, aunque no lo recuerdo en detalle): "¿El laborismo invirtió mucho dinero en su área, por qué entonces usted voto por el Likud? El entrevistado le respondió: Bueno, tenemos una visión del mundo". Si una persona sufre una grave enfermedad, incluso esa irracional "gente trabajadora" usa sus ahorros y trata de trabajar más para poder pagar su asistencia. Una vida en peligro es más importante que cualquier preocupación económica menos sustantiva. Un estado palestino a tiro de piedra del aeropuerto internacional Ben-Gurion y del centro del país es más peligroso que el coste de la vida o que el problema de la vivienda. El público general entiende esto, y por eso votó a favor de aquellos a quien cree que mejor pueden salvaguardar la seguridad de Israel y el derecho del pueblo judío a su tierra. Parece que la elección es mucho más racional que las muecas ideológicas y el mimetismo desdeñosa de Waxman.

Pero hay algo más que esto. Desde las elecciones, el campo de la paz, el campo de las quejas, ha continuado quejándose cada vez más. Es muy difícil para estos autotitulados liberales racionales e ilustrados hacer frente al hecho de que esas "masas trabajadoras" no hayan caído presas del pan y el circo prometido por la izquierda, por lo que la solución es deslegitimar al gobierno electo. Pero no hay necesidad de emocionarse. Las maldiciones, las amenazas, la condescendencia (y el racismo implícito) expresado por los Waxman, el pintor Yair Garbuz, los periodistas Anat Balint, Rogel Alpher y Igal Sarna y otros en la burbuja de la izquierda - liderado por el eterno candidato del Premio Nobel, el "Rebe" Amos Oz (quien pronunció la célebre frase de que el 70% de los israelíes no leen literatura, por lo que no necesitan estar representados en el comité que otorga el Premio Israel) - sólo aseguran su futura derrota.

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