Saturday, May 23, 2015

Sobre Israel, Obama descubre que no puede complacer a todos los judíos de Washington todo el tiempo



La élite del poder judío de Washington - o por lo menos la élite judía de centro/izquierda y no partidista - se alineó alrededor del histórico Adas Israel Congregation en el Cleveland Park durante varios horas el pasado viernes. El presidente Barack Obama se dispuso a tomar posesión del podio de la sinagoga, y los asistentes se mostraban felices de poder escuchar el discurso del presidente programada para honrar la Jewish American Heritage Month

Muchos de los asistentes ya habían estado en la Casa Blanca un par de veces, algunos más de un par de veces. Pero el evento del viernes fue diferente. Se trataba del presidente hablando en pleno territorio de la comunidad judía y que había ido para entregar un mensaje con un núcleo muy sucinto: Estoy con ustedes.

Como la mayor congregación del Judaísmo Conservador de la ciudad, pero con los suficiente participantes liberales como para aceptar la decisión de su rabino de salir del armario el año pasado , Adas Israel proporcionó al presidente las imágenes adecuadas. Obama subió a la bimá (podio) bajo una gran inscripción en hebreo que decía "conoce en primer lugar con quién estas", se cubrió respetuosamente la cabeza con una kipá blanca y estuvo flanqueado por un rollo de la Torah a cada lado. Y su discurso golpeó muchas de las teclas correctas, reflexionando sobre la experiencia del inmigrante judío y las contribuciones de los judíos a la sociedad estadounidense en su conjunto. Obama mencionó la participación judía en la lucha por los derechos civiles y las luchas laborales, e invocó el rabino Abraham Joshua Heschel caminando a través de puente Edmund Pettus con Selma (la afroamericana símbolo de la lucha por los derechos civiles).

A veces de forma explícita, y a veces por referencias discretas, Obama se refirió a los temas que son el leitmotiv de los votantes demócratas. No hizo mención de la legislación comercial que ha mantenido  al Congreso preocupado durante semanas, sino de la educación infantil universal, la matrícula universitaria subsidiada y los beneficios de la inmigración en la sociedad estadounidense.

Ninguno de estos pasajes en el discurso cosechó grandes aplausos, sin embargo, aunque entre la audiencia hubiera jefes de organizaciones que han hecho lobby por estos temas

En cambio, los aplausos sí se desataron cuando el presidente habló sobre la seguridad de Israel y su propio apoyo al Estado judío. Cuando él afirmó su firme respaldo a Israel, los presentes se mostraron comprometidos, apasionados y unidos en su apoyo.

Mientras tanto, no hubo otra ronda de aplausos y parabienes cuando Obama habló de la necesidad de establecer un Estado palestino junto al Estado de Israel, ya que aquí la respuesta no fue universal. De hecho, algunos de los asistentes le respondieron con un silencio sepulcral. La brecha era clara y se mostró nítida.

Si el discurso de Obama estaba destinado a tranquilizar a la audiencia - y especialmente a la comunidad judía norteamericana en su conjunto - para que no sea considerado como una figura divisiva en la comunidad, la recepción para ese y otros pasajes más complejos relacionados con Israel pintó un cuadro mucho más matizado.

Los miembros de la congregación mostraron cortésmente su apoyo a sus observaciones sobre la identidad estadounidense-judía. Le dieron igualmente su apoyo cuando se ocupó de los tipos de políticas que los demócratas utilizan para atraer a los moderados de clase media para las elecciones presidenciales de 2016. Pero si, como muchos expertos han afirmado antes de tiempo, está realizando una oferta para reagrupar a la comunidad judía estadounidense tradicionalmente demócrata tras meses de contención y de luchas internas, las reacciones de una audiencia muy de Washington a su retórica sobre Israel pareció servir más como una señal de advertencia que como un voto de confianza.

Obama obtuvo una calurosa acogida en líneas generales de los representantes de una comunidad que vota - según la mayoría de estimaciones - entre un 65 al 70% a los candidatos demócratas, y en particular apoya las políticas sociales progresistas. Pero las líneas de división quedaron claras en el momento en que las cuestiones nacionales progresistas pasaron a un segundo plano frente a los asuntos relacionados con Israel.

Por lo tanto, el discurso de Obama demostró el desafío al que se enfrentan Hillary Clinton y otros candidatos demócratas para la próxima presidencial. La amplia base de apoyo para las políticas nacionales enmascaran profundamente las matizadas divisiones existentes en la comunidad judía, y de hecho entre los políticos que buscan su voto, en relación con el apoyo a Israel y lo que eso significa.

De pie frente a muchos de los líderes judíos de Washington, Obama demostró que la experiencia de los judíos estadounidenses aún puede ser alistada como una poderosa llamada retórica a los valores de la igualdad y de los derechos civiles.

Pero al mismo tiempo, un discurso que estaba destinado a demostrar que el apoyo a Israel no se había bifurcado o que era partidista enseñó una lección diferente: el apoyo a Israel, incluso entre los entusiastas de Obama, es multidimensional y complejo.

Ante este clima, será muy difícil para los aspirantes demócratas a suceder a Obama "conoce en primer lugar con quién estas".

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