Sunday, June 14, 2015

Netanyahu, el "chivo expiatorio" de la izquierda israelí - Shraga Blum - i24news



Uno debe tener una mente bastante retorcida para encontrar un pretexto en las recientes elecciones en Turquía para participar en un nuevo ataque contra el primer ministro israelí y contra la derecha israelí.

Ahora se nos dice que Benjamin Netanyahu es el "gemelo" de Recep Erdogan. La facilidad con la que una persona que se autocalifica de "intelectual" utiliza su teclado para emitir tales tonterías como alimento de la opinión internacional resulta bastante desconcertante. Y muy grave en la actual situación mundial.

Una mente honesta se daría cuenta de que en los últimos cinco años, después del primer "choque" provocado por Recep Erdogan contra Shimon Peres en el Foro de Davos, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha mantenido una excepcional restricción a la hora de responder a los repetidos desvaríos antisemitas de este líder turco candidato al sultanato neo-otomano. Su antisemitismo ni siquiera figura como una mera nota a pie en el artículo. Qué indulgencia por lo tanto de parte de ciertos periodistas e intelectuales israelíes. Y si existe animadversión en la población israelí hacia el presidente turco, quién podría culparlos. Hay pocos líderes en este planeta que hayan eructado tan abiertamente su obsesión anti-Israel teñida de antisemitismo.

Este es también el hilo de oro de la izquierda israelí: crítica sin concesiones hacia su país, indulgencia y comprensión extrema hacia los enemigos. Estas actitudes parecen ir de la mano.

Y una vez más, se nos sirve la sopa maniquea de los dos campos, los "chicos" (los judíos, los israelíes) malos contra los buenos. Los primeros - la derecha - son etno-nacionalistas, mesiánicos, racistas, antidemocráticos, belicistas, fanáticos religiosos..., y frente a ellos, en un entorno mágico acompañado de una música suave y seductora, estarían los "buenos" es decir, la gente liberal, ilustrada, tranquila, educada, sensata, progresista y democrática. Lo malo es que estos "demócratas" aún no han aceptado su derrota en las elecciones y están tratando de desacreditar como sea, y por todos los medios, al gobierno y al primer ministro legítimo.

En un país democrático, somos libres de no estar de acuerdo con las políticas del gobierno y somos capaces de poder expresarlo, pero si es posible, que sea al menos con argumentos convincentes. Pero este tipo de artículos refleja una tendencia peligrosa: difamar y demonizar a los políticos en lugar de hacer preguntas acerca de los propios fracasos.

¿Qué puede hacer un periodista (Avirama Golán) que pertenece a un partido (Meretz) que recibió solamente el 3,9% de los votos en las últimas elecciones? En lugar de preguntarse por qué su partido está cada vez más marginado - básicamente porque su ideología está completamente desconectada de las realidades internas y de la situación internacional de Israel -, nuestra periodista prefiere comparar a Benjamin Netanyahu, quien obtuvo 23.5% de los votos (cerca de un millón de votos) con un dictador islámico antisemita llamado Erdogan.

Lo que es particularmente grave en este caso no es la deficiencia democrática o el desprecio que se expresa a través de su artículo, sino el momento y los términos elegidos para este tipo de ataque.

Israel ha vivido unos momentos difíciles a nivel internacional debido al éxito de una feroz y metódica campaña de deslegitimación de la Autoridad Palestina y de sus socios en el extranjero. Viendo que sería imposible doblegar a Israel por la guerra o el terrorismo, los árabes palestinos de hoy utilizan el mismo "arma mortal" que fue utilizado por los antisemitas en siglos anteriores: la calumnia, la enseñanza del desprecio, la falsificación de los hechos, la demonización, los boicots, intentando condenarles al ostracismo, etcétera.

En este juego perverso que ya ha demostrado el grado de terror que puede provocar, la extrema izquierda israelí juega el papel del combustible que se bombea a ese fuego. Hablar de una "supremacía del pueblo judío" y del "odio para cualquier líder musulmán o no judío" como lemas que se achacan a la derecha judía, no sólo es erróneo, es irresponsable, hablando suavemente.

En la Edad Media, los rumores y las maledicencias comenzaron a muy pequeña escala. Ya fueran en las plazas, las tabernas, las iglesias y las aldeas, sirvieron como base para los clichés y los prejuicios que pasaron por la historia para convertirse en "verdades incontestables globales" hasta hoy mismo. Esto es particularmente cierto en el caso de los judíos, cuya imagen ha sido empañada desde tiempos inmemoriales y cuyos supuestos defectos y transgresiones son hoy trasladados al Estado de Israel. Y eso también sucede hoy en día con los medios actuales, cuando un simple teclado permite a cualquier persona transmitir infamias en tiempo real y a todo el mundo.

Cuando Avirama Golán describió al primer ministro israelí mediante expresiones tales como agresividad, realeza, tiranía, hedonismo, beligerancia o aislamiento, ya no se trataba del marco de un debate democrático o de la presentación de argumentos. Ella utiliza un aluvión calumnioso y lo introduce en el creciente torrente de odio hacia el Estado judío que comienza a inundar varios rincones del mundo.

Nadie está obligado a amar a Benjamin Netanyahu, ni a estar de acuerdo con sus políticas. Pero él fue reelegido para su cuarto mandato de la manera más democrática que existe.

Sin embargo, hay algo muy sospechoso en la imagen que se da de su persona, y de paso de Israel a través de él. Parece que se ha convertido en el punto de fijación obsesivo del odio que se alimenta a diario contra el Estado de Israel, tras el que se esconde un antisemitismo que no se atreve a decir su nombre.

Y todo ello con esta "especie" de apoyo de la izquierda israelí, la cual piensa vanamente que será respetada si hace coro al aullido de los lobos sedientos de sangre.

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