Tuesday, September 22, 2015

El cínico uso palestino de las teorías del complot sobre Al-Aqsa - Edy Cohen - i24news



El presidente palestino Mahmoud Abbas puede felicitarse de una gran victoria tras una serie de fracasos. Abbas logró recientemente volver a poner el problema palestino en la agenda internacional tras una serie de intentos fallidos. Para ello volvió a utilizar el argumento de la mezquita de Al-Aqsa, es decir, utilizó la mentira de que Israel estaba profanando el Monte del Templo. Abbas no quiere una guerra religiosa entre los judíos y árabes, pero tiene que pagar los salarios de sus funcionarios y la generosidad de los países donantes parece haberse secado. El problema palestino parece ya no interesar al mundo árabe, por no hablar de Europa que afronta carga de una oleada de refugiados procedentes de Siria.

¿Cómo podría Abbas, por lo tanto, recuperar la atención del mundo? Primero trató de transmitir sus intenciones de dimitir, a continuación,sus colaboradores filtraron su supuesta intención de anular los Acuerdos de Oslo. Esto no pareció funcionar en Israel y en otros lugares, sin embargo, y en última instancia, Abbas fue capaz de emplear la fórmula ganadora. Una fórmula que ya fue empleada hace cien años, y que hoy también es válida y exitosa. Parece ser que "los judíos buscan apoderarse y destruir la mezquita al-Aqsa", lugar sagrado de los musulmanes. El autor o creador de esta propaganda barata es Haj Amin al-Husseini, el padre espiritual de la Autoridad Palestina, y que encabezó el movimiento de liberación nacional y se caracterizó por su colaboración con Adolf Hitler.

De hecho, cuando Herbert Samuel nombró a al-Husseini en el cargo de mufti en 1921, este último se fijó la meta de la expulsión de los judíos de Palestina e impedirles llegar hasta allí, pero no tenía las facultades para hacer frente a miles de judíos o las implicaciones de la Declaración Balfour y la ayuda temporal británica a los judíos. La posición del Mufti era débil y sus aliados estaban en conflicto y aislados. Los países árabes vecinos estaban debilitados, cada uno ocupado con sus propios problemas con las potencias coloniales. Política y económicamente no era un buen momento para organizar ataques o comprar armas. Por lo tanto, el Mufti concluyó que debía contar con la ayuda del mundo árabe y musulmán, y fomentar en ellos la cuestión palestina con el objetivo de conseguir la ayuda de millones de musulmanes de todo el mundo. ¿Cómo consiguió el Mufti todo esto?

Al igual que Abbas, el Mufti trató de convencer al mundo árabe de que los judíos planeaban destruir la mezquita de Al-Aqsa y establecer el Tercer Templo en el lugar de la Cúpula de la Roca, antes de conquistar el resto del mundo árabe. "Palestina no es suficiente para los judíos, porque su objetivo es hacerse cargo del resto de los países árabes, del Líbano, de Siria, de Irak y de la región de Khaybar en Arabia Saudita, bajo el pretexto de que esta ciudad era la patria de las tribus judías en el siglo VII". Así lo dijo el Muftí de Jerusalén una y otra vez.

Los métodos de propaganda del Mufti fueron variados, pero el más efectivo fue el envío de emisarios a los líderes árabes. Estos mensajeros llevaron la "evidencia" de la intención de los judíos de "contaminar" los lugares santos del Islam, y esas evidencias eran facturas y recibos que supuestamente acreditaban los pagos realizados en nombre de las instituciones religiosas judías. Los folletos fueron ilustrados con dibujos del Muro de las Lamentaciones y el Monte del Templo. Estas ilustraciones fueron decorados con símbolos religiosos judíos. Los materiales causaron gran ​​ansiedad entre los líderes musulmanes del mundo árabe. Por otra parte, el hecho de que los judíos vieran el Muro Occidental como un lugar sagrado y una reliquia del Templo potenció la ansiedad de los musulmanes, y corrió en ayuda del Mufti.

Al igual que el Mufti, Abbas ve la mezquita de al-Aqsa como un instrumento en su lucha y un medio para volver a alistar a sus seguidores en el mundo árabe y en la comunidad internacional a la cuestión palestina, sobre todo cuando mostraban síntomas de cansancio. Pero la astucia de llorar y de lamentarse porque "al-Aqsa está en peligro", llamando a venir a defender la mezquita a través del autosacrificio y el derramamiento de sangre, tuvo de nuevo éxito de la misma forma que lo hizo en el pasado.

La cuestión es  ¿cuántas veces más el mundo caerá en esta antigua y reiterada trampa antes de que se de cuenta de la mentira que representa?

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