Saturday, October 24, 2015

¿Hubo templos judíos en el Monte del Templo? Sí - Ruth Schuster y Ran Shapira - Haaretz


Modelo de Jerusalén alrededor del reciento del Segundo Templo construido por el rey Herodes en el Monte del Templo


Una "inscripción de advertencia": "Ningún extranjero puede entrar dentro de la balaustrada alrededor del santuario y del recinto. El que sea atrapado, él mismo tendrá la culpa de la muerte que le espera"


Una mikve encontrada al pie del propio Muro de las Lamentaciones


Las puertas Hulda del reciento del Monte del Templo que en algún momento fueron tapiadas


Un primer plano del Arco de Tito que muestra como transportaban el "botín de Jerusalén", incluyendo una gran Menorah, saqueado del Segundo Templo 

¿Hubo una vez un gran templo judío en el Monte del Templo de Jerusalén? Sí. ¿Algún estudioso lo ha dudado? No, dicen los arqueólogos que han dedicado sus vidas a estudiar Jerusalén. "Me siento estúpido si tuviera que opinar sobre ello", me dice el Dr. Yuval Baruch, un importante arqueólogo israelí que ha estudiado Jerusalén a lo largo de su carrera. "Exigir una prueba determinante de que los templos estaban sobre el Monte es como exigir una prueba de que los antiguos muros de piedra que rodean Jerusalén, que aún destacan hoy en día, eran los antiguos muros de piedra que rodean Jerusalén", añade.

El argumento de que no hay ninguna prueba de que existieran los templos, y mucho menos en el Monte del Templo, es una consecuencia del reciente conflicto árabe-israelí.  La tradición judía, cristiana y musulmana siempre se han ocupado del monte sagrado y nadie cuestionó la existencia de los templos. "Una breve guía del al-Haram al-Sharif", publicada en inglés por el propio Consejo Supremo Musulmán en 1925, establece que: "El lugar es uno de los más antiguos del mundo. Su santidad se remonta a los tiempos más tempranos (tal vez pre-históricos). Su identidad con el lugar del Templo de Salomón es indiscutible. Además de ser sagrada para los judíos, esta colina, que lo pudo ser tras 5.000 años de historia, es sagrada para los musulmanes como el lugar desde donde el profeta Mahoma ascendió al cielo". Sin embargo, hoy no hay eruditos musulmanes que estén dispuestos a ser entrevistados para este artículo.

La tradición judía dice que el Primer Templo fue construido por el rey Salomón en el Monte del Templo. Después fue destruido por los babilonios, quienes expulsaron a los judíos (a la élite gobernante) de esa tierra alrededor del 587 a. C. Cuando a los judíos se les permitió regresar del exilio, algunas décadas más tarde, se construyó un nuevo templo en dicho lugar, pero su estructura fue simple. Su esfuerzo improvisado no fue del gusto del rey Herodes, quien limpió las zonas en mal estado para el culto, creó una gran plataforma en la cima del Monte y erigió un gran Segundo Templo dentro de un gran recinto.

Este Segundo Templo fue destruido y saqueado por los romanos en el año 70 d. C., bajo el emperador Tito.

¿Cuánto de esto se puede probar? Casi todo.

No obstante, los arqueólogos no pueden apuntar de manera concluyente a las piedras que componían el recinto del Segundo Templo, y mucho menos a las del Primero. Pero como nos explica el profesor Israel Finkelstein en un correo electrónico al Haaretz - todo un experto de renombre mundial en la arqueología de Jerusalén -: "No hay ninguna escuela académica de pensamiento que ponga en duda la existencia del Primer Templo".

Todos los arqueólogos con los que habló el Haaretz para este artículo creen que si la zona del Monte del Templo pudiera ser excavada - lo que nunca se ha hecho -, tales evidencias se encontrarían, aunque muchas de las piedras hayan sido reutilizadas a largo de los siglos. Pero las pruebas de la existencia del Templo se hallarían en abundancia, según nos dice el profesor de la Universidad Bar-Ilan Gabriel Barkay, un arqueólogo que ha pasado muchos años trabajando en Jerusalén, y en el área del Monte del Templo en particular.

"Dos copias de inscripciones que prohibían el ingreso de los no creyentes al Templo se han encontrado en el propio Monte del Templo, y Josefo escribió sobre ellas. Estas inscripciones estaban en el muro divisorio que rodeaba el Segundo Templo, el que impedía que los no judíos accedieran al interior del patio del Templo", afirma Barkay, y agrega que ambas inscripciones fueron escritas en griego antiguo. Estas inscripciones de piedra de "aviso", que se encuentran en el Museo Arqueológico de Estambul, advertían a los no judíos de los peligros de entrar en el templo sagrado. También hubo inscripciones similares en latín según nos comenta.

Otra inscripción en piedra, en "el lugar de las trompetas", fue encontrada en 1968 en la esquina suroeste del Monte del Templo. "Se sabe que las trompetas eran utilizadas en las esquinas del Monte del Templo para anunciar la llegada del Shabat y de otras fechas", nos explica Barkay. Josefo, el historiador judeo-romano de lealtades efímeras, explica que era costumbre que un sacerdote del templo se "pusiera de pie y diera aviso del shabat, mediante el sonido de las trompetas en la tarde de su víspera y en la noche siguiente a su clausura, cada siete días". La piedra se encuentra ahora en el Museo de Israel.

Una prueba más concreta da fe de la singularidad de Jerusalén con respecto a la observancia religiosa. "La antigua ciudad de Jerusalén en la época del Primer Templo fue un centro de culto ritual", nos dice Baruch, quien encabeza el distrito de Jerusalén en la Autoridad de Antigüedades de Israel. "Los cientos de mikvehs (baños de purificación ritual) que se encuentran alrededor del complejo del Monte del Templo y los artefactos y restos judíos de piedra encontrados allí, nos muestran que hasta la destrucción del Templo, al menos Jerusalén era una 'Mikdash' (ciudad santa), donde todo lo importante era una casa de culto y de oración. Atenas y Olimpia lo fueron también".

Mientras que el Segundo Templo puede ser una cosa del pasado arrasado por los romanos para castigar a los rebeldes judíos, los muros exteriores que rodean el magnífico recinto del templo construido por el rey Herodes aún permanecen (~74, - 4 a.C.), siendo el más notable el Muro Occidental que se ha convertido en el lugar más sagrado del judaísmo.

Menos famosas, pero igualmente notables, son las dobles puertas arqueadas de "Shaarei Hulda", a través de los muros que encierran el compuesto del Segundo Templo. Estas todavía existen hoy en día, completas, con techo y todo (aunque en algún momento las entradas a las Hulda fueron tapiadas).

¿Se puede encontrar más pruebas? Multitud. Décadas de trabajos de construcción de las autoridades musulmanas que controlan el Monte del Templo han causado una gran destrucción arqueológica, nos dice la famosa arqueóloga de Jerusalén Eilat Mazar, de la Universidad Hebrea.

"No se han encontrado restos maravillosos del Primer y del Segundo Templo en sí mismos", escribe Mazar en un correo electrónico al Haaretz. "Lo que se ha encontrado, incluso por parte de mi abuelo [el arqueólogo pionero Benjamin Mazar], son los restos de magníficos edificios que soportan las fuentes históricas que describen en detalle la construcción del Primer y del Segundo Templo, y del recinto de los alrededores".

Mientras que el Monte del Templo permanece sin excavar, la Ciudad de David, justo a su lado lado, ha sido y está siendo explorada. "Los restos descubiertos en las últimas décadas en las excavaciones de la Ciudad de David, y el área que conecta a la Ciudad de David con el Monte del Templo, apoyan sin reservas las descripciones históricas de los comienzos de Jerusalén y su desarrollo desde una ciudad cananea que existió hace 5.000 años a la capital fortificada israelita de hace 4.000 años y hasta los días del rey David hace 3.000 años. Una ciudad que se desarrolló hacia el norte en los días del rey Salomón (alrededor de siglo X a. C.)", escribe Mazar. "Los hallazgos arqueológicos apoyan las descripciones bíblicas sobre el estado y el desarrollo de Jerusalén durante los días de David y Salomón, y posteriormente".

No necesitamos confiar exclusivamente en las excavaciones en Jerusalén como la evidencia más sólida de que el Monte albergó al Segundo Templo. El emperador romano Tito no fue tímido sobre sus logros en el aplastamiento de la rebelión judía en el año 70 y sobre la destrucción del Templo de Jerusalén.

"Herodes había limpiado todo lo que estaba en el monte y construyó una plataforma gigante en su parte superior, en la que terminó la construcción del Segundo Templo. El Arco de Tito en Roma muestra una procesión tras el jubiloso saqueo de dicho Templo por los romanos en el que se muestra inclusive como la menorah era retirada de allí", nos dice la escritora de arqueología Julia Fridman. Cualesquiera que sean sus peculiaridades, los antiguos emperadores romanos no construyeron a su vez un templo en el monte sólo para reunirse mentalmente con los belicistas de estos últimos días.

Sin embargo, la evidencia más sólida se encuentra en las monedas elaboradamente estampadas de la época de Bar Kojba (siglo II), las cuales muestran al templo con sus columnas de estilo romano. Las monedas no indican que el templo estuviera en el Monte del Templo, un hecho que casi provoca indignación en Fridman. "No existía ningún otro lugar, ya que en todas las otras partes se ha excavado", nos dice ella. "Los musulmanes construyeron la mezquita allí porque era un lugar sagrado... conquistaron la tierra y sellaron su conquista con una mezquita. Eso es también lo que hicieron en La Meca con la Kaaba, un lugar pagano donde se había adorado los restos de un meteorito".

No obstante, los detractores argumentan que no se conoce la ubicación exacta de los Templos en el Monte, y que como no existen restos reales de los templos que puedan probar su existencia, por lo tanto tal vez nunca hayan existido.

De hecho, son escasos los auténticos hallazgos arqueológicos, pero porque como ya se ha señalado el Monte del Templo nunca ha sido excavado.

La arqueología como ciencia, por el bien del argumento, tiene unos 200 años de antigüedad. Y en gran parte de ese tiempo el Monte del Templo fue pavimentado, según nos señala Baruch.

En el curso de la construcción de El-Marwani, una nueva mezquita situada debajo de Al-Aqsa y construida en diciembre de 1996, el Waqf - el consorcio religioso musulmán que gobierna el complejo -, decidió que se necesitaba una nueva salida de emergencia para El-Marwani y la construyo sin coordinarse con Israel, según nos relata Baruch, extrayéndose toneladas de material del Monte del Templo que se transportaron como basura en cientos de camiones principalmente a los vertederos de todo el casco antiguo, de donde posteriormente la Autoridad de Antigüedades de Israel recogió gran parte de ese material que ahora está siendo examinado. Se trata del proyecto Tamizar, revisar todos esos escombros que pueden contener muchas más evidencias. Sin embargo, esto no cuenta como una excavación en toda regla.

"La cuestión de si los hallazgos arqueológicos prueban la existencia del Templo en el Monte del Templo es cínica y provocadora", nos dice Barkay. "Estas son cosas que sabe cualquier persona con cierta cultura y que no pueden ser puestas en duda. Tenemos docenas de fuentes literarias, incluidas las fuentes musulmanas, que describen el templo".

Durante el último siglo, la lucha política ha convertido a cualquier excavación organizada en el Monte en algo impensable. Sin embargo, el argumento, sobre todo por parte de ciertos radicales musulmanes, de que los templos judíos nunca existieron, es un elemento político sumamente engañoso, con una base cero en la historia, la arqueología, la religión o la tradición.

Barkay cree que ciertos líderes musulmanes están tratando de jugar en ambos sentidos. "Ellos dicen que no hay restos del templo, pero no permiten que haya cualquier excavación [sobre el Monte del Templo]. Saben que si permitieran la excavación, los restos se encontrarían", nos comenta.

¿Puede la santidad del Monte del Templo de los antiguos israelitas bíblicos ser determinada aún más específicamente? Baruch sugiere que la leyenda proporciona una fecha límite: "Lo fue al menos desde el día en que el rey David conquistó Jerusalén [alrededor de 1.000 a.C.], compró la tierra de los jebuseos y se la dio a su hijo Salomón para construir el templo".

Incluso si se argumenta que no hay ninguna prueba arqueológica de que David o Salomón existieran - o, si existieron, de que fueran unos reyes tan importantes -, la existencia de los antiguos israelitas no puede ser cuestionada. Tampoco su afiliación con Jerusalén y el Monte del Templo.

Si bien gran parte del compuesto del Segundo Templo aún existe, si bien nunca se ha encontrado ese auténtico Templo, no hay restos del Primer Templo. Sin embargo, la Isla Elefantina, en el antiguo Egipto, albergaba una réplica del Primer Templo. El Papiros Elefantina de los siglos V-IV a. C. contiene un documento escrito en el 407 a. C. por el gobernador persa de Judea, Bagoas, quien pedía ayuda para la reparación de la reciente construcción del Segundo Templo que fue dañado por un pogrom.

La "Petición de Bagoas" es relevante ya que el autor menciona la réplica de esa época que existía en Elefantina, la cual por definición tenía que ser más joven que el Templo israelita de Jerusalén: "Ahora nuestros antepasados han ​​construido este templo en la Fortaleza de Elefantina en los días del reino de Egipto, y cuando Cambises llegó a Egipto se encontró con este templo ya construido. Ellos [los persas] derribaron todos los templos de los dioses de Egipto, pero nadie hizo ningún daño a este templo".

Baruch hace caso omiso de la única pieza de evidencia que supuestamente es del Primer Templo - una pequeña granada tallada en hueso de hipopótamo, con una escritura paleo-Hebrea corriendo a lo largo de dicha fruta -. En el momento de su descubrimiento, se creyó que había adornado el cetro del sumo sacerdote para su uso en el santuario interior del Templo, y se pensó que demostraba la existencia del Templo de Salomón. El consenso actual es que se trata de una falsificación, pero en cualquier caso Baruch simplemente la descarta como irrelevante, dada la obvia evidencia de la ubicación en Jerusalén, en la época del Primer Templo y en sus proximidades, de cientos de mikvehs.

Por lo tanto, empezando por cananeos que adoraban allí a su Dios, se sabe que para los antiguos israelitas, los cristianos y, por último, los musulmanes, el Monte del Templo siempre ha sido considerado un lugar sagrado.

"Historiadores y geógrafos musulmanes de la Edad Media nunca dudaron de ello (los Templos)", dice Baruch. "Yo no conozco una sola descripción de Jerusalén en árabe de la Edad Media, o incluso del período anterior o posterior, que no se refiera a Haram al-Sharif como el Monte del Templo". Y añade que Islam no necesariamente distinguía entre el Primer y Segundo Templo. Para ellos, Salomón construyó allí su templo y eso era suficiente.

La evidencia histórica también es abundante, y no sólo en las fuentes judías. De los babilonios a los romanos, pasando por los griegos y los persas, todos ellos dieron noticia de los templos judíos en el Monte del Templo.

La Carta de Aristeas, por ejemplo, del siglo II a. C., describe cómo fue instado el rey Ptolomeo (285-247 a. C.) por su bibliotecario a tener conciencia de las escrituras y las leyes de los judíos para traducirlas para su biblioteca. Ptolomeo envió a Aristeas al sumo sacerdote judío Eliezer, quien accedió a cooperar con él. Ptolomeo recompensó a Eliezer con plata para los sacrificios del templo.

Hay relatos del Templo en la Manuscritos del Mar Muerto, y muchos amorosos detalles al respecto de ellos en la Mishná. En el momento en que los cruzados entraron en Jerusalén, en el 1099 d. C., los templos ya se habían ido, pero no albergaban ninguna duda de su existencia.

"Cualquiera que persiga una investigación histórica y haya leído los textos antiguos podría llegar a la conclusión categórica de la existencia del Templo en el Monte del Templo", resume la cuestión Barkay.

Con unos hechos tan obvios, ¿por qué la historia de Monte del Templo permanece tan controvertida? "La polémica no proviene del mundo académico. Es toda cosa de política y de propaganda (por gente que no desea conocer ni aprender nada más)", nos comenta Finkelstein.

"El hecho de que el Monte del Templo no puede ser adecuadamente explorado es, por supuesto, un factor, aunque supongo que los que niegan su existencia incluso la negarían si lo hubiera encontrado de pie con 10 metros de altura".

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