Saturday, October 31, 2015

Monte del Templo: ¿Lo correcto o lo más inteligente? - Shmuel Rosner



Si están esperando ansiosamente que se instalen las cámaras de vídeo en el Monte del Templo, tal como Israel y Jordania acordaron hacerlo recientemente, en la esperanza de que este acto ayudaría a restaurar la ley y el orden en ese lugar santo, no contengan la respiración.

En primer lugar, porque las cámaras aún no se han instalado, y los obstáculos aún podrían evitar que se instalen (o puedan ser destruidas poco después de ser instaladas).

Los palestinos ya expresaron su objeción a las cámaras. Riyad al-Maliki, el ministro de Asuntos Exteriores palestino, le dijo a la Voz de Palestina que el "plan era una trampa, porque Israel usaría las imágenes de vídeo para detener a los fieles musulmanes, que según alega, incitan en contra (de los judíos)", según The Guardian. Así que la pregunta sigue siendo: ¿Los palestinos cooperarán con la decisión, y si no lo hacen, podrán Israel (y Jordania) ubicarlas eficazmente sin esa cooperación?

La segunda cuestión es que no está del todo claro que las cámaras puedan cambiar la dinámica en el Monte del Templo, incluso si están instalados e incluso si llegan a estar operativas.

Las cámaras son un elemento de varios entendimientos alcanzados por el primer ministro Benjamin Netanyahu, el secretario de Estado John Kerry y el rey de Jordania Abdullah. Los palestinos se sintieron decepcionados por estos entendimientos, y eso no es de extrañar: han ganado poco con la reciente ola de violencia que han provocado. Los israelíes situados a la derecha de Netanyahu, también se sintieron decepcionados, y además esto no resulta sorprendente, Netanyahu se ha comprometido a un status quo que estos derechistas desearían cambiar.

El general Yaakov Amidror, ex asesor de seguridad nacional de Netanyahu, escribió la semana pasada que "es importante que la actual escalada de violencia se desvanezca sin un sólo logro palestino, sobre todo cuando se trata del Monte del Templo. Debemos evitar alimentar las tensiones en un sitio ya volátil, por lo que el gobierno y la policía están haciendo lo correcto al limitar el acceso al mismo. Sin embargo, una vez que se restablezca el orden, la situación actual se debe hacer cumplir resueltamente. La estrategia de Israel tiene que ser dejar muy claro que la violencia no obtiene ninguna recompensa".

Así que la pregunta para ambos lados realmente es si mantener el status quo - si la declaración de Israel de que "continuará haciendo cumplir su política de larga fecha: los musulmanes rezan en el Monte del Templo; los no musulmanes sólo visitan el Monte del Templo"-  es una "recompensa" para aquellos que perpetraron la violencia.

No va a ser una gran sorpresa descubrir que la respuesta a esta pregunta depende mucho de las tendencias políticas de los encuestados. Los que quieren cambiar el status quo verán el acuerdo como retroceder bajo presión. Los que no deseaban cambios lo verán como una afirmación de lo obvio: Israel nunca tuvo la intención de realizar ningún cambio. Los que quieren un cambio no ven ninguna razón por la cual Israel deba asentir ante una situación viciada. Los opuestos a los cambios opuestos no ven ninguna razón para arriesgarse a más violencia y esperan que su gobierno se comporte de manera responsable.

El año pasado, en un artículo que escribí para The New York Times, expliqué: "Hoy en día, existe un status quo con el apoyo de la manipulación y la intimidación. El Monte del Templo puede encender fácilmente una ola de violencia judío-árabe. Y dos grupos muy diferentes tienen los fusibles: el cálculo e intereses del liderazgo palestino y una sección imprudente y creciente de la calle judía israelí".

Obviamente, uno de los grandes debates que tenemos actualmente es si la reciente violencia se debe a las acciones del primer grupo o del segundo grupo. Por un lado, tenemos evidencias con la que apoyar la primera aseveración: el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas y sus amigos, han extendido toda una serie de mentiras acerca de las intenciones de Israel, llegando hasta pedir que los judíos no profanen el lugar sagrado con sus "sucios pies". Por otro lado, también hay evidencias con la que apoyar la segunda afirmación: el ministro Uri Ariel y su insistencia juvenil en hacer del Monte del Templo el lugar de sus provocaciones.

También escribí en otro artículo que el primer ministro de Israel recientemente se ha encontrado "a sí mismo en una situación incómoda. Benjamin Netanyahu es conocido en el extranjero como un acérrimo derechista. Pero ahora que tiene que hacer exactamente lo contrario de lo que sugiere su imagen".

Esto es a menudo pasado por alto en el juego actual: Netanyahu - el líder que el mundo ve como un beligerante acérrimo - es, de hecho, el miembro menos agresivo de su propio gobierno (apoyado por el ministro de Defensa Moshe Yaalon y el líder del Shas Aryeh Deri).

Uri Ariel y otros miembros del Habayit Hayehudi y el Likud (incluyendo la viceministra de Asuntos Exteriores, Tzipi Hotovely) pueden seguir hablando de la disposición injusta en el Monte del Templo, y pueden mantener su deseo de un arreglo para cambiarlo a mejor, quejándose - con buena razón - del comportamiento escandaloso de los dirigentes palestinos (incluyendo la dirección política de los árabes israelíes). Netanyahu prácticamente ignora a todos, o incluso reprende a los miembros insensibles de su gabinete cuando es necesario, y hace lo que cree que es necesario para evitar más derramamiento de sangre y más violencia.

¿Esto es una buena cosa, ignorar estas quejas y aceptar un arreglo que dista de ser perfecto en el Monte del Templo? Esto es lo que escribí la semana pasada para el diario Maariv de Israel:
"En un mundo 'justo', los judíos habrían conservado el derecho y la posibilidad de visitar el Monte del Templo. Pero Israel no opera en un mundo justo, opera en un mundo de poder, en un mundo de cálculos medidos de costo y beneficio. Y en un mundo así es necesario recordarse constantemente a sí mismo que los derechos, como todas las cosas, están sometidos a una jerarquía. Hay cosas más importantes, y cosas menos importante. A menudo, los que insisten en tener todo terminan no teniendo nada, Pregúntenles a los palestinos". 
"Así que Israel tiene que seguir insistiendo en contar la historia real de la conexión judía con el Monte del Templo. Pero junto con el derecho a repetirlo, y el derecho de visitarlo, y el derecho a insistir en ello - junto a estos muchos 'derechos' -, es necesario que Israel no descuide sus obligaciones. La principal de ellas: la obligación de mantener su futuro asegurado como Estado judío, incluso si este objetivo requiere el abandono temporal de este o aquel 'derecho' ". 

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