Saturday, October 03, 2015

Se echa de menos una izquierda israelí sensata - Ben-Dror Yemini - Ynet


Dani Dayan

Mis puntos de vista políticos están tan lejos de los de Dani Dayan como lo está el oeste del este. Me temo que el proyecto de mezcla de población, también conocido como el proyecto de los asentamientos, es el mayor desastre que una visión sionista puede emprender. Lo que era cierto antes de la fundación del Estado de Israel, se convirtió en falso después de ella. Dayan es uno de los principales portavoces del proyecto de asentamientos, y uno de los mejores Él invita a la reflexión con sus comentarios sobre el asunto.

No es ninguna coincidencia que él también sea un invitado deseado en las reuniones internacionales más respetadas donde la gente quiere oír cosas interesantes e ideas bien expresadas, incluso aquellas con las que no necesariamente se está de acuerdo.

Específicamente porque Dayan está tan profundamente identificado con una visión tan clara, su nombramiento como embajador supone enviar una señal incorrecta a la comunidad internacional. Si Israel designa a derechistas que se oponen a cualquier iniciativa de paz, como Danny Danon y Dani Dayan, van a encontrar dificultades para promover el mensaje de una solución de dos estados, y eso es un eufemismo. Ese es el mensaje al menos del primer ministro. Si ellos empiezan a difundirlo, necesitarán traicionar a todo en lo que creen, y ese no es un estado mental deseable, incluso para los diplomáticos.

Estos nombramientos corroboran la idea de que Netanyahu no es serio. Alguno dirán, "miren, él inclusive está nombrando embajadores con posiciones opuestas a la suya".

Aunque claro, es una señal de donde se sitúa el debate político en Israel, una democracia vibrante y viva. La libertad de expresión que tenemos aquí permite que cualquier declaración sea expresado. Los resultados electorales nos demuestran que no es un argumento sin sentido. Por el contrario, el péndulo ha oscilado. Hasta hace pocos años, los partidos de centro-izquierda estaba en el poder. Ehud Olmert y Tzipi Livni apoyaron una agenda diplomática que apoyó compromisos dolorosos. Pero no sirvió de nada, pues se encontraron con un muro de negativas.

En los últimos años, y hay que tomar nota de ello, la derecha política ha tenido dificultades para obtener una sólida mayoría. El gobierno derechista actual también incluye un partido de centro, pero una buena parte de sus miembros no mantiene estrictos puntos de vista derechistas. Cualquier voto secreto en el actual Knesset sobre cuestiones diplomáticas y estatales demostraría que, a pesar de los rumores sin fundamento, los partidarios de la expansión del proyecto de asentamientos, por ejemplo, no son mayoría entre los miembros de la Knesset.

La cosa es que, en lugar de utilizar aquí un argumento importante, en lugar de tratar de convencer a la propia gente de Israel, una izquierda insensata ha optado por dirigirse al gobierno de Brasil para tratar de que se rechazara el nombramiento de Dayan. El razonamiento dado por Alon Liel, el hombre detrás de este intento, es que su campo político, la izquierda, no tiene la oportunidad de tomar las riendas políticas a corto plazo. Por supuesto: mientras la imagen que da ese campo sea similar a la del propio Liel, realmente no tendrán oportunidades. Aquellos que tienen y expresan desprecio por los votantes israelíes, aquellos que prefieren que desde el exterior se dicte el porvenir de Israel, nunca volverán a la cima.

Sin embargo, Liel no representa a todo ese "campo". Al igual que en la derecha, existe una variedad de opiniones en la izquierda. Yair Lapid, Yitzhak Herzog y Shelly Yachimovich han expresado claramente su oposición a este movimiento. Pero los esfuerzos de Herzog para colocar un muro entre él y la izquierda extremista son dañados una y otra vez por gente como Liel, con su comportamiento arrogante e intolerablemente antidemocrático de izquierdas.

Pero hay algo mucho más profundo en todo esto. Porque vamos a asumir, sólo por un momento, que Herzog nombrara a Yariv Oppenheimer, el director general recientemente retirado del movimiento Paz Ahora ("Shalom Achshav"), como embajador en Washington, mientras que un presidente republicano estuviera en la oficina presidencial. Y digamos que un grupo de chiflados derechistas en Israel contactara con la Casa Blanca con el fin de descalificar a la persona nombrada. Las reivindicaciones de persecución política, de silenciamiento forzoso, de comportamiento antidemocrático y macartismo empezarían a surgir desde la izquierda, y serían ciertas.

Liel hace tiempo que cruzó todas las líneas rojas. No se ha limitado a patrocinar un boicot de los productos fabricados en los asentamientos, sino que apoya un boicot cultural general de Israel. Su identificación casi completa con el movimiento BDS, parece impedirle constatar que ese movimiento está llevando una campaña contra la existencia misma de Israel. Además está promoviendo un gran movimiento cuya actividad principal es acudir a los parlamentos del mundo y pedirles que aprueben la solicitud de los palestinos de ser reconocidos como Estado.

Liel no puede entender la diferencia entre una batalla de opiniones dentro de Israel y la subversión promovida desde el exterior. Y es una diferencia monumental. El hombre que una vez fue el embajador de Israel en Sudáfrica, se ha convertido a sí mismo en una especie de agente de la Autoridad Nacional (ANP), ayudando en la lucha mundial contra Israel. De hecho, su pensamiento se asemeja al de algunas entidades que demandan que los funcionarios israelíes sean llevados a juicio por tribunales internacionales. No confían en la democracia israelí, parecen decir. Y Liel parece pensar como ellos.

Si Liel estuviera solo, sería solamente un problema. Cualquier país normal, sobre todo en una democracia, tiene personajes con opiniones extremas. El problema no es con el hombre mismo. El problema es con el fenómeno. Debido a que Liel ha logrado arrastrar a personas serias, como al ex embajador en Francia y profesor Elie Barnavi.

También se las arregló para arrastrar a notables escritores israelíes como AB Yehoshua, Amos Oz y David Grossman en su campaña para el reconocimiento del Estado palestino. Ellos no forman parte de la derecha extrema, y no defienden opiniones atípicas y extremas. Son por lo general una parte de la izquierda más cuerda, sionista y patriótica.

¿Que ha pasado? No hay nada que convierta en más despreciable a un campo político que aliarse con  grupos y causas subversivas y extremistas. En lugar de seguir formando parte del movimiento por la paz, estas personas insisten en corroborar lo que dice toda la izquierda anti-israelí.

A principios de año, Amos Oz dio un discurso en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS). Él no sólo habló de los errores de la derecha, sino también de los de la izquierda. Yo no estuve de acuerdo con todo lo que dijo, pero Oz representaba a lo que la izquierda sionista podría haber sido: sobriedad, justicia, carácter sionista, y sobre todo, una alternativa al proyecto de asentamientos que nos está llevando hacia el desastre de un solo Estado, que como Oz avisó correctamente, no será un estado de doble nacionalidad, sino uno árabe.

Y esa es la parte trágica. La izquierda sionista tiene representantes sobrios. Ellos pueden incluso convencer a los derechistas moderados, que son muchos. Pero iniciativas como las de Liel colocan a la izquierda justo donde la extrema derecha quiere que esté: en el rincón de los aturdidos extremistas anti-israelíes. Claro que existe una izquierda sionista, la de la escuela de Shlomo Avineri y Amnón Rubinstein, esa que ama a Israel. Y hay una izquierda de la escuela de Alon Liel y Yossi Sarid, esa que irradia odio y desesperación.

La tragedia es doble. Iniciativas similares a las de  Liel no sólo están creando antagonismo a la izquierda dentro de Israel, porque el odio engendra odio. También están fortaleciendo la insistencia de los palestinos en rechazar la cooperación. Después de todo, el recurso palestino a los parlamentos europeos no tiene la intención de promover un acuerdo de paz que lleve a una solución de dos estados. Al contrario, está destinado a permitir que los palestinos continúen rechazando las ofertas israelíes por la paz, y a convertir en un hecho que las conversaciones fracasen una y otra vez debido a la demanda palestina de que millones de los descendientes de sus refugiados de la era de la independencia se les permita inundar de nuevo Israel para destruirlo.

Yehoshua, Grossman, y Oz no son compatibles con el derecho palestino al retorno, y apoyan un Israel judío democrático. Los palestinos quieren lo contrario. Y sin embargo, ahí están ellos, uniendo sus fuerzas a iniciativas anti-israelíes de un hombre que representa todo lo malo que se supone que puede ser el movimiento por la paz.

La pregunta inquietante que está en el aire es la siguiente: Por qué tantos en la izquierda son arrastrados hacia ese extremismo, tantos que la refutación de Herzog suena como una falsa disculpa.

Liel tiene razón en un punto: Con este tipo de posiciones - una combinación de subversión anti-israelí y de macartismo antidemocrático - la izquierda nunca volverá al poder. Y en general, a veces parece que Liel sólo es una caricatura. Como si la extrema derecha hubiera inventado a un hombre de paja que dejara en ridículo a la izquierda, convirtiéndola en una eterna y estéril oposición, y reforzando las negativas palestinos. Y parece estar funcionando.

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