Sunday, December 06, 2015

¿Necesita el mundo un débil y/o fallido estado palestino? - Aaron David Miller - WJS



Henry Kissinger realizó recientemente una pregunta intrigante y políticamente incorrecta: Con la estructura del Estado debilitándose en varios estados árabes y derrumbándose en otros, con Irán y el naciente Estado islámico, y en medio de la inestabilidad general en el mundo árabe, ¿por qué crear otro potencialmente débil y disfuncional estado árabe en Palestina?

Hace una década, cuando era un negociador en Oriente Medio, incluso plantear tal pregunta habría sido considerado un acto hostil entre los defensores de la paz o, peor aún, se habría visto como alguien vendido a los derechistas y neoconservadores israelíes.

Pero en medio de tanto desorden en el Oriente Medio, vale la pena reflexionar, incluso si hay varias razones para ser cautelosos o abiertamente escépticos sobre las perspectivas:

Líneas de tendencia negativa: En el mundo árabe, varios estados están viniéndose abajo (Siria, Libia, Yemen); otros están dirigidos por reyes, emires autoritarios o generales (Arabia Saudita, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Qatar); y algunos, como Túnez, están luchando por una reforma democrática. La región será inestable en los próximos años, y ello gracias a una disfunción generalizada, a un simplemente mal gobierno, con una falta de respeto por los derechos humanos, una corrupción sistémica y unas instituciones representativas ausentes. Tal vez la forma de gobierno palestino sería diferente, para llevarle la contraria a Israel, el único estado democrático de la región (aunque con imperfecciones). Pero los desafíos son enormes.

La díscola política palestina: El movimiento nacional palestino se asemeja el arca de Noé: Hay dos de todo, como la escisión entre Fatah y Hamas. Eso incluye dos pequeños estados en partes de Cisjordania y Gaza, dos constituciones, dos conjuntos de servicios de seguridad, y dos visiones de lo que Palestina es y qué tipo de estado debe ser. Un estado estable requeriría que Hamas y Fatah no sólo resolvieran estas diferentes visiones, sino también que compartieran el poder y acomodaran esas diferencias en un sistema político impulsado por el diálogo y la no violencia. Incluso en las mejores circunstancias, es difícil de imaginarse la visión islamista de Palestina de Hamas conciliándose con la inclinación más nacionalista de Fatah, en particular con las divisiones internas de Fatah. Y hay poco en la historia del movimiento nacional palestino, o en el estilo de gobierno de la Autoridad Palestina, para sugerir otra cosa que políticas disruptivas, y mucho menos una transición suave a la condición de Estado funcional.

Falta de liderazgo: La búsqueda y la esperanza de un Mandela o de un Sadat palestino es comprensible, pero es una fantasía occidental dado los líderes que ha tenido el movimiento nacional palestino. Yasser Arafat lo fue y Mahmoud Abbas lo es, son dos hábiles políticos, y cada uno a su manera es un producto bien adaptado a su tiempo. Pero no han poseído ni el incentivo ni el poder de unir al movimiento palestino, elevarse por encima de sus tendencias autodestructivas, y conducir al pueblo palestino a alguna versión de su tierra prometida. Si un líder surgiera, quizás podría hacer la diferencia. A los 80 años, Mr. Abbas no ha preparado a su sucesor, ni lo hay en el horizonte. Su muerte o incapacidad podría crear fácilmente un vacío de poder que haría la situación política aún más inestable.

Por supuesto, la no creación de un Estado palestino supone el riesgo de perpetuar el conflicto israelí-palestino y sus peligros concomitantes. Y seamos claros: la ocupación israelí de Cisjordania, y sus dudas y oposición al Estado palestino en los términos que desean los palestinos, han influido en gran medida en las posibilidades y perspectivas de ese resultado. Si un Estado palestino es un pasivo o un activo dependerá en gran medida de las circunstancias de su creación y en las políticas de Israel.

Kissinger planteó su pregunta en un evento que marca el 20 aniversario del asesinato de Yitzhak Rabin. Es posible que un estado palestino fuera diferente, y que establezca una nueva tendencia hacia el buen gobierno y la estabilidad en el mundo árabe.

Siempre podemos esperarlo. Pero la realidad de Oriente Medio en estos días hace que tratar con probabilidades, en lugar de posibilidades, sea una apuesta más segura.

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